La Impotencia

Qué es la Impotencia

Piensa en una estación o un aeropuerto. Cuando un tren o un avión se cancela inesperadamente, a menudo produce reacciones extremas en los pasajeros: ¿por qué? Es porque no tienen poder sobre su situación y lo saben. No hay absolutamente nada que puedan hacer. No tienen otra forma de llegar a su destino, están en manos de otros y no tienen control sobre su situación actual. Están impotentes.

Ser abusado emocional, psicológica, física y/o sexualmente es experimentar un acto de impotencia – y debido a la impotencia a menudo el niño se separa de la situación enterrando el abuso en el inconsciente a través de los mecanismos de defensa de la negación y la disociación.

Las familias disfuncionales en las que crecen los niños abusados suelen ser temerosas, controladoras y emocionalmente descuidadas. El niño está en una posición en la no tiene poder, fuerza, control ni esperanza. Esto establece las condiciones para que el abuso se repita no sólo fuera de la familia sino también cuando esos niños se hacen adultos.

 El daño que causa la Impotencia

Las niñas que son abusadas sufren la impotencia de tres formas principales durante el abuso:

  • No pueden hablar sobre el abuso y que se les comprenda
  • No pueden abandonar la situación familiar abusiva
  • Tienen un dolor espantoso y no pueden aliviarse de su dolor interno

Esto causa mucho daño interno y conduce a una dificultad extrema para confiar en las relaciones como adulto.

Las víctimas de abuso en sus familias disfuncionales, de adultos tratan de lidiar con el dolor interno de la situación de impotencia que experimentaron cuando eran niñas a través del control en sus relaciones con las demás personas.

Buscando controlar

La experiencia de impotencia puede llevar a un miedo extremo a ser vulnerable o a sufrir mucho daño de nuevo, con lo que los adultos de familias disfuncionales que sufrieron abuso psicológico, emocional, físico y/o sexual en su infancia, intentan controlar mediante los siguientes patrones de comportamiento:

  • Controlar las relaciones: ser muy difícil para entablar una relación con otro y, en el caso de hacerlo, entrar en patrones de sumisión/dominación.
  • Rituales obsesivo-compulsivos, como una tendencia al perfeccionismo, adicción al trabajo, actos de repetición de determinadas acciones, como cerrar una puerta o encender y apagar una luz.
  • Adicción al alcohol, las compras, el sexo, el deporte, la comida,..
  • Codependencia: adicción a ayudar a otra persona que a su vez es adictas a algo.

Mediante todos estos patrones de comportamiento lo que pretenden los adultos es controlar sus sentimientos internos con situaciones externas.

 Permanecer en el rol de la Víctima

La impotencia a menudo resulta en no poder hacerse cargo de la vida, responsabilizarse de una misma de forma adulta.

La falta de límites que no les permitieron poner en su infancia con sus familias disfuncionales, les lleva a convertirse inconscientemente en víctimas en su vida adulta. Aceptan tratamientos por parte de otros que las personas sanas no toleran.

Esto lo hacen (inconscientemente) para:

  • Permanecer como víctimas y repetir patrones abusivos/destructivos una y otra vez
  • Quedarse como nniñas emocionalmente en las relaciones, lo que se denomina como niña adulta
  • Atracción hacia personas controladoras en sus relaciones
  • No ser capaz de tener el control o poder personal en las relaciones con los demás o en la vida en general

 Sin confianza en una misma

Junto con la falta de límites, la impotencia y la indefensión, a menudo resulta que el niño interioriza los sentimientos negativos y está lleno de dudas e incluso de odio hacia sí mismo, y como adultos experimentan una enorme falta de confianza en sí mismos.

Esto se manifiesta de las siguientes maneras:

  • No saben confiar en sus propios instintos
  • Dejan la puerta abierta para que el abuso se repita en sus relaciones como adultos
  • Repetición de relaciones dañinas
  • Refuerzo del auto-odio: “Hay algo que está mal en mí”
  • Cuando experimentan el abuso lo aceptan como algo normal y “que se merecen”

Vacío Emocional

Uno de los efectos de estar continuamente en un lugar de miedo e impotencia es que al final estas personas se insensibilizan a sí mismas para no sentir. Esto lleva a un adormecimiento gradual en el interior: un autoabandono hacia la vida y las otras personas. El dolor se amortigua y en su lugar hay un vacío emocional.

Esto puede resultar en:

  • Negación: pretender que el abuso no está sucediendo o que no ha sucedido
  • Disociación: no estar presentes para no vivir lo que está pasando
  • Adormecimiento del interior: renuncian a involucrarse en las relaciones de una forma profunda
  • Pensamiento mágico: fantasear con personas, situaciones, otras vidas para escaparse de la real

Viviendo con Miedo

Cuando el miedo es indeterminado, puede manifestarse como ansiedad, fobias, ataques de pánico, pesadillas, terror.

