El rol del/la Salvador(a) y cómo salir de él

Creencia y actitud: “Me siento seguro/segura y bien conmigo mismo/misma cuando ayudo a otras personas”

Características de un(a) Salvador(a)

  • Los/las codependientes que asumen el rol de salvadores/salvadoras suelen haber crecido en familias donde sus necesidades no fueron satisfechas. En su infancia recurrieron a cuidar a los demás para compensar el amor y la atención que no estaban recibiendo. Tienden a ser habilitadoras. Son demasiado protectores y pasan su tiempo ofreciendo ayuda y rescatando a otros de sus problemas.
  • Los salvadores/salvadoras obtienen una gran satisfacción al identificarse con su rol de cuidador(a). Por lo general, se sienten orgullosos de lo “ayudantes” y “arregladores/arregladoras” que son. Creen en su bondad y se ven a sí mismos como gente digna y piadosa. Sin embargo, debajo de estas acciones altruistas, las salvadoras/salvadores esperan que al cuidar y rescatar a los demás, la otra persona corresponda algún día. El salvador/la salvadora alberga esta expectativa a pesar de la experiencia de primera mano que dice lo contrario, es decir, que la persona que es rescatada no reconoce la asistencia, toma que la rescaten como su derecho o resiente al salvador/salvadora por interferir. La verdad es que las personas necesitadas rara vez pueden ayudar a otra. ¿Cómo pueden hacerlo cuando tienen dificultad para ayudarse a sí mismas? A menudo, el salvador/salvadora se siente decepcionado y deprimida, cayendo fácilmente en el rol de la víctima. Sus esfuerzos poco apreciados conducen a la profecía auto-cumplida sobre cómo la vida es injusta y cómo la gente siempre te defrauda: las suposiciones predeterminadas que los/las mantienen en su codependencia.
  • Sentirse usado/usada, a merced de, traicionada/traicionado y sin esperanza son los sentimientos característicos de un(a) salvador(a). Acaban diciendo: “después de todo lo que he hecho por ti, este es el agradecimiento que recibo”; o “no importa cuánto haga por ti, nunca es suficiente”; o, “¿por qué me tratas tan mal cuando te he ayudado tanto?” El mayor temor de un(a) salvador(a) es que terminarán solos/sola. Creen que su valor en la vida depende por completo de lo que hacen por los demás.
  • Es una parte natural de la vida y el crecimiento que una persona asuma las consecuencias de sus acciones. Pero al correr siempre para arreglar situaciones y sacar a otros/otras de los problemas en los que se metieron, los/las salvadores/salvadoras cortocircuitan este saludable mecanismo de aprendizaje. Cuanto más salvan, menos responsabilidad toman las personas a las que rescatan. Y así, cuanta menos responsabilidad asumen las personas salvadas, más necesitan ser que se les salve. Entonces se forma un bucle, círculo vicioso en la relación, lo que hace que la dinámica entre las dos personas sea tóxica y disfuncional.
  • Hay una clara diferencia entre ser una persona cuidadora y salvar. Las personas que realmente quieren ayudar a otras lo hacen sin ninguna expectativa de recibir algo a cambio. Otorgan poder a los demás para que tomen responsabilidad y se ayuden a sí mismos/mismas, en lugar de quitarles el poder al asumir la responsabilidad sobre sus asuntos. Las personas a quienes les gusta ayudar a otros/otras, creen que todos/todas tienen el derecho de cometer errores y aprender de las consecuencias que tienen, aunque a veces sea difícil. Si ayudan, lo hacen sobre la base de que todas las personas tienen el derecho de asumir la responsabilidad de sus acciones y cometer sus propios errores y aprender de ellos. Los/las ayudantes desinteresados/desinteresadas no ofrecen ayuda por motivos ocultos. No esperan secretamente obtener reconocimiento, aprecio y amor o construir su autoestima como resultado de su acción.

Algunos rasgos de una persona que adopta el rol de salvador(a) son:

o Utiliza al salvación y la ayuda para conectar con otros/otras o sentirse importante.

o Necesita controlar a los demás para evitar sus propios sentimientos y problemas.

o Tiene una actitud “más santa/santo que tú” / “superior por ser útil”

o Tiene un sentido de derecho como resultado de ser “bueno/buena y servicial”.

o Tiene un falso sentido de superioridad sobre los demás.

o Siente culpa o vergüenza cuando no ayuda.

Herramientas de recuperación para un(a) salvador(a) hacia la autenticidad y las relaciones más saludables

1. Haz de tu vida una prioridad y toma la responsabilidad de tu propio bienestar y felicidad primero.

2. Verifica tu motivación antes de saltar para ayudar a los demás. Asegúrate de que el motivo subyacente no sea sentirte bien y elevar tu autoestima.

3. Renuncia a la necesidad de sentirte superior porque eres el chico bueno/la chica buena que siempre ayuda a los demás

4. Deja de comportarte como si supieras qué es mejor para los demás. Recuerda que esto tiene que ver más con tu propia autoestima y problemas de control que con querer ser útil.

5. Encuentra y aplica herramientas de recuperación que te ayuden a manejar tus propios temas en lugar de enfocarte en lo que está “mal” en los demás.

6.  Establece límites para resolver los problemas de otras personas y pon toda tu energía en resolver los tuyos primero.

7. Aprende a reconocer los factores desencadenantes que te llevan a asumir el rol de salvador(a).

8. No permitas que las manipulaciones de otras personas, ya sea basadas en el amor o la culpa, te llevan a ayudar a alguien, a menos que esto sea algo que realmente quieres hacer.

9. Ayudar a otros en función de motivos codependientes casi siempre lleva a resentimiento en ambos lados. No sabotees tu recuperación racionalizando y justificando tu comportamiento habilitante.

10. Deja de sentir pena por otras personas y brindarles consejos, dinero o apoyo. Dales a los demás el respeto que merecen y permíteles asumir la responsabilidad de sus propias vidas y sus problemas.

