5 Mentiras Dañinas que los Padres Narcisistas, Psicópatas y/o Sociópatas les dicen a sus Hijas

Los niños de padres narcisistas son entrenados desde una edad temprana por sus padres narcisistas para buscar su validación, para creer que su valía está vinculada a la imagen de sus familias y para interiorizar el mensaje de que sólo su valor está directamente relacionado con la capacidad para satisfacer las necesidades de sus padres narcisistas. Han vivido una infancia donde el amor estaba siempre (o casi siempre) condicionado.

Esto no quiere decir que las supervivientes de abuso narcisista no puedan superar su condicionamiento infantil. Se necesita un verdadero trabajo interno y valentía para desentrañar los traumas que han tenido que soportar de niñas y abordar cualquier retraumatización de adultas.

Ser capaces de comprender la relación y patrones de comportamiento, así como cualquier diálogo interno negativo que haya surgido como resultado del abuso, puede ser revolucionario para desafiar los mitos y falsedades que han alimentado a la persona sobre su valía y capacidades.

Si quieres saber cómo sobrevivir a una madre narcisista, es importante que te des cuenta de que las hijas de padres narcisistas aprenden lo siguiente desde una edad muy temprana:

  1. Sólo eres válida cuando me complaces

    Como hija de un padre o padres narcisistas, te enseñaron que no eras inherentemente digna, sino que tu valía dependía de lo que pudieras hacer por el padre/madre narcisista y lo complaciente que eras. Debido a la grandiosidad de los padres narcisistas, la máscara falsa y la necesidad de ser el mejor, probablemente has sido parte de una familia que fue “presentada” hacia los demás de la mejor manera posible, como “perfecta” cuando en realidad el abuso se daba de puertas para adentro.

    Si alguna vez te atreviste a denunciar el abuso, lo más probable es que te castigaran. La carga emocional y psicológica que los hijos de padres narcisistas soportan cuando van en contra de las expectativas y creencias de la familia puede ser increíblemente perjudicial y tener efectos su confianza en sí mismos. Se les enseña que no son personas independientes, sino más bien objetos cuya misión es servir al ego narcisista y a las agendas egoístas de los padres.

  2. Debes ser perfecta y exitosa, pero nunca debes ser recompensada por ello o sentirte “suficiente”

    Los narcisistas son maestros en mover los postes para que nada de lo que hagan sus víctimas sea suficiente. Los logros de los hijos rara vez se reconocen a menos que cumplan con un criterio arbitrario para “lo que queda mejor” de cara hacia fuera o confirmen las fantasías grandiosas de los padres narcisistas. El padre abusivo nunca está realmente orgulloso a menos que él o ella pueda reclamar el mérito por ese éxito en particular. Algunos padres narcisistas pueden incluso envidiar o despreciar el éxito de sus hijos, especialmente si ese éxito permite que ese hijo se vuelva independiente de sus padres, fuera de su reino de poder y control.

    No es raro que este tipo de padres intenten sabotear el éxito y la felicidad de sus hijos si ese éxito interfiere con la grandiosa imagen de sí mismos, sus propias ideas de lo que debe implicar la ‘felicidad’ (generalmente lo que los hace “quedar bien” en lugar de lo que hace que sus hijos se sientan bien) o su compulsión por la microgestión y el control de todas las facetas de la vida de sus hijos.

    En la mente enferma del padre narcisista sería mejor que sus hijos no existieran si no pueden encarnar la identidad que el padre desea o cumpla con sus deseos de una forma estricta. Incluso si fueran las hijas o los hijos perfectos, los postes del objetivo volverían a cambiar y su nivel de perfección nunca sería lo suficientemente bueno a los ojos del padre narcisista.

    Todo ello es un juego psicológico y emocional en el que se fuerza a los hijos a que se esfuercen hasta la extenuación para conseguir amor, validación,.. que sólo se les da a migajas de forma esporádica. Ese juego es el que mantiene al padre narcisista en control de la relación y que le permite seguir jugando con sus hijos y tratarlos como marionetas. La promesa de lo que conseguirán es lo que hace que se esfuercen pero eso que prometen que recibirán, en realidad no llega nunca.

    Estas dinámicas los supervivientes de abuso infantil tienden a repetirlas en su vida adulta con sus parejas, amigos o incluso jefes, donde la persona con Trastorno Narcisista de la Personalidad las hace sentir como en su infancia. El superviviente en muchas ocasiones no se da cuenta de lo que está sucediendo porque las dinámicas son tan familiares que han sido interiorizadas como normales.

  3. Siempre hay alguien mejor, y debes vencerlo, comenzando con tus propios hermanos

    Dentro de la familia narcisista, a los hermanos se les anima a competir entre ellos y no se fomentan el afecto ni la conexión entre ellos. Los padres narcisistas son conocidos por “triangular” a los niños unos contra otros como un intento de compararlos innecesariamente, degradarlos y alimentar su propia sensación de poder y control sobre sus hijos.

    Por lo general, hay un niño dorado y un chivo expiatorio, y a veces los roles se invierten, según lo que la madre narcisista necesite para cumplir con su agenda. Los niños rebeldes convertidos en chivos expiatorios a menudo buscan la verdad y desean una conexión auténtica con los miembros de su familia, pero no guardan silencio sobre el abuso que ocurre y esto supone que el padre narcisista cargue contra ellos. El niño dorado, por otro lado, generalmente es alabado como el “modelo a seguir” pero esto también puede cambiar rápidamente si el niño dorado alguna vez ejerce su independencia y hace algo fuera de la aprobación de los padres. A una edad muy temprana se les enseña que nunca serán lo suficientemente buenos, que siempre deben compararse con los demás y a no reconocer su valía y singularidad.

    Como adultos, aprendemos que no tenemos que competir con nadie para ser dignos o valiosos, ni tenemos que ser necesariamente los mejores en todo. Cultivar una sensación de amor propio incondicional, así como una apreciación de nuestras habilidades y capacidades únicas, puede ser de gran ayuda para combatir estas secuelas dañinas del abuso y reemplazarlas por un nivel saludable de autoestima y autosuficiencia.

  4. El desprecio es parte del amor y “normal” en una relación

    Los padres narcisistas pueden someter a sus hijas a períodos de idealización cuando las necesitan, seguidos por desprecio y rabia cuando ‘desobedecen’ y amenazan su excesivo sentido del derecho y el control. La condescendencia, el desprecio y el odio con los que un padre narcisista trata sus hijas no sólo les hace mucho daño sino que también les da la referencia de que eso es el amor, convirtiéndolo en un patrón que repetirán en su edad adulta.

