Síntomas de una persona que vive con Trauma

¿Qué es el trauma?

El trauma hace que el cuerpo acumule una enorme cantidad de energía dentro de forma tóxica. Esto se debe a que cuando se produjo la amenaza/peligro original hubo dos respuestas contradictorias por parte del cuerpo que hicieron que la energía se quedase atrapada dentro:

  • Una de las respuestas es la de lucha/huida, que es la que se encuentra en el cerebro reptiliano y que supone una respuesta automática para defendernos de un peligro.
  • La segunda viene de la imposibilidad de moverse, que da lugar a una congelación. Por ejemplo, un(a) niño/niña que está siendo atacado/atacada verbal o físicamente por su padre/madre y que se mueve para huir o luchar pero que es obligado/obligada a quedarse ahí y simplemente “aguantarlo”.

En el cuerpo de ese niño/niña superviviente se dan las dos respuestas a la vez: una que lleva a movilizarse y la otra a congelarse y esto se produce de una forma repetida y prolongada en el tiempo. Estas acciones contradictorias provocan que esa energía movilizada se quede atrapada en el cuerpo, energía que debería de haberse liberado.

A partir de entonces, tarde o temprano en la vida de esa persona, se acabarán produciendo síntomas en su cuerpo que le avisarán de esa energía que sigue atrapada dentro. A pesar de que vivir así genera mucho sufrimiento, el/la superviviente tenderá a no liberar esa energía. ¿Por qué? Fundamentalmente por tres razones:

  • El/la superviviente, mientras pueda, tiende a evitar o a reprimir los síntomas del trauma porque sentirlos (que es lo que lleva a la sanación) supone experimentar una enorme cantidad de angustia.
  • Debido a que la respuesta primitiva acaba provocando “indefensión aprendida”, ya que el/la superviviente cree que no puede hacer nada frente a un peligro o amenaza, como ocurrió en su infancia, tiende a repetir esta respuesta una y otra vez en algunas situaciones en su vida, repitiendo así el colapso de energía dentro del cuerpo.
  • Los/las supervivientes sienten vergüenza de lo que les pasa y tienen un desconocimiento de lo que les ocurre. No conectan el maltrato/abuso sufrido de manos de su familia disfuncional con el trauma y los síntomas en su cuerpo. Saben que algo va mal pero no exactamente el qué, por lo que no piden ayuda. Igualmente, cuando lo hacen, en muchas ocasiones un desconocimiento del tema por parte de profesionales de la salud lleva a que los/las diagnostiquen erróneamente o les administren una terapia que no es adecuada para ellos/ellas.

Síntomas de las personas que viven con trauma

Debido a la experiencia individual de cada persona, es muy difícil elaborar una lista completa de cada síntoma de trauma conocido. Sin embargo, hay síntomas que son indicadores de trauma porque son comunes a la mayoría de las personas traumatizadas. A pesar de la gran diversidad de posibilidades disponibles, el sistema nervioso parece favorecer algunos síntomas sobre otros. En general, algunos síntomas traumáticos tienen más probabilidades de aparecer antes que otros.

En el núcleo de la reacción traumática están:

  • Hiperactivación
  • Constricción
  • Disociación (incluida la negación)
  • Sentimientos de impotencia y desesperanza

Otros síntomas tempranos que comienzan a aparecer al mismo tiempo o poco después de los anteriores son:

  • Hipervigilancia (estar “en guardia” todo el tiempo)
  • Imágenes intrusivas o flashbacks emocionales
  • Extrema sensibilidad a la luz y al sonido
  • Hiperactividad
  • Respuestas emocionales y de sobresalto exageradas
  • Pesadillas y terrores nocturnos
  • Cambios bruscos de humor: por ejemplo, reacciones de ira o berrinches
  • Vergüenza excesiva
  • Capacidad reducida para lidiar con el estrés (personas que se estresan fácilmente y con frecuencia)
  • Dificultad para dormir

Varios de los síntomas anteriores también pueden aparecer en la siguiente fase de desarrollo, así como en la última.

Los síntomas que generalmente ocurren en esta próxima etapa de desarrollo incluyen:

  • Ataques de pánico, ansiedad y fobias
  • “Espacio en blanco” mental o “estar en las nubes”
  • Respuesta de sobresalto exagerada
  • Extrema sensibilidad a la luz y el sonido
  • Hiperactividad
  • Respuestas emocionales exageradas
  • Pesadillas y terrores nocturnos
  • Comportamiento de evitación (evitando ciertas circunstancias)
  • Atracción a situaciones peligrosas
  • Llanto frecuente
  • Cambios de humor abruptos: por ejemplo, reacciones de ira o rabietas.
  • Vergüenza tóxica 
  • Actividad sexual excesiva o inexistente
  • Amnesia y olvido
  • Incapacidad de amarse a sí misma/mismo o a los demás, dificultad o vincularse con otras personas
  • Miedo a morir, volverse loco/loca o tener una vida acortada
  • Capacidad reducida para lidiar con el estrés (personas que se estresan fácilmente y con frecuencia)
  • Dificultad para dormir

El último grupo de síntomas son aquellos que generalmente tardan más en desarrollarse.

En la mayoría de los casos, han sido precedidos por algunos de los síntomas anteriores. Como ves, algunos síntomas aparecen en las tres listas. No hay una regla fija que determine qué síntoma elegirá el organismo para desarrollarlo cuándo lo hará. Los síntomas que generalmente se desarrollan los últimos incluyen:

  • Excesiva timidez
  • Respuestas emocionales silenciadas o disminuidas
  • Incapacidad para comprometerse
  • Fatiga crónica o energía física muy baja
  • Problemas del sistema inmune y ciertos problemas endocrinos, como la disfunción tiroidea
  • Enfermedades psicosomáticas, particularmente dolores de cabeza, problemas de cuello y espalda, asma, digestivos, colon espástico y síndrome premenstrual severo.
  • Depresión, sentimientos de muerte inminente.
  • Sentimientos de desapego, alienación y aislamiento: “muertos vivientes” “sentimiento de ser como un zombie”.
  • Menor interés en la vida
  • Miedo a morir, volverse loco/loca o tener una vida acortada
  • Llanto frecuente
  • Cambios bruscos de humor, por ejemplo, reacciones de ira o rabietas
  • Vergüenza tóxica
  • Actividad sexual excesiva o inexistente
  • Amnesia y olvido
  • Sentimientos y comportamientos de impotencia
  • Incapacidad de amarse a sí misma/mismo o a los demás, dificultad o vincularse con otras personas
  • Dificultad para dormir
  • Capacidad reducida para lidiar con el estrés
  • Incapacidad para formular planes a medio-largo plazo.

