El reto del perdón

El perdón a veces puede parecer imposible o incluso indeseable. Otras veces, solo perdonamos que nos hagan daño nuevamente y concluimos que perdonar fue una tontería. Ambas situaciones surgen de la confusión sobre lo que realmente significa el perdón. El perdón no requiere que olvidemos las acciones de otras personas o el daño causado. De hecho, para la autoprotección en lugar de la ira, podemos decidir no volver a ver a la persona nunca más.  El perdón no significa que justifiquemos o minimicemos el daño causado. A menudo, los/las codependientes perdonan y olvidan y continúan poniéndose en peligro. Perdonan y luego racionalizan o minimizan el abuso o la adicción a sus seres queridos.

El significado del perdón

“Retener la rabia dentro es un veneno. Te come por dentro. Creemos que el odio es un arma que ataca a la persona que nos hizo daño. Pero el odio es una espada curva. Y el daño que hacemos, nos lo hacemos a nosotros mismos “. (Mitch Albom, del libro “Las cinco personas que conoces en el cielo”).

Cuando guardamos rencor, la hostilidad puede sabotear nuestra capacidad de disfrutar del presente y nuestras relaciones futuras. La rabia permanente nos hace daño y  tiene consecuencias negativas para nuestra salud (emocional, mental y física). Aumenta la presión arterial, dificulta la digestión y crea síntomas psicosomáticos, como ansiedad, depresión y dolor.

El perdón, en general, significa soltar el resentimiento, liberándonos de los pensamientos negativos obsesivos o recurrentes. Cuando “perdonamos a nuestros enemigos”, renunciamos a cualquier deseo de venganza o que la desgracia les llegue. La empatía y la comprensión hacia nuestro/a ofensor(a) nos ayudan a perdonar. Si estamos en una relación, intentamos reconstruir la confianza y podemos establecer límites en torno a la conducta de esa persona con la que queremos continuar la relación. Aunque el pasado nos impacta, nos permite actualizar, esto es, hacer cambios constructivos y avanzar en paz.

Cuándo perdonar

Un perdón demasiado pronto puede negar la rabia que se necesita para el cambio. Si hemos sido engañadas, abusadas o victimizadas, la rabia justificada afirma nuestro respeto por nosotras mismas. Nos puede motivar para protegernos con los límites apropiados. Nos ayuda a ver la realidad y sentirnos con los recursos necesarios para afrontarla. Ayuda para dejar de permitir los abusos.

Inicialmente, nos duele. Si hemos sido traicionados o rechazados, es natural sentir dolor, como una herida física. Debemos experimentarlo y llorar sin juzgarnos a nosotros mismos. Necesitamos tiempo para sentir el dolor y la pérdida que ha sucedido y para sanar. Una vez nos sentimos seguros y hemos atravesado etapas de pérdida, puede ser más fácil perdonar.

La negación puede hacernos perdonar demasiado pronto o bloquear el perdón por completo. Nunca debemos negar, habilitar o condonar el abuso. Negar que alguien sea una adicta o una abusadora nos lleva a aceptar continuamente promesas incumplidas, evitar establecer límites o mantener una relación tóxica. Negar que un ser querido no sea el ideal que queremos o imaginamos sólo alimenta nuestra decepción y resentimiento. Aceptar que tu pareja o tus padres tienen fallas, como todas nosotras, puede abrir la puerta a la aceptación y el perdón.

Si el perdón se retiene demasiado tiempo, puede impedir completar las etapas de la pena y llevar a la amargura, el resentimiento. Muchos codependientes se sienten incómodos con sentir o mostrar enfado. Sin embargo, están invadidos por el resentimiento y reproducen guiones y eventos negativos en sus cerebros, una y otra vez, de forma obsesiva, como una vía de escape, pero que en realidad no sana, está ahí atascada la rabia. El resentimiento puede desaparecer cuando nos damos permiso para enfadarnos y permitir que fluyan sentimientos de rabia y tristeza. Puede que ni siquiera necesiten expresarse de forma directa a la persona que nos hizo daño. Para esto va muy bien el ejercicio de Gestalt de la silla vacía, donde pones de forma simbólica a la persona que te ha hecho daño y le expresas todo lo que sientes, sin filtros, con tu terapeuta como testigo y en un entorno seguro, donde la persona a la que van dirigidas las emociones no es dañada, por ejemplo, tu padre o tu madre.

Cómo perdonar

Se necesita reflexión consciente y, a menudo, meditación y trabajo terapéutico con la pena para dejar ir y perdonar. Las siguientes son algunas sugerencias:

  1. Asegúrate de trabajar en las etapas del duelo. Una terapeuta te puede ayudar con esto.
  2. Ten en cuenta que el perdón te alivia del dolor. Es una medicina para ti.
  3. Piensa en las formas en las que el resentimiento te retiene negativamente y afecta a tu vida.
  4. No eres responsable del comportamiento de la otra persona, pero sí del tuyo propio. Considera tu contribución a la situación. Quizás no comunicaste tus expectativas o límites o no le comunicabas el daño que te hacía con ciertos comportamientos o actitudes. En las familias narcisistas/disfuncionales, la culpa es como una patata caliente que los miembros se pasan constantemente los unos a los otros. Nadie se responsabiliza de nada. Por eso, hay muchos adultos que, como han crecido en este tipo de familias, la responsabilidad es un concepto que les es desconocido, tanto hacia sí mismos como hacia los demás.
  5. Desarrolla tu compasión, tanto hacia ti mismo como hacia la persona que te hizo daño. La compasión es distinta de la pena, no se trata de verte a ti y a esa persona como “pobrecitos” sino de tener una mirada menos crítica, rígida y enjuiciante. Al final, todos hacemos lo que podemos teniendo en cuenta los recursos de todo tipo con los que contamos en cada momento.
  6. Únete a un grupo de Doce Pasos. Cuenta tu historia y escucha la de otras personas. Que te validen en lugar de negarte o mentirte (lo que hacía tu familia) te ayudará a perdonar. 

