Para qué Sirven las Emociones

En el mundo actual, dependemos cada vez más del estímulo del exterior para decirnos cómo “debemos” sentirnos y lo que “deberíamos” necesitar . ¿No sabes qué producto elegir? Una rápida búsqueda en Google te dará opiniones. Si no estás segura acerca de un chico que te gusta, un breve mensaje de texto a tus amigos puede lograr un consenso. Pero no puedes encontrar la respuesta a las GRANDES preguntas, como ‘¿Cuál es mi propósito en la vida?’ o ‘¿Qué es importante para mí?’ desde fuera de ti.

¿Cuál es mi propósito en la vida?

¿Qué es importante para mí?

Sólo nuestra experiencia interna y nuestras emociones pueden guiarnos verdaderamente hacia las respuestas a las grandes preguntas. Sin embargo, aparte de a lo que en general invita el sistema actual, las personas que han crecido en familias narcisistas/disfuncionales, tienen problemas con sus emociones porque éstas no fueron bien acogidas en su infancia. Después, ya de adultas, se han acostumbrado a reprimir, negar, retroflectar (volverlas hacia una misma),… sus emociones como una forma de sobrevivir frente a algo que, siendo tan natural (no olvidemos que YA están en el cuerpo, no sólo de los seres humanos sino de todos los mamíferos), se comportan como si no existiesen, fuesen “malas” o algo que “no sirve para nada”.

El hecho es que nuestras emociones cumplen con la función esencial para conectarnos con lo que es verdaderamente importante. Los teóricos evolutivos creen que la respuesta de la mente y el cuerpo a nuestras emociones fue la forma en la que nuestros antepasados podían garantizar su seguridad, satisfacer sus necesidades de los demás en el grupo y proporcionar información importante sobre lo que necesitamos. En resumen, las emociones son el medio más rápido, con ‘cableado’, para comunicarte y conectarte contigo misma y con los demás.

Si las emociones son como guías que traen mensajes, esos mensajes son muy importantes para tu bienestar. Ignorarlas da lugar a una alineación de una misma y a estar perdida en la vida. Por eso, muchas supervivientes de familias disfuncionales, cuando empiezan piscoterapia después del abuso narcisista, se dan cuenta de que están perdidos. El tema es que ya lo estaban antes, sólo que si no escuchas a tus emociones no te das cuenta de algo así.  Estar perdido es el primer paso para encontrarte a ti mismo.

Los 3 Propósitos Básicos de las Emociones

  1. Las emociones sirven para COMUNICARSE con los demás

    Es en el espacio de las comunicaciones emocionales que conectamos a través de la empatía. Nuestra expresión facial, el tono de la voz y el lenguaje corporal son más impactantes que las palabras que usamos. Las expresiones emocionales son universales y transculturales. Nadie ha tenido que enseñarte que una sonrisa significa que alguien es feliz o que frunce el ceño, que está enfadado.

    Cuando nos desconectamos, cuando cerramos nuestras emociones, perdemos una parte esencial de la comunicación. Te invito a que te hagas las siguientes preguntas:

    • ¿Has tenido o tienes problemas de relación en tus relaciones con los demás?
    • ¿Alguna vez te han dicho que no te comunicas o no lo suficiente?
    • ¿Crees que eres honesta comunicando tus necesidades o lo que sientes?
  2. Las emociones motivan la ACCIÓN para satisfacer una necesidad

    Cada emoción que sentimos, transmite sensaciones corporales sutiles que experimentamos como impulsos para realizar una acción necesaria para satisfacer nuestras necesidades, por ejemplo, el miedo nos motiva a huir del peligro (o congelarnos o luchar), la tristeza nos motiva a retirarnos y sanar de una pérdida, la rabia es una molestia que nos lleva a poner un límite o decir que no.

    Cuando no estamos conectadas con nuestras emociones, es posible que alguien nos haga algo que nos molesta. Por ejemplo, tu pareja a veces hace comentarios sobre tu cuerpo que a ti te ofenden, pero como no estás conectada con tus emociones, no sientes la rabia hasta días, semanas o incluso meses después de oír el comentario. Al no sentir la rabia, no habrá el impulso que lleve a una acción para satisfacer la necesidad, como por ejemplo, ser asertiva con tu pareja explicándole cómo te hacen sentir sus comentarios y pidiéndole que no los exprese más. Esto, a largo plazo, lleva a una situación continuada de permitir una acción por parte de otra persona que te hace daño.

    Si todavía estás un poco perdido con esto, aquí tienes una tabla con las emociones básicas y

  3. Las emociones indican una NECESIDAD

    Cuando algo es importante para nosotros, sentimos una emoción. Cada emoción es una guía que nos muestra el camino de lo que es importante y a lo que prestamos atención.  Cuando aprendemos a escuchar verdaderamente nuestras emociones, estamos escuchando a nuestro ser auténtico.

    Cuando nos desconectamos de nuestras emociones, perdemos de vista lo que realmente nos importa y somos más propensos a tomar decisiones basadas en temas como lo que piensan los demás, la imagen que damos, lo que nos da “status”, lo que tiene “lógica”,… no hay una escucha interna sino una escucha externa, lo cual confunde porque eso supone poner el foco en una “imagen de nosotros” o en unas expectativas externas, no en nosotros de una forma real y auténtica.

    Esto es importante porque sólo tú puedes darte cuenta de lo que es realmente importante para ti. Simplemente no puedes buscar en Google la respuesta a: “¿Cuál es mi vocación auténtica?”. Esa respuesta está dentro, no fuera de ti. Y puede ayudarte a encontrarla hacer psicoterapia después del abuso narcisista.

Aprendiendo a Escuchar tus Emociones

A veces, puede ser difícil averiguar cuál es nuestra emoción. Esto puede ser particularmente cierto si hemos tenido mucha práctica para reprimir, negar, racionalizar,… nuestras emociones y sentimientos o buscar las respuestas en el exterior.

Las emociones las personas las sentimos en el cuerpo, por lo que te recomiendo que puedes empezar por hacer terapia corporal. Esto hará que seas más consciente de lo que sientes y que tus emociones fluyan más.

También puedes hacer meditación. Meditar lleva a estar presente en el aquí y ahora, lo cual hace que afloren tus emociones, ya que contactas contigo mismo en ese momento.

Aquí tienes una tabla para empezar a reconocer tus emociones:

EMOCIÓN TENDENCIA DE ACCIÓN MENSAJE INTERNO NECESIDAD EMERGENTE
Tristeza

Ir más lento, Retirarse

‘Ha habido una pérdida’

Soltar
 

Miedo/Ansiedad

 

Irse, Evitar

‘Hay una amenaza’

                ‘¡Peligro!’

