La Constancia del Objeto: Porqué los Adultos nos Sentimos Abandonados cuando una Relación Termina

El Apego

Aunque los comportamientos de tira y afloja en nuestras relaciones actuales parecen ser provocados por la pareja, el amigo, el jefe,… en realidad son el resultado de los viejos temores que arrastramos desde la infancia.

La ansiedad es una parte normal de estar en una relación íntima. Por lo general, se presenta en dos formas: el miedo al abandono y el miedo a ser engullidas. A parte de nosotros nos preocupa que si nos entregamos al amor, seremos abandonados. Por otro lado, tememos que si alguien se acerca demasiado, no podremos ser nosotras mismas o no podremos irnos si queremos.

Este artículo se centra en el miedo al abandono, que, en su mayor parte, podría manifestarse como un sentimiento persistente de inseguridad, pensamientos intrusivos, sentimientos de vacío, sensación inestable de uno mismo, apatía, necesidad, fluctuaciones extremas del estado de ánimo y frecuentes conflictos en las relaciones. Por otro lado, también se puede hacer frente cortando completamente y desconectándonos emocionalmente.

Los neurocientíficos han descubierto que la respuesta de nuestros padres a nuestros comportamientos de búsqueda de apego, especialmente durante los dos primeros años de nuestra vida, codifica nuestro modelo de relacionarnos en el mundo.

Si en la infancia hemos tenido interacciones de apego saludables con un cuidador en sintonía, disponible y que nos ha cuidado, podremos desarrollar un sentido de seguridad y confianza. Si nuestros padres pudieron responder a nuestras llamadas de alimentación y consuelo la mayor parte del tiempo, hemos interiorizado el mensaje de que el mundo es un lugar seguro, de que cuando estemos en necesidad, alguien vendrá a ayudarnos. También aprenderíamos a calmarnos en los momentos de angustia, y esto forma nuestra capacidad de recuperación como adultos.

Si, por el contrario, el mensaje que nos dieron de niños fue que el mundo no es seguro y que no se puede confiar en las personas, esto afectaría a nuestra capacidad para lidiar con la incertidumbre, las decepciones y los altibajos en las relaciones.

La Constancia del Objeto

Muchas personas pueden soportar cierto grado de ambigüedad relacional y no ser consumidas por completo preocupándose por un posible rechazo. Cuando discuten con un ser querido, pueden recuperarse del evento negativo. Cuando no están físicamente a nuestro lado, tenemos la confianza subyacente de que estamos en sus pensamientos. Todo esto involucra algo llamado constancia del objeto: la capacidad de mantener un vínculo emocional con los demás, incluso donde hay distancia y conflictos.

La constancia del objeto se origina en el concepto de permanencia del objeto, una habilidad cognitiva que adquirimos alrededor de los 2 a 3 años de edad. Es la comprensión de que los objetos continúan existiendo incluso cuando no se pueden ver, tocar o sentir de alguna manera. Es por eso que a los bebés les encanta el cucú: cuando ocultas tu cara, piensan que deja de existir. Según el psicólogo Jean Piaget, quien fundó la idea, lograr la constancia del objeto es un hito en el desarrollo de una persona.

La constancia del objeto es un concepto psicodinámico, y podríamos pensar que es la equivalencia emocional de la permanencia del objeto. Para desarrollar esta habilidad, maduramos en la comprensión de que nuestro cuidador es simultáneamente una presencia amorosa y un individuo separado que podría alejarse. En lugar de tener que estar con ellos todo el tiempo, tenemos una “imagen interiorizada” del amor y cuidado de nuestros padres. Entonces, incluso cuando están temporalmente fuera de la vista, todavía sabemos que somos amados y apoyados.

En la edad adulta, la constancia del objeto nos permite confiar en que nuestro vínculo con aquellos que están cerca de nosotros se mantiene completo incluso cuando no están físicamente cerca, levantando el teléfono o respondiendo a nuestros mensajes de texto. Con la constancia del objeto, la ausencia no significa desaparición o abandono, sólo distancia temporal.

Como ningún padre/madre puede estar disponible y sintonizado el 100% del tiempo, todos sufrimos al menos algunas contusiones menores al aprender a separarnos e individualizarnos. Sin embargo, cuando una persona ha tenido cuidadores extremadamente incoherentes (ahora estoy y te ofrezco apoyo, ahora no, “no me molestes”), emocionalmente inaccesibles, o un comportamiento caótico, su desarrollo emocional podría haberse estancado a una edad temprana, sin tener la oportunidad de desarrollar la constancia del objeto.

Sin la constancia del objeto, uno tiende a relacionarse con los demás como “partes”, en lugar de un “todo”. Al igual que un niño que lucha por comprender a la madre como una persona completa que a veces recompensa y otras veces frustra, el adulto lucha por sostener la idea mental de que tanto él mismo como los demás tienen aspectos buenos y malos.

Las personas que no han desarrollado la constancia del objeto suelen experimentar las relaciones como poco confiables, ser muy vulnerables y muy dependientes del estado de ánimo del momento. Parece que no hay continuidad en la forma en que ven a su pareja: cambia y de un momento a otro y es “bueno” o “malo”. Se mueven en los extremos en lugar de tener una visión más completa y global.

Sin la capacidad de ver a las personas como una persona completa, se hace difícil evocar el sentido de la presencia del ser querido cuando no están físicamente presentes o cuando hay un conflicto. La sensación de estar sola o de sentirse agredida puede llegar a ser tan poderosa y abrumadora que evoca reacciones crudas, intensas y, a veces, infantiles.

Debido a que los orígenes de estas fuertes reacciones no son conscientes, parecería que fueran “irrazonables” o “inmaduras”. En verdad, si pensamos que actúan desde un lugar de trauma reprimido o disociado, y consideramos lo que sucede, es como si un niño de dos años se quedara solo o con un cuidador inconsistente: el miedo intenso, la rabia y la desesperación tendrían sentido.

De este sentimiento es de donde proviene el comportamiento de idealización-devaluación-descarte del ciclo de abuso. Esta idealización-devaluación-descarte puede darse tanto por parte de la persona que abusa como por parte de la víctima. Las dinámicas que se dan en el ciclo de abuso tienen que ver con la falta de la constancia del objeto. La idealización consiste en identificar a la persona querida con un ideal que no se corresponde de la realidad. La devaluación consiste en verla bajo una luz únicamente negativa, incidiendo en errores que cometa,… se trata de una visión que tampoco es realista. El descarte tiene que ver con un juego de poder, con ponerse por encima de la otra persona y con no poder dar un cierre a la relación, despedirse, soltar, honrando lo que ha habido. La persona que descarta niega el vínculo y no reconoce al otro como un igual al que le manifiesta lo que siente. El que descarta, como no aprende nada, repite. Tendrá una nueva relación en la que repetirá el ciclo de abuso.

