Cómo Dejar de Ser una Persona Complaciente

¿Eres una Persona Complaciente?

Los síntomas incluyen pero no se limitan a:

  • Decir sí cuando realmente quieres decir no.
  • Permitir que las personas pisoteen todos tus límites sin reafirmarte a ti mismo.
  • Tener rasgos de carácter o comportamientos que no hablan a tu Yo Auténtico. Esto se traduce en que eres súper amable con todas las personas, que inviertes mucha energía en que haya una buena atmósfera a tu alrededor y que sueles priorizar las necesidades de los demás frente a las tuyas.

Esto suele terminar en que cuando ya no puedes reprimir más la rabia de lo que permites que otras personas te hagan, estallas a modo volcán y puedes llegar a terminar la relación de una forma abrupta y tajante. Estás tan cansado de ser Jekyll todo el tiempo que te conviertes en la peor versión de Hyde para dejar salir todo el vapor que hervía a fuego lento todo el tiempo.

Todos lo hemos hecho en algún momento, e incluso una cierta cantidad de complacencia hacia la gente podría ser necesaria en contextos como el lugar de trabajo. Sin embargo, complacer a las personas puede ser un hábito difícil de erradicar si ser complacientes es algo a lo que nos obligaron en la infancia para evitar conflictos.

A las personas que han crecido en familias narcisistas/disfuncionales abusivas, se les enseñó que cada vez que llevaban la contraria a las figuras de autoridad, eran castigadas sólo por ser ellas mismas. Esto hace que, inconscientemente, tengan en modo automático este “personaje complaciente” para evitar el conflicto, el rechazo o el abandono en sus relaciones personales.

Para alcanzar la recuperación después del abuso narcisista, estas personas tendrán que aprender a soltar al personaje complaciente para, poco a poco, descubrir su Verdadero Yo.

Personas Complacientes, Abuso y Autocuidado

Estas personas suelen involucrarse en amistades y relaciones que no satisfacen sus necesidades, no se alejan de las situaciones tóxicas y crean un “personaje” en lugar de su Verdadero Yo, su esencia. Estas personas creen que “yo soy así”, pero en realidad arrastran a ese personaje complaciente de infancia.

Dan mucho sin esperar apenas nada a cambio. Inconscientemente, lo que hacen es generar deuda emocional para que las otras personas las quieran y las necesiten porque no creen que tengan valor por sí mismas sino que creen que los demás las valoran por lo que hacen por ellos. En muchas ocasiones, esta situación no es sostenible a largo plazo, ya que la persona complaciente acumula rabia de la que no es consciente, suele expresar de forma pasivo-agresiva y puede llegar a un punto de no aguantar más, en el que estalla. Luego vuelve al personaje complaciente hasta “llenar su vaso” y así una y otra vez de forma cíclica.

Complacer a la gente esencialmente nos priva de la capacidad y el derecho a participar en un autocuidado personal saludable. Nos lleva a satisfacer las necesidades de los demás sin hacernos cargo de las propias.

Ser una persona complaciente es como gritar a los cuatro vientos que buscas que los demás abusen de ti y te maltraten. Por esto, las personas complacientes suelen terminar en relaciones tóxicas y abusivas, donde, en el otro extremo del espectro, están las personas con Trastorno Narcisista de la Personalidad (u otro en el grupo B del DSM), que buscan que otro se sobreadapte a ellos y normalice el abuso o el maltrato que perpetran y justifican.

Salir de este tipo de relaciones es más complejo que de cualquier otra por temas relacionados con el ciclo de abuso como el trauma bonding, el refuerzo intermitente o el gaslighting, donde la persona complaciente, de forma inconsciente, está recreando su trauma de infancia no sanado.

Parte de la sanación consiste en abandonar a ese “personaje complaciente” que te obligaron a adoptar y descubrirte a ti misma. También consiste en replantear la forma en que pensamos en complacer a los demás en lugar de complacernos a nosotros mismos. He aquí un pensamiento revolucionario: ¿qué pasaría si te dijera que tus necesidades y deseos son tan importantes como las personas a las que intentas complacer desesperadamente? ¿Qué pasaría si afirmara que toda tu existencia: tus metas, tus sueños, tus sentimientos, tus pensamientos son válidos pero como en tu infancia no te validaron tú sigues sin validarte a ti misma? ¿Tan válidos como el amigo que intentas impresionar o el padre cuya aprobación buscas?

Las Personas Complacientes y su relación con el Rechazo

Todos buscamos la aprobación a veces y muchos de nosotros tememos el rechazo si nos atrevemos a mostrar nuestro Auténtico Yo. La ironía es que al esforzarnos por evitar el rechazo, terminamos rechazándonos a nosotros mismos. El problema surge cuando esto se convierte en un hábito y nos deja vulnerables a la manipulación, la explotación y la codependencia. Cuando no estás honrando a tu Verdadero Yo, te estás privando a ti mismo de conocer tu esencia, de estar contigo y de descubrir tu verdadero destino, que sólo se abrirá ante ti cuando llegues a tu núcleo. Te pasarás la vida interpretando a un personaje para agradar a los demás. Un personaje que tuviste que construir en tu infancia para sobrevivir pero que ya puedes soltar. Sino te pasarás la vida sin descubrir quién eres realmente.

¿Recuerdas esa regla en los aviones sobre los padres que se ponen sus máscaras de oxígeno antes de ponerles la máscara de oxígeno a sus hijos? Bueno, hay una razón simple para eso: tenemos que cuidarnos a nosotros mismos antes de poder cuidar a los demás. Si agotamos nuestras propias reservas hasta el punto en que no nos quede nada, no ayudaremos a los demás en absoluto, sólo crearemos vínculos disfuncionales y relaciones tóxicas.

El primer paso para minimizar complacer a los demás es aceptar que no podemos y no debemos gustar a todo el mundo. A algunas personas les gustarás y a otras no. Y así está bien. Tú también tienes este derecho. Tú también tienes tus propias preferencias, juicios, prejuicios, sentimientos y opiniones sobre los demás. Lo contrario es pretender vivir en Disneyland, en una fantasía. No es real. No tengas miedo al rechazo. Abraza los noes de otras personas igual que tú tienes derecho a decir que no.

Trabajando tan duro para obtener la aprobación de los demás inviertes muchísima energía en algo que en el fondo es anti natural e inevitablemente te arriesgas a perderte a ti mismo. Te conviertes en un títere guiado por las necesidades y deseos de varios titiriteros. En los casos más extremos, complacer a la gente puede costarte tu salud mental y años en relaciones tóxicas como la que hay entre un(a) codependiente y un(a) narcisista.

