El Defecto Fatal

  • Andrea, de 23 años, teme en el fondo que si permite que alguien se acerque lo suficiente para ver a la verdadera Andrea, no le gustará lo que ve.
  • Jaime observa a las personas que caminan por la calle riendo y hablando, y se pregunta qué tienen que él no tiene.
  • Cristina, una empresaria consumada, secretamente se siente fuera de lugar dondequiera que vaya.
  • Laia se esfuerza en todo lo que hace, es una perfeccionista que nunca está satisfecha con nada en su vida y no deja que nadie la conozca en profundidad.

Aunque parezca que cada una de estas personas está luchando con un problema diferente, todas estas luchas secretas y dolorosas provienen de la misma raíz común. Andrea, Jaime, Cristina y Laia creen en su fuero interno que “algo está mal en ellos”. A esta creencia algunos terapeutas la llaman el defecto fatal.

 

El defecto fatal, en las personas que lo sienten, hasta que empiezan terapia, puede resultar muy difícil de detectar. Se trata de algo que está de fondo, un sentimiento profundo de inadecuación que causa mucho dolor a la persona y que, inconscientemente, trata de esconder frente a los demás porque cree que, si lo descubren, los alejará. Se trata de una mezcla de vergüenza, culpa y rabia dirigida hacia uno mismo.

El defecto fatal realmente no existe. No es una cosa real, pero sí un sentimiento real. Es un sentimiento cuyo poder proviene de ser insidioso, invisible e innombrable. Es un sentimiento que puede perseguir a una persona a lo largo de su vida, sin revelarse nunca.

Miremos más de cerca la infancia de Andrea, Jaime, Cristina y Laia para ilustrar cómo cada uno llegó a tener su propia versión personal del defecto fatal.

Los padres de Andrea eran adictos al trabajo. Personas exitosas y ambiciosas que querían a sus hijos pero que no tuvieron tiempo para conocerlos. Andrea fue criada por niñeras que iban y venían. Andrea, en esencia, creció en un vacío emocional, sintiendo que sus padres no la conocían realmente. Ante su falta de atención e interés, el cerebro de su hija procesó esto como: “No soy digna de que me conozcan”. Como adulta, anticipó el rechazo en todas las relaciones, desarrollando contradependencia y alejando a las personas por miedo a la intimidad.

Jaime era hijo único de dos padres deprimidos. Sus padres lo quisieron e hicieron lo posible por cuidarlo y criarlo. Tenía una bonita casa y mucha comida y ropa. Pero emocionalmente, su infancia se empobreció. Debido a su depresión, los padres de Jaime no tenían mucha energía ni para ellos mismos. Les quedaba muy poca para su hijo.

Cuando Jaime tenía un problema con sus amigos, no se lo contaba a nadie. Cuando obtenía sobresalientes en matemáticas, a nadie parecía importarle demasiado. Jaime creció sin compartir con nadie su dolor o su alegría. Creció careciendo de la conexión emocional con los demás que hace que la vida sea estimulante y significativa. Como adulto, vivió su vida con una escasez de este ingrediente principal: conexión emocional.

Cristina creció en una gran familia de clase trabajadora, caótica pero amorosa. Las personas de su familia eran esencialmente “ciegas a las emociones”. No compartían, expresaban, advertían ni respondían a la emoción. Nadie en el mundo de Cristina cuando era niña sintonizaba con sus sentimientos. Cristina no tuvo ningún referente que le enseñara cómo reconocer, leer, tolerar, expresar o gestionar sus propios sentimientos (o los de los demás). Cristina tuvo éxito en el mundo de los negocios porque es inteligente, enérgica y motivada, pero no tiene inteligencia emocional. En situaciones sociales, se siente fuera de lugar y tiene ansiedad.

Los padres de Laia eran un narcisista y una codependiente. Su padre la escogió, cuando era muy pequeña, como el chivo expiatorio de la familia y le daba constantemente mensajes de que “era un desastre” y “lo hacía mal”. La madre simplemente le seguía la corriente al padre. Éste se enfadaba o burlaba de forma inapropiada cuando Laia mostraba una emoción.

Laia creció pensando que las emociones eran algo que “sobraba” en ella y que, hiciera lo que hiciera, era un desastre que, antes o después, los demás descubrirían.

