3 síntomas claves en Adultos que han sufrido Abandono Emocional en la Infancia

  1. No sueles obtener lo que Quieres a menos que sea por casualidad

    No saber lo que sientes hace que sea difícil saber lo que quieres. Eso es porque “querer” es un sentimiento, no un pensamiento. Hay personas muy talentosas y capaces que van a la deriva en sus vidas, tomando decisiones que no son del todo adecuadas para ellas, o que van a donde les lleve la marea. A veces obtienen lo que quieren, pero a menudo es una cuestión de suerte, no de elección. 

  2. No te conoces a ti Mismo

    Cuando estás desconectado de tus propios sentimientos, estás bloqueado de la parte más profundamente personal de lo que eres. Probablemente seas bueno percibiendo y cuidando a otras personas, pero no te prestas atención a ti mismo.

    De hecho, sigues reprimiendo tu verdadero yo exactamente de la misma manera en que tus padres, tal vez sin intención, te aplastaron cuando eras niño. Tienes heridas y triunfos, pérdidas y logros, dolores y amor, ira y placer, tristeza y alegría, todo dentro de ti. Si empiezas a escuchar, aprenderás quién eres en realidad. 

  3. Ocultas tu Luz

    Otras personas vislumbran tu luz, aunque probablemente no tengas idea de que la tienes. Lo has visto en el pasado, cuando te has sorprendido haciendo algo que creías imposible de hacer, te enfrentabas a un miedo, sentías una conexión con alguien importante para ti o te sentías vulnerable de una manera valiente. Si piensas sobre esto, lo recordarás.

    Tu luz es especial porque tú eres única. Es un producto de tus genes, tus emociones y tus experiencias de vida. Otras personas lo ven, aunque lo ocultes. Poniéndote al margen o tratando de permanecer invisible, evitando conflictos o teniendo miedo de “sacudir el avispero”. Todas ellas son formas de ocultar tu luz.

    Tristemente, a medida que mantienes tu luz silenciada, estás retrasando ser tu verdadero yo. Lo que sientes “seguro” (tu zona de confort) es en realidad “oscuro” (no es tu verdadero yo, es el ego que has adoptado, lo que te has dicho que eres, pero en realidad no eres eso, eres mucho más).

La causa de todas estas luchas es simple: tus padres/cuidadores no respondieron lo suficiente a tus emociones en tu infancia. Esto es justo lo que puedes hacer de adulto para cambiarlo.

Puedes comenzar de inmediato simplemente prestando atención a tus sentimientos.

Tómate el tiempo para darte cuenta de cuándo sientes algo, aprende a nombrar lo que sientes y comienza a utilizar tus sentimientos para guiarte en tu vida.

Cuando haces el trabajo, puedes cosechar las recompensas. Gradualmente comenzarás a conocerte a ti misma, a obtener lo que deseas y a dejar que tu luz brille al fin 😊

Para saber si has crecido con abandono emocional, puedes hacer este test de la web de Jonice Webb, terapeuta especialista en abandono emocional.

7 Señales de que has crecido con Abandono Emocional

El abandono emocional en la infancia es simple en su definición y poderoso en sus efectos. Sucede cuando tus padres no respondieron lo suficiente a tus necesidades emocionales en la infancia.

El abandono emocional es una experiencia infantil invisible e inolvidable. Si no la haces consciente, puede colgar sobre ti como una nube, ensombreciendo toda tu vida adulta.

¿Qué hace que la negligencia emocional infantil sea invisible y que no se olvide a un nivel inconsciente?

Varios factores importantes:

  1. Puede suceder en familias amables y afectuosas, que no carecen de nada material.
  2. En segundo lugar, la falta de respuesta de tus padres no es algo que pasó en tu infancia. ES ALGO QUE NO SUCEDIÓ cuando eras niño. Tus ojos no pueden ver las cosas que no han sucedido. Y entonces tu cerebro no puede registrarlas. Años más tarde, ya de adulto, sientes que algo no está bien, pero no sabes qué es. Puedes mirar a tu infancia en busca de respuestas, pero no puedes ver lo invisible. Entonces, acabas asumiendo que “algo es está mal en ti”. “Soy diferente de otras personas. Me falta algo. Soy imperfecto “. No es tu culpa. Y hay respuestas. Se puede sanar.

7 Señales de que has crecido con Abandono Emocional en la Infancia

  1. Sentimiento de vacío. El vacío se siente de forma diferente para las personas. Para algunas, es una sensación de vacío en el vientre, en el pecho o en la garganta que aparece y desaparece. Para otras, es un entumecimiento en todo el cuerpo.
  2. Miedo a ser dependiente. Una cosa es ser un tipo de persona independiente. Pero sentirse profundamente incómoda al depender de alguien es otra cosa completamente diferente. Si no sueles pedir ayuda, apoyo o cuidado de los demás, puedes tener este temor.
  3. Autoevaluación poco realista. ¿Te resulta difícil saber de lo que eres capaz? ¿Cuáles son tus fortalezas y debilidades? ¿Qué te gusta? ¿Qué deseas? ¿Qué es lo que te importa? Tener dificultades para responder a estas preguntas es una señal de que no te conoces bien.
  4. Sin compasión para ti misma pero mucha para los demás. ¿Eres más dura contigo misma que con un amigo? ¿Los demás te hablan de sus problemas pero para ti es difícil compartir los tuyos?
  5. Culpa, vergüenza y rabia dirigida hacia ti mismo. Algunas personas tienen la tendencia emocional de sentir culpa y/o vergüenza cada vez que ocurre algo negativo en sus vidas. ¿Te sientes avergonzado de cosas de las que la mayoría de las personas no se avergonzarían? ¿Cosas como tener necesidades, cometer errores o tener sentimientos?
  6. Sentirse fatalmente defectuosa. Éste es el sentimiento profundo del que hemos hablado más arriba. Sabes que algo anda mal en tu vida, pero no puedes precisar de qué se trata. “Soy yo”, te dices a ti misma, y sientes que es verdad. “Soy diferente de las demás personas”. “Algo está mal conmigo”. ”Me siento como un alien”.