Obviamente, no todos estos síntomas son causados ​​exclusivamente por traumas, ni todas las personas que presentan uno o más de estos síntomas han sufrido un trauma. La gripe, por ejemplo, puede causar malestar general y malestar abdominal similar a los síntomas del trauma. Sin embargo, hay una diferencia, los síntomas producidos por la gripe generalmente desaparecen en unos pocos días. Aquellos producidos por el trauma, no.

  • Los síntomas del trauma pueden ser estables (omnipresentes), inestables (aparecerán y desaparecerán) o pueden permanecer ocultos durante décadas.
  • Generalmente, estos síntomas no ocurren individualmente, sino en constelaciones.
  • Estos “síndromes” a menudo se vuelven cada vez más complejos a lo largo del tiempo, cada vez menos conectados con la experiencia traumática original.

Si bien ciertos síntomas pueden sugerir un tipo particular de trauma, ningún síntoma es exclusivamente indicativo del trauma que lo causó. Las personas manifestarán síntomas traumáticos de manera diferente, dependiendo de la naturaleza y la gravedad del trauma, la situación en la que ocurrió y los recursos personales y de desarrollo disponibles para la persona en el momento de la experiencia.

Este post es un extracto (págs. 145 a 149) del libro “Despertando al Tigre. Sanando el Trauma”, de Peter Levine. Las listas no tienen fines de diagnóstico. Es una guía para ayudarte a hacerte una idea de cómo se comportan los síntomas del trauma y averiguar si es posible que sufras de un trauma sin saberlo.

De un modo coloquial, cuando la gente habla de “trauma” lo que nos viene a la cabeza es una situación concreta que supone un antes y un después en la vida de una persona, como un accidente o la muerte de un ser querido. Sin embargo, hay muchas personas que habiendo sufrido abuso/maltrato/negación en sus familias narcisistas/disfuncionales de origen, han desarrollado un trauma en la infancia y viven sin saberlo.

¿Crees que tú eres una de esas personas? Yo sí lo he sido hasta hace unos meses. ¡Deja un comentario!

 

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El Trauma y el Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo. Claves para la Sanación.

El trauma

El trauma y el duelo no resuelto pueden causar sentimientos abrumadores, depresión, agitación y ansiedad, desconfianza en los demás, dificultad en las relaciones, vergüenza, culpa, desesperación o sensación de falta de sentido e impotencia y desesperanza. El trauma implica sentimientos de dolor y pérdida.

La preocupación por evitar el trauma o los sentimientos y pensamientos relacionados con el trauma puede convertirse en un foco central de la vida del/de la superviviente, sin que sea consciente de ello.

En una respuesta automática para evitar sufrir, los/las supervivientes utilizan de forma inconsciente la constricción, la disociación y/o el entumecimiento como mecanismos de defensa. El problema que trae esto es que:

  • Supone una evitación de lo que realmente está sucediendo en el cuerpo: si no estamos en contacto con nuestras sensaciones corporales, estamos perdidos/perdidas. No detectamos el peligro y no sabemos quiénes somos ni qué queremos.
  • Aunque se eviten, los síntomas reaparecen después de un suceso vital similar al trauma de infancia (lo que se denomina detonante o “trigger”) o una acumulación de factores estresantes.
  • Los mecanismos de defensa permiten que el/la superviviente no sienta el miedo/terror de infancia que tiene congelado en su cuerpo, pero precisamente por ello, no termina de liberar la energía que tiene estancada dentro y no puede completar los movimientos corporales que necesita para sanar el trauma, para dejar de sentirse impotente o indefenso/indefensa en la vida, para abandonar la situación de indefensión aprendida que le obligaron a vivir en su infancia.

Si quieres más información sobre este tema de los movimientos corporales necesarios para sanar el trauma, la puedes encontrar en el libro de Peter Levine “Despertando al Tigre. Sanando el Trauma”.

Factores de riesgo en el Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo

  • La falta de apoyo social: al no sentirse queridas ni acogidos en sus familias de origen, muchos repiten esto de forma inconsciente, careciendo de habilidades sociales y teniendo miedo a relacionarse con otras personas.
  • Ausencia de validación de lo sucedido: sólo una persona que ha pasado por una situación de abuso/negación en su infancia puede entender del todo a un/una superviviente. No es muy común que una familia un/a padre/madre no quieran a sus hijos/hijas o los maltraten (muchas veces de forma inconsciente). Cuando cuentas tu historia (los/las que se atreven porque todos/todas tenemos vergüenza tóxica, nos sentimos culpables o creemos que nos merecíamos cómo nos trataron), un profesional de la salud tiende a cuestionarte y pensar que te lo estás inventando para llamar la atención o que sufres de paranioa. Con la invalidación se repite el trauma, ya que en la familia de origen, lo que ocurre precisamente es que nadie reconoce lo que está pasando de verdad, viven en la negación.
  • Demasiada vulnerabilidad frente a los demás: muchos/muchas supervivientes tienen desconfianza frente a la gente en general pero se comportan con credulidad e inocencia frente a otras personas en las que confían. Muchas de estas personas los/las acaban traicionando, ya que son perfiles de personas similares a los de sus familias de origen y a las que los/las supervivientes se acercan y entablan relaciones (de amistad, de pareja, laboral,…) de forma inconsciente.
  • Uno de los mecanismos de defesa que más utiliza un/una superviviente es el de la evitación, repitiendo lo que se hacía en su familia de origen. Evitan, en primer lugar, sus sentimientos porque en las familias narcisistas tener o expresar emociones era visto como un síntoma de debilidad. También evitan todo tipo de situaciones que les pueden dar miedo, culpa o vergüenza, que son la mayoría de las de la vida. Situaciones tan simples para las personas como ir a trabajar, tener una cita, hacer un(a) amigo/amiga nueva/nuevo, probar algo nuevo, cambiar de residencia, ir a una fiesta, decir que no,… pueden ser evitadas por los/las supervivientes por la enorme angustia que les supone.
  • Pérdida de esperanza, ilusiones, identidad, voluntad. Los/las supervivientes son sometidos a tanto estrés y se han encontraron durante tanto tiempo bajo amenaza y/o con miedo en su infancia, que se terminan produciendo cambios en su cerebro y en su sistema nervioso. En el cerebro, muy grosso modo en áreas que tienen que ver con la memoria, estar alerta o percibir un peligro y las conexiones con sensaciones corporales. En el sistema nervioso, el sistema simpático, el encargado de esfuerzos físicos y situaciones relacionadas con el peligro, se sobresaturó en la infancia, por lo que ante situaciones concretas, se dispara con demasiada facilidad.