Los niños objeto de abuso por sus familias disfuncionales a menudo desarrollan Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo. Repiten como adultos de forma inconsciente situaciones personales en las que se sienten atrapados y creen que no pueden salir de ella, reproduciendo cómo se sintieron en su infancia.

Hablar de sus experiencias con una terapeuta y enraizarlas en el pasado ayudará a sentir menos miedo y a vivir con confianza en el presente.

Identificar la Impotencia

El primer paso para abandonar la impotencia en tu vida es hacer conscientes los patrones de conducta que te llevan a ella.

Aquí tienes unas preguntas para ayudarte a identificar los pensamientos/conductas que te llevan a sentirte impotente:

  • ¿Qué tipo de elecciones haces cuando te sientes impotente?
  • ¿Puedes pensar en alguna forma con la que intentas controlar tu vida o tus relaciones?
  • ¿Siente que te retiras de las relaciones por temor a que la otra persona te domine?
  • ¿Te has encontrado en situaciones en las que has sentido que “algo va mal” pero te sientes incapaz de enfrentar la situación?
  • ¿Te resulta difícil confiar en tus propias percepciones sobre las situaciones?
  • Cuando sientes dolor, ¿utilizas de forma inconsciente algún mecanismo para no sentir, como por ejemplo, la disociación, la desensibilización o la negación?
  • ¿Cómo podrías construir límites más sanos en tus relaciones con los demás?

Límites y Re-Empoderamiento

Una forma muy importante de obtener una sensación saludable de poder es poner límites. La impotencia conduce a que las víctimas no puedan establecer límites apropiados en sus vidas.

A las supervivientes de familias disfuncionales/narcisistas no se les permitía poner límites al abuso al que les sometían sus padres, por eso encuentran muchas dificultades para hacerlo de adultos. Con terapia y un poco de práctica es posible cambiar esto.

El primer paso es reconocer dónde están tus límites. Evalúa tus relaciones: ¿la gente respeta tus opiniones y deseos o lo que haces es complacer las demandas y los deseos de los demás la mayor parte del tiempo?

Por otro lado, ¿cuánto escuchas los pensamientos y sentimientos de los demás? ¿Y los tuyos propios?

La manera de dejar la impotencia atrás es mirar tus patrones de relación e intentar enraizar tus miedos en el pasado y ver cómo te afectan en la actualidad. Esos miedos estaban en tu infancia y los repites de forma inconsciente pero ya no tienes porqué hacerlo.

Cuando sientas miedo las primeras veces que pongas límites, no lo resistas, acompáñalo, déjatelo sentir. Poco a poco, verás cómo ese miedo cada vez se hace más pequeño. Tienes derecho a poner límites en tus relaciones con los demás y eres libre para ejercitarlo cuando quieras. En este post tienes más información sobre los límites personales.

Fuente: http://www.intothelight.org.uk

La Indefensión Aprendida

¿Qué es la Indefensión Aprendida?

La indefensión aprendida, es un estado mental en el cual una persona obligada a soportar estímulos adversos o estímulos dolorosos o desagradables, se vuelve incapaz de evitar encuentros posteriores con esos estímulos, incluso si son “escapables”, presumiblemente porque ha aprendido que no puede controlar la situación.

Si bien el concepto está fuertemente relacionado con la psicología y el comportamiento animal, también se puede aplicar a muchas situaciones que involucran a seres humanos.

Durante las décadas de 1960 y 1970, el psicólogo estadounidense Martin Seligman y sus colegas acuñaron el término “indefensión aprendida”. Hicieron experimentos con perros a los que se les aplicaban descargas eléctricas metidos en una jaula de la que no podían escapar durante un período de tiempo, esto es, se les condicionó para sentirse indefensos. Seligman demostró que estos perros eran incapaces o encontraban muchas dificultades para escaparse de una situación adversa mientras que otros perros que no habían sido condicionados encontraban la escapada de una forma fácil. La escapada consistía en saltar una barrera que había en la jaula. Los perros que habían sido condicionados para sentirse indefensos no saltaban la barrera. Los que no habían sido condicionados, la saltaban con facilidad.

Los perros del primer grupo se volvieron desanimados y pasivos y se desmotivaron para realizar tareas y tardaban más de lo normal en aprender. Sin embargo, los perros que no habían sido condicionados de forma adversa y que pudieron escapar de los impactos (saltando a través de una barrera) no experimentaron efectos adversos.

¿Cómo llegan a la Indefensión Aprendida las personas?

En muchos casos, éste es un comportamiento aprendido o proceso de pensamiento que se desarrolla cuando una persona ha estado involucrada en una relación tóxica y abusiva. Las personas que han crecido en una familia disfuncional en la que el padre o la madre o ambos eran narcisistas, es muy probable que crecieran oyendo muchos mensajes negativos, adversos, tóxicos, que las han condicionado enormemente de una forma muy negativa.