Auto-perdón

Debemos perdonarnos a nosotras mismas antes de estar listas para perdonar a otras personas. A menudo culpamos a los demás cuando nos sentimos culpables. Podemos aferrarnos al resentimiento para evitar aceptar la responsabilidad de nuestras acciones o para evitar sentirnos culpables. Aunque es importante reflexionar y asumir la responsabilidad de nuestra contribución al problema, debemos perdonarnos a nosotras mismas por cualquier comportamiento o acción, por muy doloroso que sea. Piensa que mientras continúes sintiéndote culpable, seguirás a su vez echando la culpa a los demás de tu situación.

Tú no tienes la culpa de lo que te pasó. No es tu culpa que te maltrataran y/o, abusaran y/o te negaran tus padres narcisistas. Tampoco es culpa de ellos, a su vez son víctimas de sus padres o cuidadores, que les hicieron lo mismo. Ellos lo repitieron de forma inconsciente. Te culpaban por lo que te hacían para poder justificarlo porque en verdad es una aberración hacer daño a un niño que sólo quiere que le quieran. No eres culpable de nada de eso. De lo que sí eres responsable hoy en día, como el adulto que eres, es de estar bien, quererte, cuidarte, darte la vida de bienestar que tus padres narcisistas no te pudieron dar.

La reconciliación

La reconciliación puede o no seguir al perdón. Si fuimos heridos por alguien cercano a nosotros y deseamos mantener la relación, entonces la reconciliación podría requerir que ambas personas asuman la responsabilidad de sus acciones y que no repitan su comportamiento. Recuerda que tiene que haber una coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, tanto por tu parte como por la de la otra persona. Es decir, no vale “no te volveré a gritar nunca más” y a a la semana volver a estar a gritos.

En algunos casos, es mejor reconocer claramente y creer que la persona que nos importa no cambiará, que su comportamiento refleja su niño interior herido. Dejar ir las expectativas de que actúan de manera diferente puede preparar el escenario para la aceptación de la realidad. Podemos decidir continuar la relación en términos menos íntimos o con diferentes límites que nos protejan.  Por ejemplo, puedes optar por pasar tiempo con una adicta sólo cuando, o con la condición de que esté sobria, o ver a una persona abusiva en un lugar seguro, para visitas cortas, y / o con una tercera persona presente.

La otra persona puede no estar dispuesta a asumir la responsabilidad de su comportamiento o perdonarnos la nuestra, pero el perdón es para nuestro beneficio, no tiene que ser bilateral. Recuerda que el perdón aumenta nuestra integridad y tranquilidad. Sana las grietas en nuestro corazón.

Una última cosa, recuerda que el perdón no es un tema de blanco/negro sino más bien un proceso en el que a veces irás hacia adelante y otras hacia atrás. Se trata de un gris en el que quizás no consigas perdonar del todo pero sí mucho como para alcanzar mucha paz. No es tampoco un proceso psicológico sino emocional, no te obligues a él. Llegará cuando tenga que llegar si das los pasos necesarios para alcanzarlo.

Fuente: https://www.whatiscodependency.com

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6 Pasos para Salir de una Relación Tóxica

Los apegos emocionales muy fuertes se desarrollan a partir de dos características específicas de las relaciones abusivas: la necesidad de control de una de las personas a la otra y el tratamiento intermitente bueno-malo.

Si te encuentras atrapado/atrapada en una relación tóxica y no sabes qué hacer, los siguientes pasos prácticos te ayudarán a separarte de un vínculo traumático.

      1. Comprométete a vivir en la realidad a toda costa. Haz un compromiso contigo mismo/misma para no engañarte y pensar que tu relación por arte de magia mejorará y se volverá saludable. Para vivir una vida sana, debes ser honesto/honesta contigo acerca de cuánto de compulsivas y obsesivas son tus conductas con respecto a la relación, y cómo de abusiva es en realidad la persona tóxica. Dite a ti misma/mismo: “Estoy comprometido/comprometida a vivir en la verdad”.
      2. Sé amable y compasiva contigo misma. No puedes curarte sin tener una voz interior compasiva y alentar el diálogo interno. No necesita más abusos en tu vida, por parte de otras personas o de ti misma. Comprométete a cuidar de ti misma.
      3. Haz una lista de todas las conductas autodestructivas específicas que repites una y otra vez, que son patrones poco saludables en tu vida, y comprométete a abstenerte de estas conductas. Algunas de estas conductas pueden ser:
        • No quererte o querer más a la otra persona que a ti misma
        • Abandonarte para salvar a la otra persona
        • Justificar, excusar o minimizar cualquier abuso de esa persona hacia ti
        • Creer que si consigues que la otra persona cambie, serás feliz
        • Olvidarte de tus necesidades, tus deseos, tus proyectos o tus sueños y priorizar los de la otra persona
        • Creer que sin la otra persona “no eres nada”
        • Permitir que la otra persona te trate mal, te insulte, te pegue, te empuje, te llame nombres.
        • Permitir que la otra persona te deje de hablar por completo durante días o semanas considerándolo un comportamiento “aceptable”
      4. Escribe una autobiografía sobre tu relación tóxica. Escribe en tercera persona sobre ti mismo: “Pablo quería mucho a su novia. A veces lo trataba mal, lo hacía de menos o lo insultaba. Él lo pasaba mal pero aguantaba porque pensaba que eso era el amor, “aguantar”. A veces pensaba en dejarla pero al final no lo hacía porque le daba mucho miedo encontrarse solo. Lee tu historia en voz alta a alguien en quien confíes para que la valide, un amigo o tu un terapeuta.
      5.  Haz una lista de los comportamientos que ahora los conviertes en un límite que ya no practicarás o que ya no te dejarás hacer. Ejemplos de estos comportamientos pueden ser:
        • Faltar al respeto o que te falten a él durante una discusión
        • Disculpar frases hirientes, motes, insultos o amenazas
        • Permitir que te digan constantemente lo que tienes que hacer, cómo tienes que pensar o lo que te tienes que poner para vestirte
        • Que no respeten tus gustos, tu criterio sobre algo o tu opinión
        • Que te hagan sentir incompetente, incapaz, defectuoso o tonta
        • Que controlen todo lo que hagas
        • Buscar una validación constante en la otra persona
        • Obsesionarte con la relación
        • Abandonarte a ti para salvar a la otra persona
      6. Hazte algunas preguntas:

        ¿Es la persona con la que estoy “honorable”? O, ¿es él / ella una “situación imposible”?

        ¿Qué tipo de comportamientos quiero en una relación?

        ¿De qué maneras estoy devaluado en esta relación, por la otra persona y por mí mismo?

        ¿Cuándo reacciono demasiado y cuándo reacciono de manera muy negativa en esta relación?

        ¿Para qué permito ciertos comportamientos por parte de la otra persona?

        ¿La relación tiene una trayectoria lineal o es más bien como un bucle?

        ¿Hay una coherencia entre lo que dice y lo que hace la otra persona? ¿Y en mí?

        ¿Cómo me siento físicamente cuando tengo cerca esa persona? ¿Estoy relajada o en tensión?

        ¿Soy yo misma cuando estoy con esa persona o más bien actúo como si estuviese “pisando huevos” todo el tiempo?

      7. Deja de intentar tener la “charla” o escribir una carta o mensajes a la persona que abusa que comprenda tu punto de vista y finalmente se resuelva el “problema”. El “problema” es en realidad toda la relación. La otra persona no va a cambiar, la primera fase de idealización era una fantasía. La promesa de un cambio, que esa persona sabe que no va a hacer, es lo que te mantiene enganchado. Tu necesidad de “arreglar”, “ayudar” y/o “salvar” a esa persona es tóxico para ti y lo que te conviene es soltarla y aceptar.

      Los vínculos basados en el trauma son muy potentes. Tienen de fondo a un niño cuya necesidad de amor incondicional no sólo no fue cubierta sino que también fue abandonado, rechazado y/o abusado y/o negado y/o maltratado por su padre/madre narcisista/disfuncional. Ese niño sigue proyectando a sus padres en parejas que se parecen a ellos y que los tratan igual de mal. Esta necesidad de infancia no cubierta lleva a una repetición-compulsión en una relación tras otra.

      Ahora la buena noticia. Esto lo puedes cambiar. Encontrar relaciones de apoyo y sanas es la base de la recuperación. En términos de neurociencia, la sanación implica cambiar la forma en que  nuestros cerebros hacen conexiones. Si bien nuestros viejos hábitos existen en una “autopista” neuronal de conductas profundamente arraigadas y habituales, nuestros nuevos comportamientos serán difíciles de adquirir y requerirán de mucha práctica porque estamos forjando nuevas “carreteras”, nuevas vías neuronales en nuestro cerebro. Se trata de reeducar al cerebro, que ya va en automático con el abuso, para que reaprenda qué es el amor, qué es un vínculo sano, quién es un lugar seguro, e identifique dónde está el peligro.

      Asegúrate de encontrar otras relaciones saludables para empezar a cambiar.

      Únete a un grupo terapéutico y/o busca una terapeuta en quien puedas confiar.

      El primer paso es el más difícil, de ahí en adelante sólo irás a mejor.

      Fuente: https://pro.psychcentral.com

La Impotencia.

Qué es la Impotencia

Piensa en una estación o un aeropuerto. Cuando un tren o un avión se cancela inesperadamente, a menudo produce reacciones extremas en los pasajeros: ¿por qué? Es porque no tienen poder sobre su situación y lo saben. No hay absolutamente nada que puedan hacer. No tienen otra forma de llegar a su destino, están en manos de otros/otras y no tienen control sobre su situación actual. Están impotentes.

Ser abusado/abusada emocional, psicológica, física y/o sexualmente es experimentar un acto de impotencia – y debido a la impotencia a menudo el niño/la niña se separa de la situación enterrando el abuso en la negación y la disociación.

Las familias disfuncionales en las que crecen los niños/las niñas abusados/abusadas suelen ser temerosas, controladoras y emocionalmente descuidadas. El niño/la niña está en una posición en la no tiene poder, fuerza, control ni esperanza. Esto establece las condiciones para que el abuso se repita no sólo fuera de la familia sino también cuando esos niños/esas niñas se hacen adultos.

 El daño que causa la impotencia

Los niños/las niñas que son abusados/abusadas sufren la impotencia de tres formas principales durante el abuso:

  • No pueden hablar sobre el abuso y que se les comprenda
  • No pueden abandonar la situación familiar abusiva
  • Tienen un dolor espantoso y no pueden aliviarse de su dolor interno

Esto causa mucho daño interno y conduce a una dificultad extrema para confiar en las relaciones como adulto.

Las víctimas de abuso en sus familias disfuncionales, de adultos tratan de lidiar con el dolor interno de la situación de impotencia que experimentaron cuando eran niños a través del control en sus relaciones con las demás personas.

Buscando controlar

La experiencia de impotencia puede llevar a un miedo extremo a ser vulnerable o a sufrir mucho daño de nuevo, con lo que los adultos de familias disfuncionales que sufrieron abuso psicológico y/o emocional y/o físico y/o sexual en su infancia, intentan controlar mediante los siguientes patrones de comportamiento:

  • Controlar las relaciones: ser muy difícil para entablar una relación con otro/otra y, en el caso de hacerlo, entrar en patrones de sumisión/dominación.
  • Rituales obsesivos-compulsivos, como una tendencia al perfeccionismo, adicción al trabajo, actos de repetición de determinadas acciones, como cerrar una puerta o encender y apagar una luz.
  • Adicción al alcohol, las compras, el sexo, el deporte, la comida,..
  • Codependencia: adicción a ayudar a otra(s) persona(s) que a su vez son adictas a algo.