Muchas personas que sufren de Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo no  buscan tratamiento porque no han identificado qué es lo que les pasa exactamente. Debido a sus complejos componentes, muchas/muchos supervivientes son erróneamente diagnosticados de depresión, distimia, ciclotimia, fatiga crónica, ansiedad y fobias, entre otros. No es que no tengan algunas o muchas de ellas, es que esos son los síntomas del Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo.

Además, la evitación, la negación, el miedo, la culpa, la vergüenza y la desconfianza inherentes asociados con el Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo pueden dificultar no sólo pedir ayuda (es algo que era severamente castigado en sus familias narcisistas de origen) sino también que ésta surta efecto. ¿Por qué? Pues porque aunque hayan identificado el Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo y quieran sanarse, se autosabotean o se lo ponen demasiado difícil a ellos mismos/ellas mismas, repitiendo (muchas veces de forma inconsciente) lo que ocurrió en su infancia. 

Cómo se trata el Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo

El tratamiento a través de la terapia Gestalt implica ayudar a que el trauma se procese y se integre, de modo que finalmente funcione como lo hacen otros recuerdos, en segundo plano, en el pasado, en lugar de tener vida propia en el presente, siendo temido y evitado perpetuamente, interfiriendo con la vida normal y congelado en el tiempo.

La terapia se centra inicialmente en afrontar y confortar, restablecer la sensación de seguridad, calmar el sistema nervioso y educar a la persona sobre lo que está experimentando y porqué y, a través del proceso de confianza con el/la terapeuta, interrumpir el ciclo natural de evitación, que en realidad perpetúa los síntomas del Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo, aunque inicialmente es adaptativo y autoprotector.

La terapia proporciona un lugar seguro para que los/las supervivientes de trauma cuenten su historia, se sientan menos aislados/aisladas y toleren aceptar lo que sucedió. El/la terapeuta ayuda a los/las supervivientes a establecer conexiones entre los sentimientos y síntomas que ocurren en el presente y aspectos del evento (s)traumático(s).

Por ejemplo, a mí mi terapeuta me ayudó a ver que muchos episodios con mi jefe en realidad me retrotraían a escenas de niña con mi padre. Ambos son figuras muy autoritarias y que me invalidaban mucho, por lo que yo entraba en estado de alarma fácilmente cuando había un conflicto. Esto me llevaba a ser muy reactiva y a tener flashbacks emocionales ocasionalmente en la oficina. Con la terapia, poco a poco, aprendí a dar respuestas distintas a situaciones actuales que me llevaron a una relación distinta con mi jefe. Entender, en palabras de mi terapeuta que “él no es tu padre y tú ya no eres una niña”, junto con técnicas para gestionar la rabia que me generaban esas situaciones, me ayudó a cambiar. Parece algo muy obvio pero para un/una superviviente, que se siente como si aún fuera ese niño abusado o maltratado/ o esa niña abusada o maltratada, no lo es.

A través de la terapia Gestalt, los/las supervivientes comienzan a comprender lo que sucedió y cómo los afectó, a sí mismos/mismas y al mundo nuevamente a la luz de esto, y finalmente se recuperan emocional y psicológicamente, vuelven a estar más en su propio cuerpo, reconectan con el amor y la autoestima y establecen relaciones y conexiones más sanas en sus vidas.

Parte de la terapia Gestalt está basada en ejercicios para la sanación del niño/la niña interior, lo cual es fundamental para los/las supervivientes, cuyo niño/niña interior fue muy herido/herida.

Sin embargo, la terapia Gestalt, aunque supone la base de la recuperación, no es suficiente. Los/las supervivientes lo deben complementar con:

Mindfuless, Yoga y Meditación

Estos tres ayudan a equilibrar el sistema nervioso, deteriorado por hiperactivación del sistema simpático en la infancia.

Terapia Corporal y Masajes

Ayudan al/a la superviviente a habitar de nuevo su cuerpo y a sentirse seguro/segura en él. También para desbloquear tensiones y bloqueos musculares que tienen un origen emocional por traumas de infancia.

Psicodrama

Un/una superviviente cuando se hace consciente de la historia de su familia, y por lo tanto, de su propia historia, puede pasar por una etapa de mucha confusión. Todo lo que le han dicho y se ha creído que era, no es así. Hay un proceso para conocerse a una misma/uno mismo, reconstruir la identidad. El psicodrama ayuda mucho a esto, ya que supone representar experiencias, vividas o fantaseadas, en un entorno seguro, que permite o bien integrar experiencias pasadas de otra manera o bien ensayar facetas que no se han podido o no se ha sabido entrenar hasta ahora pero que son necesarias para tener una vida sana, como por ejemplo, poner límites y decir que no.

La recuperación/sanación implica sentirse empoderado/empoderada, restablecer la conexión con una misma/uno mismo, los propios sentimientos y otras personas. La recuperación permite disfrutar más de la vida, tener fe y esperanza, hacer proyectos a largo plazo, saber cuáles son nuestras necesidades, tener autoestima, relacionarnos con los demás sin miedo y con confianza. Vivir, en una palabra.

El ciclo del dolor. Cómo pararlo y sanarte.