El ciclo de abuso es una dinámica que se da en todas las relaciones con narcisistas, psicópatas y/o sociópatas, que tienen un retraso en su desarrollo personal y suelen ver a las personas de una forma parcial a lo “blanco” o “negro”. También las personas que están en el otro lado de la relación, que suelen ser codependientes, no han desarrollado la constancia del objeto. Si crees que esto también te ocurre a ti y te gustaría sanarlo, puedes hacerlo con una psicoterapeuta que sabe de narcisismo.

Sanando el Abandono Emocional en Adultos

Una gran parte del desarrollo de la constancia del objeto consiste en tener la capacidad de mantener las paradojas en nuestra mente. De la misma manera que el cuidador que nos alimenta también es el que nos falla, debemos enfrentarnos a la verdad de que ninguna relación o persona es “buena” o “mala” en su totalidad.

Si podemos mantener tanto los defectos como las virtudes en nosotros mismos y en los demás, no tendremos que recurrir a la defensa primitiva del “splitting” o el pensamiento blanco/negro. Si devaluamos a nuestra pareja, amigo, familiar,… porque nos ha decepcionado, también lo haremos con nosotras mismas.  El hecho de que no seamos perfectos todo el tiempo no significa no tengamos derecho a ser queridos.

La otra persona puede tener limitaciones y ser lo suficientemente buena al mismo tiempo. Podrían querernos y estar enfadados con nosotros al mismo tiempo.Es posible que necesiten distanciarse de nosotros a veces, pero la base del vínculo permanece sólida, esta ahí, no desaparece porque haya un desencuentro, malentendido o un conflicto.

El miedo al abandono es un exceso de poder porque nos devuelve al  trauma que llevamos desde la infancia, siendo entonces seres indefensos y vulnerables, siendo totalmente dependientes de quienes nos cuidaron. Pero debemos reconocer que nuestros temores ya no reflejan nuestra realidad actual. Aunque nunca hay una certeza y seguridad absolutas en la vida, ahora somos adultos y tenemos diferentes opciones y recursos personales.

Como adultos, ya no podríamos ser “abandonados”. Si una relación llega a su fin, son las consecuencias naturales de un desajuste en los valores, necesidades y caminos en la vida de dos personas.

Ya no podemos ser “rechazados”, ya que el valor de nuestra existencia no depende de las opiniones de los demás. Ya no estamos “atrapados”. Podemos decir no, establecer límites y alejarnos.

Como adultos resilientes, podríamos acunar al niño de 2 años dentro de nosotros que tenía miedo de que nos dejaran caer, aprender a permanecer dentro de nuestros cuerpos incluso con miedo sin disociarnos, y podemos mantener relaciones con otros incluso en medio de la incertidumbre, sin huir hacia la evitación y las defensas.

En lugar de quedarnos atrapados en una búsqueda de la “pieza que fatlta”,  o de sentir que tenemos un “defecto fatal”, llegamos a reconocernos como un ser completo e integrado, que puede dar y recibir amor y que tiene derecho a una vida  que no es perfecta pero sí plena y satisfactoria.

Así es como se sana el abandono emocional en adultos. Si quieres consultar este tema con una psicoterapueta que sabe de narcisismo, puedes hacerlo aquí.

Fuente: https://psychcentral.com

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La Línea entre Mostrarse Vulnerable y Compartir Demasiado

Compartir información sobre nosotras mismas es parte de lo que forma los vínculos con otras personas. Sin embargo, si compartimos de más, podemos ser recibidas con un silencio incómodo y un cambio de actitud por parte de la otra persona. O puede ocurrir también a la inversa, que estamos hablando con un conocido que comparte con nosotras algo profundamente personal pero de una manera que la sentimos cargada de expectativas, a una profundidad que no estamos preparadas para ofrecer, que nos incomoda y que no se corresponde con el vínculo que tenemos con esa persona.

Hay una expresión para esto: compartir de más. Significa compartir información personal o confidencial, esperar apoyo emocional o intimidad incongruentes o inadecuadas para el contexto o nivel de confianza en las relaciones.

Mostrarse vulnerable consiste en exponer a otra persona o personas algo que constituye una dificultad para nosotros con la intención de comunicarnos y mejorar la relación con la persona con la que estamos compartiendo. Mostrarse vulnerable no es algo fácil, ya que supone mostrar al otro algo que es emocionalmente incómodo o displacentero, como vergüenza, culpa, rabia, dolor,… Es la única forma en la que algo que es una dificultad en una relación del tipo que sea, se puede acabar superando. Ejemplos de mostrarse vulnerable son:

  • A la pareja: “Cuando me hablas así, me recuerda a como me hablaba mi padre cuando me reñía y me hace sentir dolor y frustración”.
  • Al jefe: “Tengo dificultad con esta tarea y necesito un curso para reforzar mis conocimientos”.
  • A un amigo: “Cuando quedamos y llegas tarde de forma sistemática, me enfada porque creo que no soy importante para ti.”

Compartir de más puede parecer mostrarse vulnerable, pero no lo es. Es lo contrario.

Todos tenemos diferentes límites personales y niveles de comodidad, por lo que lo que parece apropiado a una persona puede no serlo para otra. Algunas personas se sienten bien buceando directamente en las cosas profundas, mientras que otras tardan un poco antes de sentirse cómodas compartiendo información más personal. Ninguno de estos enfoques es mejor o peor que el otro.

Sin embargo, las personas que han crecido en familias disfuncionales suelen tener un tema con la intimidad, con compartir de más y con mostrarse vulnerables. Le tienen miedo a la intimidad y a mostrarse vulnerables porque en su infancia, las muestras de esto no eran bien recibidas y se les atacaba, humillaba, despreciaba y/o etiquetaba de débiles. Por eso, de adultos suelen apartar/enterrar tener intimidad y mostrarse vulnerables con los demás.

Sin embargo, sigue habiendo una necesidad inconsciente de esto, que se manifiesta cuando comparten de más, contando algo sobre sí mismas que es demasiado íntimo para el contexto o proporcionando demasiada información personal a personas a las que apenas conocen y que podrían acabar utilizando esa información en su contra. Por otro lado, normalmente se pueden mostrar muy frías y distantes con los demás, no compartiendo nada en absoluto sobre sí mismas, completamente cerradas a lo que podría ser crear un vínculo sano con otra persona. En el fondo de lo que siente una persona que comparte de más, es la necesidad de pertenecer.

Si bien la persona que comparte en exceso puede sentirse momentáneamente más cerca de la persona con la que está compartiendo:

  • No se está auto-protegiendo al no interactuar con los límites apropiados, y
  • No está teniendo en cuenta el impacto que tendrá en los demás su conversación. Es un comportamiento contraproducente.

Vulnerabilidad vs Compartir Demasiado

La vulnerabilidad es una cualidad que acerca a las personas y las hace sentir más conectadas. Compartir demasiado provoca lo contrario. Es una experiencia incómoda e insatisfactoria para ambas partes. Puede dejar a la persona en el extremo receptor del intercambio excesivo desconcertada acerca de por qué la otra persona le está diciendo esto, impotente para darle el apoyo que desea o necesita, y/o cargada con demasiadas expectativas.

