Recursos para salir del modo superviviente (Parte II)

Como continuación del artículo anterior, en éste describiré algunos recursos que puedes hacer tuyos y practicar para salir del modo superviviente y tener una vida plena y de crecimiento.

Se trata de una seria de ejercicios sencillos, muchos de ellos los puedes hacer en tu propia casa al ritmo que necesites. Para otros, es aconsejable el acompañamiento de una terapeuta que tenga conocimientos sobre trauma.

Ejercicio Práctico 1 – Explora Tus Creencias Invalidantes

Coge una hoja de papel y escribe las creencias negativas que tienes sobre ti misma. Algunas de ellas pueden ser:

  • Soy desagradable
  • No soy digna de amor
  • No merezco existir
  • Me siento indefensa o impotente
  • No puedo confiar en nadie

La invitación es a observar cuántas de estas creencias tienen su origen en las experiencias vividas en la infancia.

Estas creencias se pueden trabajar en terapia para sustituirlas por otras más sanas, como:

  • Soy adorable
  • Soy digna de amor
  • Merezco existir
  • También tengo fuerza
  • Hay personas en las que puedo confiar

Ejercicio Práctico 2 – Atención plena o Mindfulness

La atención plena o mindfulness se enfoca en desarrollar tu capacidad de observar tu propia mente, tus pensamientos. De este modo, poco a poco, desarrollas la capacidad de poner distancia entre tú y tu mente, y con ello, puedes empezar a dirigir tu mente, en lugar de que sea tu mente la que te dirija a ti.

El mindfulness te ayuda a aceptar las sensaciones corporales y emociones y observarlas con curiosidad en lugar de con juicio. Esto te permite empezar a experimentarlas en lugar de tratar de evitarlas, y ahí es donde se da la potencialidad para un cambio, ya que las emociones y sensaciones no están para siempre. Si las procesamos, se van.

Puedes dedicar unos minutos al día a sentarte para observar qué sensaciones percibes en tu cuerpo o qué emoción o emociones estás sintiendo. Con la práctica, esto te aydará a ser menos reactiva y a sentirte más cómoda con tus sensaciones corporales o emociones, aprendiendo a gestionarlas en lugar de evitarlas.

Ejercicio Práctico 3 – Desarrollo de la conciencia somática

La psicoterapia somática es un conjunto de enfoques terapéuticos que se centran en el cuerpo en lugar de la mente.

El razonamiento y la lógica por sí solos pueden no ser suficientes para sanar el trauma. Los eventos traumáticos no sólo conducen a creencias negativas, sino también a cambios fisiológicos en el cuerpo, como tensión en los músculos y frecuencia cardíaca acelerada.

La psicoterapia somática te ayuda a involucrar la conciencia corporal para liberar el impacto psicológico y fisiológico de los eventos traumáticos.

El siguiente ejercicio te ayudará a cultivar la conciencia de tu cuerpo sin juzgar:

  • Siéntate en una posición cómoda y tómate un momento para sintonizar cada área de tu cuerpo.
  • Lleva tu atención a tu respiración. Observe cualquier área de tensión, pesadez o constricción.
  • A continuación, dirige tu atención a tus pies, piernas y pelvis. Nota las sensaciones en tus músculos y en tu piel.
  • Toma una respiración profunda mientras llevas tu atención a tu torso. Nota cualquier sensación en el abdomen, la parte baja de la espalda, el pecho o la parte superior de la espalda.
  • Lleva tu atención a tus hombros, brazos y manos. Percibe cualquier área de tensión o relajación.
  • Por último, dirige tu atención a tu cuello, garganta y cara. Experimenta las sensaciones generales en tu cabeza.
  • Ahora, tómate un momento final para percibir tu cuerpo como un todo.
  • Este ejercicio de conciencia te ayudará a profundizar en tu curiosidad sobre tus sensaciones, a relajarte y a liberarte.

La intención última es que te des cuenta de que te puedes relajar en tu propio cuerpo y sentirte segura en él.

Ejercicio Práctico 4 – Estimulación del nervio vago

Cuando hemos vivido trauma en la infancia, se produce una alteración del sistema nervioso, que está compuesto por dos partes: el sistema nervioso simpático y parasimpático. El primero es de activación y se encarga de ponernos en congelación, huida o lucha frente a una situación de peligro. El segundo es desativación, y el que se encarga de tareas tan importantes como la relajación y el descanso.

Ambos se ponen en funcionamiento frente a las situaciones que ocurren a nuestro alrededor. Las personas que han sufrido trauma en la infancia, han sido sometidas a situaciones demasiado estresantes o abrumadoras durante años. Esto causa una alteración del sistema nervioso, que se queda como “enganchado” en el sistema simpático, de modo que hay una dificultad para desactivarlo y dejar que el sistema parasimpático también tenga lugar en la vida diaria.

El nervio vago juega un papel central en la regulación del sistema nervioso porque conecta el cerebro con el sistema digestivo, el corazón, los pulmones, la garganta y los músculos faciales.

La estimulación del nervio vago te ayudará a calmarte cuando estés ansioso y a ampliar tu capacidad para descansar y sentirte nutrido, al mantener su sistema digestivo funcionando de manera óptima y su sistema inmunológico bajo control.

Como el nervio vago pasa a través de tu vientre, diafragma, pulmones, garganta, oído interno y músculos faciales, su estimulación se realiza estimulando estas zonas de tu cuerpo.

Las siguientes estrategias te ayudarán a estimular tu nervio vago de forma sencilla y fácil:

Tararear: debido a que el nervio vago pasa por las cuerdas vocales y el oído interno, las vibraciones del tarareo ayudan a calmar el sistema nervioso. Elige tu melodía favorita y nota las sensaciones en tu pecho, garganta y cabeza.

Respiración consciente: La respiración lenta y consciente es una de las técnicas más rápidas para calmar el sistema nervioso. La estimulación del nervio vago ocurre cuando la respiración se ralentiza de las típicas 10 a 14 respiraciones por minuto a 5 a 7 respiraciones por minuto.

El “reflejo de buceo” es una de las mejores técnicas de estimulación del nervio vago. El reflejo de buceo ralentiza el ritmo cardíaco, aumenta el flujo de sangre al cerebro, lo que reduce la ansiedad y relaja el cuerpo. Para estimular el reflejo de buceo, échate agua fría en la cara desde los labios hasta la línea del cuero cabelludo.

Ejercicio Práctico 5 – Uso de los Recursos Disponibles

Es importante ir adquiriendo recursos que te puedan ayudar a gestionar tus emociones. En especial, cuando son intensas porque hay un detonante o cuando estás experimentando un flashback emocional.

Estos recursos tienen que ver con la posibilidad de anclarte en el presente y de permitirte experimentar seguridad. La mayoría de los recursos tienen que ver con los cinco sentidos (gusto, oído, olfato, vista y tacto).

Los siguientes son algunos ejemplos:

  • Imágenes que te traen alegría, como fotos o una puesta de sol
  • Aromas agradables, como lavanda o vainilla
  • Música relajante o sonidos agradables para ti, como por ejemplo, el titilar de unas campanillas
  • Movimientos que mejoran tu estado de ánimo, como trotar o bailar, por ejemplo
  • Comida que te reconforte, como el chocolate
  • Texturas suaves que te guste tocar como mantas, peluches,…
  • Palabras inspiradoras, como un dicho o una frase, por ejemplo: “Estoy segura aquí”.
  • Números de teléfono de las personas a las que puedas llamar cuando te sientas ansiosa o en peligro

Todos estos recursos, y cualquier otro que se te ocurra o funcione, pueden ayudarte a conectar con el presente y tener una experiencia de seguridad.

Mientras practicas alguno o todos los recursos mencionados para salir del modo superviviente, recuerda tener paciencia contigo misma, ya que la reparación del sistema nervioso lleva tiempo.

Cada paso en tu recuperación, te lleva a una nueva versión de ti misma, más conectada con salud y con el bienestar y pudiendo estar más en el presente, para poder crecer y prosperar, en lugar de sobrevivir cada día.

Imagen de Erik Brolin en Unsplash

Cómo salir del modo superviviente (Parte I)

Los adultos que han sufrido maltrato en la infancia, arrastran una serie de secuelas que los lleva a vivir en modo supervivencia del trauma infantil. En este artículo te explico en qué consisten esas secuelas y en el siguiente te recomiendo algunas técnicas para abandonar el modo supervivencia y poder crecer y prosperar en la vida adulta, con salud y bienestar emocional.

Los traumas infantiles pueden ser el resultado de problemas que van desde la violencia extrema y el abandono hasta experimentar sentimientos de no pertenecer o ser no deseado por la familia de origen. Se trata de niñas que no se sienten queridas porque reciben constantemente el mensaje, de forma directa o indirecta de que estorban o molestan, de que no son suficientes o de que son defectuosas.

Vivir situaciones tan duras a una edad tan temprana lleva a aprender a desarrollar defensas alrededor de sus partes más vulnerables. Se acostumbran a suprimir sus necesidades, a no mostrar emociones, a hacerse invisibles, a no pedir ni a ser ellas mismas.

Esto puede llevar a desarrollar ansiedad o depresión y otros síntomas, como sentir de forma muy intensa y permanente angustia, desesperación o frustración. También suelen darse dificultades en las relaciones, como tener miedo a la intimidad, no saber cómo conectar con otras personas, tener dificultades para mantener vínculos de larga duración o no sentirse merecedoras de relaciones de amistad o de pareja.

