persona complaciente

Cómo Dejar de Ser una Persona Complaciente

En este artículo vamos a definir a una persona complaciente y, si te sientes identificado o identificada, te doy pautas para dejar de serlo.

¿Crees que eres una persona complaciente?

Los características incluyen:

  • Decir que sí cuando realmente quieres decir que no.
  • Permitir que las personas transgredan tus límites.
  • Sueles priorizar las necesidades de los demás frente a las tuyas.
  • Evitar el conflicto a toda costa.
  • Utilizas mucho frases como: “En eso y soy como tú” o “A mí me pasa lo mismo”.

A menudo, no te das cuenta de cuándo el comportamiento de los demás te enfada y para cuando eres consciente del enfado, éste es tan grande, que puedes terminar relaciones de una forma tajante y abrupta.

En muchas ocasiones, esta compulsión por complacer a los demás tiene sus raíces en la infancia.

A las personas que han crecido en familias narcisistas/disfuncionales se les enseñó que cada vez que llevaban la contraria a las figuras de autoridad, eran castigadas. Esto hace que, inconscientemente, tengan en modo automático este personaje complaciente para evitar el conflicto, el rechazo o el abandono.

Estas personas suelen involucrarse en amistades y relaciones que no satisfacen sus necesidades, no se alejan de relaciones tóxicas y crean un “personaje” en lugar de su verdadero yo, su esencia. Estas personas creen que “yo soy así”, pero en realidad arrastran a ese personaje complaciente de infancia.

Dan mucho sin esperar apenas nada a cambio. Inconscientemente, lo que hacen es generar deuda emocional para que las otras personas las quieran y las necesiten porque no creen que tengan valor por sí mismas.

En muchas ocasiones, esta situación no es sostenible a largo plazo, ya que la persona complaciente acumula rabia de la que no es consciente, suele expresar de forma pasivo-agresiva y puede llegar a un punto de no aguantar más, en el que estalla. Luego vuelve al personaje complaciente hasta “llenar su vaso” y así una y otra vez de forma cíclica.

Complacer a la gente esencialmente nos priva de la capacidad y el derecho a participar en un autocuidado personal saludable. Nos lleva a satisfacer las necesidades de los demás sin hacernos cargo de las propias.

Ser una persona complaciente es como gritar a los cuatro vientos que buscas que los demás abusen de ti y te maltraten. Por esto, las personas complacientes suelen terminar en relaciones tóxicas y abusivas, donde, en el otro extremo del espectro, están las personas con Trastorno Narcisista de la Personalidad (u otro en el grupo B del DSM), que buscan que otro se sobreadapte a ellos y normalice el abuso o el maltrato.

Salir de este tipo de relaciones es muy difícil por temas relacionados con el ciclo de abuso como el vínculo traumático o trauma bonding, el refuerzo intermitente o el gaslighting o luz de gas, donde la persona complaciente, de forma inconsciente, está recreando su trauma de infancia.

Para cambiar esto, es necesario deshacerte poco a poco de ese personaje complaciente y descubrir tu autenticidad.

He aquí un pensamiento revolucionario: ¿qué pasaría si te dijera que tus necesidades y deseos son tan importantes como las personas a las que intentas complacer desesperadamente? ¿Qué pasaría si afirmara que toda tu existencia: tus metas, tus sueños, tus sentimientos, tus pensamientos son válidos pero como en tu infancia no te validaron tú sigues sin hacerlo? ¿Tan válidos como el amigo que intentas impresionar o el padre cuya aprobación buscas?

Las personas complacientes y su relación con el rechazo

Todas las personas buscamos la aprobación a veces y muchos de nosotros tememos el rechazo si nos atrevemos a mostrar nuestro auténtico yo. La ironía es que al esforzarnos por evitar el rechazo, terminamos rechazándonos a nosotras mismas. El problema surge cuando esto se convierte en un hábito y nos deja vulnerables a la manipulación, la explotación y la dependencia emocional.