También deja expuesta a la persona que hace el intercambio excesivo: confía experiencias personales e información a alguien que no conoce, y si no obtiene la validación y la reciprocidad que busca, termina sintiéndose abandonada.

Brené Brown escribe en su libro “Daring Greatly” cómo la valentía de ser vulnerables tiene el poder de transformar la forma en que vivimos, “Compartir de más no es mostrarse vulnerable. De hecho, a menudo resulta en la desconexión y la desconfianza”.

Usar la vulnerabilidad no es lo mismo que ser vulnerable. Es lo opuesto, es una armadura.

Cuando estamos “siendo vulnerables” con un motivo ulterior, estamos siendo manipuladores. Cuando sólo somos vulnerables, estamos siendo auténticos. Y ser auténtico es la forma en que realmente desarrollamos una sincera intimidad con otra persona.

Cómo dejar de Compartir en exceso y atenerse a la Vulnerabilidad

Brené ofrece una selección de preguntas que podemos hacernos para dejar de compartir (y las consecuencias negativas) antes de que suceda. Estas preguntas son para las personas que se den cuenta de que tienden a compartir demasiado:

  • ¿Para qué estoy compartiendo esto?
  • ¿Qué resultado estoy esperando?
  • ¿Qué emociones estoy experimentando?
  • ¿Mis intenciones se alinean con mis acciones?
  • ¿Hay un resultado o respuesta que estoy esperando por parte de la otra persona?
  • ¿Esto que estoy compartiendo lo hago para conectar con la otra persona?
  • ¿Estoy realmente pidiendo a las personas en mi vida lo que necesito?
  • ¿Nuestra relación tiene la confianza suficiente para tener este tipo de tema de conversación?
  • ¿Cuáles son realmente mis expectativas aquí?

Fuente: http://www.becomingwhoyouare.net

¿Estás ejerciendo el Rol del Padre o la Hija en tu Relación de Pareja?

El rol de la madre y el hijo en la relación de pareja

Los conflictos que se dan en el ámbito de la pareja son complicados. Pero hay una dinámica que puede ser un poco más fácil de entender. Muy a menudo, las parejas experimentan problemas cuando una persona asume el papel de padre y la otra el papel de hija. Entender esta dinámica puede arrojar luz sobre cómo puede estar interfiriendo en tu relación y disminuyendo tu amor, respeto y atracción hacia tu pareja.

Muchos de nosotros podemos relacionarnos con los escenarios en los que uno de los compañeros está siendo padre, es decir, adopta el rol en el que es instructivo, superior o incluso disciplinario en su estilo de relación. Tienden a ofrecer muchos consejos o asistencia basados ​​en una inclinación general para cuidar o dirigir a la otra persona. Con frecuencia, pueden sobrepasar los límites y hacer demasiado por su pareja, a menudo viendo a la otra persona de manera crítica, como impotente o irresponsable. Un compañero paterno puede tener una tendencia a ser correctivo, diciéndole a la otra persona lo que “debe” hacer o “debería” haber hecho.

La pareja en un rol más infantil puede llorar, desmoronarse o usar estrategias pasivo-agresivas para salirse con la suya. A menudo se sienten victimizadas, impotentes y dependientes de su pareja. Pueden comportarse de maneras rebeldes o irresponsables, provocando a su pareja e incitando a la otra persona a intervenir y hacerse cargo. Cuando se enfrentan, la persona infantil puede sentirse fácilmente herida o enfadada, lo que es más probable que provoque una reacción “a lo padre” por parte de su pareja, que dentro de esta dinámica disfuncional, se lo tomará como una provocación o un “desacato” a su autoridad.

Es fácil ver cómo cualquiera de las personas atrapadas en esta dinámica agrede al otro, creando un ciclo repetitivo doloroso. Como la mayoría de los conflictos de pareja, es difícil culpar, porque ambas personas tienen quejas válidas sobre el otro. Lo mejor que se puede hacer en este caso es observar el patrón de comportamiento y reconocer las formas en que perpetuamos el ciclo ejecutando nuestra mitad. Para hacer esto, debemos observar los comportamientos específicos asociados con la dinámica padre-hijo, así como el comportamiento por el que podemos esforzarnos por disfrutar de una relación más sana y equitativa.

Si quieres ayuda para sobrevivir a padres narcisistas, quizás con este artículo te des cuenta de que para ti tu pareja es emocionalmente como tu padre/madre narcisista.

Dinámicas en una relación de pareja con los roles de padre e hija

Controlador vs Pasivo-Agresivo

  • Una persona en un rol infantil a menudo será más pasiva y dependiente, buscando ser dirigida por el otro o ser atendida por su pareja. Cuando esta persona está en un modo infantil, puede tender a desmoronarse y odiarse a sí misma o a malhumorase cuando se le da un feedback sobre su comportamiento.
  • Es más probable que una pareja que ejerce el rol de padre o madre se esfuerce y obligue a su pareja a hacer lo que “deben”. Una pareja paterna puede estar cerrada a otros puntos de vista, estar a la defensiva o incluso castigar cuando recibe un feedback sobre su comportamiento. Pueden contraatacar en relación a sugerencias o críticas que se les hacen.
  • Es útil para ambas personas tratar de permanecer no defensivas y con una actitud de apertura. En un modo adulto, ambas personas muestran curiosidad y están dispuestas a explorar las opiniones de su pareja, y ambas aceptan una crítica constructiva que puede ayudarles a crecer individualmente y en su relación.

Irracional vs demasiado racional/moralista

  • Una persona en un modo infantil a menudo es dominada por sus propias emociones, que la suelen llevar a perder la noción de lo que realmente está sucediendo o lo que más le interesa.
  • Una persona en el modo de padre/madre puede ir demasiado lejos al otro extremo, enfocándose excesivamente en ser “racional” a expensas de los sentimientos. Pueden volverse cínicos, críticos o moralistas, lo que frustra aún más a la pareja que se siente más activada emocionalmente.
  • Hay un equilibrio para ambas personas, que pueden esforzarse por ser racionales y estar en contacto con sus sentimientos. Idealmente, los adultos experimentan sus emociones, pero no se dejan llevar por ellas sino que las gestionan y se hacen responsables cada uno de las suyas.

Demasiado Directivo vs Sin Dirección

  • A una persona en el modo infantil le puede resultar difícil concentrarse o descubrir lo que quiere y cómo conseguirlo. Pueden operar como un “barco sin rumbo”, luchando por encontrar su camino.
  • Una persona paternalista puede abordar las actividades de manera más rígida o sin alegría, convirtiendo los deseos y metas en “deberes”, sin que haya ningún disfrute en lo que hace.
  • Cada persona, y la relación en sí, están mucho mejor cuando ambas partes se mantienen en contacto con sus deseos y necesidades individuales, formulando e implementando metas al tomar las acciones apropiadas para lograr satisfacer esos deseos y necesidades.