El ciclo del dolor involucra el cuerpo físico y el cuerpo mental/emocional, los síntomas de cada uno refuerzan al otro. El dolor crónico, ya sea por una lesión, dolores de cabeza, dolor de espalda o afecciones como la fibromialgia, puede interferir con las actividades de la vida diaria. Estos dolores tienen su origen en un dolor emocional originado en la infancia, no sanado y que se manifiesta a través de síntomas en el cuerpo.

Con demasiada frecuencia, el tratamiento del dolor es ineficaz y conduce a una espiral descendente de estrés, ira y aislamiento. Cuando el dolor persiste, hay una tendencia a evitar actividades por temor a más dolores o lesiones, lo que lleva a niveles de actividad disminuidos y deterioro físico.

Además, a medida que el dolor persiste, a menudo se desarrollan creencias negativas sobre la experiencia del dolor y pensamientos negativos sobre una misma/uno mismo..Este tipo de creencias y pensamientos, junto con la disminución de la participación en actividades agradables, contribuyen a los sentimientos de depresión y ansiedad. Es un ciclo que se retroalimenta.

Ciertos tipos de personalidad experimentan el dolor de una forma crónica hasta que empiezan teapia:

  • Los/las que se consideran fuertes e invulnerables, su autoimagen está amenazada constantemente.
  • Las personas complacientes y las que han sido maltratadas tienden a reaccionar al dolor pasivamente. Sus sentimientos de impotencia y victimización paralizan su capacidad de ayudarse a sí mismas y permanecen en un ciclo de indefensión aprendida.
  • Las personas que  se culpan a sí mismas de lo que les pasa. Los/las que en su infancia oyeron una y otra vez frases como “la culpa es tuya”, se siguen autoculpando de todo como adultos.
  • Los/las perfeccionistas y muy autoexigentes también pertenecen a este grupo. Piensan en términos de todo o nada, y se sienten fracasados/fracasadas cuando no sobresalen y lo hacen todo “perfecto”.

Esto hace que se pasen la vida corriendo una agotadora carrera de obstáculos de maratón. Empujando el camino a través de la vida como si estuvieran en guerra todos los días, siempre esperando a que pase la siguiente cosa mala, viviendo a la defensiva.  Viven una vida en la que hay relaciones abusivas, altibajos emocionales drásticos y decisiones basadas en el miedo, ya sea congelándose, huyendo o luchando. Se acaban convenciendo a sí mismos/mismas de que la paz interior no es posible para ellas/ellos.

¿Te suena el patrón?

Cómo cambiar el patrón del ciclo de dolor

Aprende a estar con lo que hay en tu cuerpo

Uno de los primeros pasos en el camino para aliviar el dolor físico y emocional crónico es cultivar un sentido de seguridad en tu propio cuerpo. Esto comienza invitando a la curiosidad sobre tu paisaje interno y aprendiendo cómo estar presente con las sensaciones que encuentras ahí. Tan contradictorio como suena, una de las mejores formas de salir del dolor crónico es amigarse con él. Cuando comienzas a aprender cómo leer el lenguaje sensorial de tu cuerpo, a menudo descubres que ha estado tratando de mostrarte la salida del dolor todo el tiempo. Estar presente con lo que haya en tu cuerpo, aunque resulte incómodo o parezca imposible, no lo es. Ésta es la habilidad más poderosa que puedes desarrollar para aliviar el estrés, el trauma, el Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo y el dolor crónico.

Mi recomendación es que busques ayuda cuando empieces a hacerlo, ya que si lo intentas solo/sola, puede parecer una montaña muy difícil de subir. Busca un buen curso de mindfulness o uno de Terapia Corporal. Te ayudarán a aprender a estar con tu cuerpo con lo que hay y liberarán la energía acumulada, la tensión y el dolor. Sí, es doloroso pero este dolor sí que tiene un fin. Como dice John Bradshaw en su libro “Volver a casa”, “La única forma de salir es atravesándolo”.No negándolo, evitándolo, justificándolo, minimizándolo ni soportándolo como si fuese algo normal.

¡Relájate y disfruta!

Encontrar actividades placenteras, de disfrute es muy importante para salir del ciclo de dolor. Pequeños pasos, como escuchar música, regar las plantas, ayudar a otra persona o disfrutar de una comida, película o libro especial sirven como una distracción del dolor y gradualmente elevan la autoestima y el estado de ánimo, lo que reduce el dolor. Las actividades creativas que estimulan el lado intuitivo “femenino” o “yin” son particularmente relajantes y curativas. Sensaciones placenteras y relajantes, como masajes suaves, que te acunen o que te acaricien, activan los mecanismos de sanación, y le recuerdan y aseguran al cuerpo que es seguro relajarse. Le permite abandonar poco a poco la hipervigilancia. Esto comienza a romper el ciclo de ansiedad y a crear un ambiente seguro de sanación interna.

Las técnicas de relajación, como la respiración, la meditación, el yoga, la hipnosis y la visualización son útiles para calmar el cuerpo/la mente. Por supuesto, una buena nutrición y un sueño adecuado son esenciales. También es de vital importancia que entiendas y expreses  tus emociones, idealmente tanto en terapia individual como en grupo. Cambios cognitivo-conductuales, junto con habilidades de comunicación mejoradas (como por ejemplo, la asertividad), refuerzan la autoestima y reducen la reactividad emocional en las relaciones interpersonales.

Poco a poco, comprobarás que  te vuelves más optimista y enérgico/enérgica, experimentarás menos dolor y te resultará más fácil quererte a ti mismo/misma y encontrar lo que te hace disfrutar. Si te involucras en más actividades sociales y practicas yoga a  diario, verás que tu resistencia, fuerza y flexibilidad aumentan, no sólo corporalmente sino en tu vida en general.

A medida que tu estado de ánimo se normaliza (sin tanto altibajo emocional), el dolor disminuye. Está en tu mano terminar con el ciclo de dolor. Hasta que lo haces consciente, simplemente es el estado al que estás acostumbrado/acostumbrada porque en tu infancia sufriste mucho. Sin embargo, ahora eres tú mismo/misma el que lo perpetúa con viejos patrones que ya no te sirven en tu vida. Ánimate a cambiar el ciclo de dolor queriéndote más y cambiando tus rutinas.