Cuando no estás honrando a tu Verdadero Yo, te estás privando a ti mismo de conocer tu esencia, de estar contigo y de descubrir tu verdadero destino, que sólo se abrirá ante ti cuando llegues a tu núcleo. Te pasarás la vida interpretando a un personaje para agradar a los demás. Un personaje que tuviste que construir en tu infancia para sobrevivir pero que ya puedes soltar. Sino te pasarás la vida sin descubrir quién eres realmente.

¿Recuerdas esa regla en los aviones sobre los padres que se ponen sus máscaras de oxígeno antes de ponerles la máscara de oxígeno a sus hijos? Bueno, hay una razón simple para eso: tenemos que cuidarnos a nosotras mismas antes de poder cuidar a los demás. Si agotamos nuestras propias reservas hasta el punto en que no nos quede nada, no ayudaremos a los demás en absoluto, sólo crearemos vínculos disfuncionales y relaciones tóxicas.

El primer paso para minimizar complacer a los demás es aceptar que no podemos y no debemos gustar a todo el mundo. A algunas personas les gustarás y a otras no. Y así está bien. Tú también tienes este derecho. Tú también tienes tus propias preferencias, juicios, prejuicios, sentimientos y opiniones sobre los demás. Es importante aceptar los noes de otras personas igual que tú tienes derecho a decir que no.

Primeros pasos para dejar de ser una persona complaciente

  • Haz una lista determinando cuáles son tus límites personales en los diferentes tipos de relaciones que tienes en tu vida y, si alguien los sobrepasa, comunícaselo de forma asertiva.
  • Aprende a decir que no cuando no quieras, no puedas o no te apetezca hacer algo.
  • Observa con qué personas y situaciones adoptas el personaje complaciente de forma automática.
  • Comprométete a ser fiel a ti misma. Si dejar al personaje complaciente atrás hace que algunas personas quieran romper su vínculo contigo. No les gustabas tú sino el personaje, por lo que es mejor que se vayan.
  • Permítete comportamientos como estar más callado cuando estás cansado, no tener buena cara todo el tiempo, no alabar a los demás a cada paso o no hacer esfuerzos por quedar bien en cualquier contexto.
  • No tener una sonrisa de oreja a oreja para todo el mundo menos para ti puede ser un buen primer paso. Permítete estar seria. ¡Eres humana!

Fuente: selfcarehaven.com

Imagen de Natalie Kinnear en Unsplash

 

10  Comportamientos de las Personas que Buscan la Validación de los Demás

10 Comportamientos de las Personas que Buscan la Validación de los Demás

Debajo del comportamiento de las personas que solicitan la aprobación de los demás lo que hay es una falta de autoestima y un sentido de inferioridad.

Muchos supervivientes de familias narcisistas/disfuncionales se pasaron la infancia sintiéndose forzados a complacer a su padre/madre narcisista o ambos para poder sobrevivir en un entorno que era muy hostil. Para ellos, complacer y la búsqueda de validación eran algo “natural”. El padre/madre narcisista jugaba a esto constantemente condicionando el amor o castigando con temas muy delicados para un niño como abandono, rechazo o humillación si no conseguían la validación por parte del padre/de la madre narcisista.

Los adultos que crecen en este tipo de familias no creen en sí mismos y son hiper-críticos consigo mismos, por ello tienden a buscar la validación en otras personas, como lo hacían con su padre/madre narcisista.

Es posible que ni siquiera te des cuenta de que esto es algo para lo que te entrenaron, no algo con lo que hayas nacido. Quizás no seas consciente de las formas en las que alteras tu propio comportamiento u opiniones a favor de los de otra persona. Con este artículo te ayudamos a hacerlas más conscientes

10 Ejemplos de Comportamientos en los que buscas la Validación 

  1. Tomarte el desacuerdo personalmente.

    Cuando alguien no está de acuerdo con algo que dices o haces, ¿te lo tomas en serio como algo personal y terminas sintiéndote molesto o incluso insultado?