El trauma infantil puede causar Síndroma de Estrés Postraumático Complejo (CPTSD, por sus siglas en inglés, una forma de estrés crónico que ocurre como resultado de la exposición a largo plazo a situaciones mucho estrés durante la niñez.

El Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo es el que puede llevar a desarrollar el modo de supervivencia y puede ser causado por los siguientes tipos de experiencias:

  • Relaciones con padres o cuidadores que son agresivos y/o impredecibles.
  • Experiencias continuas o repetidas de negligencia o abandono, como sentirse ignorados o no escuchados.
  • Ser criado por un padre o cuidador que tiene una enfermedad mental no tratada o una adicción activa negada por la familia.
  • Ser objeto continuo de agresiones físicas y/o verbales, insultos, ofensas,…

Las afectaciones al desarrollo natural de la persona, ya sean cognitivas, emocionales o físicas, persisten hasta la edad adulta si no son tratadas antes y pueden manifestarse de la siguiente manera:

  1. Distorsiones cognitivas: Creencias inexactas sobre uno mismo, los demás y el mundo.
  2. Alteración emocional: sentimientos frecuentes de ansiedad, impotencia, desesperanza, profunda soledad, vergüenza, injusticia, y/o depresión.
  3. Sensaciones somáticas incómodas: dificultad para sentir el propio cuerpo y las sensaciones que se generan en él, como dolores, rigideces,…
  4. Desorientación:  dificultad para orientarse en el espacio, perderse fácilmente en una conversación, tendencia a confundir el pasado con el presente, de forma que lo que pasó hace mucho tiempo, da la sensación de que ocurrió ayer.
  5. Evitación: evitar sentir a través de mecanismos de defensa como la negación o la disociación o desarrollar conductas adictivas.
  6. Otros síntomas: pueden incluir autolesiones, alimentación emocional o trastornos alimentarios, impulsividad o imprudencia, toma de riesgos excesivos y promiscuidad, ideaciones suicidas,…

Frente a una situación de estrés, nuestro cuerpo reacciona de una forma automática con las respuestas de congelación, lucha o huida. Se trata de una respuesta automática para hacer frente a una situación de peligro o estrés momentánea. Durante este tiempo, el sistema nervioso simpático es el que toma el control. Una vez pasada la situación de estrés o peligro, el cuerpo vuelve a la normalidad y la persona puede volver a conectarse con el sistema parasimpático, encargado de la relajación.

Lo que ocurre en el caso de situaciones prolongadas de estrés, como en el caso de infancias en familias disfuncionales, las situaciones de estrés son demasiado prolongadas, no eventos puntuales. De este modo, el cuerpo normaliza las respuestas de congelación, lucha o huida como las únicas posibles para vivir, de modo tal que la persona vive en un estado permanente de hipervigilancia y con poca capacidad corporal y mental para la relajación y el disfrute. El modo superviviente se convierte en el único modo de estar en la vida y en el propio cuerpo.

En su libro «El vínculo de la traición», Patrick J Carnes identificó ocho formas predominantes en las que el trauma continúa afectando a las personas a lo largo del tiempo:

Reacción al trauma

Después de los eventos traumáticos en la infancia, las personas experimentan detonantes en su vida de adultas que las llevan a revivir las situaciones traumáticas de la infancia. Esto es lo que se conoce como flashbacks emocionales. Ejemplos de estos detonantes pueden ser una cara concreta de un jefe o una frase de su pareja.

El cerebro se “confunde” y vive la situación del presente como si fuera la misma situación que en el pasado provocando la misma reacción en la persona.

Excitación traumática

La excitación traumática supone buscar una estimulación emocional a través del peligro, la violencia, riesgo o la vergüenza.

Cuando el cerebro se ha adaptado a la liberación constante de hormonas como el cortisol y la adrenalina, las personas buscan de forma inconsciente maneras de entrar en ese estado de nuevo. Esto termina convirtiéndose en una adicción, ya que se necesita la secreción de esas hormonas para sentirse en un estado cerebral que es “normal “ o ”familiar”.

Ejemplos de estos comportamientos pueden ser buscar parejas conflictivas o no disponibles emocionalmente, consumir sustancias como alcohol o drogas y asumir riesgos excesivos.

Bloqueo del trauma

El bloqueo del trauma se refiere a los comportamientos o sustancias a las que las personas acuden para evitar sentimientos o emociones incómodas, como vergüenza, angustia, rabia, frustración, desesperación, ansiedad o tristeza. Algunos de estos comportamientos son ver la televisión, pasar tiempo en las RRSS, leer o jugar a videojuegos en exceso, darse atracones de comida, trabajar compulsivamente,…

Separación del trauma

La separación del trauma supone la utilización por las víctimas de distintos mecanismos de defensa para separarse de la incómoda realidad de su trauma.

Por ejemplo, alguien puede generar la fantasía de tener una pareja perfecta proyectándolo en un compañero de trabajo o un vecino para no lidiar con la realidad de que no ha tenido nunca una pareja.

La separación también puede tomar la forma de amnesia, donde el superviviente no recuerda hechos significativos sobre el trauma.

O la forma de negación, donde se dice que ha tenido una infancia feliz para no lidiar con una realidad que es más dura.

Abstinencia a causa del trauma

La abstinencia a causa del trauma se refiere a situaciones de privación compulsiva a la que se someten de forma inconsciente los supervivientes del trauma. Esto suele ser causado por el abandono emocional de la familia de origen, que más tarde se convierte en auto-abandono en estos adultos.

Las supervivientes pueden negarse a sí mismas necesidades básicas como comer, atención médica o calefacción. También pueden evitar el placer sexual o evitar gastar dinero. También pueden sabotear las oportunidades de éxito y realizar trabajos de bajo perfil de forma compulsiva.

Vergüenza traumática

El trauma puede dejar una sensación de ser defectuoso o imperfecto y que si otras personas supieran cómo somos realmente, se irían.

Las supervivientes del trauma pueden tratar de compensar esto estableciendo altos estándares para ellas mismas para ganar la aceptación de los demás o volverse muy complacientes haciendo lo que creen que los demás esperan de ellas en lugar de permitirse ser ellas mismas.  

Repetición del trauma

La repetición del trauma supone repetir comportamientos y/o buscar situaciones o personas para recrear la experiencia traumática inicial.

Las supervivientes del trauma pueden encontrarse en situaciones similares con el mismo tipo de persona una y otra vez, sin establecer la conexión con su trauma original. Un ejemplo de esto es tener relaciones de pareja con personas que están emocionalmente indisponibles, repitiendo lo que ocurrió en la infancia con su padre o madre.

La repetición del trauma es un intento de resolver la experiencia traumática original. Sin embargo, el resultado que se obtiene con esta recreación suele ser el contrario, profundizando en las heridas traumáticas, ya que la situación se termina repitiendo de una manera muy similar a la original.

Vínculo de trauma

El vínculo traumático es un apego altamente adictivo personas abusivas o que maltratan. Este tipo de vínculo se conoce como el “síndrome de Estocolmo”, ya que se desarrolla un vínculo afectivo con una persona que no es sana y nos hace daño pero a la que estamos enganchados porque lo sentimos como algo “familiar” y justificamos el maltrato.

En este tipo de vínculos no sólo hay maltrato sino que también hay intervalos de cariño y conexión, en lo que se llama el refuerzo intermitente, y estos bucles se vuelven adictivos. Las relaciones que se forman con estos vínculos son difíciles de dejar, ya que el enganche tiene que ver con el trauma vivido en la infancia.

En el siguiente artículo te contaré diferentes técnicas para sanar el trauma vivido en la infancia.

Imagen de Jason Dent en Unsplash.

Comportamientos que pueden sentirse como «emocionantes» si has sufrido abuso parental de padres narcisistas o disfuncionales

Las personas que han crecido con abuso parental de padres narcisistas o disfuncionales, terminan normalizando comportamientos que después llevan a sus relaciones adultas y que pueden ser muy dañinos para ellos.

Muchas veces se percibe como algo emocionante o excitante, como lo que le da sal a la vida, cuando en realidad, son comportamientos que mantienen a tu sistema nervioso en alerta, en modo de congelación, lucha o huida, que es a lo que estás acostumbrada.

Es como tener el mapa de las relaciones torcido, con lo que es importante identificar lo que ha sido aprendido como “normal” pero que en realidad es dañino y no sirve para tener relaciones sanas y de bienestar.

Comportamientos que no son coherentes

Las palabras no concuerdan con las acciones, la otra persona pasa de estar totalmente involucrada en la relación para luego estar ausente. La relación se siente fuerte en un minuto y frágil, como colgando de un hilo, al siguiente. Este tipo de comportamientos se perciben como un “juego” emocionante en lugar de percibirlo como un lugar que no es seguro para mostrarse vulnerable, compartir sentimientos o sólido para poder crecer dentro de él. Lo peligroso y dañino se percibe como emocionante e interesante.

Arrebatos emocionales o demostraciones desproporcionadas de las emociones

Pueden tomar la forma de celos extremos o pérdida del control emocional, donde la persona “vomita” las emociones en lugar de gestionarlas. Debido a que hemos sido condicionados en la infancia a pensar que así es como los adultos muestran sus emociones, creemos que los celos extremos o los arrebatos emocionales son señales de amor en lugar de lo que realmente significan: inseguridad e inestabilidad emocional.