11. Procesa tu rabia y resentimiento por haber tenido una infancia disfuncional o abusiva y reconoce el impacto que la experiencia ha tenido en tu comportamiento como adulto. Tú tienes el poder de elegir si quieres continuar viviendo tu vida como salvador(a) o escoger otra opción de vida para ti. Escoges tú, el adulto. Al niño/la niña interior lo puedes sacar en muchos otros momentos, no tienes que esclavizarlo más, como le ocurrió en su infancia, para estar siempre mirando por otras personas en lugar de ocuparse de sí mismo/misma.

12. Ese “piloto en automático” de infancia que tienes hace que creas que tienes el deber (no la voluntad) de ayudar a otras personas y de anteponer sus necesidades a las tuyas. No es así. Aprende a reconocer cuándo los sentimientos de tu infancia te incitan a rescatar a otros/otras. Recuérdate a ti mismo que ya no eres un(s) niño/niña, sino que eres un adulto que tiene derechos y opciones sobre su vida en general y sobre a quién ayudar o no en particular.

13. Trabaja tus 12 pasos de codependencia diariamente. Los nuevos comportamientos requieren tiempo y práctica, y los pasos proporcionan las herramientas que fomentan la autoestima y las relaciones saludables.

Fuente: http://hamrah.co

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Diferencias entre un(a) Cuidador(a) (en el sentido tradicional) y un(a) Codependiente

La muleta de ayudar a los demás

Cuando una persona es codependiente, se define a sí misma a través de la ayuda que le dan a la otra parte en la relación. El cuidado que brindan es lo que les da significado de su vida. Dependen de la otra persona y su papel como cuidador(a), a forma de muleta sobre la cual se basa su existencia.

Un(a) cuidador(a) hace una elección consciente cuando ayuda a alguien. No necesitan ayudar a otros/otras, pero lo hacen porque quieren lo ven como lo correcto. Estas personas pueden describirse como afectuosas, pero no permiten que esto se convierta en su razón de ser.

La necesidad de sentir que te necesitan

Los/las codependientes ponen mucho énfasis en ayudar a otra persona porque tienen un deseo insaciable de sentirse necesitados/necesitadas. A menudo confunden la dependencia de la otra persona con una relación amorosa y comprometida.

No les importa si la responsabilidad en relación es totalmente unilateral o si se basa en ciclos de angustia y salvación, lo ven como un vínculo sano e íntimo.

Cuando un(a) cuidador(a) forma una relación, les guste sentirse amados y queridas por lo que son, pero también respetan la autonomía de la otra persona. Creen que hay muchos beneficios al compartir una vida con alguien pero son completamente capaces de vivir sin una relación.

Falta de límites

Las personas propensas a un comportamiento codependiente no tienen claros los límites entre ellos mismos/ellas mismas y la otra persona. En su concepción de las cosas, ellos/ellas y la otra persona forman un ente indisoluble, como si la otra persona fuese sus brazos o sus piernas.

El resultado tóxico de esto es que no saben distinguir entre lo que es suyo y lo que no lo es. Permiten que los sentimientos de la otra persona dicten los suyos propios. Renuncian a tener pensamientos y criterios propios, se amoldan al otro/la otra por completo.

Los cuidadores/las cuidadoras distinguen perfectamente entre ellos/las y los demás. Son capaces de establecer límites personales claros y firmes y conservar su carácter y pensamientos propios. Pueden ser influenciados/influenciadas por terceras personas, pero nunca dejan que su sentido del yo se confunda con el otro/la otra.

Actuando en tu mejor interés

A los/las codependientes les gusta pensar que están ayudando a otra persona, salvándola, pero a menudo sucede que simplemente están permitiendo la continuación de conductas no deseadas.

Ya sea para mantener a alguien con una salud física o mental deficiente, promover su bajo rendimiento o apoyar su adicción, los/las codependientes no necesariamente actúan en el mejor interés de la otra persona. De hecho, están haciendo lo correcto para ellos/ellas manteniendo la relación y, por lo tanto, el significado que le dan.

Los cuidadores/las cuidadoras adoptan un enfoque diferente porque son más capaces y están más dispuestos/dispuestas a ver los problemas que enfrenta la otra parte. No tienen una intención inconsciente de perpetuar los problemas de la otra persona sino el propósito verdadero de ayudarla para que supere algo o solucione algún problema.

Poniendo a la otra persona primero

Los/las codependientes tienden a anteponer las necesidades de la otra persona a las suyas propias. Sacrificarán su disfrute, su tiempo e incluso su bienestar si eso significa que pueden proporcionar satisfacción. Darán y darán siempre y cuando no obliguen a sacrificar la relación en su totalidad.

Un(a) cuidador(a) estará dispuesto/dispuesta a hacer algunos sacrificios para ayudar a la otra persona, pero habrá límites a lo que harán. Valoran sus propias necesidades y no las dejan de lado por completo.

Lidiar con el rechazo

Cuando a alguien con una personalidad codependiente se le rechaza su oferta de ayuda, o cuando no recibe un reconocimiento, siente una gran cantidad de dolor emocional.

Esto se remonta a su necesidad de sentirse necesitados/necesitadas por los demás. Sin la apreciación de los demás, se sienten inútiles y perdidos porque es lo que realmente les trae paz.

Un(a) cuidador(a) no estará tan disgustado/disgustada si sus esfuerzos pasan desapercibidos. Pueden estar agradecidos/agradecidas por cualquier agradecimiento que se les presente, pero principalmente se deben a su deseo de hacer el bien.

Obsesión

La base de la vida de un codependiente es su relación con otra persona y esto lleva a un nivel de interés poco saludable. Llegan a un punto en el que casi todos los pensamientos del día involucran a la otra parte.

Se preguntan qué están pensando, cómo se sienten, mientras intentan prever todos sus deseos y necesidades. Son tan emocionalmente dependientes y se vuelven tan ansiosos/ansiosas por perder a la otra persona, que se obsesionan.

Un(a) cuidador puede experimentar cierta ansiedad e inseguridad, pero esto es perfectamente normal, mientras que sea algo esporádico. Suelen comunicar estos sentimientos a su pareja, lo que ayuda a resolver el problema antes de que pueda crecer en sus cabezas.