    “Soy diferente de las demás personas”. “Algo está mal conmigo”. ”Me siento como un alien”.

  7. Dificultad para sentir, identificar, gestionar y/o expresar emociones. ¿Tienes arrebatos de rabia inesperados? ¿Te cuesta expresar emociones? ¿Piensas en las emociones como algo “infantil”, “femenino” o “de débiles”?

Los padres que menosprecian, no entienden o ignoran las emociones de sus hijas, inadvertidamente transmiten un poderoso mensaje subliminal a la niña:

Tus sentimientos no importan

Para sobrellevar esto, la niña, de forma inconsciente, reprime sus emociones, para evitar que se conviertan en un problema con su familia. Si esto no se trata en terapia, la adulta repite lo aprendido y por ello vive sin suficiente acceso a sus emociones.

Tus emociones te dirigen, te guían, te informan, te conectan y te enriquecen. Tus emociones te informan de lo que te importa, de lo que es mejor que te alejes o de lo que ya no sirve para ti.

Poner palabras a tus emociones tiene un enorme poder. Decir frases como “Esto me frustra”, “Me has hecho daño” o “Estoy enfadada” es como inyectar gasolina en el motor que es tu cuerpo. Intentar vivir como si no tuvieras emociones es como intentar que el coche funcione sin esa gasolina. Estando vacío.

“Esto me frustra”, “Me has hecho daño”, Estoy enfadada”

Las emociones se encuentran en el cerebro, más concretamente en el sistema límbico. Están en la parte profunda, mientras que el neocórtex, que se encarga de los pensamientos está en la parte más superficial.

En el seno de muchas familias (disfuncionales o no) las emociones están condenadas, obligando a sus miembros a suprimirlas, ignorarlas, disimularlas,… de todo menos gestionarlas. Intentar vivir sin hacer caso a tus emociones es algo así como intentar hacer una travesía en un lugar que no conoces sin un GPS.

Si te interesa ampliar la información sobre el abandono emocional, te recomiendo el libro “Running on Empty”, de Jonice Webb.

Fuente: https://blogs.psychcentral.com

El Rencor

El Rencor es la prueba de que algo todavía te importa

Psicológicamente, guardar rencor significa que esa persona te sigue importando profundamente. Tus sentimientos hacia esa persona son muy negativos, pero sigues muy involucrado emocional y psicológicamente en la situación.

En un episodio de ‘Frasier’, Niles dice algo como:

Un hombre sabio dijo una vez que el odio no es lo opuesto al amor, es el desinterés

La neurociencia también está de acuerdo con esto. Cuando pensamos en alguien a quien queremos se activan los mismos caminos neuronales que cuando pensamos en alguien a quien odiamos.

El tema es que si guardas rencor a alguien, puedes haberte convencido a ti misma de que no te importa en absoluto, de que ya no vale más tu tiempo y tu energía. Pero tu propio comportamiento te traiciona. Tu rencor significa que esa persona no ha abandonado tu espacio psíquico en absoluto, que todavía hay millones de vínculos invisibles que te conectan a ella. Por lo general, no pensamos mucho ni nos involucramos emocionalmente en personas que realmente no nos importan. El rencor significa que todavía te importa.

Conflicto no Resuelto

El rencor significa un conflicto no resuelto, no sólo en la relación en sí, sino en el mundo privado de tu psique. El rencor es una Gestalt abierta que debe cerrarse antes de que puedas entrar en el mundo y las relaciones con tu atención psicológica y emocional completa, en lugar de permitir que gran parte de esa atención psicológica y emocional se desvíe a una relación pasada conflictiva que todavía está viva en tu presente porque lo está dentro de ti.

De una forma u otra, debes abordar tu rencor para poner fin a tu conflicto psíquico y emocional. Puede que no parezca que el rencor está afectando negativamente a tu vida, pero lo está, colorea negativamente tu experiencia.

No podemos aferrarnos a un montón de conflictos emocionales y psicológicos no resueltos y ser realmente felices, es imposible. La felicidad es el resultado de estar completamente presente y relativamente libre de pensamientos y emociones en conflicto. Tomamos la decisión de interactuar con un objeto deseado con todo nuestro ser  y el resultado de esta conexión es la felicidad. Un rencor de larga duración se interpone en tu capacidad de interactuar con cualquier persona con todo tu ser, ya que llevas tu conflicto psíquico y emocional a cada nuevo encuentro.

