La Constancia del Objeto: Porqué los Adultos nos Sentimos Abandonados cuando una Relación Termina

El Apego

Aunque los comportamientos de tira y afloja en nuestras relaciones actuales parecen ser provocados por la pareja, el amigo, el jefe,… en realidad son el resultado de los viejos temores que arrastramos desde la infancia.

La ansiedad es una parte normal de estar en una relación íntima. Por lo general, se presenta en dos formas: el miedo al abandono y el miedo a ser engullidas. A parte de nosotros nos preocupa que si nos entregamos al amor, seremos abandonados. Por otro lado, tememos que si alguien se acerca demasiado, no podremos ser nosotras mismas o no podremos irnos si queremos.

Este artículo se centra en el miedo al abandono, que, en su mayor parte, podría manifestarse como un sentimiento persistente de inseguridad, pensamientos intrusivos, sentimientos de vacío, sensación inestable de uno mismo, apatía, necesidad, fluctuaciones extremas del estado de ánimo y frecuentes conflictos en las relaciones. Por otro lado, también se puede hacer frente cortando completamente y desconectándonos emocionalmente.

Los neurocientíficos han descubierto que la respuesta de nuestros padres a nuestros comportamientos de búsqueda de apego, especialmente durante los dos primeros años de nuestra vida, codifica nuestro modelo de relacionarnos en el mundo.

Si en la infancia hemos tenido interacciones de apego saludables con un cuidador en sintonía, disponible y que nos ha cuidado, podremos desarrollar un sentido de seguridad y confianza. Si nuestros padres pudieron responder a nuestras llamadas de alimentación y consuelo la mayor parte del tiempo, hemos interiorizado el mensaje de que el mundo es un lugar seguro, de que cuando estemos en necesidad, alguien vendrá a ayudarnos. También aprenderíamos a calmarnos en los momentos de angustia, y esto forma nuestra capacidad de recuperación como adultos.

Si, por el contrario, el mensaje que nos dieron de niños fue que el mundo no es seguro y que no se puede confiar en las personas, esto afectaría a nuestra capacidad para lidiar con la incertidumbre, las decepciones y los altibajos en las relaciones.

La Constancia del Objeto

Muchas personas pueden soportar cierto grado de ambigüedad relacional y no ser consumidas por completo preocupándose por un posible rechazo. Cuando discuten con un ser querido, pueden recuperarse del evento negativo. Cuando no están físicamente a nuestro lado, tenemos la confianza subyacente de que estamos en sus pensamientos. Todo esto involucra algo llamado constancia del objeto: la capacidad de mantener un vínculo emocional con los demás, incluso donde hay distancia y conflictos.

La constancia del objeto se origina en el concepto de permanencia del objeto, una habilidad cognitiva que adquirimos alrededor de los 2 a 3 años de edad. Es la comprensión de que los objetos continúan existiendo incluso cuando no se pueden ver, tocar o sentir de alguna manera. Es por eso que a los bebés les encanta el cucú: cuando ocultas tu cara, piensan que deja de existir. Según el psicólogo Jean Piaget, quien fundó la idea, lograr la constancia del objeto es un hito en el desarrollo de una persona.

La constancia del objeto es un concepto psicodinámico, y podríamos pensar que es la equivalencia emocional de la permanencia del objeto. Para desarrollar esta habilidad, maduramos en la comprensión de que nuestro cuidador es simultáneamente una presencia amorosa y un individuo separado que podría alejarse. En lugar de tener que estar con ellos todo el tiempo, tenemos una “imagen interiorizada” del amor y cuidado de nuestros padres. Entonces, incluso cuando están temporalmente fuera de la vista, todavía sabemos que somos amados y apoyados.

En la edad adulta, la constancia del objeto nos permite confiar en que nuestro vínculo con aquellos que están cerca de nosotros se mantiene completo incluso cuando no están físicamente cerca, levantando el teléfono o respondiendo a nuestros mensajes de texto. Con la constancia del objeto, la ausencia no significa desaparición o abandono, sólo distancia temporal.

Como ningún padre/madre puede estar disponible y sintonizado el 100% del tiempo, todos sufrimos al menos algunas contusiones menores al aprender a separarnos e individualizarnos. Sin embargo, cuando una persona ha tenido cuidadores extremadamente incoherentes (ahora estoy y te ofrezco apoyo, ahora no, “no me molestes”), emocionalmente inaccesibles, o un comportamiento caótico, su desarrollo emocional podría haberse estancado a una edad temprana, sin tener la oportunidad de desarrollar la constancia del objeto.

Sin la constancia del objeto, uno tiende a relacionarse con los demás como “partes”, en lugar de un “todo”. Al igual que un niño que lucha por comprender a la madre como una persona completa que a veces recompensa y otras veces frustra, el adulto lucha por sostener la idea mental de que tanto él mismo como los demás tienen aspectos buenos y malos.

Las personas que no han desarrollado la constancia del objeto suelen experimentar las relaciones como poco confiables, ser muy vulnerables y muy dependientes del estado de ánimo del momento. Parece que no hay continuidad en la forma en que ven a su pareja: cambia y de un momento a otro y es “bueno” o “malo”. Se mueven en los extremos en lugar de tener una visión más completa y global.