Muchas de ellas, de adultos sufren de “indefensión aprendida”. Se comportan, de forma inconsciente, como si todavía estuviesen en su infancia, sin recursos para afrontar situaciones adversas y salir de ellas de una forma airosa.

Si una persona no toma medidas para superar estos sentimientos, fácilmente puede terminar cayendo en una depresión. Este nivel de impotencia puede hacer que pierdan interés en metas u objetivos en la vida. Simplemente no sueñan con nada porque no creen que puedan conseguir nada.  

La buena noticia es que, aunque se trate de un patrón de conducta fuertemente arraigado, ya no estamos en la infancia y esto se puede cambiar.

Aquí tienes tres formas para dejar la posición de la víctima de indefensión aprendida y empezar a confiar en ti misma:

  1. Utiliza una metáfora para entender tu situación

Los adultos de familias disfuncionales/narcisistas tienden a ser muy mentales, ya que los patrones de conducta de sus padres en su infancia eran caóticos, por lo que dedicaban mucho tiempo y esfuerzo a “entender” su comportamiento.

Sus mentes muchas veces son buenas con las metáforas y a menudo funcionan mejor con un patrón paralelo que con una explicación directa. Esto es, decirte a ti mismo que sufres de indefensión aprendida es posible que sea un mensaje demasiado claro y que corras el riesgo de sentirte (irónicamente) más pasivo.

Sin embargo, ahora imagina un pájaro hermoso que, sin tener la culpa, ha estado encerrado en una jaula durante muchos años. Un día, la puerta de la jaula queda abierta de par en par. ¡Ahora el pájaro puede volar libre! Pero a pesar de que todavía tiene sus alas, a pesar de que las circunstancias ahora han cambiado, el pájaro no hace ningún movimiento para irse. ¿Por qué? Cree que todavía está atrapado.

Piensa en ti mismo como si fueras ese pájaro, ¿qué pasos podrías dar para empezar a volar?

  1. ¡Viva la diferencia!

La indefensión aprendida significa asumir que una nueva situación tiene las mismas limitaciones que una antigua que se parece a ella, cuando en realidad hay muchas alternativas posibles. Estas nuevas posibilidades pueden existir porque la situación es diferente, o porque la persona ha cambiado, o ambas cosas.

Pongamos por caso que cuando eras niña, tu familia solía reírse de ti cada vez que expresabas una opinión, y que ahora te da miedo tener tu propia voz en el trabajo porque crees que esa misma escena se va a repetir y que tus colegas se van a reír de ti.

Te propongo que hagas una lista con las diferencias entre ambas situaciones:

Qué pasó entonces:

  • Se rieron/burlaron de ti
  • Te pegaron
  • No te escucharon
  • No sabía cómo expresarme
  • Me faltaban al respeto

Qué pasa ahora:

  • Los colegas son decentes y justos
  • He aprendido a hablar con claridad y sé lo que quiero decir
  • Me siento respetado
  • Me valoran
  • Nunca nadie se ha reído ni burlado de mí en este contexto

Una vez tengas claras las diferencias entre una situación y la otra, prueba a empezar a expresarte en pequeñas cosas. Quizás le puedas dar un consejo a un compañero que te lo pide o a lo mejor puedes hacer una intervención en una reunión con todo el equipo de unos dos minutos con algo que hace tiempo que quieres aportar.

No te exijas mucho ni hacerlo perfecto, simplemente se trata de expresarte desde un lugar en el que eres tú misma en un contexto de trabajo. En cuanto veas que tu intervención tiene un feedback positivo, será algo que empiece a retroalimentarse.

  1. ¡Acción, pasa a la acción!

Muchos  hijos de familias narcisistas/disfuncionales tienden a estar mucho en sus cabezas y a anticiparse de forma catastrófica a situaciones que muy rara vez llegan a ocurrir en la realidad. Tienen tendencia a la paranoia y a esperar lo peor de las personas y de las situaciones porque eso es lo que ocurría normalmente en su infancia.

El problema es que se terminan comportando “como si” las personas a su alrededor realmente fuesen a hacer lo que ellos están pensando, con lo que muchas veces se comportan de forma agresiva provocando que la otra persona al final, sí saque también lo peor de sí misma.

La próxima vez que pienses sobre algo de forma catastrófica o muy negativa, te animo a que o bien pases a la acción y le preguntes a esa persona de forma asertiva sobre lo que te preocupa, o si es la otra persona la que tiene que dar un paso, le des un margen antes de hacer algo impulsivo que puede ser considerado como una amenaza o como un ataque. Responde y no reacciones. Actúa en lugar de sólo pensar. Ése es el comienzo de un cambio.

La indefensión aprendida drena la motivación y la energía. Cuando aprendemos nuestro propio potencial para influir positivamente en nuestras vidas, empezamos a prosperar. ¿Y tú, cuál es el primer paso que vas a dar para prosperar? ¡Deja un comentario!