Poder Negativo Encubierto vs. Dominante

  • Alguien que asume un rol parental a menudo puede ser mandón. A veces, incluso puede llegar a abusar del poder, intimidando al otro a través de la rabia o la agresión.
  • Una persona que se siente como un niño en la situación puede intentar manipular al otro jugando a la víctima. Esta persona puede controlar a otros a través de la debilidad y puede desmoronarse en un esfuerzo por obtener lo que quiere.
  • Ambos patrones son destructivos. En lugar de afirmar el poder sobre el otro, cada persona debe esforzarse por tener un poder personal, en el cual ambos toman el control total de su existencia y cambian cualquier comportamiento que no les guste. Si desarrollan un sentido de poder personal, ambas personas se sentirán más fuertes en sí mismas y sabrán que pueden dirigir sus propias vidas.

Cuando las parejas comienzan a darse cuenta de que se están involucrando en estos patrones, tienen la tendencia de culpar al otro o a pensar que terminar la relación es la mejor solución. Sin embargo, si simplemente exteriorizamos el problema o dejamos de intentar mejorar nuestra relación, nunca cambiaremos el problema subyacente de nuestras propias defensas. Y en las relaciones futuras, tenderemos a recrear rápidamente la misma dinámica. Sin embargo, para romper este ciclo en una relación actual o evitar que se repita en una relación futura, podemos reconocer nuestros propios comportamientos y que podemos cambiar los ciclos perjudiciales cambiándonos a nosotros mismos.

Necesitamos comenzar con la compasión por nosotras mismas. Nuestra tendencia a actuar como niños o padres surgió de las defensas que formamos para adaptarnos y sobrevivir en nuestras infancias. En familias disfuncionales como la familia narcisista, es muy frecuente la práctica de infantilizar a los hijos cuando ya no son niños o de parentificarlos, inviertiendo el rol que les corresponde de forma natural.

Es posible que estas adaptaciones nos hayan servido para sobrevivir en la infancia, pero nos están perjudicando y limitando en nuestras relaciones adultas. Cuando nos involucramos en el comportamiento paterno o infantil, estamos perpetuando una dinámica poco sana. Sin embargo, conocer las formas en que nos involucramos en estos patrones y cambiarlos activamente puede realmente transformar nuestra relación. Es posible que nos cause ansiedad el hecho de mostrarnos vulnerables al hablar de estas dinámicas, lo cual supone renunciar a las defensas de nuestro pasado y mostrarnos como adultos abiertos con nuestra pareja. Pero al hacerlo, creamos una oportunidad real de lograr el amor y la cercanía que decimos que queremos.

Si estás en una relación con dinámicas de este tipo, recuerda que la otra persona que está en el rol opuesto, te hace de espejo a tu propio rol y que cada relación es una oportunidad para cambiar tu comportamiento y tu forma de estar en ellas. Las dinámicas que no se sanan en una relación, de un modo u otro, se repetirán en tu vida.

Nota: Hay que tener en cuenta que el artículo está enfocado en las relaciones de pareja pero estas dinámicas padre/hija, madre/hijo, padre/hijo, madre/hija se pueden dar en otros contextos en los que hay un vínculo, como las relaciones de amistad, de trabajo, de familia, de convivencia en un piso,…

Si quieres ayuda para sobrevivir a padres narcisistas, te invito a que te hagas esta pregunta: ¿En cuántas de tus relaciones ejerces como el padre o la hija de la relación?

Fuente: https://www.psychologytoday.com

8 Secuelas de las Personas que han sufrido Abuso Emocional en la Infancia

El abuso emocional tiene efectos muy profundos en una persona. Supone una pérdida de autoestima y altera enormemente la capacidad para construir una identidad personal propia. Una parte muy importante de la terapia si eres hijo o hija de narcisistas es aceptar el abuso/maltrato del que fuiste víctima en tu infancia.

Ser víctima de abuso emocional en la infancia es algo que deja huellas en la personalidad que llegan hasta la edad adulta y que, si no se tratan en terapia, acompañan a una persona toda su vida. El abuso es algo intergeneracional, que se pasa de padres a hijos. Finalizar el ciclo de abuso es posible con terapia y trabajo personal.

Hay algo diferente en la forma en que las personas que han sufrido abuso/maltrato en la infancia miran el mundo. La mayoría aún se sienten atrapadas, como en su infancia. Se trata de una prisión que ellas mismas se han creado, bien teniendo relaciones con personas abusivas o bien en su propio cerebro, con patrones  de comportamiento como la indefensión aprendida o la profecía auto-cumplida.

Entonces, ¿cómo se refleja el abuso emocional más adelante en la vida? Las personas que han sufrido abuso/maltrato emocional en la infancia por lo general exhiben estas secuelas. Si has sido abusado emocionalmente de niña, es posible que reconozcas estas secuelas en ti. Si eres hijo o hija de narcisistas y estás buscando psicoterapia, es probable que te reconozcas en estas 8 secuelas.

8 Secuelas de las Personas que han sufrido Abuso Emocional en la Infancia

      1. Sensibilidad a los ruidos

        Los ruidos altos te ponen en alerta, en estado de hipervigilancia. Durante tu infancia hubo a tu alrededor muchos gritos y golpes. Esto te ha hecho muy sensible, en especial a los sonidos que oyes de adulto y que se parecen a los del abuso de tu infancia.

        Te encantan los lugares pacíficos y silenciosos. Es donde te puedes relajar y tú mismo tiendes a ser muy silencioso, como un gato. No te suele gustar la música a un volumen alto (o sólo por un rato), las personas gritonas o los sitios bulliciosos. Tiendes a agobiarte con facilidad.

      2. Evitar el contacto visual

        Te resulta muy difícil mantener el contacto visual con las personas.  Sueles mirar hacia cualquier otro lado que no sean los ojos de tu interlocutor.

        Durante tu infancia, pasaste por muchas escenas de vergüenza intensa y humillaciones, lo que hace que, ahora de adulta, cuando miras a alguien de forma directa, experimentes de nuevo esa vergüenza intensa. Es una vergüenza que va más allá de algo sano, se trata de vergüenza tóxica.

      3. Introversión/Comportamiento antisocial

        Haber sido muy dañado y traicionado por tus padres/cuidadores (o por uno con el consentimiento del otro) no es algo que te haya dejado precisamente con un corazón abierto y dispuesto a confiar.

        Puedes ser muy frío y distante en tus relaciones con los demás y tiendes a encerrarte en ti mismo. Paradójicamente, cuando has confiado en alguien, en muchas ocasiones no ha sido la persona adecuada para hacerlo y has confiado de más, dando mucha información a alguien que en realidad no conocías bien y que ha terminado utilizándola en tu contra.

      4. Falta de autoestima

        Durante tu infancia, te repitieron mucho frases del tipo “No vales para nada”, “Eres un fracaso”, “A ti quién te va a querer” y de adulta te las sigues diciendo a ti misma.

        Te cuesta recibir cumplidos, tienes una auto-imagen distorsionada de ti misma, no tienes mucha confianza y le das demasiada importancia a las opiniones que tienen los demás sobre ti.