    Este patrón de idealización y devaluación enseña a las hijas de padres narcisistas que el amor es inestable e impredecible. También las insensibiliza y las hace sordas al abuso más adelante en la edad adulta  porque, desafortunadamente, este tipo de relaciones son “familiares” para ellas como la única versión del amor que han experimentado.

    Las hijas de padres narcisistas pueden volver a sensibilizarse en el hecho de que el abuso no es una parte normal o saludable de ninguna relación, empezar a poner límites y reemplazar viejas narrativas de indignidad por empoderamiento sobre el tipo de amor y respeto que realmente se merecen. Esencialmente pueden hacerse un rematernaje y un repaternaje a sí mismos en un espacio seguro y protector.

  5. Tus emociones no son válidas

    Los padres narcisistas invalidan las emociones de sus hijos hasta el punto de que los dejan sin voz.

    Por eso, como adultos, tendrán dificultades con la gestión de sus emociones porque el dolor no se procesa de manera saludable, comenzando desde la infancia.

    En la edad adulta, tenemos la oportunidad de validar nuestras propias emociones y reconocer que lo que sentimos, que es válido. Aprendemos cómo procesar nuestras emociones, nuestro trauma y el dolor de no ser amados tal y como somos.

    Aprendemos que tenemos oportunidades para separarnos de nuestros padres abusivos, ya sea a través de poco contacto bajo (contacto mínimo sólo cuando sea necesario) o contacto cero.

    Aprendemos a separar las creencias dañinas de los padres narcisistas sobre nosotras y nuestra propia confianza. Sobre todo, aprendemos que está bien creer en nosotras mismas y dar la bienvenida a las cosas buenas en nuestras vidas. Aprendemos que merecemos todo lo que es bueno.

    Es importante recordar que como hijas de padres narcisistas, llevamos el legado de nuestras heridas, pero que estas heridas pueden convertirse en portales para una curación más profunda y más rica. No tenemos que cargar a la próxima generación con nuestras heridas, sino usarla como una forma de nutrir y validar a las generaciones futuras. Tenemos opciones sobre cómo podemos canalizar este trauma para nuestro propio crecimiento, en lugar de nuestra destrucción. Estas heridas no pueden sanar si no se abordan o si las negamos.

    Si quieres saber cómo sobrevivir a una madre narcisista, como hijas de madres narcisistas, tenemos que aprender a protegernos de más abusos y establecer un plan para participar y comprometernos con nuestro autocuidado.

    Podemos hacernos un repaternaje y rematernaje a nosotras mismas a través de la empatía, compasión, autoaceptación y amor propio. Cuando eres hijo de un padre narcisista, la idea de que nunca mereciste este amor es quizás la mentira más grande de todas.

Fuente: https://www.huffpost.com

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5 Tipos de Madres Tóxicas

Es un tabú del que “está mal” hablar, pero se trata de una realidad. No todas las personas han crecido con madres amables y amorosas, en un ambiente seguro, amable y enriquecedor.

Hay muchas personas que han crecido en familias en las que se han sentido aisladas o no comprendidas por su propia madre (o padre). La persona a la que un niño necesita acudir en momentos de dolor emocional puede ser perjudicial en más de un sentido. El vacío que deja este tipo de tristeza a menudo se prolonga hasta la edad adulta.

La mayor pérdida que experimentan las hijas no amadas es la pérdida de la autoestima innata y el sentido de pertenecer.

Una persona que pasa por una infancia así, tendrá mucha dificultad para quererse a sí misma y no acabar en relaciones tóxicas en las que repita las dinámicas de infancia. También tendrá muchos problemas para encontrar su lugar en el mundo, a todos los niveles: una casa a la que llamar hogar, un grupo al que pertenecer, ya sea de amigos o para crear su propia familia o un trabajo en el que encajar y sentirse valorada y reconocida.

Como adulto, es posible que aún te preguntes si tu forma de ser es lo que hizo que tu madre se comportara así. Es importante recuerdes que no ha sido culpa tuya. Puede que el mensaje que te hayan transmitido de forma consciente o inconsciente sea ése pero no es verdad, no es la realidad.

¿Qué tipo de maternidad has experimentado y cuál es el rol que ejercías en esa dinámica con tu madre? 

Si quieres saber cómo sobrevivir a una madre narcisista, sigue leyendo…

5 Tipos de Madres Tóxicas

  1. La Madre Controladora 

Crecer con una madre controladora supone estar a la sombra de su personalidad. La madre controladora dicta todo sobre la vida de la niña: lo que tiene que ponerse, cómo tiene que hablar, con quién se puede relacionar o cómo debe comportarse en cada momento.

Si la niña intenta salirse del guión o disentir con lo que la madre manda o escoge para ella, puede amenazarla de forma obvia o velada, aplicarle el tratamiento de silencio, castigarla, manipularla, chantajearla,…

Hay un entrenamiento para que la niña busque la aprobación de la madre en todo lo que hace, privándola de escucharse a sí misma y tomar sus propias decisiones. La madre microgestiona toda la vida de la hija y la convence de que es por su propio bien.

Debido a esto, es posible que la hija de adulta sienta que tus opiniones o pensamientos no son lo suficientemente importantes como para expresarse o cumplirse o que tenga dificultades para tomar tus propias decisiones porque no sabe lo que quiere o porque tiende a buscar la validación de los demás.

  1. La Madre Narcisista

Una madre narcisista es la que ve a sus hijos como extensiones de sí misma, sin darse cuenta de que son personas independientes, no propiedades a las que utilizar para satisfacer necesidades (lo que se denomina “suministro narcisista”) no cubiertas o ventilar emocionalmente temas que son suyos.

Las madres (o padres) narcisistas suelen ver a sus hijas en términos de blanco o negro. Si hay más de una, por lo general, a una de ellas le asigna el papel del chivo expiatorio y a la otra el de la niña dorada.

El chivo expiatorio es la que para la madre narcisista “no puede hacer nada bien”. Esta niña es utilizada por la madre narcisista para proyectar en ella partes de su personalidad que rechaza, como la inseguridad o el miedo. Por ello, tendrá comportamientos para alimentar estas facetas en la niña. Son muy frecuentes frases como “lo haces mal”, “no sirves para nada”, “qué vamos a hacer contigo”. En muchas ocasiones, también la utilizará para descargar su rabia en ella, enfadándose con ella por cualquier excusa.

Esta niña crecerá con ese tipo de pensamientos, por lo que tendrá dificultades con su autoestima y con reconocerse y validarse como persona en todos los sentidos.

La niña dorada es la que para la madre narcisista “lo hace todo bien”. En esta niña proyectará todo lo que la madre narcisista considera buenas cualidades, inflándole el ego, igual que el de ella misma, dándole el mensaje de que es mejor que las demás personas. Esta niña también es manipulada por la madre, que condiciona su amor a que cumpla por completo con las expectativas que tiene puestas en ella y a la que suele utilizar, convirtiéndola muchas veces en una especie de asistente o secretaria personal.