La incapacidad de liberarse

Incluso si una relación llega a un punto en el que ambas partes son infelices, un(a) codependiente tendrá dificultades para terminar las cosas debido a la abrumadora culpa que sienten. Además, a menos que puedan reemplazar rápidamente a la otra parte con un(a) nuevo/nueva dependiente, se verán obligados/obligadas a estar solos/solas un tiempo, lo que para ellos/ellas es algo muy difícil de hacer.

Un(a) cuidadora sabe que, incluso si resulta en una gran cantidad de dolor temporal, a veces es mejor ir por caminos separados cuando una relación ya no da más de sí. No tienen miedo a estar solos/solas y no necesitan estar en una relación para darle sentido a sus vidas.

La recompensa de habilitar

Un(a) codependiente es recompensado/recompensada por su comportamiento habilitante con una relación estable que proporciona significado y propósito a su vida. Sus razones para ser cuidador(a) son principalmente de naturaleza egoísta, encerrar a otra persona en la esclavitud de necesitarles, incluso si no es lo mejor para ellos/ellas. Esto ocurre muchas veces de forma inconsciente, ya que el/la codependiente es muy posible que no entienda esto hasta que empiece a hacer terapia.

Una persona genuinamente cuidadora puede sentirse bien cuando ayuda a otros/otras pero brindarían igualmente la ayuda si en lugar de sentirse bien les hiciera sufrir un poco. Muestran un verdadero altruismo y sólo buscan promover el bienestar de la otra persona.

Fuente: https://www.aconsciousrethink.com

Los 10 “Noes” cuando trates con una Narcisista

No las tomes en serio. La imagen lo es todo para las narcisistas. Se esfuerzan mucho para presentar una fachada de superioridad y certeza. Les gusta mantener a los demás adivinando qué es lo que hacen, por eso se comportan de formas menos transparentes. Pero es importante recordar que las personas con narcisismo son profundamente inseguras. Su llamativa fachada está diseñada para ocultar un vacío dentro. Si oyes mucho la frase “Yo estoy bien”, sospecha.

No compartas información personal en exceso. Cuanta más información personal le des a una narcisista, más munición tendrán para usar contra ti cuando quieran hacerte daño. Son expertas en encontrar vulnerabilidades y explotarlas en su propio beneficio. Pueden usar cualquier información que compartas para humillarte o manipularte, particularmente cuando es más vulnerable o más necesitado. Sé juicioso sobre lo que les dices.

No sientas la necesidad de justificar tus Pensamientos, Sentimientos o Acciones. Muchas narcisistas intentan hacer que otros se cuestionen a sí mismos. Pueden hacer esto con preguntas directas o indirectas, actuando como si les debieras una explicación de tu comportamiento. Reconoce esto por lo que es: un intento de debilitarte. Ante una narcisista, los cuatro Noes: No te Justifiques, No te Pelees, No te Defiendas, No te Expliques. No necesitas explicar o justificar tus sentimientos o pensamientos. Además, discutir o defenderse de una narcisista generalmente es contraproducente. Las narcisistas tienden a estar interesadas en ganar, no escuchar; compitiendo, no comunicándose. Por mucho que te digan que lo quieren es entenderte y llegar a un acuerdo, en realidad es como un partido de tenis, en el que si sigues esa dinámica, se convierte en un peligroso juego psicológico titulado “A ver quién es más listo”. No lo hagas.

No minimices su comportamiento disfuncional. El comportamiento egoísta de las narcisistas y su hambre voraz de atención, como la de una niña demandante, pueden absorber por completo la energía de quienes las rodean, dejándolos física y emocionalmente drenados. Con el tiempo, las personas que mantienen relaciones con narcisistas (sentimentales, laborales, de amistad,…) pueden padecer fatiga crónica o auto-anestesiarse de sentir o dejar de tener perspectiva sobre lo  poco saludable puede ser el comportamiento narcisista. Estas personas bajan tanto sus estándares de comportamiento frente a las narcisistas que justifican que los engañen, manipulen o humillen, lo acaban integrando como algo normal. A veces puede ser mejor dejar estrategia pasar de la conducta infantil o provocadora de una narcisista sin contestar, pero eso no significa que debas dejar de tomar nota mental de lo poco saludable que es.

No esperes que asuman la responsabilidad. Las narcisistas muchas veces se atribuyen el mérito de algo que ha salido bien (aunque en realidad no lo hayan hecho ellas) y te culpan a ti de lo que ha salido “mal” (aunque en realidad no sea responsabilizas tuya). Rara vez se disculpan por su comportamiento o admiten su responsabilidad, un error o haber hecho daño a otro.

Las narcisistas piensan que tienen un estatus especial, que son mejores y por ello tienen más derechos que los demás. No tienen interés en la igualdad ni en responsabilizarse de lo que hacen cuando las consecuencias son negativas. Tratar de hacer que los narcisistas asuman la responsabilidad de sus acciones negativas es como entrar en una guerra. Si quieres señalar su rol en un problema, está bien, pero hazlo porque necesitas decirlo, no porque esperes que escuche o valide lo que tú expresas o tu opinión o punto de vista sobre las cosas. Las narcisistas no tienen que validarte ni aprobarte como persona. Eso te lo das tú a ti mismo.

No asumas que comparten tus valores y tu visión del mundo. Si esperas que las narcisistas tengan compasión, digan la verdad o compartan el centro de atención, esto no va a ocurrir. Las personas con narcisismo ven a los demás como fuentes de gratificación, no como iguales. Usan las palabras como herramientas o armas más que para comunicarse de una forma honesta y sincera. Tienen un hambre insaciable de atención, son infantiles. Todo esto proviene de un sentido inestable de sí mismas. Saber esto puede liberarte de tener falsas expectativas y te permitirá establecer límites. Es muy importante que pongas límites y digas que no a comportamientos que no cumplen con tus estándares.