Reconciliación o Cierre

Es saludable avanzar hacia la compasión, el perdón y, con un poco de suerte, la reconciliación, pero si eso es imposible por alguna razón, lo importante sigue siendo trabajar en el conflicto, despedirse y seguir adelante. Se necesita algún tipo de resolución, de cierre.

Es posible que hayas oído decir que guardar rencor es como beber veneno y esperar que la otra persona se enferme.

Tú eres el único que soporta el dolor psicológico y emocional que implica tu rencor y si deseas mejorar tu salud mental y tus posibilidades de una vida en la que haya relaciones saludables, debes decidir que ahora es el momento de cerrar.

Cerrar tiene que ver con soltar, con agradecer de lo aprendido y seguir con tu vida en la que das espacio a otro tipo de experiencias y relaciones.

Consejos para Ayudarte a Cerrar

  • Escríbele una carta a esa persona explicándole tus sentimientos hacia ella y cómo te hizo sentir la relación y el conflicto que tuvisteis. Después tírala o quémala.
  • Agradece lo aprendido de la experiencia. Todas las experiencias, especialmente las negativas, nos enseñan y nos hacen personas más sabias. Si has tenido que aprender tu lección de una forma desagradable, pregúntate qué hiciste tú para acabar en esa situación/experiencia/relación y perdónate.
  • Meditar te ayudará a ejercitar la compasión hacia ti mismo.
  • Recuerda que lo que retienes, te ata. Lo que aceptas, te libera.
  • Todo en esta vida es mutable e impermanente. Tú también. Sólo tienes que creerlo.
  • La agresividad, la rabia, el rencor, la venganza,…hacia otras personas hablan de una actitud de lucha contigo mismo. Cerrar te dará paz.
  • Pregúntate cuál es la Gestalt inconclusa que hace que no puedas cerrar ese conflicto. Hacerte consciente de ella te dará pistas de lo que hay debajo, una herida más profunda, que es la que en realidad necesitas sanar.

 

Fuente: https://evolutioncounseling.com

Qué es el Refuerzo Intermitente y cómo interviene en el Abuso

Flores después de días del tratamiento de silencio. Lágrimas de cocodrilo después de semanas de brutales insultos. Un regalo inesperado después de un ataque de ira. Un momento repentino de ternura después de horas de comentarios críticos. ¿Qué tienen todos estos gestos en común? En el contexto de una relación abusiva, todas son demostraciones de refuerzo intermitente, una peligrosa táctica de manipulación utilizada por el abusador(a) para mantener el vínculo con la víctima.

El psicólogo B.F. Skinner descubrió que si bien el comportamiento a menudo está influenciado por recompensas o castigos, hay una manera específica en la que se otorgan recompensas que pueden causar que ese comportamiento persista durante largos períodos de tiempo, haciendo que ese comportamiento sea menos vulnerable a la extinción. Las recompensas periódicas y predecibles para un cierto comportamiento en realidad producen menos de ese comportamiento en el tiempo que un calendario incoherente de recompensas.

Este psicólogo hizo experimentos con ratas a las que se les recompensaba con alimentos. Resultó que las ratas presionaban una palanca para obtener alimentos de manera más constante cuando no sabían cuándo vendría el siguiente comprimido de alimento que cuando siempre recibían el comprimido después de presionar la palanca (lo que se conoce como refuerzo continuo).

En términos sencillos, cuando sabemos la recompensa después de tomar una determinada acción, tendemos a trabajar menos por ella. Sin embargo, cuando el momento de la recompensa o la certeza de que lo obtendremos es impredecible, tendemos a repetir ese comportamiento con aún más entusiasmo, con la esperanza del resultado final. Disfrutamos la alegría de una recompensa “duramente ganada” mucho más.

El poder del refuerzo intermitente radica en el poder de la incertidumbre. La víctima de abuso tiene dudas sobre el abuso porque generalmente hay momentos de afecto, disculpas y falso remordimiento involucrados. Aquí es donde interviene el refuerzo intermitente.

El Abuso y el Refuerzo Intermitente

Casi siempre hay un refuerzo intermitente cuando se trata de una relación con un(a) narcisista maligno, psicópata y/o sociópata porque el abuso generalmente se mezcla con afectos periódicos en momentos impredecibles. El refuerzo intermitente funciona precisamente porque las “recompensas” (que pueden ser cualquier cosa, desde la efímera normalidad del afecto hasta la exhibición del remordimiento de la abusador(a)) se dan esporádicamente a la víctima durante todo el ciclo de abuso. Esto hace que la víctima trabaje más para mantener la relación tóxica porque desea desesperadamente volver a la “fase de luna de miel” del ciclo de abuso.

El refuerzo intermitente junto con los efectos del trauma aseguran que las personas se vuelvan “adictas” a la esperanza de cosechar su “recompensa” a pesar de la evidencia de que están arriesgando su propia seguridad y bienestar psicológico, emocional y quizás también físico.

La inestabilidad de la abusador(a) conduce irónicamente a sus víctimas a convertirse en una fuente de constante estabilidad para ellas

Este mismo fenómeno (aunque mucho más simplista) se muestra en el comportamiento de los jugadores en las máquinas tragaperras. A pesar de la baja probabilidad de ganar, los jugadores se vuelven “adictos” a invertir su dinero duramente ganado sólo por la posibilidad de un pago.

