El Poder del “No”

Los hijos e hijas de narcisistas lo tuvieron muy difícil para decir que “No” porque fueron criados por personas que no admitían que les pusiesen un límite. Simplemente no era una opción.  Como adultos, piensan que si dicen que no, no los van a querer, van a generar un conflicto (lo cual evitan a toda costa) o algo malo les va a pasar. Están tan acostumbrados/acostumbradas a complacer a la gente que tienen que aprender a ser asertivos y decir que No. Durante toda su infancia, la forma de sobrevivir era decir que Sí, así que simplemente ni siquiera tienen registrado “No” en su vocabulario. Cambia esta dinámica. Di que “No”.

¿Por qué decir que No?

  • Decir que No a largo plazo compensa tanto en el plano laboral como personal. Sienta muy bien hacerte responsable de ti mismo/misma, tomar el control y ser el/la que determina los límites. Te da energía y confianza en ti misma/mismo.
  • “No” también testea la salud y la equidad de tus relaciones más cercanas. Si sientes que no puedes decir que “No”, al menos a algunas cosas, alguna parte del tiempo, entonces no se trata de amor sino de control.
  • Finalmente, la integridad personal requiere del poder del “No”. Sin él, nos convertimos en personas complacientes que simplemente dicen que “Sí” de forma automática, únicamente para agradar al otro. Cualquiera que sea el coste que implique o el tornado en el que nos podamos acabar de ver envueltos/envueltas, la pasta de la que estás hecha/hecho viene determinada por tu habilidad para decir que “No”.

Situaciones en las que es Razonable Decir que No

Cuando te protege de la explotación de otros

Es extraordinario la cantidad de cosas que la gente te pedirá o te exigirá, cosas que tú ni soñarías con pedirle a otro. Protégete de las personas que se sienten legitimadas a pedirte respondiendo con un claro y firme “No”.

Cuando te protege del abuso de otros

Es triste pero nuestras relaciones más importantes normalmente dan lugar a las formas menos sanas de comunicarse. Esto es en parte porque las personas más cercanas son las que provocan las emociones más fuertes, porque es la gente a la que más tememos perder. El miedo puede tragarse nuestra fuerza para decir que “No” justo cuando más la necesitamos.

Cuando necesitas la fuerza para cambiar la dirección de tu vida

Las invitaciones ya están en el buzón, pero sabes que la inminente boda es un error. El trabajo parece bueno para el resto del mundo, pero tú te pones triste cada mañana cuando sabes que tienes que ir allí. Tu familia se ha sacrificado para ayudarte, pero sabes que ser abogado/abogada no es lo que quieres para ti. Cuando te des cuenta de que no vas en la dirección correcta en tu vida, “No” representa el poder necesario para cambiar el rumbo.

Cómo soltarlo

“No” la mayoría de las veces no sienta bien al que lo recibe. Es difícil de transmitir, en parte porque tenemos la sensación de cómo será recibido – muchas veces no demasiado bien.

El cerebro humano, de acuerdo con lo establecido por Neuroscience , está programado para responder a  un”No” de forma más rápida, más intensa y más persistente que a una señal positiva. “No” tiene más fuerza que “Sí”.

Técnicas Para Aprender a decir “No”

Sustituye tu habitual “Sí” por “Me lo pensaré”

Si no has usado mucho esta técnica te sorprenderán sus resultados. “Me lo pensaré” te hace tomar el control y alisa el camino para el “No”. Sugiere que estás valorando factores importantes, y  lo que es más importante, te da la oportunidad de pensarte las cosas. Un “No” tras una toma de decisiones reflexiva tiene más fundamento que un “No” que viene motivado por un impulso emocional.

Suaviza tu lenguaje

Intenta “No me siento cómodo/cómoda con eso”, “Preferiría que no…” o “Es un plan bueno/interesante, pero no me va a ser posible…”

Esta última es una variante de la estrategia de comunicación de lo galleta de Oreo, con la cual dices algo positivo “Eres una persona encantadora”, metes en medio el relleno de un “No” con tacto “No creo que tú y yo tengamos un futuro como pareja”, y para terminar la otra galleta “He disfrutado mucho del tiempo que hemos pasado juntos”.

Gestiona tus sentimientos

“No” se trasmite mejor con un aire Zen de calma. Al principio te costará, porque seguramente calma no será precisamente lo que sientas. No te preocupes, cuanto más lo practicas, mejora. Una calma hacia fuera ayudará a acallar a tu tormenta interna. Lo que es más, reducirá el impacto negativo de tu “No” en el cerebro de tu intelocutor(a).

Haz referencia a tu compromiso con otras personas

Di “No” sin parecer egoísta o despreocupado/despreocupada refiriéndote a tus compromisos y/u obligaciones con otras personas “Me encantaría quedar, pero ya le he dicho a mi madre/amiga/colega de trabajo que iría con él/ella”

Piensa que representas a otros

Wharton’s Adam Grant sugiere que negociarás mejor y de forma más asertiva si te imaginas que estás negociando un salario en el nombre de tu familia o una venta en el nombre de tu empresa. Cuando no es sólo tu interés el que está en juego, te resultará más fácil decir que “No” a una oferta que no te convence.

Ensaya

Situaciones en tu vida -como la de un jefe demandante que te asigna tareas de más, una familiar que no deja de pedirte cosas o un amigo/amiga que insiste hasta que cedes a hacer el plan que él/ella quiere- pueden servirte para tu ensayo privado. Harán de conejillos de indias de tu recién estrenado “No” sin saberlo.

Puede ser diseñando un claro y respetuoso “No” y lo repites como un mantra “No puedo encargarme de otro proyecto porque mi plato ya está muy lleno”” No puedo encargarme de otro proyecto porque mi plato ya está muy lleno.” Hasta que tu jefe por fin lo oye.

También puedes practicar atajar la conversación “La verdad es que no nos ponemos de acuerdo en esto, es mejor que dejemos la conversación aquí”. La otra persona continúa, tú ya permaneces en silencio.

O, si practicas lo suficiente, te convertirás en lo suficientemente fuerte para escuchar cualquier petición inapropiada, excesiva, incómoda, abusiva y decir esas tranquilamente esas dos letras mágicas y sentirte en paz mientras lo haces: “No”.

Si al principio ves que te cuesta mucho, que se te hace una montaña decir que no, apúntate a un curso o un taller de teatro terapéutico. Ensayarás decir que no para luego hacerlo en la vida real.

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