Similitudes entre la adicción al amor y la evitación del amor

Qué es la adicción al amor

La adicción al amor se caracteriza por un interés desadaptativo, generalizado y excesivo hacia tu pareja.

Las personas adictas al amor temen estar solas, por lo que buscan sin cesar a esa persona especial que las haga sentir completas. En el proceso, pierden de vista sus intereses personales y se funden tanto con la persona que su identidad se desdibuja.

Los síntomas comunes de la adicción al amor incluyen:

  • La búsqueda constante de una relación romántica
  • Estar muy enfocado en complacer a tu pareja y temeroso de su infelicidad
  • Sentirte desesperado y solo cuando no estás en una relación amorosa
  • Elegir parejas que no están emocionalmente disponibles o que sean abusivas física o emocionalmente
  • Elegir parejas que exigen mucha atención y cuidados pero que no satisfacen tus necesidades emocionales
  • Participar en actividades que no te interesan o descartar tus creencias y valores para complacer a tu pareja
  • Tendencia a aislarte para pasar el mayor tiempo posible con tu pareja
  • Usar el sexo, la seducción y la manipulación para aferrarte a tu pareja
  • Volver repetidamente a relaciones previamente inmanejables o dolorosas

Muchas relaciones experimentan antes o después algunos de estos síntomas. Sin embargo, si existe un patrón consistente en la mayoría de estas señales, le estás llamando amor a algo que en realidad es dependencia emocional severa o codependencia.

La adicción al amor genera apego ansioso en las relaciones de pareja, donde hay miedo al abandono y la necesidad de un contacto constante con la pareja.

Qué es la evitación del amor

Las personas evitativas al amor pueden mostrar atención al principio pero con el tiempo se vuelven pero se vuelven frías y distantes para protegerse de estar emocionalmente disponibles para su pareja. Temen mostrarse vulnerables y expresar sus emociones.

Los que evitan el amor priorizarán otras cosas para evitar la intimidad emocional en su relación, como trabajar muchas horas, ir al gimnasio en exceso o salir con amigos.

Les resulta difícil abrirse y hablar sobre sus sentimientos, por lo que pueden ponerse a la defensiva si se les pide que hagan esto. Hay un miedo a profundizar en el vínculo y tener intimidad emocional.

En un lugar más extremo, otras personas evitativas del amor evitarán directamente involucrarse en relaciones para evitar ser dañadas. Negarán su necesidad de intimidad y de conexión emocional con otras personas. Esta posición es un defensa, ya que en un vínculo de pareja se sienten demasiado expuestos y desprotegidos.

La evitación del amor genera apego evitativo, que se caracteriza por poner distancia constantemente con la pareja y por la dificultad para estar disponibles emocionalmente.

Qué les ocurrió en la infancia a las adictas al amor

La situación de partida para la adicción al amor es la negligencia y el abandono por parte de uno o ambos padres, que no han estado emocionalmente disponibles. 

Los adictos al amor tienden a sobrevalorar sus relaciones. Suelen tener un comportamiento necesitado y exigente en las relaciones, abrumando a su pareja. Entran en la relación con la expectativa de que su pareja los haga sentir completos, ofreciéndoles un amor incondicional que no recibieron cuando eran niños.

Los adictos al amor buscan inconscientemente a un salvador que le proporcione a su niño interior lo que no vivieron en la infancia. Con lo que se suelen encontrar es con parejas que no están emocionalmente disponibles, repitiendo la historia que vivieron con sus padres.

Qué les ocurrió en la infancia a los evitativos del amor

La situación de origen para la evitación del amor es haber sido fusionados o engullidos en la infancia por su padre o su madre. Esto es, o bien el padre o madre se ha comportado como si fueran uno con el niño o bien le han demandado tanto que la niña se ha sentido muy agobiada y exigida. Es probable que hayan actuado como cuidadores de sus padres, confidentes u objetos de su obsesión o enfados.

Los que evitan el amor a menudo desarrollan técnicas sofisticadas de distanciamiento, no hay una entrega real ni una disponibilidad emocional. Se sienten exigidas con facilidad y ven el compromiso como una atadura más que como un lugar para disfrutar y crecer con su pareja. Los evitativos del amor se crían con un sentido de responsabilidad para satisfacer las necesidades de sus padres e ignorar las propias.

El trauma en el vínculo en la infancia

El trauma relacional infantil es lo que está presente de fondo en las relaciones de pareja como adultos para los adictos y los evitativos del amor.

Como he comentado más arriba, se dan comportamientos abusivos por parte de los padres o cuidadores, la mayoría de las veces de forma inconsciente. A veces, el abuso tiene que ver con el comportamiento que la persona recibió de sus cuidadores y, a veces, con lo que la persona no recibió. En el primer caso, los padres han utilizado al niño para satisfacer sus necesidades emocionales. En el segundo, los padres han negado a sus hijos las necesidades básicas y emocionales, ignorándoles o no poniéndoles límites, siendo negligentes y generando abandono emocional.

Los padres tanto narcisistas como codependientes tienen estos comportamientos con sus hijos. De fondo, lo que hay es una carencia en su propia infancia de haber sentido cubiertas sus propias emocionales y la repetición de este comportamiento con sus hijas. Lo que hay es una dificultad para verlos como personas independientes sino que los ven como extensiones de sí mismos y se sienten con derechos sobre ellos.

Cómo superar los patrones que son dañinos

En el caso de las personas adictas al amor, el proceso personal pasa por aumentar su autoestima, poner más el foco en otros aspectos de la vida además de sus relaciones de pareja y aprender a conectar y acompañar a su niña interior.

En el caso de las personas evitativas del amor, han de aprender a ser más honestos y auténticos con su pareja, a abrirse a ella y a desarrollar límites sanos para conectar con su pareja sin sentirse abrumados en el vínculo.

La terapia Gestalt es algo que puede ayudar, ya que todo este trabajo personal y de conexión con tu niño interior suele necesitar del acompañamiento adecuado para poder dar los pasos necesarios hacia la salud y la madurez en las relaciones de pareja.

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Cómo el trauma en la infancia dificulta las relaciones de pareja

Cómo el trato en la infancia por padres narcisistas o con otros trastornos afecta a cómo te relacionas en el amor

La forma en que nuestros padres o cuidadores interactuaron con nosotros cuando éramos niños tiene un impacto directo en nuestras relaciones de pareja como adultos.

Haber tenido padres que no han sido amorosos, que han cometido mucha negligencias, que han sido agresivos o caóticos,… genera trauma en la infancia y determina la plantilla con la que nos decimos “Esto es el amor” en las relaciones de pareja.

Dentro de estos comportamientos entran sin duda los padres narcisistas y codependientes. Ambos tienden a utilizar a sus hijas para cubrir sus necesidades, invirtiendo el proceso natural, que es el de que los padres estén disponibles para cubrir las necesidades emocionales de sus hijas.

De forma general, un padre o madre narcisista, utilizará a su hijo para volcar en él sus frustraciones cuando le otorga el papel del chivo expiatorio o bien para hacer suyos los éxitos y logros de su hija si le otorga el papel de la niña dorada.

Sin embargo, un padre o madre codependiente, utilizará de forma inconsciente a su hijo para sentirse necesitada, generando dependencia emocional y poniendo obstáculos para que su hijo crezca emocionalmente.

Tomar conciencia de nuestros patrones es un primer paso vital para comenzar a sanarnos a nosotras mismas y nuestras relaciones.

Señales de que el trauma de infancia está afectando a tus relaciones

Dificultad para sentirte querida, cuidada o apreciada

Si has experiencias infantiles de negligencia o abuso (que no tiene porqué ser físico sino que en muchos casos es psicológico y/o emocional), puede crear una creencia principal de que tu verdadero yo (tu niña interior) no es aceptable o incluso está “dañado” o “roto”. Esto puede hacer que te sabotees el recibir gestos que sí son de amor por parte de tu pareja. O también te puede llevar a ocultar aspectos de ti misma por temor a no ser digna de amor por no ser perfecta.

La forma en la que interpretas un suceso puede ser drásticamente diferente en comparación con otras personas

Si has tenido una infancia donde han sido frecuentes las ausencias, humillaciones, agresiones,… por parte de tus cuidadores, serás más propensa a percibir un daño o un mala intención por parte de tus parejas.

Tendencia a ignorar las banderas rojas

El trauma puede hacer que ignores las señales de peligro o banderas rojas en una relación de pareja, como por ejemplo, haber normalizado o sentir como familiar que tu pareja demande mucha atención, te pida que te abras de forma muy rápida o que no permita que le pongas límites.

Sientes con facilidad ansiedad por abandono

La ansiedad por abandono puede generar dos tipos de comportamientos que son opuestos: o bien hacer que te aferres con fuerza a tu pareja creyendo que sin ella no vas a poder sobrevivir: “Sin ti me muero” o bien evitar todo tipo de vínculos románticos negando la necesidad de afecto e intimidad: “No necesito a nadie”.

Finales abruptos

Como las relaciones disfuncionales basadas en el trauma no tienen una base sólida, es fácil que el final de la relación se dé de una forma abrupta y por poca cosa, como un malentendido, un conflicto o la anticipación del abandono, que lo que provoca es manifestarlo, o bien alejando a tu pareja o bien abandonando tú primero para evitar sentirte abandonado.