Los tres primeros ejemplos son los de personas que han sufrido abandono emocional y la cuarta, abuso emocional.

La buena noticia es que el defecto fatal puede solucionarse en la adultez.

Cuatro Pasos para Sanar el Defecto Fatal

  1. Reconoce que lo tienes, y que no es un defecto real. Sólo es un sentimiento.
  2. Encuentra las palabras para expresar tu propia versión única de “algo está mal en mí”.
  3. Identifique la causa específica en tu infancia. ¿De qué manera fuiste descuidado/abusada emocionalmente? ¿Cómo causó tu defecto fatal?
  4. Comienza a trabajar en la aceptación de sus emociones y en reconocer cuándo tienes un sentimiento. Experiencia el sentimiento y ponlo en palabras. Si esto te resulta difícil, busca una terapeuta que sepa de emociones que te ayude.

Convertirte en una persona que gestiona sus emociones, que tiene autoestima y un buen equilibrio en sus relaciones de dar y recibir con los demás, hará que el “defecto fatal” que sientes, desaparezca.

Fuente: https://psychcentral.com

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La Autocompasión

Tener compasión por uno mismo no es diferente de tener compasión por los demás. La compasión NO es un pensamiento, es un sentimiento.

Primero, para tener compasión por los demás, debes notar que están sufriendo. Si ignoras a esa persona sin hogar en la calle, no puedes sentir compasión por lo difícil que es su experiencia.

Segundo, la compasión implica sentirse conmovida por el sufrimiento de los demás para que tu corazón responda a su dolor (la palabra compasión literalmente significa “sufrir con”). Cuando esto ocurre, sientes calidez, preocupación y el deseo de ayudar a la persona que sufre de alguna manera. Tener compasión también significa que ofreces comprensión y bondad a los demás cuando fallan o cometen errores, en lugar de juzgarlos con dureza. Finalmente, cuando sientes compasión por otra (en lugar de la mera piedad, en plan “pobre”, seguido de un suspiro), significa que te das cuenta de que el sufrimiento, el fracaso y la imperfección son parte de la experiencia humana compartida.

La Autocompasión implica actuar de la misma manera contigo mismo cuando estás pasando por un momento difícil, fracasas o te das cuenta sobre algo que no te gusta de ti mismo. En lugar de simplemente ignorar tu dolor con una mentalidad rígida, te detienes a decirte a ti misma “Esto es difícil en este momento para mí, ¿cómo puedo consolarme y cuidarme en este momento?”

“Esto es difícil en este momento para mí, ¿cómo puedo consolarme y cuidarme en este momento?”

En lugar de juzgar y criticarte sin piedad por diversas inadecuaciones o deficiencias, la autocompasión significa que eres amable y comprensiva cuando te enfrentas a fracasos personales. Después de todo, ¿quién dijo que se supone que tienes que ser perfecta?

Quizás lo más importante es que tener compasión por ti mismo significa que honras y aceptas tu humanidad. Las cosas no siempre irán como quieres. Encontrarás frustraciones, habrá pérdidas, cometerás errores, te toparás con tus limitaciones y no cumplirás tus ideales. Ésta es la condición humana, una realidad compartida por todos nosotros. Cuanto más abres tu corazón a esta realidad en lugar de luchar constantemente contra ella, más podrás sentir compasión por ti y por todos las demás personas en la experiencia de la vida.

Los tres Elementos de la Autocompasión

  1. Auto-bondad vs. Auto-juicio.

    La Autocompasión implica ser cálidas y comprensivas con nosotras mismas cuando sufrimos, fracasamos o nos sentimos inadecuadas, en lugar de ignorar nuestro dolor o flagelarnos con la autocrítica. Las personas con autocompasión reconocen que ser imperfecta, fallar y experimentar dificultades en la vida es inevitable, por lo que tienden a ser amables consigo mismas cuando se enfrentan a experiencias dolorosas en lugar de enfadarse cuando la vida no cumple con los ideales establecidos. Las personas no siempre pueden ser ni obtener exactamente lo que quieren. Cuando esta realidad se niega o hay resistencia al dolor, aumenta en forma de estrés, frustración y autocrítica. Cuando esta realidad es aceptada con simpatía y amabilidad, se experimenta una mayor paz emocional.