¿Qué es un detonante o “trigger”?

Un detonante (“trigger” en inglés) es una situación /experiencia que ocurre en el presente y que activa un recuerdo que transporta a la persona de regreso a la experiencia que provocó el trauma original.

Este traslado es tan potente para la persona que lo está viviendo que se puede convertir en un flashback emocional. Esto es, un “secuestro” por parte del cerebro emocional, dejando como apagada o en off la parte racional y lógica.

Para el/la superviviente que lo experimenta es como una réplica exacta de volver a sentirse un/una niño/niña que está siendo atacado/atacada y se siente indefenso/indefensa e impotente.

¿Qué produce un detonante?

Cada persona tiene sus propios temas que los disparan. Los detonantes pueden ser personas, lugares o situaciones. Los pensamientos, las emociones y las sensaciones también pueden desencadenar recuerdos de trauma.

También pueden ser algo específico relacionado con el recuerdo del evento traumático (como puentes, el olor a combustible) o algo general (como estar en una multitud).

Un detonante puede dar lugar a emociones como: miedo, ira, tristeza, culpa y vergüenza.

También es muy frecuente que se den sensaciones físicas como la aceleración del corazón, dificultad para respirar, sudoración, sequedad en la boca.

La importancia de entender los detonantes

Durante tu infancia viviste experiencias traumáticas que quedaron registradas en tu memoria a nivel inconsciente (necesitaste relegarlas al inconsciente para poder sobrevivir). Estas experiencias tienen asociadas para ti determinadas imágenes, sonidos, olores,… que están asociadas a la experiencia traumática.

Cuando veías esas imágenes, oías esos sonidos u olías esos olores, tu cerebro detectaba el peligro y se ponía en modo “alarma” para protegerte. El detonante literalmente disparaba adrenalina, cortisol y otras hormonas que provocaban reacciones físicas(sudor, tensión en los músculos) y emocionales (miedo, ira ) para que te congelases, huyeses o luchases.

Cuando en la actualidad te topas por casualidad con algo que se parece mucho a una de esas imágenes, sonidos u olores, el detonante se dispara de nuevo “confundiendo” la situación de realidad con la del trauma hasta el punto de “pensar” que son la misma.

Consejos sobre los detonantes

Identifica tus detonantes. Los detonantes cambian de persona a persona porque están relacionados con las experiencias de cada uno/cada una. Mis detonantes son:

  • Cuando alguien está detrás de mí y hace cualquier tipo de ruido y no le veo.
  • Los sitios que están llenos de gente, como los conciertos o los grandes almacenes.
  • Los sitios con muchos estímulos visuales o auditivos, como los supermercados.
  • Cuando alguien se ríe y le tengo cerca (muchas veces pienso que se ríen de mí).
  • Cuando alguien me toca sin avisar.
  • Cuando oigo gritos o golpes.

Gestión de los detonantes

Puedes desarrollar estrategias para gestionar situaciones que ya sabes que serán difíciles para ti porque es posible que den lugar a detonantes. Sigue los siguientes pasos:

Paso 1: Prepárate para la situación.

Paso 2: Deja de lado tu preocupación.

Paso 3: Acepta que experimentarás angustia y déjate sentirla, no la resistas.

Paso 4: Intenta que tu cerebro emocional no se apodere de toda la situación, deja que la parte racional también esté presente en la situación.

Paso 5: Confía en ti. Afronta la situación confiando en que dispones de los recursos necesarios para gestionarla de forma adecuada.

Paso 6: Respira y no te dejes llevar por el miedo.

Si te sientes listo/lista para tratar directamente con un detonante, intenta permanecer presente en presencia del detonante hasta que te sientas menos angustiado/angustiada. La idea es que no abandones la situación hasta que sientas que el detonante no es tan poderoso como lo era cuando te enfrentaste a él por primera vez. Esto reciclará tu cerebro. Tu cerebro aprenderá a tolerar el detonante. Recuerda que tu cerebro es plástico y puedes modificar sus respuestas. Tu cerebro aprenderá que no estás en peligro real y tu respuesta al detonante se debilitará gradualmente.

Para poder poner en práctica estas herramientas y recomendaciones de forma segura y efectiva:

  1. Háblate a ti mismo/misma activamente durante la situación.
  2. Hazlo en un entorno seguro en el que puedas abandonar la situación si realmente lo necesitas.
  3. Haz respiraciones profundas y pausadas mientras lidias con el detonante.
  4. No aguantes más de lo necesario. Si ves que es demasiada angustia, simplement protégete y abandona la situación.

Un detonante puede convertirse en un flashback emocional

Los detonantes pueden desembocar en flashbacks emocionales. Un flashback emocional, como hemos explicado más arriba, es una situación en la que el cerebro el “secuestrado por la amígdala”, una parte del sistema límbico que se encarga de alertar cuando percibe un peligro.

Durante el flashback emocional, el cerebro confunde una situación que está ocurriendo en el presente con una situación del pasado que se le parece y en la que sentimos que nuestra supervivencia está en peligro. Esto lleva a actuar de una forma muy impulsiva, generalmente huyendo o luchando, sin dejar que la parte racional del cerebro también intervenga.

¿Por qué nos ocurre esto a los/las supervivientes? Porque muchos/muchas sufrimos situaciones de infancia en las que realmente nos sentimos en peligro, amenazados/amenazadas en nuestra existencia. Esto provocó que ciertas experiencias traumáticas fueran registradas y relegadas al inconsciente por ser muy dolorosas. Cuando nos encontramos con una situación en el presente que es similar, todas las alarmas se disparan y para nuestro cerebro es como si reviviésemos esa situación otra vez.

Sin darnos cuenta, inconscientemente provocamos que esas situaciones se acaben repitiendo en nuestras vidas hasta que las hacemos conscientes. Cuanto más consciente sea tu vida, menos buscarás detonantes que te hagan revivir situaciones traumáticas de infancia que para ti son una “zona de confort”.