El Refuerzo Intermitente causa Adicción 

El refuerzo intermitente funciona a un nivel bioquímico. Cuando los momentos agradables son pocos y están muy espaciados en el tiempo, fusionados con la crueldad, los circuitos de recompensa del cerebro se ven alterados.

Cuando el placer es predecible, nuestros circuitos de recompensa se acostumbran a él y, de hecho, nuestro cerebro libera menos dopamina y serotonina a lo largo del tiempo cuando estamos con una pareja que nos trata bien. Se podría argumentar que, en muchos casos, el rechazo y el caos por parte de un compañero tóxico crea una adicción que es mucho más potente que la calidad predecible del amor “estable”.

La dopamina es un poderoso neurotransmisor que hace que los cerebros de los enamorados (especialmente en relaciones dominadas por la adversidad) se asemejen a los cerebros de los adictos a la cocaína. Hay una privación de la hormona y una imprevisibilidad sobre cuándo y cómo volverá a “chutar” al cerebro. Esto hace que se convierta en algo muy preciado y que se “persigue” como sea. Viene a convertirse en la gasolina que mantiene “la máquina”.

“La dopamina realmente fluye mucho más fácilmente cuando las recompensas son intermitentes. Así, o cuando ves a X, él/ella es amable contigo a veces, pero no siempre. Su gran falta de fiabilidad pone en marcha tus neuronas de dopamina “. Esto es lo que describe la Dra. Susan Carnell, Profesora Asistente en el Departamento de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento en la Universidad Johns Hopkins, en su artículo, “Bad Boys, Bad Brains”.

La percepción de “Pequeña Amabilidad” y Porqué la Víctima se Queda

Las abusadoras usan el afecto periódico o pequeños actos de bondad en su beneficio. Al emplear tácticas de lástima o dar a sus víctimas algo de afecto, un regalo, o simplemente la ausencia de su abuso de vez en cuando, su comportamiento positivo se amplifica a los ojos de sus víctimas.

La víctima se aferra a la esperanza de que estos pequeños actos de bondad son evidencia de la capacidad del abusador para cambiar o, como mínimo, la justificación de su comportamiento malicioso. La realidad es que se trata de excusas y juegos, no signos de redención. Estos períodos intermitentes de bondad rara vez duran. Están integrados en el ciclo de abuso como una forma de explotar aún más a las víctimas de abuso y manipularlas para que se queden.

Agravando el Trauma Bonding

Los abusadores pueden lastimar a la víctima deliberadamente sólo para aparentemente ir a su rescate. Actúan tanto de villano como de héroe. Con toda la manipulación y las mentiras y el refuerzo intermitente, se crea el delirio en la cabeza de la víctima de “Hemos pasado por tanto juntos…” cuando la realidad es que el abusador y la víctima no han pasado por nada juntos sino que ha sido el abusador el que ha ejercido el abuso/maltrato y la víctima lo ha aguantado, muchas veces racionalizándolo, minimizándolo o justificándolo.

Hemos pasado por tanto juntos…

El refuerzo intermitente se usa para fortalecer el vínculo traumático, un vínculo creado por la intensa experiencia emocional de la víctima que lucha por la supervivencia y busca la validación del/de la abusador(a). La víctima suele estar desgastada, aislada y “programada” para necesitar la validación del abusador para tener falsa autoestima.

Para cortar el vínculo traumático es esencial que la víctima de abuso busque apoyo y le quite espacio al abusador, ya sea en forma de Contacto Cero o Contacto Bajo en los casos de coparentalidad.

La manera más poderosa de sanar de la incertidumbre creada a partir del refuerzo intermitente es encontrarlo con la certeza de que se trata de un abuso que es muy perjudicial para la salud mental y emocional de la víctima.

Las supervivientes pueden beneficiarse si empiezan terapia con una terapeuta que sepa sobre el vínculo traumático para conectar de forma segura con su rabia por el abuso, lo que les permitirá mantenerse alejadas de su abusador(a) y “pisar el suelo” sobre la realidad del abuso que han experimentado. Aprender a identificar el patrón ayuda a interrumpir el círculo vicioso antes de que comience nuevamente.

Sólo cuando los supervivientes se permiten la complejidad de sus emociones hacia las abusadoras pueden reconocer plenamente que su inversión en sus parejas tóxicas tiene poco o ningún retorno positivo. En todo caso, ese retorno no es el que se merecen, como personas que son, dignas de amor verdadero, sincero y sano.

Fuente: https://thoughtcatalog.com

Miedo a la Intimidad

Hay muchas racionalizaciones para explicar la elección de permanecer emocionalmente distantes en las relaciones cercanas donde se requiere intimidad. Debajo de todas esas racionalizaciones, lo que realmente les sucede a las personas emocionalmente distantes suele ser lo mismo: tienen miedo de acercarse.

Han reprimido este miedo y las razones que lo explican, porque éstas son demasiado dolorosas para afrontarlas. A un nivel consciente, se venden a sí mismas esas racionalizaciones para que parezcan más plausibles e intentan hacer que los demás las acepten también, mientras que a un nivel más profundo, inconsciente, hay unas experiencias pasadas muy dolorosas que les llevan a comportase y vivir así. En realidad, están muy necesitadas de una conexión auténtica y sufren mucho por la falta de ella.