Complacer de forma automática

Si has sentido mucho abandono por tus padres en tu infancia, tu tendencia en automático es probable que sea la de complacer a tu pareja para evitar el abandono. Como no hay una conexión contigo misma y tus necesidades, decir que no o poner límites puede volverse difícil. Hay una tendencia a “seguir el rollo” a tu pareja para mantenerla cerca, a pesar de que esto te haga daño.

Splitting o pensamiento blanco/negro

El splitting o pensamiento blanco/negro es un fenómeno que se da en la infancia y que hace que un niño perciba a su madre desde las totalidades o extremos de o bien “buena” cuando le da cariño o bien “mala” cuando le riñe o castiga. Con el tiempo, si hay un crecimiento emocional adecuado, el niño aprende a percibir a su madre desde los grises y darse cuenta de que su madre le quiere en general a pesar de que en un momento concreto le esté castigando.

Si no ha habido la oportunidad y el espacio para este crecimiento personal porque la niña ha tenido que destinar toda su energía a sobrevivir en un entorno no nutriente u hostil, ese splitting o pensamiento banco/negro se convierte en un patrón de idealización/devaluación en las relaciones adultas románticas, donde puedes pasar de ver a tu pareja como la persona más maravillosa del mundo a alguien que no te gusta y que te cae mal en cuestión de horas.

La disociación como mecanismo de defensa

La disociación es un mecanismo de defensa que sirve para desconectarte de la realidad u olvidar selectivamente partes de una experiencia. Este mecanismo de defensa se genera en la infancia para desconectarte de experiencias que resultan demasiado abrumadoras para poder procesarlas en el momento en el que ocurren.

Si tienes una tendencia a disociarte, es posible que utilices este mecanismo de defensa con tu pareja, para evitar sentir dolor cuando te hace daño o, por ejemplo, accediendo a prácticas sexuales que en realidad no quieres.

Poner la relación a prueba

Las experiencias traumáticas en la infancia llevan a una dificultad para recibir amor. Si la relación va bien y te sientes querida, es posible que pongas a prueba el amor de tu pareja con comportamientos como pedir más de lo que es razonable o demandar en lugar de proponer o pedir amablemente. Si a causa de estos comportamientos al final tu pareja deja la relación porque el vínculo le resulta demasiado difícil, se manifestará o hará real tu profecía auto-cumplida de “No soy digna de amor.”

Dificultad para estar presente con tus emociones

Cuando hay trauma, la tendencia es a querer estar una relación para sentirse bien con uno mismo y obviar todos los aspectos complejos o difíciles que se presentan en una relación de pareja adulta. Si estás en una relación, antes o después aparecerán emociones como angustia o miedo o heridas de infancia como rechazo o abandono. Aprender a estar contigo mismo, responsabilizarte y gestionar tus emociones es clave para que la relación se pueda desarrollar. Puedes pedir apoyo a tu pareja para que te ayude a gestionar estas emociones o sentimientos difíciles pero si los evitas o pretendes que tu pareja la que se encargue de ellos, es probable que la relación se resienta y dificulte que salga adelante.

La constancia del objeto

La constancia del objeto es un concepto acuñado por el psicólogo Jean Piaget y se trata la comprensión de que los objetos continúan existiendo incluso cuando no se pueden ver, tocar o sentir de alguna manera. Del mismo modo, un niño desarrolla la habilidad de interiorizar el amor de sus padres aunque no los pueda ver todo el tiempo. Si has pasado por un trauma del desarrollo en la primera infancia, se frena el desarrollo de la constancia del objeto.

El trauma temprano puede hacer que te sientas desconectada de tu pareja cuando no estás físicamente con ella. Esta desconexión te hace dudar de la relación o bien sientes la compulsión de comunicarte constantemente con tu pareja por medios como las RRSS, el whatsapp o el teléfono. Esto dificulta la creación de relaciones estables por la falta de confianza en el vínculo o porque la comunicación constante se vuelve insostenible con el paso del tiempo.

Propensión a la impulsividad

Cuando en la relación de pareja se viven situaciones que actúan como detonantes de momentos traumáticos vividas en la infancia, hay una propensión a la impulsividad, en lo que se denomina el «secuestro de la amígdala». Esto hace que tengamos reacciones desmesuradas frente a determinadas situaciones porque la corteza prefrontal del cerebro, que es la que nos permite razonar de forma lógica, se desconecta.  Esto da lugar a comportamientos erráticos, caóticos e impulsivos porque el sistema nervioso se pone en modo supervivencia.

Un ejemplo de esto es le pidas a tu pareja para quedar el fin de semana y que te diga que no porque ya tiene planes con sus amigos. Esta simple negativa detona comportamientos de rechazo por parte de tu padre o madre en la infancia cuando te decían que no al pedir, por ejemplo, un abrazo. Esto te lleva a reaccionar como entonces y entrar en una rabieta que daña la relación.

Las relaciones amorosas son detonantes del trauma primario en la infancia

Lo más lógico sería pensar que cualquiera correría hacia el amor después de no haberlo experimentado en la infancia. Pero la herida está donde se infligió por primera vez: en las relaciones cercanas. Como resultado, quizás funciones perfectamente bien en el trabajo o en amistades superficiales, pero puedes desmoronarte o tener muchas dificultades en las relaciones de pareja, que son más profundas y requieren de una mayor intimidad y vulnerabilidad.

También es cierto que es en estas relaciones donde se cura el trauma, pero esto requiere de un trabajo personal, donde pongas de tu parte para hacer una introspección sobre ti misma, tengas conciencia sobre tus heridas y comportamientos y una voluntad de cambiar lo que necesites si cuentas con la ayuda de tu pareja, que o bien puede tener referentes más sanos que tú o bien también está dispuesta a cambiar contigo.

Dificultad para recibir atención o cuidado

Sentirte expuesto o mostrarte vulnerable puede traer toneladas de vergüenza y culpa del pasado. Los regalos y los gestos amables pueden sentirse como trampas. Recibir puede sentirse abrumador por incómodo porque no es a lo que estás acostumbrado o porque en tu infancia ha estado ligado a una generar una deuda emocional, tener que atender a una demanda o sólo después de un castigo.

Las relaciones poco saludables pueden sentirse como emocionalmente “seguras”

Las relaciones poco saludables pueden reflejar aspectos de las relaciones que se dieron en tu infancia, lo que resulta en una sensación de estar «en casa” o de que todo es “familiar”.

Las parejas que son negligentes pueden sentirse como un lugar seguro por ser conocido si has sido descuidada emocionalmente cuando eras niña. Por otro lado, si el entorno de tu infancia era caótico, agresivo o intrusivo, no tener relaciones de pareja de ningún tipo puede hacer que te sientas segura y menos propensa a hacerte daño aunque el precio que pagues sea el de renunciar al amor de pareja.

Dar en exceso y su relación con la codependencia

Dar y no recibir puede sentirse como una forma de tener cierto control sobre la relación, un antídoto contra la vulnerabilidad que sientes cuando te relacionas estrechamente con otra persona. El control viene por el hecho de que dando crees que te aseguras de que la otra persona se va a quedar.

Sin embargo, este comportamiento es el que da lugar a relaciones disfuncionales, donde estás alimentando que te aprecien más por lo que das que por quien realmente eres.

Al otro lado de este comportamiento suele estar una persona narcisista, más propensa a recibir que a dar y buscando que constantemente sujetes un espejo en el que se pueda querer de una forma vacía en lugar de interactuar de forma real contigo.

Conclusiones finales sobre el trauma

Las secuelas del trauma infantil no se pueden superar con la psicología tradicional. No se puede pensar en positivo y deshacer el trauma con afirmaciones.

El trauma relacional se puede superar aprendiendo recursos para afrontar situaciones, técnicas para auto-maternarte y auto-regularte emocionalmente y construir poco a poco la seguridad en las relaciones.

Si crees que el trauma de infancia está afectando a tus relaciones de pareja es recomendable buscar terapia para que una terapeuta te acompañe a descubrir cuáles son tus detonantes, heridas de infancia, patrones y tipo de apego para poder gestionarlos y, si es necesario, cambiarlos.

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Cómo hacer el cierre de una relación de Abuso Narcisista

En la mayoría de los casos, el abuso narcisista es perpetrado por un ser querido o cercano, lo que dificulta a la persona que está siendo abusada ser consciente del abuso. De forma muy general, se produce en las relaciones de pareja pero esto no es exclusivo, ya que también puede darse en relaciones familiares, con amigos o relaciones de trabajo.

Tipos de Abuso Narcisista en las Relaciones

Comúnmente, el abuso en general se asocia únicamente con el abuso físico, cuando en realidad hay otras forma de abuso que también son muy dañinas. Más abajo tienes una descripción de las principales:

  • Emocional: el tratamiento de silencio, hacer luz de gas o gaslighting, ignorar o despreciar tus emociones, cosificarte, pegar golpes a tu alrededor para asustarte,…
  • Físico: pegar golpes, patadas, coscorrones, pellizcar, empujar, zarandear, pisar,…
  • Verbal: poner apelativos degradantes, insultar,…
  • Sexual: infligir coerción para tener sexo, negarse a utilizar anti-conceptivos, utilizar el sexo para manipular o controlar,…
  • Espiritual: burlarse de tus creencias espirituales o no tenerlas en cuenta, utilizar tu espiritualidad para manipularte,…
  • Financiero: limitar tu acceso a los recursos, tomar decisiones unilaterales sobre los recursos compartidos,…
  • Digital: exigencia de contraseñas o acceso a tus dispositivos digitales sin tu permiso,…
  • Laboral: no apoyar tu carrera profesional, sabotear o no reconocer tus logros laborales,…

Es importante que, si tienes dudas acerca de si estás en una relación de abuso narcisista, te des cuenta a qué tipo de abuso estás siendo sometida con o sin tu consentimiento.