Está en tu mano dejar de ser complaciente y empezar a descubrir tu Verdadero Yo si quieres llegar a la recuperación después del abuso narcisista. ¡Al final de ese camino la que está eres tú! 

Primeros Pasos a Dar para Dejar de Ser una Persona Complaciente

  • Haz una lista determinando cuáles son tus límites personales en los diferentes tipos de relaciones que tienes en tu vida y, si alguien los sobrepasa, comunícaselo de forma asertiva.
  • Aprende a decir que no de forma asertiva cuando no quieras, no puedas o no te apetezca hacer algo.
  • Observa con qué personas y situaciones adoptas el “personaje complaciente” de forma casi automática.
  • Comprométete a ser fiel a ti misma si dejar al “personaje complaciente” hace que algunas personas quieran romper su vínculo contigo. No les gustabas tú sino el personaje, por lo que es mejor que se vayan.
  • Permítete comportamientos como estar más callado cuando estás cansado, no tener buena cara todo el tiempo, no alabar a los demás a cada paso o no hacer esfuerzos por quedar bien en cualquier contexto.
  • No tener una sonrisa de oreja a oreja para todo el mundo menos para ti puede ser un buen primer paso. Permítete estar seria. ¡Eres humana!

En mi opinión, la mayoría de las personas complacientes son codependientes. En este blog dispones de más información sobre la codependencia. Si quieres alcanzar la recuperación después del abuso narcisista, una buena manera de empezar es entender porqué y cómo encajas tú con una persona narcisista.

Fuente: https://selfcarehaven.wordpress.com

 

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Guía de 4 Pasos para Dejar de ser Codependiente

La Codependencia y la Adicción

Si quieres dejar de ser codependiente, lo primero que tienes que saber es que la codependencia supone ser adicta a una relación con una persona que, a su vez, tiene una adicción a una sustancia o actividad. Las codependientes tienen un muy bajo concepto de sí mismas, no reconocen sus necesidades, derechos ni sentimientos y no se sienten en general bien ni completas si no están en una relación con alguien a quien quieren “arreglar”, “ayudar”, “salvar” o “cambiar”. Esto es en realidad una proyección de sí mismas. Ellas son las que necesitan ayuda por sentirse tan vacías y dependientes pero lo proyectan fuera para no tener que lidiar con ello.

La codependencia subyace en todas las adicciones. Los codependientes que no son adictos a las relaciones disfuncionales, lo son a una sustancia o una actividad, como el juego, las compras o el sexo. En lugar de tener una relación sana contigo mismo, haces que algo o alguien más sea más importante. Con el tiempo, tus pensamientos, sentimientos y acciones giran en torno a esa otra persona, sustancia o actividad, y cada vez más abandonas la relación contigo mismo.

Por debajo de una adicción ya sea a alguien o a algo, lo que hay es una sensación de malestar con uno mismo y vergüenza tóxica. Una persona que tiene vergüenza tóxica se siente defectuosa como ser humano, tiene la creencia de que “hay algo que está mal en ella”, sin saber exactamente qué es y que hace que esconda su Verdadero Yo. Utiliza la adicción como un regulador emocional, que le hace sentirse mejor de forma temporal. La adicción en realidad le distrae de sentimientos incómodos y dolorosos con los que no quiere/puede lidiar. La adicción, obviamente, no es la solución, sólo es un parche que aísla a la persona y la hace convertirse en una “máquina” a través de la obsesión-compulsión. Es un bucle.

La vergüenza sana es necesaria porque nos muestra nuestros límites y nos recuerda que no somos Dios. Supone que una persona se sienta mal en situaciones concretas. También sirve para ser cauteloso antes de cruzar un límite.

Las personas que tienen la vergüenza como base de sí mismas, aún no siendo conscientes de ello, es porque ha sido transmitida por su familia de origen. Es algo que se pasa de generación en generación. Como no se sienten bien consigo mismas, esconden y asfixian su Verdadero Yo. En su infancia no fueron aceptadas por ser quienes eran y como las personas que tenían como referentes, las avergonzaban, aprendieron a ponerse máscaras y desempeñar roles en sus relaciones con los demás para sentirse aceptadas. YA NO ESTÁS EN TU INFANCIA y lo primordial para tener relaciones sanas, no disfuncionales con los demás, es quererte y ser tú misma. LOS DEMÁS YA NO SON TU PADRE NI TU MADRE, no piensan ni sienten como ellos ni tienen poder e influencia sobre ti a menos que se lo permitas.

Recuperación para Dejar de Ser Codependiente

La recuperación implica una inversión de 180 grados de este patrón para reconectar contigo mismo, cuidarte y actuar desde tu esencia. La curación supone un desarrollo de las siguientes características:

  • Eres autentica
  • Eres autónoma
  • Eres capaz de intimar
  • Tus valores, pensamientos, sentimientos y acciones están en coherencia. Esto quiere decir que en tu vida hay coherencia entre lo que piensas, lo que dices y lo que haces. Si te alineas, esta coherencia, saldrá sola. Todo lo que se interpone en esta coherencia son mecanismos de defensa que utilizas de forma inconsciente para no responsabilizarte de ti misma. Para tener una coherencia, hay que autoconocerse y aceptarse.

El cambio no es fácil. Lleva tiempo e implica los siguientes cuatro pasos:

  1. Abstinencia

    La abstinencia es necesaria para recuperarse de la codependencia. El objetivo es atraer tu atención hacia ti mismo, para tener un “locus de control” interno, en lugar de externo. Esto significa que tus acciones están motivadas principalmente por tus valores, necesidades y sentimientos, no por los de otra persona. Aprendes a satisfacer esas necesidades de manera saludable.

    La abstinencia perfecta no es necesaria para el progreso, y es imposible con respecto a la codependenciacon las personas. Necesitas a los demás y, por lo tanto, puedes dar y comprometerte en las relaciones. En lugar de abstenerte, aprendes a no apegarte y a no controlar, complacer u obsesionarte con otras personas. Te vuelves más autónomo y tienes una dirección propia.

    Si estás en una relación abusiva o con un adicto/a, puedes tener miedo de disgustar a tu pareja/padre y requiere de un gran valor romper el patrón de ceder tu poder personal a otra persona. Si eres codependiente en las relaciones con otras personas (parejas, amigos, jefe) ése es el patrón que sigues: ceder tu poder personal (que es tuyo, único e intransferible) a otra persona, dándole el mando de tus emociones y poniendo en lo que esa persona haga contigo, tu felicidad. Es un patrón de infancia obsoleto, que ya no te sirve.

  2. Consciencia o Awareness

    La negación es el sello distintivo de la adicción. Las codependientes no sólo niegan su propia adicción, ya sea a una sustancia, a una actividad o a una persona, sino que también niegan sus sentimientos y necesidades, especialmente las necesidades de nutrirse emocionalmente y de verdadera intimidad.

