El Pensamiento Mágico

La magia es la creencia de que ciertas palabras, gestos o comportamientos pueden cambiar la realidad. Los padres de familias narcisistas/disfuncionales a menudo refuerzan el pensamiento mágico de sus hijos/hijas. Por ejemplo, si le dicen al niño/la niña que su comportamiento es directamente responsable de los sentimientos de otra persona, se les está enseñando pensamiento mágico.

Algunas frases que se oyen mucho en este tipo de familias disfuncionales son:

“Estás matando a tu madre”; “Mira lo que has hecho, ahora tu madre está enferma”; “¿Estás satisfecho/satisfecha? Ya has conseguido enfadar a tu padre.”

Otra forma de refuerzo mágico es la afirmación:

” Sé lo que estás pensando “, “Todo esto es culpa tuya”, “Si cerrases la boca, todo se arreglaría” “Sin ti no soy nada”.

Es natural que una niña/un niño piense mágicamente. Si a un niño/una niña se le manipula de esta forma con el pensamiento mágico por necesidades de dependencia de sus padres no resueltas, no le permite crecer. El adulto en el que se convierte todavía está contaminado por el pensamiento mágico del niño/la niña.

 Otras creencias mágicas contaminantes son:

  •  Si tengo dinero, estaré bien.
  • Si mi pareja me deja, me  moriré o no conseguiré salir adelante.
  • Un pedazo de papel (un título) me hará inteligente.
  • Si “me esfuerzo”, el mundo me recompensará.
  • “Esperar” traerá resultados maravillosos.
  • Si me “porto mal”, Dios me castigará.

El pensamiento mágico es bastante común en situaciones donde las personas tienen poco control real sobre sus circunstancias, ya que puede reducir los sentimientos de miedo e impotencia.

A las niñas se les enseñan cuentos de hadas llenos de magia. Les películas de Disney están llenas de pensamientos mágicos. A Cenicienta le enseñan a esperar en la cocina a un tipo con el zapato correcto. Blancanieves recibe el mensaje de que si espera lo suficiente, su príncipe vendrá. A un nivel literal, esa historia les dice a las mujeres que su destino depende de esperar a que un necrófilo (alguien a quien le gusta besar a personas muertas) tropiece en el bosque en el momento correcto. ¡No es una bonita imagen!

A los niños también se les enseñan expectativas mágicas a través de los cuentos de hadas. Muchas historias contienen el mensaje de que hay una mujer correcta, a quien deben buscar y encontrar. En su búsqueda, el hombre debe viajar lejos, atravesando bosques oscuros y venciendo a dragones.

Los cuentos de hadas, igual que las pelis de Disney operan en un nivel simbólico y mítico. No son lógicos y, como los sueños, hablan a través de imágenes. Muchos cuentos de hadas son declaraciones simbólicas sobre cómo encontrar nuestra identidad masculina o femenina. Cuando el proceso de desarrollo de una persona se da sin problemas, finalmente superamos la comprensión literal de las historias que tienen los niños/las niñas y llegamos a comprender su significado simbólico. A un niño/una niña le vienen muy bien este tipo de contenidos mientras conserva su inocencia y está forjando su identidad. Pero en un momento dado, de forma natural, abandona estas fantasías para tener pensamientos (y acciones que los acompañen) realistas.

El problema es que cuando nuestro niño/niña interior está herido/herida, el adulto continúa tomándose estas historias de forma literal. Como niños adultos/niñas adultas, esperamos mágicamente o buscamos ese final perfecto en el que viviremos “felices y comeremos perdices”.

En mi opinión, el pensamiento mágico está relacionado con el ciclo de abuso narcisista, ya que en la fase de idealización lo que ha ocurre es que se proyectan  en la pareja fantasías idealizadas sobre el amor como un “salvador” en lugar de algo real. Cuando se empieza a conocer de verdad a la pareja, se pasa al otro extremo, en el que se ve sólo lo malo, por lo que hay una devaluación. Finalmente ocurre el descarte y vuelta a empezar. Es el niño/la niña necesitado/necesitada el/la que escoge a la pareja como una proyección de su padre/madre para intentar por fin ver sus necesidades satisfechas.

La terapia Gestalt tiene un papel importante en el mirroring necesario para todas las personas que los niños/niñas adultas no pudieron obtener de sus padres disfuncionales en la infancia. El/la terapeuta acompaña a la persona en abrazar, amar y sanar a su niño/niña interior herido/herida, y avanzar con el tiempo a una perspectiva con más matices y más flexible. Poco a poco, dejarás atrás los roles rígidos del sistema familiar, el pensamiento blanco/negro y las creencias mágicas.

Sin embargo, no creo que haya que abandonar la magia por completo sino que es a través de una recuperación, el adulto (y su niño/niña interior) saldrá de las aplicaciones literales de la metáfora, el símbolo y el mito.

Una parte de la recuperación o sanación consiste en conectar con la espiritualidad del niño/la niña. Esa “magia” que nos hace seres únicos, irrepetibles y “queribles” por lo que somos, no por lo que hacemos. Esta espiritualidad estará constituida por una serie de creencias que cada uno de nosotros/nosotras construiremos como queramos, decidiendo en qué creer y en qué no. Por ello, de alguna manera, sigue habiendo una conexión con algo superior en lo que simplemente creemos.

Se trata de adquirir una visión más holística de nosotros mismos/nosotras mismas, como adultos más flexibles y más realistas con todo lo que nos rodea y como niños/niñas interiores que creen en la magia de un universo que protege y guía.

John Bradshaw, en su libro “Volver a casa” propone muchos ejercicios que son muy útiles para la sanación y el empoderamiento del niño/la niña interior.

 

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