Secuelas muy frecuentes al finalizar una relación de Abuso Narcisista

Cuando has finalizado una relación de abuso narcisista, es común experimentar algunas (o incluso todas) de las siguientes secuelas:

  • Disonancia cognitiva: donde todo lo invertido en la relación, puede empujarte a querer volver a ella a través de una manipulación a ti misma.
  • Sentirte solo o aislado: sobre todo si no cuentas con una persona o personas de confianza que entiendan y te apoyen sobre lo ocurrido.
  • Sentirte insegura o incapaz de tomar decisiones por ti misma.
  • Síntomas de ansiedad o depresión.
  • Hipervigilancia.
  • Pensamientos paranoicos.
  • Síntomas del Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo, que puede incluir miedo a estar sola, tener flashbacks emocionales, experimentar muchos detonantes, no sentirte segura en tu propio cuerpo, tener la sensación de estar en peligro todo el tiempo,…

Qué es el cierre de una relación de abuso narcisista

El cierre se refiere a tener un sentido de comprensión, paz y finalidad aceptada de la relación, ya sea que haya terminado debido a la pérdida, el rechazo o el distanciamiento.

Todas las personas experimentamos pérdidas en las relaciones a lo largo de la vida, y algunos cierres son más complejos, dolorosos o confusos que otros. En el caso de las relaciones de abuso narcisista no suele ser fácil. No sólo por las secuelas más arriba comentadas sino también porque el/la narcisista no suele facilitar el cierre, donde si ambas personas colaboran, el cierre es más llevadero.

Esto significa que si estás haciendo el cierre de una relación de abuso narcisista, ya se sea de pareja, de un familiar, amigo, jefe,… es muy probable que tengas que hacerlo sin la colaboración del narcisista, que se negará a hacerlo, podrá excusas, desaparecerá,… Por ello, es muy posible que tengas dificultades para hacer un cierre real de tu relación de abuso narcisista.

5 Señales de que no has hecho el cierre de tu relación de Abuso Narcisista

A veces luchamos por soltarnos por completo y el final natural de la relación se prolonga durante meses o incluso años. Otras veces, el final ha sido tan abrupto que luchamos por darle sentido a lo que sucedió o aceptar que la relación ha terminado. En otros casos, albergamos intensos sentimientos de culpa, vergüenza, confusión o dolor que son difíciles de superar.

Rumiación: no puedes dejar de pensar en la relación

Rumiar y obsesionarse con la narcisista y lo que sucedió son señales claras de que aún no has encontrado el cierre. Todavía hay un enredo energético, mental o emocionalmente con la narcisista.

Esto puede presentarse en forma de tener pensamientos intrusivos, tener dificultades para dormir o completar las tareas diarias o revisar continuaente sus redes sociales.

No puedes entender lo que pasó

Comprender por qué la relación ha terminado de la manera que lo ha heccho trae una sensación de paz interna. Si te cuesta entender cómo terminaron las cosas, esto puede atormentarte y hacerte sentir que el capítulo aún no se ha cerrado. Esto es muy habitual en las relaciones de abuso narcisista, ya que el cierre suele ser abrupto, sin explicaciones, caótico o directamente un ghosting. Esto dificulta mucho que puedas entender qué es lo que ha ocurrido realmente y porqué se ha tomado la decisión de que la relación termine.

Tienes dificultades para soltar al narcisista

La dificultad para soltar al narcisista y experimentar las emociones asociadas a un cierre como de dolor, angustia, vacío, vergüenza,… puede llevarte a la auto-trampa de intentar mantener a la persona en calidad de, por ejemplo, amigo. Esto es algo que no suele funcionar y que sólo dificulta el cierre y poder estar disponible para una nueva relación.

Confundes lo que ha pasado en la relación con tu valor como persona

Cuando termina una relación importante, es natural experimentar dolor y tristeza. Esto es universal y parte de la experiencia de vida de todas las personas. Sin embargo, si a través de acusaciones de tu ex narcisista, como “No eres suficiente” o pensamientos propios tuyos como “No soy digna de amor” pueden prolongar el proceso de duelo y trasladarse como un pesado bagaje emocional de una relación a otra.

Te estás aferrando a la rabia o al resentimiento

Si las cosas terminaron mal o abruptamente, podrías tener una profunda sensación de rabia, frustración o resentimiento. Si estos sentimientos persisten mucho, es posible que te estés aferrando a ellos porque inconscientemente, te parecen mejores o estás más acostumbrado a ellos que a emociones como el dolor a la tristeza. Esto, a la larga, es muy perjudicial para ti porque estás arrastrando emociones intensas durante demasiado tiempo y porque para que haya un cierre real es necesario sentir tristeza y dolor. No son agradables pero se terminan pasando y, después de esto, estarás emocionalmente disponible para tu siguiente relación.

Cómo conseguir el cierre de una relación de abuso narcisista

Sentir que no hay un cierre puede causar angustia y malestar y dificultar que puedas estar disponible emocionalmente para tu próxima relación u otras partes de tu vida. Aquí hay algunas maneras en las que puedes soltar, recuperarte y seguir adelante.

Deja de buscar el permiso de la narcisista para dejar la relación

Para muchos de nosotros es un acto radical abandonar una relación, especialmente cuando tenemos que hacerlo sin que la otra persona haga lo mismo. Es importante dejar de intentar que la narcisista te ‘de’ esto sino que te lo des tú a ti misma. Esto por sí solo te liberará de inmediato, y es muy fortalecedor.

Observa tu relación como si no fueras una parte integrante de ella

Esto te permitirá verte más objetivamente a ti misma y a tu pareja y quizás dejar de hacer eso de “pedirle peras al olmo”. Cómo una persona ha estado en una relación es un indicativo importante de cómo la va a dejar. Si el narcisista no ha estado disponible emocionalmente durante la relación, no lo va a estar para cerrarla. Esto puede ayudarte a soltar un cierre ideal y aplicar por ti misma un cierre más realista.

Acepta y gestiona un periodo de “síndrome de abstinencia”

En las relaciones de abuso narcisista suele haber una subida y bajada de hormonas como cortisol, adrenalina, endorfinas y dopamina muy constante y abrupta que termina siendo adictiva. Cuando una relación de este tipo termina, es normal tener un síndrome de abstinencia a estas subidas y bajadas de hormonas. Saber y aceptar que eso es lo que ocurre en tu cerebro y tu cuerpo, puede ayudarte a pasarlo de la mejor manera posible.

Construye una red de apoyo para atravesar el cierre

Si bien hay poder en navegar las cosas por tu cuenta, apoyarte en la ayuda de otros es una señal de fortaleza. Comunícate con amigos y familiares en los que confías y apóyate en ellos para poder sobrellevar el cierre de la relación de abuso narcisista de la mejor manera posible.

Busca una terapeuta experta en narcisismo que te acompañe en el cierre

El cierre es complejo y no es una línea recta. No hay un camino establecido que te lleve a la línea de meta, y es posible que te encuentres con momentos de ir hacia adelante y hacia atrás. Tener una terapeuta que te acompañe en este camino, te puede ayudar a gestionar tus emociones, elaborar lo que tengas pendiente y facilitarte darle, por fin, un cierre digno a tu relación de abuso narcisista.

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¿Tienes dificultades con la confianza? Primeros pasos para repararla

¿Qué es la confianza?

La confianza es importante en las relaciones porque te da la oportunidad de relajarte, ser tú mismo y depender de otra persona. Te brinda la seguridad que necesitas para acudir a otra persona en busca de consuelo, seguridad, apoyo y afecto. La confianza es una parte fundamental de cualquier relación. Sin confianza, especialmente con las parejas románticas, es difícil tener una relación saludable y duradera.

Los problemas de confianza pueden manifestarse de diversas formas. Por ejemplo, una persona a la que le resulta difícil confiar, puede no creer lo que dicen los demás. Pueden sospechar sobre lo que otros quieren de ellos y pueden cuestionar las intenciones y motivaciones de otras personas. Esto hace que sea bastante difícil desarrollar una conexión íntima y cercana con otra persona.

Por qué las dificultades con la confianza pueden ser dañinas

La confianza tiene una serie de beneficios que son importantes para la salud de tus relaciones, así como para su propio bienestar emocional. La confianza te permite:

  • Mostrarte vulnerable
  • Ser tú misma
  • Sentirte seguro en tu propio cuerpo
  • Dejar de poner la atención en lo que pueda «salir mal».
  • Aumentar la cercanía y la intimidad
  • Minimizar el conflicto

La confianza es importante en las relaciones porque te da la oportunidad de relajarte, ser tú mismo y depender de otra persona. Te brinda la seguridad que necesitas para acudir a otra persona en busca de consuelo, seguridad, apoyo y afecto.

Señales de que tienes dificultades con la confianza

Hay una serie de comportamientos que indican que puedes tener dificultades para confiar en los demás. Algunos de éstos son:

Tiendes a asumir lo peor sobre los demás: asumes lo peor de las personas que te rodean. Por ejemplo, cuando alguien se ofrece a ayudarte, te preguntas si espera algo de ti más adelante.

Pensamiento paranoico: Es posible que, frente a una situación de conflicto sientas que otras personas están tratando de hacerte daño o engañarte y lees señales de esto por todas partes, a pesar de que lo más probable es que sólo esté en tu imaginación.