    Si estás leyendo esto, seguramente has crecido en una familia en la que no te nutrieron emocionalmente, tus opiniones y sentimientos no fueron respetados y tus necesidades emocionales no fueron satisfechas adecuadamente. Con el tiempo, en lugar de arriesgarte a ser rechazada o criticada, aprendiste a ignorar sus necesidades y sentimientos, creyendo que “erran erróneos”. Quizás decidiste volverte “autosuficiente” y encontrar consuelo en el sexo, la comida, las drogas o el trabajo.

    Todo esto lleva a una baja autoestima. Para revertir estos hábitos destructivos, primero debes tomar conciencia de ellos. El obstáculo más perjudicial para la autoestima es el diálogo interno negativo. La mayoría de las personas no son conscientes de sus voces internas que las maltratan y las critican. Esa voz interior no es otra que la voz interiorizada de tus padres que, de forma inconsciente, has hecho tuya. No lo es. Aprende a gestionarla y cambiarla por la tuya propia.

  3. Aceptación

    La curación esencialmente implica la autoaceptación. Esto no es sólo un paso, sino un viaje de por vida. Las personas vienen a la terapia para cambiarse a sí mismas, sin darse cuenta de que parte del trabajo personal consiste en aceptarse a sí mismas. Irónicamente, antes de que puedas cambiar, tienes que aceptar la situación. Lo que resistes, persiste. Lo que aceptas, te libera.

    En la recuperación, descubrirás muchas cosas acerca de ti mismo que requerirán de aceptación. La vida misma presenta limitaciones y pérdidas a aceptar. Esto es madurez. Aceptar la realidad abre las puertas de la posibilidad. El cambio sucede entonces. No en la resistencia a la realidad sino en la aceptación de la misma. Surgen nuevas ideas y energía que antes estaban estancadas por la auto-inculpación y la lucha contra la realidad. Por ejemplo, cuando te sientes triste, solo o culpable, en lugar de castigarte o juzgarte por ello, tienes autocompasión, te calmas a ti mismo y tomas medidas para sentirte mejor.

    La autoaceptación significa que no tienes que complacer a todos por temor a no caer bien. Honras tus necesidades y tus sentimientos displacenteros (tristeza, rabia, miedo) y te perdonas a ti mismo y a los demás. Esta buena voluntad hacia ti mismo te permite ser auto-reflexivo, sin ser autocrítico. Tu autoestima y confianza aumentan y, en consecuencia, no permites que otros abusen de ti ni te digan lo que tienes que hacer. En lugar de manipular, te vuelves más auténtico y asertivo, y eres capaz de una mayor intimidad.

  4. Acción

    La toma de conciencia de todo esto sin acción no te llevará muy lejos. Para crecer, la autoconciencia y la autoaceptación deben ir acompañadas de un nuevo comportamiento. Esto implica asumir riesgos y salir de tu zona de confort.

    Puede implicar expresarte (cuando normalmente te callas), probar algo nuevo, ir sola a algún sitio o poner un límite a alguien o a algo. También significa ponerte límites internos, manteniendo un compromiso contigo misma o diciendo “no” a tu voz interior crítica u otros hábitos que quieras cambiar. En lugar de esperar a que los demás satisfagan todas tus necesidades y te hagan feliz, aprendes a tomar medidas para satisfacerlas tú y a hacer cosas que te den plenitud y satisfacción en tu vida.

    Cada vez que pruebas un nuevo comportamiento o te arriesgas, aprendes algo nuevo sobre ti y tus sentimientos y necesidades. Estás creando un sentido más fuerte de ti misma, así como de autoestima y confianza en ti misma. Esto se construye sobre sí mismo en un circuito de retroalimentación positiva frente a la espiral descendente de la codependencia, que genera más miedo, depresión y baja autoestima.

    Las cuatro As son una hoja de ruta. Aprende todo lo que puedas sobre la recuperación. Si quieres que te acompañe en tu recuperación, sólo tienes que decírmelo. Por favor, recuerda que tu recuperación es un viaje largo, en el que tendrás altibajos y a veces dos pasos hacia adelante y uno hacia atrás, pero es posible. Sólo requiere de una cosa una vez sabes el camino: voluntad. No te olvides de ser amable contigo misma en tu viaje a ti misma. Para dejar de ser codependiente, sólo tienes que comprometerte contigo misma.

Fuente: https://www.whatiscodependency.com

El Reto del Perdón

El perdón a veces puede parecer imposible o incluso indeseable. Otras veces, sólo perdonamos que nos hagan daño nuevamente y concluimos que perdonar fue una tontería. Ambas situaciones surgen de la confusión sobre lo que realmente significa el perdón. El perdón no requiere que olvidemos las acciones de otras personas o el daño causado. De hecho, para la autoprotección en lugar de la ira, podemos decidir no volver a ver a la persona nunca más. El perdón no significa que justifiquemos o minimicemos el daño causado. A menudo, los codependientes perdonan y olvidan y continúan poniéndose en peligro. Perdonan y luego racionalizan o minimizan el abuso o la adicción a sus parejas.

El significado del Perdón

“Retener la rabia dentro es un veneno. Te come por dentro. Creemos que el odio es un arma que ataca a la persona que nos hizo daño. Pero el odio es una espada curva. Y el daño que hacemos, nos lo hacemos a nosotros mismos “. Mitch Albom, del libro “Las cinco personas que conoces en el cielo”

Cuando guardamos rencor (el rencor es rabia acumulada), la hostilidad puede sabotear nuestra capacidad de disfrutar del presente y nuestras relaciones futuras. La rabia permanente nos hace daño y  tiene consecuencias negativas para nuestra salud (emocional, mental y física). Aumenta la presión arterial, dificulta la digestión y genera una tensión permanente en el cuerpo.

El perdón, en general, significa soltar el resentimiento, liberándonos de los pensamientos negativos obsesivos o recurrentes. Cuando “perdonamos a nuestros enemigos”, renunciamos a cualquier deseo de venganza o que la desgracia les llegue. La empatía y la comprensión hacia nuestro/a ofensor(a) nos ayudan a perdonar. Si estamos en una relación, intentamos reconstruir la confianza y podemos establecer límites en torno a la conducta de esa persona con la que queremos continuar la relación. Aunque el pasado nos impacta, nos permite actualizar, esto es, hacer cambios constructivos y avanzar en paz.

Cuándo Perdonar

Un perdón demasiado pronto puede negar la rabia que se necesita para el cambio. Si hemos sido engañadas, abusadas o victimizadas, la rabia justificada afirma el respeto por nosotras mismas. Nos puede motivar para protegernos con los límites apropiados. Nos ayuda a ver la realidad y sentirnos con los recursos necesarios para afrontarla. Ayuda para dejar de permitir los abusos.