Mediante todos estos patrones de comportamiento lo que pretenden los adultos es controlar sus sentimientos internos con situaciones externas

 Permanecer en el rol de la víctima

La impotencia a menudo resulta en no poder hacerse cargo de la vida, responsabilizarse de uno mismo/una misma de una forma adulta.

La falta de límites que no les permitieron poner en su infancia con sus familias disfuncionales, les lleva a convertirse inconscientemente en víctimas en su vida adulta. Aceptan tratamientos por parte de otros/otras que las personas sanas no toleran.

Esto lo hacen (inconscientemente) para:

  • Permanecer como víctimas y repetir patrones abusivos / destructivos una y otra vez
  • Quedarse como niños/niñas emocionalmente en las relaciones, lo que se denomina como niño adulto/niña adulta
  • Atracción hacia personas controladoras en sus relaciones
  • No ser capaz de tener el control o poder personal en las relaciones con los demás o en la vida en general.

 Sin confianza en uno mismo/una misma

Junto con la falta de límites, la impotencia y la indefensión, a menudo resulta que el niño/la niña interioriza los sentimientos negativos y esté lleno/llena de dudas e incluso de odi hacia sí mismo/misma, y como adultos experimentan  na enorme falta de confianza en sí mismos/mismas.

Esto se manifiesta de las siguientes maneras:

  • No saben confiar en sus propios instintos
  • Dejan la puerta abierta para que el abuso se repita en sus relaciones como adultos.
  • Repetición de relaciones dañinas
  • Refuerzo del auto odio – “Hay algo que está mal en mí”
  • Cuando experimentan el abuso lo aceptan como algo normal y “que se merecen”.

Vacío Emocional

Uno de los efectos de estar continuamente en un lugar de miedo e impotencia es que al final estas personas se insensibilizan a sí mismas para no sentir. Esto lleva a un adormecimiento gradual en el interior: un autoabandono hacia la vida y las otras personas. El dolor se amortigua y en su lugar hay un vacío emocional.

Esto puede resultar en:

  • Negación: pretender que el abuso no está sucediendo o que no ha sucedido.
  • Disociación: no estar presentes para no vivir lo que está pasando.
  • Adormecimiento del interior: renuncian a involucrarse en las relaciones de una forma profunda.
  • Pensamiento mágico: fantasear con personas, situaciones, otras vidas para escaparse de la real.

Viviendo con miedo

Cuando el miedo es indeterminado, puede manifestarse como ansiedad, fobias, ataques de pánico, pesadillas, terror.

Los niños/niñas objeto de abuso por sus familias disfuncionales a menudo desarrollan Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo donde se sienten emocionalmente atrapados/atrapadas en la situación y no pueden salir de ella, repitiendo inconscientemente cómo se sintieron en su infancia.

Hablar de sus experiencias con un(a) terapeuta y enraizarlas en el pasado ayudará a sentir menos miedo y a vivir con confianza en el presente.

Identificar la Impotencia

El primer paso para abandonar la impotencia en tu vida es hacer conscientes los patrones de conducta que te llevan a ella.

Aquí tienes unas preguntas para ayudarte a identificar los pensamientos/conductas que te llevan a sentirte impotente:

  • ¿Qué tipo de elecciones haces cuando te sientes impotente?
  • ¿Puedes pensar en alguna forma con la que intentas controlar tu vida o tus relaciones?
  • ¿Siente que se retiras de las relaciones por temor a que la otra persona te domine?
  • ¿Te has encontrado en situaciones en las que has sentido que “algo va mal” pero te sientes incapaz de enfrentar la situación?
  • ¿Le resulta difícil confiar en tus propias percepciones sobre las situaciones?
  • Cuando sientes dolor, ¿utilizas de forma inconsciente algún mecanismo para no sentir, como por ejemplo, la disociación, la desensibilización o la negación?
  • ¿Cómo podrías construir límites más sanos en tus relaciones con los demás?

Límites y Re-empoderamiento

Una forma muy importante de obtener una sensación saludable de poder es poner límites.

La impotencia conduce a que las víctimas no puedan establecer límites apropiados en sus vidas.

Los/las supervivientes de familias disfuncionales/narcisistas no se les permitía poner limites al abuso al que les sometían sus padres, por eso encuentran muchas dificultades para hacerlo de adultos. Con terapia y un poco de práctica es posible cambiar esto.

El primer paso es reconocer dónde están tus límites. Evalúa tus relaciones: ¿la gente respeta tus opiniones y deseos o lo que haces es complacer las demandas y los deseos de los demás la mayor parte del tiempo?

Por otro lado, ¿cuánto escuchas los pensamientos y sentimientos de los demás? ¿Y los tuyos propios?

La manera de dejar la impotencia atrás es mirar tus patrones de relación e intentar enraizar tus miedos en el pasado y ver cómo te afectan en la actualidad. Esos miedos estaban en tu infancia y los repites de forma inconsciente pero ya no tienes porqué hacerlo.

Cuando sientas miedo las primeras veces que pongas límites, no lo resistas, acompáñalo, déjatelo sentir. Poco a poco, verás cómo ese miedo cada vez se hace más pequeño. Tienes derecho a poner límites en tus relaciones con los demás y eres libre para ejercitarlo cuando quieras.