Auto-sabotaje: Los problemas de confianza a menudo conducen al auto-sabotaje. Por ejemplo, tiendes a buscarles “peros” a personas que te gustan y que hace poco que conoces porque asumes que es mejor terminar las cosas ahora en lugar de decepcionarte más tarde, anticipando un resultado que aún no ha ocurrido.

Relaciones poco saludables: Es normal que la confianza tarde un tiempo en desarrollarse en las relaciones románticas, pero es posible que las personas sin confianza nunca experimenten este tipo de conexión íntima y duradera, lo cual les lleva a desarrollar patrones de relación poco duraderos, más en la superficie o muy breves.

Falta de perdón: cuando la confianza es un tema, es difícil, si no imposible, seguir adelante después de que ha ocurrido una traición a la confianza. Esta incapacidad para perdonar puede imposibilitarte tener relaciones auténticas y duraderas. Antes o después, todos nos equivocamos, por lo que tener la capacidad de perdonar a la otra persona es imprescindible para profundizar y avanzar en una relación.

Distancia: en muchos casos, la falta de confianza puede llevar a las personas a construir un muro entre ellas y los demás. Evitas las relaciones por completo porque le temes a sentimientos como el rechazo, el abandono o la traición.

Descartas con mucha facilidad: Tiendes a notar los defectos, debilidades o errores de otras personas en lugar de enfocarte en sus cualidades positivas, y de este modo, los descartas sin dar una oportunidad real a la relación.

Cuando la confianza interfiere en tu capacidad para formar relaciones sanas y estables, puede hacer que te sientas aislada, sola e incomprendida.

Áreas de tu vida que pueden verse afectadas

Los problemas de confianza no sólo afectan tus relaciones románticas. Pueden crear conflictos y mala comunicación en cualquier tipo de relación, ya sea con tus amigos, compañeros de trabajo o familiares.

Algunos tipos comunes de relaciones que pueden verse afectadas por problemas de confianza incluyen:

Relaciones románticas: la dificultad para confiar en tus parejas románticas puede conducir a una variedad de problemas en las relaciones, como la infidelidad, en el sentido de sufrir una infidelidad cuando no es lo deseado o perpetrarla a sabiendas de que la pareja no desea esto; una dificultad para comprometerse, donde tiendes una tendencia a tener un pie dentro de la relación y otro fuera, lo que dificulta mucho tener algo profundo, duradero y sólido; o la dificultad para pedir perdón cuando la otra persona manifiesta algo que no te ha gustado o que te ha hecho daño.

Amistades: La dificultad para confiar en los amigos puede deberse al miedo a la decepción o la traición. Haber sido decepcionado o traicionada por amigos en el pasado puede hacer que sea difícil volver a abrirte a amigos de confianza en el futuro.

Compañeros de trabajo: tener un ambiente de trabajo de confianza es importante. Las personas con dificultades para confiar en el trabajo pueden tener pensamientos paranoicos sobre las intenciones de sus compañeros de trabajo o proyectar en sus jefes los patrones de comportamiento inestables que han tenido con sus cuidadores.

¿Qué causa las dificultades con la confianza?

Las personas a menudo tienen dificultades para confiar porque han sido traicionadas en el pasado. Las experiencias vividas en la infancia, en particular, juegan un papel muy importante en la configuración de tu capacidad para confiar en las personas con las que te relacionas a lo largo de la vida.

Las dificultades con la confianza, además de la relación con tus padres, pueden provenir de otras fuentes, como:

Traición en una relación: la infidelidad es muy dolorosa y puede generar problemas de confianza en futuras relaciones. Sobre esto, conviene que reflexiones sobre la parte de responsabilidad que has tenido en la infidelidad, en forma de, por ejemplo, no haber sido clara a la hora de definir los términos de la relación; haber visto señales de incoherencia en la persona con este tema y no haberte hecho caso, haber confiado demasiado pronto en alguien a quien en realidad no conocías demasiado.

Infidelidades o traiciones entre los padres: Si de niña fuiste testigo de temas con la confianza dentro de tu familia de origen, puedes o bien temer que esto te suceda en tus relaciones amorosas de adulta y por eso las evites, o bien reproduzcas los mismos comportamientos que viste de niña entre tus padres de forma inconsciente.

Rechazo social: Haber sido rechazado por los amigos o compañeros durante la niñez o la adolescencia también puede dificultar la confianza en otras personas. Esta dificultad con la confianza puede exacerbarse cuando no has podido determinar porqué fuiste excluida. Una vez hay herida de rechazo en una persona, es muy probable que tienda a repetir comportamientos de rechazo, o bien alejando a las personas sin en realidad quererlo, o bien rechazando ella de forma prematura.

Estilos de apego: Las personas con un estilo de apego seguro tienen más capacidad para confiar en los demás y perdonar  errores. Aquéllas con estilos de apego inseguros, que son el apego ansioso ambivalente, el apego evitativo y el apego desorganizado tienen más dificultades para confiar y es más probable que experimenten celos, ansiedad y patrones de inestabilidad en las relaciones.

Cómo superar las dificultades con la confianza

Si bien puede ser una tarea emocional desafiante, es posible superar las dificultades con la confianza.

Aquí tienes algunas estrategias de construcción de confianza que puedes empezar a poner en práctica si quieres:

Genera confianza lentamente: Es importante confiar en las personas lo suficiente como para permitirles entrar en tu vida y, en algunos casos, perdonarlos por sus errores. La forma más sólida de construir la confianza es con tiempo, ya que nos permite conocer a otra persona a un nivel más profundo. Si tienes demasiada prisa en confiar, o lo haces de forma intensa, es posible que necesites bajar la velocidad y tomarte la construcción de la confianza con otra persona o personas con más calma.

Habla sobre tus dificultades con la confianza: Si bien no es necesario que des todos los detalles sobre lo que te sucedió en el pasado, ser abierta acerca de qué te pasa con la confianza, puede ayudar a que los demás te comprendan mejor. Al comunicarte con la otra persona, puede ser más consciente de lo que necesitas para poder confiar en ella.

Distinguir entre la confianza y el control: Las personas con dificultades con la confianza, a menudo la sustituyen por el control. Esto puede llevar a comportamientos como demandar a tu pareja saber a cada momento dónde o quién está o tener miedo de que desaparezca de tu vista porque así no puedes saber lo que está haciendo. Esto, a la larga, no es saludable ni para ti ni para tu pareja y es muy probable que erosione el vínculo. El control es en realidad miedo, que es lo contrario a la confianza.

Si quieres confianza, da confianza: las personas con dificultades con la confianza, se vuelven ellas mismas poco confiables, muchas veces de forma inconsciente. Dar confianza no significa decirlo todo, dar mucho o abrirte muy rápido sino ser abierta acerca de tus sentimientos, opiniones, pensamientos y límites. También significa ser comprensiva cuando la persona rompe esa confianza y consideras que no es como para romper el vínculo, porque todos cometemos errores. Generar un equilibrio entre la confianza que das y la que recibes, ayudará a que la confianza crezca.

Considera la terapia: El vínculo que formas con tu terapeuta puede ser una herramienta poderosa para aprender a confiar en otras personas. Al trabajar con una profesional de la salud mental con experiencia, puedes aprender más acerca de qué te ocurre con la confianza y aprender nuevas habilidades de afrontamiento te ayuden a comenzar a construir la confianza en tus relaciones.

Aprende a confiar en ti misma: Una de las mejores maneras de practicar la confianza es confiar en ti mismo. Esto no significa que nunca debas cuestionarte a ti mismo o tus elecciones. Simplemente significa desarrollar una autoconciencia más fuerte que pueda ayudarte a guiar tus interacciones con los demás.

Practica la atención plena: esta práctica mental puede serte útil para desarrollar tu confianza. Cuando utilizas la atención plena, puedes volverte más consciente de cómo te sientes en el momento presente sin poner demasiada atención en las experiencias pasadas o preocuparte por el futuro.

Palabras finales

Las personas que han crecido en familias disfuncionales, donde no han podido confiar en al menos uno de sus cuidadores, desarrollan dificultades con la confianza de adultas. Esto es porque estas primeras experiencias funcionan como una plantilla sobre cómo creemos que son los demás y cómo nos relacionamos con el mundo. Si has tenido un padre o madre (o ambos) que ha sido agresivo, te ha mentido mucho, te ha abandonado, te ha utilizado para cubrir sus propias necesidades, te ha puesto etiquetas que en realidad no te definen, no te ha dado apoyo ni su confianza, ha tenido una falta de coherencia entre lo que decía y hacía,… es normal que tengas temas con la confianza.

No haber podido confiar en tus padres o cuidadores primarios es algo que tendrá un impacto grande en tu vida. Pero eso no significa que no puedas construir una confianza en ti misma y en tus relaciones. Se trata de ir adentro, darte de cuenta de lo que necesitas para confiar en ti y empezar a dártelo. Los vínculos con los demás son un reflejo del vínculo que tienes contigo misma. La terapia te puede ayudar a esto, ya que experimentar un vínculo donde sí puedes confiar, ser tú misma y abrirte, facilita la tarea y te va enseñando el camino sobre cómo hacerlo en la vida.

Imagen de Lina Trochez en Unsplash.