 

Seguridad

 

Vergüenza 

 

Esconderse, Taparse

‘No soy digno’

‘Soy defectuosa’

 

Aceptación
Aprobación

Rabia 

Atacar

‘Me estás molestando’ Proteger
Culpa

Arreglar algo

‘Te he hecho daño’   Auto-Límite
Amor

Cuidar, Nutrir, Compartir

Estar cerca
Pasar tiempo
Conexión
 

Alegría

 

Hacer más de esto

‘Me siento bien’

‘¡Quiero más!’

 

Satisfacción

¡Atrévete a Sentir!

Si estás interesada en psicoterapia después del abuso narcisista, es probable que no estés muy acostumbrado a sentir tus emociones y que seas una persona mental, que se guía sobre todo por sus pensamientos. Pues bien, al final, más allá de los propósitos, se trata de algo más natural y sencillo, como que la vida está para sentir y experimentar, no sólo para pensar. Pensando la experiencia se queda a medias. Toda esta aventura de la vida merece más la pena si te atreves a sentirte a ti misma.

 

Fuente: https://www.huffpost.com

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6 Señales de que no Estás Conectada con tu Instinto

Quizás te sientas familiarizada con alguno de los siguientes escenarios:

  • Juan no sabe qué carrera universitaria escoger. Sus opciones son periodismo, que es lo que le gusta, o derecho, que parece la opción más “segura” si después decide opositar a funcionario del Estado. Pasa mucho tiempo dudando y preguntándole a las personas que tiene a su alrededor. Finalmente, decide estudiar derecho porque muchas personas le comentan que con el periodismo “te morirás de hambre”. Años después, se arrepiente de su decisión.
  • Natalia hace tiempo que sale con un hombre. En la actualidad, tiene muchos problemas en su relación. Se siente manipulada y que esta persona se aprovecha de ella. Quiere dejarlo pero no sabe cómo. Recuerda que cuando conoció a esta persona, una voz en su interior le dijo que “algo está mal” con esta persona, pero no le hizo caso y comenzó una relación con él.

Al igual que Juan y Natalia, hay muchas personas que buscan sus respuestas en los lugares equivocados. Personas que piensan que los demás son más sabios. Personas que cuestionan y dudan de su propia capacidad para tomar decisiones.  Personas que pasan demasiado tiempo en sus vidas sintiéndose dubitativas y confundidas. Personas que ignoran el lugar más obvio para encontrar orientación y guía. Personas que no consultan a sus vísceras, que es donde está el instinto.

6 Señales de que no estás escuchando tus Vísceras

  • Eres propensa a pensar demasiado.
  • Con frecuencia te sientes abrumado.
  • Tiendes a dudar mucho.
  • No te conoces a ti misma.
  • Con demasiada frecuencia, tomas decisiones de las que después te arrepientes.
  • Te sientes desconectado de ti mismo.

En realidad, el problema no es sólo escuchar a tu instinto, porque para recibir una respuesta, primero hay preguntar. Para las personas que están más conectadas con su cuerpo, éste es un proceso automático. Ante una pregunta o un dilema, sintonizan sus vísceras momentáneamente. Pueden pasar algún tiempo allí, conectando su cerebro con su barriga, y procesando. Entonces, una respuesta al dilema/problema/decisión aparece.

Pero si has crecido en una familia disfuncional y eras el hijo de un(a) narcisista, seguramente no te alentaron a prestar atención a ti misma y a tus sentimientos, donde tus emociones eran rechazadas o donde había muchas situaciones de estrés y tensión que te hacían tener que estar más pendiente de que lo ocurría fuera en lugar que dentro de ti, lo que ocurre es que no estás acostumbrada a conectar con tu propio instinto, lo que te priva de una fuente de orientación en la vida.  

Cómo se produjo el Descuido Emocional entre tú y tus tripas

Como se ha comentado antes, si tus emociones no fueron bien acogidas por tu familia disfuncional de origen porque como hijo de un(a) narcisista, te hacían sentir que tus emociones molestaban, esta experiencia infantil literalmente te entrena para ignorar tu propio instinto.

Si tus padres narcisistas/disfuncionales no le dieron un espacio ni recogieron amorosamente tus emociones como niño, es natural que sigas ignorando tus propios sentimientos como adulto. Ni siquiera te das cuenta de que lo estás haciendo. Es lo que te sale “por defecto”, “en automático”.

El cerebro y el vientre están unidos y trabajan de forma conjunta de muchas  formas. Investigaciones recientes han demostrado que tenemos en nuestro estómago los mismos tipos de células que transfieren señales a nuestros cerebros: las neuronas.

En Science Magazine, 2018, Emily Underwood dijo que:

“El intestino humano está revestido con más de 100 millones de células nerviosas, es prácticamente un cerebro en sí mismo”.

Además, el tema no es que tanto en el cerebro como el vientre haya neuronas, sino que la conexión entre uno y otro se da a través del “nervio vago”, que es el décimo nervio cerebral. El “nervio vago” está localizado en la parte posterior inferior del cerebro y desciende por el cuello y el tórax hasta llegar al abdomen.

Los instintos son intuiciones emocionales transferidas al cerebro a través del nervio vago. Por esto, cuando ignoras tus entrañas, estás ignorando tus sentimientos. Esto es como pretender hacer una travesía en barco sin una brújula que te guíe, como “a ciegas” y esperar orientarte sin muchos problemas.

Probablemente, tu intestino está hablando con tu cerebro todos los días. Está tratando de decirle lo que sabe, las decisiones que debe tomar, las instrucciones que debe seguir y las cosas a las que debe prestar atención.

Pero, ¿qué estás haciendo en lugar de escucharte? Estás ocupada preguntando a otras personas, dudando de ti misma y pensando demasiado, dándole demasiada importancia a lo racional. Te estás perdiendo esta valiosa información de tu ser más profundo y sabio.

Cómo volver a conectar con tus tripas

  1. Reconoce tu instinto como una fuente de información valiosa. Tomar conciencia de esta parte de tu cuerpo y darte cuenta de que contiene respuestas para ti puede ayudarte a empezar a conectar contigo mismo.
  2. Haz terapia corporal. Si estás anestesiada o desconectada, te ayudará a volver a tomar conciencia de tu cuerpo y a sentirte.
  3. Practica la respiración abdominal o diafragmática. Cuando se realiza este tipo de respiración profundamente se lleva aire a la parte más baja de la caja torácica. La respiración se ha de hacer de forma lenta y profunda, con lo que se efectúa un adecuado uso del diafragma. Procedimiento:
  • Inspirar por la nariz tranquilamente contando mentalmente hasta 4,
  • mantener el aire en los pulmones contando hasta 6,
  • y expulsarlo de nuevo contando hasta 4, pero al expulsarlo, haciéndolo como si estuvieras echando vaho a unas gafas para limpiarlas, es decir, contrayendo ligeramente los labios, de forma que al exhalar, se estimulará el nervio vago.