Fuente: http://www.intothelight.org.uk

El rol del/la Salvador(a) y cómo salir de él

Creencia y actitud: “Me siento seguro/segura y bien conmigo mismo/misma cuando ayudo a otras personas”

Características de un(a) Salvador(a)

  • Los/las codependientes que asumen el rol de salvadores/salvadoras suelen haber crecido en familias donde sus necesidades no fueron satisfechas. En su infancia recurrieron a cuidar a los demás para compensar el amor y la atención que no estaban recibiendo. Tienden a ser habilitadoras. Son demasiado protectores y pasan su tiempo ofreciendo ayuda y rescatando a otros de sus problemas.
  • Los salvadores/salvadoras obtienen una gran satisfacción al identificarse con su rol de cuidador(a). Por lo general, se sienten orgullosos de lo “ayudantes” y “arregladores/arregladoras” que son. Creen en su bondad y se ven a sí mismos como gente digna y piadosa. Sin embargo, debajo de estas acciones altruistas, las salvadoras/salvadores esperan que al cuidar y rescatar a los demás, la otra persona corresponda algún día. El salvador/la salvadora alberga esta expectativa a pesar de la experiencia de primera mano que dice lo contrario, es decir, que la persona que es rescatada no reconoce la asistencia, toma que la rescaten como su derecho o resiente al salvador/salvadora por interferir. La verdad es que las personas necesitadas rara vez pueden ayudar a otra. ¿Cómo pueden hacerlo cuando tienen dificultad para ayudarse a sí mismas? A menudo, el salvador/salvadora se siente decepcionado y deprimida, cayendo fácilmente en el rol de la víctima. Sus esfuerzos poco apreciados conducen a la profecía auto-cumplida sobre cómo la vida es injusta y cómo la gente siempre te defrauda: las suposiciones predeterminadas que los/las mantienen en su codependencia.
  • Sentirse usado/usada, a merced de, traicionada/traicionado y sin esperanza son los sentimientos característicos de un(a) salvador(a). Acaban diciendo: “después de todo lo que he hecho por ti, este es el agradecimiento que recibo”; o “no importa cuánto haga por ti, nunca es suficiente”; o, “¿por qué me tratas tan mal cuando te he ayudado tanto?” El mayor temor de un(a) salvador(a) es que terminarán solos/sola. Creen que su valor en la vida depende por completo de lo que hacen por los demás.
  • Es una parte natural de la vida y el crecimiento que una persona asuma las consecuencias de sus acciones. Pero al correr siempre para arreglar situaciones y sacar a otros/otras de los problemas en los que se metieron, los/las salvadores/salvadoras cortocircuitan este saludable mecanismo de aprendizaje. Cuanto más salvan, menos responsabilidad toman las personas a las que rescatan. Y así, cuanta menos responsabilidad asumen las personas salvadas, más necesitan ser que se les salve. Entonces se forma un bucle, círculo vicioso en la relación, lo que hace que la dinámica entre las dos personas sea tóxica y disfuncional.
  • Hay una clara diferencia entre ser una persona cuidadora y salvar. Las personas que realmente quieren ayudar a otras lo hacen sin ninguna expectativa de recibir algo a cambio. Otorgan poder a los demás para que tomen responsabilidad y se ayuden a sí mismos/mismas, en lugar de quitarles el poder al asumir la responsabilidad sobre sus asuntos. Las personas a quienes les gusta ayudar a otros/otras, creen que todos/todas tienen el derecho de cometer errores y aprender de las consecuencias que tienen, aunque a veces sea difícil. Si ayudan, lo hacen sobre la base de que todas las personas tienen el derecho de asumir la responsabilidad de sus acciones y cometer sus propios errores y aprender de ellos. Los/las ayudantes desinteresados/desinteresadas no ofrecen ayuda por motivos ocultos. No esperan secretamente obtener reconocimiento, aprecio y amor o construir su autoestima como resultado de su acción.

Algunos rasgos de una persona que adopta el rol de salvador(a) son:

o Utiliza al salvación y la ayuda para conectar con otros/otras o sentirse importante.

o Necesita controlar a los demás para evitar sus propios sentimientos y problemas.

o Tiene una actitud “más santa/santo que tú” / “superior por ser útil”

o Tiene un sentido de derecho como resultado de ser “bueno/buena y servicial”.

o Tiene un falso sentido de superioridad sobre los demás.

o Siente culpa o vergüenza cuando no ayuda.

Herramientas de recuperación para un(a) salvador(a) hacia la autenticidad y las relaciones más saludables

1. Haz de tu vida una prioridad y toma la responsabilidad de tu propio bienestar y felicidad primero.

2. Verifica tu motivación antes de saltar para ayudar a los demás. Asegúrate de que el motivo subyacente no sea sentirte bien y elevar tu autoestima.

3. Renuncia a la necesidad de sentirte superior porque eres el chico bueno/la chica buena que siempre ayuda a los demás

4. Deja de comportarte como si supieras qué es mejor para los demás. Recuerda que esto tiene que ver más con tu propia autoestima y problemas de control que con querer ser útil.

5. Encuentra y aplica herramientas de recuperación que te ayuden a manejar tus propios temas en lugar de enfocarte en lo que está “mal” en los demás.

6.  Establece límites para resolver los problemas de otras personas y pon toda tu energía en resolver los tuyos primero.

7. Aprende a reconocer los factores desencadenantes que te llevan a asumir el rol de salvador(a).

8. No permitas que las manipulaciones de otras personas, ya sea basadas en el amor o la culpa, te llevan a ayudar a alguien, a menos que esto sea algo que realmente quieres hacer.

9. Ayudar a otros en función de motivos codependientes casi siempre lleva a resentimiento en ambos lados. No sabotees tu recuperación racionalizando y justificando tu comportamiento habilitante.

10. Deja de sentir pena por otras personas y brindarles consejos, dinero o apoyo. Dales a los demás el respeto que merecen y permíteles asumir la responsabilidad de sus propias vidas y sus problemas.