Inicialmente, nos duele. Si hemos sido traicionados o rechazados, es natural sentir dolor, como una herida física. Debemos experimentarlo y llorar sin juzgarnos a nosotros mismos. Necesitamos tiempo para sentir el dolor y la pérdida que ha sucedido y para sanar. Una vez nos sentimos seguros y hemos atravesado etapas de pérdida, puede ser más fácil perdonar.

La negación puede hacernos perdonar demasiado pronto o bloquear el perdón por completo. Nunca debemos negar, habilitar o condonar el abuso. Negar que alguien sea una adicta o una abusadora nos lleva a aceptar continuamente promesas incumplidas, evitar establecer límites o mantener una relación tóxica. Negar que un ser querido no sea el ideal que queremos o imaginamos sólo alimenta nuestra decepción y resentimiento. Aceptar que tu pareja o tus padres tienen fallos, como todas nosotras, puede abrir la puerta a la aceptación y el perdón.

Si el perdón se retiene demasiado tiempo, puede impedir completar las etapas de la pena y llevar a la amargura, el resentimiento. Muchos codependientes se sienten incómodos con sentir o mostrar enfado. Sin embargo, están invadidos por el resentimiento y reproducen guiones y eventos negativos en sus cerebros, una y otra vez, de forma obsesiva, como una vía de escape, pero que en realidad no sana,  tienen la rabia dentro, atascada. El resentimiento puede desaparecer cuando nos damos permiso para enfadarnos y permitir que fluyan sentimientos de rabia. Puede que ni siquiera necesiten expresarse de forma directa a la persona que nos hizo daño. Para esto va muy bien el ejercicio de Gestalt de la silla vacía, donde pones de forma simbólica a la persona que te ha hecho daño y le expresas todo lo que sientes, sin filtros, con tu terapeuta como testigo y en un entorno seguro, donde la persona a la que van dirigidas las emociones no es dañada.

Cómo Perdonar

Se necesita reflexión consciente y, a menudo, meditación y trabajo terapéutico con la pena para dejar ir y perdonar. Las siguientes son algunas sugerencias:

  1. Asegúrate de trabajar en las etapas del duelo. Un(a) terapeuta te puede ayudar con esto.
  2. Ten en cuenta que el perdón te alivia del dolor. Es una medicina para ti.
  3. Piensa en las formas en las que el resentimiento te retiene negativamente y afecta a tu vida.
  4. No eres responsable del comportamiento de la otra persona, pero sí del tuyo propio. Considera tu contribución a la situación. Quizás no comunicaste tus expectativas o límites o no le comunicabas el daño que te hacía con ciertos comportamientos o actitudes. En las familias narcisistas/disfuncionales, la culpa es como una patata caliente que los miembros se pasan constantemente los unos a los otros. Nadie se responsabiliza de nada. Por eso, hay muchos adultos que, como han crecido en este tipo de familias, la responsabilidad es un concepto que les es desconocido, tanto hacia sí mismos como hacia los demás.
  5. Desarrolla tu compasión, tanto hacia ti mismo como hacia la persona que te hizo daño. La compasión es distinta de la pena, no se trata de verte a ti y a esa persona como “pobrecitos” sino de tener una mirada menos crítica, rígida y enjuiciante. Al final, todos hacemos lo que podemos teniendo en cuenta los recursos de todo tipo con los que contamos en cada momento.
  6. Únete a un grupo de Doce Pasos. Cuenta tu historia y escucha la de otras personas. Que te validen en lugar de negarte o mentirte (lo que hacía tu familia) te ayudará a perdonar. 

Auto-Perdón

Debemos perdonarnos a nosotras mismas antes de estar listas para perdonar a otras personas. A menudo culpamos a los demás cuando nos sentimos culpables. Podemos aferrarnos al resentimiento para evitar aceptar la responsabilidad de nuestras acciones o para evitar sentirnos culpables. Aunque es importante reflexionar y asumir la responsabilidad de nuestra contribución al problema, debemos perdonarnos a nosotras mismas por cualquier comportamiento o acción, por muy doloroso que sea. Piensa que mientras continúes sintiéndote culpable, seguirás a su vez echando la culpa a los demás de tu situación.

Tú no tienes la culpa de lo que te pasó. No es tu culpa que te maltrataran, abusaran y/o te negaran tus padres narcisistas. Tampoco es culpa de ellos, a su vez son víctimas de sus padres o cuidadores, que les hicieron lo mismo. Ellos lo repitieron de forma inconsciente. Te culpaban por lo que te hacían para poder justificarlo porque en verdad es una aberración hacer daño a un niño que sólo quiere que le quieran. No eres culpable de nada de eso. De lo que sí eres responsable hoy en día, como el adulto que eres, es de estar bien, quererte, cuidarte, darte la vida de bienestar que tus padres narcisistas no te pudieron dar.

La Reconciliación

La reconciliación puede o no seguir al perdón. Si fuimos heridos por alguien cercano a nosotros y deseamos mantener la relación, entonces la reconciliación podría requerir que ambas personas asuman la responsabilidad de sus acciones y que no repitan su comportamiento. Recuerda que tiene que haber una coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, tanto por tu parte como por la de la otra persona. Es decir, no vale “no te volveré a gritar nunca más” y a a la semana volver a estar a gritos.

En algunos casos, es mejor reconocer claramente y creer que la persona que nos importa no cambiará, que su comportamiento refleja su niño interior herido. Dejar ir las expectativas de que actúan de manera diferente puede preparar el escenario para la aceptación de la realidad. Podemos decidir continuar la relación en términos menos íntimos o con diferentes límites que nos protejan. Por ejemplo, puedes optar por pasar tiempo con una adicta sólo cuando, o con la condición de que esté sobria, o ver a una persona abusiva en un lugar seguro, para visitas cortas, y/o con una tercera persona presente.

La otra persona puede no estar dispuesta a asumir la responsabilidad de su comportamiento o perdonarnos la nuestra, pero el perdón es para nuestro beneficio, no tiene que ser bilateral. Recuerda que el perdón aumenta nuestra integridad y tranquilidad. Sana las grietas en nuestro corazón.

Una última cosa, recuerda que el perdón no es un tema de blanco/negro sino más bien un proceso en el que a veces irás hacia adelante y otras hacia atrás. Se trata de un gris en el que quizás no consigas perdonar del todo pero sí mucho como para alcanzar mucha paz. No es tampoco un proceso psicológico sino emocional, no te obligues a él. Llegará cuando tenga que llegar si das los pasos necesarios para alcanzarlo.