Fuente: https://psychcentral.com

Ejercicios de Neuroplasticidad para cambiar el “sistema de alarma” de tu cerebro reptiliano

El “cerebro reptiliano” de un/una superviviente de abuso

Cuando se produce un trauma, nuestros mecanismos de supervivencia crean una especie de carretera de emergencia en nuestro cerebro. Nuestro “celebro reptiliano” se llama así porque lo compartimos con los reptiles. Es la primera parte del cerebro en formarse y se encarga de las cuestiones de supervivencia básica tales como el hambre, el sueño, el cobijo, defecar, … Es el que nos hace movernos de la forma más instintiva para procurarnos lo que necesitamos para sobrevivir.

En ocasiones, el “cerebro reptiliano” puede recibir un detonante que nos pone en estado de alarma o en guardia frente a un potencial peligro. Activa los mecanismos que nos llevan luchar, huir o congelarnos frente a un peligro. Se encarga de funciones como la secreción de adrenalina,  el aumento de la frecuencia cardiaca y la tensión de nuestros músculos. Frente a un estímulo potencialmente peligroso, el “cerebro reptiliano” asume el control de todo el cerebro. Nos lleva por una “carretera de emergencia” neuronal para protegernos de ese peligro. Tiene una función importante.

El problema para un/una superviviente es que esa carretera, ese camino neuronal ha sido recorrido demasiadas veces. El “cerebro reptiliano” de un/una superviviente se puede activar fácilmente para volver a ingresar por esa carretera de emergencia frente a cualquier señal, real o imaginada, de nuestros sentidos que nos recuerden la amenaza original. Esto es lo que se llama un detonante. Ejemplos de detonantes para un/una superviviente son: alguien que nos grita, que nos critica, que nos desaprueba, que nos abandona, que se ríe de nosotros, que nos trata mal, que se enfada, que retiene el afecto,… cualquier situación que asociemos con el viejo trauma. Estas situaciones son anclas maladaptativas, detonantes para que nuestro cerebro reptiliano tome el control sobre esa carretera neuronal de emergencia.

Muchas de esas situaciones que son detonantes de la alarma ya no representan un peligro real de supervivencia. Sí que lo fueron en sus momento, ya que, en muchas ocasiones, los/las que generaron esas situaciones, la familia de origen con un padre/madre narcisista eran personas de las que dependíamos completamente en la infancia para sobrevivir y lo que ocurre es que nuestro cerebro se confunde. Vive en el pasado a consecuencia de experiencias traumáticas. Una situación extrema en la que el sistema de alarma toma el control es un flashback emocional.

El “modo de emergencia” del cerebro consume mucha energía y dificulta mucho llevar una vida sana y normal. No queremos “coger esa carretera” a menos que realmente lo necesitemos. La vulnerabilidad de los/las supervivientes del trauma a la absorción constante por parte del cerebro reptiliano (desencadenada por la menor asociación con el trauma pasado) puede dificultar mucho las rutinas de la vida.

La Neuroplasticidad para construir “vías alternativas” a la “carretera de alarma”

¿Alguna vez has conocido a un/una gimnasta exitosa que no trabaja constantemente para desarrollar y mantener la flexibilidad mediante una variedad de ejercicios? Yo tampoco. Como los/las gimnastas, los/las supervivientes del trauma (muchos/muchas provenientes de familias disfuncionales/narcisistas) se benefician enormemente de los ejercicios especiales para facilitar la neuroplasticidad.

La neuroplasticidad es la capacidad del cerebro para cambiar y adaptarse a los estímulos ambientales, lo cual logra mediante la creación de nuevas conexiones neuronales y el crecimiento de nuevas neuronas.

Los ejercicios de neuroplasticidad facilitan el movimiento más allá de la red de carreteras de emergencia al ayudarnos a “construir puentes” sobre él, crear rampas de salida tempranas para salir cuando se encuentran en él y desarrollar vías de respuesta alternativas y más sostenibles.

Cuanto más practicamos, menos vulnerables nos volvemos a un desencadenamiento no deseado de nuestro sistema sensorial y más rápido podemos avanzar a través de las etapas de recuperación y de sanación.

Algunas actividades de neuroplasticidad han demostrado ser efectivas en investigaciones cerebrales realizadas. Las principales actividades son la oración, la meditación, el yoga, y artes expresivas como tocar música, dibujar, mover el cuerpo y dramatizar (psicodrama).

Es fundamental entender por qué son tan pocas las actividades efectivas, ya que si no lo hacemos, podemos perder mucho tiempo, esfuerzo, dinero y esperanza en estrategias que parecen ayudar, pero que en realidad no es así.

Utilizo una metáfora de lagarto para describir el cerebro instintivo. Como un lagarto, el cerebro instintivo es rápido, voluble y poco sofisticado en la capacidad de evaluar o comunicarse. ¡El personaje a cargo de la carretera de emergencia no responde a la razón, al análisis o a la lógica!

Las actividades que se encuentran para expandir la neuroplasticidad interactúan con el cerebro instintivo en el nivel precognitivo en el que funciona. En el tratamiento pretendemos inducir al cerebro instintivo (reptiliano) a relajar su dominio de la gestión de crisis y permitir que otras funciones cerebrales vuelvan a involucrarse, como el buen juicio, la capacidad de separar la experiencia pasada del presente, el juicio moral y la creación de significado en relación con traumas experienciales.

Ejercicios de Neuroplasticidad

Advertencia

Es necesario que un/a terapeuta capacitado/capacitada guíe y acompañe esta actividad. Lo que yo recomiendo por mi experiencia personal es un(a) terapeuta que tenga formación en  terapia Gestalt y en terapia corporal.

Toma de tierra. Usa tu imaginación para conectarte con un lo que es un “espacio seguro” para ti. Puedes utilizar una meditación guiada para que te resulte más fácil.

Expresión artística. Representa artísticamente ese espacio seguro, utilizando una hoja de papel y pinturas de colores.

Nombramiento. Ponle un nombre (una palabra) a ese lugar seguro que has escogido.