  2. Humanidad común frente a Aislamiento.

    La frustración porque las cosas no salgan exactamente como queremos a menudo va acompañada de una sensación de aislamiento irracional pero penetrante, como si el “yo” fuera la única persona que sufre o comete errores. Nada más lejos. Todos los seres humanos sufren. La misma definición de “humano” significa que uno es mortal, vulnerable e imperfecto. Por lo tanto, la autocompasión implica reconocer que el sufrimiento y la insuficiencia personales son parte de la experiencia humana compartida, algo por lo que todos pasamos en lugar de ser algo que a “mí” me sucede solo.

  3. Mindfulness vs. Sobre-Identificación.

    La Autocompasión requiere una gestión equilibrada de nuestras emociones para que no sean ni suprimidas ni exageradas. Esto se consigue relacionando las experiencias personales con las de otros que también están sufriendo, poniendo así nuestra propia situación en una perspectiva más amplia. También se consigue con la voluntad de observar nuestros pensamientos y emociones negativos con apertura y claridad, para que se mantengan conscientes. Esto es, experimentarlas y transitarlas como una parte natural de la vida. La atención plena es un estado mental receptivo y sin prejuicios en el que uno observa los pensamientos y sentimientos tal como son, sin tratar de suprimirlos o negarlos. No podemos ignorar nuestro dolor y sentir compasión por él al mismo tiempo. Al mismo tiempo, la atención plena requiere que no nos identifiquemos demasiado con nuestros pensamientos y emociones porque no somos eso, somos mucho más. Piensa en tus pensamientos y emociones negativas como olas que puedes surfear. No se trata de ignorar la ola (porque te va a mojar) ni tampoco de dejar que te arrastre (porque tú eres mucho más que esa ola). Simplemente, surféala sabiendo que después de ésta vendrán muchas más.

La meditación y el mindfulness te ayudarán a ser más compasivo contigo mismo. También hablarte a ti mismo como el niño que fuiste, hablándole a tu niño interior herido, del que ahora cuidas y al que proteges.

Fuente: https://self-compassion.org/

¿Eres un(a) “Outsider”? ¿Te gustaría cambiar esto?

Un “outsider” es una persona que se considera a sí misma poco convencional, que rechaza las tradiciones y lo establecido. Pueden ser extravagantes y denominarse a sí mismos como “raros”. No les gusta lo que tiene que ver con las masas y su identidad es fruto de sus propias reflexiones y experiencias vitales.

En muchas ocasiones, lo que hay por debajo de esto es un sentimiento de no pertenecer, que tiene que ver cómo estas personas se sintieron en sus familias de origen en su infancia.

Situaciones de infancia que dan lugar a un Adulto “Outsider”

  • El niño que es física y/o emocionalmente diferente de los otros miembros de la familia. Por ejemplo, un niño que es muy empático cuando el resto de los miembros o casi todos tienen rasgos narcisistas o Trastorno Narcisista de la Personalidad.
  • La niña que se parece mucho a una persona a alguien cuya madre siente resentimiento. Por ejemplo, una niña que se parece mucho a su abuela materna, cuya madre sentía por ella rechazo porque creía que había sido negligente y cruel con ella. Esta niña se convierte en el objeto de la ira y el resentimiento profundamente enterrados que su madre nunca expresó cuando era niña, pero ahora está dirigiendo a su propia hija.
  • El niño que es abandonado emocionalmente porque los padres culpan al niño por haber nacido. Por ejemplo, las parejas en las que la madre se queda embarazada muy joven, la pareja se casa por obligación o por presiones familiares/sociales y uno o ambos culpan a su hijo por el cambio de vida y lo que han tenido que sacrificar para tenerle.

Otros posibles escenarios incluyen:

  • Secretos de familia que requieren que los miembros, particularmente los niños, no hablen sobre ello y vivan en la negación. Esto les hace sentir como extraños en su propia familia, ya que perciben que “algo está mal” pero no se les permite expresarlo. Esto les hace sentir un profundo sentimiento de extrañeza respecto de su familia de origen. Ejemplos del secreto son que un miembro es adicto a una sustancia, que hay abuso (emocional, psicológico, sexual y/o físico) dentro de la familia,..
  • Los padres o uno de ellos hacen incesto emocional con la niña poniéndola en el papel de su pareja. También puede ocurrir que se la infantilice, tratándola como a una niña cuando ya es adulta.
  • El niño es objeto de acoso en el colegio y cuando lo comunica, no se le toma en serio o se le obliga a negarlo.
  • En las familias narcisistas, muy frecuentemente, una de las niñas es escogida para ejercer el rol del “chivo expiatorio”, sobre quien el padre o madre (que es la/el que le ha asignado el rol) vuelca rabia que no sabe gestionar y sobre quien proyecta su perfeccionismo y odio hacia sí mismo/misma.
  • El niño tiene un sexo/físico/intelecto diferente al deseado por los padres.