Comportamientos impulsivos

Puede percibirse como un romance vertiginoso, siguiendo impulsos como auto-lesionarse por amor o tomar un tren a un destino desconocido de forma impulsiva. Esto supone eludir responsabilidades básicas o tomar decisiones basadas en cómo se sienten en el momento. Esto es particularmente atractivo para los hijos de adictos, que han sido testigos de la falta de control de los impulsos o de planificación del futuro.

Arrogancia disfrazada de confianza

Personas que parecen tener muchas opiniones, muy centradas en sí mismas, que cuentan historias fascinantes sobre sus vidas y sólo quieren que ser escuchadas. No te dan un espacio para expresarte ni mucha atención y no tienen en cuenta tus necesidades ni el impacto que sus comportamientos pueden tener en ti. Una enorme falta de empatía que es disfrazada por un ego que se siente superior.

Confundir el sufrimiento con el amor

Pensar que la exaltación de la tristeza, el rechazo, el abandono o el drama son señales de amor. En otras palabras, que si no hay muchas dificultades, sufrimiento y esfuerzo en una relación, eso no es amor. Una visión distorsionada del amor donde el conflicto tiene un papel central y prevalece la idea de que el amor es sufrimiento. Esto es frecuente en los adultos que han visto relaciones con estos patrones entre sus padres y los han normalizado. Los padres han tenido una relación muy ambivalente e inestable, caótica y con tendencia al drama.

Escoger a personas adictas al trabajo u ocupadas de forma obsesiva

Se trata de personas que nunca está presentes, siempre distraídas, crónicamente estresadas. Esto puede sentirse atractivo o familiar para adultos criados en hogares con estrés crónico o ciclos de crisis.

Predilección por personas emocionalmente indisponibles

Personas que no están en contacto con sus emociones, para las que hablar de sentimientos es un tabú y para las que el contacto íntimo (que no incluya el sexo) es algo difícil o imposible. Esto es atrayente para personas que han tenido un padre o madre con estas características, donde o bien han aceptado esto o bien la relación consiste en esforzarse para que esta persona cambie sin que esto se llegue a producir.

Una intensidad extrema

Personas que son muy intensas en su forma de vivir y de expresarse, en su forma de tratarte, donde hay una sobredimensión de las emociones y la relación se siente como un tiovivo emocional donde sólo hay dos estados extremos: o “estamos muy bien” o “estamos muy mal”. Hay una falta de equilibrio y estabilidad y una necesidad de aumentar esa intensidad por confundirla con el amor. Esto es algo familiar para personas que han crecido con un padre o madre inestable, que unas veces los acogía y otras los rechazaba generando dinámicas de amor-odio.

Tendencia a idealizar

Personas que enfocan la relación como si fuera un cuento de hadas donde hay un príncipe y una princesa y todo es de color de rosa. Inflará las cosas de ti que le gustan y obviará las que no, sintiéndose más atraída por la idea que se ha creado sobre ti que dedicando tiempo y energía a conocerte de verdad. Son frecuentes gestos románticos como regalar ramos de flores, reservar habitaciones de hotel, escapadas ideales,… Esto se siente muy bien para tu niña interior y su necesidad de ser amada de forma incondicional pero no es real ni duradero.

Ser más importante por lo que das que por quién eres

Personas que ponen más el foco en lo que les das: atención, afecto, cariño, conocimientos, dinero,.. que en quién eres. Esto es habitual en adultos que en su infancia han vivido una inversión de los roles por sus padres, conocido como parentificación y que los han utilizado para cubrir sus necesidades en lugar de estar disponibles para las necesidades de sus hijos.

Ser un trofeo a conseguir más que una persona con la que estar

Personas con mucha tendencia a la manipulación y a la seducción, que llegarán muy lejos para conseguir que estés con ellas, que desplegarán todos sus encantos el tiempo que haga falta e insistirán mucho hasta conseguir lo que quieran de ti. Esto es algo que se siente familiar para personas que han tenido padres que han utilizado mucho la manipulación para conseguir lo que querían de ellas cuando eran niñas. Esta manipulación excesiva se normaliza y puede convertirse en un punto ciego en la edad adulta, donde hay una dificultad para diferenciar lo que es manipulativo de lo auténtico.

Imagen de Annie Spratt en Unsplash

¿Crees que eres una persona sumisa? Averigua cómo puedes empezar a cambiar esto

En qué consiste ser una persona sumisa

Una persona sumisa antepone las necesidades de los demás frente a las propias y desconoce sus deseos, emociones e intereses.

Si has crecido con un padre o madre narcisista o en una familia disfuncional, es más que probable que en tu infancia te hayas visto obligada a tener una actitud de sumisión para poder lidiar con el padre o madre narcisista dominante. El hecho de haber estado tanto tiempo en esa situación psicológica lleva a arrastrar esto hasta la edad adulta y a trasladarlo a tus vínculos con los demás, lo cual puede traer resultados dañinos para ti.

Las personas a la que se ha forzado a la sumisión en su infancia, de adultas suelen tener tener baja autoestima y, por ello, suelen tener dificultades para relacionarse de forma sana y madura. Esto se puede ver en su comportamiento y en su estado de ánimo, en términos generales su comportamiento tiende a caracterizarse por la rendición y su estado de ánimo tiende a ser de tristeza.

Sin embargo, no todo es blanco o negro. Algunas personas son sumisas de una manera muy generalizada. Sin embargo, otras pueden ser personas perfectamente maduras en algunos aspectos de su vida y completamente sumisas en otros, incluso pueden comportarse de manera muy autoritaria en algunas relaciones y de manera muy sumisa en otras.

Ninguna persona tiene una autoestima 100 % saludable, por lo que nadie se siente completamente seguro en todos los aspectos y situaciones de su vida. Por lo tanto, todos somos sumisos ante alguien en algún momento porque, por diversas razones, somos incapaces de resistir la presión y defender nuestras necesidades o puntos de vista a la perfección. El problema surge cuando alguien es sumiso en muchas áreas de su vida o siempre es sumiso en alguna área específica (por ejemplo en sus relaciones con su pareja/amigo, o con su familia, o en el trabajo, etc).

Una persona con una autoestima sana es aquella que en general se siente bien consigo misma sin necesidad de denigrar a los demás y confía en su capacidad para ser aceptada por los demás. Por eso tienden a relacionarse asertivamente: defienden y expresan sus gustos, opiniones y necesidades con firmeza pero con respeto, sin intimidar a los demás, fomentando así relaciones sanas y equilibradas.

Cuando una persona no tiene una autoestima sana, es más difícil que interactúe de esta manera. A veces es porque consideran a los demás una amenaza de la que debe defenderse, aunque sea de forma preventiva. Otras veces es porque no se valora y piensa que sus necesidades, sus puntos de vista o sus derechos no son importantes y no hay que tenerlos en cuenta y, para no ser excluida, es mejor dar prioridad a los demás.

Cuanto más sumisos nos comportamos, más reforzamos un estado vital de impotencia y desesperanza, lo que contribuye a la mantener baja autoestima. Cada vez que cedemos innecesariamente, reforzamos en nosotros mismos la idea de que no somos importantes, de que no se nos debe respetar, o que los demás son personas desconsideradas y egoístas que se comen todo nuestro espacio.

La sumisión y la codependencia van muy de la mano, ya que el germen de ambas es una infancia donde a la persona no se le ha permitido auto-afirmarse, tomar protagonismo, quererse tal y como es y desarrollarse emocionalmente. La mayoría de las personas codependientes son extremadamente sumisas.

Características de una persona sumisa

Evitación de conflictos

Las personas sumisas tienden a evitar el conflicto, por mínimo que sea. Suelen ceder y no expresar su voluntad para evitar choques con otras personas, dedicando esfuerzo y abandonándose a sí mismas para tener contentos a los demás.

Esta facilidad para ceder y no expresar lo que realmente sienten o piensan les lleva a tener relaciones con personas dominantes, a las que les gusta mandar e imponer su voluntad.

Una infancia dolorosa

Las personas sumisas suelen desprender una energía de que se puede hacer con ellas lo que se quiera, con lo que es frecuente que además del abuso recibido por la familia, también hayan sufrido bullying en la escuela y/o después, mobbing en el trabajo.

Perfil de personalidad discreto

Las personas sumisas tienden a no querer llamar mucho la atención. Tienen la idea loca de que si nadie se fija en ellas, están más seguras, ya que por las experiencias vividas en la familia narcisista o disfuncional, ni se les ocurre que también se les puede dar atención para escucharles, respetarles o admirarles.

A una persona sumisa le importa mucho su imagen

Las personas sumisas están muy pendientes de la imagen que dan a los demás, que pretenden que sea de “buena persona” y están más pendientes de esto que de cómo se sienten ellas consigo mismas o con las personas con las que se relacionan.

Creación de vínculos de dependencia emocional

Las personas sumisas suelen adoptar el rol de alguien vulnerable que necesita protección, por lo que es común que establezcan relaciones asimétricas basadas en la dependencia emocional, donde la otra persona, por lo general la pareja, les brindará protección a cambio de sumisión.

La ironía es que en este tipo de vínculos, la persona que ofrece la protección es fácil que trate mal o abuse de la sumisa cuando la sumisa se sale de su rol y es rebelde o asertiva.