    Esta es una respuesta clásica de una persona complaciente porque, claramente, la búsqueda de aprobación ha fracasado. No es sorprendente, entonces, que te sientas herido. 

  2. Cambiar o adaptar tu punto de vista ante la aparente desaprobación.

    Has expresado tu opinión sobre algún asunto, importante o no, y alguien responde con una opinión contraria.

    ¿Defiendes vigorosamente tu posición o cambias ligeramente tu argumento para encajar mejor con los de la otra persona?

    La opinión de una buscadora de aprobación cambia dependiendo de con quién están hablando porque carece de confianza en sus propias convicciones y tiene miedo a alejar a otros adoptando una opinión distinta.

  3. Miedo a decir “no” por temor a la desaprobación.

    ¿Te sientes bien complaciendo? ¿Siempre dices “sí” cuando se te piden o proponen algo, cuando tu respuesta instintiva es en realidad decir “no”?

    El resultado final de este comportamiento es que te vas desgastando y, en última instancia, conduce al resentimiento por todas las cosas que te has comprometido a hacer cuando en realidad no querías.

    Ese resentimiento, si no eres consciente de él, es muy probable que lo acabes expresando de una forma pasivo-agresiva.

  4. No defender tus derechos.

    Para ti, ser un felpudo humano y dejarte pisar por quien sea que quiera hacerlo, es más fácil para ti que “no, no quiero esto” o “no, no te permito hacerme esto” y defenderte.

    No poner un límite y decir “no” solo refuerza tu falta de confianza en ti misma e incluso invita a comportamientos de abuso o de aprovecharse de ti por parte de otras personas. Al final, esto intensifica tu sentimiento de inferioridad.

  5. No te quejas cuando recibes un servicio o bienes insatisfactorios.

    ¿Cuántas veces te has quejado sobre la comida o el servicio en un restaurante, pero cuando el camarero te pregunta si todo está bien, simplemente asientes? O te has comprado algo que al final no te gusta pero no has tenido el valor de devolverlo a la tienda.

    Al no cuestionar estas cosas, estás reforzando tu propia falta de autoestima. Te estás diciendo a ti mismo que no tienes derecho a lo mejor de nada.

  6. Fingir que sabes o entiendes algo.

    Seguro que la escena te es familiar. Alguien te explica algo de lo que no tienes ni idea y en lugar de simplemente expresarlo, finges que ya conocías la película o que entiendes el chiste, cuando en realidad no es así.

    Lo que te dices a ti misma para tener esta clase de comportamiento es que el prejuicio de que “la gente es mala” y si confiesas la verdad, se van a reír de ti.

    En realidad, no tienes ni idea de cuál sería la reacción de la persona que te está explicando la peli o contando el chiste. Lo que estás haciendo con este comportamiento es proyectar en esa persona tu falta de autoestima.

  7. Sientes constantemente la necesidad de disculparte o dar las gracias. Incluso cuando no hay ninguna razón para ello.

    En tu versión de las cosas, siempre es tu culpa, ¿verdad? Tiendes a auto-inculparte de forma tóxica de todo lo que te rodea, en lugar de asumir tu responsabilidad cuando corresponde.También das las gracias por todo, a todas horas, a todo el mundo. En tu trabajo, con tus amigos, con tu pareja. Das las gracias por comportamientos que tú haces sin pedirlas y que son naturales en el vínculo que tienes con las personas. Una cosa es ser agradecido. Otra pedir a los demás que te perdonen la vida constantemente.

  8. Esperar cumplidos o esperar “pescarlos” y estar molesto por no recibirlos.

    Una persona que solicita aprobación puede intentar deliberadamente o inconscientemente que aquéllos con quienes está interactuando le digan algún elogio o piropo.

    Una extensión de este tipo de comportamiento es sentirte molesto cuando los cumplidos deseabas, no llegan.