¿Te reconoces en algunas de estas situaciones de infancia?

Entonces quizás quieras dedicar un tiempo a reflexionar sobre los problemas de tu familia y cómo podrían haberte afectado. Reconoce que, como un niño, podrías haber sido incapaz de comprender a los adultos en tu mundo y  que, al pensar de la manera egocéntrica en que lo hacen los niños, asumiste que la negatividad y/o confusión en las interacciones se debían a que “algo estaba mal en ti”, y no en tus padres/cuidadores.

¿Crees que tienes una herida grande debido a una falta de conexión con una figura de apego importante? Pregúntate si continúas metiéndote en situaciones en las que al final tienes que tener mucho cuidado (estás hipervigilante) o tienes miedo. Con estas experiencias al final lo que haces es repetir el trauma original. Lo que tienes a nivel emocional interno es “No conecto con la persona importante para mí”. Y lo que provocas de forma inconsciente es o bien tener relaciones con personas que están emocionalmente indisponibles o bien puede ser que sabotees tú la relación en forma de Profecía Auto-Cumplida.  

¿Crees que podrías haberte convertido en una “outsider” debido a una limitación en el desarrollo de la capacidad de estar sola? Winnicott escribió que esa capacidad se desarrolla cuando una niña experimenta la capacidad de estar sola en presencia de un padre/madre/cuidador(a) que le apoya. Esta capacidad de estar sola (que es sana) es diferente de sentirse sola o de ser retraída, que es como se sienten las niñas en presencia de un(a) padre/madre/cuidador(a) que está presente físicamente pero que no es percibido como un apoyo psicológico/emocional por la niña. Estas niñas, de adultas, perpetúan inconscientemente como se sintieron en la infancia y se convierten en “outsiders”, al menos en parte por su falta de capacidad de estar solas. Esto es, emocionalmente están en modo “ermitañas”.

Sería importante para ti que desarrolles vínculos con  personas que te proporcionen relaciones positivas y de apoyo y que puedan ofrecerte un sentido de “presencia” de calidad. En este sentido, una relación de confianza con una terapeuta puede ser una ayuda valiosa.

Quizás te venga bien hacer una lista de las actividades que realmente te gusta hacer, cuáles son tus pasiones, cuáles son tus intereses, qué personas su compañía te hace sentir bien. Promueve en tu vida esas actividades y los vínculos con esas personas. Un grupo que te ofrezca un verdadero sentido de pertenencia y que cambie tu experiencia de infancia.

Fuente: https://www.psychologytoday.com

3 síntomas claves en Adultos que han sufrido Abandono Emocional en la Infancia

  1. No sueles obtener lo que Quieres a menos que sea por casualidad

    No saber lo que sientes hace que sea difícil saber lo que quieres. Eso es porque “querer” es un sentimiento, no un pensamiento. Hay personas muy talentosas y capaces que van a la deriva en sus vidas, tomando decisiones que no son del todo adecuadas para ellas, o que van a donde les lleve la marea. A veces obtienen lo que quieren, pero a menudo es una cuestión de suerte, no de elección. 

  2. No te conoces a ti Mismo

    Cuando estás desconectado de tus propios sentimientos, estás bloqueado de la parte más profundamente personal de lo que eres. Probablemente seas bueno percibiendo y cuidando a otras personas, pero no te prestas atención a ti mismo.

    De hecho, sigues reprimiendo tu verdadero yo exactamente de la misma manera en que tus padres, tal vez sin intención, te aplastaron cuando eras niño. Tienes heridas y triunfos, pérdidas y logros, dolores y amor, ira y placer, tristeza y alegría, todo dentro de ti. Si empiezas a escuchar, aprenderás quién eres en realidad. 