Anclaje. Párate en un lugar de una manera que sea cómoda para ti y trata de sentir dónde resuena en tu cuerpo el nombre que elegiste para “espacio seguro”.  Y después:

  • Realiza algunas respiraciones profundas, cierra los ojos, deja que la palabra se mueva alrededor de tu cuerpo y permite que tu cuerpo siga o responda de la forma que desee.
  • Presta atención a cómo tu cuerpo desea moverse, ya sea un pequeño movimiento o un gran gesto, y responde a ese deseo de una manera que lo facilites que la respuesta de “congelación” desaparezca.
  • Encuentra una posición en la que te sientas cómodo/cómoda y experimentes una sensación de expansión. Si sientes contracción, muévete en una dirección diferente hasta que encuentres una sensación de expansión.
  • Cuando sientas una expansión sensorial y la postura corporal sea cómoda, ancla la sensación de espacio seguro en tu cuerpo. Haz unas cuantas respiraciones y recuerda la sensación de expansión en tu cuerpo, tal vez imaginando que están creando una extensión que ancla esa posición corporal en todos sus sistemas (emocional, espiritual, físico)
  • Cuando hayas terminado, tómate un tiempo para escribir sobre la experiencia y cómo te has sentido, prestando atención a las sensaciones corporales, imágenes, respuestas sensoriales,..

 

Fuente: https://pro.psychcentral.com

La “sensación sentida”, una forma de sanación del trauma.

El trauma es un momento de terror, congelado en el tiempo. Cuando una persona se siente abrumada, se congela de miedo. El trauma crea una camisa de fuerza interna, sofoca el desarrollo del ser y detiene el avance. Es como si la vida misma se congelara

El trauma no puede tratarse de manera efectiva sólo mediante expresiones verbales o emocionales. Es la detección corporal la que permite al momento fijo, “congelado”, secuenciar y avanzar en el tiempo. De esta manera, la fijación traumática se abre al flujo y la transformación.

La “Sensación Sentida”

Un componente central de la experiencia somática es la “sensación sentida”. La “sensación sentida” es la encarnación del paisaje sensorial/energético/emocional en constante cambio. La “sensación sentida” mueve nuestro enfoque de las acciones y cosas que suceden fuera de nosotros a la experiencia interna presente, por ejemplo, texturas, colores, olores, sensaciones táctiles.

Después de pasar por una experiencia muy dolorosa u horrible, estar en tu propio cuerpo puede ser algo que inconscientemente, resulta muy difícil. Lo que tendemos a hacer con el trauma es insensibilizarnos, anestesiarnos a nosotros mismos/nosotras mismas para no sentir. Esto lo podemos hacer de diversas formas, una de las más frecuentes es la disociación. Disociamos nuestros pensamientos de nuestros sentimientos/emociones porque sentir es algo demasiado doloroso, abrumador. Otra forma es la hipervigilancia. Estamos tan atentos/atentas a lo que ocurre en el exterior para detectar potenciales, que nos desconectamos por completo de lo que ocurre dentro de nosotros.

El problema es que no sintiendo, vivimos con el trauma en el cuerpo. Sólo sintiendo eso que es tan desagradable en el cuerpo, podemos por fin completar esa experiencia traumática de nuestra vida. Es lo que en la terapia Gestalt se llama “integrar”.

Muchas veces, las personas traumatizadas tenemos que volver a aprender activamente cómo sentir sensaciones en el cuerpo, para “ocupar” el cuerpo nuevamente, hacerlo nuestro nuevamente, ya que no tenemos un cuerpo sino que somos un cuerpo.

“No tenemos un cuerpo, sino que somos un cuerpo” Alexander Lowen, creador de la bioenergética.

Simplemente tener la voluntad de estar presente mientras se detectan algunas sensaciones básicas es un paso súper importante para volver a sentirnos seguros/seguras en nuestro propio cuerpo.

La “sensación sentida” es un ejercicio simple pero poderoso para recuperarse del Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo. Muchos/muchas supervivientes tienden a estar mucho tiempo en la mente, pensando que ahí encontrarán la solución a sus problemas. Se atascan buscándole un porqué racional a todo. Parte de la solución está en simplemente dejarse sentir lo que hay, por muy desagradable que sea. Es pasajero y después llega una vida más plena en equilibrio y con más conexión contigo misma/mismo.

El objetivo de la “sensación sentida” es el de desarrollar la capacidad de estar en sintonía y transitar lo que se siente en el cuerpo. Las sensaciones ocurren en niveles sutiles y manifiestos en todas las zonas de tu cuerpo.

Ejercicio sobre la “sensación sentida” extraído del libro de Peter A. Levine “Despertando al Tigre: Sanando el Trauma.”

Siéntate o acuéstate en un lugar tranquilo donde puedas concentrarte cómodamente. Ponte lo más cómoda/cómodo posible. Siente la forma en que tu cuerpo hace contacto con la superficie que te estás apoyando. Siente la piel y observa cómo sientes tu ropa. ¿Qué sensaciones hay? ¿Cómo sabes que te sientes cómoda/cómodo? ¿Qué sensaciones físicas contribuyen a la sensación general de confort? ¿Ser más consciente de estas sensaciones te hace sentir más o menos cómoda/cómodo? ¿Esto cambia con el tiempo?

 Ejemplos de Sensaciones Corporales

  1. presión: sensación uniforme, desigual, de apoyo, sensación de aplastamiento, interrupción de la circulación.
  2. tensión: sólida, densa, cálida, fría, inflamada, protectora.
  3. dolor: agudo, punzante, leve, punzante.
  4. hormigueo: pinchazos, vibración, cosquillas, entumecimiento.
  5. picor: leve, irritante, sutil, picor, intenso.
  6. temperatura: cálida, caliente, ardiente, fría, húmeda, helada, congelada.

La insensiblización del cuerpo ante el trauma. Nos insensibilizamos para no sentir.

¿Qué causa el trauma en el cuerpo?

El trauma desregula el cuerpo. Afecta a la energía corporal. Las personas que han sufrido un trauma (muchas de ellas en la infancia a causa de abuso o maltrato por parte de sus padres narcisistas/disfuncionales) viven sin saberlo en un estado de alteración corporal. Esta alteración puede ir desde tener un nivel demasiado bajo de energía (cansancio crónico, fatiga crónica, sensación permanente de “vacío”) hasta el extremo de la hiperactivación (taquicardias, ansiedad, insomnio). El nivel de energía vital  no es estable, sino que varía de un extremo al otro o se estanca en uno de ellos.