Esta niña será muy exigente consigo misma en la edad adulta, dándole mucha importancia a la imagen que ofrece a los demás, sin saber realmente quién es y basando toda su existencia en sus logros.

Si quieres saber cómo sobrevivir a una madre narcisista, es importante que te des cuenta del rol que te asignó en la infancia.

  1. La Madre que actúa como si fuera ella la Hija

Esta inversión de los roles tiene el nombre de parentificación.

En esta dinámica, es la hija la que ha servido de apoyo a la madre, que la utiliza para sus necesidades emocionales en lugar de estar disponible para ella, cargándola con una responsabilidad que no le corresponde a una niña.

Crecer con una madre que necesitaba ser atendida o “salvada” de vez en cuando podría haber forzado a la niña a crecer más rápido de lo necesario, haciéndole sentir que siempre ha tenido que anteponer sus necesidades a las de su madre.

En la edad adulta, esto podría traducirse en la forma de expresar amor en una relación, tomando como referencia que querer es lo mismo que cuidar o ayudar a su pareja o priorizando siempre la comodidad  de su pareja frente a la propia.

  1. La Madre que se Fusiona

Esta madre se negó a respetar los límites del niño, por lo que ha llegado a un punto en el que la vida de la madre y la del niño están tan enredadas que no hay un “yo” y un “tú” sino que ambas viven en la fantasía de ser una sola persona.

Debido a esto, es posible que el niño haya crecido con un sentido confuso de sí mismo y sin una identidad personal verdadera.

A causa de esto, es probable que de adulto tienda a fusionarte con sus parejas, siendo emocionalmente dependiente y teniendo apego ansioso.

  1. La Madre negligente que inflige Daño Emocional

Una niña que no recibe elogios, reconocimiento o aceptación, crece anhelando conexiones y buscando atención positiva de los demás.

Este tipo de negligencia emocional priva a la niña del amor y afecto necesarios, que arrastrará hasta la edad adulta.

Éste es un tipo de negligencia que se da por omisión porque no hay acciones, por eso a veces es más difícil de detectar. A la niña no se le da ningún mensaje negativo pero se le priva del amor, el afecto y la atención que necesita.

En muchas ocasiones suele deberse a una situación de vida de la madre, como estar atravesando una depresión o pasar poco tiempo con su hija a causa del trabajo.

A causa de esto, la adulta tendrá problemas de autoestima, de conexión con otras personas, internamente sentirá que no merece amor ni atención y buscará la validación de otras personas.

Lo más importante es que te des cuenta de que, fuese cual fuese el tipo de madre que tuviste, su comportamiento no fue culpa tuya. Ella también tiene una herida de infancia que arrastra y que se pasa de generación en generación. Esas heridas no van a desaparecer, pero sí se pueden sanar en una gran medida. Si quieres saber cómo sobrevivir a una madre narcisista o a cualquier otro tipo de madre tóxica, tan sólo tienes que buscar la ayuda de alguien te acompañe en el viaje de vuelta a tu niña interior para darle lo que necesita.

Fuente:https://daily.lessonslearnedinlife.com

6 Formas en que la Identidad Personal puede ser moldeada por Trauma en la Infancia

Los adultos que han sufrido trauma en su infancia pueden desarrollar Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo (CPTSD, por sus siglas en inglés), que se caracteriza por dificultades en la regulación emocional, la conciencia y la memoria, la autopercepción, una percepción distorsionada de los perpetradores del abuso (generalmente, los padres, con lo que la niña interioriza que la culpa es suya o que no está habiendo un abuso), dificultades en las relaciones con otras personas y  efectos negativos sobre el sentido de la vida y el mundo en general.

¿Cómo afecta el trauma en el desarrollo a la formación de la identidad de una persona?

La identidad incluye la integración de la emoción y el intelecto, la conciencia básica del estado emocional, sentirse seguro y coherente como individuo e incluso la experiencia básica de quién se es realmente. Todo esto se ve interrumpido por un trauma en el desarrollo, porque la supervivencia básica tiene prioridad sobre todas estas cosas, y la niña utiliza los recursos normalmente asignados para el desarrollo normal del yo a sobrevivir.

Es decir, las personas que han sufrido abuso/maltrato en su infancia, sufren una alteración en su desarrollo natural como personas, teniendo que estar más pendientes de sobrevivir a nivel emocional a un entorno hostil o nada nutriente que a crecer y evolucionar, a desarrollarse.

El trauma temprano cambia la trayectoria del desarrollo del cerebro, porque un entorno caracterizado por el miedo, por ejemplo, causa diferentes adaptaciones de los circuitos cerebrales que un entorno de seguridad, seguridad y amor. Cuanto antes siente la angustia el niño por ese entorno hostil, más profundo es el efecto que el trauma de desarrollo tendrá en su vida de adulto en general.

La identidad de los adultos con trauma en su desarrollo no resuelto a menudo se organiza en torno a ser un(a) superviviente y mantener la seguridad básica en relación con los demás, lo que lleva a repeticiones traumatizantes y desalentadoras, evitando experiencias orientadas al crecimiento. Se disocian de su entorno y de sí mismas y pueden permanecer desconectadas de sí mismas durante la infancia, la adolescencia y la edad adulta. Si quieres saber cómo recuperarte del abuso narcisista, te invitamos a que veas en cuántas de estas formas identitarias moldeadas por el trauma te ves identificado.

6 Formas Clave en las que la Identidad tiende a ser moldeada por Experiencias Traumáticas Anteriores

  1. Pérdida de la infancia: “Nunca tuve una infancia” o “No recuerdo mucho de mi infancia”.

    Las personas que experimentan una infancia muy angustiosa a menudo tienen grandes lagunas sobre sus primeros años de vida. Pueden recordar momentos particularmente vívidos, a veces como flashes pero sin poco contexto. A menudo no tienen una historia clara de sí mismas cuando eran niñas al menos hasta la adolescencia.

    Este sentido autobiográfico se denomina “narrativa coherente” en la teoría del apego y en las personas que han sufrido trauma temprano, suele estar ausente (la persona no recuerda mucho), ser falsa (la persona no es consciente de que ha sido maltratada) o estar simplificada en exceso (mi padre no sabía hablar, sólo gritar). Muchas de estas personas sienten que su infancia ha “sido robada”, y sin esa base, la identidad adulta se ve comprometida. Les resulta difícil formarse una identidad clara y suelen decir: “No sé quién soy”.