Sin la capacidad de ver a las personas como una persona completa, se hace difícil evocar el sentido de la presencia del ser querido cuando no están físicamente presentes o cuando hay un conflicto. La sensación de estar sola o de sentirse agredida puede llegar a ser tan poderosa y abrumadora que evoca reacciones crudas, intensas y, a veces, infantiles.

Debido a que los orígenes de estas fuertes reacciones no son conscientes, parecería que fueran “irrazonables” o “inmaduras”. En verdad, si pensamos que actúan desde un lugar de trauma reprimido o disociado, y consideramos lo que sucede, es como si un niño de dos años se quedara solo o con un cuidador inconsistente: el miedo intenso, la rabia y la desesperación tendrían sentido.

De este sentimiento es de donde proviene el comportamiento de idealización-devaluación-descarte del ciclo de abuso. Esta idealización-devaluación-descarte puede darse tanto por parte de la persona que abusa como por parte de la víctima. Las dinámicas que se dan en el ciclo de abuso tienen que ver con la falta de la constancia del objeto. La idealización consiste en identificar a la persona querida con un ideal que no se corresponde de la realidad. La devaluación consiste en verla bajo una luz únicamente negativa, incidiendo en errores que cometa,… se trata de una visión que tampoco es realista. El descarte tiene que ver con un juego de poder, con ponerse por encima de la otra persona y con no poder dar un cierre a la relación, despedirse, soltar, honrando lo que ha habido. La persona que descarta niega el vínculo y no reconoce al otro como un igual al que le manifiesta lo que siente. El que descarta, como no aprende nada, repite. Tendrá una nueva relación en la que repetirá el ciclo de abuso.

El ciclo de abuso es una dinámica que se da en todas las relaciones con narcisistas, psicópatas y/o sociópatas, que tienen un retraso en su desarrollo personal y suelen ver a las personas de una forma parcial a lo “blanco” o “negro”. También las personas que están en el otro lado de la relación, que suelen ser codependientes, no han desarrollado la constancia del objeto. Si crees que esto también te ocurre a ti y te gustaría sanarlo, puedes hacerlo con una psicoterapeuta que sabe de narcisismo.

Sanando el Abandono Emocional en Adultos

Una gran parte del desarrollo de la constancia del objeto consiste en tener la capacidad de mantener las paradojas en nuestra mente. De la misma manera que el cuidador que nos alimenta también es el que nos falla, debemos enfrentarnos a la verdad de que ninguna relación o persona es “buena” o “mala” en su totalidad.

Si podemos mantener tanto los defectos como las virtudes en nosotros mismos y en los demás, no tendremos que recurrir a la defensa primitiva del “splitting” o el pensamiento blanco/negro. Si devaluamos a nuestra pareja, amigo, familiar,… porque nos ha decepcionado, también lo haremos con nosotras mismas.  El hecho de que no seamos perfectos todo el tiempo no significa no tengamos derecho a ser queridos.

La otra persona puede tener limitaciones y ser lo suficientemente buena al mismo tiempo. Podrían querernos y estar enfadados con nosotros al mismo tiempo.Es posible que necesiten distanciarse de nosotros a veces, pero la base del vínculo permanece sólida, esta ahí, no desaparece porque haya un desencuentro, malentendido o un conflicto.

El miedo al abandono es un exceso de poder porque nos devuelve al  trauma que llevamos desde la infancia, siendo entonces seres indefensos y vulnerables, siendo totalmente dependientes de quienes nos cuidaron. Pero debemos reconocer que nuestros temores ya no reflejan nuestra realidad actual. Aunque nunca hay una certeza y seguridad absolutas en la vida, ahora somos adultos y tenemos diferentes opciones y recursos personales.

Como adultos, ya no podríamos ser “abandonados”. Si una relación llega a su fin, son las consecuencias naturales de un desajuste en los valores, necesidades y caminos en la vida de dos personas.

Ya no podemos ser “rechazados”, ya que el valor de nuestra existencia no depende de las opiniones de los demás. Ya no estamos “atrapados”. Podemos decir no, establecer límites y alejarnos.

Como adultos resilientes, podríamos acunar al niño de 2 años dentro de nosotros que tenía miedo de que nos dejaran caer, aprender a permanecer dentro de nuestros cuerpos incluso con miedo sin disociarnos, y podemos mantener relaciones con otros incluso en medio de la incertidumbre, sin huir hacia la evitación y las defensas.

En lugar de quedarnos atrapados en una búsqueda de la “pieza que fatlta”,  o de sentir que tenemos un “defecto fatal”, llegamos a reconocernos como un ser completo e integrado, que puede dar y recibir amor y que tiene derecho a una vida  que no es perfecta pero sí plena y satisfactoria.

Así es como se sana el abandono emocional en adultos. Si quieres consultar este tema con una psicoterapueta que sabe de narcisismo, puedes hacerlo aquí.

Fuente: https://psychcentral.com

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El “Splitting” o Pensamiento Blanco/Negro

¿Qué es el “Splitting”?

