¿Tienes comportamientos Autolesivos? Empieza a Sanar.

Las personas que se autolesionan sufren mucho dolor emocional. Las autolesiones son una vía de escape maladaptativa a ese dolor. 

¿Qué son las Autolesiones?

El corte es la forma más frecuente de autolesión. Pero puede hacerse de muchas formas. Es cualquier comportamiento auto-agresivo que sea dañino, que se usa para lidiar con el dolor emocional. Algunos ejemplos específicos son:

  • Cortes con cuchillos, cuchillas, objetos punzantes
  • Romper huesos intencionalmente
  • Perforar la piel con alfileres u otros objetos
  • Quemaduras
  • Sacarse el cabello, las uñas o pedazos de piel
  • Golpearse la cabeza, las manos, los pies, las rodillas o las extremidades contra superficies duras
  • Darse puñetazos

¿Por qué algunas personas tienen un Comportamiento Autodestructivo?

El comportamiento autodestructivo es para algunas personas un mecanismo de autocastigo. A veces las personas lesionan las partes de sí mismas que les parecen “malas”. Es como si esas partes pudieran ser “castigadas” para ayudarles a sentirse menos avergonzadas de sí mismas.

Otras personas usan el comportamiento autolesivo como una distracción. Duele, y esa es la intención. El dolor físico ayuda a una persona a disociarse del dolor emocional que les abruma y les sobrepasa. Cuando se autolesionan, se sienten con más control sobre sus propias emociones.

Sanación de la persona que se autodaña

No te juzgues ni te culpes ni te avergüences por tu comportamiento. Adopta una actitud de autocompasión. Al fin y al cabo, tú no has elegido esto. Es más que probable que el dolor emocional provenga de una situación anterior y/o actual de abuso o maltrato por parte de otra persona y que tú repitas ese comportamiento hacia ti mismo/misma en forma de autolesión.

Estás usando el comportamiento autolesivo para lidiar con una ansiedad o un dolor emocional que están fuera de tu umbral de tolerancia. El dolor físico se ha convertido en tu forma de calmar el dolor emocional, ya sea abrumador por hiperexcitación (hipervigilancia) o hipoexcitación (insensibilización, disociación) estando siempre en un estado de inestabilidad.

Para acabar con esa sensación de inestabilidad, puedes hacer ejercicios como los siguientes:

  • La toma de tierra: es un ejercicio corporal energético que te ayuda a anclarte, a dejar de estar tanto en tu cabeza, con pensamientos negativos obsesivos. Puedes ver ejercicios como éste y otros en la web de la fundación de Alexander Lowen, el creador de la bioenergética.
  • Otro ejercicio que va muy bien es el de la sensación sentida. Se trata de sentarte una silla en un rato y escanear tus sensaciones corporales, como el roce de la camiseta que llevas en tu piel, el aire que entra y sale por tu nariz,.. La sensación sentida está explicada con mucho detalle por Peter Levine en su libro: “Despertando al Tigre. Sanando el Trauma”.
  • En general, todo el trabajo corporal está muy recomendado por los expertos en trauma para que recuperes la sensación de sentirte segura en tu propio cuerpo y para que lidies con emociones displacenteras como el dolor, que una vez son transitadas, te devuelven al equilibrio. Busca un centro de Terapia Corporal.
  • También es importante que puedas poner tu historia en palabras y que un(a) terapeuta que sepa de trauma, la valide. Frases como

    “en mi familia lo llamaban disciplina pero era abuso”, “mi madre me tocaba de forma inapropiada cuando era niño” “mi novio me decía que era tonta, fea, que estaba loca y después lo negaba”

    dejan de ser tan graves cuando puedes reconstruir tu historia y llamar a las cosas por su nombre. En las familias narcisistas/disfuncionales hay una negación y/o justificación de lo que pasa en ellas y es importante que puedas contar tu historia a una persona que empatice contigo y no te cuestione.

  • El EMDR es una técnica de Desensibilización y Reprocesamiento por los Movimientos Oculares, que está recomendada por expertos en trauma, como Vessel Van Der Kolk en “El Cuerpo lleva la Cuenta” para integrar las experiencias traumáticas como algo que sucedió en el pasado y que dejen de formar parte de tu presente.
  • El Neurofeedback es un tratamiento neurólogico no invasivo. Consiste en entrenar al cerebro para que cree caminos neuronales diferentes de patrones que ya tienes, que seguramente son maladaptativos.

La importancia del autocuidado en la Sanación

El comportamiento autolesionante no suele ser un acto suicida. Las personas que se autolesionan tienen problemas de autoestima y para gestionar sus propias emociones, pero esto no quiere decir que pretenda quitarse la vida.

Como persona que has sido maltratada, empezar a tratarte bien a ti misma será el comienzo de la sanación. Quiérete y busca apoyo en tus seres queridos. La atención y la comprensión de un ser querido pueden ayudar a reducir el riesgo de muerte accidental o un daño más serio.

Y también..

  • Aliméntate bien
  • Duerme el número suficiente de horas
  • Practica yoga (te dará equilibrio)
  • Aleja a las personas tóxicas de tu vida
  • Dedica tiempo a hacer actividades que disfrutes

Si quieres a una persona que se autolesiona

Si quieres a alguien que tiene un comportamiento autodestructivo, intenta no ser reactivo, no alarmarte o no decirle cosas como “¡Ya lo has hecho otra vez!””¡¿Estás loco?!. Esto seguramente le provocará más estrés o más dolor y lo volverá a hacer con más frecuencia o más intensidad.

Muéstrate compasiva con él. Si te ve tranquila y calmada al lidiar con la situación, le estarás enseñando a auto-calmarse de una manera saludable. Esto es un regalo para él, especialmente cuando sus emociones son tan abrumadoras.