  2. Faltan partes de uno mismo: “Siempre he sentido que me faltaba algo, pero no sé qué es”.

    En un entorno que es hostil o poco nutriente, un niño desarrolla angustia crónica. Para evitar sentir esta angustia todo el tiempo, los niños a menudo se desconectan de sí mismos, se trata de un mecanismo de defensa que se llama disociación. Pueden llegar a confiar en una persona importante para tener estabilidad y hacer que parezca que todo estaba bien, por ejemplo ser un estudiante ejemplar con excelentes notas, dando la imagen de que todo está bien, mientras tienen poca o ninguna vida personal real.

    Más adelante en la vida, pueden sentir que faltan partes de sí mismos. A través del crecimiento personal y la terapia, pueden redescubrir e incluso crear de nuevo estas partes que faltan. Es común que estas partes que faltan se asocien con estados emocionales y recuerdos particulares, y que la integración conduzca a un sentido de la identidad más pleno.

  3. Atracción a las relaciones destructivas: “Soy el tipo de persona que siempre sale con personas que son malas para mí”.

    No es raro que las personas traumatizadas por sus cuidadores terminen con amistades, relaciones de pareja e incluso entornos de trabajo que no son buenos para ellos. Encuentran personas que se ajustan a su identidad traumática, incluso cuando intentan tomar decisiones diferentes y mejores, lo que lleva a una retraumatización a través de la repetición del pasado.

    Pueden terminar rodeados de personas emocionalmente no disponibles, personas abusivas o narcisistas, o terminar tratando de rescatar y arreglar a las personas con las que salen. Conscientemente, quieren encontrar a alguien que pueda proporcionar lo que saben que necesitan y desean, pero las influencias inconscientes los llevan por caminos no deseados y que son “familiares”.

    Con frecuencia, hay una poderosa “química” con las nuevas relaciones, lo que hace que parezca que la relación será diferente, sólo para darse cuenta desilusión que la dinámica se vuelve, de nuevo, demasiado familiar.

    Entrar repetidamente en relaciones destructivas puede ser desorientador y confuso, lo que lleva a uno a cuestionarse y a permanecer estancado en lugar de tener relaciones que le hagan evolucionar y crecer en la vida.

  4. Evitar las relaciones: “Estoy mejor sola”.

    Alternativamente, las personas con experiencias negativas de desarrollo pueden optar por evitar la cercanía y la intimidad y aislarse. A veces esto comienza temprano y otras más tarde, como una forma de romper el ciclo de relaciones perjudiciales. Estas personas pueden volverse contradependientes, que es la otra cara de la moneda de la codependencia. Un contradependiente dice: “No necesito a nadie”. Un codependidente dice: “Sin ti no puedo vivir”. Las dos son posturas extremas sobre cómo se posicionan frente a los demás en las relaciones.

    Pero las relaciones saludables con otras personas son cruciales para el desarrollo personal, ya que suponen oportunidades para el crecimiento y el cambio. No tener relaciones en la edad adulta como medida de autoprotección perjudica el desarrollo de una identidad completamente adulta, solidificando una autopercepción de indignidad (no soy digna de amor) y autocondena (yo misma me desahucio en el amor).

    La mayoría de nosotros tenemos la capacidad de ofrecer más de lo que pensamos y, por lo tanto, de apreciarnos más.

  5. Evitarse a uno mismo: “No me gusta pensar en mí mismo. Sólo me hace sentir mal”.

    Especialmente cuando el trauma infantil fue un componente definitorio de las relaciones más importantes en la infancia (padres, hermanos y otras personas importantes), cualquier recordatorio de esas experiencias (un detonante) puede conducir a esfuerzos por alejar las emociones y experiencias dolorosas a través de escaparse de uno mismo.

    La conexión con uno mismo, como con los demás, es un poderoso recordatorio de traumas anteriores, activando recuerdos y emociones que pueden ser difíciles de manejar. El autocuidado se ve afectado, y uno aprende a vivir separado de uno mismo como una cuestión de hábito. Es posible que no puedan contactar consigo mismos, con sus emociones y huyan de cualquier estímulo para hacerlo. El sentido del yo, en estos casos, a menudo se caracteriza por el asco (“Me doy asco”) y la maldad esencial (“Soy malo“), lo que refleja una identidad traumática rígida, esto es, la propia persona no se ve con la capacidad de cambiar o evolucionar.

  6. Dificultad para integrar las emociones en la identidad de uno: “No soy el tipo de persona que tiene fuertes sentimientos sobre las cosas“.

    Cuando a las emociones y los sentimientos no se les ha dado un lugar en la familia de origen, las emociones se separan de la identidad, lo que lleva a la confusión y un sentido inestable de uno mismo. Necesitamos las emociones para ser plenamente nosotros mismos y para tomar decisiones. La desregulación emocional conduce a problemas por decisiones impulsivas y se interpone en el camino para formar relaciones saludables con los demás.

    Las personas pueden experimentar una sensación de entumecimiento emocional o (paradójicamente) sentir que no tienen ninguna emoción en absoluto. Pueden experimentar una gama limitada de emociones o sentir las emociones de forma apagada. Pueden, por ejemplo, sólo ser capaces de sentir emociones vagas, como frustración o aburrimiento, o pueden acumular la rabia hasta explotar. Es posible que sólo sientan emociones negativas sobre sí mismos, como asco y odio a sí mismos, y retrocedan ante cualquier cosa o persona que presente una visión positiva de ellos, se sientan incómodos con la gratitud de los demás, o sientan desconfianza cuando otras personas les expresan amabilidad. Pueden adoptar una identidad excesivamente intelectualizada, actuando forzados o incómodos con los demás.

    Esto conduce a dificultades en las relaciones personales, ya que las emociones son necesarias para la intimidad y dar forma a las opciones de vida (estilo de vida, carrera profesional, elecciones de pareja…).

    La reintegración de las emociones en el sentido de uno mismo es gratificante y necesaria para el crecimiento.

Fuente: https://www.psychologytoday.com

Recuperarse del abuso narcisista consiste, en parte, en recuperar partes de ti causadas por el trauma. Si te sientes identificada con lo que se menciona en este artículo, es más que probable que hayas sufrido un trauma en tu infancia y que arrastres dificultades en el desarrollo a causa de esto. Con la terapia se pueden recuperar partes perdidas de una misma o incluso crear nuevas. Al final de ese camino la que está eres tú, entera. 

Si te interesa saber más sobre este tema, te recomiendo el libro “Despertando al Tigre. Sanando el Trauma”, de Peter Levine.

Control=Resistencia

Control y Resistencia= dejar que la ola te golpee intentando no caerte y controlarla. Aceptación=ayudarte a surfear la ola lo mejor que puedas sin cuestionarla.