  3. Ocultas tu Luz

    Otras personas vislumbran tu luz, aunque probablemente no tengas idea de que la tienes. Lo has visto en el pasado, cuando te has sorprendido haciendo algo que creías imposible de hacer, te enfrentabas a un miedo, sentías una conexión con alguien importante para ti o te sentías vulnerable de una manera valiente. Si piensas sobre esto, lo recordarás.

    Tu luz es especial porque tú eres única. Es un producto de tus genes, tus emociones y tus experiencias de vida. Otras personas lo ven, aunque lo ocultes. Poniéndote al margen o tratando de permanecer invisible, evitando conflictos o teniendo miedo de “sacudir el avispero”. Todas ellas son formas de ocultar tu luz.

    Tristemente, a medida que mantienes tu luz silenciada, estás retrasando ser tu verdadero yo. Lo que sientes “seguro” (tu zona de confort) es en realidad “oscuro” (no es tu verdadero yo, es el ego que has adoptado, lo que te has dicho que eres, pero en realidad no eres eso, eres mucho más).

La causa de todas estas luchas es simple: tus padres/cuidadores no respondieron lo suficiente a tus emociones en tu infancia. Esto es justo lo que puedes hacer de adulto para cambiarlo.

Puedes comenzar de inmediato simplemente prestando atención a tus sentimientos.

Tómate el tiempo para darte cuenta de cuándo sientes algo, aprende a nombrar lo que sientes y comienza a utilizar tus sentimientos para guiarte en tu vida.

Cuando haces el trabajo, puedes cosechar las recompensas. Gradualmente comenzarás a conocerte a ti misma, a obtener lo que deseas y a dejar que tu luz brille al fin 😊

Para saber si has crecido con abandono emocional, puedes hacer este test de la web de Jonice Webb, terapeuta especialista en abandono emocional.

7 Señales de que has crecido con Abandono Emocional

El abandono emocional en la infancia es simple en su definición y poderoso en sus efectos. Sucede cuando tus padres no respondieron lo suficiente a tus necesidades emocionales en la infancia.

El abandono emocional es una experiencia infantil invisible e inolvidable. Si no la haces consciente, puede colgar sobre ti como una nube, ensombreciendo toda tu vida adulta.

¿Qué hace que la negligencia emocional infantil sea invisible y que no se olvide a un nivel inconsciente?

Varios factores importantes:

  1. Puede suceder en familias amables y afectuosas, que no carecen de nada material.
  2. En segundo lugar, la falta de respuesta de tus padres no es algo que pasó en tu infancia. ES ALGO QUE NO SUCEDIÓ cuando eras niño. Tus ojos no pueden ver las cosas que no han sucedido. Y entonces tu cerebro no puede registrarlas. Años más tarde, ya de adulto, sientes que algo no está bien, pero no sabes qué es. Puedes mirar a tu infancia en busca de respuestas, pero no puedes ver lo invisible. Entonces, acabas asumiendo que “algo es está mal en ti”. “Soy diferente de otras personas. Me falta algo. Soy imperfecto “. No es tu culpa. Y hay respuestas. Se puede sanar.

7 Señales de que has crecido con Abandono Emocional en la Infancia

  1. Sentimiento de vacío. El vacío se siente de forma diferente para las personas. Para algunas, es una sensación de vacío en el vientre, en el pecho o en la garganta que aparece y desaparece. Para otras, es un entumecimiento en todo el cuerpo.
  2. Miedo a ser dependiente. Una cosa es ser un tipo de persona independiente. Pero sentirse profundamente incómoda al depender de alguien es otra cosa completamente diferente. Si no sueles pedir ayuda, apoyo o cuidado de los demás, puedes tener este temor.
  3. Autoevaluación poco realista. ¿Te resulta difícil saber de lo que eres capaz? ¿Cuáles son tus fortalezas y debilidades? ¿Qué te gusta? ¿Qué deseas? ¿Qué es lo que te importa? Tener dificultades para responder a estas preguntas es una señal de que no te conoces bien.
  4. Sin compasión para ti misma pero mucha para los demás. ¿Eres más dura contigo misma que con un amigo? ¿Los demás te hablan de sus problemas pero para ti es difícil compartir los tuyos?
  5. Culpa, vergüenza y rabia dirigida hacia ti mismo. Algunas personas tienen la tendencia emocional de sentir culpa y/o vergüenza cada vez que ocurre algo negativo en sus vidas. ¿Te sientes avergonzado de cosas de las que la mayoría de las personas no se avergonzarían? ¿Cosas como tener necesidades, cometer errores o tener sentimientos?
  6. Sentirse fatalmente defectuosa. Éste es el sentimiento profundo del que hemos hablado más arriba. Sabes que algo anda mal en tu vida, pero no puedes precisar de qué se trata. “Soy yo”, te dices a ti misma, y sientes que es verdad. “Soy diferente de las demás personas”. “Algo está mal conmigo”. ”Me siento como un alien”.