Con el tiempo, la regulación que una vez trataron de encontrar a través de la autolesión, la acabarán encontrando en conexiones saludables y el autocuidado personal.

Conclusión

Si te autolesionas, no es necesario que vivas así. Tú no tienes la culpa de lo que te ha pasado pero sí la responsabilidad de quererte, cuidarte, vivir disfrutando de la vida y prosperando en ella, no sufriéndola y sobreviviendo. Pide ayuda. Tu sanación es posible y puede empezar hoy.

Fuente: https://brickelandassociates.com

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8 Mitos sobre el Abuso Infantil

Mito 1: El Abuso Infantil es poco frecuente

5 Formas en las que los Hijos de Padres Narcisistas se Autodestruyen de Adultos (Y Cómo Pararlo)

De forma generalizada, la mayoría de las personas asocian los términos “trauma” y Síndrome de Estrés Post-Traumático con los veteranos de guerra o las personas que han sufrido un evento traumático aislado, como un accidente de tráfico.

Sin embargo, hay niñas que crecen en familias narcisistas/disfuncionales, donde las casas en las que crecen en realidad son zonas de guerra con sus padres narcisistas. Sufren heridas psicológicas y emocionales en etapas de su desarrollo, que son las más vulnerables en la vida de una persona.

El descuido, el maltrato, el abandono y/o cualquier forma de abuso sexual, emocional, psicológico y/o físico, como el impuesto por los padres narcisistas han sido probados por investigaciones tales como el estudio Adverse Childhood Experiences que dejan un impacto adverso y de larga duración sobre esos niños y que, si no se trata, les acompaña toda su vida.

Más abajo te muestro 5 formas en las que tener padres narcisistas/disfuncionales pueden condicionar tu vida de adulto.

      1. Tu vida es en parte una recreación de los traumas de infancia

        Freud lo denominó  la “repetición-compulsión”, los psicólogos se refieren a él como los efectos del “condicionamiento”. El ciclo de repetición del trauma es real, es destructivo y tiene sus orígenes en una infancia de maltrato y abuso.

        Para los supervivientes, el caos es su “normalidad”. A medida que se acostumbran a ambientes altamente estresantes que dan forma a su sistema nervioso y su psique, su lucha por la supervivencia en la infancia deja un vacío en la edad adulta que a menudo hace que inconscientemente les lleve a buscar situaciones con un nivel de estrés semejante al de su infancia.

        Las madres narcisistas se comportan del mismo modo que los abusadores narcisistas en las relaciones adultas. Les encanta bombardear (halagar y alabar de forma excesiva) a sus hijos cuando necesitan algo de ellos, triangulan con otros hermanos para que se enfrenten, y los devalúan con hipercrítica, ataques de ira, abuso verbal y emocional.

        También se involucran en refuerzos intermitentes, retirando el afecto en períodos críticos y, al mismo tiempo, dando migajas de amor a sus hijos como una promesa de un amor incondicional que nunca llega.

        Nos sentimos atraídas (bioquímicamente) por personas que se parecen a nuestros padres narcisistas porque en la relación se recrean los mismos altibajos severos que en la infancia. Cuando el bombardeo de amor (o love bombing en inglés)) se convierte en devaluación, nuestro cuerpo se vuelve adicto a los subidones y bajones de la dopamina, la oxitocina, la adrenalina y el cortisol.

        También hay un componente psicológico de esta adicción. A menudo estas personas que repiten el abuso sufrido en la infancia vienen disfrazadas de salvadoras. Las supervivientes de traumas complejos están en una “búsqueda repetida de un(a) salvador(a)“.

        Muchos niños maltratados se aferran a la esperanza de que crecer les brindará libertad y escape. Pero la personalidad formada en el ambiente de control coercitivo no está bien adaptada a la vida adulta. El superviviente tiene problemas fundamentales de confianza básica, autonomía e iniciativa. Todavía está atrapado en su infancia. Tratando de crear una nueva vida, vuelve a encontrarse con el trauma.

        El bombardeo de amor los atrapa y los mantiene en relaciones sin amor. Anhelan los elogios excesivos porque nunca tuvieron una consideración positiva incondicional en la infancia. Cuando finalmente se eliminan los temores de su infancia, hay resistencia a la estabilidad. Sus cuerpos y mentes tienen que reajustarse bioquímicamente para encontrar atrayentes las relaciones sanas y estables.

        “El impulso para completar y sanar el trauma es tan poderoso y tenaz como los síntomas que crea. La urgencia de resolver el trauma mediante la recreación puede ser severa y compulsiva. Estamos inextricablemente inmersos en situaciones que reproducen el trauma original de maneras obvias y no obvias”

        Peter A. Levine, “Despertando al Tigre: Sanando el Trauma”

        Por ejemplo, una hija que no es querida por su padre narcisista abusivo terminará con parejas emocionalmente no disponibles -o incluso sociópatas- en la edad adulta debido a un sentido inculcado de indignidad. Para ella, el maltrato y el abuso son lo conocido, lo  familiar, inconscientemente busca el amor incondicional de su padre en hombres que la tratan igual, que le hacen revivir el trauma. Está acostumbrada a tomar una función de cuidadora, atendiendo las necesidades de la otra persona mientras descuida las suyas. Ella ha sido inconscientemente “programada” para buscar personas peligrosas , dañinas y tóxicas para ella porque son lo “normal” en su vida.

        Si las heridas de infancia no se sanan con terapia, el ciclo de abuso no se interrumpe nunca y el trauma sigue presente, consciente o inconscientemente en la vida de las supervivientes.