El Control y la Resistencia

Las personas queremos controlar. Lo que no daríamos por tener más control en nuestras relaciones, el trabajo y nuestras vidas en general.

No es que lo vayamos gritando a los cuatro vientos. Más bien nos protegemos un poco, preguntando a familiares, terapeutas y amigos cómo gestionar mejor nuestras vidas y a otras personas. Cómo podemos cambiar este o aquel aspecto de nosotros mismos o de nuestras circunstancias, cómo podríamos lidiar mejor con situaciones y relaciones concretas.

No hay nada de malo en querer crecimiento y desarrollo. Sin embargo, eso no es lo que la mayoría de nosotras buscamos realmente. La prueba está en el conjunto de nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. A pesar de todas nuestras preguntas y dudas, muchas de nosotras nos sentimos bastante atrapadas. No importa la energía que invirtamos, permanecemos paradas, como en un bucle.

Muchas personas cuando llegan a terapia se encuentran con que con su comportamiento lo que pretenden es librarse de la tensión creando más tensión, forzar la flexibilidad de forma rígida y controlar su libertad o la de otras personas.

¿Por qué es esto? ¿Por qué persistimos en intentar controlar nuestro camino hacia la libertad personal, creativa y profesional?  La respuesta es que la mayoría de nosotros no queremos libertad.

Antes de estar en desacuerdo, echa un vistazo a tu propia vida. Mira las áreas en las que desearías tener un mayor nivel de libertad, paz y vitalidad. Si todavía no has logrado estas cosas, apuesto a que lo que realmente buscas es el control. O dicho de otra manera, libertad a tu manera.

Sí, quieres una buena relación de pareja, si eso significa que la otra persona es así y asá. Sí, deseas una carrera satisfactoria, con la condición de que implique tal y tal. Y sí, quieres hijos mientras bla, bla, bla.

Eso no quiere decir que no debas tener estándares, esperanzas y objetivos.

Pero si estás luchando o sientes la necesidad de controlar, es menos probable que algo esté mal con el objeto de tus deseos y que haya algo a lo que no hayas querido renunciar para poder obtener lo que dices que quieres. Incluyendo lo que podrían ser estándares imposibles. O tal vez un estándar que cambia cada vez que lo que afirmas anhelar se acerca demasiado, se vuelve demasiado cómodo para ti.

Cuando anhelamos que las cosas sean como queremos que sean, en lugar de como son, eso no es una búsqueda de libertad. Eso es resistencia. Especialmente si lo que queremos va en contra de la realidad…

¿Qué es exactamente lo que estamos resistiendo?

Las circunstancias de la vida.

Cómo somos nosotros y otras personas.

Lo que pasó.

Lo que podría pasar.

Resistimos la vida y a otras personas. Resistimos el pasado y el futuro. Resistimos nuestros sentimientos, nuestros pensamientos y a nosotras mismas. Resistimos la verdad. Y luego nos engañamos pensando que si resistimos lo suficiente, si tratamos de controlar lo suficiente, al final seremos libres.

Verificación de la realidad: no puedes cambiar una situación o circunstancia cuando estás en proceso de resistirla. Del mismo modo que no puedes atrapar una pelota de playa si estás sosteniendo otra en tus manos, no puedes aceptar algo nuevo hasta que dejes de lado las viejas y dolorosas razones y argumentos sobre por qué las cosas son así.

Para ser clara, no estoy diciendo que debamos lanzar todo al viento, mirando pasivamente mientras el mundo y otras personas nos pasan por delante. De ningún modo. Lo opuesto al control no es la pereza o la apatía. 

Lo Opuesto al Control es la Aceptación

Cuando aceptas, cuando abandonas la ilusión de control, no sólo descubres la paz y la libertad que conlleva. Te vuelves, tal vez por primera vez, empoderado para manejar cualquier cosa que se te presente.

¿Por qué? Porque no hay energía que se dedique a detenerte por más tiempo. El descanso (congelación) que te has tomado se termina, y finalmente puedes avanzar con poder, libertad y la capacidad de expresarte completamente y crear en el mundo … un mundo, ahora te das cuenta, que está lleno de oportunidades y amor.

Así que haz las paces con la vida. Acéptate a ti misma y al mundo tal y como sois. Ríndete a surfear las olas en lugar de mantenerte terca e inmóvil mientras te golpean. Cuando lo haces, la necesidad de controlar se disipa y surge la libertad. Y junto con esto, el sentido y finalmente el conocimiento de que cualquier cosa, y todo, es posible.

La Familia Narcisista y el Control

La Familia Narcisista es un escenario en el que los niños aprenden a controlar desde muy pequeños porque así mantienen la idea ilusoria de que habrá menos abuso o maltrato y más amor. Aprenden a controlarse a sí mismos, con comportamientos como no expresar sus emociones o a permanecer callados y quietos; también aprenden a controlar a sus padres, identificando sus estados emocionales y anticipándose a lo que el padre/madre puede necesitar para dárselo.

Se trata de un ambiente en el que no hay lugar para la espontaneidad, las expectativas respecto a los niños son poco realistas y no hay libertad.

El control, como hemos visto, está muy relacionado con la resistencia. La resistencia es algo normal porque evita el dolor. Lo único es que atravesar ese dolor es lo que realmente sana, evitarlo supone seguir teniendo el dolor dentro, atascado.

La resistencia seguramente es algo que te haya ayudado a lo largo de tu vida para llegar hasta donde estás, para sobrevivir. Sin embargo, si lo que quieres es salir del abuso narcisista y tener cambios profundos y verdaderos en tu vida, esos no te los va a dar la resistencia, que te hace perseverar, ser rígida y pensar que hay un solo camino para las cosas.

Aceptar y soltar la resistencia es doloroso y te pondrá frente a frente con tu vulnerabilidad y tu realidad. También requiere de muchas dosis de perdón hacia ti misma, aceptando el daño que te has hecho porque en tu pasado no contabas con los mismos recursos personales que en tu presente si aceptas.

Aceptar que has vivido en una familia donde uno de sus miembros tiene un trastorno mental (Trastorno Narcisista de la Personalidad) es algo duro y difícil, pero sólo eso es lo que te llevará a cambiar el rumbo de tu vida para reconstruirte y ser lo que tú quieras, sin que tu pasado sea ya una pesada mochila que no te deja caminar sino algo que te pasó pero que no define quién eres.

Si quieres salir del abuso narcisista, es necesario que sientas lo doloroso de tu infancia para que puedas, por fin, transformar estos sentimientos en una alquimia que se da en el hoy, en el presente.

No has podido escoger dónde empieza tu vida. Nadie puede. Lo que sí está en tu mano es escoger dónde estás hoy y hacia dónde vas mañana. Pon la intención en las cosas que quieras conseguir y suelta el control. El universo se encargará de hacer el resto.