El término psicológico en inglés es “splitting” pero en castellano se le conoce como pensamiento todo/nada, amor/odio, nosotros/ellos, y más comúnmente, pensamiento blanco/negro.

Pero ¿qué es el “splitting”? Es la inhabilidad para ver la dicotomía entre los aspectos positivos como negativos de nuestros pensamientos, normalmente asociados a lo que pensamos de los demás. Todo es bueno o malo, no hay término medio. Todos los pensamientos están polarizados. Mi vida es absolutamente terrible o completamente increíble, nada en el medio.

No hay nada intencional en el “splitting”, es una respuesta automática a emociones intensas y/o desreguladas. Es un mecanismo natural de defensa que tienen todas las personas en su infancia.

El “splitting” es una de las razones por las que pasamos de una forma tan rápida de la idealización a la devaluación, y que puede dar lugar a patrones de relaciones inestables y caóticos.

No se trata sólo de los otros sino que las personas que hacen “splitting” también se aplican a ellas mismas estos criterios tan estrictos. Muchas veces “Soy una mala persona” es un pensamiento sobre nosotrxs mismxs que realmente pensamos que es real. Esto contribuye a una perturbación en la identidad y a una autoimagen pobre. El “splitting” también contribuye a frecuentes cambios de humor, ya que suponen bascular entre todo bueno/todo malo.

¿Cuándo se origina el “Splitting”?

Mediante el “splitting” el niño/la niña ve a su madre/padre, dependiendo de su comportamiento, como completamente bueno o completamente mala, lo cual le permite proyectar en ella/él todo lo malo que se le hace y así defenderse emocionalmente del dolor que el padre/madre le está causando.

Hasta aquí todo es normal. Sin embargo, si el padre/la madre de un(a) niñx es disfuncional, es decir, se comporta de forma fría, tiene rabia hacia el/la niñx, su comportamiento es impredecible,…  puede dar lugar a que el/la niñx haga mucho más splitting que otrx niñx emocionalmente sanx para defenderse del comportamiento abusivo. El problema viene cuando el/la niñx no puede dejar atrás el “splitting” como mecanismo de defensa y éste se convierte en un obstáculo en su desarrollo que arrastran cuando son adultos.

Un adulto cuando hace “splitting” tiene una especie de click en su cerebro que hace que en determinadas circunstancias (cuando se siente abandonado, traicionado, cuando discute con su pareja, cuando se siente rechazado, …) se “desconecta” de sus sentimientos hacia esa persona, pasando del blanco al negro en un segundo. Esto explica la falta de empatía hacia su pareja.

Hacen una disociación de sus sentimientos positivos cuando están experimentando los negativos y viceversa, viendo a su pareja (como veían de niños a su padre/su madre) como completamente buenx o malx. Es algo similar a cuando un(a) niñx de unos tres o cuatro años tiene una rabieta tremenda.

Se trata de un mecanismo de defensa inconsciente. Es decir, la persona que hace “splitting” frente a quien en realidad intenta defenderse sin ser consciente de ello es frente al padre/madre disfuncional que la trató mal en su infancia y, como adultos, ponen en ese lugar emocional a su pareja.

Las parejas de las  personas que hacen splitting las describen como “alguien con un comportamiento a lo Jeckyll y Hyde”. En un momento concreto actúan como si todo fuera perfecto y como si su pareja fuera el amor de su vida, pero algo cambia, hay un click y en lugar de Romeo/Julieta aparece una persona cruel, sin empatía y amenazante.

El “splitting” es una característica de personas con rasgos narcisistas, psicópatas o sociópatas, también de personas con trastorno borderline. Es frecuente también en supervivientes de relaciones abusivas. En este último caso el “splitting” con seres queridos no suele consistir en una falta de empatía con su pareja a lo largo de una relación sino en dejar esa relación y desconectarse de ella de forma rápida y sin remordimientos. Se desconectan, es como encender y apagar un interruptor.

Todos ellos tienen algo en común, aunque todavía no se ha probado que ésta sea la única causa: haber sufrido abuso psicológico y/o emocional en su infancia.

Tratamientos para el “Splitting”

  • Si sospechas que puedes padecer de “splitting”, obsérvate cuando pronuncias palabras como “siempre”, “nunca”, “odio” o “malo”, pueden ser señales de que estás haciendo “splitting”. Cuanto más consciente seas de ello, es más fácil será dejar de hacerlo.
  • Hay un tratamiento para el “splitting” denominado Terapia de Comportamiento Dialéctico (DBT por sus siglas en inglés). “Dialéctico” significa la integración de los opuestos, entendiendo que dos cosas aparentemente opuestas pueden ser ciertas al mismo tiempo. Esta terapia y sus métodos ayudan a las personas a encontrar de forma más fácil un equilibrio entre los dos extremos.
  • La terapia Gestalt, con su trabajo sobre las polaridades, incide sobre lo mismo. La integración consiste en que la persona acepte sus dos polaridades (fuerte vs frágil, cálido vs frío,  complejo vs simple) de forma natural y se acepte entendiendo que es ambas y que éstas no son contradictorias entre sí sino complementarias.

Fuente: themighty.com