4 Señales de que tus Padres son Emocionalmente Inmaduros (Narcisistas y Codependientes) y cómo gestionarlo y repararlo

Tener un padres emocionalmente inmaduros, por lo general, narcisistas o codependientes, puede ser profundamente frustrante y generarte dificultades emocionales de todo tipo. Puede desencadenar en cualquier momento de la vida síntomas como depresión, ansiedad, síntomas de trauma (como flashblacks emocionales), generar adicciones y otras condiciones de salud mental.

También puede conducir a conflictos entre padres e hijes y desafíos continuos en la relación.

Es importante identificar los signos y síntomas de la inmadurez emocional de tus padres narcisistas o codependientes para que poder reconocerlos y averiguar su impacto en ti.

También es importante desarrollar recursos para evitar repetir los patrones de tus padres y aprender a gestionar el vínculo con ellos desde una paz y tranquilidad para ti misma.

La madurez emocional es un elemento importante para tener una relación saludable contigo misma y con los demás. La inmadurez emocional puede ser el resultado de apegos inseguros durante experiencias tempranas de la vida, traumas, adicciones no tratadas o problemas de salud mental y/o falta de una introspección más profunda o trabajo personal sobre uno mismo.

Señales de padres emocionalmente inmaduros y recursos para afrontarlo

Operan desde un ego que es narcisista o codependiente

Todas las personas desarrollamos un ego, que se crea en la infancia y que es ese personaje que nos decimos que somos (aunque somos mucho más que eso) y a través del cual nos relacionamos con el mundo y las demás personas. Cuando un padre o madre emocionalmente inmaduro opera desde el ego, para simplificarlo, lo vamos a dividir en dos categorías:

  • Un ego narcisista: son padres con egos muy grandes, autoritarios, egoístas, poco empáticos y nada respetuosos con los límites.
  • Un ego codependiente: son madres normalmente con tendencia a complacer, a menudo atrapadas en una narrativa de víctima.

Ambos egos son el resultado de una baja autoestima, que a su vez tiene su origen en una relación disfuncional con sus padres u otros cuidadores y que se pasa de generación en generación.  

Recursos para afrontar a padres o madres emocionalmente inmaduros que operan desde un ego narcisista o codependiente

  • Para ti: si tus padres tienen egos de este tipo, es muy probable que tú hayas desarrollado uno igual: o bien narcisista, o bien codependiente. Para evitar caer en lo mismo, es saludable trabajar tu ego y separarte de él a través de técnicas como el mindfulness o la meditación, el yoga, la conexión con la naturaleza y la terapia Gestalt y/o corporal. Todas ellas te permitirán separarte de tu ego y conectar con tu esencia, para desarrollar una autoestima sana.
  • En la relación con tus padres: aprende qué distancia necesitas poner con cada uno de ellos para tener seguridad y bienestar emocional, aprende a ponerles límites y mantenerlos. Para desarrollar los límites, sirve la visualización de un escudo energético entre ti y tus padres que te protege. Aprende a comunicarte de forma asertiva con tus padres y a decirles que no.

No asumen responsabilidades por sus actos o comportamientos y tienden a culpar de todo a los demás

Nuevamente, esto puede manifestarse como tendencias codependientes, con una narrativa de víctima en la que su sufrimiento es culpa de todos los demás, sin asumir las riendas de su propia vida, o bien una respuesta narcisista, donde nunca tienen la culpa de nada y los problemas son el resultado de las insuficiencias y errores de otras personas.

No asumir la responsabilidad por tus propios comportamientos lleva a estar en el niño en lugar de en el adulto, genera desconfianza en los demás, no te permite aprender de tus errores y te lleva a la idea errónea de que son los demás los que llevan el timón de tu propia vida.

Recursos para afrontar a padres emocionalmente inmaduros que no asumen sus responsabilidades

  • Para ti: aprende a asumir la responsabilidad de tu propia vida dejando de culparte a ti o a los demás por lo que te ocurre. Mientras que la culpa es destructiva y dañina, la responsabilidad te permite tener compasión hacia ti misma y te ayuda a convertirte en la creadora de tu propia vida.
  • En la relación con tus padres: si tus padres no se quieren o no se pueden responsabilizar de sus actos, no hay gran cosa que tú puedas hacer. Si tú te responsabilizas, ya les estás invitando de forma energética a que hagan lo mismo pero ese paso depende de ellos. Si tus padres no se han responsabilizado nunca, puede ser sano para ti dejar de contar con que lo hagan y soltar el hecho de que esto no va a ocurrir. Por ejemplo, si ya sabes que si le das cierta información personal a tu padre o madre sobre ti, antes o después la va a acabar utilizando en tu contra y después no se va a dejar de responsabilizar sobre ello, en lugar de reclamar esta responsabilidad y seguir haciéndote daño, podrías dejar de contar cosas personales y así protegerte.

Utilizan mecanismos de defensa como la negación y la proyección

Los mecanismos de defensa son la forma que tiene el ego de protegerse de los pensamientos y sentimientos incómodos. Todas las personas usamos mecanismos de defensa. Sin embargo, un padre o madre emocionalmente inmaduros, como narcisista o codependiente, recurrirán a estos mecanismos constantemente, dejando poco margen a una consciencia de cómo se sienten.

Algunos de estos mecanismos de defensa son:

  • La negación: decirse a uno mismo que algo no está ocurriendo a pesar de que sí que esté ocurriendo. Un ejemplo de esto es: “No estoy enfermo de cáncer, ese médico se equivoca” cuando la persona acaba de salir de la consulta del médico en la que le han dado el diagnóstico.
  • La proyección: tomar características propias que no nos gustan y proyectarlas en otras personas para no hacernos cargo de ellas. Normalmente no proyectamos sobre una pantalla en blanco sino que la persona sobre la que proyectamos es muy probable que tenga esa característica, pero con la proyección lo que evitamos es asumir que nosotros también la tenemos. Un ejemplo de esto es: Una madre que le dice a su hija: “Eres muy criticona, siempre estás hablando mal de todo el mundo y esto es algo muy feo.” Con este comentario, la madre está obviando que ella TAMBIÉN critica a otras personas con frecuencia.

Tener un padre o madre que utiliza estos mecanismos de defensa con frecuencia, puede ser enloquecedor y hacer que te cuestiones a ti mismo y tu percepción de la realidad.

Recursos para afrontar a padres emocionalmente inmaduros que utilizan demasiado los mecanismos de defensa

  • Para ti: pon conciencia sobre cuáles son los mecanismos de defensa que más utilizas y aprende a reconocer cuál es la emoción o verdad incómoda que estás evitando con el mecanismo de defensa. Esto es una cuestión de práctica y la terapia Gestalt puede ayudar mucho a esta práctica. Puedes encontrar salidas saludables para tus emociones, como el ejercicio, el arte o expresarte con personas que te comprendan.
  • En relación con tus padres: aprende a identificar cuándo tu padre o madre está utilizando un mecanismo de defensa y simplemente obsérvalo y observa cuál es tu respuesta frente a esto. Con el tiempo, observar te permite responder (una respuesta actualizada como adulta) en lugar de reaccionar (una respuesta antigua aprendida desde el ego).

Una inversión de los roles en la familia

Los padres emocionalmente inmaduros, como los narcisistas o codependientes suelen invertir los roles y poner a sus hijos como sus padres y a sí mismos como los hijos. Los padres emocionalmente inmaduros no han podido cubrir sus necesidades emocionales básicas en la infancia, como sentirse queridos, vistos, validados,… esto hace, de forma inconsciente, utilicen a sus hijos para que, ya de adultos, estas necesidades emocionales se vean satisfechas. De esta forma, son los hijos los que se verán forzados a estar emocionalmente disponibles para los padres, escuchándolos, validándolos, apoyándolos,.. cuando lo natural es lo contrario.

Recursos para afrontar a padres emocionalmente inmaduros que invierten los roles en la familia

  • Para ti: reconoce que tus necesidades emocionales básicas no fueron cubiertas en la infancia sino que cubriste tú las de tus padres, aprende a darte cuenta de cuáles son estas necesidades (sentirte querida, vista, reconocida, alabada, perteneciente,…) y aprende a dártelas a ti misma y a estar en vínculos donde estas necesidades pueden ser cubiertas.
  • En relación con tus padres: puedes aprender a sentir compasión por ellos, ya que si no han sabido cubrir sus necesidades emocionales es porque tampoco se cubrieron las suyas en su infancia y lo que han hecho es repetir el comportamiento. Tienes derecho a estar enfadada con tus padres por un tiempo, pero si el enfado se cronifica, esto puede ser contraproducente. La compasión ayuda a ver a tus padres como personas, no sólo en el rol de padres, ayuda a soltar la idea de “esto tenía que haber sido así” y te empodera para darte a ti misma lo que te faltó.

Si has crecido con padres emocionalmente inmaduros, esto ha tenido un gran impacto en tu vida, cómo te gestionas emocionalmente y cómo te relacionas con los demás. Si quieres reparar esto, has de ver cuáles son tus puntos ciegos sobre este tema, buscar espejos más saludables y sanar las heridas causadas por este tema en terapia con una terapeuta que tenga conocimientos y experiencia sobre este tema.

Imagen de a Alexander Dummer en Unsplash.

6 Tipos de mentiras que utilizan Narcisistas, Psicópatas y Sociópatas

Los narcisistas, psicópatas y sociópatas son abusadores que tienden a ver a los demás más como objetos para satisfacer sus necesidades que como personas. Contar mentiras es una de las tácticas más comunes que utilizan para tener poder y control sobre las personas con las que se relacionan.