Tanto la inspiración como la espiración deben ser lentas y profundas. Se puede hacer el tiempo que quieras, el mínimo ideal serían unos 7 u 8 minutos. En lo posible hacerlo todos los días.

Esta sencilla práctica, realizada con regularidad, no solo nos instaura de forma natural la respiración abdominal sino que consigue estimular el nervio vago, permitiéndote reducir el estrés y estar en un estado de mayor relajación.

Tu estómago no es infalible o invencible. No hay una garantía de que esté en lo correcto o en lo cierto. Pero como ningún ser humano es capaz de eso de todos modos, trata de no pedirle más de lo que te pueda dar, que es mucho.

Puedes pensar en tu instinto como tu mejor, verdadera y más auténtica voz proveniente de tu interior. Es el lugar donde tus pensamientos y conocimientos se combinan con tus sentimientos e impresiones para producir la mejor respuesta.

La respuesta que te lleva hacia ti en lugar de alejarte, y hacia tus sentimientos en lugar de salir, exactamente lo opuesto al rechazo emocional que aprendiste de niño.

Todas las personas tenemos tres centros de energía: el mental, localizado en la cabeza, el emocional, localizado en el pecho y el instintivo, localizado en el abdomen. Estar en sintonía y fluir con la vida supone tener un equilibrio entre los tres y darle espacio a cada uno cuando la circunstancia vital lo requiera.

Empezar a escuchar y afinar tu intuición y tu instinto te harás tomar las decisiones que necesitas, confiar más en ti y en la vida y fluir más con lo que te pasa en cada momento.

Fuente: https://blogs.psychcentral.com

Si eres hijo o hija de narcisista y quieres sanar, una parte importante de tu recuperación será la psicoterapia, donde podrás aprender poco a poco a conectar contigo mismo y utilizar tu instinto como una guía en tu vida.

El rol del “Niño Perdido” en las Familias Narcisistas/Disfuncionales

En las familias narcisistas/disfuncionales los roles que se asignan a los miembros son rígidos y el/la que los decide (y que está predispuesto a asignarlos en función de sus propias necesidades y proyecciones) es el padre/madre narcisista con el apoyo del otro, que suele ser codependiente. Son como los papeles en una obra de teatro, de los que no es fácil salir a menos que se empiece terapia. Si quieres saber cómo comprender y sanar el abuso narcisista, puedes empezar por ver qué roles son los que has desempeñado en tu familia de origen.

En familias disfuncionales es muy común que uno de los hijos sea ignorado y tratado como si no existiera. Es como si los padres no notaran que el niño está ahí. El “Niño Perdido” es como se llama a este rol en la familia porque el mensaje que se le da es ése precisamente, el de: “¡Piérdete!”. No es victimizado como el niño que ejerce el rol del Chivo Expiatorio, pero se le ignora. Aprenden a invisibilizarse en la familia porque se les da el mensaje de que molestan a los padres y que cuanto menos se hagan notar, serán “apreciados” o “valorados” por esto.

La Niña Perdida tiende a ser callada y tímida, y no llama la atención. De adultas, siguen siendo tímidas y pueden retirarse, siendo muy reacias al contacto y a tener vínculos con otras personas. Tienden a evitar la confrontación y el drama, y ​​pueden volverse muy inexpresivas. Esta falta de conexión con la familia y consigo mismas puede hacer que de adultas tengan dificultades para identificar quiénes son.

Se vuelven muy independientes porque en su familia disfuncional no se les permitía o se les hacía sentir culpables por pedir o por expresarse. Les resulta difícil aceptar sus limitaciones y pedir cosas a otras personas. Han aprendido a no esperar nada de los demás. Su forma de lidiar con la realidad es retirarse de ella. Niegan que tienen sentimientos y “no se molesten en molestarse”.

El Niño Perdido suele invertir mucho tiempo en estas actividades:

  • Soñar despierto, fantasear.
  • Leer, estudiar.
  • Ver la televisión, jugar a videojuegos.
  • Entretenerse jugando solo.

Estas niñas crecen y se convierten en adultas que están emocionalmente anestesiadas y tienen baja autoestima. Le tienen miedo a la intimidad y las relaciones sociales les dan ansiedad. Son muy retraídas y tímidas, y se aíslan socialmente. Muchas actrices y escritoras son Niñas Perdidas que han encontrado una manera de expresar emociones mientras se esconden detrás de sus personajes.

Los niños de familias disfuncionales, al adaptarse a la dinámica familiar y los roles asignados, tienen una visión distorsionada de quiénes son hasta el punto de creer que ellos son su rol. Algunos se pasan así toda una vida, sin llegar a descubrir quiénes son realmente, sin desarrollar una personalidad madura y propia, que a más allá de unos roles infantiles, asignados para propiciar dinámicas tóxicas en el sistema familiar disfuncional.

Características del Niño Perdido en la Familia Narcisista/Disfuncional

Para entender si tú o alguien a quien conoces ejerció el rol de la Niña Perdida en una familia narcisista/disfuncional, éstas son sus características:

  1. Anestesiado

    El adulto que alguna vez fue un Niño Perdido en una familia disfuncional tiene problemas para sentir sus propias emociones. Cuando les sucede algo negativo, les será difícil sentirse tristes. También les puede resultar difícil sentirse felices cuando les pasan cosas buenas.

    Esto se debe a que en su infancia se acostumbraron a esconder sus emociones para “no dar que hacer” o “no ser un problema” para la familia. A base de reprimir, negar, introyectar (volverlas contra uno mismo) emociones, la persona llega a la edad adulta estando en muy poco contacto con sus emociones, como adormecida. Esto lleva, en general, a tener poca energía vital.

  2. Aislada

    Debido a esta necesidad de ser invisible en su familia de origen, estará muy acostumbrada a pasar tiempo sola y a entretenerse consigo misma, desarrollando pocas habilidades sociales. Generalmente, serán personas tímidas e introvertidas y con pocos amigos.

    En casos extremos, puede llevar a situaciones de un auténtico aislamiento social.