  9. No saber afrontar ninguna crítica.

    Si tu objetivo es obtener la aprobación de los demás, entonces el concepto de crítica es completamente intolerable. Implica que has fracasado de alguna manera en lograr tu objetivo.

    El hipercriticismo al que fuiste sometido por tu familia narcisista de origen, te ha hecho extremadamente sensible a ellas.

    “La crítica es algo que puedes evitar fácilmente sin decir nada, sin hacer nada, sin ser nada”. Aristóteles.

    Si tomas nota del consejo de Aristóteles, aceptar las críticas es realmente vital para el progreso. Si te ayuda, puedes cambiar la palabra crítica, por “feedback”, que viene a ser una devolución. Si en una devolución te señalan algo a mejorar, seguramente así sea. Si estás rodeado de personas (jefe, amigos, pareja) que sólo te hacen críticas, quizás sea hora de que te replantees el vínculo. Un exceso de críticas sin aportar nada positivo sobre ti (que, como todas las personas, sí tienes) mina tu autoestima y sólo habla de la necesidad neurótica de la otra persona de ponerse por encima de ti.

  10. Comportarte de una manera que es contraria a tus propias creencias.

    Éste es un comportamiento típico de las niñas/adolescentes: unirse a la pandilla sólo para estar en medio de la gente “popular”, incluso si, en el fondo de tu corazón, no estás de acuerdo con lo que dicen y/o hacen o en realidad no tienes mucho en común con ellos. Eso es una cosa cuando eres una niña/adolescente, y otra muy distinta cuando eres una adulta.

    Una buscadora de aprobación puede encontrarse fácilmente en una situación en la que no sigue su corazón o su instinto. Sigue a su cabeza, que es complaciente con la gente, incluso si esto les crea un conflicto interno enorme.

Fuente: https://www.aconsciousrethink.com

Porqué es importante tener Límites Personales

Porqué es importante tener Límites Personales

Las personas que han crecido en familias narcisistas/disfuncionales, en muchos casos tienen problemas para poner límites y decir que no. Cuando intentaban hacerlo en la infancia eran severamente castigadas, ignoradas o abandonadas, por lo que tuvieron que adaptarse a ser personas complacientes y decir a todo que sí.

Si eres una de estas personas..

Es importante que aprendas a poner Límites. ¿Por qué?

  • Porque los límites personales saludables ayudan a mantener un autoconcepto positivo.
  • Porque puedes cuidarte mejor y no permitir que otras personas definan quién eres.
  • Porque los límites te permiten identificar y priorizar tus necesidades. Las personas con límites pobres tienden a tener poca conciencia de sus propias necesidades. Si no sabes lo que necesitas, no te lo podrás proporcionártelo a ti mismo.
  • Si antepones siempre las necesidades de los demás a las tuyas, eres un(a) codependiente que fue entrenado en su infancia para sentirse bien cuando “arreglaba” o “cuidaba” a su padre o madre narcisista/psicópata/sociópata.

Para empezar a poner Límites, evalúa tus necesidades

Haz un inventario de tus necesidades y creencias.

Cuando hagas esto, seguramente te darás cuenta de que te has pasado la mayor parte de tu vida anteponiendo las necesidades de los demás a las tuyas propias y que te ha importado más mantener una determinada imagen frente a los demás de persona “dura”, “valiente”, “autosuficiente”, “fuerte” antes que satisfacer tus propias necesidades. Por ejemplo, quizás no te atrevas a pedir un abrazo porque crees que pedirlo te hace parecer “débil” frente a la otra persona.

Si quieres evaluar tus propios límites, empieza por afirmar tus  necesidades. Te ayudará a establecer “una línea en la arena”, por así decirlo. Puedes empezar mirando la jerarquía de necesidades de Maslow. Por ejemplo, evalúa tu necesidad de pertenencia y aceptación. Examina cómo has satisfecho tu necesidad de amar y ser amada, así como la de ser respetada y tener respeto por ti misma. La pregunta es hasta qué punto tus límites ayudan o dificultan la satisfacción de tus necesidades.