      5. Evitar el conflicto

        No importa el daño que te esté haciendo la otra persona, prefieres evitar el conflicto par que no se enfaden contigo, ya que no puedes soportar estar en situaciones tensas. Tu infancia está tan llena de escenas tensas, que prefieres evitar la situación y no expresarte.

        En lugar de afrontarlo para tratar de encontrar una solución, o bien te quedas en la relación en modo “aguantar” o bien te vas, huyes en lugar de afrontar el problema y tratar de solucionarlo.

      6. Dudar de todo

        Tomar decisiones es algo difícil para ti. Tiendes a dudar mucho y a perderte analizando los “pros” y los “contras” de algo. Tienes mucho miedo de cometer errores y en muchas ocasiones son otras personas las que toman las decisiones por ti.

        Debido a la falta de autoestima, te cuesta creer que eres capaz de tomar buenas decisiones. Es por eso que a menudo te escapas de algunas responsabilidades que requieren una actitud decisiva.

      7. Pedir perdón constantemente

        Otro síntoma típico del trauma por abuso infantil es tu necesidad de disculparte por todo, incluso cuando alguien no te está respetando. Esto lo haces en parte para evitar el conflicto y en parte porque tiendes a echarte toda la culpa de lo que te ocurre con los demás, sea lo que sea.

        La dinámica que se establece entre un padre/madre abusivo y al hijo/hija del que abusa es de dominación-sumisión. En esta dinámica el niño aprende desde muy pequeño que cuanto más sumiso sea, tiene menos posibilidades de ser atacado, por lo que si pide perdón por cualquier cosa, sabe que está reduciendo la posibilidad de un ataque o una agresión (no sólo física sino también verbal y/o emocional.

        Esta dinámica se lleva hasta la etapa adulto, en la que te disculpas y das las gracias constantemente y por casi cualquier cosa, cuando no hay ninguna necesidad para ello.

      8. Arrebatos de rabia

        A veces reaccionas de forma desproporcionada con rabia frente a lo que consideras ataques de los demás. No sueles gestionar tu rabia y cuando la expresas, lo haces de una forma descontrolada. Sientes una rabia inconsciente que se apodera de ti. Te enfadas con los demás por una rabia más profunda que pertenece a tu infancia.

        La verdad es que no fue tu culpa que te abusaran de niña. Tus padres (o padre o madre) te manipularon para justificar el abuso/maltrato que te hacían haciéndote sentir que el abuso era culpa tuya. Pues bien, no es así. En realidad, es su responsabilidad no haber sabido cuidar mejor de ti. No se trata de echarles la culpa a ellos tampoco, sino de hacer consciente de que esa situación te hizo un daño que no merecías y que fue justificado con manipulaciones. Tus padres, muy probablemente, fueron a su vez víctimas de abuso/maltrato infantil y repitieron contigo de forma inconsciente lo que les hicieron a ellos.

      Hay maneras de salir de la prisión mental y emocional que te has construido. Si quieres psicoterapia porque eres hijo o hija de narcisistas, en ella podrás hacer conscientes al abuso y expresarte emocionalmente para liberar las emociones que tienes atascadas dentro de tu cuerpo. Sólo necesitas desearlo y creer que una vida mejor es posible para ti dejando atrás, por fin, tu infancia. No para negarla u olvidarla sino para reubicarla en el lugar que le corresponde: tu pasado, no tu presente ni tu futuro.

Fuente: https://curiousmindmagazine.com

La única forma en que le puedes ganar a una Persona Tóxica es no jugando. 8 Formas de Tratar con Personas Tóxicas.

Cuando se trata de personas tóxicas, como narcisistas, psicópatas y sociópatas, es conveniente reconocerlas temprano para evitarte problemas. Estas personas están heridas, no tienen una clara percepción sobre sí mismas y los demás, se mueven desde la manipulación, la dominación, la mentira y el control y usan los juegos mentales para obtener lo que quieren. Si quieres obtener recuperación después del abuso narcisista, lo más sano es hacer terapia.

¿La única forma en que puedes ganar en su juego? Negarte a jugar.

Si te sientes así, probablemente te encuentres cerca de una persona tóxica (narcisista, psicópata o sociópata). Tienes miedo cuando estás cerca de ellas, estás constantemente enfada y te sientes agotada, sientes que siempre tienes que “andar con pies de plomo” cuando están cerca, no aceptan el ‘no’ como respuesta, sientes que tienes que demostrar constantemente lo que eres o que eres válida y te sientes negativa con respecto a ti misma.

Necesitas ser inteligente para no dejar que te alcancen. Pueden dejarte herido emocionalmente si te involucras en su juego.

Si por tu situación personal, aún no puedes tener contacto cero con alguna persona tóxica, aquí tienes 8 formas efectivas de cómo tratarlas.

  1. Pon Límites

    A las personas tóxicas les gusta hablar de forma infinita sobre sí mismas. “Vomitan” de forma incesante. No es un diálogo. Es un monólogo. Buscan receptores humanos que les escuchen indefinidamente. Se comportan de forma abusiva en esa necesidad de que se les escuche. Muchas veces ni siquiera dicen nada o son todo mentiras o conversaciones en bucle.

    Si crees que la conversación está siendo abusiva y te está dejando agotada, permítete levantarte e irte. Lo mejor es una excusa para que no intenten retenerte del tipo “Me tengo que ir”.

  2. Ignóralas

    A las personas tóxicas les encanta ser el centro de atención. Cuando están en una fiesta, en la oficina, en cualquier reunión social,…  les gusta que se enfoquen en ellos. La mejor manera de tratar con ellas es no darles lo que quieren. Es decir, ignóralas. Ignora su necesidad y no les prestes atención en absoluto. Si ven que no cubres su necesidad, simplemente cambiarán de objetivo y se buscarán a otra persona que le preste atención.

    Las personas tóxicas a menudo tienden a insultar o menospreciar a los demás para sentirse por encima y mejores que los demás. Critican mucho. Dicen frases como:

    Nunca me vestiría así. Vaya mal gusto. La organización es un desastre.

    Simplemente, ignóralas.

  3. No intentes Descubrirlas o Exponerlas

    Si estás en presencia de una persona tóxica y sabes que te está mintiendo, déjala que mienta. Nunca funcionaría tratar de convencerlas de lo contrario y exponer sus mentiras.

    Lo mejor es no preocuparse por sus mentiras. Tú sabes tu verdad, déjalos tener sus mentiras. No pierdas tu tiempo y energía confrontándolas. Te meterás en una guerra emocional sin fin. Es mejor seguir la corriente “como a los locos”.

  4. No Confíes en Ellas 

    Toda la información personal que le das a una persona tóxica es material que utilizará para manipularte. Puede hacerlo “de buen rollo”, para generara dependencia. Por ejemplo, sabe que tienes falta de autoestima y de vez en cuando te halaga, o “de mal rollo”, es decir, sabe cuáles son tus debilidades o puntos flacos y es justo a donde irá cuando quiera hacerte daño. Es decir, en el mismo caso de la autoestima, lo utilizará para bajarte la moral con frases del tipo:

    No vales para nada o ¿A ti quién te va a querer?