  3. Falta de intimidad

    Básicamente, el Niño Perdido en la infancia no hizo conexiones con otros miembros de la familia. Debido a esto, como adultos, les resulta muy difícil tener vínculos y conexiones profundos, en los que haya intimidad física y emocional. Inconscientemente, hay un miedo a la intimidad.

  4. Se sacrifica

    Por lo general, se trata de una persona que sacrificará sus necesidades por las de los demás, que estará disponible para los otros y que tendrá una actitud de “yo siempre estoy bien y no necesito nada”.

    Al fondo, lo que hay es la experiencia de una niña que nunca pedía nada, ni esperaba nada de los demás y que creció pensando que el mundo tenía poco que ofrecerle.

  5. Baja autoestima

    Generalmente, la Niña Perdida crecerá con una autoestima baja. A pesar de que realmente no se hicieron notar de manera negativa en la familia, tampoco recibieron apoyo ni amor. Si no hacen terapia, de adultas mantienen un perfil bajo, pasan desapercibidas, sin hundirse y sin destacar. En definitiva, sobreviviendo sin esperar gran cosa de la vida.

Si quieres saber cómo comprender y sanar el abuso narcisista, salir del rol de la Niña Perdida requiere salir de la invisibilización, aceptar las necesidades y los deseos, querer conectar con una misma y con los demás e interiorizar ideas como las de:

“Yo importo” o “Merezco dar y recibir amor”

A la persona que ha ejercido el rol del Niña Perdida le pueden venir  bien, además de hacer terapia, actividades como el teatro o la danza, en las que pueda expresarse de una forma espontánea.

Si quieres saber cómo comprender y sanar el abuso narcisista, éste y otros roles de los miembros en familias disfuncionales, son tratados en profundidad por el psicoterapeuta estadounidense John Bradshaw en su libro “Volver a Casa”.

Fuente: https://www.learning-mind.com

Pasos a Seguir para Aprender a Poner Límites

Preocupolandia: Territorio familiar para personas con padres narcisistas

  • Eva ha decidido que para Navidad este año prefiere ir a casa de su tía en lugar de a casa de sus padres porque se siente mejor allí, que puede ser más ella misma. Sus padres le dan el mensaje de que si no va a su casa, no querrán verla.
  • Natalia vive fuera de su ciudad natal y, cuando avisa a sus padres que va de visita, les dice que quiere verles pero no en su casa sino en un sitio más “neutral”, como una cafetería. Sus padres le contestan que si no se ven en su casa, no quieren verla.
  • Jaime ha comunicado a su familia que no acudirá a la boda de su hermana porque ésta no se lleva bien con su pareja actual. Sus padres le dicen que si no va a la boda, lo desheredan.

Si eres una persona que tiene un padre o madre con Trastorno Narcisista de la Personalidad, es posible que las historias más arriba sean familiares para ti. Si quieres saber cómo recuperarte de haber crecido con padres narcisistas, puedes empezar por hacerte las siguientes preguntas:

¿Por qué las personas con padres narcisistas a menudo se sienten tan ansiosas?

¿Por qué tienden a cuestionarse constantemente a sí mismas?

¿Por qué ignoran sus propias necesidades?

La Herencia Emocional de las personas que han crecido en Familias Narcisistas: Cómo recuperarte de haber crecido con Padres Narcisistas

Los padres narcisistas tienen dificultades para entender y aceptar los sentimientos de sus hijos. Esto se debe a su dificultad gestionar sus propias emociones. Sus hijos son como espejos. Como no pueden gestionar sus emociones, tampoco toleran la de sus hijos, a los que obligan a acallarlas con todo tipo de estrategias. A las niñas se les da el mensaje de que “sentir es malo” y “mejor guárdatelo para ti porque molestas.”. Los padres narcisistas carecen de autoconciencia y no pueden responsabilizarse de cómo su comportamiento afecta a sus hijas, que éstas se acostumbran a vivir hipervigilantes, leyendo el estado emocional de sus padres y adaptándose lo más que pueden al ambiente que las rodea para evitar ataques. Al crecer en este ambiente de estrés y con la sensación de que tienen que esconderlo todo, no es sorprendente que las hijas de padres narcisistas se conviertan en adultas ansiosas.

Una de las claves para dejar de vivir con ansiedad es aprender a relajarte en tu propio cuerpo, desarrollar los recursos personales que sí tienes para afrontar lo que quieras y aprender a poner límites y decir que no. Para relajarte en tu propio cuerpo, lo que te recomiendo son la terapia corporal, bioenergética y/o la meditación. Para aumentar tus recursos personales y aprender a poner límites, psicoterapia.

El tema de poner límites es muy importante, ya que una persona que no pone límites a lo que le hacen los demás, es susceptible de todo de tipo de comportamientos abusivos, de maltrato, de explotación, de aprovechamiento,.. Las personas que no ponen límites a los demás suelen jugar de forma neurótica el rol de víctimas y tienen una sensación general de no tener poder personal ni control sobre sus vidas, creen que “les pasan cosas” en su vida sobre las que no tienen voz ni voto.

Aprender a establecer Estándares y poner Límites en tus Relaciones

Un estándar es cómo quieres relacionarte con los demás, lo que permites y no, qué pides a los demás y estás dispuesta a dar, bajo qué parámetros te mueves, cómo quieres que te traten.

Un límite es decir “no” a algo que no quieres, comunicar al otro que no vas a hacer lo que te pide o que deje de hacer algo que te molesta, te incomoda o te hace daño.

Establecer límites puede generar mucha ansiedad a las personas con padres narcisistas, ya que en su infancia no se les permitía hacerlo y se les castigaba muy severamente cuando lo intentaban. La buena noticia es que ya no estás en tu infancia y que puedes poner limites. Eso sí, hacerlo de forma asertiva es un proceso que lleva tiempo y seguramente al principio tendrá consecuencias para ti. Es probable que algunas de las personas con las que te relaciones tengan un comportamiento similar al de tus padres y querrán hacerte daño cuando digas que no porque ya hay una dinámica establecida en la siempre dices que sí. Se trata de una fase que también te ayudará a distinguir con qué personas tienes vínculos sanos en tu vida y con cuáles no. Al final aprenderás a poner límites en tu vida de forma asertiva, que significa cuidarte y quererte.

Aquí están los pasos:

  1. Identifica lo que Quieres

    Este paso puede ser más fácil decirlo que hacerlo, ya que es más que probable que por defecto, tiendas a anteponer las necesidades de otras personas frente a las tuyas. Esto es algo que muchos codependientes hacen porque así es como se les entrenó en su infancia.