Falta de asertividad

Las personas sumisas hablan poco sobre sus propios puntos de vista u opiniones. No dedican mucho tiempo a averiguar quiénes son o qué quieren y prefieren centrarse en lo que los demás quieren o necesitan. En general, son evitativas o ambiguas en su comunicación.

Lenguaje no verbal de una persona sumisa

Las personas sumisas, como tratan de no llamar la atención, hacen que su cuerpo sea lo más discreto posible a través de sus posturas. Es común que mantengan la vista baja y que tengan dificultades para mantener la mirada a otra persona, que sus brazos y piernas se muevan poco hacia afuera con respecto al eje vertical de su cuerpo, o que su espalda esté encorvada. Da la sensación de que se están escondiendo todo el tiempo o intentando ocupar el menor espacio posible con su cuerpo.

Frecuentes comportamientos pasivo-agresivos

Como su postura general en la vida es hacer lo que quieren los demás, aunque hayan aprendido a tener este comportamiento para sobrevivir, en el fondo se enfadan, como todos los seres humanos. La rabia es una emoción que, como no se les ha permitido en la infancia, tampoco se permiten a sí mismas. Por ello, en lugar de enfadarse de una forma obvia, lo hacen de forma pasivo-agresiva.

Formas de fortalecer la autoestima de una persona sumisa

Una persona sumisa necesita aprender modelos de relación adecuados para saber qué compromisos son razonables e ineludibles para que las relaciones fluyan y no confundirlos con un patrón permanente de sumisión a los demás.

Si quieres empezar a dejar atrás la sumisión como forma de estar en la vida, puedes empezar por lo siguiente:

Aprende a estar en contacto contigo misma

Aprender a detectar lo que piensas, sientes, necesitas y te gusta es importante. Muchas veces, es más fácil imitar lo que hace el otro para no pensar o no tener que decidir qué quieres o no afrontar la responsabilidad de hacerlo. Si esto se vuelve demasiado frecuente, no sabes lo que piensas ni lo que quieres, por lo que es necesario entrenarlo.

Busca espacios para expresarte

Ya sea un familiar o amigo que sí escucha o quizá un grupo de terapia, es importante que aprendas a expresarte, a decir lo que piensas o lo que sientes, a escuchar el sonido de tu propia voz y practicar simplemente hablar, recibiendo atención.

Practica expresarte de forma asertiva

En la raíz de la sumisión está el miedo a tener un conflicto. Si practicas expresarte de forma asertiva, poco a poco, te irás dando cuenta de que esto no suele llevar necesariamente a un conflicto sino simplemente a una diferencia de opiniones o a una negociación para llegar a un acuerdo. Y i al final sí que lleva a un conflicto, también forman pare de la vida, por lo que sólo se trata de aprender a gestionarlos.

Observa y aprende comportamientos no sumisos

Puedes observar a las personas que tienes a tu alrededor en tu familia, amistades, trabajo,.. si alguno de ellos se comporta de forma asertiva, puede convertirse en un modelo a imitar: observa su postura corporal, cómo pide o negocia, cómo se dirige a los demás, cuál es su tono,…

Encuentra una buena terapeuta

Una buena terapeuta puede ayudarte a ver cuál es el origen de tu sumisión, cómo la ejerces en tus relaciones y cómo empezar a modificarla paso a paso para tener más bienestar contigo misma y más equilibrio en tus relaciones con los demás.

Conclusiones finales sobre ser una persona sumisa

La sumisión, como hemos dicho más arriba, es un comportamiento aprendido para sobrevivir a un entorno poco nutriente u hostil en la infancia y para compensar una baja autoestima. Como cualquier otro comportamiento humano, se puede modular y gestionar y ser sustituido poco a poco por otro más saludable para ti.

El punto clave es que comprendas que cuando eras niña no tuviste más remedio que aprender la sumisión para sobrevivir. Pero ya no eres una niña sino una adulta que tiene derecho a expresar sus opiniones, a ser tenida en cuenta y valorada y a ser tratada con dignidad y respeto en cualquier vínculo.

¿Eres dependiente emocional? Aquí está lo que necesitas saber

Origen de la dependencia emocional

La dependencia emocional supone que una persona con baja autoestima busca constantemente su seguridad en otras personas, por lo general, parejas romántica pero no exclusivamente, ya que también lo puede hacer en familiares, amigos, jefes,.. o en factores externos, sin confiar en sus propios criterios y recursos internos, sin validarse a sí misma.

La dependencia emocional comienza en la infancia, cuando un niño no se siente querido por las personas que más le importan, como sus padres, hermanos u otras personas cercanas. Este desamor genera baja autoestima, esto es, el niño se quiere como le han querido y es algo que si no se trata en terapia, se arrastra hasta la edad adulta.

Una persona con dependencia emocional, al sentirse carente, buscará de forma inconsciente estrategias en sus vínculos para conseguir que le den de lo que cree que le falta, como atención, seguridad, validación,…

Algunas de estas estrategias consisten en la sumisión, la manipulación, la seducción, la victimización, la infantilización,… En última instancia hará lo que sea necesario para mantener el vínculo del que se siente dependiente y no experimentar rechazo o abandono por parte de la otra persona, ya que son heridas que tiene por experiencias vividas en la infancia y que son muy dolorosas.  

Entre los padres que generan dependencia emocional, están los padres narcisistas, que tienen una incapacidad para ver a sus hijas tal y como son y dotarlas de la autoestima que necesitan. Son padres auto-referentes, que ven a sus hijas como extensiones de sí mismos y a las que enseñarán que el amor no es algo que se da porque sí sino algo que se ha de ganar con esfuerzo y sufrimiento. Con las madres narcisistas, cualquier movimiento por sus hijas para auto-afirmarse o mostrar su individualidad será reprobado o castigado. De esta manera, las vuelven dependientes crónicas de su aprobación.

Provocar culpa es una forma de manipular a la niña para que tenga la actitud “correcta”. La actitud de la madre narcisista suele ser de queja de la forma en que sus hijas las decepcionan o las molestan. La conducta del padre narcisista que es autoritario es la de pronunciar frases como: “Cállate y haz lo que te digo” o “En esta casa haces lo que te digo que hagas”.

Dificultades en la construcción de la autoestima

La autoestima de un niño y su capacidad para estar solo se construye a través del espejo o mirroring, de la confianza que sus padres depositan en él. Un niño puede tener dificultades para generar confianza en sí mismo porque sus padres o cuidadores le dan mensajes contradictorios o directamente negativos sobre sí mismo. Esto hace que el niño interiorice esta inseguridad dentro de sí mismo, que se traduce en pensamientos y determinados bloqueos.

Todas las personas tendemos a buscar inconscientemente y reproducir lo que nos es familiar, lo que hemos vivido en nuestra infancia. Adquirimos patrones de conducta que arrastramos hasta la edad adulta.

Esto hace que muchas personas confundan el amor con la dependencia emocional, buscando en las relaciones de pareja lo que no se pueden dar a sí mismas, como seguridad, estima, atención,…incluso si eso significa comprometer su propia dignidad o respeto hacia sí mismas.

Las personas emocionalmente dependientes aceptan conductas abusivas o de maltrato como algo normal. Necesitan estar en contacto constante con la otra persona y les cuesta tomar las riendas de su propia vida y suelen tener fantasías de ser “encontradas” algún día por esa persona especial que les haga felices y acabe con su soledad y angustia existencial.

También suelen confundir la pasión con amor, crean mucho drama aunque no lo deseen y generan relaciones donde hay mucha inestabilidad, en la que una o ambas personas se sienten al límite constantemente, como si la relación pendiese de un hilo. No suele haber una buena comunicación y honestidad y son frecuentes las conductas de abuso, agresiones activas o pasivas, amenazas directas o veladas o comportamientos de poner a prueba frecuentemente la relación.

Señales de dependencia emocional

¿Crees que puedes ser una persona emocionalmente dependiente? Aquí tienes algunas señales que son indicativas:

  • Necesidad constante y obsesiva de estar cerca de tu pareja
  • Inseguridad constante sobre el futuro de la relación
  • Sentimiento de no ser lo suficientemente buena para estar con la otra persona
  • Estar hipervigilante frente a pequeñas señales indicativas de que la otra persona se va a ir de la relación
  • Sentimiento constante de culpa si no prestas total atención a su pareja
  • Aceptación de condiciones que generan mucho sufrimiento por miedo a perder la relación
  • Un sentimiento constante de inestabilidad y de que la relación pende de un hilo

Cómo empezar a sanar

Si crees que puedes ser emocionalmente dependiente, más abajo tienes algunas estrategias para superar la dependencia emocional y tener relaciones más sanas y equilibradas.