Fuente: https://www.psychologytoday.com

¿Sabes qué es el “Ecoismo”? Averigua si Eres un(a) Ecoísta

En el mito de Narciso, Eco, la ninfa que se enamora locamente de Narciso, es maldecida para a las últimas palabras que escucha para toda la eternidad. Del mismo modo, las ecoistas definitivamente luchan por tener una voz propia. El mito contiene ambos lados del narcisismo: los peligros de una adicción a sentirse especial y la incapacidad de disfrutar sintiéndose especial en absoluto. Todo el mundo se olvida de Eco en el mito, y eso es precisamente lo que les ocurre a las ecoistas, que se olvidan de sí mismas.

En este artículo, te ofrecemos ayuda para sobrevivir a padres narcisistas y hablaremos sobre el ecoísmo en una serie de preguntas y respuestas.

  1. ¿Qué es el Ecoísmo? Es la otra cara de la moneda del Narcisismo. Las ecoístas son personas empáticas, con miedo a convertirse en una carga para los demás, se suelen sentir incómodas cuando están en el foco de la atención, especialmente los elogios y les resulta difícil saber lo que quieren. Las narcisistas son adictas a sentirse especiales, las ecoístas le tienen miedo a eso.
  2. ¿Puede existir el Ecoísmo sin el Narcisismo? Los ecoístas suelen sentirse atraídos por los narcisistas precisamente porque tienen tanto miedo de agobiar a los demás o de parecer “necesitados” que tener a alguien que disfruta ocupando todo el espacio, como hacen los narcisistas, es un alivio. Pero es un precio alto que pagar por un respiro de sus ansiedades, ya así, un ecoísta prácticamente desaparece de la ecuación, haciendo de espejo del narcisista, que en ese “diálogo loco” lo que hace el narcisista en realidad es hablar consigo mismo.
  3. ¿Hay algunas personas más proclives a convertirse en ecoístas extremas? Las ecoístas suelen traer genéticamente mucha sensibilidad, sienten profundamente, y cuando eso se expone a un padre que las avergüenza o las castiga por tener alguna necesidad, esto da lugar al ecoísmo. Las ecoístas tienen tanto miedo de expresar sus necesidades, creyendo que les costará el amor, como en su infancia, que pierden el contacto con sus propias necesidades y deseos.
  4. ¿Cuáles son los problemas típicos del ecoísmo extremo? Los ecoístas nunca o rara vez se sienten especiales. Sentirse un poco especial ayuda a las personas a persistir frente al fracaso, a tener proyectos  y tal vez incluso a vivir más tiempo. Y la ausencia de esa capacidad puede simplemente convertirse en un problema para tener ilusión y esperanza, un motor en la vida.
  5. ¿Es el Ecoismo un diagnóstico? El ecoísmo es un rasgo de carácter, no un trastorno, y se trata de una estrategia de supervivencia que tiene su origen en la infancia: El pensamiento al que le lleva es: “Si quiero sentirme segura y querida, debo asegurarme de pedir lo menos posible a las personas y dar todo lo que pueda”. Los ecoistas, ya de adultos, creen que no pueden recurrir a las personas cuando se sienten tristes o asustados o solos, por lo que entierran sus necesidades con la esperanza de que serán aceptados y amados, porque piden muy poco. Pero esta no es una forma sana de vivir. Cualquiera puede alejarse del ecoísmo y aprender a compartir sus emociones y a pedir. En relaciones sanas, podemos afirmar nuestras necesidades de manera asertiva cuando no se satisfacen, compartir cuando nos sentimos solos, pedir consuelo cuando sea necesario y expresar una preferencia sin preocuparnos de que seamos una carga. Es posible que tengas que comenzar esta práctica con una psicoterapeuta, pero vale la pena intentar probarlo con amigos. Puedes empezar por pequeñas cosas como proponer un plan que te apetezca a ti en lugar de decir: “Me da igual” cuando te lo pregunten; empezar alguna frase con “Lo que necesito es…” o celebrar tu último logro con alguien sin sentirte culpable por ello. Estarías empezando a usar tu voz. Cómo te expresas, tu voz, tiene que ver con el espacio que le das a tu propia voz, tus asuntos, en tu vida. Es decir, si hablas poco, tiendes a hablar bajo o a no expresarte, esto equivale a que te sientes como que no tienes derecho sobre ti misma y a manejar lo que ocurre en tu propia vida. El tema de la voz está relacionado con el chakra de la garganta, el encargado de la comunicación. Si lo quieres ejercitar para tener más voz en tu propia vida, puedes hacerlo con este video del canal de Kassandra. Es una clase para reforzar el yin y el chakra de la garganta.
  6. ¿Los ecoistas se enfadan alguna vez? Los ecoistas no son simplemente personas complacientes. Pueden culparse a sí mismos por las malas interacciones, pero están especialmente motivados para evitar sentirse como una carga, por lo que pueden enfadarse si insistes en darles atención en un cumpleaños, por ejemplo. Es como si la única posición que tomaran es la de “No te atrevas a tratarme como si fuera especial.”. Son personas que están tan pendientes de no convertirse en una carga que se pueden ir al extremo de esto y volverse contradependientes, rechazando cualquier acto de nutrición con “No me trates como a un niño; ¡Estoy bien!”. Toda esa fuerza que se dirige hacia eludir la atención debe ser redirigida a pedir y apreciarla. Si quieres ayuda para sobrevivir a padres narcisistas, la buena noticia es que ya no estás en tu infancia y que ya no tienes porqué negar tus necesidades y deseos, algo que en el fondo te hace daño.
  7. ¿Qué tipo de familia en la infancia conduce al Ecoismo en la edad adulta? Éste es un testimonio: “La tendencia de mi madre a estallar en lágrimas o rabia cuando no estaba contenta con ella me hizo temer que la perdería si no tuviera cuidado de atender todas sus necesidades”. O este otro: “Cuando manifestaba una necesidad, mi padre me avergonzaba o me humillaba por ello, por lo que aprendí a necesitar poco o nada para sentirme a salvo.” Algunos ecoistas se desarrollan a partir de padres ecoistas, que transmiten la idea de que cualquier atención especial (querer ropa única, soñar a lo grande, pedir más) son actos arrogantes y egoístas y que esto es algo “malo”. Por ejemplo, una persona con una madre que cada vez que celebra algo le dice: “Que no se te suba a la cabeza” crecerá sintiéndose avergonzada del orgullo normal, minimizando todos sus logros y guardando un “perfil bajo”.

