¿Eres una esclava/un esclavo de tus emociones? 6 claves para surfear la ola de tus emociones

Todas las niñas adultas/todos los niños adultos de familias disfuncionales (muchas de ellas con uno de los padres narcisista y el otro codependiente o ambos narcisistas u otro desorden de la personalidad recogido en el Grupo B del DSM) tienen problemas con sus emociones. Viven en una montaña rusa emocional, en la que se sienten abrumados/abrumadas y fuera de control con respecto a sus propias emociones. Tienen muchos altibajos en su ánimo, arranques de ira, depresión leve crónica (llamada distimia), ciclotimia,… en los casos más graves pueden dar lugar a un desorden bipolar.

La razón de esto es que en su infancia las emociones eran algo prohibido, que tenían que esconder, que acababan reprimiendo y que podía salir a modo de volcán cuando se sentían sobrepasados/sobrepasadas. Escuchaban en su familia narcisista disfuncional con frecuencia frases como “Y ahora por qué lloras” “ Aquí sólo me enfado yo” o “A ver si te quito esa sonrisa de una bofetada”. Se les enseñó que mostrar emociones era de débiles, por lo que crecieron considerándolas como algo “malo” que era mejor que escondiesen. Muchos/muchas aprendieron a comportarse como robots, fingiendo no sentir.

“Y ahora por qué lloras” “ Aquí sólo me enfado yo” “A ver si te quito esa sonrisa de una bofetada”

Todos los seres humanos tenemos sentimientos y emociones y es mostrándolos y gestionándolos, abrazando esa parte vulnerable, la del niño/la niña interior, como vivimos una vida sana y plena. La ironía que es lo que nos hace más fuertes es precisamente mostrar nuestra vulnerabilidad.

La sociedad tampoco ayuda con este tema. Sigue habiendo los estereotipos de que un hombre que llora es un “débil” y una mujer que se enfada es una “bruja”. Se condena las emociones por géneros. También por colectivos, como si un jefe o una jefa no pudieran estar nunca alegres.

6 Claves para una mejor Gestión de tus Emociones

  1. Valida tus Emociones

Cuando te des cuenta de que estás surfeando la ola de la emoción, es importante que no deseches tus sentimientos. Las emociones pueden ser muy parecidas a niñas díscolas/niños díscolos que buscan atención. Una vez que las validamos, les permitimos ser vistas y que tengan voz. Sentir nuestras emociones es una parte importante de la vida. Es lo que hacemos con ellas lo que puede crear problemas.

Por ejemplo, es posible que si te sientes aburrido/aburrida, triste o solo/sola, te des a comer más para que la comida te reconforte. Esto normalmente no termina bien. Quizás en unas semana de este comportamiento, además de sentirte culpable, ganes peso y con ello baje tu autoestima.  O a lo mejor te da por comprarte ropa porque en el momento en el que compras algo, esto te hace sentir mejor, pero esto es algo sólo momentáneo, y además de todo el dinero que te puedas llegar a gastar en una “solución temporal”, el problema de fondo de lo que evitas sentir, seguirá ahí.

La clave es rendirte ante tus emociones. No me refiero a rendirte en el sentido de sentirte derrotado/derrotada sino en el sentido de soltar, dejar de controlar y aceptar tus emociones. Sentir es un paso fundamental en tu proceso de recuperación.

Cuando validamos nuestras emociones, nos hacemos más conscientes y las aceptamos. Es entonces cuando entendemos de dónde vienen. Es en este lugar de consciencia en el podemos ver el poder que ejercen sobre nosotras/nosotros.

   2.  Sé consciente de tus propios Detonantes

Si te das cuenta de que tienes problemas con ciertas emociones, como la rabia o el miedo, intenta hacerte consciente de cuáles son las circunstancias que las activan. Es más que probable que encuentres uno o más patrones.

Por ejemplo, cuando alguien se mete conmigo, tengo tendencia a ponerme muy triste y pensar que me lo merezco y muchas veces acabo teniendo pensamientos auto-destructivos del tipo “No valgo para nada””Nada tiene sentido para mí”, que agravan esa tristeza. Hacerme consciente de este patrón ha hecho que cada vez más, cuando alguien se mete conmigo en lugar de ponerme triste, le digo a esa persona de forma asertiva que deje de comportarse así.

Es normal estar triste a veces, la emoción está ahí para indicarnos algo, pero si se activa por un tema de infancia que ya no se corresponde con la realidad, no tenemos porqué sentirnos así ya más bajo esas circunstancias. Somos adultos con derecho a decir que no y a expresar lo que pensamos y sentimos.

