La insensiblización del cuerpo. Nos insensibilizamos para no sentir.

¿Qué causa el trauma en el cuerpo?

El trauma desregula el cuerpo. Afecta a la energía corporal. Las personas que han sufrido un trauma (muchas de ellas en la infancia a causa de abuso o maltrato por parte de sus padres narcisistas/disfuncionales) viven sin saberlo en un estado de alteración corporal. Esta alteración puede ir desde tener un nivel demasiado bajo de energía (cansancio crónico, fatiga crónica, sensación permanente de “vacío”) hasta el extremo de la hiperactivación (taquicardias, ansiedad, insomnio). El nivel de energía vital no es estable, sino que varía de un extremo al otro o se estanca en uno de ellos.

Cuando experimentamos demasiado miedo en el cuerpo, una respuesta natural a esta desregulación (y la confusión o las luchas relacionales que la acompañan) es escaparse, salir de ese estado alterado que causa mucha incomodidad y sufrimiento.

Vías de escape al trauma

Una de las formas más comunes de “escapar” a esto es la adicción (a la comida, el sexo, las compras, el juego,…) esto permite a las personas “regular” de una forma insana el estado alterado de su cuerpo y de sus emociones. Lo regulan por un tiempo. El problema es que sólo se trata de un parche, ya que entonces se busca la solución a problemas del cuerpo fuera de él y no permite llevar una vida normal y sana, ya que es como un bucle en el que la persona tiene que acudir una y otra vez a su adicción para sentirse algo mejor sólo de forma transitoria.

Otra de las vías de escape es la disociación. La disociación consiste en separar las emociones de las sensaciones corporales y los pensamientos. No conectamos los unos con los otros, de forma tal que conseguimos escaparnos de no conectar con nosotras mismas, para escaparnos de sentir el dolor, tanto en el cuerpo como a nivel emocional.

Los grandes nombres del trauma, incluidos Peter Levine y Bessel Van der Kolk, defienden prácticas de resensibilización somática para tomar consciencia del momento presente y una experiencia corporal de seguridad y control.

“Las personas traumatizadas se sienten crónicamente inseguras dentro de sus cuerpos: el pasado está vivo en forma de malestar interior persistente. Sus cuerpos son constantemente bombardeados por señales de advertencia y, en un intento por controlar estos procesos, a menudo se vuelven expertos en ignorar sus instintos y en adormecer la conciencia de lo que se desarrolla en su interior. Aprenden a esconderse de sí mismos ” Bessel Van der Kolk.

La insensibilización del cuerpo

Muchos cuerpos de las personas que han sufrido un trauma están de forma casi permanente en un estado de hipervigilancia, buscando amenazas potenciales de peligro a su alrededor. Esto les pone en una alerta eterna para una de las tres respuestas al trauma (localizadas en el cerebro reptiliano): congelarse, huir o atacar.

Cuando nos separamos de nuestra esencia, nos convertimos en nuestro propio enemigo. Consideramos que alguna parte de nosotros es inaceptable o insegura y gastamos grandes cantidades de energía en un esfuerzo por contener y someter esa parte.

Nos anestesiamos a nosotras mismas de forma inconsciente para no sentir, porque el dolor es mucho y muy profundo. El problema que tiene esto, es que al autoanestesiarse (tanto a nivel corporal como emocional), no sentimos lo malo, pero tampoco lo bueno. No sentimos dolor pero tampoco alegría.

Nos convertimos en robots que sólo piensan, nos volvemos personas muy rígidas y controladoras en búsqueda de una seguridad que intentamos fabricar. En el caso de otras personas, la desregulación puede hacer que tengan ataques de ira o de cólera, haciendo que se comporten de un modo extremadamente irracional. El trauma nos hace movernos en los extremos. Puede ser una combinación compleja de ambos, crear una estructura artificial para proteger y controlar, y luego involucrarse en comportamientos de alto riesgo para “sentir”.

El tema es que por mucho que intentemos taparla, ignorarla, negarla, racionalizarla, minimizarla, anestesiarla,… esa parte nuclear de nuestro yo se sigue manifestando de diversas maneras para que le prestemos atención.

“El trauma cambia la ínsula, los sistemas de autoconciencia. Las personas traumatizadas a menudo se vuelven insensibles consigo mismas. Les resulta difícil percibir el placer y comportarse de forma espontánea. Hay que usar métodos para despertar los sentidos en la persona ” Bessel van der Kolk.

Volver a tu cuerpo significa volver al dolor original. Atravesarlo en lugar de huir de él. Tu cuerpo habla de ti, de cómo has formado tu carácter y de tu trauma. Empezar a hacer ejercicios específicos con tu cuerpo te ayudará a reencontrarte contigo misma. Por ejemplo, no poder gritar es un indicativo de que sientes que no tienes voz ni tomas decisiones sobre tu propia vida sino que otras personas lo hacen por ti. Andar con la cabeza mirando hacia abajo indica falta de autoestima. Andar de forma muy ligera, casi de puntillas en lugar de con una pisada firme indica falta para arraigarse, para adquirir compromisos en la vida, contigo misma y con los demás.

El acceso a sensaciones físicas incómodas en el cuerpo permite sentirlas para poder sanarlas. Es verdad que es incómodo y puede resultar abrumador, pero es el camino para la sanación.

Prácticas para equilibrar tu energía corporal

  • Practicar yoga: el yoga actúa sobre el sistema nervioso, equilibrándolo. Los supervivientes de trauma sufren de una alteración de su sistema nervioso, el sistema simpático sufrió alteraciones al verse obligado a estar en un estado casi permanente de hipervigilancia para detectar el peligro.
  • Practicar ejercicios de bioenergética: la bioenergética contiene ejercicios específicos corporales sobre zonas de nuestro cuerpo que, o bien están bloqueadas e insensibilizadas o bien están en una tensión permanente que no permite fluir de una forma sana.
  • Cuidar tu cuerpo con temas simples pero efectivos como alimentarlo bien, darle descanso, hidratarlo.
  • Para el tema de la desensibilización de la piel viene bien acudir de vez en cuando a baños terapéuticos, donde puedas darte baños alternativos con agua fría y caliente. Te activará la circulación y la sensibilidad en la piel. No es caro y son lugares accesibles, que con una búsqueda en internet puedes encontrar fácilmente.

Cualquiera que sea el método, para aquéllos que se han separado de su yo corporal, la incorporación de la sensación corporal en su conciencia a menudo resulta ser un proceso que les cambia la vida.

Libros recomendados sobre el trauma en el cuerpo:

“El cuerpo lleva la cuenta: cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma”, de Bessel van der Kolk.

“Despertando al Tigre: sanando el trauma”, de Peter Levine.

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