      2. El Abuso Verbal y Emocional al que te sometieron te lleva al Auto-sabotaje

        Los padres narcisistas someten a sus hijos a hipercríticas, castigos severos y una indiferencia insensible a sus necesidades básicas como seres humanos. Para poder sobrevivir, los hijos de narcisistas, que en su infancia dependen completamente de sus cuidadores, tienen que seguir las reglas de sus padres tóxicos si quieren sobrevivir. Esto son “programas de supervivencia” inadaptados que llevan a la edad adultas. Hábitos como agradar a las personas, sacrificar las necesidades propias, cuidar a los demás para sentirse queridas, sentirse “egoístas” o culpables constantemente y mantener un bajo perfil son algunas de las estrategias que les ayudaron a sobrevivir en un ambiente hostil pero que a día de hoy son maladaptativas, ya que les hacen vivir una vida pobre, en la que no hay confianza ni ilusión ni dirección.

        En respuesta a la violencia psicológica, los hijos de padres narcisistas desarrollan una sensación de vergüenza tóxica, autoculpa y un crítico interior inflexible que los hace sentir como si no fueran merecedores de las cosas increíbles que la vida tiene para ofrecer. Suelen tener la idea de que no son lo “suficientemente buenos” y por eso no intentan nada o pueden pasar a la otra polaridad de la perfección, en un esfuerzo por demostrar su valía. De cualquier manera, carecen de autovalidación y autoestima.

      3. Las Adicciones y la Disociación se vuelven ‘normales’

        El trauma puede afectar a los centros de recompensa del cerebro, haciendo a las personas más susceptibles al abuso de sustancias u otras adicciones.

        Cuando una persona ha sido traumatizada a una edad tan joven, la disociación, un mecanismo de supervivencia que separa las experiencias, de los cuerpos y el mundo, puede convertirse en una forma de vida. Dependiendo de la gravedad del trauma, las supervivientes de abuso infantil también pueden tener problemas con el comportamiento adictivo como adultos.

        El cerebro humano es un órgano que está configurado para responder a la experiencia que está teniendo. Así que en edades en las que se está formando, si estás en un constante estado de terror, tu cerebro está configurado para estar alerta ante el peligro y para tratar de hacer desaparecer esas terribles sensaciones. El cerebro se confunde mucho. Y eso lleva a problemas como la reactividad, cerrarse a todo y dedicarse a las adicciones. La adicción proporciona un escape conveniente de las realidades cotidianas de inmenso dolor, depresión, ansiedad y rabia que a menudo se producen después de las heridas infantiles no resueltas.

        El estrés crónico en la niñez debido al abandono o la agresividad continuados tiene un efecto generalizado en la capacidad de prestar atención, de aprender, de ver qué quieren las otras personas, y merma las capacidades sociales.

      4. Las ideaciones suicidas son muy comunes entre los supervivientes 

        Cuando una persona ha sido traumatizada en la infancia y más tarde revive esa victimización como adulto, se produce una sensación generalizada de desesperanza y de impotencia frente a la vida. Esto les lleva a tener ideaciones suicidas como la única salida que tienen cuando se sienten muy agobiadas. Algunas personas no hacen tentativas sino que solamente se trata de un recurso mental, otras hacen tentativas pasivas y otras, activas.

        También son muy frecuente entre los supervivientes las autolesiones, como una forma de dar salida a ese estrés o como una forma maladaptativa de dar una vía de escape a las emociones y sensaciones en su cuerpo, que se vuelven intolerables.

        La indefensión aprendida a la que sus madres narcisistas les sometieron y que después ellas repiten de adultas de forma consciente o inconsciente, se presta a sistemas de creencias que hacen que las supervivientes sientan que, hagan lo que hagan, nada va a  cambiar a mejor. Suelen sentirse como “personas defectuosas” a causa de la vergüenza tóxica o diferentes de los demás, alienadas, debido a la inmensa adversidad que experimentaron.

        El futuro puede parecer sombrío si un superviviente no ha sido acompañado adecuadamente por un(a) terapeuta, si no ha recibido el mirroring necesario y si no ha sanado lo suficiente a su niño interior.

      5. Hay partes internas que se desarrollan en la infancia y que siguen acompañando al adulto, impidiéndole formar su Yo más auténtico

        Si bien muchas personas han oído hablar de “la niña interior”, pocas personas abordan el hecho de que hay partes internas que pueden desarrollarse como resultado del abuso crónico.

        Algunas de estas partes son aquéllas que hemos ocultado, sublimado o minimizado en un intento por mitigar el riesgo de abuso, por ejemplo, cuando las víctimas de abuso evitan destacar en algo para evitar ser castigadas o criticadas por su éxito.

        También hay “partes” que son respuestas defensivas al trauma en sí. Estas partes son intentos de protegerse como adultos de un entorno que ya no es peligroso, como en la infancia. Las supervivientes de trauma complejo pueden protegerse de compartir quiénes son realmente con el mundo.  Se cierran en sí mismas de las personas que realmente las pueden “ver” y apreciarlas. Esto arruina la posibilidad de una conexión o vulnerabilidad auténtica con los demás. Esta estrategia defensiva fue un mecanismo de supervivencia que desarrollaron cuando eran más jóvenes para evitar la amenaza de que sus padres narcisistas les hicieran más daño del que podían aguantar. Les sirvió como niñas indefensas, pero puede hacer que excluyan la posibilidad de una intimidad con los demás como adultas. Esto les lleva a vivir una vida muy limitante y muy carente de las necesidades que todas tenemos, como el amorUn ejemplo de estas “partes” sería el de un superviviente de un trauma complejo que desarrolla un lado hipermasculino para evitar recuerdos de abuso sexual. Otro sería el de la hija de una madre narcisista hipercrítica, que puede desarrollar una parte que sea demasiado defensiva frente a la crítica, ya sea constructiva o destructiva. Esto le impide hacer actividades en las que pueda cometer errores y con ello, crecer.