Tipos de Límites Personales

Hay tres categorías de límites personales. Los límites pueden ser rígidos, porosos o saludables. En realidad, los límites sanos pueden ser un poco rígidos y/o porosos, según el contexto.

Saludables. Tienes límites saludables si:

  • Valoras tu propia opinión
  • No cuestionas o pones en peligro tus valores para priorizar los de otras personas
  • Compartes información personal de manera apropiada. Esto tiene que ver con no estar en los extremos, es decir, el de dar demasiada información sobre ti a alguien a quien apenas conoces (y que, si es un(a) narcisista/psicópata/sociópata la puede acabar utilizando en tu contra) o no das nada de información a pesar de que ya conozcas bastante a alguien, no abriéndote y no permitiendo que te conozcan y se establezca un vínculo sano
  • Aceptas que los demás te digan que no a ti

Rígidos. Tienes límites rígidos si:

  • Evitas la intimidad y las relaciones cercanas
  • Por lo general, no pides ayuda
  • Tiene pocas relaciones cercanas
  • Puedes parecer una persona distante y fría
  • Te distancias para evitar el rechazo

Porosos. Tienes límites porosos si:

  • Compartes información personal en exceso
  • Tienes dificultades para decir que no a lo que te piden los demás
  • Te involucras demasiado con los problemas de los demás e intentas arreglárselos continuamente
  • Toleras el abuso o las faltas de respeto

Debes tener en cuenta que la adecuación de los límites depende en gran medida de cómo, cuándo y en qué contextos los pongas. Lo que es apropiado cuando sales con amigos puede no serlo apropiado cuando estás en el trabajo. Las culturas tienen diferentes expectativas de límites. Por ejemplo, algunas culturas no expresan emociones públicamente mientras que otras culturas lo hacen.

Cómo establecer Límites Personales saludables

Confía y cree en ti mismo. Tú eres la máxima autoridad sobre ti mismo. Aprende a reconocer lo que necesitas, quieres y valoras. Reconoce que los límites saludables te permiten cuidarte mejor emocionalmente, mentalmente, físicamente y espiritualmente.

Como hija de padre o madre narcisista/psicópata/sociópata, fuiste “programada” para no creer en ti y dudar de tus necesidades, tus opiniones y criterios. Empodérate y reconoce a la adulta que eres hoy en día como la que tiene todo el derecho a decidir sobre sí misma.

Tus necesidades y sentimientos son tan importantes como las necesidades y sentimientos de las otras personas

Como hijo de padre o madre narcisista/psicópata/sociópata, fuiste “programada” para anteponer sus necesidades frente a las tuyas, esto es algo abusivo y que juega en tu propia contra. Tienes todo el derecho de, cuando lo consideres oportuno, anteponer tus necesidades a las de las otras personas.

Aprende a decir “No”. Cierta cantidad de “egoísmo” y de narcisismo sano es necesaria para tener límites personales sanos

Como hija de padre o madre narcisista/psicópata/sociópata, fuiste “programada” para decirles que sí a todo lo que te decían o te pedían. Si te negabas o te resistías, seguramente eras severamente castigada, ignorada y/o abandonada. Tienes todo el derecho a decir que no cuando no quieras hacer algo, te parezca abusivo o simplemente no sea lo que quieres hacer.

Tienes derecho a tener límites personales. Necesitas asumir la responsabilidad de cómo permitiste que otras personas te tratasen en el pasado

Ésta es una parte difícil. Como hijo de padre o madre narcisista/psicópata/sociópata, fuiste “programado” para creer que no tenías derecho a poner límites. Ya como adulto has seguido repitiendo esta dinámica con los demás porque es lo que conocías. Aceptar y reconocer todo lo que te has dejado hacer por los demás por no poner límites y decir que sí, aunque doloroso, es necesario para que veas que la responsabilidad de cuidarte es tuya y que puedes relacionarte de otra forma con los demás a partir de ahora.