  • Trabajar en tu autoestima. Para poder querer de forma sana a otra persona, antes has de aprender a quererte, dándote a ti misma lo que tus padres no pudieron darte en la infancia. Para generar y hacer crecer tu autoestima es importante conocerte, saber qué te interesa y te gusta, cuáles son tus prioridades, aceptarte sin cuestionarte, aprender a respetarte y dignificarte cada día, decirte cosas bonitas, perdonarte, abrazarte.
  • Pedir sólo lo que puedes dar. El ambiente adecuado es aquel que favorece la entrega, la apertura y el respeto por la otra persona. Y tú eres la que ha de co-crear ese ambiente junto con la otra persona. Si quieres que la otra persona esté abierta, se entregue, sea honesta y se comunique, es importante que tú también puedas hacer esto.
  • Construir la relación que necesitas. Una relación de pareja no es algo que se pueda construir con prisas, ansiedad o en unos días sino algo que requiere de coherencia, constancia, intimidad y tiempo.
  • Responsabilizarte de tus emociones. En una relación de pareja sana, cada persona se responsabiliza de sus emociones y necesidades y transmite estas últimas para que puedan ser cubiertas. Esto supone no echar la culpa a tu pareja de lo que sientes y no pretender que adivine lo que necesitas.
  • Hacer conscientes tus detonantes. Una relación de pareja es el contexto donde pueden salir con más frecuencia y claridad los detonantes de tus heridas de infancia, como el rechazo o el abandono. Esto quiere decir que tus emociones pueden volverse muy intensas frente a ciertos comportamientos de tu pareja y que te puedan llegar a abrumar. Para ello, es importante conocer cuáles son tus detonantes y aprender a gestionar tus emociones cuando se activan.
  • Dejar las expectativas a un lado. Tu pareja no va a poder cubrir tus carencias emocionales de la infancia y pretender esto supone condenar la relación al fracaso. Es importante que trabajes en darte a ti misma lo que te faltó y estés abierta a darte cuenta de si el amor que tu pareja te da es suficiente para ti como adulta. Esto es más fácil de hacer si eres tú la que se encarga de atender a tu niña interior.

Conclusiones finales

La dependencia emocional tiene su origen en carencias emocionales vividas en la infancia. Es importante que te des cuenta de que el hecho de que tus padres o cuidadores no hayan podido darte lo que necesitabas a nivel emocional, no tiene nada que ver contigo, no es que no te lo merecieses y no es culpa tuya. De lo que se trata es de que tus padres no han podido darte algo que sus padres tampoco les han podido dar a ellos y esto se convierte en una cadena que se pasa de generación en generación.

Es muy común en nuestra cultura llamarle «amor» a muchos comportamientos que en realidad no lo son. Uno de los principales es la dependencia emocional y en nombre del amor se cometen muchos comportamientos que en realidad son de abuso, control, dominación, chantaje emocional,…

Si crees que puedes ser dependiente emocional, esto es algo que se puede sanar en terapia con ayuda profesional, para tener relaciones sanas, de bienestar emocional y duraderas.

Imagen de Miha Arh en Unsplash

Qué puedes hacer si has crecido con padres narcisistas

Cómo se genera la herida de “no ser suficiente” en los hijos de padres narcisistas

Cuando somos niños, tendemos a tomarnos todo de forma personal. Somos auto referentes y creemos que todo lo que ocurre a nuestro alrededor tiene que ver con nosotros, para bien o para mal. No hay límites entre un niño y su entorno.  

Si los padres de un niño se pelean, el niño generalmente piensa es su culpa. Si alguien que conocen se hace daño, creen que podría ser por su culpa. Depende de sus padres enseñarle a diferenciarse entre él y los demás. Que sus hijos sepan que las otras personas (incluidos los padres) son responsables de sus propias emociones y comportamientos.

Desafortunadamente, a los hijos de padres narcisistas nunca se les enseña esta diferenciación. Para estos niños, si algo anda mal, sus padres narcisistas suelen estar de acuerdo en que es culpa del niño.

El enfoque de los padres narcisistas está en su propio bienestar y sus hijos se dan cuenta desde el principio que su papel es servir y validar la existencia de sus padres. Han de estar pendientes de sus padres de una forma extrema, sin que sus padres estén emocionalmente disponibles para ellos. Esto es una alteración del orden natural de los roles en la familia narcisista, lo que muchas veces da lugar a la parentificación.

Los hijos de padres narcisistas aprenden a equiparar la felicidad de sus padres con la suya propia y se espera que sean sumisos, leales y agradecidos por lo que sus padres les decidan dar, aunque sean migajas de amor, cuidados o atención. Cada día, la vida del niño depende de los caprichos de sus padres, lo que lleva al niño a vivir con una constante incertidumbre, ansiedad y culpa por lo que ocurre a su alrededor.

Como este nivel de exigencia hacia un niño es poco realista e imposible de alcanzar, estos niños interiorizan una vergüenza intensa y la sensación de que son defectuosos por no estar a la altura de las expectativas de sus padres.

Debido a que los padres narcisistas se ven a sí mismos como perfectos, se creen que están haciendo lo mejor como padres y que cualquier resistencia por parte del niño no es más que ingratitud.

Para los hijos de padres narcisistas, que no conocen otra forma de interacción, que no saben que existen otros tipos de relaciones entre padres e hijos y que son demasiado pequeños para desarrollar recursos para afrontar esta situación, gran parte de la vida se convierte en un misterio doloroso.

La mayoría crece con la sensación de que “algo está mal”, y en lugar de darse cuenta de que lo que “está mal” son las dinámicas familiares, lo ponen en sí mismos, creyendo que son defectuosos, no son suficientes y no son dignos de amor. Esto es algo que arrastran a la vida adulta y que llevan a sus vínculos, en especial a los de las relaciones amorosas.

Las consecuencias de tener padres narcisistas

Pueden pasar años de frustración y angustia para que la hija de un padre o madre narcisista se dé cuenta de que la raíz del problema no está dentro de ella sino en sus padres y en la crianza emocionalmente abusiva que han recibido.

Hay numerosas consecuencias emocionales de haber crecido con padres narcisistas, más abajo te describo algunas de las más importantes:

Falta de confianza e intimidad en las relaciones

Las hijos de padres narcisistas aprenden a una edad temprana que es mejor no expresar sentimientos o confiar en los demás. Es difícil y solitario poner siempre una barrera para protegerse de los demás, pero les parece mejor que que les hagan daño.

No saber lo que quieren

Las hijas de madres narcisistas han tenido que estar tan pendientes de sus deseos y de complacerlas, que no han podido tener mucho contacto interno consigo mismas ni aprender a decidir quiénes son, qué les gusta, qué es importante para ellas,… Esto lleva a tener una identidad muy difusa y a, en muchas ocasiones, no saber qué es lo que realmente quieren en la vida.

Creer que no son dignas de amor

Las hijos de madres narcisistas han crecido recibiendo muchos mensaje de que no son suficientes ni dignas de amor, muchas veces con agresiones verbales o emocionales, en ocasiones descubiertas y otras encubiertas, de forma pasivo-agresiva. En general el trato que han recibido ha sido pobre y abusivo. A causa de esto, de adultas tienden a replicar la relación disfuncional que tenían con sus padres al buscar inconscientemente parejas románticas que sean igualmente críticas, reticentes y emocionalmente inaccesibles.

Adquirir sus propios rasgos narcisistas

Si te han negado ser el centro de atención toda tu vida, es posible que desees desesperadamente un poco de atención. Esto puede llevar a las hijas de narcisistas a quedarse con la primera pareja que les presta atención y generar dependencia emocional, o bien también puede que al ser ésa su zona de confort, eviten las situaciones en las que creen que pueden llegar a ser el centro de atención, por sentirse muy incómodas en ese lugar.  

Complacer a las personas y desarrollar codependencia

Cuando una niña es manipulada a diario y pasa la mayor parte del tiempo ocupándose de las necesidades emocionales de sus padres, aprende a valorarse a sí misma sólo en relación con cómo hace sentir a los demás. Esto llevan esta necesidad aprendida de complacer a los demás a sus relaciones como adultas, lo que lleva a desarrollar codependencia.

Poner las necesidades de validación y aceptación en los demás

Las hijas de madres narcisistas tienen necesidades básicas, que tienen todas las niñas y forman parte del proceso de desarrollo, como la de aceptación o validación, que no han sido cubiertas por sus madres narcisistas. Esto les llevará a buscar la satisfacción de estas necesidades no cubiertas en otras personas de adultas, como en sus parejas, jefes, amigas,…

Pasos que puedes dar como hijo de padres narcisistas

La mayoría de los hijos adultos de padres narcisistas se pasan años o incluso toda su vida repitiendo un patrón de relaciones poco satisfactorias, tanto consigo mismos como con los demás, repitiendo de forma inconsciente la relación inicial con sus padres narcisistas.

¡Pero no tiene porqué ser así!

Aquí hay algunos pasos que puedes empezar a dar para sanar.

Observa con desapego

Una de las primeras cosas que puedes hacer para comenzar el viaje hacia la sanación es reconocer que tu padre o madre o ambos son narcisistas y que, lo admitan o no, están sufriendo. Aprende todo lo que puedas sobre el narcisismo para poder identificar los mensajes disfuncionales que recibiste mientras crecías. Hacer esto te permite obtener un grado de desapego emocional y ver a tus padres no sólo como tu madre o tu padre, sino como personas que hacen lo que pueden. Esto también te ayudará a cultivar algo de empatía hacia tus padres narcisistas, lo que puede llevarte a perdonar tanto a tus padres como a ti mismo. El perdón es algo que se da de forma gradual y no es una cuestión de blanco/negro. Cuanta más capacidad de perdón tengas hacia ti misma y hacia tus padres, más fácil será para ti dejar atrás el pasado y convertirte en la adulta que estás destinada a ser.