        Estas ‘partes’ tienen mucho que decirnos. Silenciarlas, negarlas o reprimirlas sólo las hace más fuertes. Entonces, en cambio, tenemos que escuchar lo que quieren decirnos de nosotros mismos. La integración de estas partes de una manera saludable requiere que aprendamos de qué están tratando de protegernos y busquemos formas alternativas de crear una sensación de seguridad en el mundo y en nuestro propio cuerpo.

Fuente: https://thoughtcatalog.com

Síntomas de una persona que vive con Trauma

¿Qué es el Trauma?

El trauma hace que el cuerpo acumule una enorme cantidad de energía dentro de forma tóxica. Esto se debe a que cuando se produjo la amenaza/peligro original hubo dos respuestas contradictorias por parte del cuerpo que hicieron que la energía se quedase atrapada dentro:

  • Una de las respuestas es la de huida o lucha, que es la que se encuentra en el cerebro reptiliano y que supone una respuesta automática para defendernos de un peligro.
  • La segunda viene de la imposibilidad de moverse, que da lugar a una congelación. Por ejemplo, una nniña que está siendo atacada verbal o físicamente por su padre/madre y que se mueve para huir o luchar pero que es obligada a quedarse ahí y simplemente “aguantarlo”.

En el cuerpo de esa niña superviviente se dan las dos respuestas a la vez: una que lleva a movilizarse y la otra a congelarse y esto se produce de una forma repetida y prolongada en el tiempo. Estas acciones contradictorias provocan que esa energía movilizada se quede atrapada en el cuerpo, energía que debería de haberse liberado.

A partir de entonces, tarde o temprano en la vida de esa persona, se acabarán produciendo síntomas en su cuerpo que le avisarán de esa energía que sigue atrapada dentro. A pesar de que vivir así genera mucho sufrimiento, el superviviente tenderá a no liberar esa energía. ¿Por qué? Fundamentalmente por tres razones:

  • El superviviente, mientras pueda, tiende a evitar o a reprimir los síntomas del trauma porque sentirlos (que es lo que lleva a la sanación) supone experimentar una enorme cantidad de angustia.
  • Debido a que la respuesta primitiva acaba provocando “indefensión aprendida”, ya que la superviviente cree que no puede hacer nada frente a un peligro o amenaza, como ocurrió en su infancia, tiende a repetir esta respuesta una y otra vez en algunas situaciones en su vida, repitiendo así el colapso de energía dentro del cuerpo.
  • Las supervivientes sienten vergüenza de lo que les pasa y tienen un desconocimiento de lo que les ocurre. No conectan el maltrato/abuso sufrido de manos de su familia disfuncional con el trauma y los síntomas en su cuerpo. Saben que algo va mal pero no exactamente el qué, por lo que no piden ayuda. Igualmente, cuando lo hacen, en muchas ocasiones un desconocimiento del tema por parte de profesionales de la salud lleva a que las diagnostiquen erróneamente o les administren una terapia que no es adecuada para ellas.

Síntomas de las personas que viven con trauma

Debido a la experiencia individual de cada persona, es muy difícil elaborar una lista completa de cada síntoma de trauma conocido. Sin embargo, hay síntomas que son indicadores de trauma porque son comunes a la mayoría de las personas traumatizadas. A pesar de la gran diversidad de posibilidades disponibles, el sistema nervioso parece favorecer algunos síntomas sobre otros. En general, algunos síntomas traumáticos tienen más probabilidades de aparecer antes que otros.

En el núcleo de la reacción traumática están:

  • Hiperactivación
  • Constricción
  • Disociación (incluida la negación)
  • Sentimientos de impotencia y desesperanza

Otros síntomas tempranos que comienzan a aparecer al mismo tiempo o poco después de los anteriores son:

  • Hipervigilancia (estar “en guardia” todo el tiempo)
  • Imágenes intrusivas o flashbacks emocionales
  • Extrema sensibilidad a la luz y al sonido
  • Hiperactividad
  • Respuestas emocionales y de sobresalto exageradas
  • Pesadillas y terrores nocturnos
  • Cambios bruscos de humor, por ejemplo, reacciones de ira o berrinches
  • Vergüenza tóxica
  • Capacidad reducida para lidiar con el estrés (personas que se estresan fácilmente y con frecuencia)
  • Dificultad para dormir

Varios de los síntomas anteriores también pueden aparecer en la siguiente fase de desarrollo, así como en la última.

Los síntomas que generalmente ocurren en esta próxima etapa de desarrollo incluyen:

  • Ataques de pánico, ansiedad y fobias
  • “Espacio en blanco” mental o “estar en las nubes”
  • Respuesta de sobresalto exagerada
  • Extrema sensibilidad a la luz y el sonido
  • Hiperactividad
  • Respuestas emocionales exageradas
  • Pesadillas y terrores nocturnos
  • Comportamiento de evitación (evitando ciertas circunstancias)
  • Atracción a situaciones peligrosas
  • Llanto frecuente
  • Cambios de humor abruptos: por ejemplo, reacciones de ira o rabietas.
  • Vergüenza tóxica
  • Actividad sexual excesiva o inexistente
  • Amnesia y olvido
  • Incapacidad de amarse a sí mismo o a los demás, dificultad o vincularse con otras personas
  • Miedo a morir, volverse loco o tener una vida acortada
  • Capacidad reducida para lidiar con el estrés (personas que se estresan fácilmente y con frecuencia)
  • Dificultad para dormir

El último grupo de síntomas son aquellos que generalmente tardan más en desarrollarse

En la mayoría de los casos, han sido precedidos por algunos de los síntomas anteriores. Como ves, algunos síntomas aparecen en las tres listas. No hay una regla fija que determine qué síntoma elegirá el organismo para desarrollarlo cuándo lo hará. Los síntomas que generalmente se desarrollan los últimos incluyen:

  • Excesiva timidez
  • Respuestas emocionales silenciadas o disminuidas
  • Incapacidad para comprometerse
  • Fatiga crónica o energía física muy baja
  • Problemas del sistema inmune y ciertos problemas endocrinos, como la disfunción tiroidea
  • Enfermedades psicosomáticas, particularmente dolores de cabeza, problemas de cuello y espalda, asma, digestivos, colon espástico y síndrome premenstrual severo
  • Depresión, sentimientos de muerte inminente
  • Sentimientos de desapego, alienación y aislamiento: “muertos vivientes” “sentimiento de ser como un zombie”
  • Menor interés en la vida
  • Miedo a morir, volverse loca o tener una vida acortada
  • Llanto frecuente
  • Cambios bruscos de humor, por ejemplo, reacciones de ira o rabietas
  • Vergüenza tóxica
  • Actividad sexual excesiva o inexistente
  • Amnesia y olvido
  • Sentimientos y comportamientos de impotencia
  • Incapacidad de amarse a sí misma o a los demás, dificultad o vincularse con otras personas
  • Dificultad para dormir
  • Capacidad reducida para lidiar con el estrés
  • Incapacidad para formular planes a medio-largo plazo.

Obviamente, no todos estos síntomas son causados ​​exclusivamente por traumas, ni todas las personas que presentan uno o más de estos síntomas han sufrido un trauma. La gripe, por ejemplo, puede causar malestar general y malestar abdominal similar a los síntomas del trauma. Sin embargo, hay una diferencia, los síntomas producidos por la gripe generalmente desaparecen en unos pocos días. Aquellos producidos por el trauma, no.

  • Los síntomas del trauma pueden ser estables (omnipresentes), inestables (aparecerán y desaparecerán) o pueden permanecer ocultos durante décadas.
  • Generalmente, estos síntomas no ocurren individualmente, sino en constelaciones.
  • Estos “síndromes” a menudo se vuelven cada vez más complejos a lo largo del tiempo, cada vez menos conectados con la experiencia traumática original.

Si bien ciertos síntomas pueden sugerir un tipo particular de trauma, ningún síntoma es exclusivamente indicativo del trauma que lo causó. Las personas manifestarán síntomas traumáticos de manera diferente, dependiendo de la naturaleza y la gravedad del trauma, la situación en la que ocurrió y los recursos personales y de desarrollo disponibles para la persona en el momento de la experiencia.

Este post es un extracto (págs. 145 a 149) del libro “Despertando al Tigre. Sanando el Trauma”, de Peter Levine. Las listas no tienen fines de diagnóstico. Es una guía para ayudarte a hacerte una idea de cómo se comportan los síntomas del trauma y averiguar si es posible que sufras de un trauma sin saberlo.

De un modo coloquial, cuando la gente habla de “trauma” lo que nos viene a la cabeza es una situación concreta que supone un antes y un después en la vida de una persona, como un accidente o la muerte de un ser querido. Sin embargo, hay muchas personas que habiendo sufrido abuso/maltrato/negación en sus familias narcisistas/disfuncionales de origen, han desarrollado un trauma en la infancia y viven sin saberlo.

 

El Trauma y el Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo. Claves para la Sanación.

El trauma

El trauma y el duelo no resuelto pueden causar sentimientos abrumadores, depresión, agitación y ansiedad, desconfianza en los demás, dificultad en las relaciones, vergüenza, culpa, desesperación o sensación de falta de sentido e impotencia y desesperanza. El trauma implica sentimientos de dolor y pérdida.

La preocupación por evitar el trauma o los sentimientos y pensamientos relacionados con él puede convertirse en un foco central de la vida de la superviviente, sin que sea consciente de ello.

En una respuesta automática para evitar sufrir, los supervivientes utilizan la constricción, la disociación y/o el entumecimiento como mecanismos de defensa. El problema que trae esto es que:

  • Supone una evitación de lo que realmente está sucediendo en el cuerpo: si no estamos en contacto con nuestras sensaciones corporales, estamos perdidas. No detectamos el peligro y no sabemos quiénes somos ni qué queremos.
  • Aunque se eviten, los síntomas reaparecen después de un suceso vital similar al trauma de infancia (lo que se denomina detonante o “trigger”) o una acumulación de factores estresantes.
  • Los mecanismos de defensa permiten que el superviviente no sienta el miedo/terror de infancia que tiene congelado en su cuerpo, pero precisamente por ello, no termina de liberar la energía que tiene estancada dentro y no puede completar los movimientos corporales que necesita para sanar el trauma, para dejar de sentirse impotente o indefenso en la vida, para abandonar la situación de indefensión aprendida que le obligaron a vivir en su infancia.

Si quieres más información sobre este tema de los movimientos corporales necesarios para sanar el trauma, la puedes encontrar en el libro de Peter Levine “Despertando al Tigre. Sanando el Trauma”.