Los límites son filtros que permiten lo que es aceptable en la vida y lo que no es aceptable. Tus límites te protegen y te definen. Necesitas establecer límites claros y decisivos que las otras personas los respeten y con ellos, a ti.

Los límites son la base del respeto a una misma. Una persona sin límites, sea consciente de esto o no, no se respeta y permite que los demás no le respeten tampoco.

Si no has puesto nunca límites en tu vida o lo has hecho cuando ya no podías más, es posible que al principio de ponerlos, lo hagas de una forma brusca y al hacerlo sientas miedo y culpa. Acompaña esos sentimientos, no los resistas. Ya verás cómo, poco a poco, cada vez que pongas un límite lo harás de una forma menos torpe y más asertiva y sentirás menos miedo y menos culpa.

Las personas que no estén acostumbradas a que les pongas límites, no les gustará tu nuevo comportamiento, como a tu padre o madre narcisista/psicópata/sociópata. Si mantienes tu posición, aunque sea duro para ti y esté fuera de tu zona de confort, algunas acabarán aceptándolo. Otras probablemente no, e intentarán que vuelvas a los viejos comportamientos con chantaje, manipulación o castigos encubiertos. Es una fase. Al final, poner límites es un buen filtro para saber qué vínculos son sanos en tu vida y cuáles son tóxicos y por eso lo mejor para ti es dejar esas relaciones.

Fuente: https://www.psychologytoday.com

personas complacientes

¿Qué les pasa a las Personas Complacientes?

Las personas narcisistas tienden a relacionarse con personas sumisas y complacientes. ¿Te resuena el término de “persona complaciente”? Entonces sigue leyendo… 

 Características de las personas complacientes

  • Centradas en las necesidades de los demás. Las personas complacientes tienden a tener una consciencia elevada de las emociones y los estados de ánimo de las personas que tienen a su alrededor. No me refiero a lo que se conoce como “empath” ni nada de eso. Simplemente que siempre son conscientes del estado de ánimo y emociones de las personas a las que tienen alrededor.
  • Evitan el conflicto. Se dan cuenta de los potenciales conflictos y apagan las llamas antes de que las cosas puedan llegar a explotar. Se dan cuenta de cuándo las otras personas se disgustan y hacen todo lo que pueden por evitarlo. Ceden todo lo que haga falta para evitar que la situación se ponga tensa.
  • Culpa. Tienden a sentirse demasiado culpables por todo, incluso por cosas que ni siquiera han hecho. Se sienten especialmente culpables cuando reclaman sus necesidades.
  • Dudan sobre sí mismas. La mayoría de las veces dudan sobre sus propios sentimientos e intuiciones, especialmente si esto les lleva a decir algo “negativo”, por ejemplo, si valoran ponerle un límite a alguien, se pasarán días decidiendo si lo ponen o no y si se deciden a hacerlo, una vez hecho, le darán vueltas al hecho de si han demasiado duras o han actuado correctamente.
  • Perfeccionistas. Tienden a pensar que todo lo que hacen, lo tienen que hacer a la perfección. Cometer errores les hace sentir que son personas defectuosas.
  • Baja autoestima. Se apoyan demasiado en la validación externa para sentir que son lo “suficientemente buenas”. Esto les hace demasiado dependientes emocionales en las relaciones que tienen y muy vulnerables cuando intentan cosas nuevas.

El origen del comportamiento de las personas complacientes

Las personas complacientes en su mayoría provienen de familias en las que había mucho conflicto emocional, con al menos un padre o madre narcisista que anteponía sus necesidades a las de sus hijos o hijas y el otro padre o madre habilitaba a este comportamiento.