    Una buena forma de empezar a cambiar esto es en lugar de dar la respuesta automática de siempre, cuando alguien te pida algo, hacer un par de respiraciones profundas y “dejarte sentir” cuál es la respuesta que quieres dar, con independencia de cómo se lo va a tomar la otra persona.

  2. Decide cuál es el Límite

    Una vez has decidido que la respuesta es “no”, se trata de comunicarla a la persona de una forma asertiva y con respeto. Esto es algo que al principio puede ser que no te resulte fácil porque en las familias narcisistas “lo negativo” o no se habla o se hace de una forma agresiva. Seguramente pasarás por un periodo de incertidumbre y angustia antes de hacerlo y al principio pondrás el límite de una forma agresiva. Es una cuestión de práctica, como todo en la vida.

  3. Pon el Límite y acompáñate en las Emociones que Surjan

    Cuando pongas el límite, es más que probable que tengas emociones como vergüenza, rabia, miedo,.. Se trata de que “sostengas” esas emociones en lugar de rehuirlas (que es lo que provoca la ansiedad, acortamos la respiración para no sentir). Esas emociones surgen porque así es como te sentías en tu infancia cuando intentabas poner el límite. Con el tiempo, dejarán de ser tan intensas.

El objetivo es que, poco a poco, dejes de habitar tanto “preocupolandia” para tener dentro de ti misma más paz y calma interiores. La preocupación tiene que ver con una anticipación por miedo, para intentar controlar una situación en el futuro. Ese miedo viene de una idea interna de que la persona se siente sin los recursos necesarios para afrontar situaciones en su vida. Cuanto más practiques recursos personales como poner límites, más cuenta te darás de que ese abanico de recursos con los que cuentas es más amplio y que no es necesario tener tanta ansiedad por cualquier evento en tu vida. Así es cómo empezarás a recuperarte de haber crecido con padres narcisistas.

Fuente: https://adaa.org

La Constancia del Objeto: Porqué los Adultos nos Sentimos Abandonados cuando una Relación Termina

El Apego

Aunque los comportamientos de tira y afloja en nuestras relaciones actuales parecen ser provocados por la pareja, el amigo, el jefe,… en realidad son el resultado de los viejos temores que arrastramos desde la infancia.

La ansiedad es una parte normal de estar en una relación íntima. Por lo general, se presenta en dos formas: el miedo al abandono y el miedo a ser engullidas. A parte de nosotros nos preocupa que si nos entregamos al amor, seremos abandonados. Por otro lado, tememos que si alguien se acerca demasiado, no podremos ser nosotras mismas o no podremos irnos si queremos.

Este artículo se centra en el miedo al abandono, que, en su mayor parte, podría manifestarse como un sentimiento persistente de inseguridad, pensamientos intrusivos, sentimientos de vacío, sensación inestable de uno mismo, apatía, necesidad, fluctuaciones extremas del estado de ánimo y frecuentes conflictos en las relaciones. Por otro lado, también se puede hacer frente cortando completamente y desconectándonos emocionalmente.

Los neurocientíficos han descubierto que la respuesta de nuestros padres a nuestros comportamientos de búsqueda de apego, especialmente durante los dos primeros años de nuestra vida, codifica nuestro modelo de relacionarnos en el mundo.

Si en la infancia hemos tenido interacciones de apego saludables con un cuidador en sintonía, disponible y que nos ha cuidado, podremos desarrollar un sentido de seguridad y confianza. Si nuestros padres pudieron responder a nuestras llamadas de alimentación y consuelo la mayor parte del tiempo, hemos interiorizado el mensaje de que el mundo es un lugar seguro, de que cuando estemos en necesidad, alguien vendrá a ayudarnos. También aprenderíamos a calmarnos en los momentos de angustia, y esto forma nuestra capacidad de recuperación como adultos.

Si, por el contrario, el mensaje que nos dieron de niños fue que el mundo no es seguro y que no se puede confiar en las personas, esto afectaría a nuestra capacidad para lidiar con la incertidumbre, las decepciones y los altibajos en las relaciones.

La Constancia del Objeto

Muchas personas pueden soportar cierto grado de ambigüedad relacional y no ser consumidas por completo preocupándose por un posible rechazo. Cuando discuten con un ser querido, pueden recuperarse del evento negativo. Cuando no están físicamente a nuestro lado, tenemos la confianza subyacente de que estamos en sus pensamientos. Todo esto involucra algo llamado constancia del objeto: la capacidad de mantener un vínculo emocional con los demás, incluso donde hay distancia y conflictos.

La constancia del objeto se origina en el concepto de permanencia del objeto, una habilidad cognitiva que adquirimos alrededor de los 2 a 3 años de edad. Es la comprensión de que los objetos continúan existiendo incluso cuando no se pueden ver, tocar o sentir de alguna manera. Es por eso que a los bebés les encanta el cucú: cuando ocultas tu cara, piensan que deja de existir. Según el psicólogo Jean Piaget, quien fundó la idea, lograr la constancia del objeto es un hito en el desarrollo de una persona.

La constancia del objeto es un concepto psicodinámico, y podríamos pensar que es la equivalencia emocional de la permanencia del objeto. Para desarrollar esta habilidad, maduramos en la comprensión de que nuestro cuidador es simultáneamente una presencia amorosa y un individuo separado que podría alejarse. En lugar de tener que estar con ellos todo el tiempo, tenemos una “imagen interiorizada” del amor y cuidado de nuestros padres. Entonces, incluso cuando están temporalmente fuera de la vista, todavía sabemos que somos amados y apoyados.

En la edad adulta, la constancia del objeto nos permite confiar en que nuestro vínculo con aquellos que están cerca de nosotros se mantiene completo incluso cuando no están físicamente cerca, levantando el teléfono o respondiendo a nuestros mensajes de texto. Con la constancia del objeto, la ausencia no significa desaparición o abandono, sólo distancia temporal.

Como ningún padre/madre puede estar disponible y sintonizado el 100% del tiempo, todos sufrimos al menos algunas contusiones menores al aprender a separarnos e individualizarnos. Sin embargo, cuando una persona ha tenido cuidadores extremadamente incoherentes (ahora estoy y te ofrezco apoyo, ahora no, “no me molestes”), emocionalmente inaccesibles, o un comportamiento caótico, su desarrollo emocional podría haberse estancado a una edad temprana, sin tener la oportunidad de desarrollar la constancia del objeto.

Sin la constancia del objeto, uno tiende a relacionarse con los demás como “partes”, en lugar de un “todo”. Al igual que un niño que lucha por comprender a la madre como una persona completa que a veces recompensa y otras veces frustra, el adulto lucha por sostener la idea mental de que tanto él mismo como los demás tienen aspectos buenos y malos.

