La Constancia del Objeto: Porqué los Adultos nos Sentimos Abandonados cuando una Relación Termina

El Apego

Aunque los comportamientos de tira y afloja en nuestras relaciones actuales parecen ser provocados por la pareja, el amigo, el jefe,… en realidad son el resultado de los viejos temores que arrastramos desde la infancia.

La ansiedad es una parte normal de estar en una relación íntima. Por lo general, se presenta en dos formas: el miedo al abandono y el miedo a ser engullidas. A parte de nosotros nos preocupa que si nos entregamos al amor, seremos abandonados. Por otro lado, tememos que si alguien se acerca demasiado, no podremos ser nosotras mismas o no podremos irnos si queremos.

Este artículo se centra en el miedo al abandono, que, en su mayor parte, podría manifestarse como un sentimiento persistente de inseguridad, pensamientos intrusivos, sentimientos de vacío, sensación inestable de uno mismo, apatía, necesidad, fluctuaciones extremas del estado de ánimo y frecuentes conflictos en las relaciones. Por otro lado, también se puede hacer frente cortando completamente y desconectándonos emocionalmente.

Los neurocientíficos han descubierto que la respuesta de nuestros padres a nuestros comportamientos de búsqueda de apego, especialmente durante los dos primeros años de nuestra vida, codifica nuestro modelo de relacionarnos en el mundo.

Si en la infancia hemos tenido interacciones de apego saludables con un cuidador en sintonía, disponible y que nos ha cuidado, podremos desarrollar un sentido de seguridad y confianza. Si nuestros padres pudieron responder a nuestras llamadas de alimentación y consuelo la mayor parte del tiempo, hemos interiorizado el mensaje de que el mundo es un lugar seguro, de que cuando estemos en necesidad, alguien vendrá a ayudarnos. También aprenderíamos a calmarnos en los momentos de angustia, y esto forma nuestra capacidad de recuperación como adultos.

Si, por el contrario, el mensaje que nos dieron de niños fue que el mundo no es seguro y que no se puede confiar en las personas, esto afectaría a nuestra capacidad para lidiar con la incertidumbre, las decepciones y los altibajos en las relaciones.

La Constancia del Objeto

Muchas personas pueden soportar cierto grado de ambigüedad relacional y no ser consumidas por completo preocupándose por un posible rechazo. Cuando discuten con un ser querido, pueden recuperarse del evento negativo. Cuando no están físicamente a nuestro lado, tenemos la confianza subyacente de que estamos en sus pensamientos. Todo esto involucra algo llamado constancia del objeto: la capacidad de mantener un vínculo emocional con los demás, incluso donde hay distancia y conflictos.

La constancia del objeto se origina en el concepto de permanencia del objeto, una habilidad cognitiva que adquirimos alrededor de los 2 a 3 años de edad. Es la comprensión de que los objetos continúan existiendo incluso cuando no se pueden ver, tocar o sentir de alguna manera. Es por eso que a los bebés les encanta el cucú: cuando ocultas tu cara, piensan que deja de existir. Según el psicólogo Jean Piaget, quien fundó la idea, lograr la constancia del objeto es un hito en el desarrollo de una persona.

La constancia del objeto es un concepto psicodinámico, y podríamos pensar que es la equivalencia emocional de la permanencia del objeto. Para desarrollar esta habilidad, maduramos en la comprensión de que nuestro cuidador es simultáneamente una presencia amorosa y un individuo separado que podría alejarse. En lugar de tener que estar con ellos todo el tiempo, tenemos una “imagen interiorizada” del amor y cuidado de nuestros padres. Entonces, incluso cuando están temporalmente fuera de la vista, todavía sabemos que somos amados y apoyados.

En la edad adulta, la constancia del objeto nos permite confiar en que nuestro vínculo con aquellos que están cerca de nosotros se mantiene completo incluso cuando no están físicamente cerca, levantando el teléfono o respondiendo a nuestros mensajes de texto. Con la constancia del objeto, la ausencia no significa desaparición o abandono, sólo distancia temporal.

Como ningún padre/madre puede estar disponible y sintonizado el 100% del tiempo, todos sufrimos al menos algunas contusiones menores al aprender a separarnos e individualizarnos. Sin embargo, cuando una persona ha tenido cuidadores extremadamente incoherentes (ahora estoy y te ofrezco apoyo, ahora no, “no me molestes”), emocionalmente inaccesibles, o un comportamiento caótico, su desarrollo emocional podría haberse estancado a una edad temprana, sin tener la oportunidad de desarrollar la constancia del objeto.

Sin la constancia del objeto, uno tiende a relacionarse con los demás como “partes”, en lugar de un “todo”. Al igual que un niño que lucha por comprender a la madre como una persona completa que a veces recompensa y otras veces frustra, el adulto lucha por sostener la idea mental de que tanto él mismo como los demás tienen aspectos buenos y malos.

Las personas que no han desarrollado la constancia del objeto suelen experimentar las relaciones como poco confiables, ser muy vulnerables y muy dependientes del estado de ánimo del momento. Parece que no hay continuidad en la forma en que ven a su pareja: cambia y de un momento a otro y es “bueno” o “malo”. Se mueven en los extremos en lugar de tener una visión más completa y global.

Sin la capacidad de ver a las personas como una persona completa, se hace difícil evocar el sentido de la presencia del ser querido cuando no están físicamente presentes o cuando hay un conflicto. La sensación de estar sola o de sentirse agredida puede llegar a ser tan poderosa y abrumadora que evoca reacciones crudas, intensas y, a veces, infantiles.