    “Soy diferente de las demás personas”. “Algo está mal conmigo”. ”Me siento como un alien”.

  7. Dificultad para sentir, identificar, gestionar y/o expresar emociones. ¿Tienes arrebatos de rabia inesperados? ¿Te cuesta expresar emociones? ¿Piensas en las emociones como algo “infantil”, “femenino” o “de débiles”?

Los padres que menosprecian, no entienden o ignoran las emociones de sus hijas, inadvertidamente transmiten un poderoso mensaje subliminal a la niña:

Tus sentimientos no importan

Para sobrellevar esto, la niña, de forma inconsciente, reprime sus emociones, para evitar que se conviertan en un problema con su familia. Si esto no se trata en terapia, la adulta repite lo aprendido y por ello vive sin suficiente acceso a sus emociones.

Tus emociones te dirigen, te guían, te informan, te conectan y te enriquecen. Tus emociones te informan de lo que te importa, de lo que es mejor que te alejes o de lo que ya no sirve para ti.

Poner palabras a tus emociones tiene un enorme poder. Decir frases como “Esto me frustra”, “Me has hecho daño” o “Estoy enfadada” es como inyectar gasolina en el motor que es tu cuerpo. Intentar vivir como si no tuvieras emociones es como intentar que el coche funcione sin esa gasolina. Estando vacío.

“Esto me frustra”, “Me has hecho daño”, Estoy enfadada”

Las emociones se encuentran en el cerebro, más concretamente en el sistema límbico. Están en la parte profunda, mientras que el neocórtex, que se encarga de los pensamientos está en la parte más superficial.

En el seno de muchas familias (disfuncionales o no) las emociones están condenadas, obligando a sus miembros a suprimirlas, ignorarlas, disimularlas,… de todo menos gestionarlas. Intentar vivir sin hacer caso a tus emociones es algo así como intentar hacer una travesía en un lugar que no conoces sin un GPS.

Si te interesa ampliar la información sobre el abandono emocional, te recomiendo el libro “Running on Empty”, de Jonice Webb.

Fuente: https://blogs.psychcentral.com

El Rencor

El Rencor es la prueba de que algo todavía te importa

Psicológicamente, guardar rencor significa que esa persona te sigue importando profundamente. Tus sentimientos hacia esa persona son muy negativos, pero sigues muy involucrado emocional y psicológicamente en la situación.

En un episodio de ‘Frasier’, Niles dice algo como:

Un hombre sabio dijo una vez que el odio no es lo opuesto al amor, es el desinterés

La neurociencia también está de acuerdo con esto. Cuando pensamos en alguien a quien queremos se activan los mismos caminos neuronales que cuando pensamos en alguien a quien odiamos.

El tema es que si guardas rencor a alguien, puedes haberte convencido a ti misma de que no te importa en absoluto, de que ya no vale más tu tiempo y tu energía. Pero tu propio comportamiento te traiciona. Tu rencor significa que esa persona no ha abandonado tu espacio psíquico en absoluto, que todavía hay millones de vínculos invisibles que te conectan a ella. Por lo general, no pensamos mucho ni nos involucramos emocionalmente en personas que realmente no nos importan. El rencor significa que todavía te importa.

Conflicto no Resuelto

El rencor significa un conflicto no resuelto, no sólo en la relación en sí, sino en el mundo privado de tu psique. El rencor es una Gestalt abierta que debe cerrarse antes de que puedas entrar en el mundo y las relaciones con tu atención psicológica y emocional completa, en lugar de permitir que gran parte de esa atención psicológica y emocional se desvíe a una relación pasada conflictiva que todavía está viva en tu presente porque lo está dentro de ti.