Las personas que no han desarrollado la constancia del objeto suelen experimentar las relaciones como poco confiables, ser muy vulnerables y muy dependientes del estado de ánimo del momento. Parece que no hay continuidad en la forma en que ven a su pareja: cambia y de un momento a otro y es “bueno” o “malo”. Se mueven en los extremos en lugar de tener una visión más completa y global.

Sin la capacidad de ver a las personas como una persona completa, se hace difícil evocar el sentido de la presencia del ser querido cuando no están físicamente presentes o cuando hay un conflicto. La sensación de estar sola o de sentirse agredida puede llegar a ser tan poderosa y abrumadora que evoca reacciones crudas, intensas y, a veces, infantiles.

Debido a que los orígenes de estas fuertes reacciones no son conscientes, parecería que fueran “irrazonables” o “inmaduras”. En verdad, si pensamos que actúan desde un lugar de trauma reprimido o disociado, y consideramos lo que sucede, es como si un niño de dos años se quedara solo o con un cuidador inconsistente: el miedo intenso, la rabia y la desesperación tendrían sentido.

De este sentimiento es de donde proviene el comportamiento de idealización-devaluación-descarte del ciclo de abuso. Esta idealización-devaluación-descarte puede darse tanto por parte de la persona que abusa como por parte de la víctima. Las dinámicas que se dan en el ciclo de abuso tienen que ver con la falta de la constancia del objeto. La idealización consiste en identificar a la persona querida con un ideal que no se corresponde de la realidad. La devaluación consiste en verla bajo una luz únicamente negativa, incidiendo en errores que cometa,… se trata de una visión que tampoco es realista. El descarte tiene que ver con un juego de poder, con ponerse por encima de la otra persona y con no poder dar un cierre a la relación, despedirse, soltar, honrando lo que ha habido. La persona que descarta niega el vínculo y no reconoce al otro como un igual al que le manifiesta lo que siente. El que descarta, como no aprende nada, repite. Tendrá una nueva relación en la que repetirá el ciclo de abuso.

El ciclo de abuso es una dinámica que se da en todas las relaciones con narcisistas, psicópatas y/o sociópatas, que tienen un retraso en su desarrollo personal y suelen ver a las personas de una forma parcial a lo “blanco” o “negro”. También las personas que están en el otro lado de la relación, que suelen ser codependientes, no han desarrollado la constancia del objeto. Si crees que esto también te ocurre a ti y te gustaría sanarlo, puedes hacerlo con una psicoterapeuta que sabe de narcisismo.

Sanando el Abandono Emocional en Adultos

Una gran parte del desarrollo de la constancia del objeto consiste en tener la capacidad de mantener las paradojas en nuestra mente. De la misma manera que el cuidador que nos alimenta también es el que nos falla, debemos enfrentarnos a la verdad de que ninguna relación o persona es “buena” o “mala” en su totalidad.

Si podemos mantener tanto los defectos como las virtudes en nosotros mismos y en los demás, no tendremos que recurrir a la defensa primitiva del “splitting” o el pensamiento blanco/negro. Si devaluamos a nuestra pareja, amigo, familiar,… porque nos ha decepcionado, también lo haremos con nosotras mismas.  El hecho de que no seamos perfectos todo el tiempo no significa no tengamos derecho a ser queridos.

La otra persona puede tener limitaciones y ser lo suficientemente buena al mismo tiempo. Podrían querernos y estar enfadados con nosotros al mismo tiempo.Es posible que necesiten distanciarse de nosotros a veces, pero la base del vínculo permanece sólida, esta ahí, no desaparece porque haya un desencuentro, malentendido o un conflicto.

El miedo al abandono es un exceso de poder porque nos devuelve al  trauma que llevamos desde la infancia, siendo entonces seres indefensos y vulnerables, siendo totalmente dependientes de quienes nos cuidaron. Pero debemos reconocer que nuestros temores ya no reflejan nuestra realidad actual. Aunque nunca hay una certeza y seguridad absolutas en la vida, ahora somos adultos y tenemos diferentes opciones y recursos personales.

Como adultos, ya no podríamos ser “abandonados”. Si una relación llega a su fin, son las consecuencias naturales de un desajuste en los valores, necesidades y caminos en la vida de dos personas.

Ya no podemos ser “rechazados”, ya que el valor de nuestra existencia no depende de las opiniones de los demás. Ya no estamos “atrapados”. Podemos decir no, establecer límites y alejarnos.

Como adultos resilientes, podríamos acunar al niño de 2 años dentro de nosotros que tenía miedo de que nos dejaran caer, aprender a permanecer dentro de nuestros cuerpos incluso con miedo sin disociarnos, y podemos mantener relaciones con otros incluso en medio de la incertidumbre, sin huir hacia la evitación y las defensas.

En lugar de quedarnos atrapados en una búsqueda de la “pieza que fatlta”,  o de sentir que tenemos un “defecto fatal”, llegamos a reconocernos como un ser completo e integrado, que puede dar y recibir amor y que tiene derecho a una vida  que no es perfecta pero sí plena y satisfactoria.

Así es como se sana el abandono emocional en adultos. Si quieres consultar este tema con una psicoterapueta que sabe de narcisismo, puedes hacerlo aquí.

Fuente: https://psychcentral.com

La Línea entre Mostrarse Vulnerable y Compartir Demasiado

Compartir información sobre nosotras mismas es parte de lo que forma los vínculos con otras personas. Sin embargo, si compartimos de más, podemos ser recibidas con un silencio incómodo y un cambio de actitud por parte de la otra persona. O puede ocurrir también a la inversa, que estamos hablando con un conocido que comparte con nosotras algo profundamente personal pero de una manera que la sentimos cargada de expectativas, a una profundidad que no estamos preparadas para ofrecer, que nos incomoda y que no se corresponde con el vínculo que tenemos con esa persona.

Hay una expresión para esto: compartir de más. Significa compartir información personal o confidencial, esperar apoyo emocional o intimidad incongruentes o inadecuadas para el contexto o nivel de confianza en las relaciones.