Fuente: https://www.whatiscodependency.com

6 Pasos para Salir de una Relación Tóxica

Los apegos emocionales muy fuertes se desarrollan a partir de dos características específicas de las relaciones abusivas:

  • la necesidad de control de una de las personas a la otra
  • el tratamiento intermitente bueno-malo

Si te encuentras atrapada en una relación tóxica y no sabes qué hacer, los siguientes pasos prácticos te ayudarán a separarte de un vínculo traumático.

      1. Comprométete a vivir en la realidad a toda costa. Haz un compromiso contigo misma para no engañarte y pensar que tu relación por arte de magia mejorará y se volverá saludable. Para vivir una vida sana, debes ser honesta contigo acerca de cuánto de compulsivas y obsesivas son tus conductas con respecto a la relación, y cómo de abusiva es en realidad la persona tóxica. Te puedes decir a ti misma: “Estoy comprometida a vivir en la verdad”.
      2. Sé amable y compasivo contigo mismo. No puedes sanarte sin tener una voz interior compasiva y alentar el diálogo interno. No necesitas más abusos en tu vida, por parte de otras personas o de ti mismo. Adquiere el compromiso de cuidar de ti mismo.
      3. Haz una lista de todas las conductas autodestructivas específicas que repites una y otra vez, que son patrones poco saludables en tu vida, y comprométete a abstenerte de estas conductas. Algunas de estas conductas pueden ser:
        • No quererte o querer más a la otra persona que a ti misma
        • Abandonarte para salvar a la otra persona
        • Justificar, excusar o minimizar cualquier abuso de esa persona hacia ti
        • Creer que si consigues que la otra persona cambie, serás feliz
        • Olvidarte de tus necesidades, tus deseos, tus proyectos o tus sueños y priorizar los de la otra persona
        • Creer que sin la otra persona “no eres nada”
        • Permitir que la otra persona te trate mal, te insulte, te pegue, te empuje, te llame nombres
        • Permitir que la otra persona te deje de hablar por completo durante días o semanas, considerándolo un comportamiento “aceptable”
      4. Escribe una autobiografía sobre tu relación tóxica. Escribe en tercera persona sobre ti mismo: “Pablo quería mucho a su novia. A veces lo trataba mal, lo hacía de menos o lo insultaba. Él lo pasaba mal pero aguantaba porque pensaba que eso era el amor, aguantar” A veces pensaba en dejarla pero al final no lo hacía porque le daba mucho miedo encontrarse solo”. Lee tu historia en voz alta a alguien en quien confíes para que la valide, un amigo o un(a) terapeuta.
      5. Haz una lista de los comportamientos que ya no practicarás o que ya no te dejarás hacer. Se trata de lineas rojas. Ejemplos de estos comportamientos pueden ser:
        • Faltar al respeto o que te falten a él durante una discusión
        • Disculpar frases hirientes, motes, insultos o amenazas
        • Permitir que te digan constantemente lo que tienes que hacer, cómo tienes que pensar o lo que te tienes que poner para vestirte
        • Que no respeten tus gustos, tu criterio sobre algo o tu opinión
        • Que te hagan sentir incompetente, incapaz, defectuoso o tonto
        • Que controlen todo lo que hagas
        • Buscar una validación constante en la otra persona
        • Obsesionarte con la relación
        • Abandonarte a ti para salvar a la otra persona
      6. Hazte algunas preguntas:

        ¿Es la persona con la que estoy “honorable”? O, ¿es él/ella una “situación imposible”?

        ¿Qué tipo de comportamientos quiero en una relación?

        ¿De qué maneras estoy devaluado en esta relación, por la otra persona y por mí mismo?

        ¿Cuándo reacciono demasiado y cuándo reacciono de manera muy negativa en esta relación?

        ¿Para qué permito ciertos comportamientos por parte de la otra persona?

        ¿La relación tiene una trayectoria lineal o es más bien como un bucle?

        ¿Hay una coherencia entre lo que dice y lo que hace la otra persona? ¿Y en mí?

        ¿Cómo me siento físicamente cuando tengo cerca esa persona? ¿Estoy relajada o en tensión?

        ¿Soy yo misma cuando estoy con esa persona o más bien actúo como si estuviese “pisando huevos” todo el tiempo?

      7. Deja de intentar tener la “charla” o escribir una carta o mensajes a la persona que abusa para que comprenda tu punto de vista y finalmente se resuelva el “problema”. El “problema” es en realidad toda la relación. La otra persona no va a cambiar, la primera fase de idealización era una fantasía. La promesa de un cambio, que esa persona sabe que no va a hacer, es lo que te mantiene enganchada. Tu necesidad de “arreglar”, “ayudar” y/o “salvar” a esa persona es tóxico para ti y lo que te conviene es soltarla y aceptar.

      Los vínculos basados en el trauma son muy potentes. Tienen de fondo a un niño cuya necesidad de amor incondicional no sólo no fue cubierta sino que también fue abandonado, rechazado, abusado, negado y/o maltratado por su padre/madre narcisista/disfuncional. Ese niño sigue proyectando a sus padres en parejas que se parecen a ellos y que los tratan igual de mal. Esta necesidad de infancia no cubierta lleva a una repetición-compulsión en una relación tras otra.

      Ahora la buena noticia. Esto lo puedes cambiar. Encontrar relaciones de apoyo y sanas es la base de la recuperación. En términos de neurociencia, la sanación implica cambiar la forma en que  nuestros cerebros hacen conexiones. Si bien nuestros viejos hábitos existen en una “autopista” neuronal de conductas profundamente arraigadas y habituales, nuestros nuevos comportamientos serán difíciles de adquirir y requerirán de mucha práctica porque estamos forjando nuevas “carreteras”, nuevas vías neuronales en nuestro cerebro. Se trata de reeducar al cerebro, que ya va en automático con el abuso, para que reaprenda qué es el amor, qué es un vínculo sano, quién es un lugar seguro, e identifique dónde está el peligro.

      Asegúrate de encontrar otras relaciones saludables para empezar a cambiar.

      Únete a un grupo terapéutico y/o busca un(a) terapeuta en quien puedas confiar.

      El primer paso es el más difícil, de ahí en adelante sólo irás a mejor.

      Fuente: https://pro.psychcentral.com

La Impotencia

Qué es la Impotencia

Piensa en una estación o un aeropuerto. Cuando un tren o un avión se cancela inesperadamente, a menudo produce reacciones extremas en los pasajeros: ¿por qué? Es porque no tienen poder sobre su situación y lo saben. No hay absolutamente nada que puedan hacer. No tienen otra forma de llegar a su destino, están en manos de otros y no tienen control sobre su situación actual. Están impotentes.