La mayoría de las veces son los padres narcisistas los que empujan a sus hijos en esta dirección, siendo frecuente también que en la pareja uno de los padres sea narcisista y el otro, ecoista. Por ello, si quieres ayuda para sobrevivir a padres narcisistas, puedes empezar por ver cuánto tienes de ecoísta.

Fuente: https://www.psychologytoday.com

El rol del “Niño Perdido” en las Familias Narcisistas/Disfuncionales

En las familias narcisistas/disfuncionales los roles que se asignan a los miembros son rígidos y el/la que los decide (y que está predispuesto a asignarlos en función de sus propias necesidades y proyecciones) es el padre/madre narcisista con el apoyo del otro, que suele ser codependiente. Son como los papeles en una obra de teatro, de los que no es fácil salir a menos que se empiece terapia. Si quieres saber cómo comprender y sanar el abuso narcisista, puedes empezar por ver qué roles son los que has desempeñado en tu familia de origen.

En familias disfuncionales es muy común que uno de los hijos sea ignorado y tratado como si no existiera. Es como si los padres no notaran que el niño está ahí. El “Niño Perdido” es como se llama a este rol en la familia porque el mensaje que se le da es ése precisamente, el de: “¡Piérdete!”. No es victimizado como el niño que ejerce el rol del Chivo Expiatorio, pero se le ignora. Aprenden a invisibilizarse en la familia porque se les da el mensaje de que molestan a los padres y que cuanto menos se hagan notar, serán “apreciados” o “valorados” por esto.

La Niña Perdida tiende a ser callada y tímida, y no llama la atención. De adultas, siguen siendo tímidas y pueden retirarse, siendo muy reacias al contacto y a tener vínculos con otras personas. Tienden a evitar la confrontación y el drama, y ​​pueden volverse muy inexpresivas. Esta falta de conexión con la familia y consigo mismas puede hacer que de adultas tengan dificultades para identificar quiénes son.

Se vuelven muy independientes porque en su familia disfuncional no se les permitía o se les hacía sentir culpables por pedir o por expresarse. Les resulta difícil aceptar sus limitaciones y pedir cosas a otras personas. Han aprendido a no esperar nada de los demás. Su forma de lidiar con la realidad es retirarse de ella. Niegan que tienen sentimientos y “no se molesten en molestarse”.

El Niño Perdido suele invertir mucho tiempo en estas actividades:

  • Soñar despierto, fantasear.
  • Leer, estudiar.
  • Ver la televisión, jugar a videojuegos.
  • Entretenerse jugando solo.

Estas niñas crecen y se convierten en adultas que están emocionalmente anestesiadas y tienen baja autoestima. Le tienen miedo a la intimidad y las relaciones sociales les dan ansiedad. Son muy retraídas y tímidas, y se aíslan socialmente. Muchas actrices y escritoras son Niñas Perdidas que han encontrado una manera de expresar emociones mientras se esconden detrás de sus personajes.

Los niños de familias disfuncionales, al adaptarse a la dinámica familiar y los roles asignados, tienen una visión distorsionada de quiénes son hasta el punto de creer que ellos son su rol. Algunos se pasan así toda una vida, sin llegar a descubrir quiénes son realmente, sin desarrollar una personalidad madura y propia, que a más allá de unos roles infantiles, asignados para propiciar dinámicas tóxicas en el sistema familiar disfuncional.

Características del Niño Perdido en la Familia Narcisista/Disfuncional

Para entender si tú o alguien a quien conoces ejerció el rol de la Niña Perdida en una familia narcisista/disfuncional, éstas son sus características:

  1. Anestesiado

    El adulto que alguna vez fue un Niño Perdido en una familia disfuncional tiene problemas para sentir sus propias emociones. Cuando les sucede algo negativo, les será difícil sentirse tristes. También les puede resultar difícil sentirse felices cuando les pasan cosas buenas.

    Esto se debe a que en su infancia se acostumbraron a esconder sus emociones para “no dar que hacer” o “no ser un problema” para la familia. A base de reprimir, negar, introyectar (volverlas contra uno mismo) emociones, la persona llega a la edad adulta estando en muy poco contacto con sus emociones, como adormecida. Esto lleva, en general, a tener poca energía vital.

  2. Aislada

    Debido a esta necesidad de ser invisible en su familia de origen, estará muy acostumbrada a pasar tiempo sola y a entretenerse consigo misma, desarrollando pocas habilidades sociales. Generalmente, serán personas tímidas e introvertidas y con pocos amigos.

    En casos extremos, puede llevar a situaciones de un auténtico aislamiento social.

  3. Falta de intimidad

    Básicamente, el Niño Perdido en la infancia no hizo conexiones con otros miembros de la familia. Debido a esto, como adultos, les resulta muy difícil tener vínculos y conexiones profundos, en los que haya intimidad física y emocional. Inconscientemente, hay un miedo a la intimidad.

  4. Se sacrifica

    Por lo general, se trata de una persona que sacrificará sus necesidades por las de los demás, que estará disponible para los otros y que tendrá una actitud de “yo siempre estoy bien y no necesito nada”.

    Al fondo, lo que hay es la experiencia de una niña que nunca pedía nada, ni esperaba nada de los demás y que creció pensando que el mundo tenía poco que ofrecerle.

  5. Baja autoestima

    Generalmente, la Niña Perdida crecerá con una autoestima baja. A pesar de que realmente no se hicieron notar de manera negativa en la familia, tampoco recibieron apoyo ni amor. Si no hacen terapia, de adultas mantienen un perfil bajo, pasan desapercibidas, sin hundirse y sin destacar. En definitiva, sobreviviendo sin esperar gran cosa de la vida.

Si quieres saber cómo comprender y sanar el abuso narcisista, salir del rol de la Niña Perdida requiere salir de la invisibilización, aceptar las necesidades y los deseos, querer conectar con una misma y con los demás e interiorizar ideas como las de:

“Yo importo” o “Merezco dar y recibir amor”

A la persona que ha ejercido el rol del Niña Perdida le pueden venir  bien, además de hacer terapia, actividades como el teatro o la danza, en las que pueda expresarse de una forma espontánea.

Si quieres saber cómo comprender y sanar el abuso narcisista, éste y otros roles de los miembros en familias disfuncionales, son tratados en profundidad por el psicoterapeuta estadounidense John Bradshaw en su libro “Volver a Casa”.

Fuente: https://www.learning-mind.com

8 Secuelas de las Personas que han sufrido Abuso Emocional en la Infancia

El abuso emocional tiene efectos muy profundos en una persona. Supone una pérdida de autoestima y altera enormemente la capacidad para construir una identidad personal propia. Una parte muy importante de la terapia si eres hijo o hija de narcisistas es aceptar el abuso/maltrato del que fuiste víctima en tu infancia.

