La mayoría de las personas que están en una relación abusiva tienden a minimizar, justificar e incluso habilitar el comportamiento de su abusador(a). Esto les permite aguantar comportamientos que son muy dañinos para su salud mental y emocional.
Pero… ¿por qué hacen esto? Hay varios factores psicológicos. Veamos cuáles son.
Las raíces suelen estar en la infancia
En general, las personas que se encuentran en relaciones abusivas en la edad adulta también han sufrido abuso en la infancia. Las experiencias traumáticas de su infancia las predisponen a esto.
Cuando un niño crece siendo abusado, se daña su autoestima. Los niños se toman lo que les sucede de manera personal porque su personalidad y su ego aún están en desarrollo, así que si son queridos y apreciados, crecen sintiéndose bien consigo mismos. Si sufren abuso, crecen creyendo que son malos, defectuosos y que se merecen el trato pobre que sus padres o cuidadores. Crecen con esta creencia que se extiende a su vida adulta, normalmente de forma inconsciente.
A medida que la persona abusada crece, como cualquier otra persona, se siente atraída por lo familiar. Todas las personas nos sentimos más cómodas con aquéllo a lo que estamos acostumbradas, incluso si son conductas dañinas y disfuncionales.
La ex víctima de abuso se siente inconscientemente atraída por personas abusivas, recreando lo que les sucedió en la infancia. Esto es así porque el cerebro tiende a repetir patrones y recorrer los mismos circuitos neuronales. La repetición del mismo patrón es lo que Freud llamó la repetición-compulsión.
La persona que abusa culpa a la víctima de su comportamiento
Cuando una niña crece siendo abusada, no se trata sólo de que le hagan daño. Los padres o cuidadores que están cometiendo el abuso (o uno de ellos es el que abusa y el otro lo permite) le dan el mensaje a la niña perciba el abuso como algo “normal”, “aceptable” y algo que “merece”. Al final, la niña termina creyendo que “así son las cosas”. Esta narrativa es manipulativa, con el que los padres pueden justificar un comportamiento que no saben cómo gestionar ni controlar.
Otra acción de la persona que abusa consiste en “volver loca a la víctima”, al afirmar que sus reacciones – que son naturales porque se está defendiendo de agresiones, ya sean activas o pasivas – son malas, incorrectas, disparatadas y egoístas, haciéndola sentirse avergonzada y culpable de sus reacciones.
La víctima ha interiorizado los mensajes de su abusador(a) y automáticamente repite las mismas frases:
“No es para tanto; estoy exagerando; hice algo para merecerlo”
Con toda esta manipulación, la víctima se debilita mucho, hasta el punto de desarrollar indefensión aprendida y/o un vínculo traumático.
La indefensión aprendida supone un estado cronificado de impotencia frente a lo que sucede, sintiendo quien la sufre que no tiene poder personal para defenderse, poner límites o irse.
El vínculo traumático o trauma bond supone que las víctimas en relaciones sentimentales con personas que las maltratan tienen una mezcla de sentimientos por ellas, no sólo odio o rencor sino también amor y ternura. Cuando nos vinculamos con otra persona, todos nuestro abanico de sentimientos puede aparecer antes o después en el vínculo. Esto es algo que se vuelve extremo en los vínculos abusivos, donde no sólo hay un trato pobre sino también en ocasiones cariño y atenciones. Esto hace que la víctima se sienta atrapada en una relación que le hace daño pero de la que no sabe cómo salir, ya que se vuelve dependiente de los buenos momentos, esperando el “chute” de dopamina cuando las cosas van bien en la relación. Es muy similar al síndrome de Estocolmo.
Cómo reparar ser víctima de relaciones abusivas
Es frecuente que las víctimas de abuso en la infancia desarrollen la fantasía de que en algún momento, un(a) salvador(a) aparecerá y las rescatará de sus propias vidas. Desgraciadamente, esto sólo es una fantasía que sirve como mecanismo de defensa para aguantar una situación que es muy dañina durante un periodo prolongado de tiempo.
Pero la realidad es que la única persona que te puede salvar eres tú.
El recurso de la terapia ofrece a las víctimas de abuso la oportunidad de sanar las heridas emocionales causadas por años de abuso. Les permite silenciar la voz negativa interior que repite el mantra de que merecen el abuso, y las empodera para desarrollar autoestima y autocompasión.
En terapia también es muy importante hacer trabajo el el/la niñe interior, poder darle desde la persona adulta el amor y la compasión que le faltó. Y que pueda integrar el mensaje de que merece ser bien tratade, que no fue culpa suya lo que le sucedió. Y también que ahora hay una persona adulta a cargo, que es la que se encarga de protegerle y defenderle.
Para salir de la indefensión aprendida, es necesario sentir la propia fuerza desde el cuerpo, aprender a poner límites y decir que no y expresarse de una forma asertiva, saliendo de la necesidad de complacer o ponerse en sumisión frente a los demás. Esas estrategias fueron necesarias para sobrevivir pero como persona adulta, están obsoletas y pueden ser sustituidas por otras más eficaces y más alineadas con vivir una vida plena, con autoestima y bienestar.
Fuente: marciasirotamd.com
Imagen de Dollar Gill en Unsplash.







