Cómo el trauma en la infancia dificulta las relaciones de pareja

Cómo el trato en la infancia por padres narcisistas o con otros trastornos afecta a cómo te relacionas en el amor

La forma en que nuestros padres o cuidadores interactuaron con nosotros cuando éramos niños tiene un impacto directo en nuestras relaciones de pareja como adultos.

Haber tenido padres que no han sido amorosos, que han cometido mucha negligencias, que han sido agresivos o caóticos,… genera trauma en la infancia y determina la plantilla con la que nos decimos “Esto es el amor” en las relaciones de pareja.

Dentro de estos comportamientos entran sin duda los padres narcisistas y codependientes. Ambos tienden a utilizar a sus hijas para cubrir sus necesidades, invirtiendo el proceso natural, que es el de que los padres estén disponibles para cubrir las necesidades emocionales de sus hijas.

De forma general, un padre o madre narcisista, utilizará a su hijo para volcar en él sus frustraciones cuando le otorga el papel del chivo expiatorio o bien para hacer suyos los éxitos y logros de su hija si le otorga el papel de la niña dorada.

Sin embargo, un padre o madre codependiente, utilizará de forma inconsciente a su hijo para sentirse necesitada, generando dependencia emocional y poniendo obstáculos para que su hijo crezca emocionalmente.

Tomar conciencia de nuestros patrones es un primer paso vital para comenzar a sanarnos a nosotras mismas y nuestras relaciones.

Señales de que el trauma de infancia está afectando a tus relaciones

Dificultad para sentirte querida, cuidada o apreciada

Si has experiencias infantiles de negligencia o abuso (que no tiene porqué ser físico sino que en muchos casos es psicológico y/o emocional), puede crear una creencia principal de que tu verdadero yo (tu niña interior) no es aceptable o incluso está “dañado” o “roto”. Esto puede hacer que te sabotees el recibir gestos que sí son de amor por parte de tu pareja. O también te puede llevar a ocultar aspectos de ti misma por temor a no ser digna de amor por no ser perfecta.

La forma en la que interpretas un suceso puede ser drásticamente diferente en comparación con otras personas

Si has tenido una infancia donde han sido frecuentes las ausencias, humillaciones, agresiones,… por parte de tus cuidadores, serás más propensa a percibir un daño o un mala intención por parte de tus parejas.

Tendencia a ignorar las banderas rojas

El trauma puede hacer que ignores las señales de peligro o banderas rojas en una relación de pareja, como por ejemplo, haber normalizado o sentir como familiar que tu pareja demande mucha atención, te pida que te abras de forma muy rápida o que no permita que le pongas límites.

Sientes con facilidad ansiedad por abandono

La ansiedad por abandono puede generar dos tipos de comportamientos que son opuestos: o bien hacer que te aferres con fuerza a tu pareja creyendo que sin ella no vas a poder sobrevivir: “Sin ti me muero” o bien evitar todo tipo de vínculos románticos negando la necesidad de afecto e intimidad: “No necesito a nadie”.

Finales abruptos

Como las relaciones disfuncionales basadas en el trauma no tienen una base sólida, es fácil que el final de la relación se dé de una forma abrupta y por poca cosa, como un malentendido, un conflicto o la anticipación del abandono, que lo que provoca es manifestarlo, o bien alejando a tu pareja o bien abandonando tú primero para evitar sentirte abandonado.

Complacer de forma automática

Si has sentido mucho abandono por tus padres en tu infancia, tu tendencia en automático es probable que sea la de complacer a tu pareja para evitar el abandono. Como no hay una conexión contigo misma y tus necesidades, decir que no o poner límites puede volverse difícil. Hay una tendencia a “seguir el rollo” a tu pareja para mantenerla cerca, a pesar de que esto te haga daño.