No intentes vencerlas en su propio juego. Puede ser tentador, pero recuerde que la mayoría de las narcisistas tienen escasa o nada de empatía y juegan una guerra encubierta con todas las personas que les rodean. Cuanto más intimes con ellas, más te conocerán e intentarán vencerte en juegos psicológicos que son peligrosos. Las narcisistas tienen un miedo atroz a perder, sentirse inferiores y/o verse expuestas o humilladas. Como resultado, dedican gran cantidad de energía a mantener su imagen y cultivar fuentes de estimulación de su ego, generalmente a expensas de los demás. Tratar de superarlas en una guerra de palabras, en un enrevesado juego tóxico psicológico, intentar desquitarte o adoptar sus técnicas algo que no te hará sentir bien y que rara vez funciona. Ellas no saben parar ese juego al que le dedican la mayor parte del tiempo de su vida. Sé más listo, di que no, aparta a la narcisista de tu vida y sé fiel a tus valores.

No te tomes sus acciones de forma personal. Las narcisistas se aprovechan, manipulan y maltratan a cualquiera que puedan. Cuanto más cerca estés de ellas y más íntima sea la relación, el abuso y el maltrato escalan. No es personal en el sentido de que se lo hacen a quien se deja, a quien pueden. Si eres de los que te dejan, identifica qué vulnerabilidades o qué comportamientos hacen que acabes envuelto en esta clase de relaciones tóxicas.

No esperes empatía o un trato justo. Las narcisistas son generalmente incapaces, consciente o inconscientemente, de tener empatía. La empatía se basa en la suposición de que los demás son dignos, iguales y merecen atención y compasión. Su grandiosidad los lleva a ver a los demás como inferiores y a justificar mediante el mecanismo de defensa de la proyección el trato abusivo e injusto que les dan. En lugar de invertir energías en intentar un trato justo o reciprocidad por parte de una narcisista, es mejor que la centres en apartarte de gente que se comporta de esa manera abusiva contigo, centrándote en respetarte y quererte a ti mismo.

No esperes que cambien. Las personas con Trastorno Narcisista de la Personalidad o un rasgos narcisistas pronunciados rara vez cambian. Pueden alterar algunos comportamientos a lo largo del tiempo, pero las dinámicas subyacentes que las impulsan a comportarse como lo hacen generalmente están por lo general de por vida. Las narcisistas ven a los demás como amenazas o víctimas potenciales y están atrapadas en una búsqueda interminable de atención y aprobación. Si tú te empeñas mucho y dedicas mucho tiempo y energía a que una narcisista cambie o a que te dedique su atención y aprobación, te invito a que mires más adentro sobre para qué haces esto, qué es lo que te lleva a comportarte así.

No subestimes el poder del narcisismo. El narcisismo es una distorsión profunda del sentido de una mismo. La vida de una narcisista es interminablemente carrera para conseguir “suministro narcisista”, el cual dependerá de qué le parece lo más importante en la vida a la narcisista: halagos, dinero, sexo, poder,… Como no recibieron el mirroring adecuado por parte de sus padres cuando eran niñas, viven esclavas de su propia imagen, que proyectan hacia los demás. En realidad no saben quiénes son.

La codependencia y el narcisismo son las dos caras de una misma moneda, no hay una sin la otra. Las narcisistas también son codependientes y los padres de los codependientes tampoco les hicieron el mirroring necesario, por eso tampoco saben bien quiénes son y centran su vida en el reconocimiento y validación por parte de la narcisista (es decir, también necesitan su “suministro”). Por parte del codependiente el suministro se centra en la narcisista, por parte de la narcisista, en todas las personas que pueda.

Los codependientes sí tienen empatía y con ello, una vez son conscientes de su historia, pueden hacer terapia y cambiarla. Puedes ayudarte a ti mismo mucho hasta cierto punto pero al menos al principio de tu recuperación necesitarás que alguien te haga ese necesario mirroring que tus padres no pudieron o no supieron hacer. Si sólo te tienes como autoreferencia, sigues en las mismas viejas dinámicas y sólo será posible un progreso hasta un cierto punto. Busca la ayuda de un(a) terapeuta o un grupo terapéutico.

Fuente: blogs.psychcentral.com

¿Qué les pasa a las Personas Complacientes?

Los/las narcisistas pueden tomar a cualquiera como objetivo, pero muchos supervivientes se definen a sí mismos como personas complacientes. Este post va dirigido a todas aquellas personas que resuenen con este concepto.

Características de las Personas Complacientes

  • Centradas en las necesidades de los demás. Las personas complacientes tienden a tener una consciencia elevada de las emociones de los otros. No me refiero a lo que se conoce como “empath” ni nada de eso. Simplemente que siempre son conscientes del humor y los sentimientos de las personas a las que tienen alrededor.
  • Evitan el conflicto. Se dan cuenta de los potenciales conflictos y apagan las llamas antes de que las cosas puedan llegar a explotar. Se dan cuenta de cuándo los otros se disgustan y hacen todo lo que pueden por evitarlo. Ceden todo lo que haga falta para evitar que la situación se ponga tensa.
  • Culpa. Tienden a sentirse demasiado culpables por todo, incluso por cosas que ni siquiera han hecho o que no se la merecen en absoluto. Se sienten especialmente culpables cuando reclaman sus necesidades.
  • Dudan sobre sí mismos/mismas. La mayoría de las veces dudan sobre sus propios sentimientos e intuiciones, especialmente si esto les lleva a decir algo “negativo”, por ejemplo, si alguien les hace daño e intentan poner un límite, se pasarán días decidiendo si lo ponen o no y una vez hecho, le darán vueltas al hecho de si han demasiado duros/duras o han actuado incorrectamente.
  • Perfeccionistas. Tienden a pensar que todo lo que hacen, lo tienen que hacer “perfecto”. Cometer errores les hace sentir que eso significa que ellos mismos son defectuosos por completo.
  • Baja autoestima. Se apoyan demasiado en la validación externa para sentir que son lo “suficientemente buenos/buenas”. Esto les hace demasiado dependientes de las relaciones que tienen y muy vulnerables cuando intentan cosas nuevas.