Ser víctima de abuso emocional en la infancia es algo que deja huellas en la personalidad que llegan hasta la edad adulta y que, si no se tratan en terapia, acompañan a una persona toda su vida. El abuso es algo intergeneracional, que se pasa de padres a hijos. Finalizar el ciclo de abuso es posible con terapia y trabajo personal.

Hay algo diferente en la forma en que las personas que han sufrido abuso/maltrato en la infancia miran el mundo. La mayoría aún se sienten atrapadas, como en su infancia. Se trata de una prisión que ellas mismas se han creado, bien teniendo relaciones con personas abusivas o bien en su propio cerebro, con patrones  de comportamiento como la indefensión aprendida o la profecía auto-cumplida.

Entonces, ¿cómo se refleja el abuso emocional más adelante en la vida? Las personas que han sufrido abuso/maltrato emocional en la infancia por lo general exhiben estas secuelas. Si has sido abusado emocionalmente de niña, es posible que reconozcas estas secuelas en ti. Si eres hijo o hija de narcisistas y estás buscando psicoterapia, es probable que te reconozcas en estas 8 secuelas.

8 Secuelas de las Personas que han sufrido Abuso Emocional en la Infancia

      1. Sensibilidad a los ruidos

        Los ruidos altos te ponen en alerta, en estado de hipervigilancia. Durante tu infancia hubo a tu alrededor muchos gritos y golpes. Esto te ha hecho muy sensible, en especial a los sonidos que oyes de adulto y que se parecen a los del abuso de tu infancia.

        Te encantan los lugares pacíficos y silenciosos. Es donde te puedes relajar y tú mismo tiendes a ser muy silencioso, como un gato. No te suele gustar la música a un volumen alto (o sólo por un rato), las personas gritonas o los sitios bulliciosos. Tiendes a agobiarte con facilidad.

      2. Evitar el contacto visual

        Te resulta muy difícil mantener el contacto visual con las personas.  Sueles mirar hacia cualquier otro lado que no sean los ojos de tu interlocutor.

        Durante tu infancia, pasaste por muchas escenas de vergüenza intensa y humillaciones, lo que hace que, ahora de adulta, cuando miras a alguien de forma directa, experimentes de nuevo esa vergüenza intensa. Es una vergüenza que va más allá de algo sano, se trata de vergüenza tóxica.

      3. Introversión/Comportamiento antisocial

        Haber sido muy dañado y traicionado por tus padres/cuidadores (o por uno con el consentimiento del otro) no es algo que te haya dejado precisamente con un corazón abierto y dispuesto a confiar.

        Puedes ser muy frío y distante en tus relaciones con los demás y tiendes a encerrarte en ti mismo. Paradójicamente, cuando has confiado en alguien, en muchas ocasiones no ha sido la persona adecuada para hacerlo y has confiado de más, dando mucha información a alguien que en realidad no conocías bien y que ha terminado utilizándola en tu contra.

      4. Falta de autoestima

        Durante tu infancia, te repitieron mucho frases del tipo “No vales para nada”, “Eres un fracaso”, “A ti quién te va a querer” y de adulta te las sigues diciendo a ti misma.

        Te cuesta recibir cumplidos, tienes una auto-imagen distorsionada de ti misma, no tienes mucha confianza y le das demasiada importancia a las opiniones que tienen los demás sobre ti.

      5. Evitar el conflicto

        No importa el daño que te esté haciendo la otra persona, prefieres evitar el conflicto par que no se enfaden contigo, ya que no puedes soportar estar en situaciones tensas. Tu infancia está tan llena de escenas tensas, que prefieres evitar la situación y no expresarte.

        En lugar de afrontarlo para tratar de encontrar una solución, o bien te quedas en la relación en modo “aguantar” o bien te vas, huyes en lugar de afrontar el problema y tratar de solucionarlo.

      6. Dudar de todo

        Tomar decisiones es algo difícil para ti. Tiendes a dudar mucho y a perderte analizando los “pros” y los “contras” de algo. Tienes mucho miedo de cometer errores y en muchas ocasiones son otras personas las que toman las decisiones por ti.

        Debido a la falta de autoestima, te cuesta creer que eres capaz de tomar buenas decisiones. Es por eso que a menudo te escapas de algunas responsabilidades que requieren una actitud decisiva.

      7. Pedir perdón constantemente

        Otro síntoma típico del trauma por abuso infantil es tu necesidad de disculparte por todo, incluso cuando alguien no te está respetando. Esto lo haces en parte para evitar el conflicto y en parte porque tiendes a echarte toda la culpa de lo que te ocurre con los demás, sea lo que sea.

        La dinámica que se establece entre un padre/madre abusivo y al hijo/hija del que abusa es de dominación-sumisión. En esta dinámica el niño aprende desde muy pequeño que cuanto más sumiso sea, tiene menos posibilidades de ser atacado, por lo que si pide perdón por cualquier cosa, sabe que está reduciendo la posibilidad de un ataque o una agresión (no sólo física sino también verbal y/o emocional.

        Esta dinámica se lleva hasta la etapa adulto, en la que te disculpas y das las gracias constantemente y por casi cualquier cosa, cuando no hay ninguna necesidad para ello.

      8. Arrebatos de rabia

        A veces reaccionas de forma desproporcionada con rabia frente a lo que consideras ataques de los demás. No sueles gestionar tu rabia y cuando la expresas, lo haces de una forma descontrolada. Sientes una rabia inconsciente que se apodera de ti. Te enfadas con los demás por una rabia más profunda que pertenece a tu infancia.

        La verdad es que no fue tu culpa que te abusaran de niña. Tus padres (o padre o madre) te manipularon para justificar el abuso/maltrato que te hacían haciéndote sentir que el abuso era culpa tuya. Pues bien, no es así. En realidad, es su responsabilidad no haber sabido cuidar mejor de ti. No se trata de echarles la culpa a ellos tampoco, sino de hacer consciente de que esa situación te hizo un daño que no merecías y que fue justificado con manipulaciones. Tus padres, muy probablemente, fueron a su vez víctimas de abuso/maltrato infantil y repitieron contigo de forma inconsciente lo que les hicieron a ellos.

      Hay maneras de salir de la prisión mental y emocional que te has construido. Si quieres psicoterapia porque eres hijo o hija de narcisistas, en ella podrás hacer conscientes al abuso y expresarte emocionalmente para liberar las emociones que tienes atascadas dentro de tu cuerpo. Sólo necesitas desearlo y creer que una vida mejor es posible para ti dejando atrás, por fin, tu infancia. No para negarla u olvidarla sino para reubicarla en el lugar que le corresponde: tu pasado, no tu presente ni tu futuro.

Fuente: https://curiousmindmagazine.com