  5. No asumas la Culpa de lo que no te corresponde

    Las personas tóxicas son maestras en culpar a los demás. Justifican sus acciones como sea, sacándose la culpa de encima y buscan a un objetivo al que echársela.

    Con una persona tóxica no hables de culpa sino de responsabilidad. Si te corresponde asumir la responsabilidad por algo, hazlo, pero no dejes que te manipulen para asumir la culpa por temas o acciones que no te corresponden.

  6. No intentes Complacerlas

    Es natural que las personas tóxicas sean un día amorosas contigo, y al día siguiente te dejen preguntándote qué has hecho mal porque han dejado de hablarte de forma repentina. Se trata de un juego mental en el que es mejor no entrar. Sino acabarás intentando complacer a una persona que es imposible de complacer porque es eso a lo que juega.

    Cuando le preguntes qué le pasa, si responde “nada” o se niega a responderte, déjala. Las personas tóxicas normalmente cambian su forma de tratarte para que entres en su juego de manipulación. No les dejes.

  7. No Participes en su Drama

    Las personas tóxicas buscan pelea de forma consciente o inconsciente para poder descargar su rabia en ti. Buscarán la excusa que sea para justificar su enfado contigo. Sin embargo, es peligroso entrar en esta dinámica porque son personas sin empatía y que no se responsabilizan del daño que le hacen a los demás.

    La mejor solución es no involucrarse en la pelea en absoluto. Si de alguna manera te encuentras en esa situación, simplemente distánciate o manifiesta cómo te sientes con esa situación de una forma asertiva.

  8. No entres en su Juego

    No puedes ganarle en el juego a una persona tóxica, simplemente porque tú sí tienes empatía y no te interesa relacionarte con los demás con dinámicas de poder y control. Entonces, lo más sano que puedes hacer para ti es distanciarte física y emocionalmente de ellas. Así evitarás que te dañen emocionalmente.

Esto se aplica en el caso de que aún tengas contacto con una persona tóxica (narcisista, psicópata o sociópata). Si lo que buscas es unarecuperación después del abuso narcisista, lo más sano es hacer terapia. En la terapia verás cuáles son tus patrones para acabar interactuando con este tipo de personas y podrás sanar.

Fuente: https://curiousmindmagazine.com

¿Crees que puedes ser Codependiente? ¡Haz este test y Averígualo!

Qué es la Codependencia

¿Quieres saber cómo dejar de ser codependiente emocional? La codependencia es un comportamiento aprendido que se transmite de generación en generación en familias disfuncionales. Es una condición emocional y de comportamiento que afecta la capacidad de una persona para tener relaciones sanas y mutuamente satisfactorias. También se conoce como “adicción a las relaciones” porque las personas con codependencia a menudo forman o mantienen relaciones que son unilaterales en el sentido de que una de las personas casi sólo da y la otra casi sólo recibe, emocionalmente destructivas y/o abusivas. La codependencia es una condición aprendida que se puede sanar pero requiere de un trabajo personal para ello.

¿A quién afecta la Codependencia?

Originariamente, el término codependencia se utilizó para describir a la pareja, pariente, amigo, o un compañero de trabajo de una persona afectada por una adicción al alcohol o las drogas. Se observó que las personas que tenían una relación estrecha con la adicta, tenían a su vez comportamientos adictivos hacia su relación con el adicto. Se han observado patrones similares en personas en relaciones con personas con enfermedades crónicas o mentales. Hoy, el término codependiente se ha ampliado para definir a las personas que han crecido en familias disfuncionales y con unos ciertos patrones de comportamiento de desempoderamiento, dependencia emocional y falta de autoestima.

¿Qué es una Familia Disfuncional y cómo conduce a la Codependencia?

Una familia disfuncional es aquella en la que los miembros sufren de miedo, ira, dolor o vergüenza que se ignora o se niega. Los problemas subyacentes pueden incluir cualquiera de los siguientes:

  • Una adicción de uno de los miembros a las drogas, el alcohol, las relaciones, el trabajo, la comida, el sexo, el juego,..
  • La existencia de abuso físico, emocional o sexual.
  • La presencia de un miembro de la familia que padece una enfermedad mental o física crónica.

Las familias disfuncionales no reconocen los problemas que hay en ellas. No hablan de ellos ni los afrontan. Como resultado, los miembros de la familia aprenden a reprimir las emociones y a ignorar de sus propias necesidades. Se convierten en “supervivientes”. Desarrollan conductas que les ayudan a negar, ignorar o evitar emociones difíciles o displacenteras. Se abandonan sí mismos. No hablan No se tocan. No afrontan las cosas. No se sienten. No confían. Ni en los demás ni en sí mismos. La identidad y el desarrollo emocional de los miembros de una familia disfuncional a menudo se inhiben. Por eso, los miembros, de adultos, tienen dificultades para su gestión emocional y problemas para saber quiénes son.

La atención y la energía se centran en el miembro de la familia que está enfermo o es adicto. La persona codependiente típicamente sacrifica sus necesidades para cuidar a una persona enferma. Cuando los codependientes colocan la salud, el bienestar y la seguridad de otras personas antes que las propias, pueden perder el contacto con sus propias necesidades, deseos y sentido de sí mismas.

¿Cómo se comportan las personas Codependientes?

Las personas codependientes tienen baja autoestima y buscan estímulos en el exterior que las hagan sentirse mejor con respecto a sí mismas. Les resulta difícil “ser ellas mismas”. Muchas de ellas terminan desarrollando una adicción que “tapa” todos estos problemas.

Una persona codependiente suele cuidar a otra persona que está experimentando dificultades (en muchas ocasiones, esta otra persona tiene Trastorno Narcisista de la Personalidad), pero el cuidado se vuelve compulsivo y adictivo. Los codependientes a menudo asumen el papel de mártires y de “buenos/buenas” que “cuidan” al otro. Algunos ejemplos pueden ser: Una esposa puede cubrir a su esposo alcohólico; una madre puede poner excusas para un niño ausente; o un padre puede “echar mano de influencias” para evitar que su hijo sufra las consecuencias de una conducta delictiva.

El problema es que estos repetidos intentos de rescate permiten que la persona a la que ayuda continúe con la misma dinámica y se vuelva aún más dependiente de la atención poco saludable del “benefactor”. A medida que se fortalece el vínculo, el codependiente desarrolla un sentido de recompensa y satisfacción de “ser necesario”. Inconscientemente, un codependiente cree que no tiene valía por sí mismo, por lo que cree que tiene que ayudar, cuidar o ser necesitado de alguna manera por otros para que le quieran. Cuando el cuidado se vuelve compulsivo, es posible que el codependiente se sienta sin elección e indefenso en la relación, pero es incapaz de romper con el ciclo de comportamiento que lo causa.