Factores de riesgo en el Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo

  • La falta de apoyo social: al no sentirse queridas ni acogidas en sus familias de origen, muchas repiten esto de forma inconsciente, careciendo de habilidades sociales y teniendo miedo a relacionarse con otras personas.
  • Ausencia de validación de lo sucedido: sólo una persona que ha pasado por una situación de abuso/negación en su infancia puede entender del todo a un superviviente. No es muy común que una familia un(a) padre/madre no quieran a sus hijos o los maltraten (muchas veces de forma inconsciente). Cuando cuentas tu historia (los que se atreven  a ello, ya que todos sienten vergüenza tóxica, se sienten culpables y creen que se merecían cómo los trataron), un profesional de la salud tiende a cuestionarte y pensar que te lo estás inventando para llamar la atención o que sufres de paranioa. Con la invalidación se repite el trauma, ya que en la familia de origen lo que ocurre precisamente es que nadie reconoce lo que está pasando de verdad, viven en la negación.
  • Demasiada vulnerabilidad frente a los demás: muchas supervivientes tienen desconfianza frente a la gente en general pero se comportan con credulidad e inocencia infantil frente a algunas personas en las que confían. Muchas de estas personas las acaban traicionando, ya que son perfiles de personas similares a los de sus familias de origen y a las que las supervivientes se acercan y entablan relaciones (de amistad, de pareja, laboral,…) de forma inconsciente.
  • Uno de los mecanismos de defensa que más utiliza un superviviente es el de la evitación, repitiendo lo que se hacía en su familia de origen. Evitan, en primer lugar, sus sentimientos porque en las familias narcisistas tener o expresar emociones era visto como un síntoma de debilidad. También evitan todo tipo de situaciones que les pueden dar miedo, culpa o vergüenza, que son muchas en la vida. Situaciones tan simples para las personas como ir a trabajar, tener una cita, hacer un amigo nuevo, probar algo nuevo, cambiar de residencia, ir a una fiesta, decir que no,… pueden ser evitadas por los supervivientes por la enorme angustia que les supone.
  • Pérdida de esperanza, ilusiones, identidad, voluntad. Las supervivientes son sometidas a tanto estrés y se han encontraron durante tanto tiempo bajo amenaza y/o con miedo en su infancia, que se terminan produciendo cambios en su cerebro y en su sistema nervioso. En el cerebro, en áreas que tienen que ver con la memoria, estar alerta o percibir un peligro y las conexiones con sensaciones corporales. En el sistema nervioso, el sistema simpático, el encargado de esfuerzos físicos y situaciones relacionadas con el peligro, se sobre-estimuló en la infancia, por lo que éste suele primar frente al sistema parasimpático, que es el que se encarga de los estados de relajación y reposo.

Muchas personas que sufren de Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo no  buscan tratamiento porque no han identificado qué es lo que les pasa exactamente. Debido a sus complejos componentes, muchos supervivientes son erróneamente diagnosticados de depresión, distimia, ciclotimia, fatiga crónica, ansiedad y fobias, entre otros. No es que no tengan algunas o muchas de ellas, es que esos son los síntomas del Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo.

Además, la evitación, la negación, el miedo, la culpa, la vergüenza y la desconfianza inherentes asociados con el Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo pueden dificultar no sólo pedir ayuda (es algo que era severamente castigado en sus familias narcisistas de origen) sino también que ésta surta efecto. ¿Por qué? Pues porque aunque hayan identificado el Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo y quieran sanarse, se autosabotean o se lo ponen demasiado difícil a ellos mismos, repitiendo de forma inconsciente lo que ocurrió en su infancia. 

Cómo se trata el Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo

El tratamiento a través de la terapia Gestalt implica ayudar a que el trauma se procese y se integre, de modo que finalmente funcione como lo hacen otros recuerdos, en segundo plano, en el pasado, en lugar de tener vida propia en el presente, siendo temido y evitado perpetuamente, interfiriendo con la vida normal y congelado en el tiempo.

La terapia se centra inicialmente en afrontar y confortar, restablecer la sensación de seguridad, calmar el sistema nervioso y educar a la persona sobre lo que está experimentando y porqué y, a través del proceso de confianza con la terapeuta, interrumpir el ciclo natural de evitación, que en realidad perpetúa los síntomas del Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo, aunque inicialmente es adaptativo y autoprotector.

La terapia proporciona un lugar seguro para que los supervivientes cuenten su historia, se sientan menos aislados y toleren aceptar lo que sucedió. La terapeuta ayuda a las supervivientes a establecer conexiones entre los sentimientos y síntomas que ocurren en el presente y aspectos de los eventos traumáticos.

A través de la terapia Gestalt, los supervivientes comienzan a comprender lo que sucedió y cómo los afectó, a sí mismos y al mundo nuevamente a la luz de esto, y finalmente se recuperan emocional y psicológicamente, vuelven a estar más en su propio cuerpo, reconectan con el amor y la autoestima y establecen relaciones y conexiones más sanas en sus vidas.

Parte de la terapia Gestalt está basada en ejercicios para la sanación de la niña interior, lo cual es fundamental para las supervivientes, cuya niña interior fue muy herida.

Sin embargo, la terapia Gestalt, aunque supone la base de la recuperación, no es suficiente. Los supervivientes lo deben complementar con:

Mindfuless, Yoga y Meditación

Estos tres ayudan a equilibrar el sistema nervioso, deteriorado por hiperactivación del sistema simpático en la infancia.

Terapia Corporal y Masajes

Ayudan a la superviviente a habitar de nuevo su cuerpo y a sentirse segura en él. También para desbloquear tensiones y bloqueos musculares que tienen un origen emocional por traumas de infancia.

Psicodrama

Un superviviente, cuando se hace consciente de la historia de su familia, y por lo tanto, de su propia historia, puede pasar por una etapa de mucha confusión. Todo lo que le han dicho y se ha creído que era, no es así. Hay un proceso para conocerse a una misma, reconstruir la identidad. El psicodrama ayuda mucho a esto, ya que supone representar experiencias, vividas o fantaseadas, en un entorno seguro, que permite o bien integrar experiencias pasadas de otra manera o bien ensayar facetas que no se han podido o no se ha sabido entrenar hasta ahora pero que son necesarias para tener una vida sana, como por ejemplo, poner límites y decir que no.

La recuperación/sanación implica sentirse empoderado, restablecer la conexión con uno mismo, los propios sentimientos y otras personas. La recuperación permite disfrutar más de la vida, tener fe y esperanza, hacer proyectos a largo plazo, saber cuáles son nuestras necesidades, tener autoestima, relacionarnos con los demás sin miedo y con confianza. Vivir, en una palabra.

El ciclo del Dolor. Cómo Pararlo y Sanar

El ciclo del dolor involucra el cuerpo físico y el cuerpo mental/emocional, los síntomas de cada uno refuerzan al otro. El dolor crónico, ya sea por una lesión, dolores de cabeza, dolor de espalda o afecciones como la fibromialgia, puede interferir con las actividades de la vida diaria. Estos dolores tienen su origen en un dolor emocional originado en la infancia, no sanado y que se manifiesta a través de síntomas en el cuerpo.

