En este artículo vamos a definir a una persona complaciente y, si te sientes identificado o identificada, te doy pautas para dejar de serlo.
¿Crees que eres una persona complaciente?
Los características incluyen:
- Decir que sí cuando realmente quieres decir que no.
- Permitir que las personas transgredan tus límites.
- Sueles priorizar las necesidades de los demás frente a las tuyas.
- Evitar el conflicto a toda costa.
- Utilizas mucho frases como: “En eso y soy como tú” o “A mí me pasa lo mismo”.
A menudo, no te das cuenta de cuándo el comportamiento de los demás te enfada y para cuando eres consciente del enfado, éste es tan grande, que puedes terminar relaciones de una forma tajante y abrupta.
En muchas ocasiones, esta compulsión por complacer a los demás tiene sus raíces en la infancia.
A las personas que han crecido en familias narcisistas/disfuncionales se les enseñó que cada vez que llevaban la contraria a las figuras de autoridad, eran castigadas. Esto hace que, inconscientemente, tengan en modo automático este personaje complaciente para evitar el conflicto, el rechazo o el abandono.
Estas personas suelen involucrarse en amistades y relaciones que no satisfacen sus necesidades, no se alejan de relaciones tóxicas y crean un “personaje” en lugar de su verdadero yo, su esencia. Estas personas creen que “yo soy así”, pero en realidad arrastran a ese personaje complaciente de infancia.
Dan mucho sin esperar apenas nada a cambio. Inconscientemente, lo que hacen es generar deuda emocional para que las otras personas las quieran y las necesiten porque no creen que tengan valor por sí mismas.
En muchas ocasiones, esta situación no es sostenible a largo plazo, ya que la persona complaciente acumula rabia de la que no es consciente, suele expresar de forma pasivo-agresiva y puede llegar a un punto de no aguantar más, en el que estalla. Luego vuelve al personaje complaciente hasta “llenar su vaso” y así una y otra vez de forma cíclica.
Complacer a la gente esencialmente nos priva de la capacidad y el derecho a participar en un autocuidado personal saludable. Nos lleva a satisfacer las necesidades de los demás sin hacernos cargo de las propias.
Ser una persona complaciente es como gritar a los cuatro vientos que buscas que los demás abusen de ti y te maltraten. Por esto, las personas complacientes suelen terminar en relaciones tóxicas y abusivas, donde, en el otro extremo del espectro, están las personas con Trastorno Narcisista de la Personalidad (u otro en el grupo B del DSM), que buscan que otro se sobreadapte a ellos y normalice el abuso o el maltrato.
Salir de este tipo de relaciones es muy difícil por temas relacionados con el ciclo de abuso como el vínculo traumático o trauma bonding, el refuerzo intermitente o el gaslighting o luz de gas, donde la persona complaciente, de forma inconsciente, está recreando su trauma de infancia.
Para cambiar esto, es necesario deshacerte poco a poco de ese personaje complaciente y descubrir tu autenticidad.
He aquí un pensamiento revolucionario: ¿qué pasaría si te dijera que tus necesidades y deseos son tan importantes como las personas a las que intentas complacer desesperadamente? ¿Qué pasaría si afirmara que toda tu existencia: tus metas, tus sueños, tus sentimientos, tus pensamientos son válidos pero como en tu infancia no te validaron tú sigues sin hacerlo? ¿Tan válidos como el amigo que intentas impresionar o el padre cuya aprobación buscas?
Las personas complacientes y su relación con el rechazo
Todas las personas buscamos la aprobación a veces y muchos de nosotros tememos el rechazo si nos atrevemos a mostrar nuestro auténtico yo. La ironía es que al esforzarnos por evitar el rechazo, terminamos rechazándonos a nosotras mismas. El problema surge cuando esto se convierte en un hábito y nos deja vulnerables a la manipulación, la explotación y la dependencia emocional.
Cuando no estás honrando a tu Verdadero Yo, te estás privando a ti mismo de conocer tu esencia, de estar contigo y de descubrir tu verdadero destino, que sólo se abrirá ante ti cuando llegues a tu núcleo. Te pasarás la vida interpretando a un personaje para agradar a los demás. Un personaje que tuviste que construir en tu infancia para sobrevivir pero que ya puedes soltar. Sino te pasarás la vida sin descubrir quién eres realmente.
¿Recuerdas esa regla en los aviones sobre los padres que se ponen sus máscaras de oxígeno antes de ponerles la máscara de oxígeno a sus hijos? Bueno, hay una razón simple para eso: tenemos que cuidarnos a nosotras mismas antes de poder cuidar a los demás. Si agotamos nuestras propias reservas hasta el punto en que no nos quede nada, no ayudaremos a los demás en absoluto, sólo crearemos vínculos disfuncionales y relaciones tóxicas.
El primer paso para minimizar complacer a los demás es aceptar que no podemos y no debemos gustar a todo el mundo. A algunas personas les gustarás y a otras no. Y así está bien. Tú también tienes este derecho. Tú también tienes tus propias preferencias, juicios, prejuicios, sentimientos y opiniones sobre los demás. Es importante aceptar los noes de otras personas igual que tú tienes derecho a decir que no.
Primeros pasos para dejar de ser una persona complaciente
- Haz una lista determinando cuáles son tus límites personales en los diferentes tipos de relaciones que tienes en tu vida y, si alguien los sobrepasa, comunícaselo de forma asertiva.
- Aprende a decir que no cuando no quieras, no puedas o no te apetezca hacer algo.
- Observa con qué personas y situaciones adoptas el personaje complaciente de forma automática.
- Comprométete a ser fiel a ti misma. Si dejar al personaje complaciente atrás hace que algunas personas quieran romper su vínculo contigo. No les gustabas tú sino el personaje, por lo que es mejor que se vayan.
- Permítete comportamientos como estar más callado cuando estás cansado, no tener buena cara todo el tiempo, no alabar a los demás a cada paso o no hacer esfuerzos por quedar bien en cualquier contexto.
- No tener una sonrisa de oreja a oreja para todo el mundo menos para ti puede ser un buen primer paso. Permítete estar seria. ¡Eres humana!
Fuente: selfcarehaven.com
Imagen de Natalie Kinnear en Unsplash