Características de las personas Codependientes

  • Un sentido de responsabilidad desmedido por las acciones de los demás.
  • Una tendencia a confundir el amor y la ayuda, con la tendencia a establecer relaciones con personas a las que cuidar o ayudar.
  • Una tendencia a hacer más de lo que les corresponde todo el tiempo.
  • Una tendencia a sentirse heridas cuando las personas no reconocen sus esfuerzos.
  • Una dependencia poco saludable de las relaciones.
  • Una necesidad extrema de aprobación, validación y reconocimiento por parte de los demás.
  • Un sentimiento de culpa al priorizarse a sí mismas o manifestar o ejercer derechos o necesidades personales.
  • Necesidad de controlar a los demás.
  • Falta de confianza en sí mismas y en los demás.
  • Miedo a ser abandonadas. Sentimientos de soledad patológica.
  • Dificultad para identificar sentimientos.
  • Rigidez, dificultad para adaptarse a los cambios.
  • Problemas con la intimidad y con poner límites a los demás.
  • Rabia crónica de la que no suelen ser conscientes.
  • Personalidad muy camaleónica. Pueden cambiar mucho dependiendo de con quién estén interactuando.
  • Comunicación pobre. Falta de coherencia entre lo que piensan, lo que dicen y lo que hacen. No suelen ser claros con los demás con lo que piensan a sienten. Muchas veces porque ni ellos mismos lo saben.
  • Dificultad para tomar decisiones, incluso para pequeñas cosas.

¿Crees que Puedes Ser Codependiente? Test de 20 Preguntas para Averiguarlo.

Si quieres saber cómo dejar de ser un codependiente emocional, lo primero es tener claro que lo eres. Ten en cuenta que esto no es un diagnóstico definitivo y que con la ayuda adecuada de una terapeuta, la codependencia es una condición que se puede sanar. Ten en cuenta que la codependencia cubre un espectro amplio, con lo que te corresponderá averiguar en qué punto del espectro te encuentras tú. A cuantas más de las siguientes preguntas respondas afirmativamente, hay más probabilidad de que seas codependiente:

  1. ¿Te callas para evitar discusiones? ¿Evitas el conflicto?
  2. ¿Le das demasiada importancia a las opiniones que tienen los demás sobre ti?
  3. Alguna vez has tenido una relación con una persona con un problema de adicción? ¿Hay alguna persona en tu familia de origen que también haya tenido o tenga un problema de adicción?
  4. ¿Alguna vez has tenido alguna relación (de amistad, pareja, trabajo,..) con alguien que te maltrata y/ se aprovecha de ti y/o abusa de ti y/o te menosprecia?
  5. ¿Buscas que los demás te validen en lugar de creer en ti?
  6. ¿Tienes dificultades para adaptarte a los cambios en general?
  7. ¿Te sientes rechazada con facilidad? ¿Si los demás no te demuestran constantemente que te quieren o que están ahí te sientes mal?
  8. ¿Dudas de tus capacidades para conseguir lo que quieres? ¿Tienes dificultades para identificar qué es lo que quieres?
  9. ¿Te sientes incómodo al expresar tus verdaderos sentimientos a los demás?
  10. ¿Alguna vez te has sentido “inadecuado”, como si “algo estuviera mal en ti” y no fueras digna de amor y atención?
  11. ¿Te sientes realmente mal cuando cometes un error? ¿Eres muy perfeccionista en todo lo que haces?
  12. ¿Tiene dificultades para recibir cumplidos o regalos?
  13. ¿Crees que las personas con las que te relacionas en tu vida irían cuesta abajo sin tu esfuerzo constante? ¿Tienes una necesidad compulsiva de ayudar/cuidar/cambiar a las persona que quieres?
  14. ¿Te cuesta mucho pedir ayuda a los demás?
  15. ¿Sueles tener problemas o una relación conflictiva con figuras de autoridad, como la policía o tu jefe/jefa?
  16. ¿Estás confundido acerca de quién eres o hacia dónde vas en tu vida?
  17. ¿Tiene problemas para decir “no” cuando los demás te piden algo?
  18. ¿Te dedicas a tantas cosas a la vez que al final no te centras de verdad en ninguna?
  19. ¿Sientes rabia con frecuencia por dentro y esto es algo que escondes frente a los demás?
  20. ¿Eres muy fiel a ciertas personas, quedándote en una relación a pesar de que te han hecho mucho daño?

¿Cómo se Sana la Codependencia?

Si quieres saber cómo dejar de ser un codependiente emocional, has de saber que, debido a que la codependencia está arraigada en la infancia de una persona, sanarla implica la exploración de las dinámicas con los padres/cuidadores en la infancia de la persona y su relación con los patrones de comportamiento tóxicos y autodestructivos en la edad adulta. También requiere identificar los roles asignados en la infancia por la familia de origen y ver cuáles de esos roles la persona adulta sigue adoptando de forma inconsciente en sus relaciones con los demás.

También hay una parte importante que supone reapropiarse de las emociones y aprender a gestionarlas. A las personas codependientes en su infancia no se les permitía expresar sus emociones, con lo que aprendieron a negarlas, reprimirlas, retroflectarlas (aplicase a uno mismo la emoción sentida en lugar de expresarla, es como “tragársela”). Muchos codependientes o bien tienen miedo de expresar sus emociones o bien no saben lo que sienten. Este trabajo es conveniente hacerlos en grupos coda, donde puedan verse identificados con los patrones de comportamiento y proporcionarse apoyo mutuo. Esto es aconsejable hacerlo de forma paralela a la terapia con una terapeuta que sepa sobre codependencia. Los grupos no sustituyen a la terapia individual y viceversa.

Fuente: http://www.mentalhealthamerica.net

La Disonancia Cognitiva

Qué es la Disonancia Cognitiva

El psicólogo social Leon Festinger fue el que acuñó por primera vez el término “disonancia cognitiva” en su obra “Teoría sobre la Disonancia Cognitiva”. Si quieres saber cómo comprender y sanar el abuso narcisista, en este artículo te explicamos en qué consiste la disonancia cognitiva y qué papel juega en las relaciones abusivas.

Para entender esta expresión, examinaremos cada una de las palabras en ella. “Cognitivo” se refiere a los pensamientos, mientras que “disonancia” tiene que ver con una tensión entre dos elementos. Juntas, las dos palabras significan una tensión entre pensamientos, sentimientos o conductas en desacuerdo. Por ejemplo, una persona que piensa “fumar mata” y fuma un paquete de tabaco al día, esto causa incomodidad y tensión internas.

Esta incomodidad es lo que se denomina disonancia cognitiva. Siguiendo con el ejemplo anterior, para resolver la incomodidad, la persona puede tener pensamientos del tipo “fumar no es tan malo”, “el mes que viene lo dejo” o “la culpa la tiene mi amigo, que fue el que me invitó a fumar por primera vez”. Otra forma de resolver la incomodidad sería dejar de fumar. Tanto una como otra resuelven la disonancia cognitiva. La primera supone utilizar mecanismos de defensa como la negación o la proyección. La segunda requiere de más esfuerzo para alcanzar la coherencia interna.