Splitting o pensamiento blanco/negro

El splitting o pensamiento blanco/negro es un fenómeno que se da en la infancia y que hace que un niño perciba a su madre desde las totalidades o extremos de o bien “buena” cuando le da cariño o bien “mala” cuando le riñe o castiga. Con el tiempo, si hay un crecimiento emocional adecuado, el niño aprende a percibir a su madre desde los grises y darse cuenta de que su madre le quiere en general a pesar de que en un momento concreto le esté castigando.

Si no ha habido la oportunidad y el espacio para este crecimiento personal porque la niña ha tenido que destinar toda su energía a sobrevivir en un entorno no nutriente u hostil, ese splitting o pensamiento banco/negro se convierte en un patrón de idealización/devaluación en las relaciones adultas románticas, donde puedes pasar de ver a tu pareja como la persona más maravillosa del mundo a alguien que no te gusta y que te cae mal en cuestión de horas.

La disociación como mecanismo de defensa

La disociación es un mecanismo de defensa que sirve para desconectarte de la realidad u olvidar selectivamente partes de una experiencia. Este mecanismo de defensa se genera en la infancia para desconectarte de experiencias que resultan demasiado abrumadoras para poder procesarlas en el momento en el que ocurren.

Si tienes una tendencia a disociarte, es posible que utilices este mecanismo de defensa con tu pareja, para evitar sentir dolor cuando te hace daño o, por ejemplo, accediendo a prácticas sexuales que en realidad no quieres.

Poner la relación a prueba

Las experiencias traumáticas en la infancia llevan a una dificultad para recibir amor. Si la relación va bien y te sientes querida, es posible que pongas a prueba el amor de tu pareja con comportamientos como pedir más de lo que es razonable o demandar en lugar de proponer o pedir amablemente. Si a causa de estos comportamientos al final tu pareja deja la relación porque el vínculo le resulta demasiado difícil, se manifestará o hará real tu profecía auto-cumplida de “No soy digna de amor.”

Dificultad para estar presente con tus emociones

Cuando hay trauma, la tendencia es a querer estar una relación para sentirse bien con uno mismo y obviar todos los aspectos complejos o difíciles que se presentan en una relación de pareja adulta. Si estás en una relación, antes o después aparecerán emociones como angustia o miedo o heridas de infancia como rechazo o abandono. Aprender a estar contigo mismo, responsabilizarte y gestionar tus emociones es clave para que la relación se pueda desarrollar. Puedes pedir apoyo a tu pareja para que te ayude a gestionar estas emociones o sentimientos difíciles pero si los evitas o pretendes que tu pareja la que se encargue de ellos, es probable que la relación se resienta y dificulte que salga adelante.

La constancia del objeto

La constancia del objeto es un concepto acuñado por el psicólogo Jean Piaget y se trata la comprensión de que los objetos continúan existiendo incluso cuando no se pueden ver, tocar o sentir de alguna manera. Del mismo modo, un niño desarrolla la habilidad de interiorizar el amor de sus padres aunque no los pueda ver todo el tiempo. Si has pasado por un trauma del desarrollo en la primera infancia, se frena el desarrollo de la constancia del objeto.

El trauma temprano puede hacer que te sientas desconectada de tu pareja cuando no estás físicamente con ella. Esta desconexión te hace dudar de la relación o bien sientes la compulsión de comunicarte constantemente con tu pareja por medios como las RRSS, el whatsapp o el teléfono. Esto dificulta la creación de relaciones estables por la falta de confianza en el vínculo o porque la comunicación constante se vuelve insostenible con el paso del tiempo.

Propensión a la impulsividad

Cuando en la relación de pareja se viven situaciones que actúan como detonantes de momentos traumáticos vividas en la infancia, hay una propensión a la impulsividad, en lo que se denomina el «secuestro de la amígdala». Esto hace que tengamos reacciones desmesuradas frente a determinadas situaciones porque la corteza prefrontal del cerebro, que es la que nos permite razonar de forma lógica, se desconecta.  Esto da lugar a comportamientos erráticos, caóticos e impulsivos porque el sistema nervioso se pone en modo supervivencia.