Mostrarse vulnerable consiste en exponer a otra persona o personas algo que constituye una dificultad para nosotros con la intención de comunicarnos y mejorar la relación con la persona con la que estamos compartiendo. Mostrarse vulnerable no es algo fácil, ya que supone mostrar al otro algo que es emocionalmente incómodo o displacentero, como vergüenza, culpa, rabia, dolor,… Es la única forma en la que algo que es una dificultad en una relación del tipo que sea, se puede acabar superando. Ejemplos de mostrarse vulnerable son:

  • A la pareja: “Cuando me hablas así, me recuerda a como me hablaba mi padre cuando me reñía y me hace sentir dolor y frustración”.
  • Al jefe: “Tengo dificultad con esta tarea y necesito un curso para reforzar mis conocimientos”.
  • A un amigo: “Cuando quedamos y llegas tarde de forma sistemática, me enfada porque creo que no soy importante para ti.”

Compartir de más puede parecer mostrarse vulnerable, pero no lo es. Es lo contrario.

Todos tenemos diferentes límites personales y niveles de comodidad, por lo que lo que parece apropiado a una persona puede no serlo para otra. Algunas personas se sienten bien buceando directamente en las cosas profundas, mientras que otras tardan un poco antes de sentirse cómodas compartiendo información más personal. Ninguno de estos enfoques es mejor o peor que el otro.

Sin embargo, las personas que han crecido en familias disfuncionales suelen tener un tema con la intimidad, con compartir de más y con mostrarse vulnerables. Le tienen miedo a la intimidad y a mostrarse vulnerables porque en su infancia, las muestras de esto no eran bien recibidas y se les atacaba, humillaba, despreciaba y/o etiquetaba de débiles. Por eso, de adultos suelen apartar/enterrar tener intimidad y mostrarse vulnerables con los demás.

Sin embargo, sigue habiendo una necesidad inconsciente de esto, que se manifiesta cuando comparten de más, contando algo sobre sí mismas que es demasiado íntimo para el contexto o proporcionando demasiada información personal a personas a las que apenas conocen y que podrían acabar utilizando esa información en su contra. Por otro lado, normalmente se pueden mostrar muy frías y distantes con los demás, no compartiendo nada en absoluto sobre sí mismas, completamente cerradas a lo que podría ser crear un vínculo sano con otra persona. En el fondo de lo que siente una persona que comparte de más, es la necesidad de pertenecer.

Si bien la persona que comparte en exceso puede sentirse momentáneamente más cerca de la persona con la que está compartiendo:

  • No se está auto-protegiendo al no interactuar con los límites apropiados, y
  • No está teniendo en cuenta el impacto que tendrá en los demás su conversación. Es un comportamiento contraproducente.

Vulnerabilidad vs Compartir Demasiado

La vulnerabilidad es una cualidad que acerca a las personas y las hace sentir más conectadas. Compartir demasiado provoca lo contrario. Es una experiencia incómoda e insatisfactoria para ambas partes. Puede dejar a la persona en el extremo receptor del intercambio excesivo desconcertada acerca de por qué la otra persona le está diciendo esto, impotente para darle el apoyo que desea o necesita, y/o cargada con demasiadas expectativas.

También deja expuesta a la persona que hace el intercambio excesivo: confía experiencias personales e información a alguien que no conoce, y si no obtiene la validación y la reciprocidad que busca, termina sintiéndose abandonada.

Brené Brown escribe en su libro “Daring Greatly” cómo la valentía de ser vulnerables tiene el poder de transformar la forma en que vivimos, “Compartir de más no es mostrarse vulnerable. De hecho, a menudo resulta en la desconexión y la desconfianza”.

Usar la vulnerabilidad no es lo mismo que ser vulnerable. Es lo opuesto, es una armadura.

Cuando estamos “siendo vulnerables” con un motivo ulterior, estamos siendo manipuladores. Cuando sólo somos vulnerables, estamos siendo auténticos. Y ser auténtico es la forma en que realmente desarrollamos una sincera intimidad con otra persona.

Cómo dejar de Compartir en exceso y atenerse a la Vulnerabilidad

Brené ofrece una selección de preguntas que podemos hacernos para dejar de compartir (y las consecuencias negativas) antes de que suceda. Estas preguntas son para las personas que se den cuenta de que tienden a compartir demasiado:

  • ¿Para qué estoy compartiendo esto?
  • ¿Qué resultado estoy esperando?
  • ¿Qué emociones estoy experimentando?
  • ¿Mis intenciones se alinean con mis acciones?
  • ¿Hay un resultado o respuesta que estoy esperando por parte de la otra persona?
  • ¿Esto que estoy compartiendo lo hago para conectar con la otra persona?
  • ¿Estoy realmente pidiendo a las personas en mi vida lo que necesito?
  • ¿Nuestra relación tiene la confianza suficiente para tener este tipo de tema de conversación?
  • ¿Cuáles son realmente mis expectativas aquí?

Fuente: http://www.becomingwhoyouare.net

¿Estás ejerciendo el Rol del Padre o la Hija en tu Relación de Pareja?

El rol de la madre y el hijo en la relación de pareja

Los conflictos que se dan en el ámbito de la pareja son complicados. Pero hay una dinámica que puede ser un poco más fácil de entender. Muy a menudo, las parejas experimentan problemas cuando una persona asume el papel de padre y la otra el papel de hija. Entender esta dinámica puede arrojar luz sobre cómo puede estar interfiriendo en tu relación y disminuyendo tu amor, respeto y atracción hacia tu pareja.

Muchos de nosotros podemos relacionarnos con los escenarios en los que uno de los compañeros está siendo padre, es decir, adopta el rol en el que es instructivo, superior o incluso disciplinario en su estilo de relación. Tienden a ofrecer muchos consejos o asistencia basados ​​en una inclinación general para cuidar o dirigir a la otra persona. Con frecuencia, pueden sobrepasar los límites y hacer demasiado por su pareja, a menudo viendo a la otra persona de manera crítica, como impotente o irresponsable. Un compañero paterno puede tener una tendencia a ser correctivo, diciéndole a la otra persona lo que “debe” hacer o “debería” haber hecho.

La pareja en un rol más infantil puede llorar, desmoronarse o usar estrategias pasivo-agresivas para salirse con la suya. A menudo se sienten victimizadas, impotentes y dependientes de su pareja. Pueden comportarse de maneras rebeldes o irresponsables, provocando a su pareja e incitando a la otra persona a intervenir y hacerse cargo. Cuando se enfrentan, la persona infantil puede sentirse fácilmente herida o enfadada, lo que es más probable que provoque una reacción “a lo padre” por parte de su pareja, que dentro de esta dinámica disfuncional, se lo tomará como una provocación o un “desacato” a su autoridad.

