¿Qué les pasa a las Personas Complacientes?

Los/las narcisistas pueden tomar a cualquiera como objetivo, pero muchos supervivientes se definen a sí mismos como personas complacientes. Este post va dirigido a todas aquellas personas que resuenen con este concepto.

Características de las Personas Complacientes

  • Centradas en las necesidades de los demás. Las personas complacientes tienden a tener una consciencia elevada de las emociones de los otros. No me refiero a lo que se conoce como “empath” ni nada de eso. Simplemente que siempre son conscientes del humor y los sentimientos de las personas a las que tienen alrededor.
  • Evitan el conflicto. Se dan cuenta de los potenciales conflictos y apagan las llamas antes de que las cosas puedan llegar a explotar. Se dan cuenta de cuándo los otros se disgustan y hacen todo lo que pueden por evitarlo. Ceden todo lo que haga falta para evitar que la situación se ponga tensa.
  • Culpa. Tienden a sentirse demasiado culpables por todo, incluso por cosas que ni siquiera han hecho o que no se la merecen en absoluto. Se sienten especialmente culpables cuando reclaman sus necesidades.
  • Dudan sobre sí mismos/mismas. La mayoría de las veces dudan sobre sus propios sentimientos e intuiciones, especialmente si esto les lleva a decir algo “negativo”, por ejemplo, si alguien les hace daño e intentan poner un límite, se pasarán días decidiendo si lo ponen o no y una vez hecho, le darán vueltas al hecho de si han demasiado duros/duras o han actuado incorrectamente.
  • Perfeccionistas. Tienden a pensar que todo lo que hacen, lo tienen que hacer “perfecto”. Cometer errores les hace sentir que eso significa que ellos mismos son defectuosos por completo.
  • Baja autoestima. Se apoyan demasiado en la validación externa para sentir que son lo “suficientemente buenos/buenas”. Esto les hace demasiado dependientes de las relaciones que tienen y muy vulnerables cuando intentan cosas nuevas.

El origen del comportamiento de las Personas Complacientes

Las personas complacientes en mayoría provienen de familias en las que había mucho conflicto emocional, con al menos un padre o madre narcisista que anteponía sus necesidades a las de sus hijos/hijas y el otro padre o madre coadyuvaba en este comportamiento.

  • Un padre y/o madre narcisista tenía mucha tendencia a discutir y a tener siempre la razón. El hijo/la hija complaciente aprende a sacrificar sus propias opiniones (porque las tiene) para que haya paz.
  • Un padre y/o madre narcisista que tiene un tema no resuelto con su propia rabia. El hijo/la hija complaciente aprende a anticipar el mal humor y calmarle antes de que la rabia escale. Puede haber episodios en los que no aguante más, explotando y entonces la situación explota.
  • Un padre y/o madre narcisista que tiene un problema de adicción de sustancias. El hijo/la hija complaciente aprende a gestionar su enfermedad y a cuidarle.
  • Un padre y/o madre narcisista con Personalidad Histriónica o Borderline. El hijo/la hija complaciente aprende a ofrecer consuelo y confort en casos de crisis dramáticas inapropiadas y de historias lacrimógenas
  • Un padre y/o madre narcisista que pone reglas muy rígidas y que es excesivamente controlador(a). El hijo/la hija complaciente aprende a hacer lo que se espera de él/ella para evitar reacciones desagradables. Esto se traduce en que crecen en un ambiente de muy poca libertad y que no les permite poner prácticamente ningún límite.
  • Un padre y/o madre narcisista con depresión/ansiedad. El hijo/la hija complaciente siente pena por él/ella y se siente responsable de estar siempre feliz y animarle(s).
  • Padres que discuten constantemente. El hijo/la hija complaciente aprende a detectar cuándo se cuece una pelea y se apura a pacificar la situación antes de que empiece una pelea.

El subtexto de todo esto es que las personas complacientes se sienten responsables por el bienestar emocional y mental de otros. Si eres una persona complaciente, es probable que te identifiques rápidamente con los ejemplos de la lista más arriba y te sientas culpable la mayor parte del tiempo. Esto es porque las dinámicas que se mencionan establecen una relación de ansiedad e insana de la persona consigo misma, con conversaciones circulares obsesivas que no tienen fin del tipo de :

¿De qué tengo la culpa? ¿Qué he hecho mal? Quizás no he hecho lo suficiente. ¿Puedo fiarme de mi propio criterio? Podría haberme esforzado más.

Las dinámicas parentales más sanas dan lugar a conversaciones interiores más tranquilas y más equilibradas, como éstas:

“Mis elecciones y mis sentimientos están bien”. “Me van a querer igual aunque cometa un error”. “Me quiero tal y como soy”.

Es posible cambiar ese diálogo interior. Creer en uno/una misma y tener confianza y seguridad es la parte más difícil. Las personas complacientes normalmente ofrecen resistencia a la idea de que se les puede querer tal cual son (sin tener que hacer nada).

Qué hacer para cambiar estas dinámicas

Esas resistencias no sólo son cognitivas y emocionales sino que también son corporales. El trabajo corporal puede ayudar mucho a localizar estas resistencias en el cuerpo y ayudar a liberarlas.

Las personas complacientes muchas veces no tienen ni idea de lo que quieren, de cuáles son sus necesidades y de cuáles son sus límites. Esto es porque todo gira en torno a asegurarse de que son los demás los que están felices. Siempre pueden ver las cosas desde la perspectiva de la otra persona, excusando a los otros de todo sin ofrecerse a sí mismos/mismas esa mirada compasiva. Son expertos en ser muy rígidos/rígidas consigo mismos/mismas y en juzgarse a sí mismos/mismas.

En muchas ocasiones, una relación con una persona con una psicopatología encuadrada dentro del Grupo B del DSM, son llamadas de atención de la vida de que esta mentalidad no funciona y es muy tóxica, haciendo que el mundo interior de la persona complaciente se vuelva tan incómodo y doloroso que ya no le queda más remedio que prestarle atención.

A pesar de lo que has aprendido, no es tu trabajo en la vida gestionar las emociones de los demás ni arreglarles la suya. Es un papel agotador que puede que ofrezca recompensas temporales pero a la larga lo que hace es drenarte y dejarte sin vida a ti. A la vez que aprendemos que nosotros somos responsables de nuestras propias emociones, nos sentimos más cómodos/cómodas con la idea de que los demás también son responsables de sus propias emociones.

Con esto en la cabeza, finalmente nos podemos relajar.

Fuente: psycopathfree.com

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