Un ejemplo de esto es le pidas a tu pareja para quedar el fin de semana y que te diga que no porque ya tiene planes con sus amigos. Esta simple negativa detona comportamientos de rechazo por parte de tu padre o madre en la infancia cuando te decían que no al pedir, por ejemplo, un abrazo. Esto te lleva a reaccionar como entonces y entrar en una rabieta que daña la relación.

Las relaciones amorosas son detonantes del trauma primario en la infancia

Lo más lógico sería pensar que cualquiera correría hacia el amor después de no haberlo experimentado en la infancia. Pero la herida está donde se infligió por primera vez: en las relaciones cercanas. Como resultado, quizás funciones perfectamente bien en el trabajo o en amistades superficiales, pero puedes desmoronarte o tener muchas dificultades en las relaciones de pareja, que son más profundas y requieren de una mayor intimidad y vulnerabilidad.

También es cierto que es en estas relaciones donde se cura el trauma, pero esto requiere de un trabajo personal, donde pongas de tu parte para hacer una introspección sobre ti misma, tengas conciencia sobre tus heridas y comportamientos y una voluntad de cambiar lo que necesites si cuentas con la ayuda de tu pareja, que o bien puede tener referentes más sanos que tú o bien también está dispuesta a cambiar contigo.

Dificultad para recibir atención o cuidado

Sentirte expuesto o mostrarte vulnerable puede traer toneladas de vergüenza y culpa del pasado. Los regalos y los gestos amables pueden sentirse como trampas. Recibir puede sentirse abrumador por incómodo porque no es a lo que estás acostumbrado o porque en tu infancia ha estado ligado a una generar una deuda emocional, tener que atender a una demanda o sólo después de un castigo.

Las relaciones poco saludables pueden sentirse como emocionalmente “seguras”

Las relaciones poco saludables pueden reflejar aspectos de las relaciones que se dieron en tu infancia, lo que resulta en una sensación de estar «en casa” o de que todo es “familiar”.

Las parejas que son negligentes pueden sentirse como un lugar seguro por ser conocido si has sido descuidada emocionalmente cuando eras niña. Por otro lado, si el entorno de tu infancia era caótico, agresivo o intrusivo, no tener relaciones de pareja de ningún tipo puede hacer que te sientas segura y menos propensa a hacerte daño aunque el precio que pagues sea el de renunciar al amor de pareja.

Dar en exceso y su relación con la codependencia

Dar y no recibir puede sentirse como una forma de tener cierto control sobre la relación, un antídoto contra la vulnerabilidad que sientes cuando te relacionas estrechamente con otra persona. El control viene por el hecho de que dando crees que te aseguras de que la otra persona se va a quedar.

Sin embargo, este comportamiento es el que da lugar a relaciones disfuncionales, donde estás alimentando que te aprecien más por lo que das que por quien realmente eres.

Al otro lado de este comportamiento suele estar una persona narcisista, más propensa a recibir que a dar y buscando que constantemente sujetes un espejo en el que se pueda querer de una forma vacía en lugar de interactuar de forma real contigo.

Conclusiones finales sobre el trauma

Las secuelas del trauma infantil no se pueden superar con la psicología tradicional. No se puede pensar en positivo y deshacer el trauma con afirmaciones.

El trauma relacional se puede superar aprendiendo recursos para afrontar situaciones, técnicas para auto-maternarte y auto-regularte emocionalmente y construir poco a poco la seguridad en las relaciones.

Si crees que el trauma de infancia está afectando a tus relaciones de pareja es recomendable buscar terapia para que una terapeuta te acompañe a descubrir cuáles son tus detonantes, heridas de infancia, patrones y tipo de apego para poder gestionarlos y, si es necesario, cambiarlos.

Imagen de Dave Webb en Unsplash

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