El origen del comportamiento de las Personas Complacientes

Las personas complacientes en mayoría provienen de familias en las que había mucho conflicto emocional, con al menos un padre o madre narcisista que anteponía sus necesidades a las de sus hijos/hijas y el otro padre o madre coadyuvaba en este comportamiento.

  • Un padre y/o madre narcisista tenía mucha tendencia a discutir y a tener siempre la razón. El hijo/la hija complaciente aprende a sacrificar sus propias opiniones (porque las tiene) para que haya paz.
  • Un padre y/o madre narcisista que tiene un tema no resuelto con su propia rabia. El hijo/la hija complaciente aprende a anticipar el mal humor y calmarle antes de que la rabia escale. Puede haber episodios en los que no aguante más, explotando y entonces la situación explota.
  • Un padre y/o madre narcisista que tiene un problema de adicción de sustancias. El hijo/la hija complaciente aprende a gestionar su enfermedad y a cuidarle.
  • Un padre y/o madre narcisista con Personalidad Histriónica o Borderline. El hijo/la hija complaciente aprende a ofrecer consuelo y confort en casos de crisis dramáticas inapropiadas y de historias lacrimógenas
  • Un padre y/o madre narcisista que pone reglas muy rígidas y que es excesivamente controlador(a). El hijo/la hija complaciente aprende a hacer lo que se espera de él/ella para evitar reacciones desagradables. Esto se traduce en que crecen en un ambiente de muy poca libertad y que no les permite poner prácticamente ningún límite.
  • Un padre y/o madre narcisista con depresión/ansiedad. El hijo/la hija complaciente siente pena por él/ella y se siente responsable de estar siempre feliz y animarle(s).
  • Padres que discuten constantemente. El hijo/la hija complaciente aprende a detectar cuándo se cuece una pelea y se apura a pacificar la situación antes de que empiece una pelea.

El subtexto de todo esto es que las personas complacientes se sienten responsables por el bienestar emocional y mental de otros. Si eres una persona complaciente, es probable que te identifiques rápidamente con los ejemplos de la lista más arriba y te sientas culpable la mayor parte del tiempo. Esto es porque las dinámicas que se mencionan establecen una relación de ansiedad e insana de la persona consigo misma, con conversaciones circulares obsesivas que no tienen fin del tipo de :

¿De qué tengo la culpa? ¿Qué he hecho mal? Quizás no he hecho lo suficiente. ¿Puedo fiarme de mi propio criterio? Podría haberme esforzado más.

Las dinámicas parentales más sanas dan lugar a conversaciones interiores más tranquilas y más equilibradas, como éstas:

“Mis elecciones y mis sentimientos están bien”. “Me van a querer igual aunque cometa un error”. “Me quiero tal y como soy”.

Es posible cambiar ese diálogo interior. Creer en uno/una misma y tener confianza y seguridad es la parte más difícil. Las personas complacientes normalmente ofrecen resistencia a la idea de que se les puede querer tal cual son (sin tener que hacer nada).

Qué hacer para cambiar estas dinámicas

Esas resistencias no sólo son cognitivas y emocionales sino que también son corporales. El trabajo corporal puede ayudar mucho a localizar estas resistencias en el cuerpo y ayudar a liberarlas.

Las personas complacientes muchas veces no tienen ni idea de lo que quieren, de cuáles son sus necesidades y de cuáles son sus límites. Esto es porque todo gira en torno a asegurarse de que son los demás los que están felices. Siempre pueden ver las cosas desde la perspectiva de la otra persona, excusando a los otros de todo sin ofrecerse a sí mismos/mismas esa mirada compasiva. Son expertos en ser muy rígidos/rígidas consigo mismos/mismas y en juzgarse a sí mismos/mismas.

En muchas ocasiones, una relación con una persona con una psicopatología encuadrada dentro del Grupo B del DSM, son llamadas de atención de la vida de que esta mentalidad no funciona y es muy tóxica, haciendo que el mundo interior de la persona complaciente se vuelva tan incómodo y doloroso que ya no le queda más remedio que prestarle atención.

A pesar de lo que has aprendido, no es tu trabajo en la vida gestionar las emociones de los demás ni arreglarles la suya. Es un papel agotador que puede que ofrezca recompensas temporales pero a la larga lo que hace es drenarte y dejarte sin vida a ti. A la vez que aprendemos que nosotros somos responsables de nuestras propias emociones, nos sentimos más cómodos/cómodas con la idea de que los demás también son responsables de sus propias emociones.

Con esto en la cabeza, finalmente nos podemos relajar.

Fuente: psycopathfree.com

12 Señales de que Eres Codependiente

1. Vergüenza y baja autoestima

Sentir que no eres lo suficientemente buena/bueno o compararte con otros es una señal de baja autoestima. Lo que puede ser engañoso acerca de la autoestima es que algunas personas piensan o hablan muy bien de sí mismas, pero en realidad sólo es una tapadera para los sentimientos que tiene de no ser dignas de amor o inadecuadas. Debajo de eso, normalmente a un nivel no consciente, hay sentimientos de vergüenza. Normalmente, unidos a la baja autoestima hay sentimientos de culpa y un tema con el perfeccionismo. Si todo es perfecto, esas personas no se sienten mal sobre sí mismas.

2. Agradar a los demás

Es normal querer agradar a alguien que te importa, pero los codependientes normalmente sienten que no tienen otra opción. Decir que “no” les produce ansiedad. Algunos codependientes lo pasan muy mal cuando dicen “no” a quien sea. Sacrifican sus propias necesidades para que otras personas cumplan las suyas.

3. Límites pobres

Los límites son como una línea imaginaria entre tú y los demás. Hace una división entre lo que es tuyo y de otro, esto se aplica no sólo a tu cuerpo, a tu dinero, a tus pertenencias,  sino también a tus pensamientos, sentimientos y necesidades. Los/las codependencias tiene unos límites débiles o borrosos entre ellos y los demás. Se sienten responsables por los sentimientos y problemas de los demás o culpan a otros de los suyos.

Algunos codependientes tienen límites muy rígidos. Son cerrados e inaccesibles, poniéndoselo difícil a la gente que se les acerca. Algunos codependientes oscilan entre tener límites demasiado rígidos o demasiado pobres.