Es fácil ver cómo cualquiera de las personas atrapadas en esta dinámica agrede al otro, creando un ciclo repetitivo doloroso. Como la mayoría de los conflictos de pareja, es difícil culpar, porque ambas personas tienen quejas válidas sobre el otro. Lo mejor que se puede hacer en este caso es observar el patrón de comportamiento y reconocer las formas en que perpetuamos el ciclo ejecutando nuestra mitad. Para hacer esto, debemos observar los comportamientos específicos asociados con la dinámica padre-hijo, así como el comportamiento por el que podemos esforzarnos por disfrutar de una relación más sana y equitativa.

Si quieres ayuda para sobrevivir a padres narcisistas, quizás con este artículo te des cuenta de que para ti tu pareja es emocionalmente como tu padre/madre narcisista.

Dinámicas en una relación de pareja con los roles de padre e hija

Controlador vs Pasivo-Agresivo

  • Una persona en un rol infantil a menudo será más pasiva y dependiente, buscando ser dirigida por el otro o ser atendida por su pareja. Cuando esta persona está en un modo infantil, puede tender a desmoronarse y odiarse a sí misma o a malhumorase cuando se le da un feedback sobre su comportamiento.
  • Es más probable que una pareja que ejerce el rol de padre o madre se esfuerce y obligue a su pareja a hacer lo que “deben”. Una pareja paterna puede estar cerrada a otros puntos de vista, estar a la defensiva o incluso castigar cuando recibe un feedback sobre su comportamiento. Pueden contraatacar en relación a sugerencias o críticas que se les hacen.
  • Es útil para ambas personas tratar de permanecer no defensivas y con una actitud de apertura. En un modo adulto, ambas personas muestran curiosidad y están dispuestas a explorar las opiniones de su pareja, y ambas aceptan una crítica constructiva que puede ayudarles a crecer individualmente y en su relación.

Irracional vs demasiado racional/moralista

  • Una persona en un modo infantil a menudo es dominada por sus propias emociones, que la suelen llevar a perder la noción de lo que realmente está sucediendo o lo que más le interesa.
  • Una persona en el modo de padre/madre puede ir demasiado lejos al otro extremo, enfocándose excesivamente en ser “racional” a expensas de los sentimientos. Pueden volverse cínicos, críticos o moralistas, lo que frustra aún más a la pareja que se siente más activada emocionalmente.
  • Hay un equilibrio para ambas personas, que pueden esforzarse por ser racionales y estar en contacto con sus sentimientos. Idealmente, los adultos experimentan sus emociones, pero no se dejan llevar por ellas sino que las gestionan y se hacen responsables cada uno de las suyas.

Demasiado Directivo vs Sin Dirección

  • A una persona en el modo infantil le puede resultar difícil concentrarse o descubrir lo que quiere y cómo conseguirlo. Pueden operar como un “barco sin rumbo”, luchando por encontrar su camino.
  • Una persona paternalista puede abordar las actividades de manera más rígida o sin alegría, convirtiendo los deseos y metas en “deberes”, sin que haya ningún disfrute en lo que hace.
  • Cada persona, y la relación en sí, están mucho mejor cuando ambas partes se mantienen en contacto con sus deseos y necesidades individuales, formulando e implementando metas al tomar las acciones apropiadas para lograr satisfacer esos deseos y necesidades.

Poder Negativo Encubierto vs. Dominante

  • Alguien que asume un rol parental a menudo puede ser mandón. A veces, incluso puede llegar a abusar del poder, intimidando al otro a través de la rabia o la agresión.
  • Una persona que se siente como un niño en la situación puede intentar manipular al otro jugando a la víctima. Esta persona puede controlar a otros a través de la debilidad y puede desmoronarse en un esfuerzo por obtener lo que quiere.
  • Ambos patrones son destructivos. En lugar de afirmar el poder sobre el otro, cada persona debe esforzarse por tener un poder personal, en el cual ambos toman el control total de su existencia y cambian cualquier comportamiento que no les guste. Si desarrollan un sentido de poder personal, ambas personas se sentirán más fuertes en sí mismas y sabrán que pueden dirigir sus propias vidas.

Cuando las parejas comienzan a darse cuenta de que se están involucrando en estos patrones, tienen la tendencia de culpar al otro o a pensar que terminar la relación es la mejor solución. Sin embargo, si simplemente exteriorizamos el problema o dejamos de intentar mejorar nuestra relación, nunca cambiaremos el problema subyacente de nuestras propias defensas. Y en las relaciones futuras, tenderemos a recrear rápidamente la misma dinámica. Sin embargo, para romper este ciclo en una relación actual o evitar que se repita en una relación futura, podemos reconocer nuestros propios comportamientos y que podemos cambiar los ciclos perjudiciales cambiándonos a nosotros mismos.

Necesitamos comenzar con la compasión por nosotras mismas. Nuestra tendencia a actuar como niños o padres surgió de las defensas que formamos para adaptarnos y sobrevivir en nuestras infancias. En familias disfuncionales como la familia narcisista, es muy frecuente la práctica de infantilizar a los hijos cuando ya no son niños o de parentificarlos, inviertiendo el rol que les corresponde de forma natural.

Es posible que estas adaptaciones nos hayan servido para sobrevivir en la infancia, pero nos están perjudicando y limitando en nuestras relaciones adultas. Cuando nos involucramos en el comportamiento paterno o infantil, estamos perpetuando una dinámica poco sana. Sin embargo, conocer las formas en que nos involucramos en estos patrones y cambiarlos activamente puede realmente transformar nuestra relación. Es posible que nos cause ansiedad el hecho de mostrarnos vulnerables al hablar de estas dinámicas, lo cual supone renunciar a las defensas de nuestro pasado y mostrarnos como adultos abiertos con nuestra pareja. Pero al hacerlo, creamos una oportunidad real de lograr el amor y la cercanía que decimos que queremos.

Si estás en una relación con dinámicas de este tipo, recuerda que la otra persona que está en el rol opuesto, te hace de espejo a tu propio rol y que cada relación es una oportunidad para cambiar tu comportamiento y tu forma de estar en ellas. Las dinámicas que no se sanan en una relación, de un modo u otro, se repetirán en tu vida.

Nota: Hay que tener en cuenta que el artículo está enfocado en las relaciones de pareja pero estas dinámicas padre/hija, madre/hijo, padre/hijo, madre/hija se pueden dar en otros contextos en los que hay un vínculo, como las relaciones de amistad, de trabajo, de familia, de convivencia en un piso,…

Si quieres ayuda para sobrevivir a padres narcisistas, te invito a que te hagas esta pregunta: ¿En cuántas de tus relaciones ejerces como el padre o la hija de la relación?

Fuente: https://www.psychologytoday.com