Pon conciencia en tus expectativas

Las personas narcisistas son muy buenas en crear una falsa sensación de esperanza de que el mañana será diferente de alguna manera. Es una trampa en la que es fácil caer, pero es una trampa que tú (a sabiendas o no) te tiendes a ti mismo al tener la expectativa de que un narcisista puede o quiere cambiar. Desafortunadamente, dado que la mayoría de los narcisistas se ven a sí mismos como perfectos y no asumen responsabilidades emocionales, su capacidad de cambio es poca o nula. En consecuencia, la invitación es a que observes si tus relaciones están basadas en expectativas de cambios que nunca llegan. Darte cuenta de esto te ayudará a tener una visión más realista de tus relaciones y, desde ahí, decidir si las quieres aceptar tal y como son, o si prefieres irte para buscar otra relación mejor para ti, donde puedas satisfacer de verdad tus necesidades emocionales.

Aprende a poner límites

La mayoría de las hijas de madres narcisistas tienen dificultades para establecer límites y esto suele estar directamente relacionado con una baja autoestima. Para mejorar tu autoestima y mantener cualquier relación adulta es conveniente que aprendas a poner límites e incluso simplemente alejarte cuando otro límite no es posible.

Obtén ayuda profesional

Una de las tácticas emocionales que usan los padres narcisistas para manipular y controlar a sus hijas es el aislamiento. Esto es especialmente fácil con los niños, ya que la mayoría de las personas del entorno familiar perciben a los padres como perfectos, cuando en realidad sólo es una fachada que los padres narcisistas se esfuerzan en proyectar hacia el exterior. De ahí que sea muy difícil para los niñas explicar a alguien lo que realmente está pasando dentro de la familia. Sin embargo, es importante que tanto las hijas jóvenes como las adultas de padres narcisistas encuentren a alguien con quien puedan compartir abiertamente su historia, lo que han vivido y sus sentimientos, preferiblemente una terapeuta que sepa de narcisismo. A menudo, no es hasta que las hijas adultas de un narcisista reciben terapia que realmente pueden comenzar a sanar.

Rompe el ciclo de abuso narcisista

Al seguir cada uno de los pasos anteriores estarás empezando el camino para romper el ciclo de abuso narcisista en tu familia.

Si bien no es fácil, hay sanación y esperanza para los hijas adultas de padres narcisistas. El mejor lugar para comenzar es ser amable contigo misma, reconocer que lo que te obligaron a soportar de niña no fue culpa tuya, y buscar la ayuda profesional que necesitas para perdonarte a ti misma y a tus padres y comenzar a crear la vida que quieres para ti.

Imagen de Nick Fewings en Unsplash

Las fantasías como consecuencia de las heridas emocionales de la infancia (y cómo empezar a repararlas)

¿Por qué generamos las fantasías?

Los niños que han crecido en familias narcisistas o familias disfuncionales no han visto sus necesidades satisfechas, su entorno ha causado heridas emocionales como el rechazo, el abandono, la humillación, la traición o la injusticia. Por ello, es frecuente generar fantasías de que su situación, entorno o relaciones cambiarán y se sentirán mejor. Por ejemplo, un niño que vive en un hogar inseguro puede imaginar que un personaje de un programa de televisión llega a su casa y lo rescata de su situación

Esto es porque una niña necesita desarrollar defensas frente a un entorno que es hostil o poco nutriente. Esencialmente, soñamos despiertos con escapar de nuestra realidad. En muchos casos, esta fantasía se lleva hasta la edad adulta.

Vivir en una fantasía o soñar despierto frecuentemente es uno de los efectos del trauma vivido en la infancia y puede ser perjudicial para nuestra salud emocional y dar lugar a:

  • Relaciones difíciles y poco seguras
  • Desarrollo de adicciones a sustancias como las drogas o a comportamientos como el sexo, el trabajo, el juego,…
  • Dependencia emocional hacia otras personas como jefes, amigos, familiares o parejas.
  • Ansiedad y/o depresión
  • Ideaciones suicidas

Soñar despierto en sí mismo no es problemático. Todas las personas lo hacemos en mayor o menor medida, y puede ayudarnos a ejercitar nuestra imaginación y nuestra creatividad. Sin embargo, como es el caso con cualquier síntoma de trauma, soñar despierto y la fantasía pueden ser contraproducentes cuando se convierten en una compulsión, en la forma más fácil de huir de la realidad e interrumpen nuestro bienestar emocional y funcionamiento diario.

Si sólo sueñas despierta con un futuro diferente pero no realizas las acciones coherentes que te pueden llevar ahí, entonces soñar despierta puede hacerte daño y mantenerte anclada en el pasado.

A continuación, comentamos algunas fantasías comunes que tienen los adultos supervivientes de familias narcisistas o familias disfuncionales. Es importante poner conciencia a estas fantasías y darte cuenta tanto de para qué te sirven como en qué te perjudican y además, proponemos recursos más sanos por los que podrías empezar a sustituirlas.

Tener fantasías de querer salvar o ser salvado

Los supervivientes de familias narcisistas o familias disfuncionales suelen tener fantasías de rescate, particularmente en relaciones románticas, donde creen que pueden ser un caballero de brillante armadura para su pareja y salvarla de su situación, para ser elogiados y vistos como héroes. Estas personas suelen vivir en el rol del salvador.

En el otro lado, otras personas se dedican a tener la fantasía de que alguien las rescatará: una persona vendrá y las hará felices al cambiar su situación actual. Estas personas suelen vivir en el rol de la víctima.

Ambos tipos de fantasía de rescate a la larga son dañinas y contrarias a las conexiones íntimas, sanas, auténticas y adultas. La fantasía puede parecer hacerse realidad a corto plazo. Aún así, con el tiempo, a medida que las situaciones cambian, mantener las expectativas de heroicidad en la persona se vuelve algo poco realista o imposible de cumplir. Con el tiempo, la necesidad o el deseo de reproducir esa fantasía regresa, y la persona una vez salvadora o salvada, dejará de cumplir con esas expectativas. En tal caso, habrá una decepción y la tendencia es la de cambiar de pareja para perpetuar el ciclo de fantasía.

Un ejemplo de la fantasía de rescate es una pareja que acoge en su casa a la otra porque no tiene trabajo y le permite permanecer ahí sin pagar durante meses o incluso años.

Si te ves reflejada en esta situación, te invito a que te preguntes para qué ejerces el rol, tanto de la víctima como del salvador. En el caso de la víctima, la invitación es a que te des cuenta de cómo puedes convertirte tú la salvadora de ti misma, qué cualidades o recursos necesitas desarrollar para dejar de sentirte una víctima de tu propia vida. En el caso del salvador, darte cuenta de para qué necesitas que tu pareja te vea bajo ese prisma y qué necesidades emocionales estás negando para poder ser el salvador, qué partes tuyas como la vulnerabilidad, la fragilidad o la imperfección, necesitas aceptar e integrar en ti.

Tener fantasías de conseguir que otros cambien

En la infancia somos impotentes frente a lo que ocurre en nuestro entorno. No tenemos una amplia gama de opciones o recursos disponibles para hacer cambios nuestra situación de vida porque dependemos de nuestros padres o cuidadores.

Esta sensación de impotencia es muchas veces la única respuesta posible para una niña frente a lo que está viviendo, pero se convierte en una respuesta dañina si llevamos esta sensación percibida de impotencia a la edad adulta, sintiendo que no podemos hacer nada para cambiar nuestra vida.

Muchas supervivientes de familias narcisistas o familias disfuncionales buscan formas de controlar a otros, hacer que cambien para sentirse mejor consigo mismas y tienden a sentirse desesperanzados o impotentes cuando no consiguen controlar a otras personas o que hagan lo que ellas quieren. Este comportamiento de querer cambiar o controlar a otras personas, en especial a las parejas, es muy habitual en las personas codependientes.

La realidad es que, como adultas, las únicas a las que podemos cambiar es a nosotras mismas. Debemos asumir la responsabilidad de nuestras propias vidas y así, ocuparnos de cubrir nuestras propias necesidades y, en su caso, cambiarnos en lo que consideremos necesario para sentirnos mejor con nosotras mismas.

Tener fantasías de que la validación está en los demás

En la infancia, buscar la aprobación de los demás es un aspecto normal del desarrollo y, a medida que crecemos, nos movemos por muchos entornos en los que la validación externa se normaliza, como de los padres u otros cuidadores, los profesores,…Recibimos feedbacks externos. Estos feedbacks nos ayudan a determinar quiénes somos, qué nos gusta, en qué somos buenos, cuáles son nuestras características.

Cuando esta validación ha sido muy deficitaria en la infancia, la tendencia de la persona adulta es la de seguir poniendo la validación en manos ajenas, como en jefes, amigos, parejas,… es como si nos dijéramos: “Si yo te gusto, yo me gusto”, “Si tú me quieres, yo me quiero”.

Esta búsqueda incesante de la validación es natural si no la hemos recibido en la infancia pero genera dependencia emocional de las personas en las que ponemos la validación y es como un parche porque si ese vínculo se termina, como no podemos gustarnos o querernos por nosotros mismos, volveremos a buscar personas que nos validen.

Como adultos, nuestra tarea sana es interiorizar el sentimiento de validación, que somos lo suficientemente buenos en ausencia de una validación externa. Esto no quiere decir que no nos sintamos bien cuando logramos algo en el mundo exterior, como un ascenso en el trabajo o un cumplido de nuestra pareja, pero cuando ese tipo de validación no está sucediendo, no nos hundimos en una depresión o creemos que no somos dignos de amor.