Cuando experimentamos demasiado miedo en el cuerpo, una respuesta natural a esta desregulación (y la confusión o las luchas relacionales que la acompañan) es escaparse, salir de ese estado alterado que causa mucha incomodidad y sufrimiento a la/al que la sufre.

Vías de escape al trauma

Una de las formas más comunes de “escapar” a esto es la adicción (a la comida, el sexo, las compras, el juego,…) esto permite a las personas “regular” de una forma tóxica el estado alterado de su cuerpo y de sus emociones. Lo regulan por un tiempo. El problema es que sólo se trata de un parche, ya que entonces se busca la solución a problemas del cuerpo fuera de él y no permite llevar una vida normal y sana, ya que es como un bucle en el que la persona tiene que acudir una y otra vez a su adicción para sentirse algo mejor sólo de forma transitoria.

Otra de las vías de escape es la disociación. La disociación consiste en separar las emociones de las sensaciones corporales y los pensamientos. No conectamos los unos con los otros, de forma tal que conseguimos escaparnos de no conectar con nosotras mismas/nosotros mismos, para escaparnos de sentir el dolor, tanto en el cuerpo como a nivel emocional.

Los grandes nombres del trauma, incluidos Peter Levine y Bessel van der Kolk, defienden prácticas de resensibilización somática para tomar consciencia del momento presente y una experiencia corporal de seguridad y control.

“Las personas traumatizadas se sienten crónicamente inseguras dentro de sus cuerpos: el pasado está vivo en forma de malestar interior persistente. Sus cuerpos son constantemente bombardeados por señales de advertencia y, en un intento por controlar estos procesos, a menudo se vuelven expertos en ignorar sus instintos y en adormecer la conciencia de lo que se desarrolla en su interior. Aprenden a esconderse de sí mismos/mismas “. Bessel van der Kolk.

La insensibilización del cuerpo

Muchos cuerpos de las personas que han sufrido un trauma están de forma casi permanente en un estado de hipervigilancia, buscando amenazas potenciales de peligro a su alrededor. Esto les pone en una alerta eterna para una de las tres respuestas al trauma (localizadas en el cerebro reptiliano): congelarse, huir o atacar.

Cuando nos separamos de nuestra esencia, nos convertimos en nuestro propio enemigo/nuestra propia enemiga. Consideramos que alguna parte de nosotras/nosotros es inaceptable o insegura y gastamos grandes cantidades de energía en un esfuerzo por contener y someter esa parte.

Nos anestesiamos a nosotros mismos/nosotras mismas de forma inconsciente para no sentir, porque el dolor es mucho y muy profundo. El problema que tiene esto, es que autoanestesiarnos (tanto a nivel corporal como emocional), no sentimos lo malo, pero tampoco lo bueno. No sentimos dolor pero tampoco alegría.

Nos convertimos en robots que sólo piensan, nos volvemos personas muy rígidas y controladoras en búsqueda de una seguridad que intentamos fabricar.En el caso de otras personas la desregulación puede hacer que tengan ataques de ira o de cólera, haciendo que se comporten de un modo extremadamente irracional. El trauma nos hace movernos en los extremos. Puede ser una combinación compleja de ambos, crear una estructura artificial para proteger y controlar, y luego involucrarse en comportamientos de alto riesgo para ahogar o anestesiar el dolor.

El tema es que por mucho que intentemos taparla, ignorarla, negarla, racionalizarla, minimizarla, anestesiarla,… esa parte nuclear de nuestro yo se sigue manifestando de diversas maneras para que le prestemos atención.

 “El trauma cambia la ínsula, los sistemas de autoconciencia. Las personas traumatizadas a menudo se vuelven insensibles consigo mismas. Les resulta difícil percibir el placer y comportarse de forma espontánea. Hay que usar métodos para despertar los sentidos en la persona “.Bessel van der Kolk.

Volver a tu cuerpo significa volver al dolor original. Atravesarlo en lugar de huir de él. Tu cuerpo habla de ti, de cómo has formado tu carácter y de tu trauma. Empezar a hacer ejercicios específicos con tu cuerpo te ayudará a reencontrarte con ti misma/mismo. Por ejemplo, no poder gritar es un indicativo de que sientes que no tienes voz ni tomas decisiones sobre tu propia vida sino que otras personas lo hacen por ti. Andar con la cabeza mirando hacia abajo indica falta de autoestima. Andar de forma muy ligera, casi de puntillas en lugar de con una pisada firme indica falta para arraigarse, para adquirir compromisos en la vida, contigo misma/mismo y con los demás.

El acceso a sensaciones físicas incómodas en el cuerpo permite sentirlas para poder sanarlas. Es verdad que es incómodo y puede resultar abrumador, pero es el camino para la sanación.

Prácticas para equilibrar tu energía corporal

  • Practicar yoga: el yoga actúa sobre el sistema nervioso, equilibrándolo. Las/los supervivientes del trauma sufren de una alteración de su sistema nervioso, el sistema simpático sufrió alteraciones al verse obligado a estar en un estado casi permanente de hipervigilancia para detectar el peligro.
  • Practicar ejercicios de bioenergética: la bioenergética contiene ejercicios específicos corporales sobre zonas de nuestro cuerpo que o bien están bloqueadas e insensibilizadas o bien están en una tensión permanente que no permite fluir de forma sana.
  • Cuidar tu cuerpo con temas simples pero efectivos como alimentarlo bien, darle descanso, hidratarlo.
  • Para el tema de la desensibilización de la piel viene bien acudir de vez en cuando a baños terapéuticos, donde puedas darte baños alternativos con agua fría y caliente. Te activará la circulación y la sensibilidad en la piel. No es caro y son lugares accesibles, que con una búsqueda en internet puedes encontrar fácilmente.

Cualquiera que sea el método, para aquéllos/aquéllas que se han separado de su yo corporal, la incorporación de la sensación corporal en su conciencia a menudo resulta ser un proceso que les cambia la vida.

Libros recomendados sobre el trauma en el cuerpo:

“El cuerpo lleva la cuenta: cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma”, de Bessel van der Kolk.

“Despertando al Tigre: sanando el trauma”, de Peter Levine.