11. Procesa tu rabia y resentimiento por haber tenido una infancia disfuncional o abusiva y reconoce el impacto que la experiencia ha tenido en tu comportamiento como adulto. Tú tienes el poder de elegir si quieres continuar viviendo tu vida como salvador(a) o escoger otra opción de vida para ti. Escoges tú, el adulto. Al niño/la niña interior lo puedes sacar en muchos otros momentos, no tienes que esclavizarlo más, como le ocurrió en su infancia, para estar siempre mirando por otras personas en lugar de ocuparse de sí mismo/misma.

12. Ese “piloto en automático” de infancia que tienes hace que creas que tienes el deber (no la voluntad) de ayudar a otras personas y de anteponer sus necesidades a las tuyas. No es así. Aprende a reconocer cuándo los sentimientos de tu infancia te incitan a rescatar a otros/otras. Recuérdate a ti mismo que ya no eres un(s) niño/niña, sino que eres un adulto que tiene derechos y opciones sobre su vida en general y sobre a quién ayudar o no en particular.

13. Trabaja tus 12 pasos de codependencia diariamente. Los nuevos comportamientos requieren tiempo y práctica, y los pasos proporcionan las herramientas que fomentan la autoestima y las relaciones saludables.

Fuente: http://hamrah.co

Diferencias entre un(a) Cuidador(a) (en el sentido tradicional) y un(a) Codependiente

La muleta de ayudar a los demás

Cuando una persona es codependiente, se define a sí misma a través de la ayuda que le dan a la otra parte en la relación. El cuidado que brindan es lo que les da significado de su vida. Dependen de la otra persona y su papel como cuidador(a), a forma de muleta sobre la cual se basa su existencia.

Un(a) cuidador(a) hace una elección consciente cuando ayuda a alguien. No necesitan ayudar a otros/otras, pero lo hacen porque quieren lo ven como lo correcto. Estas personas pueden describirse como afectuosas, pero no permiten que esto se convierta en su razón de ser.

La necesidad de sentir que te necesitan

Los/las codependientes ponen mucho énfasis en ayudar a otra persona porque tienen un deseo insaciable de sentirse necesitados/necesitadas. A menudo confunden la dependencia de la otra persona con una relación amorosa y comprometida.

No les importa si la responsabilidad en relación es totalmente unilateral o si se basa en ciclos de angustia y salvación, lo ven como un vínculo sano e íntimo.

Cuando un(a) cuidador(a) forma una relación, les guste sentirse amados y queridas por lo que son, pero también respetan la autonomía de la otra persona. Creen que hay muchos beneficios al compartir una vida con alguien pero son completamente capaces de vivir sin una relación.

Falta de límites

Las personas propensas a un comportamiento codependiente no tienen claros los límites entre ellos mismos/ellas mismas y la otra persona. En su concepción de las cosas, ellos/ellas y la otra persona forman un ente indisoluble, como si la otra persona fuese sus brazos o sus piernas.

El resultado tóxico de esto es que no saben distinguir entre lo que es suyo y lo que no lo es. Permiten que los sentimientos de la otra persona dicten los suyos propios. Renuncian a tener pensamientos y criterios propios, se amoldan al otro/la otra por completo.

Los cuidadores/las cuidadoras distinguen perfectamente entre ellos/las y los demás. Son capaces de establecer límites personales claros y firmes y conservar su carácter y pensamientos propios. Pueden ser influenciados/influenciadas por terceras personas, pero nunca dejan que su sentido del yo se confunda con el otro/la otra.

Actuando en tu mejor interés

A los/las codependientes les gusta pensar que están ayudando a otra persona, salvándola, pero a menudo sucede que simplemente están permitiendo la continuación de conductas no deseadas.

Ya sea para mantener a alguien con una salud física o mental deficiente, promover su bajo rendimiento o apoyar su adicción, los/las codependientes no necesariamente actúan en el mejor interés de la otra persona. De hecho, están haciendo lo correcto para ellos/ellas manteniendo la relación y, por lo tanto, el significado que le dan.

Los cuidadores/las cuidadoras adoptan un enfoque diferente porque son más capaces y están más dispuestos/dispuestas a ver los problemas que enfrenta la otra parte. No tienen una intención inconsciente de perpetuar los problemas de la otra persona sino el propósito verdadero de ayudarla para que supere algo o solucione algún problema.

Poniendo a la otra persona primero

Los/las codependientes tienden a anteponer las necesidades de la otra persona a las suyas propias. Sacrificarán su disfrute, su tiempo e incluso su bienestar si eso significa que pueden proporcionar satisfacción. Darán y darán siempre y cuando no obliguen a sacrificar la relación en su totalidad.

Un(a) cuidador(a) estará dispuesto/dispuesta a hacer algunos sacrificios para ayudar a la otra persona, pero habrá límites a lo que harán. Valoran sus propias necesidades y no las dejan de lado por completo.

Lidiar con el rechazo

Cuando a alguien con una personalidad codependiente se le rechaza su oferta de ayuda, o cuando no recibe un reconocimiento, siente una gran cantidad de dolor emocional.

Esto se remonta a su necesidad de sentirse necesitados/necesitadas por los demás. Sin la apreciación de los demás, se sienten inútiles y perdidos porque es lo que realmente les trae paz.

Un(a) cuidador(a) no estará tan disgustado/disgustada si sus esfuerzos pasan desapercibidos. Pueden estar agradecidos/agradecidas por cualquier agradecimiento que se les presente, pero principalmente se deben a su deseo de hacer el bien.

Obsesión

La base de la vida de un codependiente es su relación con otra persona y esto lleva a un nivel de interés poco saludable. Llegan a un punto en el que casi todos los pensamientos del día involucran a la otra parte.