Cuando ya nos validamos, una validación externa es un extra que agrada, no algo que necesitamos desesperadamente para vivir a gusto con nosotros mismos.

Tener fantasías de que las soluciones rápidas sirven

Las niñas no suelen tener mucha paciencia con respecto al deseo de sentirse bien o mal. No tienen la parte del neocórtex del cerebro aún desarrollada, por lo que viven en el cerebro reptiliano y el límbico, que son los que más tienen que ver con el aquí y ahora, el presente. Por ello, quieren resultados inmediatos. Es por esto que los padres han de ocuparse de las tareas de sus hijas que tienen que ver con la planificación, el futuro y los objetivos a largo plazo, como la alimentación, la higiene o los estudios.

Tener que vivir demasiado en el día a día para poder evitar amenazas o cubrir necesidades emocionales de un modo precario, no permite desarrollar otras habilidades que tienen más que ver con la planificación, las metas a medio o largo plazo o la gratificación aplazada.

Cuando llevamos esto a la edad adulta, continuamos buscando soluciones rápidas que pueden ser dañinas o destructivas para nuestra salud, como relaciones poco saludables que no tienen una base sólida ni están basadas en la seguridad o el uso de sustancias para escapar de nuestros pensamientos y sentimientos.

Como adultas, hemos de aprender a dejar de buscar arreglos aparentemente rápidos y fáciles para no estar presentes con nosotras mismas y también aprender a estar con las sensaciones o emociones desagradables. Éste es el paso previo para aprender a manejarlas y trascenderlas. Si aprendemos a cultivar la gratificación aplazada, podremos tomar decisiones responsables y maduras que nos ayuden a vivir una vida más plena y satisfactoria.

Prestarle demasiada atención o muy poca a nuestro niño interior

Los supervivientes de familias narcisistas o familias disfuncionales han solido vivir situaciones con sus padres o bien de asfixia y control o bien de abandono emocional en la infancia, y en ocasiones, una mezcla de ambas. Esto conduce a que de adultos, o bien le den demasiado espacio a su niño interior, o bien lo ignoren la mayor parte del tiempo.

La primera situación lleva a adultos que son muy impulsivos, tienen poca capacidad de reflexión y tienen tanta indulgencia consigo mismos y sus necesidades emocionales, que tienen dificultades para ver a las otras personas y darse cuenta de que no sólo ellas importan.

La segunda situación, lleva a adultos que están en muy poco contacto con su espontaneidad, creatividad e impulsividad, hay mucho control y represión y tienden a priorizar las necesidades de los demás frente a las propias.

Como adultos, para poder alcanzar el equilibrio, podemos estar en contacto con nuestro niño interior y atender a sus necesidades, al mismo tiempo que podemos aprender a contenerlo, sostenerlo en sus emociones y ponerle límites. De esta manera, podremos conectar con las otras personas de una forma auténtica, sana y equilibrada y esto nos permitirá tener vínculos de calidad con los demás.

La importancia de sanar nuestras heridas emocionales

Es importante hacer conscientes cuáles son nuestras heridas emocionales de la infancia, cuáles son las defensas que utilizamos para lidiar con ellas y, finalmente, aprender recursos más sanos para, poco a poco, sanar las heridas de infancia y poder vivir una vida de adultos más plena y satisfactoria donde el pasado no tenga tanto peso.

Para esto, pueden ayudar técnicas como:

  • La terapia Gestalt, que nos ayuda a reconocer los personajes que hemos desarrollado para sobrevivir y aprender a gestionarlos y manejarlos.
  • La terapia Corporal, para aprender a escuchar nuestras sensaciones y emociones corporales, y con ello aprender a automaternarnos en el presente.
  • La terapia orientada al trauma, para procesar memorias de eventos ocurridos en la infancia que no se pudieron procesar en su momento para dejarlos atrás y vivir un presente más en conexión con nosotros mismos.

La recuperación del trauma vivido en la infancia no es un viaje corto, sino que requiere tiempo y energía, así como atención y apoyo compasivos contigo misma. Sin embargo, las recompensas que proporciona son grandes, ya que te permitirá vivir en más bienestar y en conexión contigo misma y con los que te rodean; tomar las riendas de tu propia vida como adulta y construir lo que quieres para ti, dejando atrás las fantasías por otros recursos más sanos.

Imagen de Almos Bechtold en Unsplash

El chivo expiatorio en la familia narcisista: cómo trascender la resistencia

Qué es la Resistencia

En las familias narcisistas o disfuncionales, la conformidad con todo lo que hace o dice el narcisista es un requisito imprescindible para sobrevivir o tener cierta paz. Cualquier miembro de la familia que se resista a esto, se convierte en un problema. El niño o niña que más se resiste a las demandas del narcisista abusador, se convierte en el objetivo principal del abuso. Es así como uno de los niños de la familia se convierte en el chivo expiatorio. Sin embargo, es sólo esta característica de la resistencia sino de un compendio de ellas las que convierten al niño en el chivo expiatorio de la familia narcisista.

Esta resistencia a lo que ocurre en la familia es frecuente que el chivo expiatorio la lleve hasta la edad adulta y la siga practicando de forma consciente o inconsciente. Si bien la resistencia ha podido ayudarle a formar su identidad y a defenderse en su infancia, un uso excesivo de la resistencia puede complicar la vida de adulto del chivo expiatorio.

Este artículo va destinado a todos los actuales o antiguos chivos expiatorios de su familia narcisista de origen que quieran soltar algo de la resistencia que tienen frente a una situación o situaciones y quieran incorporar más en su vida la aceptación.

La resistencia, lo opuesto a la aceptación, es un bloqueo de energía. Piensa en cómo experimentas la tensión, la rabia y la preocupación a nivel físico: se siente un nudo en el estómago, la garganta se cierra, hay una presión en el pecho,… Todo esto es energía bloqueada.

A menudo, ni siquiera te das cuenta de que te estás resistiendo. Tu ego cree que cualquier emoción o sensación desagradable que estés sintiendo servirá para algo, de la misma manera que crees que presionar el botón del ascensor varias veces, hará que llegue más rápido. Pero no lo hará.

La resistencia sólo logra dos cosas:

  • Te ancla en sensaciones y emociones desagradables
  • Fortalece tu sentido de separación (el ego)

La ecuación es la siguiente: «Emociones y sensaciones incómodas + Resistencia = Sufrimiento». En otras palabras, las sensaciones o emociones desagradables son inevitables. Pero aferrarse a ellas para no aceptar, genera un sufrimiento que es innecesario.

Si no resistes las emociones y sensaciones desagradables, como el dolor, la rabia o el miedo, si te permites sentirlas, entonces esa energía se mueve y pasa de estar dentro de tu cuerpo a estar fuera. Pero si te resistes, atrapas esa energía dentro de tu cuerpo.

Si te has resistido mucho en tu infancia a la realidad y dinámicas de la familia narcisista, es probable que te sigas resistiendo a situaciones difíciles que te ocurren de adulta. Al darte cuenta de ello, el siguiente paso suele ser resistirte a la resistencia. Y esto no ayuda, ya que lo genera al final es una doble resistencia. De todos modos, es un paso normal y necesario. Sólo darte cuenta de ello, ya es un gran cambio.

El paso intermedio: aceptar la Resistencia

Cuando no puedo aceptar una situación, puedo aceptar que «Así es como me siento frente a esta situación que estoy viviendo». Esto de por sí ya disminuye la resistencia. Trata de recordarte a ti misma que está ok lo que sientes: ansiedad, irritación,… y permítete sentirlo y que fluya a través de ti. Aquí la clave está en no engancharte en las emociones desagradables. Esto es, la tendencia a pensar que si sufres mucho, esto sirve para algo. Sufrir consiste en quedarte enganchada en lugar de dejar que las emociones fluyan el tiempo que necesiten y después volver al reposo. Y así una y otra vez. Poco a poco, las emociones comenzarán a remitir y cada vez necesitarás sentirlas con menos intensidad y en periodos más breves de tiempo.

Con la práctica suficiente, la aceptación de tus emociones frente a una situación es lo que te llevará a finalmente aceptar la situación tal y como es.

La Aceptación y la Transformación

Como dice Eckhart Tolle, guía espiritual y escritor alemán, el ego cree que si aceptas este momento, nada cambiará nunca, cuando de hecho, la verdad es todo lo contrario. Si te aferras a que algo sea como tú necesitas en lugar de como realmente es, te creas tu propia trampa, ya que vives en algo que sólo está en tu cabeza, no en el mundo exterior. Y es probable que el mundo exterior te siga lanzando situaciones similares, ya que ahí no hay aprendizaje ni crecimiento interior.

Sólo cuando no necesitas que nada sea diferente es cuando las cosas realmente pueden cambiar. Y en esos momentos en los que encontramos la aceptación total y completa, a veces algo en el universo ha cambiado y se desarrolla un milagro tras otro. El dinero llega de formas que nunca podrías haber esperado; cuando aceptas personas o situaciones completamente como son, algo cambia. Esto está más allá del alcance del intelecto humano, pero la aceptación no tiene inconvenientes. Como mínimo, sientes paz. A mayores, las situaciones aceptas, cambian.