Algunas de esas racionalizaciones pueden ser:

Yo no necesito pareja. Estoy bien así.

Estoy centrado en mi trabajo.

Todos los hombres son iguales.

Mi vida no gira en torno a tener citas.

Las mujeres son malas.

Las verdaderas razones detrás de la elección de permanecer emocionalmente distantes casi siempre apuntan a la calidad del vínculo de la primera y más importante relación con el padre, la madre y/u otro cuidador. La apertura emocional por parte de la niña condujo a malas consecuencias de forma repetida en la relación con su padre/madre. Un ciclo tóxico en el que se manufactura la confianza por parte del cuidador(a) hasta que la niña baja la guardia, en ese momento el padre/la madre se comporta de forma abusiva con ella, que se vuelve a cerrar, y así una y otra vez.

En algún momento esa niña decidió solucionar su problema, simplemente dejando de preocuparse, dejando de querer conectar. Si todo ese dolor emocional es el resultado de exponerse, entonces me puedo proteger usando un escudo. Ya de adulta, sigue llevando ese escudo, dejando de invertir emocionalmente en cualquier vínculo que tenga el potencial de causar daño emocional. ¿Por qué seguir sometiéndose a eso?

Dijimos que las personas que tienen miedo de acercarse reprimen las verdaderas razones de su desapego emocional en la edad adulta. Esto se debe a que para el niño, el cuidador principal es un dios cuya perspectiva conlleva un tremendo peso psicológico y emocional. En otras palabras, si tu padre cree que eres inútil y no digno de ser amado, entonces debe significar que realmente no vales nada y no eres digno de amor.

Si mi padre cree que soy inútil y no digno de ser amado, esto debe significar que no valgo nada y no soy digno de amor.

Los adultos con desapego emocional generalmente no han trabajado completamente su ambivalencia hacia su padre/madre/ambos. Por un lado, todavía están desesperadas por el amor, la validación y, sobre todo, un espacio seguro para conectarse emocionalmente, mientras que, por otro lado, prácticamente los han puesto en su lista negra de personas non gratas. A un nivel más profundo, la ambivalencia se debe a la arraigada suposición inconsciente de que sus principales cuidadores fueron y siguen siendo dioses cuyas creencias son objetivas e imparciales (es decir, si papá dijo que era fea, ya de adulta, sigo pensando que soy fea) en lugar de seres humanos defectuosos cuyas creencias son subjetivas y tendenciosas.

Esto se acentúa si hablamos de familias narcisistas, donde el padre/madre narcisista ve a su hijo como una extensión de sí mismo, al que, básicamente, le pondrá lo que quiera. De hecho, si es el niño dorado, le pondrá sólo cualidades positivas, idealizándolo y si es el chivo expiatorio, lo denostará y rebajará, poniéndole sólo características negativas. No es una visión objetiva, este padre/madre no es capaz de ver a su hijo.

Lo que consiguen estas personas, al evitar la conexión emocional es quemarse, como lo que les sucedió en su infancia. Al final lo que se da es una profecía Auto-cumplida, ya que esa persona, en su fuero interno se sigue sintiendo no deseada y no digna de amor. La desconexión emocional es una estrategia de vida que ha ayudado al adulto a sobrevivir, a no tener que soportar la angustia que le produce el hecho de pensar que le va a ocurrir lo mismo que en su infancia si se acerca emocionalmente a alguien. Sin embargo, a largo plazo y entendiendo de dónde viene la desconexión emocional, dejando a un lado las racionalizaciones y excusas que la sostenía, no es sana porque conduce a un aislamiento físico y emocional. Los humanos somos mamíferos que estamos “diseñados” para conectar con nosotros mismos, con otras personas y con el mundo.

Traer a la conciencia los motivos psicológicos reales para la elección de permanecer emocionalmente desapegados y trabajar la ambivalencia hacia el padre/madre/ambos son pasos esenciales para volver a abrirse emocionalmente. Para avanzar hacia conexiones más satisfactorias.

https://evolutioncounseling.com

Las 3 Reglas en las Familias Disfuncionales

Si has crecido en una familia con tu padre/madre adicto, con un trastorno mental o abusiva, has crecido en una familia disfuncional. Con el tiempo, la familia comienza a girar en torno al mantenimiento del status quo: la disfunción. Las reglas y roles familiares rígidos se desarrollan en familias disfuncionales que ayudan a mantener el sistema familiar disfuncional y permiten que la adicta siga consumiendo o que el abusador siga abusando. Comprender algunas de las reglas familiares que dominan las familias disfuncionales puede ayudarte a liberarte de estos patrones y a reconstruir tu autoestima y formar relaciones más saludables.

¿Qué es una Familia Disfuncional?

Hay muchos tipos y grados de disfunción en las familias. A los fines de este artículo, la característica que define a una familia disfuncional es que sus miembros experimentan un trauma intergeneracional, que se pasa de padres a hijos si no se trata con terapia.