Se preguntan qué están pensando, cómo se sienten, mientras intentan prever todos sus deseos y necesidades. Son tan emocionalmente dependientes y se vuelven tan ansiosos/ansiosas por perder a la otra persona, que se obsesionan.

Un(a) cuidador puede experimentar cierta ansiedad e inseguridad, pero esto es perfectamente normal, mientras que sea algo esporádico. Suelen comunicar estos sentimientos a su pareja, lo que ayuda a resolver el problema antes de que pueda crecer en sus cabezas.

La incapacidad de liberarse

Incluso si una relación llega a un punto en el que ambas partes son infelices, un(a) codependiente tendrá dificultades para terminar las cosas debido a la abrumadora culpa que sienten. Además, a menos que puedan reemplazar rápidamente a la otra parte con un(a) nuevo/nueva dependiente, se verán obligados/obligadas a estar solos/solas un tiempo, lo que para ellos/ellas es algo muy difícil de hacer.

Un(a) cuidadora sabe que, incluso si resulta en una gran cantidad de dolor temporal, a veces es mejor ir por caminos separados cuando una relación ya no da más de sí. No tienen miedo a estar solos/solas y no necesitan estar en una relación para darle sentido a sus vidas.

La recompensa de habilitar

Un(a) codependiente es recompensado/recompensada por su comportamiento habilitante con una relación estable que proporciona significado y propósito a su vida. Sus razones para ser cuidador(a) son principalmente de naturaleza egoísta, encerrar a otra persona en la esclavitud de necesitarles, incluso si no es lo mejor para ellos/ellas. Esto ocurre muchas veces de forma inconsciente, ya que el/la codependiente es muy posible que no entienda esto hasta que empiece a hacer terapia.

Una persona genuinamente cuidadora puede sentirse bien cuando ayuda a otros/otras pero brindarían igualmente la ayuda si en lugar de sentirse bien les hiciera sufrir un poco. Muestran un verdadero altruismo y sólo buscan promover el bienestar de la otra persona.

Fuente: https://www.aconsciousrethink.com

La Posición de “la Víctima” (y Cómo Salir de Ella)

Muchas/muchos de las/los Supervivientes de Familias Disfuncionales fueron víctimas de los abusos de su familia de origen durante años en la infancia y como adultos siguen repitiendo esta postura frente a los demás de forma inconsciente. ¿Te ves reconocida/reconocida en esta descripción? 

Creencia y Actitud

“Me siento seguro/segura y bien conmigo misma/mismo cuando soy sumiso/sumisa y hago lo que me dicen los demás”

Lo que Piensan las Víctimas de Sí Mismas

  • Las personas que han adoptan el rol de víctimas generalmente creen que están intrínsecamente dañadas, que son defectuosas e incapaces de lidiar con la vida. Proyectan una actitud de ser débil, frágil o carente de inteligencia. Su actitud puede resumirse así: “No puedo hacerlo solo/sola”. Su mayor temor es tener que lidiar con la vida por sí mismas/mismos, en lugar de depender de la ayuda de otros/otras para cuidarlas. Están convencidas de que son personas inadecuadas, frágiles, impotentes o defectuosas que necesitan que otros/otras los/las rescaten. Se niegan a sí mismas que tienen el poder y el potencial para resolver sus propios problemas. Esperan que los demás se ocupen de ellos. La ironía es que la mayoría de las personas que desempeñan el papel de víctimas terminan resintiendo a las personas que intentan ayudarlas. La persona que la “arregla” o “rescata” le recuerda a la víctima su sentido de inutilidad e inadecuación.
  • Al final, las personas que desempeñan el papel de víctimas en la vida se cansan de ser tratadas “menos que”. Lo que sucede entonces es que comienzan a encontrar formas de sentirse iguales mediante alguna forma de “vengarse”, lo que generalmente significa encontrar fallos en los esfuerzos de quienes intentan ayudarlos. Un escenario típico puede ser que un(a) rescatador(a) haya ofrecido ayudar a una víctima, pero la víctima rechaza cualquier solución que el/la rescatador(a) le ofrezca como inadecuada o impracticable. Comentarios como “sí, pero eso no funcionará porque …” o “tu sugerencia podría ayudar a otros, pero en realidad no comprende mi problema”. La víctima está decidida a demostrar que su problema es irresoluble, invalidando con ello al/la rescatador(a), haciéndole sentirse tan impotente como se sienten ellos/ellas.
  • Convencidas de su incompetencia intrínseca, las personas que han adoptado el papel de víctimas en la vida a menudo recurren a algún tipo de adicción para sentirse adecuadas y sentirse bien consigo mismas. Las drogas, el alcohol, la comida, el juego o las compras son algunas de las adicciones a las que recurren las víctimas como medio de escape y para lidiar con la vida. 

Características de las Víctimas

  • Tienen baja autoestima y una sensación de ser indignos/indignas y “menos que” los demás.
  • Creen que si son sumisos/sumisas, serán bien tratados/tratadas y escaparán de los abusos.
  • Creen que las necesidades y deseos de otras personas tienen prioridad sobre los suyos propios.
  • Tienen la actitud de que la vida es “un valle de lágrimas”, algo que se debe sufrir y soportar.
  • No se dan cuenta de que tienen el poder de elegir asumir la responsabilidad de una vida de mejor calidad.
  • Se mueven entre la lástima a sí mismos/mismas y el comportamiento pasivo- agresivo. Culpan a los demás de su estado de ánimo y su calidad de vida.
  • No saben cómo hacerse responsables de sus propios sentimientos, pensamientos y acciones.
  • Son Incapaces de defenderse a sí mismos/mismas y evitan los conflictos siendo complacientes.
  • Hacen frente a las amenazas cediendo, para sentirse seguros/seguras y no puede ser asertivos/asertivas cuando otros/otras actúan de manera inapropiada.
  • Pueden ser demasiado sensibles, difusos/difusas e incapaces de tomar decisiones y mantenerlas.
  • Tienen mucha ansiedad, miedo y vergüenza, y se mueven en la vida desde esas emociones.
  • Se sienten atrapados/atrapadas en sus propias vidas e insatisfechos/insatisfechas con todo.