4. Reactividad

Una consecuencia de tener límites pobres es que reaccionas frente a los pensamientos y sentimientos de todo el mundo. Si alguien dice algo con lo que no estás de acuerdo, o te lo crees o te pones a la defensiva. Absorbes sus palabras porque no hay límite. Con un límite, te darías cuenta de que sólo es una opinión y no un reflejo de lo que tú eres y no te sentirías amenazado/amenazada.

5. Cuidar de los demás

Otro efecto de tener límites pobres es que si alguien tiene un problema, los quieres ayudar hasta el punto de que puedes sentirte culpable si no renuncias a ti en el proceso. Es natural sentir empatía y simpatía por alguien, pero los codependientes ponen a los demás por delante de sí mismos. De hecho, necesitan ayudar y pueden sentirse rechazados si la otra persona no quiere de su ayuda. Lo que es más, siguen intentando ayudar y arreglar a la otra persona incluso cuando esa persona ha rechazado claramente su ayuda y no está siguiendo sus consejos. Para algunos/algunas codependientes, su valor esencial depende de ser necesitados/necesitadas por otras personas.

6. Control

El control ayuda a los codepnedientes a sentirse a salvo y seguros/seguras. Todo el mundo necesita algún control sobre lo que ocurre en sus vidas, nadie quiere vivir en una constante incertidumbre y caos, pero para los codependientes el control limita su habilidad para tomar riesgos y compartir sentimientos. A veces tienen una adicción que o bien les ayuda a desinhibirse, como el alcoholismo o que les ayuda a reprimir sus sentimientos, como la adicción al trabajo. Así no se sienten fuera de control en relaciones cercanas e íntimas.

Los codependientes también necesitan controlar a los que tienen cerca porque necesitan que la gente se comporte de una forma determinada con la que ellos/ellas se sienten bien. De hecho, complacer y cuidar de los demás los pueden usar para controlar y manipular a la gente. Alternativamente, pueden ser mandones/mandonas y decirles a los otros qué es lo que deberían o no hacer. Esto supone una violación del límite de alguien.

7. Comunicación disfuncional

Los/las codependientes tienen dificultades para comunicar sus pensamientos, sentimientos y necesidades. Desde luego, si no sabes lo que piensas, sientes o necesitas, esto se convierte en un problema. Otras veces lo sabes pero no quieres reconocer la verdad. Tienes miedo de ser auténtico/auténtica porque no quieres disgustar a otra persona. En lugar de decir “No me gusta eso”, fingirás que está bien para ti o le dirás a alguien lo que tiene que hacer.

La comunicación se vuelve deshonesta y confusa cuando intentamos manipular a la otra persona a causa de nuestro propio miedo.

8. Obsesiones

Los codependientes tienen una tendencia a pasar su tiempo pensando en otras personas o relaciones. Muchas veces, intentan descifrar lo que otra persona siente o piensa y porqué. Esto se debe a la dependencia de otros y por la ansiedad y el miedo a ser rechazados/rechazadas, a causa de la vergüenza. Por la misma razón, se pueden obsesionar cuando piensan que han cometido o pueden cometer un “error”.

A veces puedes fantasear sobre cómo te gustaría que fuesen las cosas o alguien a quien quieres como una forma de evitar el dolor del presente. Es una forma de mantenerte en la negación, pero no te permite vivir tu vida.

9. Dependencia

Los/las codependientes necesitan gustarle a otras perosnas para sentirse bien sobre sí mismos/mismas, y tienen miedo de ser rechazados/rechazadas o abandonados/abandonadas, a pesar de que pueden ser funcionales por sí mismos/mismas. Esto hace que les resulte muy difícil terminar una relación, incluso cuando la relación es dolorosa o abusiva. Acaban sintiéndose atrapados/atrapadas en ella.

10. Negación

Uno de los problemas a los que se enfrentan las personas para buscar ayuda acerca de la codependencia es que la niegan. Esto es, no hacen frente al problema. Normalmente piensan que el problema es de la otra persona o de la situación. Se siguen quejando o intentan arreglar a la otra persona o van de una relación o trabajo en otra/otro y nunca se hacen cargo del hecho de que tienen un problema.

Los/las codependeintes tambiñen niegan sus sentimientos y necesidades. Muchas veces no saben lo que sienten y en lugar de ello se focalizan en lo que los otros sienten. Lo mismo ocurre con sus necesidades. Se centran en las necesidades de los demás en lugar de en las suyas propias. Con frecuencia, viven en la negación de su necesidad por espacio y autonomía. Algunos/algunas codependientes parecen necesitados/necesitadas. Otros se comportan como autosuficientes en lo relativo a la necesidad de ayuda. No la piden y se les hace difícil recibirla. Viven en la negación de su propia vulnerabilidad y necesidad de amor e intimidad.

11. Problemas con la intimidad

Con esto no me refiero al sexo, aunque muchas veces una disfunción sexual es un reflejo de un problema de intimidad. Se trata de ser abierto/abierta y cercano/cercana alguien en una relación íntima. A causa de la vergüenza y los límites pobres, es posible que temas que vas a ser juzgado/juzgada, rechazado/rechazada o dejado/dejada. Por otro lado, es posible que tengas miedo a mezclarte demasiado en una relación y perder tu autonomía. Es posible que niegues tu necesidad de cercanía y sientas que tu pareja quiere demasiado de tu tiempo. Tu pareja se queja de que no estás disponible, pero es posible que él/ella esté negando su necesidad de separarse a veces.

12. Emociones dolorosas

La codependencia genera estrés y lleva a emociones dolorosas. La vergüenza y la baja autoestima generan ansiedad y miedo sobre:

  • Ser juzgado/juzgada
  • Ser rechazado/rechazada o abandonado/abandonada
  • Cometer errores
  • Ser un fracaso
  • Estar sola/solo

Y todos estos síntomas llevan a sentimientos de rabia y resentimiento, depresión, desesperanza y falta de fe en uno mismo/una misma.