Los tipos de experiencias infantiles traumáticas a las que me refiero se llaman Experiencias Infantiles Adversas según el estudio ACE (Experiencias Adversas en la Infancia, por sus siglas en inglés) que incluyen alguna o varias de las siguientes experiencias durante la infancia:

  • Abuso físico
  • Abuso sexual
  • Abuso emocional
  • Descuido físico
  • Descuido emocional
  • Testigo de violencia doméstica
  • Un padre/madre/cuidador(a) que es adicto
  • Un padre/madre/cuidador(a) que tiene un trastorno mental (diagnosticado o no por un psiquiatra)
  • Padres que están separados o divorciados
  • Un padre/madre/cuidador(a) que está en la cárcel

Cómo funcionan las Familias Disfuncionales

Para prosperar, física y emocionalmente, los niños necesitan sentirse seguros, y confiar en un cuidador constante y que conecte con ellos para darles esa sensación de seguridad. En familias disfuncionales, los cuidadores no son coherentes ni están conectados con sus hijos.

Impredecibles, Caóticas e Inseguras

Las familias disfuncionales tienden a ser impredecibles, caóticas y, a veces, atemorizantes para las niñas.

Las niñas se sienten seguras cuando pueden contar con que sus cuidadoras satisfacen consistentemente sus necesidades físicas (comida, refugio, protección) y las necesidades emocionales (darse cuenta de sus sentimientos, consolarlas cuando están angustiadas,..).

A menudo, esto no sucede en familias disfuncionales porque los padres no cumplen con sus responsabilidades básicas de proporcionar, proteger y cuidar a sus hijos.

Los niños también necesitan estructura y rutina para sentirse seguros. Necesitan saber a qué atenerse, que pueden esperar. Pero en las familias disfuncionales, las necesidades de los niños a menudo se descuidan o se pasan por alto y no existen reglas claras o expectativas realistas. A veces hay reglas excesivamente duras o arbitrarias y otras veces hay poca supervisión y no hay reglas o pautas para los niños.

Además, las niñas a menudo experimentan el comportamiento de sus madres como errático o impredecible. Sienten que tienen que caminar sobre ascuas en su propio hogar por temor a molestar a sus madres o desatar la ira y el abuso. Por ejemplo, las niñas en familias disfuncionales a menudo describen sentirse ansiosas por llegar a casa de la escuela porque no saben lo que van a encontrar.

En familias disfuncionales, los adultos tienden a estar tan preocupados con sus propios problemas y dolor que no les dan a sus hijas lo que necesitan y anhelan: consistencia, seguridad y amor incondicional. Como resultado, las niñas se sienten muy estresadas, ansiosas y desamparadas.

Te sientes sin importancia e indigno

En pocas palabras, las familias disfuncionales no saben cómo lidiar con los sentimientos de manera saludable. Los padres que están lidiando con sus propios problemas o que están cuidando (a menudo habilitando) a una pareja adicta o disfuncional, no tienen el tiempo, la energía o la inteligencia emocional para prestar atención, valorar y apoyar los sentimientos de sus hijos. El resultado es negligencia emocional infantil. Los niños experimentan esto como:

“Mis sentimientos no importan. Yo no importo”

Esto, por supuesto, daña la autoestima de un niño y hace que se sienta poco importante e indigno de amor y atención.

Las niñas de familias disfuncionales no aprenden cómo percibir, valorar y atender sus propios sentimientos. En cambio, su atención se centra en notar y manejar los sentimientos de otras personas. Su seguridad a menudo depende de ello. Algunas niñas se vuelven muy atentas a cómo se comportan sus padres para poder evitar su ira. Por ejemplo, una niña pequeña puede aprender que si su padre está enfadado es más que probable que busque una excusa para “vomitarle” su ira, con lo que aprenderá a hacerse lo más “invisible” posible, intentando no darle esa excusa. Así, las niñas aprenden a sintonizar con las emociones y sentimientos de otras personas y reprimir los propios.

Además de ignorar las necesidades emocionales de un niño, los padres también pueden dañar su autoestima con nombres despectivos y duras críticas. Los niños pequeños se creen lo que les dicen sus padres, por mucho que esto no sea real. Entonces, si tu padre solía llamarte “estúpido”, es más que probable que hayas crecido pensando que lo eras. A medida que nos hacemos adultos y pasamos más tiempo lejos de nuestros padres, comenzamos a cuestionar algunas de las cosas negativas que nos dijeron cuando éramos niños. Sin embargo, es sorprendente lo mucho que cuesta sacárselo de encima, incluso ya de adultos y entendiendo que no es verdad.

¿Por qué ocurre esto? Primero, porque es un aguijón emocional que causa mucho daño a un niño, ya que viene de la persona que supone que, de forma natural, tendría que hacer lo contrario (quererlo y cuidarlo) y de la que depende por completo. Y segundo, porque el cerebro de un niño es como una esponja, lo que sea que se le dice, está como grabado a fuego. Las cosas que nos dicen de niños se convierten en voces interiores con las que nos hablamos a nosotros mismos durante toda la vida. Cambiar esto es posible, pero es un camino largo que requiere de esfuerzo, convicción personal y ayuda de un(a) terapeuta.

Las Tres Reglas de las Familias Disfuncionales

Las familias disfuncionales siguen tres reglas de forma tácita, no explícita. Por mucho que se trate de reglas muy rígidas e inamovibles, como en la familia disfuncional rampa la negación, esto jamás será reconocido por sus miembros adultos en el caso de que una niña señale alguna.