Herramientas de Recuperación para las Víctimas

  1. Eres responsable de tu propia vida, tu bienestar y tu felicidad.
  2. La postura de su víctima puede funcionar por un tiempo, pero en última instancia conduce al abuso, el resentimiento y la desigualdad en tus relaciones.
  3. Hazte consciente de que ya no eres un niño necesitado/una niña necesitada, sino un adulto que tiene valor y poder sobre sí mismo.
  4. Determina tus deseos y necesidades y exprésalas de forma asertiva lo mejor que puedas.
  5. Comprende que en cualquier situación de la vida tienes opciones y derechos.
  6. No permitas que nadie te rescate. Aunque puede ser tentador regresar a ese viejo rol porque es cómodo para ti, te quita la dignidad y tu poder personal.
  7. Sé honesto/honesta contigo mismo/misma y con los demás. Ten la valentía de decir tu verdad con claridad.
  8. Es tu responsabilidad y tú eliges sobre cómo piensas, sientes o actúas.
  9. Aprende las sensaciones y reacciones del cuerpo que indican que estás a punto de caer en el rol de víctima y sentirte impotente. Tu cuerpo te alerta cuando no eres auténtica/auténtico o no te valoras a ti mismo/misma.
  10. Desafía cualquier creencia o pensamiento que diga que eres indigna/indigno y que no puedes cuidar de ti misma/ti mismo. Pregúntate si es la voz de tu infancia, en lugar de la del adulto capaz y poderoso que eres hoy en día.
  11. Deja de culparte a ti misma/mismo o a los demás de las cosas que te pasan.
  12. Pon límites y di que no a comportamientos inaceptables y practica mantenerlos.
  13. Practica actividades que te lleven alegría y te auto-fortalezcan. Esto alimentará tu capacidad para ocuparte de tus propias necesidades.
  14. Rodéate de gente positiva y que te acepte tal y como eres y haz afirmaciones diarias de tu capacidad de poder e independencia.
  15. Procesa tus sentimientos, dolor y resentimiento por criarte en una familia disfuncional o abusiva y hazte consciente de cómo está impactando tu comportamiento hoy como adulto. Tienes el poder de elegir si deseas continuar viviendo tu vida como una víctima.
  16. Los nuevos comportamientos requieren tiempo y práctica. Ten paciencia contigo mismo/misma. Si caes en viejos comportamientos o conductas, no seas dura/duro contigo misma/misma ni te juzgues, simplemente obsérvalo. Observar y poner consciencia es el primer paso para cambiar.
  17. Reconócete a ti mismo/misma como “el salvador”/”la salvadora” que llevas esperando toda la vida. Tú te salvas a ti mismo/misma. Es así de sencillo.

Fuente: hamra.co

17 Dificultades que se encuentran los Niños Adultos/las Niñas Adultas Codependientes de Familias Disfuncionales (Y Cómo Solucionarlas)

Los Niños Adultos/las Niñas Adultas que han crecido en Familias Disfuncionales son Codependientes que se encuentran con una serie de dificultades en sus relaciones adultas.

17 Dificultades que se encuentran los Niños Adultos/las Niñas Adultas Codependientes de Familias Disfuncionales

  1. Dificultad para identificar y expresar con precisión las emociones y los sentimientos.
  2. Problemas para formar y mantener relaciones cercanas e íntimas.
  3. Propensión a tener relaciones íntimas con personas de otra familia disfuncional que tendrán problemas relacionales parecidos.
  4. Perfeccionismo, tener expectativas poco realistas de uno mismo/unas misma y de los demás, y ser demasiado duro/dura con uno mismo/una misma.
  5. Rigidez en el comportamiento y las actitudes, con una creencia arraigada de que es imposible cambiar.
  6. Tener una resistencia a la adaptación al cambio y temer asumir riesgos.
  7. Sensación de exceso de identificación o exceso de carga, sintiéndose culpable/responsable de los sentimientos de los demás.
  8. Tener una necesidad constante de aprobación o atención de los demás para sentirse bien consigo mismos/mismas.
  9. Torpeza al tomar decisiones, sentir terror por cometer errores y diferir tanto la toma de decisiones que al final son los demás los/las que toman las decisiones por ellos/ellas.
  10. Sentirse impotente e ineficaz, hagan lo que hagan nunca es lo suficientemente bueno ni está a la altura de sus propias expectativas.
  11. Sentimientos exagerados de vergüenza (lo que se llama vergüenza tóxica), culpa, inutilidad y baja autoestima.
  12. Evitar el conflicto a cualquier precio, y a menudo reprimir sus sentimientos y opiniones y guardar silencio para mantener la paz en sus relaciones con los demás.
  13. Miedo a ser abandonado/abandonada por los demás.
  14. Actuar de forma beligerante y agresiva para mantener a los demás a distancia.
  15. Tendencias de ser impaciente y controlador(a). Los/las codependientes tienen miedo de las situaciones que no son predecibles para ellos/ellas.
  16. Falta de cuidado propio debido a su absorción en las necesidades y preocupaciones de otras personas, y actuación como mártires/víctimas, viviendo para los demás en lugar de para ellos mismos/ellas mismas.
  17. Miedo la expresión de su propia rabia. Harán cualquier cosa para evitar el conflicto. Sin embargo, provocarán de forma activa o pasiva a otras personas cuando se sientan atacados/atacadas u ofendidos/ofendidas, lo cual ocurre con bastante facilidad.

¿Te ves reconocido/reconocida en estas 17 dificultades? En el post siguiente hablaremos de técnicas para mejorar esto.