Con demasiada frecuencia, el tratamiento del dolor es ineficaz y conduce a una espiral descendente de estrés, ira y aislamiento. Cuando el dolor persiste, hay una tendencia a evitar actividades por temor a más dolores o lesiones, lo que lleva a niveles de actividad disminuidos y deterioro físico.

Además, a medida que el dolor persiste, a menudo se desarrollan creencias negativas sobre la experiencia del dolor y pensamientos negativos sobre uno mismo. Este tipo de creencias y pensamientos, junto con la disminución de la participación en actividades agradables, contribuyen a los sentimientos de depresión y ansiedad. Es un ciclo que se retroalimenta.

Ciertos tipos de personalidad experimentan el dolor de una forma crónica hasta que empiezan teapia:

  • Los que se consideran fuertes e invulnerables, su autoimagen está amenazada constantemente.
  • Las personas complacientes y las que han sido maltratadas tienden a reaccionar al dolor pasivamente. Sus sentimientos de impotencia y victimización paralizan su capacidad de ayudarse a sí mismas y permanecen en un ciclo de indefensión aprendida.
  • Las personas que  se culpan a sí mismas de lo que les pasa. Las que en su infancia oyeron una y otra vez frases como “la culpa es tuya”, se siguen autoculpando de todo como adultos.
  • Los perfeccionistas y muy autoexigentes también pertenecen a este grupo. Piensan en términos de todo o nada, y se sienten fracasados cuando no sobresalen y lo hacen todo “perfecto”.

Esto hace que se pasen la vida corriendo una agotadora carrera de obstáculos de maratón. Empujando el camino a través de la vida como si estuvieran en guerra todos los días, siempre esperando a que pase la siguiente cosa mala, viviendo a la defensiva.  Viven una vida en la que hay relaciones abusivas, altibajos emocionales drásticos y decisiones basadas en el miedo, ya sea congelándose, huyendo o luchando. Se acaban convenciendo a sí mismas de que la paz interior no es posible.

¿Te suena el patrón?

Cómo cambiar el patrón del Ciclo de Dolor

Aprende a estar con lo que hay en tu cuerpo

Uno de los primeros pasos en el camino para aliviar el dolor físico y emocional crónico es cultivar un sentido de seguridad en tu propio cuerpo. Esto comienza invitando a la curiosidad sobre tu paisaje interno y aprendiendo cómo estar presente con las sensaciones que encuentras ahí. Tan contradictorio como suena, una de las mejores formas de salir del dolor crónico es amigarse con él. Cuando comienzas a aprender cómo leer el lenguaje sensorial de tu cuerpo, a menudo descubres que ha estado tratando de mostrarte la salida al  dolor todo el tiempo. Estar presente con lo que haya en tu cuerpo, aunque resulte incómodo o parezca imposible, no lo es. Ésta es la habilidad más poderosa que puedes desarrollar para aliviar el estrés, el trauma, el Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo y el dolor crónico.

Mi recomendación es que busques ayuda cuando empieces a hacerlo, ya que si lo intentas sola, puede parecer una montaña muy difícil de subir. Busca un buen curso de mindfulness o uno de Terapia Corporal. Te ayudarán a aprender a estar con tu cuerpo con lo que hay y liberarán la energía acumulada, la tensión y el dolor. Sí, es doloroso pero este dolor sí que tiene un fin. Como dice John Bradshaw en su libro “Volver a casa”, “La única forma de salir es atravesándolo”. No negándolo, evitándolo, justificándolo, minimizándolo ni soportándolo como si fuese algo normal.

¡Relájate y disfruta!

Encontrar actividades placenteras, de disfrute es muy importante para salir del ciclo de dolor. Pequeños pasos, como escuchar música, regar las plantas, ayudar a otra persona o disfrutar de una comida, película o libro especial sirven como una distracción del dolor y gradualmente elevan la autoestima y el estado de ánimo, lo que reduce el dolor. Las actividades creativas que estimulan el lado intuitivo “femenino” o “yin” son particularmente relajantes y curativas. Sensaciones placenteras y relajantes, como masajes suaves, que te acunen o que te acaricien, activan los mecanismos de sanación, y le recuerdan y aseguran al cuerpo que es seguro relajarse. Te permite abandonar poco a poco la hipervigilancia. Esto comienza a romper el ciclo de ansiedad y a crear un ambiente seguro de sanación interna.

Las técnicas de relajación, como la respiración, la meditación, el yoga, la hipnosis y la visualización son útiles para calmar el cuerpo/la mente. Por supuesto, una buena nutrición y un sueño adecuado son esenciales. También es de vital importancia que entiendas y expreses  tus emociones, idealmente tanto en terapia individual como en grupo. Cambios cognitivo-conductuales, junto con habilidades de comunicación mejoradas (como por ejemplo, la asertividad), refuerzan la autoestima y reducen la reactividad emocional en las relaciones interpersonales.

Poco a poco, comprobarás que  te vuelves más optimista y enérgico, experimentarás menos dolor y te resultará más fácil quererte a ti mismo y encontrar lo que te hace disfrutar. Si te involucras en más actividades sociales y practicas yoga a  diario, verás que tu fuerza y flexibilidad aumentan, no sólo corporalmente sino en tu vida en general.

A medida que tu estado de ánimo se normaliza (sin tanto altibajo emocional), el dolor disminuye. Está en tu mano terminar con el ciclo de dolor. Hasta que lo haces consciente, simplemente es el estado al que estás acostumbrada porque en tu infancia sufriste mucho. Sin embargo, ahora eres tú misma el que lo perpetúa con viejos patrones que ya no te sirven en tu vida. Ánimate a cambiar el ciclo de dolor queriéndote más y cambiando tus rutinas.