Todas las personas contamos mentiras en mayor o menor medida, tanto a nosotros mismos como a los demás. Es un comportamiento humano habitual. Contamos mentiras para protegernos, conseguir un objetivo, intentar librarnos de las consecuencias de nuestras acciones,… Sin embargo, las narcisistas psicópatas y sociópatas mienten tanto que resulta un comportamiento abusivo y confunde mucho a las personas a las que mienten, que, en última instancia, se convierten en víctimas de este comportamiento.

Mentir de forma abundante y sistemática es un tipo de abuso. Confunde la realidad de la persona objetivo de las mentiras mientras ayuda al narcisista, psicópata o sociópata a eludir su responsabilidad en la situación. Es menos probable que una persona confundida responda rápidamente, siga su instinto y confronte al mentiroso. Hay muchas formas de mentir que emplean las narcisistas, psicópatas y sociópatas para manipular.

Para evitar experimentar esta confusión es crucial familiarizarte con las formas en que un narcisista, psicópata o sociópata puede mentir. Más abajo relato las formas más comunes de mentiras que una persona abusiva puede utilizar.

6 Tipos de Mentiras que utilizan Narcisistas, Psicópatas y Sociópatas

Gaslighting

La luz de gas o gaslighting es la forma de mentira encubierta más agresiva que hay y cuyo objetivo es el de que la persona objeto del gaslighting dude de su percepción de la realidad para ganar control y poder sobre ella y así abusarla o explotarla de diferentes maneras: psicológica o emocionalmente, sexualmente, físicamente, espiritualmente,…

Un ejemplo de esto es el de una pareja que queda en que uno de los miembros depositará un cheque que han cobrado por la venta de un bien común en una cuenta bancaria conjunta que la pareja tiene. Sin embargo, no deposita el cheque en la cuenta conjunta sino en una privada y frente a su pareja mantiene que no habían quedado en depositar el cheque en la cuenta conjunta.

Por más que su pareja le confronta sobre ello, el narcisista, psicópata o sociópata mantiene la mentira y salpica la conversación con frases como:

“Qué mala memoria tienes”

“Te estás confundiendo y eres muy cabezota”

“Creo que con el estrés que tienes ahora en tu trabajo, no me escuchas cuando te hablo.”

La persona abusiva es tan firme en lo que dice que la víctima empieza a dudar sobre lo hablado o bien se pone tan agresivo al ser confrontado, que la víctima prefiere no sentir la ansiedad de confrontarle y le complace en decir que sí en la versión que está dando sobre lo ocurrido.

Mentiras más comunes

Las narcisistas, psicópatas y sociópatas suelen mentir mucho, de una forma más obvia y menos encubierta que con el gaslighting.

Estas mentiras las cuentan con algunos o todos de los siguientes objetivos:

  • Crearse una imagen concreta de buena reputación, de forma en que se convierten en una figura de referencia, normalmente alrededor de su trabajo pero también puede tener que ver con aficiones. De esta manera, la falsa persona que crean de forma social es diametralmente opuesta a la cara que muestran cuando están en un círculo de confianza, por lo general con su pareja, familia o amigos más cercanos. Para crear esta imagen, exageran lo conseguido, inflan sus cualidades, se inventan historias que saben que cautivan,…
  • Para conseguir que otra persona entre de forma rápida en una relación de pareja. Las mentiras que cuentan en este ámbito se conoce como la fase de love bombing en una relación de pareja, aunque también se puede dar en otros contextos. Durante la fase de love bombing con una potencial pareja pueden decirle cosas como “Eres mi alma gemela”, “Eres el amor de mi vida”, “Me gustaría casarme contigo” en una cuestión de días y muchas veces con un contacto que no es personal sino online a través del Whatsapp o las Redes Sociales.
  • Para ganarse la confianza de otra persona de forma rápida creando un vínculo de seguridad que no es real sino fingido. Esto pueden hacerlo contando detalles muy personales en muy poco tiempo, como una enfermedad, la relación con su padre o madre o su última decepción amorosa. A pesar de que estos episodios pueden tener algo de verdad (o no), en realidad se trata de una táctica para que la otra persona se abra de forma fácil y rápida, se muestre vulnerable y confíe en el narcisista, psicópata o sociópata sin apenas conocerle.
  • Para apartar a otra persona de su entorno y aislarla para generar dependencia emocional. La narcisista, psicópata o sociópata puede mentir para aislar a la persona de sus demás relaciones. Puede contar sobre ella que se ha vuelto muy celosa, que no quiere hablar con nadie, que es agresiva, que no se puede contar con ella,… Creará una imagen de su pareja que no es real y donde la persona abusiva aparecerá como la víctima de la relación.

Medias verdades

Las medias verdades son versiones de lo que sucedió que ayudan a la persona abusadora a evitar la responsabilidad sobre una situación concreta. El mentiroso cuenta una versión de las cosas en la que mezcla verdades con mentiras. Las verdades aparecen lo suficiente como para que su versión parezca creíble, cuando en realidad está obviando todas las mentiras que ha dicho junto con las verdades. Ejemplos de esto son:

Un vecino, conocido o amigo que tiene una empresa te ofrece un puesto de trabajo en el que la oferta es aparentemente muy buena: el sueldo es muy alto, las condiciones son muy favorables, la experiencia laboral que tienes no es la acorde al puesto,… Cuando empiezas el trabajo, te das cuenta de que en realidad la mayoría de lo que te ha prometido son mentiras. Sin embargo, si por ejemplo, te ha ofrecido pagarte formación, sí que paga un primer curso que te cuesta que pague y que no te sirve de gran cosa. De esta forma, alguna de las condiciones ofrecidas sí que están presentes pero de una manera pobre y el resto han sido mentiras. Cuando le confrontas sobre esto, tu nuevo jefe se agarra a lo que te ha prometido que sí ha cumplido, de forma que es más difícil mantener la versión de que el puesto de trabajo era un timo desde el principio.

Hay una pelea entre un padre y una hija en el que el padre acusa de culpable de la pelea a la hija frente a la madre explicándole que “Me ha gritado”. A pesar de que esto es verdad, omite el hecho de que el padre ha estado pinchando a la hija con comentarios ofensivos hasta que ésta ha saltado. Esta omisión de hechos importantes pinta un cuadro que es más favorable para el padre y en el que la hija resulta poco creíble.

Promesas que no se cumplen

Los narcisistas, psicópatas y sociópatas prometen cosas que después no cumplen. Esto  lo hacen para conseguir algo a cambio de lo prometido o generar decepción, enfado o frustración y así controlar emocionalmente a la otra persona.

Algunos ejemplos de esto son:

Una pareja que ha estado separada durante un tiempo, el marido, que quiere retomar la relación, le promete a su mujer que va a cambiar, que va a ser más cariñoso y atento, que va a a tener más en cuenta las necesidades de ella, que van a hacer actividades que los motiven a ambos,… Después de los primeros meses, la mujer se da cuenta de que el marido ha roto la promesa que le hizo y que en realidad la relación no ha cambiado en absoluto respecto a como era antes. Cuando se le confronta respecto a esto, el marido se excusa con frases como que ”Hoy no estoy de humor”, “Estoy enfermo”, “Qué pesada eres”,… Finalmente, la mujer se da cuenta de que las promesas fueron hechas únicamente para que volviese a la relación.

Un familiar narcisista, psicópata o sociópata que es invitado a la reunión familiar por Navidad dice que sí acudirá y, en el último momento, cancela diciendo que no se encuentra bien. Toda la familia se decepciona frente a esta ausencia de último momento y, a pesar de que el evento familiar se celebra, esto tiñe el humor de ese día de navidad. Algunos se sienten abandonados, otros decepcionados y otros enfadados con este comportamiento.

Amnesia selectiva

Olvidarse de las cosas de forma constante y siempre en beneficio de la narcisista, psicópata o sociópata es manipulación y abuso. Ejemplos de esto son:

Tu pareja suele “olvidarse” la cartera cuando salís a cenar a un sitio caro.

Tu madre se “olvida” de tu cumpleaños pero no suele olvidarse de todo lo suyo que merece una celebración.

Tu amiga se “olvida” de que habíais quedado a las 6:00 y aparece a las 6:30 como si nada. Cuando la confrontas sobre ello, su respuesta es que “Se me olvidó que habíamos quedado a las 6:00.”

Similar a las promesas incumplidas, fingir olvidar un compromiso o una obligación, como “Oh, olvidé que querías que llegara a casa temprano esta noche”, es manipulación.

Mentiras obvias

Los narcisistas, psicópatas y sociópatas se sienten tan cómodos diciendo mentiras que llegarán todo lo lejos que puedan con ellas para evitar asumir la responsabilidad por su comportamiento, incluso si eso significa negar rotundamente la verdad, sin importar lo obvia que sea.

Este comportamiento recuerda mucho al de los niños, que llegan a negar la realidad con mentiras de una forma absurda. Esto en un niño es algo normal porque forma parte de sus fases de desarrollo. En un adulto, no.

Un ejemplo de esto es el clásico “Esto no es lo que parece” cuando una persona sorprende en la cama a su pareja con otra persona.

Si tienes cerca a una persona que miente constantemente, bien como alguna de las formas descritas o cualquier otra, la invitación es a darte cuenta si estás sin saberlo en una relación donde hay manipulación y abuso. Si es así, busca ayuda, al otro extremo de una persona que miente mucho, hay otra que suele ser inocente e ingenua y/o que tiene dificultades para ver la realidad tal y como es.