Si te identificas como una persona codependiente ya has dado el paso más importante porque lo más duro es dejar de negarlo. Se puede superar pero necesitas ayuda. Búscala en:

  • Un psicoterapeuta o terapeuta Gestalt.
  • En grupo CoDA de Codependientes Anónimos. Son gratuitos, los hay en muchas ciudades y tienen un programa de 12 Pasos.

Fuente: whatiscodependency.com

Cómo ser Asertiv@ y Poner Límites

“Poner límites es una forma avanzada de asertividad. Entraña riesgos y supone tomar una posición sobre quién eres, lo que estás dispuest@ o no a hacer y cómo quieres ser tratad@ y respetad@ en tus relaciones. Requiere tomar consciencia primero de tus valores, sentimientos y necesidades, así como práctica en hacer afirmaciones que empiecen con “Yo” sobre ellos”. “How to Speak Your Mind – Become Assertive and Set Limits”, Darlene Lancer.

Porqué la Asertividad es difícil

Aprender a ser asertiv@ requiere autoconocimiento y práctica. Muchas veces, debido a vergüenza tóxica y una baja autoestima algunas personas, los codependientes en especial, encuentran esto difícil porque:

  1. No saben lo que necesitan o sienten
  2. Cuando lo saben, no valoran sus necesidades, sentimientos y deseos y ponen las necesidades y sentimientos de los otros por delante. Sienten ansiedad o culpa cuando piden lo que quieren o lo que necesitan.
  3. Creen que no tienen derechos.
  4. Tienen miedo de que esa persona se enfade con ellos y/o les juzgue (por ejemplo, que les llamen egoístas).
  5. Tienen vergüenza de sentirse vulnerables, mostrar sentimientos, o decir lo que quieren o necesitan.
  6. Tienen miedo de perder el amor, la amistad o la aprobación de alguien.
  7. No quieren ser una carga.

En lugar de ser asertiv@s, l@s codependientes se comunican de forma disfuncional, tal y como lo han aprendido de la interacción con sus padres, muchas veces siendo pasivos, quejándose, agresivos o críticos o echando la culpa. Si te quejas, atacas, culpas o criticas a alguien, esa persona actuará de forma defensiva o se comportará de la misma manera en la que lo estás haciendo tú. A la asertividad se llega con práctica.

Porqué a veces no funcionan los límites

Has comunicado tus límites repetidamente de forma asertiva y no está funcionando. Esto puede ser porque:

  1. Tu tono no es firme o echa la culpa o es crítico.
  2. No hay consecuencias por la violación de tu límite.
  3. Te echas atrás cuando te retan con la razón, con rabia, con amenazas, llamándote cosas, con el tratamiento de silencio o con respuestas como:
  • ¿Quién te crees que eres diciéndome lo que tengo que hacer?
  • Eres un(a) egoísta
  • Deja de controlarme
  1. Amenazas con hacer cosas que causan demasiado miedo o que son poco realistas de llevar a cabo, como “Si haces eso otra vez, me voy”.
  2. No aprecias suficientemente la importancia de tus necesidades y valores.
  3. No ejercitas las consecuencias de forma constante cada vez que esa persona viola tu límite.
  4. Te echas atrás porque simpatizas con el dolor de la otra persona y pones sus sentimientos y necesidades por encima de los tuyos.
  5. Insistes en que sea la otra persona la que cambie. Las consecuencias no son para castigar a alguien o para que otra persona cambie, sino que requieren que seas tú el/la que cambie su comportamiento.
  6. No tienes un sistema de apoyo que refuerce tu nuevo comportamiento.
  7. Tus palabras y tus acciones son contradictorias. Las acciones hablan más alto. Las acciones que finalmente premian a alguien que premian a alguien por violar tu límite prueban que no eres seri@. Éstos son algunos ejemplos:
  • Decirle a tu vecino que no se pase sin llamar antes, y después dejarle entrar en tu apartamento cuando se presenta sin avisar.
  • Decirle a tu ex pareja que no te contacte y después escribirle o verle.
  • Decirle a alguien que no te llame después de las 9 pm y aún así coger el teléfono después de esa hora.

Cosas que puedes hacer para ganar en Asertividad

Reflexiona sobre:

  1. ¿Qué comportamientos específicos en los que has participado o permitido violan tus valores o comprometen tus necesidades y deseos?
  2. ¿Cómo te afecta eso a ti y a tus relaciones?
  3. ¿Estás dispuest@ a arriesgarte y esforzarte para mantener tus límites? Puede ser que pierdas a gente en este proceso (amig@s, pareja,..)
  4. ¿Cuáles son los derechos que crees que tienes?
  5. ¿Cuáles son las consecuencias con las que puedes vivir? Intenta mantener lo que dices y no hacer nunca amenazas que no puedas mantener. Recuerda que todo el esfuerzo no habrá servido si no mantienes el límite y las consecuencias por violarlo.
  6. Cómo vas a llevar la reacción de la otra persona.

Recuerda que ser asertiv@ y poner límites es un proceso que lleva tiempo y práctica. Al principio seguramente sentirás miedo y/o culpa por poner un límite. No los rehúyas, sostén ese miedo y/o esa culpa, verás cómo con cada límite que pongas, éstos cada vez estarán menos presentes hasta que desaparezcan por completo. No poner límites y aceptar todo lo que te hacen otros, no es querer, es no quererte a ti mism@.

Proyecciones, Narcisistas y Codependientes

¿Qué es una proyección?

Cuando una persona tiene pensamientos o sentimientos incómodos, a veces los proyectan en otras personas, asignando  dichos sentimientos o pensamientos que se niegan a sí mism@s a una persona que escogen como objetivo para esto. La proyección también puede ocurrir para ocultar o eliminar cualidades de otras personas con las que nos sentimos incómod@s. Asumimos que son como nosotros, y al hacerlo, nos permitimos ignorar estas cualidades y así dejamos de estar incómod@s.

La proyección neurótica es percibir a los demás de formas que nosotros inconscientemente consideramos criticables de nosotros mismos. La proyección complementaria consiste en asumir que los otros hacen, piensan y se sienten de la misma manera que nosotros. También lo es la asunción de que las otras personas pueden hacer las cosas igual que nosotros.