Recuerda siempre que la emoción es la consecuencia de un pensamiento. Si ves que experimentas emociones fuertes, ayuda examinar cuáles son los pensamientos que te llevaron a ellas. Ahora pregúntate:

¿Mis pensamientos están basados en la verdad o en mi percepción de la verdad? ¿Hay algún detonante relacionado con mi pasado que me hace entrar en la emoción?

3.  Escribe sobre tus Emociones

Escribir sobre tus emociones te dará más consciencia sobre ellas y te ayudará a ver cuáles son los pensamientos que te han llevado a ellas.

Si te sientes dominado/dominada por tus emociones le puedes preguntar al diario: ¿por qué me siento tan abrumada/abrumado hoy? Así, puedes recorrer la sucesión de eventos y/o pensamientos que te han llevado ahí.

Como superviviente de una familia disfuncional, has pasado mucho tiempo ignorándolas, suprimiéndolas, escondiéndolas,… Verlas plasmadas en un papel te ayudará a apropiarte de ellas, como algo natural que forma parte de ti.

  1. Asume tu Responsabilidad

Es cierto que las palabras y las acciones de otras personas nos afectan, pero es necesario que tomemos la responsabilidad por las emociones que sentimos en relación a esas palabras y acciones.

Muchos niños adultos/muchas niñas adultas fueron obligados/obligadas a adoptar rol  del chivo expiatorio en su familia narcisista. Esto les llevó a adoptar de forma inconsciente el papel de víctima de sus propias vidas, sintiéndose sin el poder y contol de tomar las riendas de su propia vida. Este patrón neurótico lleva a no responsabilizarte de nada, tampoco de tus propias emociones.

No podemos controlar lo que los demás nos dicen o nos hacen pero sí podemos decidir de forma consciente el impacto que tienen esas palabras y acciones sobre nuestras emociones.

Del mismo modo, muchos/muchas supervivientes tienen el “síndrome del Mesías”, adoptar el papel neurótico del salvador porque en su infancia eran obligados/obligadas a representarlo para su padre, su madre o ambos.

Esto les lleva como adultos a tener parejas que quieran que ejerzan el papel de “el salvador””la salvadora” con ellos/ellas. Esto lleva a que el/la Superviviente asuma la responsabilidad por las emociones de su pareja. Tú no eres responsable de las emociones de nadie, igual que nadie lo es de las tuyas.

Si alguien hace algo que te molesta o te hace daño, exprésalo de forma asertiva, por ejemplo “me enfada que siempre llegues tarde”, ya que los demás no son videntes que tengan que adivinar tus pensamientos. Una vez expresado, la otra persona puede decidir qué hacer. El/la responsable de esa rabia y su gestión eres tú mismo/misma.

  1. Toma un poco de distancia

Cuando estás muy conectada/conectado con una emoción displacentera que te vuelve reactiva/reactivo, es importante que, si puedes, te distancies de la persona o la situación frente a la que estás reaccionando.

Intenta no actuar bajo el efecto de emociones intensas. Espera hasta que estés tranquila/tranquilo y tengas tiempo para reflexionar tranquilamente. Sólo entonces, actúa.

¿Cuántas veces has tomado una decisión bajo los efectos de una emoción intensa y después has pensado que no era la mejor opción? ¿Por ejemplo, dejar a tu pareja llevado/llevada por la rabia?

  1. Crea tu propio mantra

Cuando te sientas abrumada/abrumado por una emoción y creas que vas a perder el control sobre una determinada situación y no puedas tomar distancia, por ejemplo, en el trabajo, crea tu propio manta para retomar el control.

Una de las emociones por las que yo me siento más dominada es por la rabia. Cuando siento que puedo empezar a perder el control, respiro de forma profunda y me digo a mí misma “respira, tranquila”. Muchas veces esto me ayuda a reducir la intensidad de la rabia.

Se trata de que seas consciente de cuáles son las emociones que te hacen más reactiva/reactivo y que tengas tu estrategia para dominarlas en lugar de que ellas te controlen a ti. Las emociones están a tu servicio, no tú al servicio de ellas.

Cuanto más construyas tu conciencia sobre tus emociones y averigües cuáles son tus detonantes, te volverás muy sabia/sabio sobre cuándo tus emociones te están sirviendo bien y cuándo es necesario que seas tú la/el que tome el control sobre ellas.

Fuente: tinybuddha.com

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