De una forma u otra, debes abordar tu rencor para poner fin a tu conflicto psíquico y emocional. Puede que no parezca que el rencor está afectando negativamente a tu vida, pero lo está, colorea negativamente tu experiencia.

No podemos aferrarnos a un montón de conflictos emocionales y psicológicos no resueltos y ser realmente felices, es imposible. La felicidad es el resultado de estar completamente presente y relativamente libre de pensamientos y emociones en conflicto. Tomamos la decisión de interactuar con un objeto deseado con todo nuestro ser  y el resultado de esta conexión es la felicidad. Un rencor de larga duración se interpone en tu capacidad de interactuar con cualquier persona con todo tu ser, ya que llevas tu conflicto psíquico y emocional a cada nuevo encuentro.

Reconciliación o Cierre

Es saludable avanzar hacia la compasión, el perdón y, con un poco de suerte, la reconciliación, pero si eso es imposible por alguna razón, lo importante sigue siendo trabajar en el conflicto, despedirse y seguir adelante. Se necesita algún tipo de resolución, de cierre.

Es posible que hayas oído decir que guardar rencor es como beber veneno y esperar que la otra persona se enferme.

Tú eres el único que soporta el dolor psicológico y emocional que implica tu rencor y si deseas mejorar tu salud mental y tus posibilidades de una vida en la que haya relaciones saludables, debes decidir que ahora es el momento de cerrar.

Cerrar tiene que ver con soltar, con agradecer de lo aprendido y seguir con tu vida en la que das espacio a otro tipo de experiencias y relaciones.

Consejos para Ayudarte a Cerrar

  • Escríbele una carta a esa persona explicándole tus sentimientos hacia ella y cómo te hizo sentir la relación y el conflicto que tuvisteis. Después tírala o quémala.
  • Agradece lo aprendido de la experiencia. Todas las experiencias, especialmente las negativas, nos enseñan y nos hacen personas más sabias. Si has tenido que aprender tu lección de una forma desagradable, pregúntate qué hiciste tú para acabar en esa situación/experiencia/relación y perdónate.
  • Meditar te ayudará a ejercitar la compasión hacia ti mismo.
  • Recuerda que lo que retienes, te ata. Lo que aceptas, te libera.
  • Todo en esta vida es mutable e impermanente. Tú también. Sólo tienes que creerlo.
  • La agresividad, la rabia, el rencor, la venganza,…hacia otras personas hablan de una actitud de lucha contigo mismo. Cerrar te dará paz.
  • Pregúntate cuál es la Gestalt inconclusa que hace que no puedas cerrar ese conflicto. Hacerte consciente de ella te dará pistas de lo que hay debajo, una herida más profunda, que es la que en realidad necesitas sanar.

 

Fuente: https://evolutioncounseling.com

Escapar de la Responsabilidad

Muchos de los supervivientes que han crecido en familias disfuncionales suelen tener un tema con la responsabilidad. O bien son súper responsables, haciéndose adultos antes de tiempo y normalmente, asumiendo de motu propio responsabilidades que no son acordes a personas de su edad, o bien son muy irresponsables, negándose a asumir cualquier responsabilidad y echando la culpa a otras personas de lo que les sucede en sus vidas.

Esto, en muchos casos, tiene que ver con el hecho de que las primeras fueron “parentificadas” en su infancia y las segundas, “infantilizadas”.  A las supervivientes que fueron parentificadas en sus familias disfuncionales de origen, se les obligó a subrogarse en el papel de sus padres/cuidadores, ocupando el lugar de ellos para satisfacer sus necesidades. A las que fueron infantilizadas, no se les permitió crecer ni evolucionar y se les trataba como a niñas, incluso en su edad adulta. Se les daba el mensaje de que “tú mejor no lo hagas, que no sabes” o bien, literalmente, “la vas a cagar” cada vez que intentaban hacer cosas nuevas o asumir más responsabilidades dentro de la familia.

“Tú mejor no lo hagas, que no sabes”.”La vas a cagar”

La Responsabilidad y la Ansiedad

Estas personas crecen pensando que son “inútiles”. A un nivel superficial, la razón por la que estas personas eluden la responsabilidad es porque ésta implica un trabajo arduo que supone gestionar toda la angustia que les genera ese trabajo (piensan que “no son capaces”) y la posibilidad de que se les acuse de malos resultados. Pero a un nivel existencial más profundo hay que entender el poderoso papel que desempeña la ansiedad. Eludir la responsabilidad actúa como un reductor de la ansiedad.