  • Un padre y/o madre narcisista tenía mucha tendencia a discutir y a tener siempre la razón. El hijo complaciente aprende a sacrificar sus propias opiniones (porque las tiene) para que haya paz.
  • Un padre y/o madre narcisista que tiene un tema no resuelto con su propia rabia. La hija complaciente aprende a anticipar el mal humor y calmarle antes de que la rabia escale.
  • Un padre y/o madre narcisista que tiene un problema de adicción de sustancias. El hijo complaciente aprende a gestionar su adicción y a cuidarle, habiendo una inversión de los roles.
  • Un padre y/o madre narcisista con Personalidad Histriónica o Borderline. La hija complaciente aprende a ofrecer consuelo y confort en casos de crisis dramáticas inapropiadas.
  • Un padre y/o madre narcisista que pone reglas muy rígidas y que es excesivamente controlador(a). El hijo complaciente aprende a hacer lo que se espera de él para evitar reacciones desagradables. Esto se traduce en que crecen en un ambiente de muy poca libertad y que no les permite poner prácticamente ningún límite.
  • Un padre y/o madre con depresión y/o ansiedad. La hija complaciente siente pena por él/ella y se siente responsable de estar siempre feliz y animarle.
  • Padres que discuten constantemente. El hijo complaciente aprende a detectar cuándo se cuece una pelea y se apura a pacificar la situación antes de que empiece una discusión.

El subtexto de todo esto es que las personas complacientes se sienten responsables por el bienestar emocional y mental de los demás. Si eres una persona complaciente, es probable que te identifiques rápidamente con los ejemplos de la lista más arriba y te sientas culpable la mayor parte del tiempo. Esto es porque las dinámicas que se mencionan establecen una relación de ansiedad e insana de la persona complciente consigo misma, con conversaciones circulares obsesivas que no tienen fin del tipo de:

¿De qué tengo la culpa? ¿Qué he hecho mal? Quizás no he hecho lo suficiente. ¿Puedo fiarme de mi propio criterio? Podría haberme esforzado más.

Las dinámicas parentales más sanas dan lugar a conversaciones interiores más tranquilas y más equilibradas, como éstas:

“Mis elecciones y mis sentimientos están bien”. “Me van a querer igual aunque cometa un error”. “Me quiero tal y como soy”.

Es posible cambiar ese diálogo interior. Creer en una misma y tener confianza y seguridad es la parte más difícil. Las personas complacientes normalmente ofrecen resistencia a la idea de que se les puede querer tal cual son (sin tener que hacer nada en concreto para conseguirlo).

Qué hacer para cambiar estas dinámicas de las personas complacientes

Esas resistencias no sólo son cognitivas y emocionales sino que también son corporales. El trabajo corporal puede ayudar mucho a localizar estas resistencias en el cuerpo y ayudar a liberarlas.

Las personas complacientes muchas veces no tienen ni idea de lo que quieren, de cuáles son sus necesidades y de cuáles son sus límites. Esto es porque todo gira en torno a asegurarse de que son los demás los que están felices. Siempre pueden ver las cosas desde la perspectiva de la otra persona, excusando a los demás sin ofrecerse a sí mismas esa mirada compasiva. Son expertas en ser muy rígidas y en juzgarse a sí mismas.

En muchas ocasiones, una relación con una persona con una psicopatología encuadrada dentro del Grupo B del DSM-5, son llamadas de atención de la vida de que esta mentalidad no funciona y es muy tóxica, haciendo que el mundo interior de la persona complaciente se vuelva tan incómodo y doloroso que ya no le queda más remedio que prestarle atención y mirar hacia dentro.

A pesar de lo que has aprendido, no es tu trabajo en la vida gestionar las emociones de los demás ni arreglarles la suya. Es un papel agotador que puede que ofrezca recompensas temporales pero a la larga lo que hace es drenarte y dejarte sin vida a ti. A la vez que aprendemos que nosotros somos responsables de nuestras propias emociones, nos sentimos más cómodos con la idea de que los demás también son responsables de las suyas.

Con esto en mente, finalmente nos podemos relajar y querernos y cuidarnos más.

Si quieres dejar de ser una persona complaciente, puede servir de mucha ayuda el acompañamiento de una terapeuta en este proceso.

Fuente: psycopathfree.com