  1. No Hables

    No hablamos sobre nuestros problemas familiares, ni entre nosotros ni a los de afuera. Esta regla es la base para que la familia niegue el abuso, la adicción, la enfermedad, etc. El mensaje es: actúa como si todo estuviera bien y asegúrate de que todos los demás piensen que somos una familia perfectamente normal. Esto es extremadamente confuso para los niños que sienten que “algo va mal”, pero nadie reconoce lo que es. Entonces, los niños a menudo concluyen que ellos son el problema. A veces se les culpa directamente y otras veces interiorizan la sensación de que algo debe estar mal con ellos. Como a nadie se le permite hablar sobre la disfunción, la familia está plagada de secretos y vergüenza. Los niños, en particular, se sienten solos, sin esperanza, e imaginan que nadie más está pasando por lo que están experimentando. Se sienten alienados de su propio entorno.La regla de no hablar garantiza que nadie reconozca el problema real de la familia. Y cuando se niega la raíz de los problemas de la familia, no se pueden resolver. La salud y la sanación no son posibles con esta mentalidad.

  2. No Confíes

    Las niñas dependen de sus madres o cuidadoras para mantenerlas seguras, pero cuando creces en una familia disfuncional, no experimentas a tus padres (y al mundo) como seguros y enriquecedores. Y sin una sensación básica de seguridad, las niñas se sienten ansiosas y tienen dificultades para confiar.

    Sus cuidadoras son inconsistentes y poco confiables. Son negligentes, emocionalmente ausentes, rompen promesas y no cumplen con sus responsabilidades. Además, algunas madres disfuncionales exponen a sus hijas a personas y/o situaciones peligrosas y no las protegen del abuso. Como resultado, las niñas aprenden que no pueden confiar en los demás, incluso en sus padres, para satisfacer sus necesidades y mantenerlas a salvo (la forma más fundamental de confianza para una niña).

    La dificultad para confiar en los demás se extiende también fuera de la familia. Además del mandato de no hablar, la regla de no confiar mantiene a la familia aislada y perpetúa el temor de que si pides ayuda, algo malo sucederá (mamá y papá se divorciarán, papá irá a la cárcel, terminarás en un internado). A pesar de lo aterradora y dolorosa que es la vida en una familia así, es el demonio que conocen. Han aprendido cómo sobrevivir allí, y perturbar a la familia hablando con una maestra o consejera podría empeorar las cosas. Entonces, mejor no confiar en nadie.

  3. No Sientas

    Reprimir emociones dolorosas o confusas es una estrategia de afrontamiento utilizada por todos en una familia disfuncional. Las niñas  presencian a sus padres evitar o reprimir sus emociones, que se convierten en algo prohibido. No se les permite expresarlas y tienen que comportarse como si no existieran. Las niñas también pueden ser testigos y/u objetivos de episodios de ira. En muchos casos, la ira es la única emoción que expresan sus padres. Las niñas aprenden rápidamente que tratar de expresar sus sentimientos conducirá, en el mejor de los casos, a que se las ignore y, en el peor, a la agresividad, la culpa y la vergüenza. Las niñas también aprenden a reprimir sus sentimientos y tratan de distraerse del dolor disociando.

La Sanación

La sanación significa ir más allá de las reglas que gobiernan la dinámica familiar disfuncional. Puedes reemplazar no hablar, no confiar y no sentir con un nuevo conjunto de pautas en tus relaciones adultas:

  • Hablar de tus sentimientos y experiencias. Puedes romper la vergüenza, el aislamiento y la soledad, y construir relaciones más conectadas cuando compartas tus pensamientos y sentimientos con personas en las que puedes confiar. Reconocer y hablar sobre tus problemas es lo opuesto a permanecer en la negación. Abre la puerta a soluciones y la sanación. Podría ser más fácil para ti si empiezas a abrirte con un(a) terapeuta que sepa sobre familias disfuncionales.
  • Confiar en otros y establecer límites apropiados. La confianza puede ser algo aterrador, especialmente cuando las personas te han decepcionado en el pasado. Lleva tiempo aprender a confiar en ti misma para discernir en quién puedes confiar y en quién no. La confianza es un componente importante de las relaciones sanas, junto con límites saludables que te protegen y hacen que se te trate con respeto.
  • Sentir todas tus emociones y sentimientos. Tomará práctica volver a estar en contacto con tus sentimientos, no sentirte abrumado por ellos y darte cuenta de su valor. Puedes comenzar preguntándote a ti mismo cómo te sientes, identificando y dando espacio a tus emociones. Ya no tienes que estar limitado a sentir vergüenza, miedo o tristeza. Tampoco necesitas a nadie más para validar tus sentimientos. Dales espacio y verás cómo, poco a poco, las emociones y los sentimientos son valiosas guías que te indican qué te sienta bien, qué debes soltar o de qué es mejor que te alejes.

 

Fuente: https://blogs.psychcentral.com

Escapar de la Responsabilidad

Muchos de los supervivientes que han crecido en familias disfuncionales suelen tener un tema con la responsabilidad. O bien son súper responsables, haciéndose adultos antes de tiempo y normalmente, asumiendo de motu propio responsabilidades que no son acordes a personas de su edad, o bien son muy irresponsables, negándose a asumir cualquier responsabilidad y echando la culpa a otras personas de lo que les sucede en sus vidas.