Ser abusado emocional, psicológica, física y/o sexualmente es experimentar un acto de impotencia – y debido a la impotencia a menudo el niño se separa de la situación enterrando el abuso en el inconsciente a través de los mecanismos de defensa de la negación y la disociación.

Las familias disfuncionales en las que crecen los niños abusados suelen ser temerosas, controladoras y emocionalmente descuidadas. El niño está en una posición en la no tiene poder, fuerza, control ni esperanza. Esto establece las condiciones para que el abuso se repita no sólo fuera de la familia sino también cuando esos niños se hacen adultos.

 El daño que causa la Impotencia

Las niñas que son abusadas sufren la impotencia de tres formas principales durante el abuso:

  • No pueden hablar sobre el abuso y que se les comprenda
  • No pueden abandonar la situación familiar abusiva
  • Tienen un dolor espantoso y no pueden aliviarse de su dolor interno

Esto causa mucho daño interno y conduce a una dificultad extrema para confiar en las relaciones como adulto.

Las víctimas de abuso en sus familias disfuncionales, de adultos tratan de lidiar con el dolor interno de la situación de impotencia que experimentaron cuando eran niñas a través del control en sus relaciones con las demás personas.

Buscando controlar

La experiencia de impotencia puede llevar a un miedo extremo a ser vulnerable o a sufrir mucho daño de nuevo, con lo que los adultos de familias disfuncionales que sufrieron abuso psicológico, emocional, físico y/o sexual en su infancia, intentan controlar mediante los siguientes patrones de comportamiento:

  • Controlar las relaciones: ser muy difícil para entablar una relación con otro y, en el caso de hacerlo, entrar en patrones de sumisión/dominación.
  • Rituales obsesivo-compulsivos, como una tendencia al perfeccionismo, adicción al trabajo, actos de repetición de determinadas acciones, como cerrar una puerta o encender y apagar una luz.
  • Adicción al alcohol, las compras, el sexo, el deporte, la comida,..
  • Codependencia: adicción a ayudar a otra persona que a su vez es adictas a algo.

Mediante todos estos patrones de comportamiento lo que pretenden los adultos es controlar sus sentimientos internos con situaciones externas.

 Permanecer en el rol de la Víctima

La impotencia a menudo resulta en no poder hacerse cargo de la vida, responsabilizarse de una misma de forma adulta.

La falta de límites que no les permitieron poner en su infancia con sus familias disfuncionales, les lleva a convertirse inconscientemente en víctimas en su vida adulta. Aceptan tratamientos por parte de otros que las personas sanas no toleran.

Esto lo hacen (inconscientemente) para:

  • Permanecer como víctimas y repetir patrones abusivos/destructivos una y otra vez
  • Quedarse como nniñas emocionalmente en las relaciones, lo que se denomina como niña adulta
  • Atracción hacia personas controladoras en sus relaciones
  • No ser capaz de tener el control o poder personal en las relaciones con los demás o en la vida en general

 Sin confianza en una misma

Junto con la falta de límites, la impotencia y la indefensión, a menudo resulta que el niño interioriza los sentimientos negativos y está lleno de dudas e incluso de odio hacia sí mismo, y como adultos experimentan una enorme falta de confianza en sí mismos.

Esto se manifiesta de las siguientes maneras:

  • No saben confiar en sus propios instintos
  • Dejan la puerta abierta para que el abuso se repita en sus relaciones como adultos
  • Repetición de relaciones dañinas
  • Refuerzo del auto-odio: “Hay algo que está mal en mí”
  • Cuando experimentan el abuso lo aceptan como algo normal y “que se merecen”

Vacío Emocional

Uno de los efectos de estar continuamente en un lugar de miedo e impotencia es que al final estas personas se insensibilizan a sí mismas para no sentir. Esto lleva a un adormecimiento gradual en el interior: un autoabandono hacia la vida y las otras personas. El dolor se amortigua y en su lugar hay un vacío emocional.

Esto puede resultar en:

  • Negación: pretender que el abuso no está sucediendo o que no ha sucedido
  • Disociación: no estar presentes para no vivir lo que está pasando
  • Adormecimiento del interior: renuncian a involucrarse en las relaciones de una forma profunda
  • Pensamiento mágico: fantasear con personas, situaciones, otras vidas para escaparse de la real

Viviendo con Miedo

Cuando el miedo es indeterminado, puede manifestarse como ansiedad, fobias, ataques de pánico, pesadillas, terror.

Los niños objeto de abuso por sus familias disfuncionales a menudo desarrollan Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo. Repiten como adultos de forma inconsciente situaciones personales en las que se sienten atrapados y creen que no pueden salir de ella, reproduciendo cómo se sintieron en su infancia.

Hablar de sus experiencias con una terapeuta y enraizarlas en el pasado ayudará a sentir menos miedo y a vivir con confianza en el presente.

Identificar la Impotencia

El primer paso para abandonar la impotencia en tu vida es hacer conscientes los patrones de conducta que te llevan a ella.

Aquí tienes unas preguntas para ayudarte a identificar los pensamientos/conductas que te llevan a sentirte impotente:

  • ¿Qué tipo de elecciones haces cuando te sientes impotente?
  • ¿Puedes pensar en alguna forma con la que intentas controlar tu vida o tus relaciones?
  • ¿Siente que te retiras de las relaciones por temor a que la otra persona te domine?
  • ¿Te has encontrado en situaciones en las que has sentido que “algo va mal” pero te sientes incapaz de enfrentar la situación?
  • ¿Te resulta difícil confiar en tus propias percepciones sobre las situaciones?
  • Cuando sientes dolor, ¿utilizas de forma inconsciente algún mecanismo para no sentir, como por ejemplo, la disociación, la desensibilización o la negación?
  • ¿Cómo podrías construir límites más sanos en tus relaciones con los demás?

Límites y Re-Empoderamiento

Una forma muy importante de obtener una sensación saludable de poder es poner límites. La impotencia conduce a que las víctimas no puedan establecer límites apropiados en sus vidas.

A las supervivientes de familias disfuncionales/narcisistas no se les permitía poner límites al abuso al que les sometían sus padres, por eso encuentran muchas dificultades para hacerlo de adultos. Con terapia y un poco de práctica es posible cambiar esto.

El primer paso es reconocer dónde están tus límites. Evalúa tus relaciones: ¿la gente respeta tus opiniones y deseos o lo que haces es complacer las demandas y los deseos de los demás la mayor parte del tiempo?

Por otro lado, ¿cuánto escuchas los pensamientos y sentimientos de los demás? ¿Y los tuyos propios?

La manera de dejar la impotencia atrás es mirar tus patrones de relación e intentar enraizar tus miedos en el pasado y ver cómo te afectan en la actualidad. Esos miedos estaban en tu infancia y los repites de forma inconsciente pero ya no tienes porqué hacerlo.