¿Qué es un Detonante o “Trigger”?

Un detonante (“trigger” en inglés) es una situación /experiencia que ocurre en el presente y que activa un recuerdo que transporta a la persona de regreso a la experiencia que provocó el trauma original.

Este traslado es tan potente que se puede convertir en un flashback emocional. Esto es, un “secuestro” por parte del cerebro emocional, dejando como apagada o en off la parte racional y lógica.

Para la superviviente que lo experimenta es como una réplica exacta de volver a sentirse un niño que está siendo atacado y se siente indefenso e impotente.

¿Qué produce un detonante?

Cada persona tiene sus propios temas que la disparan. Los detonantes pueden ser personas, lugares o situaciones. Los pensamientos, las emociones y las sensaciones también pueden desencadenar recuerdos de trauma.

También pueden ser algo específico relacionado con el recuerdo del evento traumático (como los puentes, el olor a combustible,…) o algo general (como estar en una multitud).

Un detonante puede dar lugar a emociones como: miedo, ira, tristeza, culpa y vergüenza.

También es muy frecuente que se den sensaciones físicas como la aceleración del corazón, dificultad para respirar, sudoración, sequedad en la boca.

La importancia de entender los detonantes

Durante tu infancia viviste experiencias traumáticas que quedaron registradas en tu memoria a nivel inconsciente (necesitaste relegarlas al inconsciente para poder sobrevivir). Estas experiencias, mientras no están integradas de una forma completa, las tienes asociadas a determinadas imágenes, sonidos, olores,.

Cuando veías esas imágenes, oías esos sonidos u olías esos olores, tu cerebro detectaba el peligro y se ponía en modo “alarma” para protegerte. El detonante literalmente disparaba adrenalina, cortisol y otras hormonas que provocaban reacciones físicas(sudor, tensión en los músculos) y emocionales (miedo, ira ) para que te congelases, huyeses o luchases.

Cuando en la actualidad te topas por casualidad con algo que se parece mucho a una de esas imágenes, sonidos u olores, el detonante se dispara de nuevo “confundiendo” la situación de realidad con la del trauma hasta el punto de “pensar” que son la misma.

Consejos sobre los detonantes

Identifica tus detonantes. Los detonantes cambian de persona a persona porque están relacionados con las experiencias de cada uno/cada una. Ejemplos de detonantes son:

  • Oír ruido a la espalda del superviviente.
  • Los sitios que están llenos de gente, como un autobús.
  • Los sitios con muchos estímulos visuales o auditivos, como los conciertos o los grandes almacenes.
  • Las risas o carcajadas de otras personas cuando la superviviente pasa cerca.
  • El contacto corporal no previsto.
  • Oír gritos y/o golpes.

Gestión de los detonantes

Puedes desarrollar estrategias para gestionar situaciones que ya sabes que serán difíciles para ti porque es posible que den lugar a detonantes. Sigue los siguientes pasos:

Paso 1: Prepárate para la situación.

Paso 2: Deja de lado tu preocupación.

Paso 3: Acepta que experimentarás angustia y déjate sentirla, no la resistas.

Paso 4: Intenta que tu cerebro emocional no se apodere de toda la situación, deja que la parte racional también esté presente en la situación.

Paso 5: Confía en ti. Afronta la situación confiando en que dispones de los recursos necesarios para gestionarla de forma adecuada.

Paso 6: Respira de forma profunda.

Si te sientes listo para tratar directamente con un detonante, intenta permanecer presente en presencia del detonante hasta que te sientas menos angustiado. La idea es que no abandones la situación hasta que sientas que el detonante no es tan poderoso como lo era cuando te enfrentaste a él por primera vez. Esto reciclará tu cerebro. Tu cerebro aprenderá a tolerar el detonante. Recuerda que tu cerebro es plástico y puedes modificar sus respuestas. Tu cerebro aprenderá que no estás en peligro real y tu respuesta al detonante se debilitará gradualmente.

Para poder poner en práctica estas herramientas y recomendaciones de forma segura y efectiva:

  1. Háblate a ti misma activamente durante la situación.
  2. Hazlo en un entorno seguro en el que puedas abandonar la situación si realmente lo necesitas.
  3. Haz respiraciones profundas y pausadas mientras lidias con el detonante.
  4. No aguantes más de lo necesario. Si ves que es demasiada angustia, simplemente protégete y abandona la situación.

Un detonante puede convertirse en un flashback emocional

Los detonantes pueden desembocar en flashbacks emocionales. Un flashback emocional, como hemos explicado más arriba, es una situación en la que el cerebro el “secuestrado por la amígdala”, una parte del sistema límbico que se encarga de alertar cuando percibe un peligro.

Durante el flashback emocional, el cerebro confunde una situación que está ocurriendo en el presente con una situación del pasado que se le parece y en la que sentimos que nuestra supervivencia está en peligro. Esto lleva a actuar de una forma muy impulsiva, generalmente huyendo o luchando, sin dejar que la parte racional del cerebro también intervenga.

¿Por qué les ocurre esto a los supervivientes? Porque muchos sufrieron situaciones de infancia en las que realmente se sentían en peligro, amenazados en su existencia. Esto provocó que ciertas experiencias traumáticas fueran registradas y relegadas al inconsciente por ser muy dolorosas. Cuando se encuentran con una situación en el presente que es similar, todas las alarmas se disparan y para su cerebro es como si reviviesen esa situación otra vez.

Sin darse cuenta, en muchas ocasiones provocan que esas situaciones se acaben repitiendo en sus vidas hasta que las hacen conscientes. Cuanto más consciente sea tu vida, menos buscarás detonantes que te hagan revivir situaciones traumáticas de infancia que para ti son una “zona de confort”.

Fuente: https://psychcentral.com