Esto, en muchos casos, tiene que ver con el hecho de que las primeras fueron “parentificadas” en su infancia y las segundas, “infantilizadas”.  A las supervivientes que fueron parentificadas en sus familias disfuncionales de origen, se les obligó a subrogarse en el papel de sus padres/cuidadores, ocupando el lugar de ellos para satisfacer sus necesidades. A las que fueron infantilizadas, no se les permitió crecer ni evolucionar y se les trataba como a niñas, incluso en su edad adulta. Se les daba el mensaje de que “tú mejor no lo hagas, que no sabes” o bien, literalmente, “la vas a cagar” cada vez que intentaban hacer cosas nuevas o asumir más responsabilidades dentro de la familia.

“Tú mejor no lo hagas, que no sabes”.”La vas a cagar”

La Responsabilidad y la Ansiedad

Estas personas crecen pensando que son “inútiles”. A un nivel superficial, la razón por la que estas personas eluden la responsabilidad es porque ésta implica un trabajo arduo que supone gestionar toda la angustia que les genera ese trabajo (piensan que “no son capaces”) y la posibilidad de que se les acuse de malos resultados. Pero a un nivel existencial más profundo hay que entender el poderoso papel que desempeña la ansiedad. Eludir la responsabilidad actúa como un reductor de la ansiedad.

El término “Responsabilidad” significa “la capacidad de responder”. Entonces, en este sentido, cuanto más responsabilidad tenemos, más libertad tenemos. Cuanta menos responsabilidad, menos libertad. Kierkegaard escribió una vez que la ansiedad es el mareo de la libertad. Cuando tenemos innumerables posibilidades frente a nosotros, surge la ansiedad existencial. Esto no es sólo porque la incertidumbre y la duda entran en escena, sino también porque sabemos, a algún nivel de conciencia, que elegir un camino significa la muerte simbólica de todos esos otros caminos posibles en la vida.

En esencia, diciéndonos que no somos responsables de lo que nos está pasando, no tenemos ningún poder para elegir entre varios cursos de acción sino que simplemente esperamos a que algo o alguien en el entorno externo decida nuestro destino por nosotros. Es una manera inconsciente de reducir la angustia dolorosa causada por el mareo de la libertad.

Nuestras situaciones de vida pueden no ser ideales, pero cuando nos convencemos a nosotros mismos (de forma neurótica, aunque esto no sea real) de que no hay absolutamente nada que podamos hacer para cambiarlas, de que no tenemos ninguna responsabilidad en el asunto, al menos reducimos la angustia que produce el mareo de la libertad. El pensamiento que tenemos es:

Yo no tengo el control sobre mi vida, sobre lo que me pasa y no puedo hacer nada para cambiarla.

La parte positiva de esto es que reducimos la ansiedad que produce el mareo de la libertad. Pero pagamos un enorme precio existencial por esta estrategia. La compensación no vale la pena. Nos colocamos en una caja creada por nosotras mismas donde nos perdemos la oportunidad de crecer personalmente y autorealizarnos. Renunciamos, de forma gratuita a nuestro poder personal. Perdemos la oportunidad de ejercer nuestra propia voluntad sobre nuestro destino, de tener cierta influencia sobre quiénes y en qué nos convertimos. Éste es el modo de pensar y de vivir, de forma consciente o no, de una codependiente.

Cómo asumir más Responsabilidades

  • Hay otra forma más saludable de reducir la ansiedad causada por el mareo de la libertad que es tan efectiva como eludir la responsabilidad. Tener el valor de elegir una posibilidad entre un abanico de posibilidades y luego apostar por ella con todo lo que tenemos. La ansiedad, ese temor causado por la amenaza de la muerte simbólica de todas esas otras posibilidades, sólo existe antes de que se haga la elección. Después de tomar la decisión, esas otras posibilidades se quedan en el camino y mueren. Podemos hacer el duelo por esas otras posibilidades, pero ya no sentiremos ansiedad por ellas porque ya no hay incertidumbre, ya no existe la amenaza de que desaparezcan. Simplemente, ya no están.
  • También te invito a que pienses que eludir la responsabilidad es cierto que te puede ayudar a gestionar la angustia pero al mismo tiempo no te permite construir nada. Una persona que no asume ningún tipo de responsabilidad en su vida, ningún compromiso ni en sus relaciones laborales, personales y/o de pareja o familiares, es como una hoja al viento, no tiene ningún motor, nada que construir, nada por lo que merezca la pena quedarse. En realidad, ésa es una existencia muy pobre. Si no te comprometes con nada, tampoco lo haces contigo mismo. Es una existencia errática carente de sentido, el único sentido que tiene es el de huir. Huir de ti mismo.
  • Si quieres asumir más responsabilidades en tu vida para tu propio crecimiento personal, hazlo poco a poco. Asumir responsabilidades, como todo en la vida, requiere de práctica. Si no has asumido apenas responsabilidades en tu vida de adulto, es normal que te abrume la ansiedad si en seis meses decides firmar una hipoteca, casarte y quedarte a vivir en tu vivienda actual para siempre. Lo que quizás si te siente bien es planear irte a vivir con tu pareja, con la que ya llevas años de relación y estás bien, firmar un contrato de alquiler por tres años o proyectarte en tu trabajo actual por cuatro años más antes de irte a otro.

Poco a poco, observarás que comprometerte con las cosas, te hace comprometerte contigo mismo y eso te da ilusión y se convierte en un motor en tu vida.