Cuando sientas miedo las primeras veces que pongas límites, no lo resistas, acompáñalo, déjatelo sentir. Poco a poco, verás cómo ese miedo cada vez se hace más pequeño. Tienes derecho a poner límites en tus relaciones con los demás y eres libre para ejercitarlo cuando quieras. En este post tienes más información sobre los límites personales.

Fuente: http://www.intothelight.org.uk

El rol de la Salvadora y cómo Salir de él

Creencia y actitud: “Me siento seguro y bien conmigo mismo cuando ayudo a otras personas”

Características de un Salvador

  • Las codependientes que asumen el rol de salvadoras suelen haber crecido en familias donde sus necesidades no fueron satisfechas. En su infancia recurrieron a cuidar a los demás para compensar el amor y la atención que no estaban recibiendo. Tienden a ser habilitadoras. Son demasiado protectores y pasan su tiempo ofreciendo ayuda y rescatando a otros de sus problemas.
  • Los salvadores obtienen una gran satisfacción al identificarse con su rol de cuidador. Por lo general, se sienten orgullosos de lo “ayudantes” y “arregladores” que son. Creen en su bondad y se ven a sí mismos como gente digna y piadosa. Sin embargo, debajo de estas acciones altruistas, los salvadores esperan que al cuidar y rescatar a los demás, la otra persona corresponda algún día. El salvador alberga esta expectativa a pesar de la experiencia de primera mano que dice lo contrario, es decir, que la persona que es rescatada no reconoce la asistencia, toma que la rescaten como su derecho o resiente al salvador por interferir. La verdad es que las personas necesitadas rara vez pueden ayudar a otra. ¿Cómo pueden hacerlo cuando tienen dificultad para ayudarse a sí mismas? A menudo, el salvador se siente decepcionado y deprimido, cayendo fácilmente en el rol de la víctima. Sus esfuerzos poco apreciados conducen a la profecía auto-cumplida sobre cómo la vida es injusta y cómo la gente siempre te defrauda: las suposiciones predeterminadas que los mantienen en su codependencia.
  • Sentirse usado a merced de, traicionada y sin esperanza son los sentimientos característicos de una salvador. Acaban diciendo: “después de todo lo que he hecho por ti, este es el agradecimiento que recibo”; o “no importa cuánto haga por ti, nunca es suficiente”; o, “¿por qué me tratas tan mal cuando te he ayudado tanto?” El mayor temor de una salvadora es que terminarán solas. Creen que su valor en la vida depende por completo de lo que hacen por los demás.
  • Es una parte natural de la vida y el crecimiento que una persona asuma las consecuencias de sus acciones. Pero al correr siempre para arreglar situaciones y sacar a otros de los problemas en los que se metieron, los salvadorescortocircuitan este saludable mecanismo de aprendizaje. Cuanto más salvan, menos responsabilidad toman las personas a las que rescatan. Y así, cuanta menos responsabilidad asumen las personas salvadas, más necesitan que se las salve. Entonces se forma un bucle, círculo vicioso en la relación, lo que hace que la dinámica entre las dos personas sea tóxica y disfuncional.
  • Hay una clara diferencia entre ser una persona cuidadora y salvar. Las personas que realmente quieren ayudar a otras lo hacen sin ninguna expectativa de recibir algo a cambio. Otorgan poder a los demás para que tomen responsabilidad y se ayuden a sí mismos, en lugar de quitarles el poder al asumir la responsabilidad sobre sus asuntos. Las personas a quienes les gusta ayudar a otras, creen que todas tienen el derecho de cometer errores y aprender de las consecuencias que tienen, aunque a veces sea difícil. Si ayudan, lo hacen sobre la base de que todas las personas tienen el derecho de asumir la responsabilidad de sus acciones y cometer sus propios errores y aprender de ellos. Los ayudantes desinteresados no ofrecen ayuda por motivos ocultos. No esperan secretamente obtener reconocimiento, aprecio y amor o construir su autoestima como resultado de su acción.

Algunos rasgos de una persona que adopta el rol de salvador son:

o Utiliza al salvación y la ayuda para conectar con otros o sentirse importante.

o Necesita controlar a los demás para evitar sus propios sentimientos y problemas.

o Tiene una actitud “más santo que tú” / “superior por ser útil”

o Tiene un sentido del derecho como resultado de ser “bueno y servicial”.

o Tiene un falso sentido de superioridad sobre los demás.

o Siente culpa o vergüenza cuando no ayuda.

Herramientas de recuperación para una salvadora hacia la autenticidad y las relaciones más saludables

1. Haz de tu vida una prioridad y toma la responsabilidad de tu propio bienestar y felicidad primero.

2. Verifica tu motivación antes de saltar para ayudar a los demás. Asegúrate de que el motivo subyacente no sea sentirte bien y elevar tu autoestima.

3. Renuncia a la necesidad de sentirte superior porque eres la chica buena que siempre ayuda a los demás.

4. Deja de comportarte como si supieras qué es mejor para los demás. Recuerda que esto tiene que ver más con tu propia autoestima y problemas de control que con querer ser útil.

5. Encuentra y aplica herramientas de recuperación que te ayuden a manejar tus propios temas en lugar de enfocarte en lo que está “mal” en los demás.

6.  Establece límites para resolver los problemas de otras personas y pon toda tu energía en resolver los tuyos primero.

7. Aprende a reconocer los factores desencadenantes que te llevan a asumir el rol de salvador.

8. No permitas que las manipulaciones de otras personas, ya sea basadas en el amor o la culpa, te llevan a ayudar a alguien, a menos que esto sea algo que realmente quieres hacer.

9. Ayudar a otros en función de motivos codependientes casi siempre lleva a resentimiento en ambos lados. No sabotees tu recuperación racionalizando y justificando tu comportamiento habilitante.

10. Deja de sentir pena por otras personas y brindarles consejos, dinero o apoyo. Dales a los demás el respeto que merecen y permíteles asumir la responsabilidad de sus propias vidas y sus problemas.

11. Procesa tu rabia y resentimiento por haber tenido una infancia disfuncional o abusiva y reconoce el impacto que la experiencia ha tenido en tu comportamiento como adulto. Tú tienes el poder de elegir si quieres continuar viviendo tu vida como salvadora o escoger otra opción de vida para ti. Escoges tú, el adulto. A la niña interior la puedes sacar en muchos otros momentos, no tienes que esclavizarla más, como le ocurrió en su infancia, para estar siempre mirando por otras personas en lugar de ocuparse de sí misma.

