El Trauma y el Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo. Claves para la Sanación.

El trauma

El trauma y el duelo no resuelto pueden causar sentimientos abrumadores, depresión, agitación y ansiedad, desconfianza en los demás, dificultad en las relaciones, vergüenza, culpa, desesperación o sensación de falta de sentido e impotencia y desesperanza. El trauma implica sentimientos de dolor y pérdida.

La preocupación por evitar el trauma o los sentimientos y pensamientos relacionados con él puede convertirse en un foco central de la vida de la superviviente, sin que sea consciente de ello.

En una respuesta automática para evitar sufrir, los supervivientes utilizan la constricción, la disociación y/o el entumecimiento como mecanismos de defensa. El problema que trae esto es que:

  • Supone una evitación de lo que realmente está sucediendo en el cuerpo: si no estamos en contacto con nuestras sensaciones corporales, estamos perdidas. No detectamos el peligro y no sabemos quiénes somos ni qué queremos.
  • Aunque se eviten, los síntomas reaparecen después de un suceso vital similar al trauma de infancia (lo que se denomina detonante o “trigger”) o una acumulación de factores estresantes.
  • Los mecanismos de defensa permiten que el superviviente no sienta el miedo/terror de infancia que tiene congelado en su cuerpo, pero precisamente por ello, no termina de liberar la energía que tiene estancada dentro y no puede completar los movimientos corporales que necesita para sanar el trauma, para dejar de sentirse impotente o indefenso en la vida, para abandonar la situación de indefensión aprendida que le obligaron a vivir en su infancia.

Si quieres más información sobre este tema de los movimientos corporales necesarios para sanar el trauma, la puedes encontrar en el libro de Peter Levine “Despertando al Tigre. Sanando el Trauma”.

Factores de riesgo en el Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo

  • La falta de apoyo social: al no sentirse queridas ni acogidas en sus familias de origen, muchas repiten esto de forma inconsciente, careciendo de habilidades sociales y teniendo miedo a relacionarse con otras personas.
  • Ausencia de validación de lo sucedido: sólo una persona que ha pasado por una situación de abuso/negación en su infancia puede entender del todo a un superviviente. No es muy común que una familia un(a) padre/madre no quieran a sus hijos o los maltraten (muchas veces de forma inconsciente). Cuando cuentas tu historia (los que se atreven  a ello, ya que todos sienten vergüenza tóxica, se sienten culpables y creen que se merecían cómo los trataron), un profesional de la salud tiende a cuestionarte y pensar que te lo estás inventando para llamar la atención o que sufres de paranioa. Con la invalidación se repite el trauma, ya que en la familia de origen lo que ocurre precisamente es que nadie reconoce lo que está pasando de verdad, viven en la negación.
  • Demasiada vulnerabilidad frente a los demás: muchas supervivientes tienen desconfianza frente a la gente en general pero se comportan con credulidad e inocencia infantil frente a algunas personas en las que confían. Muchas de estas personas las acaban traicionando, ya que son perfiles de personas similares a los de sus familias de origen y a las que las supervivientes se acercan y entablan relaciones (de amistad, de pareja, laboral,…) de forma inconsciente.
  • Uno de los mecanismos de defensa que más utiliza un superviviente es el de la evitación, repitiendo lo que se hacía en su familia de origen. Evitan, en primer lugar, sus sentimientos porque en las familias narcisistas tener o expresar emociones era visto como un síntoma de debilidad. También evitan todo tipo de situaciones que les pueden dar miedo, culpa o vergüenza, que son muchas en la vida. Situaciones tan simples para las personas como ir a trabajar, tener una cita, hacer un amigo nuevo, probar algo nuevo, cambiar de residencia, ir a una fiesta, decir que no,… pueden ser evitadas por los supervivientes por la enorme angustia que les supone.
  • Pérdida de esperanza, ilusiones, identidad, voluntad. Las supervivientes son sometidas a tanto estrés y se han encontraron durante tanto tiempo bajo amenaza y/o con miedo en su infancia, que se terminan produciendo cambios en su cerebro y en su sistema nervioso. En el cerebro, en áreas que tienen que ver con la memoria, estar alerta o percibir un peligro y las conexiones con sensaciones corporales. En el sistema nervioso, el sistema simpático, el encargado de esfuerzos físicos y situaciones relacionadas con el peligro, se sobre-estimuló en la infancia, por lo que éste suele primar frente al sistema parasimpático, que es el que se encarga de los estados de relajación y reposo.