Imagen de Izzy Park en Unsplash.

Mentalidad de Víctima: Señales para saber si la tienes y cómo sanarla (Parte II)

Señales de que tienes una Mentalidad de Víctima

Es normal estar insatisfecho en algunas partes de tu vida. Pero es importante mirar el panorama general. Si observas patrones similares en diferentes áreas de tu vida, es posible que tengas una mentalidad de víctima.

El primer paso para resolver un problema es identificarlo y reconocerlo. Puedes buscar estas señales en ti misma para ver si podrías haber adoptado una mentalidad de víctima:

  • ‌Culpas a los demás por cómo es tu vida: tu familia, pareja, amigos, jefe, el Estado,…
  • ‌Tienes la creencia de que el mundo está en tu contra.
  • ‌Cuando afrontas situaciones que para ti son difíciles, sientes impotencia, lo que te sueles decir es: “No puedo”.
  • ‌Te sientes atrapado en tu propia vida y abordas las cosas con una actitud negativa.
  • ‌Te sientes atacada cuando alguien te ofrece un feedback honesto sobre ti.
  • ‌Sentirte mal contigo mismo te da alivio o placer.
  • ‌Atraes a personas  en roles opuestos al tuyos, esto es, o personas que quieren salvarte o bien personas que aprovechan tu mentalidad de víctima para agredirte (no tiene porqué ser físicamente sino que por lo general son agresiones psicológicas o emocionales).
  • ‌Es difícil para ti hacer instrospección sobre ti misma y cambiar, aunque en el fondo sepas que un cambio sería saludable para ti.

¿Por qué juego el Rol de la Víctima?

Si te has sentido identificada con la mentalidad de la víctima, es posible que te preguntes porqué la has adoptado. Más abajo puedes encontrar algunas respuestas a esta pregunta.

  • Es posible que de niña hayas visto a un adulto o varios a tu alrededor jugar este papel. Quizás tu madre o tu padre tenían un comportamiento de que el mundo tenía algo en contra de él o ella. O se quejaban mucho. O no permitían que les dijeses nada, porque todo les parecía una crítica insoportable. Si has observado este comportamiento, es posible que lo hayas empezado a imitar de forma inconsciente y como el único modo de relacionarte con el mundo y con los demás.
  • Es posible que hayas tenido una relación codependiente con alguno de tus padres o cuidadores y te hayas sentido responsable por su bienestar. Esto puede haber tenido la forma de que te ha hecho sentir como su pareja, o como a un amigo, o has tenido que cuidarle en una enfermedad o tratar con su adicción como si fueras un adulto.
  • O quizás hayas aprendido el rol de la víctima porque ha sido un modo de sobrevivir emocionalmente en tu infancia. De niños, todos necesitamos atención y amor. Si no es ofrecido por nuestros padres o cuidadores, buscaremos maneras alternativas de conseguirlos. Es posible que en tu familia de origen la única forma de conseguir atención fuese poniéndote enferma, o comportándose siempre como una persona débil y necesitada de ayuda o permitiendo que te pasasen cosas malas que después pudieras contar a tu familia.
  • Muchas personas que de adultas tienen la mentalidad de la víctima han sufrido abuso emocional y/o psicológico y/o físico y/o sexual en su infancia. La indefensión que sufre un niño, junto con la vergüenza que supone el abuso, suele dar el resultado de un adulto con poca o sin autoestima y que ve el mundo como un lugar peligroso en el que se siente perdido.

Cómo abandonar la Mentalidad de la Víctima

La mentalidad de víctima es un comportamiento aprendido, no es algo con lo que se nace. Es algo que se aprende en un entorno social. Por lo general, se aprende de en el entorno familiar. Por ello, todas las personas tienen la capacidad de superar la mentalidad de la víctima. Como es algo aprendido y no innato, se puede desaprender e integrar formas más saludables de hacer frente a los desafíos que presenta la vida.

Puedes dar estos primeros pasos para salir de la mentalidad de la víctima:

  • Asume la responsabilidad. Eres el único que controla tus pensamientos, sentimientos y comportamientos. No puedas controlar a los demás o a muchos eventos que te ocurren en la vida, pero sí está en tu mano cómo respondes frente a ellos. Tú tienes el control sobre qué emociones cultivas dentro de ti o las actividades o personas con las que pasas tu tiempo. Cuanto más conciencia haya sobre esto, más poder personal adquirirás y más fácil te resultará ponerte al mando de tu vida, asumiendo el papel principal en lugar de uno secundario en tu propia vida.
  • Autocuidado y compasión. Es posible pasar de una mentalidad “Pobre de mí” a una de “me quiero, me respeto y me trato con amabilidad”. Esto puede empezar por pequeñas cosas como cómo te hablas, cómo cuidas los vínculos que hay en tu vida o si vas en la vida a por lo que quieres en lugar de esperar pasivamente a que llegue como por arte de magia.
  • Empieza a decir que no. Decir que no es fundamental para dejar de estar en una mentalidad de víctima. Puedes decir que no a lo que quieras y a quien quieras, asumiendo que ese “no” puede tener unas consecuencias. Es posible que otras personas se sientan defraudadas o frustradas frente a tu “no”. Esto no es responsabilidad tuya sino de ellas. Tienes derecho a cuidar tu energía y priorizarte.
  • Haz terapia. Salir de la mentalidad de la víctima puede ser algo complicado sin hacer terapia. Alguien que te acompañe a adoptar respuestas adaptativas más saludables puede facilitarte enormemente salir de la mentalidad de la víctima. Una terapeuta puede ayudarte a:

    • Explorar las causas subyacentes de la mentalidad de la víctima.
    • Trabajar la autocompasión.
    • Identificar tus necesidades y objetivos personales.
    • Aprender a gestionar emociones como la frustración y la impotencia.
    • Asumir la responsabilidad en lugar de culparte o culpar a otras personas.
    • Recuperar tu poder personal como adulta.
    • Comunicarte de forma asertiva.
    • Utilizar la queja como una forma de descarga puntual y no como una actitud frente a la vida.
    • Darte cuenta de que la única persona que en realidad está en contra tuya eres tú misma y aprender a desarrollar una relación más sana contigo misma.

Imagen de Yuris Alhumaydy en Unsplash 

La Mentalidad de Víctima: en qué consiste, saber si la tienes y cómo trascenderla (Parte I)

Qué es la Mentalidad de Víctima

Todos tenemos nuestros altibajos en la vida. A veces nos suceden acontecimientos adversos. Esto es algo normal.

Sin embargo, hay algunas personas que no se responsabilizan sobre nada de lo que les ocurre. Creen que no tienen ningún control sobre las situaciones difíciles y los problemas que afrontan. La vida es algo que les ocurre sin tener la conciencia de tener una participación activa en ello. ésta la mentalidad de víctima.

Alguien que actúa desde un lugar de víctima cree que las cosas que le suceden son culpa de alguien o de algo que no es ella misma. Puede ser culpa de su pareja, familia, compañero de trabajo, amigo o «la forma en que es el mundo», que siempre es percibido como injusto.

Se quejan con frecuencia de las cosas malas que suceden en sus vidas. Son reacios a asumir la responsabilidad personal y consideran que las circunstancias no están bajo su control.

Si alguien intenta ayudar u ofrecer soluciones, la persona con la mentalidad de víctima desechará la ayuda, predispuesta a que no va a funcionar y así mantenerse en el mismo lugar psicológico. Las personas que intentan ayudar a menudo quedan frustradas.

Cuando estamos en la mentalidad de la víctima, vemos el mundo a través de unas gafas de bueno/malo. Somos inocentes y las “cosas malas” están fuera de nosotros.

Y lo que es más importante, nos sentimos impotentes para hacer nada frente a toda esta “maldad”. Vemos la vida como algo que nos pasa, en lugar de la idea de que estamos haciendo elecciones y creándola nosotras mismas.

Ser una Víctima vs Autocompasión vs Mentalidad de Víctima

En la vida a todos nos pueden pasar cosas malas. Puede que hayas experimentado un fraude, o un accidente de tráfico o trauma en la infancia. Has sido una víctima.

En tales situaciones, has tenido todo el derecho a sentir que las cosas estaban fuera de tu control porque así ha sido. Cualquier pensamiento de que ha sido culpa o tu responsabilidad, no tiene fundamento.

También es natural sentir compasión por ti misma de vez en cuando. O sentir impotencia frente a situaciones de la vida, como un divorcio o un duelo por la muerte de alguien.

Sin embargo, una mentalidad de víctima significa que te identificas con ese estado y utilizas la pena que dar a los demás para conseguir apoyo, atención,… El trauma no es algo que te ha pasado sino que se convierte en quién eres. Te define.

El trauma no es algo que te ha pasado sino que se convierte en quién eres. Te define.

No dejas el trauma atrás sino que te aferras a él, haciéndolo el protagonista de tu historia, que revives y cuentas una y otra vez, tanto a ti misma como a los demás. Y te quedas atrapada en este estado de víctima.

Hasta que haces terapia, todo esto se produce de forma inconsciente.

Una Víctima vs una Persona Sana

La mentalidad de la víctima es un mecanismo de defensa que tiene su origen en muchas ocasiones en el trauma de infancia. Y como niños, realmente estábamos indefensos. Sentir pena por nosotros mismos era el único modo de sentir alivio.