La proyección también aparece cuando vemos nuestros propios rasgos de carácter en los demás, como en el efecto de falso consenso. Así, por ejemplo, vemos a nuestros amigos más parecidos a nosotros de lo que realmente lo son.

Ejemplos de proyecciones

  • No me gusta otra persona, pero tengo un principio moral que dice que me debería gustar todo el mundo, así que proyecto en ellos que yo no les gusto. Esto me permite evitarles y también lidiar con mis propios sentimientos de disgusto.
  • Una mujer que se siente atraída por un compañero de trabajo, acusa a esta persona de acoso sexual en el trabajo.
  • Un marido que es infiel sospecha de una infidelidad por parte de su esposa.

Debate sobre la proyección

Proyectar pensamientos o emociones en otros nos permite considerarles como disfuncionales sin sentir la incomodidad de que estos pensamientos y emociones también son nuestros. Así podemos criticar y juzgar a la otra persona, distanciándonos de nuestra propia disfuncionalidad.

Una de las explicaciones para este mecanismo es que el ego percibe la disfunción proveniente de “algún sitio” y buscar resituar eso en algún sitio. El super ego avisa de un castigo si “ese sitio” es interior, así que el ego lo sitúa un en sitio externo más aceptable – muchas veces, de forma muy conveniente- en otra persona.

La proyección vuelve la ansiedad moral o neurótica en ansiedad real, con la que es más fácil lidiar.

Cuando hay empatía, una persona experimenta las emociones que percibe en otros. Quizás la empatía podría considerarse como el contrario a la  la proyección.

Por qué l@s Narcisistas proyectan: las dicotomías del/de la Narcisista

L@s narcisistas tienen una construcción identitaria muy pobre, que está constantemente plagada de sentimientos de inadecuación y de la sensación de que no son lo suficientemente buen@s.

El/la narcisista intenta ser “perfect@”, especial, “atractiv@”, un “amante increíble”, o “maravillos@” o lo que sea necesario para ganar la aprobación de los demás, esto para alimentar y mantener su falso yo (ego), hace todo ese esfuerzo para conseguir de las demás personas el suministro narcisista que “necesita” para sentirse bien.

Ese falso yo (ego) busca la aprobación a toda costa, por lo que cuando no tiene ese alimento por parte del exterior de forma constante (una necesidad porque no tiene un alimento del interior) el comportamiento se vuelve errático, vengativo y se comporta de una forma cruel. Esto es lo que un ego lleno de dolor, miedo y vacío produce. Cuanto más grande sea el ego, más fuerte es la respuesta.

El comportamiento cruel del/de la narcisista, cuando aparece, no encaja con la creación de “perfección creada por el falso yo”. Las partes “imperfectas” (no curadas) del/de la narcisista han sido repudiadas por él/ella y por lo tanto tiene que ponerlas en “algún sitio” – y rápido – para que el/la narcisista no tenga que hacer frente a sus propios miedos. “Hay algo malo en mí y no soy el ser increíble que pretendo ser”. Aquí es cuando surge la proyección.

Cuanto más intentes que el/la narcisista se responsabilice de sus acciones y su comportamiento, las proyecciones aumentarán.

La Proyección Narcisista de los Padres

Si has tenido un padre y/o madre narcisista, en la infancia estabas indefens@ y, desde luego, no tenías un sentido del yo propio establecido. Era imposible poner barreras y decir “esto no es mío”. Tod@s l@s niñ@s se sienten que están errando cuando sus padres proyectan en ell@s. Las frases: “eres estúpid@, mal@, egoísta, no lo suficientemente buen@,…”   Son fácilmente absorbidos por los niñ@s como si fueran ciertos.

El/la niñ@ más empátic@ tiende a internalizar estas heridas y a sufrir lo que se llama vergüenza tóxica. Este es el modelo de un(a) codependiente.

L@s niñ@s menos empátic@s repudian su dolor y la vergüenza tóxica, se ponen a sí mim@s en lucha con el mundo “Nunca me voy a permitir a mí mism@ ser vulnerable, que me hagan daño o confiar en otr@s” y crean un falso yo con el que viven su vida (adoptan un comportamiento amoral). Este es el modelo de un(a) narcisista.

L@s niñ@s no tienen un yo establecido en esa etapa. Son completamente dependientes y vulnerables. Un(a) niñ@ no puede decir “Mamá/Papá, eres un(a) narcisista, eres tóxic@ y no quiero tener nada más que ver contigo – ¡Me voy de casa!”

Tu Sentido Esencial del Yo: qué les pasa a los Codependientes

Cuando no tienes un sentido del yo esencial, inevitablemente asignarás a alguien más para que sea esa “fuente” para ti. El/la narcisista, porque tú eras susceptible a ello por ser un(a) niñ@, fue capaz de co-crear esta dependencia a propósito contigo.

Cuando no tenemos un sentido esencial del yo, dependemos de la validación, de la aprobación de otros. Necesitamos que la persona a la que hemos designado como “nuestra fuente del yo” nos quiera, nos dé su aprobación y crea en nosotr@s. Nos destroza y nos hace creer que nuestra supervivencia está en peligro si esa persona (pareja, padre o madre, amig@(s) no cree que somos buen@s, si no nos apoya, si no está ahí para nosotros, si nos acusan de cualquier cosa (estás loc@, eres egoísta, eres tont@,…) y nos apegamos para rogar clemencia y justicia.

Nos creemos que si perdemos a esta persona, no seremos capaces de sobrevivir emocionalmente, mentalmente y/o físicamente. Esto en realidad es una fantasía. Lo que opera es nuestro inconsciente. Lo que el/la narcisista sembró en nuestro cerebro cuando éramos niñ@s.

Con la terapia adecuada este proceso se revierte y poco a poco construimos nuestro sentido esencial del yo y una autoestima fuerte que haga que no dependamos de nadie para querernos a nosotros mismos. La autoestima es fundamental para tener una vida plena y desarrollar todo nuestro potencial.

Este artículo está basado en el original de changingminds.org.