12. Ese “piloto en automático” de infancia que tienes hace que creas que tienes el deber (no la voluntad) de ayudar a otras personas y de anteponer sus necesidades a las tuyas. No es así. Aprende a reconocer cuándo los sentimientos de tu infancia te incitan a rescatar a otros. Recuérdate a ti mismo que ya no eres un niño, sino que eres un adulto que tiene derechos y opciones sobre su vida en general y sobre a quién ayudar o no en particular.

13. Trabaja tus 12 pasos de codependencia diariamente. Los nuevos comportamientos requieren tiempo y práctica, y los pasos proporcionan las herramientas que fomentan la autoestima y las relaciones saludables.

Fuente: http://hamrah.co

Diferencias entre un Cuidador(en el sentido Tradicional) y un Codependiente

La muleta de ayudar a los demás

Cuando una persona es codependiente, se define a sí misma a través de la ayuda que le dan a la otra parte en la relación. El cuidado que brindan es lo que les da significado de su vida. Dependen de la otra persona y su papel como cuidadora da forma a la muleta sobre la cual se basa su existencia.

Una cuidadora hace una elección consciente cuando ayuda a alguien. No necesitan ayudar a otros, pero lo hacen porque quieren lo ven como lo correcto. Estas personas pueden describirse como afectuosas, pero no permiten que esto se convierta en su razón de ser.

La necesidad de sentir que te necesitan

Los codependientes ponen mucho énfasis en ayudar a otra persona porque tienen un deseo insaciable de sentirse necesitados. A menudo confunden la dependencia de la otra persona con una relación amorosa y comprometida.

No les importa si la responsabilidad en relación es totalmente unilateral o si se basa en ciclos de angustia y salvación, lo ven como un vínculo sano e íntimo.

Cuando un cuidador forma una relación, les guste sentirse amados y queridos por lo que son, pero también respetan la autonomía de la otra persona. Creen que hay muchos beneficios al compartir una vida con alguien pero son completamente capaces de vivir sin esa relación.

Falta de límites

Las personas propensas a un comportamiento codependiente no tienen claros los límites entre ellas mismas y la otra persona. En su concepción de las cosas, ellas y la otra persona forman un ente indisoluble, como si la otra persona fuese sus brazos o sus piernas.

El resultado tóxico de esto es que no saben distinguir entre lo que es suyo y lo que no lo es. Permiten que los sentimientos de la otra persona dicten los suyos propios. Renuncian a tener pensamientos y criterios propios, se amoldan al otro por completo e incondicionalmente, les haga lo que les haga.

Las cuidadoras distinguen perfectamente entre ellas y los demás. Son capaces de establecer límites personales claros y firmes y conservar su carácter y pensamientos propios. Pueden ser influenciadas por terceras personas, pero nunca dejan que su sentido del yo se confunda con el otro.

Actuando en tu mejor interés

A los codependientes les gusta pensar que están ayudando a otra persona, salvándola, pero a menudo sucede que simplemente están permitiendo la continuación de conductas no deseadas.

Ya sea para mantener a alguien con una salud física o mental deficiente, promover su bajo rendimiento o apoyar su adicción, los codependientes no necesariamente actúan en el mejor interés de la otra persona. De hecho, están haciendo lo correcto para ellos manteniendo la relación y, por lo tanto, el significado que le dan.

Los cuidadores adoptan un enfoque diferente porque son más capaces y están más dispuestos a ver los problemas que enfrenta la otra parte. No tienen una intención inconsciente de perpetuar los problemas de la otra persona sino el propósito verdadero de ayudarla para que supere algo o solucione algún problema.

Poniendo a la otra persona primero

Las codependientes tienden a anteponer las necesidades de la otra persona a las suyas propias. Sacrificarán su disfrute, su tiempo e incluso su bienestar si eso significa que pueden proporcionar satisfacción. Darán y darán siempre y cuando no se les obligue a sacrificar la relación en su totalidad.

Una cuidadora estará dispuesta a hacer algunos sacrificios para ayudar a la otra persona, pero habrá límites a lo que harán. Valoran sus propias necesidades y no las dejan de lado por completo.

Lidiar con el rechazo

Cuando a alguien con una personalidad codependiente se le rechaza su oferta de ayuda, o cuando no recibe un reconocimiento, siente una gran cantidad de dolor emocional.

Esto se remonta a su necesidad de sentirse necesitados por los demás. Sin la apreciación de los demás, se sienten inútiles y perdidos porque es lo que realmente les trae paz.

Un cuidador no estará tan disgustado si sus esfuerzos pasan desapercibidos. Pueden estar satisfechos por cualquier agradecimiento que se les presente, pero principalmente se deben a su deseo de hacer el bien.

Obsesión

La base de la vida de una codependiente es su relación con otra persona y esto lleva a un nivel relacional poco saludable. Llegan a un punto en el que casi todos los pensamientos del día involucran a la otra parte.

Se preguntan qué están pensando, cómo se sienten, mientras intentan prever todos los deseos y necesidades de la otra persona. Son tan emocionalmente dependientes y se vuelven tan ansiosas por perder a la otra persona, que se obsesionan.

Una cuidadora puede experimentar cierta ansiedad e inseguridad, pero esto es perfectamente normal, mientras que sea algo esporádico. Suelen comunicar estos sentimientos a su pareja, lo que ayuda a resolver el problema antes de que pueda crecer en sus cabezas.

La incapacidad de liberarse

Incluso si una relación llega a un punto en el que ambas partes son infelices, un codependiente tendrá dificultades para terminar las cosas debido a la abrumadora culpa que sienten. Además, a menos que puedan reemplazar rápidamente a la otra parte con un nuevo dependiente, se verán obligados a estar solos un tiempo, lo que para ellos es algo muy difícil de sobrellevar.

Un cuidador sabe que, incluso si resulta en una gran cantidad de dolor temporal, a veces es mejor ir por caminos separados cuando una relación ya no da más de sí. No tienen miedo a estar solos y no necesitan estar en una relación para darle sentido a sus vidas.

La recompensa de habilitar

Una codependiente es recompensada por su comportamiento habilitante con una relación estable que proporciona significado y propósito a su vida. Sus razones para ser cuidadora son principalmente de naturaleza egoísta, encerrar a otra persona en la esclavitud de necesitarles, incluso si no es lo mejor para ellas. Esto ocurre muchas veces de forma inconsciente, ya que la codependiente es muy posible que no entienda esto hasta que empiece a hacer terapia.

Una persona genuinamente cuidadora puede sentirse bien cuando ayuda a otros pero brindarían igualmente la ayuda si en lugar de sentirse bien les hiciera sufrir un poco. Muestran un verdadero altruismo y sólo buscan promover el bienestar de la otra persona.

Fuente: https://www.aconsciousrethink.com