La Disonancia Cognitiva en una relación tóxica con un(a) Narcisista, Psicópata o Sociópata

Una persona que está siendo abusada por su pareja narcisista, psicópata o sociópata no quiere la situación que vive. Sin embargo, por cuestionarse a sí misma, o por miedo a estar sola o bien por todo lo que ya ha invertido en la relación, es posible que se quede.

Sobre lo invertido en la relación, no es lo mismo estar en las primeras semanas de una relación con alguien que tener un matrimonio y dos hijos en común. Cuanto más hayamos invertido emocionalmente en una relación con alguien, habrá una mayor tendencia a eliminar la disonancia cognitiva con mecanismos de defensa como la negación o la racionalización en lugar de dejando la relación.  La disonancia cognitiva, en este caso, se manifestará de la siguiente manera:

  1. Situación 1. Pensamiento Original : “Mi pareja narcisista, psicópata o sociópata me traiciona, es infiel, me miente y muchas veces es cruel conmigo. Esta persona, a pesar de que me dice que me quiere, no lo demuestra con sus acciones. Debería dejarle”. Acción: La persona no deja a su pareja narcisista, psicópata o sociópata. Resultado: Disonancia cognitiva porque no hay una coherencia entre lo que piensa/siente y lo que hace. Pensamiento para neutralizar la Disonancia Cognitiva: “Es sólo una mala racha. Ayer me gritó porque estaba enfadada pero hoy me ha traído flores. Todo va mejor. No puede evitar mentir y ser infiel.” Resultado Final: La persona no deja a la pareja narcisista a pesar del abuso/maltrato.
  2. Situación 2. Pensamiento Original “Mi pareja me traiciona, es infiel, me miente y muchas veces es cruel conmigo. Esta persona, a pesar de que me dice que me quiere, no lo demuestra con sus acciones. Debería dejarle”. Acción: La persona no deja a su pareja narcisista, psicópata o sociópata. Resultado: Disonancia cognitiva porque no hay una coherencia entre lo que piensa/siente y lo que hace. Acción para neutralizar la Disonancia Cognitiva: La persona deja a su pareja porque se da cuenta de que la relación no es sana para ella. Resultado Final: La persona termina la relación y deja de ser víctima de abuso/maltrato.

Muchos supervivientes/víctimas/codependientes, en algún momento de la relación experimentan muchas dudas y conflicto externo e interno. Quieren salir de una relación que es tóxica y dañina pero o no saben cómo hacerlo o no se atreven. La disonancia cognitiva que experimentan es muy intensa porque sienten mucho malestar emocional a causa del abuso, el maltrato y el gaslighting y a la vez se autoengañan y racionalizan la situación para quedarse en la relación a cualquier precio.

Además, para apoyar sus decisiones aparentemente irracionales de permanecer en la relación abusiva, la víctima/superviviente/codependiente realiza grandes inversiones en la relación, que hace que le resulte muy difícil abandonarla. Hay seis tipos de inversión en las que la víctima puede involucrarse, lo que ayuda a reducir su disonancia cognitiva:

  1. Inversión emocional: la víctima cree que el abuso y el trauma bonding son en realidad amor.
  2. Inversión social: la vida social de la víctima es la que tiene a través de su pareja narcisista, psicópata o sociópata. No tiene vínculos propios y no se ve con los recursos personales para forjarlos.
  3. Inversión familiar: la víctima tiene hijos con su pareja narcisista, psicópata o sociópata y no quiere romper la unidad familiar.
  4. Inversión económica: la víctima no tiene trabajo ni recursos financieros propios, con lo que depende económicamente de su pareja narcisista, psicópata o sociópata.
  5. Inversión en el estilo de vida: la víctima puede estar acostumbrada a unos ciertos estándares de vida proporcionados por su pareja narcisista, psicópata o sociópata que sabe que perderá si abandona la relación.

Cuanto más haya invertido la víctima en la relación traumática o algún interés suyo nuclear dependa de su pareja narcisista, psicópata o sociópata, más tendencia habrá, a pesar de que experimente momentos de disonancia cognitiva muy intensa, a neutralizar los pensamientos que le llevan a cuestionar la relación y el trato que se le da. También hay que tener en cuenta el patrón de desempoderamiento, de cuestionarse a sí mismas y de autolimitarse que tienen estas personas, que hace que neutralicen la disonancia cognitiva de pensamientos como:

“Me merezco que me traten bien”.”Esta persona dice que me quiere pero no es verdad”.”Esta persona me hace mucho daño con sus palabras o sus acciones”

Con pensamientos del tipo:

“A lo mejor estoy exagerando y mi pareja no me trata tan mal”.”Seguro que si le ayudo, al final mi pareja cambiará”.”Todas las mujeres/hombres son iguales”.

Si quieres saber cómo comprender y sanar el abuso narcisista, te vendría bien averiguar cuáles son los patrones de pensamiento que tienes tú que te llevan a neutralizar la disonancia cognitiva.

Cómo Gestionar la Disonancia Cognitiva

La disonancia cognitiva desempeña un papel en muchos juicios de valor, decisiones y evaluaciones en tu vida. Tomar conciencia de cómo las creencias en conflicto afectan el proceso de toma de decisiones es una excelente manera de mejorar tu capacidad para tomar decisiones y vivir tu vida de una forma más coherente, tener cambios y crecer como persona.

Por ejemplo, si crees que el ejercicio es importante para tu salud, pero rara vez tiene tiempo para la actividad física, puedes experimentar disonancia cognitiva. Esta incomodidad puede llevarte a buscar alivio al aumentar la cantidad de ejercicio que haces cada semana. En este caso, alterar tu comportamiento para aumentar la coherencia con tu creencia y reducir la disonancia cognitiva que experimentas puede desempeñar un papel positivo en tu vida. Para resolver la disonancia cognitiva también podrías generar pensamientos como “Empiezo el mes que viene” o “El ejercicio físico está sobrevalorado”. Todos estos mecanismos de resolver la disonancia cognitiva son inconscientes. A medida que los vayas haciendo conscientes, podrás decidir de forma más auténtica y real cómo disolver tu disonancia cognitiva.

Si estás en una relación tóxica con una persona con un trastorno anti-social como un(a) narcisista, psicópata o sociópata es posible, como hemos comentado más arriba, que en momentos concretos de la relación experimentes la disonancia cognitiva con mucha intensidad. Esos momentos se dan sobre todo en situaciones de crisis, cuando el vínculo te hace sufrir y cuestionas toda la relación. Puedes tomarte la disonancia cognitiva como un aviso de que hay algo que realmente no funciona en tu relación. Resolver la disonancia cognitiva dejando la relación es un paso que no es fácil de dar y probablemente necesitarás que una terapeuta te acompañe durante esta etapa de tu vida. Sin embargo, también será el primer paso para tu ejercer tu poder personal y para quererte. Si quieres saber cómo comprender y sanar el abuso narcisista, es más que probable que averiguar qué papel juega la disonancia cognitiva en tus patrones de conducta, te ayude.