La aceptación no es lo mismo que que te guste una situación, ni implica ausencia de acción. Hay muchas situaciones que son desagradables y en las que puedes tomar medidas, pero primero tienes que aceptar los hechos tal como son, total e incondicionalmente. Entonces, desde ese lugar, puedes actuar, y como no estás yendo en contra de la situación o persona, la acción es más efectiva.

Algunos ejemplos de acciones pueden ser los siguientes: una clienta hace mucho que te debe dinero y has decidido dejar de reclamárselo y no darle más servicio; tu madre sigue diciéndote lo que tienes que hacer cada vez que te ve y has decidido aceptar que es así y verla menos a menudo para protegerte. A consecuencia de ello, tu madre ahora ya no te dice tanto lo que tienes que hacer. Has dejado tu relación de pareja porque ésta no podía cubrir algunas necesidades emocionales muy importantes para ti. Aceptar que no estabas con la persona adecuada te ha llevado a apuntarte a una app para conocer potenciales parejas y en unos meses, has conocido a otra persona que te hace mucho más feliz.

Eckhart Tolle, en su libro «Viaje a ti mismo», describe la diferencia entre aceptar el hecho de que “lo he dejado con mi pareja” y la historia de que “no voy a encontrar el amor otra vez”. Cuando ocurre una situación de este tipo, una ruptura de pareja que te afecta, es muy fácil para tu mente comenzar a crear todo tipo de historias. Sin embargo, mientras que el hecho de romper con la pareja sí que es algo real, la historia que nos contamos sobre ella, no lo es. Es algo completamente subjetivo. Y esto es lo que te puede llevar a resistir la situación en lugar de aceptarla. No puedes cambiar el hecho de haber roto con tu pareja pero pongamos que la historia que te cuentas es que “Mi ex pareja no podía cubrir mis necesidades y necesito encontrar a otra que sí lo haga.”

En muchas ocasiones, las historias que nos contamos tienen que ver con cómo vivimos el amor en la infancia y con cómo nos sentimos queridos por nuestros padres o cuidadores.

Los hechos que nos ocurren en un momento de la vida son más fáciles de aceptar cuando dejamos de crear historias alrededor de ellos. Cuando necesites liberar la resistencia, puedes empezar centrándote en las sensaciones físicas: el «lo que es» tangible. Hay brisa, o lluvia, o sol. Hay coches, o personas, o naturaleza. Estoy sentado o de pie o caminando o acostado. Éstas son cosas bastante simples de reconocer. Y es lo que nos puede ayudar a aceptar situaciones más complejas.

El desafío es borrar la historia que te contamos alrededor del hecho, que en el caso de la ruptura de pareja podrían ser pensamientos como “nunca voy a encontrar el amor”, “no podré encontrar a nadie que me quiera” o “estoy condenada a vivir sin un amor de pareja”. Nos creamos mucho sufrimiento al vivir en el futuro contándonos en términos absolutos lo que va a ocurrir. Y esto puede incluso sentirse más cómodo que abrazar la incertidumbre de que el futuro es incierto y que no podemos saber qué es lo que pasará.

Pero hay que aclarar que no contarte historias sobre la situación que estás viviendo no quiere decir no aprender de ella sino todo lo contrario. Si lo has dejado con tu pareja porque no podía cubrir tus necesidades, ahora tienes más claro cuáles son esas necesidades y, cuando conozcas a potenciales parejas, será más fácil para ti comunicarlas y encontrar a la persona adecuada para ti.

Imagen de Nadine Shaabana en Unsplash

Similitudes entre la adicción al amor y la evitación del amor

Qué es la adicción al amor

La adicción al amor se caracteriza por un interés desadaptativo, generalizado y excesivo hacia tu pareja.

Las personas adictas al amor temen estar solas, por lo que buscan sin cesar a esa persona especial que las haga sentir completas. En el proceso, pierden de vista sus intereses personales y se funden tanto con la persona que su identidad se desdibuja.

Los síntomas comunes de la adicción al amor incluyen:

  • La búsqueda constante de una relación romántica
  • Estar muy enfocado en complacer a tu pareja y temeroso de su infelicidad
  • Sentirte desesperado y solo cuando no estás en una relación amorosa
  • Elegir parejas que no están emocionalmente disponibles o que sean abusivas física o emocionalmente
  • Elegir parejas que exigen mucha atención y cuidados pero que no satisfacen tus necesidades emocionales
  • Participar en actividades que no te interesan o descartar tus creencias y valores para complacer a tu pareja
  • Tendencia a aislarte para pasar el mayor tiempo posible con tu pareja
  • Usar el sexo, la seducción y la manipulación para aferrarte a tu pareja
  • Volver repetidamente a relaciones previamente inmanejables o dolorosas

Muchas relaciones experimentan antes o después algunos de estos síntomas. Sin embargo, si existe un patrón consistente en la mayoría de estas señales, le estás llamando amor a algo que en realidad es dependencia emocional severa o codependencia.

La adicción al amor genera apego ansioso en las relaciones de pareja, donde hay miedo al abandono y la necesidad de un contacto constante con la pareja.

Qué es la evitación del amor

Las personas evitativas al amor pueden mostrar atención al principio pero con el tiempo se vuelven pero se vuelven frías y distantes para protegerse de estar emocionalmente disponibles para su pareja. Temen mostrarse vulnerables y expresar sus emociones.

Los que evitan el amor priorizarán otras cosas para evitar la intimidad emocional en su relación, como trabajar muchas horas, ir al gimnasio en exceso o salir con amigos.

Les resulta difícil abrirse y hablar sobre sus sentimientos, por lo que pueden ponerse a la defensiva si se les pide que hagan esto. Hay un miedo a profundizar en el vínculo y tener intimidad emocional.

En un lugar más extremo, otras personas evitativas del amor evitarán directamente involucrarse en relaciones para evitar ser dañadas. Negarán su necesidad de intimidad y de conexión emocional con otras personas. Esta posición es un defensa, ya que en un vínculo de pareja se sienten demasiado expuestos y desprotegidos.

La evitación del amor genera apego evitativo, que se caracteriza por poner distancia constantemente con la pareja y por la dificultad para estar disponibles emocionalmente.

Qué les ocurrió en la infancia a las adictas al amor

La situación de partida para la adicción al amor es la negligencia y el abandono por parte de uno o ambos padres, que no han estado emocionalmente disponibles. 

Los adictos al amor tienden a sobrevalorar sus relaciones. Suelen tener un comportamiento necesitado y exigente en las relaciones, abrumando a su pareja. Entran en la relación con la expectativa de que su pareja los haga sentir completos, ofreciéndoles un amor incondicional que no recibieron cuando eran niños.

Los adictos al amor buscan inconscientemente a un salvador que le proporcione a su niño interior lo que no vivieron en la infancia. Con lo que se suelen encontrar es con parejas que no están emocionalmente disponibles, repitiendo la historia que vivieron con sus padres.

Qué les ocurrió en la infancia a los evitativos del amor

La situación de origen para la evitación del amor es haber sido fusionados o engullidos en la infancia por su padre o su madre. Esto es, o bien el padre o madre se ha comportado como si fueran uno con el niño o bien le han demandado tanto que la niña se ha sentido muy agobiada y exigida. Es probable que hayan actuado como cuidadores de sus padres, confidentes u objetos de su obsesión o enfados.

Los que evitan el amor a menudo desarrollan técnicas sofisticadas de distanciamiento, no hay una entrega real ni una disponibilidad emocional. Se sienten exigidas con facilidad y ven el compromiso como una atadura más que como un lugar para disfrutar y crecer con su pareja. Los evitativos del amor se crían con un sentido de responsabilidad para satisfacer las necesidades de sus padres e ignorar las propias.

El trauma en el vínculo en la infancia

El trauma relacional infantil es lo que está presente de fondo en las relaciones de pareja como adultos para los adictos y los evitativos del amor.

Como he comentado más arriba, se dan comportamientos abusivos por parte de los padres o cuidadores, la mayoría de las veces de forma inconsciente. A veces, el abuso tiene que ver con el comportamiento que la persona recibió de sus cuidadores y, a veces, con lo que la persona no recibió. En el primer caso, los padres han utilizado al niño para satisfacer sus necesidades emocionales. En el segundo, los padres han negado a sus hijos las necesidades básicas y emocionales, ignorándoles o no poniéndoles límites, siendo negligentes y generando abandono emocional.

Los padres tanto narcisistas como codependientes tienen estos comportamientos con sus hijos. De fondo, lo que hay es una carencia en su propia infancia de haber sentido cubiertas sus propias emocionales y la repetición de este comportamiento con sus hijas. Lo que hay es una dificultad para verlos como personas independientes sino que los ven como extensiones de sí mismos y se sienten con derechos sobre ellos.

Cómo superar los patrones que son dañinos

En el caso de las personas adictas al amor, el proceso personal pasa por aumentar su autoestima, poner más el foco en otros aspectos de la vida además de sus relaciones de pareja y aprender a conectar y acompañar a su niña interior.

En el caso de las personas evitativas del amor, han de aprender a ser más honestos y auténticos con su pareja, a abrirse a ella y a desarrollar límites sanos para conectar con su pareja sin sentirse abrumados en el vínculo.

La terapia Gestalt es algo que puede ayudar, ya que todo este trabajo personal y de conexión con tu niño interior suele necesitar del acompañamiento adecuado para poder dar los pasos necesarios hacia la salud y la madurez en las relaciones de pareja.

Imagen de Pablo Heimplatz en Unsplash