El término “Responsabilidad” significa “la capacidad de responder”. Entonces, en este sentido, cuanto más responsabilidad tenemos, más libertad tenemos. Cuanta menos responsabilidad, menos libertad. Kierkegaard escribió una vez que la ansiedad es el mareo de la libertad. Cuando tenemos innumerables posibilidades frente a nosotros, surge la ansiedad existencial. Esto no es sólo porque la incertidumbre y la duda entran en escena, sino también porque sabemos, a algún nivel de conciencia, que elegir un camino significa la muerte simbólica de todos esos otros caminos posibles en la vida.

En esencia, diciéndonos que no somos responsables de lo que nos está pasando, no tenemos ningún poder para elegir entre varios cursos de acción sino que simplemente esperamos a que algo o alguien en el entorno externo decida nuestro destino por nosotros. Es una manera inconsciente de reducir la angustia dolorosa causada por el mareo de la libertad.

Nuestras situaciones de vida pueden no ser ideales, pero cuando nos convencemos a nosotros mismos (de forma neurótica, aunque esto no sea real) de que no hay absolutamente nada que podamos hacer para cambiarlas, de que no tenemos ninguna responsabilidad en el asunto, al menos reducimos la angustia que produce el mareo de la libertad. El pensamiento que tenemos es:

Yo no tengo el control sobre mi vida, sobre lo que me pasa y no puedo hacer nada para cambiarla.

La parte positiva de esto es que reducimos la ansiedad que produce el mareo de la libertad. Pero pagamos un enorme precio existencial por esta estrategia. La compensación no vale la pena. Nos colocamos en una caja creada por nosotras mismas donde nos perdemos la oportunidad de crecer personalmente y autorealizarnos. Renunciamos, de forma gratuita a nuestro poder personal. Perdemos la oportunidad de ejercer nuestra propia voluntad sobre nuestro destino, de tener cierta influencia sobre quiénes y en qué nos convertimos. Éste es el modo de pensar y de vivir, de forma consciente o no, de una codependiente.

Cómo asumir más Responsabilidades

  • Hay otra forma más saludable de reducir la ansiedad causada por el mareo de la libertad que es tan efectiva como eludir la responsabilidad. Tener el valor de elegir una posibilidad entre un abanico de posibilidades y luego apostar por ella con todo lo que tenemos. La ansiedad, ese temor causado por la amenaza de la muerte simbólica de todas esas otras posibilidades, sólo existe antes de que se haga la elección. Después de tomar la decisión, esas otras posibilidades se quedan en el camino y mueren. Podemos hacer el duelo por esas otras posibilidades, pero ya no sentiremos ansiedad por ellas porque ya no hay incertidumbre, ya no existe la amenaza de que desaparezcan. Simplemente, ya no están.
  • También te invito a que pienses que eludir la responsabilidad es cierto que te puede ayudar a gestionar la angustia pero al mismo tiempo no te permite construir nada. Una persona que no asume ningún tipo de responsabilidad en su vida, ningún compromiso ni en sus relaciones laborales, personales y/o de pareja o familiares, es como una hoja al viento, no tiene ningún motor, nada que construir, nada por lo que merezca la pena quedarse. En realidad, ésa es una existencia muy pobre. Si no te comprometes con nada, tampoco lo haces contigo mismo. Es una existencia errática carente de sentido, el único sentido que tiene es el de huir. Huir de ti mismo.
  • Si quieres asumir más responsabilidades en tu vida para tu propio crecimiento personal, hazlo poco a poco. Asumir responsabilidades, como todo en la vida, requiere de práctica. Si no has asumido apenas responsabilidades en tu vida de adulto, es normal que te abrume la ansiedad si en seis meses decides firmar una hipoteca, casarte y quedarte a vivir en tu vivienda actual para siempre. Lo que quizás si te siente bien es planear irte a vivir con tu pareja, con la que ya llevas años de relación y estás bien, firmar un contrato de alquiler por tres años o proyectarte en tu trabajo actual por cuatro años más antes de irte a otro.

Poco a poco, observarás que comprometerte con las cosas, te hace comprometerte contigo mismo y eso te da ilusión y se convierte en un motor en tu vida.