Muchas personas que sufren de Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo no  buscan tratamiento porque no han identificado qué es lo que les pasa exactamente. Debido a sus complejos componentes, muchos supervivientes son erróneamente diagnosticados de depresión, distimia, ciclotimia, fatiga crónica, ansiedad y fobias, entre otros. No es que no tengan algunas o muchas de ellas, es que esos son los síntomas del Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo.

Además, la evitación, la negación, el miedo, la culpa, la vergüenza y la desconfianza inherentes asociados con el Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo pueden dificultar no sólo pedir ayuda (es algo que era severamente castigado en sus familias narcisistas de origen) sino también que ésta surta efecto. ¿Por qué? Pues porque aunque hayan identificado el Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo y quieran sanarse, se autosabotean o se lo ponen demasiado difícil a ellos mismos, repitiendo de forma inconsciente lo que ocurrió en su infancia. 

Cómo se trata el Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo

El tratamiento a través de la terapia Gestalt implica ayudar a que el trauma se procese y se integre, de modo que finalmente funcione como lo hacen otros recuerdos, en segundo plano, en el pasado, en lugar de tener vida propia en el presente, siendo temido y evitado perpetuamente, interfiriendo con la vida normal y congelado en el tiempo.

La terapia se centra inicialmente en afrontar y confortar, restablecer la sensación de seguridad, calmar el sistema nervioso y educar a la persona sobre lo que está experimentando y porqué y, a través del proceso de confianza con la terapeuta, interrumpir el ciclo natural de evitación, que en realidad perpetúa los síntomas del Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo, aunque inicialmente es adaptativo y autoprotector.

La terapia proporciona un lugar seguro para que los supervivientes cuenten su historia, se sientan menos aislados y toleren aceptar lo que sucedió. La terapeuta ayuda a las supervivientes a establecer conexiones entre los sentimientos y síntomas que ocurren en el presente y aspectos de los eventos traumáticos.

A través de la terapia Gestalt, los supervivientes comienzan a comprender lo que sucedió y cómo los afectó, a sí mismos y al mundo nuevamente a la luz de esto, y finalmente se recuperan emocional y psicológicamente, vuelven a estar más en su propio cuerpo, reconectan con el amor y la autoestima y establecen relaciones y conexiones más sanas en sus vidas.

Parte de la terapia Gestalt está basada en ejercicios para la sanación de la niña interior, lo cual es fundamental para las supervivientes, cuya niña interior fue muy herida.

Sin embargo, la terapia Gestalt, aunque supone la base de la recuperación, no es suficiente. Los supervivientes lo deben complementar con:

Mindfuless, Yoga y Meditación

Estos tres ayudan a equilibrar el sistema nervioso, deteriorado por hiperactivación del sistema simpático en la infancia.

Terapia Corporal y Masajes

Ayudan a la superviviente a habitar de nuevo su cuerpo y a sentirse segura en él. También para desbloquear tensiones y bloqueos musculares que tienen un origen emocional por traumas de infancia.

Psicodrama

Un superviviente, cuando se hace consciente de la historia de su familia, y por lo tanto, de su propia historia, puede pasar por una etapa de mucha confusión. Todo lo que le han dicho y se ha creído que era, no es así. Hay un proceso para conocerse a una misma, reconstruir la identidad. El psicodrama ayuda mucho a esto, ya que supone representar experiencias, vividas o fantaseadas, en un entorno seguro, que permite o bien integrar experiencias pasadas de otra manera o bien ensayar facetas que no se han podido o no se ha sabido entrenar hasta ahora pero que son necesarias para tener una vida sana, como por ejemplo, poner límites y decir que no.

La recuperación/sanación implica sentirse empoderado, restablecer la conexión con uno mismo, los propios sentimientos y otras personas. La recuperación permite disfrutar más de la vida, tener fe y esperanza, hacer proyectos a largo plazo, saber cuáles son nuestras necesidades, tener autoestima, relacionarnos con los demás sin miedo y con confianza. Vivir, en una palabra.

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