Pero como adultas, sí que tenemos poder personal. Podemos abandonar situaciones o relaciones que nos hacen daño, podemos tomar decisiones que vayan en nuestro beneficio y crear nuestra vida de forma activa, no como algo que nos pasa, sobre lo que no podemos decidir. Creamos de forma activa nuestras vidas.

Una persona sana se da cuenta de que está escogiendo lo que le ocurre y es consciente de  su poder para hacerse cargo. Ella ha escogido estar en una relación con una persona crítica. Ella es la que ha escogido un mal trabajo. Y ella es la que pueden decidir dejar la relación o el trabajo.

Sin embargo, la mentalidad de víctima no nos permite ver esto. Seguimos en esa niña indefensa. Estamos paralizadas, incapaces de responsabilizarnos y tomar decisiones que nos permitan avanzar. En el fondo, quizá pensemos que nos merecemos sufrir o que la única manera de obtener atención o amor de los demás es que sientan pena por nosotros.

Beneficios de mantenerse en la Mentalidad de la Víctima

A nadie en el fondo le gusta estar en la mentalidad de la víctima. Sin embargo, mantenerse ahí trae una serie de beneficios que pueden hacer que la persona no quiera/pueda salir de ese lugar psicológico. Algunos de los beneficios son:

  • No asumir responsabilidad. Ser responsable de tu vida significa que tú eres el creador de tu vida y el que hace que las cosas sucedan o no. Esto puede asustar a alguien que tiene una mentalidad de víctima. Supondría admitir que la vida no es sólo el resultado de las acciones de otras personas sino también de las tuyas.
  • Trae ganancias secundarias. La simpatía, la atención o la ayuda de otras personas son ejemplos comunes de ganancias secundarias. Es posible que alguien con la mentalidad de víctima ni siquiera se dé cuenta de que está recibiendo estos beneficios y le cueste mucho renunciar a ellos.
  • Evitación de asumir riesgos. Una persona con la mentalidad de “pobre de mí” evita asumir riesgos y el consiguiente estrés o decepciones o frustraciones que puede traer esta asunción de riesgos. Pensar y creerse que “El mundo no quiere que me vaya bien” les permite mantenerse en la zona de confort de la mentalidad de víctima, donde lo que hay es un sufrimiento que ya conocen muy bien.

Asumir la responsabilidad revienta la burbuja protectora del victimismo.

Codependencia y Victimismo

Un ejemplo del victimismo como una forma de poder es el que se da en las relaciones codependientes: como la que puede haber entre una persona alcohólica y su pareja. La pareja puede hacer el rol de la víctima, soportando el comportamiento del alcohólico y dejando a un lado sus necesidades para satisfacer las de las persona adicta. Pero también es muy posible que utilice la queja, el victimismo o el “pobre de mí” para intentar controlar a la persona alcohólica.

(Continúa en el siguiente artículo del blog)

Imagen de Carolina Heza en Unsplash  

Etapas de la Codependencia

La codependencia es un patrón de comportamiento aprendido en el que la persona codependiente renuncia a sus necesidades, fundiéndose con su pareja (generalmente narcisista). Esta fusión le lleva perder o difuminar su identidad, a no poner límites y tener dependencia emocional de su pareja.

A efectos didácticos, se pueden distinguir tres etapas en la codependencia. Si crees que puedes ser codependiente, estas fases pueden ayudarte a identificar tus propios rasgos codependientes.

Etapa temprana de la codependencia

La primera etapa es la más difícil de detectar. Todavía puede parecer una relación romántica típica con mayor atención y deseo de complacer a tu pareja. Sin embargo, ciertos comportamientos que son banderas rojas, pueden tener lugar en esta fase de la relación, como:

  • Pensar obsesivamente en tu pareja al punto que desatiendes tareas cotidianas como estar concentrado en tu trabajo, no devolver llamadas o whatsapps a familiares o amigos, hablar casi exclusivamente de tu pareja cuando estás con otras personas.
  • Racionalización de comportamientos problemáticos de tu pareja. Esto incluiría que frente a comportamientos agresivos, denigrantes o posesivos de tu pareja, justificarlos con frases como: “En el fondo es bueno”, “Cuando se enfada, no sabe lo que dice”. “Creo que me merecía lo que me ha hecho/dicho.” “No quería hacerme daño diciendo eso.” “No se sabe controlar.” “Tiene mal genio, luego se le pasa.”
  • Tener límites poco saludables, lo que incluye dificultades para decir que no a cualquier propuesta que te hace tu pareja, permitir comportamientos de control como que mire tu móvil, informar a tu pareja en todo momento de dónde estás y que estás haciendo y percibir esto como algo normal o saludable.

Etapa intermedia de la codependencia

Los signos de codependencia se vuelven más evidentes durante la etapa intermedia. La autoestima suele caer, y la compulsión por satisfacer a la pareja se vuelve más evidente. Por dentro, también puedes empezar a sentir rabia y resentimiento hacia tu pareja, ya que no te sientes valorada y parece que lo que haces nunca es suficiente.

La pareja narcisista habilitará este comportamiento de querer complacer de diferentes maneras:

  • Manipulando para conseguir lo quiere. La manipulación se puede dar desde el rol del salvador o de la víctima.
  • Intentando que sientas culpa o vergüenza si no haces lo que la pareja narcisista quiere.
  • A través de técnicas como el refuerzo intermitente, donde hay un sistema de recompensas y castigos.

Etapa tardía de la codependencia

Una vez que la relación se vuelve de largo plazo, es probable que el estrés de la relación haya comenzado a afectar a tu cuerpo. Puedes comenzar a experimentar síntomas relacionados con el estrés, como:

El comportamiento obsesivo que comenzó en la etapa temprana de la relación codependiente generalmente crece en intensidad en la última etapa, lo que puede causar:

  • Pérdida completa de autoestima
  • Enfado muy frecuente y una dificultad para gestionarlo
  • Sentimientos de depresión o desesperación
  • Frecuente disociación, un mecanismo de defensa para no estar presente en el aquí y ahora

Cómo romper el ciclo de la codependencia

La codependencia puede resultar difícil de detectar porque normalmente se trata de un patrón de comportamiento aprendido en la infancia para sobrevivir a padres o cuidadores que no han estado emocionalmente disponibles.

Sin embargo, una vez reconocido, es importante tener en cuenta que se puede revertir y alcanzar la salud psicológica y emocional.

Una relación codependiente al final no es más que una relación donde hay un desequilibrio de poder donde la pareja codependiente ha ido cediendo el suyo de forma inconsciente y progresiva. La necesidad de ayudar y complacer a la pareja narcisista se vuelve compulsiva para tapar carencias emocionales propias de autoestima y poder personal.

Trabajar con una terapeuta individual puede ser un excelente lugar para comenzar a identificar patrones codependientes y la raíz de tu codependencia.

La terapia te puede ayudar para acompañarte en la reconstrucción o construcción de:

  • Una autoestima sana donde la prioridad esté en un equilibrio entre satisfacer las necesidades propias y cubrir las de tu pareja.
  • Reconocer tu identidad personal en aspectos como qué te gusta, qué te motiva, cuáles son tus prioridades y tu valores, cómo quieres vivir tu vida. En definitiva, quién eres.
  • Abandonar la dependencia emocional donde no vas en busca de tu pareja para conseguir validación o aceptación sino que te das esto a ti misma y con tu pareja hay una relación de interdependencia, con un intercambio de apoyo y afecto mutuos.
  • Aprender a poner límites, a decir que no a tu pareja sin sentir culpa o que no te mereces un espacio para ti y tus prioridades.
  • Dejar de sobrevivir emocionalmente en una relación de pareja para poder sentirte segura en la relación, con el derecho a ser tu misma y a crecer dentro de ella, no a pesar de ella.
  • Construir y mantener una red de apoyo con familiares y amigos, vínculos en los que te puedas apoyar además del vínculo con tu pareja.
  • Aprender a comunicarte de una forma asertiva, manifestando tus necesidades y teniendo las conversaciones difíciles que a veces son necesarias en las relaciones.

La codependencia no es una sentencia de por vida. Romper un patrón de codependencia es posible. Encontrar apoyo suele ser el primer paso para salir del patrón. ¿Por qué? Porque un patrón consiste en repetir un comportamiento determinado una y otra vez pretendiendo que el resultado sea diferente.

Para ello, primero tienes que darte cuenta de que tienes un patrón de comportamiento codependiente y después que la terapeuta que te acompañe te ayude a encontrar respuestas distintas, más saludables para ti.

Últimas palabras sobre la codependencia

En una relación de pareja, es común tener un cierto nivel de dependencia el uno del otro. Sin embargo, la codependencia no es equilibrada y, a menudo, no es satisfactoria para uno o ambos miembros de la pareja.

Para superar la codependencia no es necesario en todos los casos dejar tu relación actual de pareja sino comenzar a cambiar los comportamientos codependientes y ver cómo tu pareja narcisista responde a esto.

Para superar la codependencia es muy importante informarte sobre ella: cuáles son los patrones de comportamiento y cuándo y cómo se creó.

Como hemos comentado más arriba, en la mayoría de los casos, la codependencia se genera en la infancia como un patrón adaptativo a un comportamiento hostil y/o de abandono de los padres o cuidadores. Y como es algo aprendido, se puede desaprender.

Es posible superar los comportamientos codependientes y desarrollar tu autoestima e independencia. Si buscas acompañamiento de una terapeuta, puedes consultar aquí.

Imagen de Ryan ‘O’ Niel en Unsplash