Debido a que los orígenes de estas fuertes reacciones no son conscientes, parecería que fueran “irrazonables” o “inmaduras”. En verdad, si pensamos que actúan desde un lugar de trauma reprimido o disociado, y consideramos lo que sucede, es como si un niño de dos años se quedara solo o con un cuidador inconsistente: el miedo intenso, la rabia y la desesperación tendrían sentido.

De este sentimiento es de donde proviene el comportamiento de idealización-devaluación-descarte del ciclo de abuso. Esta idealización-devaluación-descarte puede darse tanto por parte de la persona que abusa como por parte de la víctima. Las dinámicas que se dan en el ciclo de abuso tienen que ver con la falta de la constancia del objeto. La idealización consiste en identificar a la persona querida con un ideal que no se corresponde de la realidad. La devaluación consiste en verla bajo una luz únicamente negativa, incidiendo en errores que cometa,… se trata de una visión que tampoco es realista. El descarte tiene que ver con un juego de poder, con ponerse por encima de la otra persona y con no poder dar un cierre a la relación, despedirse, soltar, honrando lo que ha habido. La persona que descarta niega el vínculo y no reconoce al otro como un igual al que le manifiesta lo que siente. El que descarta, como no aprende nada, repite. Tendrá una nueva relación en la que repetirá el ciclo de abuso.

El ciclo de abuso es una dinámica que se da en todas las relaciones con narcisistas, psicópatas y/o sociópatas, que tienen un retraso en su desarrollo personal y suelen ver a las personas de una forma parcial a lo “blanco” o “negro”. También las personas que están en el otro lado de la relación, que suelen ser codependientes, no han desarrollado la constancia del objeto. Si crees que esto también te ocurre a ti y te gustaría sanarlo, puedes hacerlo con una psicoterapeuta que sabe de narcisismo.

Sanando el Abandono Emocional en Adultos

Una gran parte del desarrollo de la constancia del objeto consiste en tener la capacidad de mantener las paradojas en nuestra mente. De la misma manera que el cuidador que nos alimenta también es el que nos falla, debemos enfrentarnos a la verdad de que ninguna relación o persona es “buena” o “mala” en su totalidad.

Si podemos mantener tanto los defectos como las virtudes en nosotros mismos y en los demás, no tendremos que recurrir a la defensa primitiva del “splitting” o el pensamiento blanco/negro. Si devaluamos a nuestra pareja, amigo, familiar,… porque nos ha decepcionado, también lo haremos con nosotras mismas.  El hecho de que no seamos perfectos todo el tiempo no significa no tengamos derecho a ser queridos.

La otra persona puede tener limitaciones y ser lo suficientemente buena al mismo tiempo. Podrían querernos y estar enfadados con nosotros al mismo tiempo.Es posible que necesiten distanciarse de nosotros a veces, pero la base del vínculo permanece sólida, esta ahí, no desaparece porque haya un desencuentro, malentendido o un conflicto.

El miedo al abandono es un exceso de poder porque nos devuelve al  trauma que llevamos desde la infancia, siendo entonces seres indefensos y vulnerables, siendo totalmente dependientes de quienes nos cuidaron. Pero debemos reconocer que nuestros temores ya no reflejan nuestra realidad actual. Aunque nunca hay una certeza y seguridad absolutas en la vida, ahora somos adultos y tenemos diferentes opciones y recursos personales.

Como adultos, ya no podríamos ser “abandonados”. Si una relación llega a su fin, son las consecuencias naturales de un desajuste en los valores, necesidades y caminos en la vida de dos personas.

Ya no podemos ser “rechazados”, ya que el valor de nuestra existencia no depende de las opiniones de los demás. Ya no estamos “atrapados”. Podemos decir no, establecer límites y alejarnos.

Como adultos resilientes, podríamos acunar al niño de 2 años dentro de nosotros que tenía miedo de que nos dejaran caer, aprender a permanecer dentro de nuestros cuerpos incluso con miedo sin disociarnos, y podemos mantener relaciones con otros incluso en medio de la incertidumbre, sin huir hacia la evitación y las defensas.

En lugar de quedarnos atrapados en una búsqueda de la “pieza que fatlta”,  o de sentir que tenemos un “defecto fatal”, llegamos a reconocernos como un ser completo e integrado, que puede dar y recibir amor y que tiene derecho a una vida  que no es perfecta pero sí plena y satisfactoria.

Así es como se sana el abandono emocional en adultos. Si quieres consultar este tema con una psicoterapueta que sabe de narcisismo, puedes hacerlo aquí.

Fuente: https://psychcentral.com

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El Apego Evitativo

Qué es el Apego Evitativo

Aproximadamente, un 25% de las personas tienen apego evitativo. Todos los tipos de apego son respuesta a nuestras relaciones cuando éramos niñas con nuestros padres o cuidadores y cómo respondieron éstos a nuestras necesidades.

El origen del apego evitativo está en la falta de respuesta de la madre al niño por no saber cómo dar apoyo. Los estudios sugieren que algunas de los padres/cuidadores tienen falta de empatía, mientras que otros no han desarrollado un sentido de cercanía y compromiso, que son factores cruciales en el cuidado de una niña.

Cuando los niños sienten que sus padres no quieren conocerles o estar con ellos, se sienten vacíos y con falta de un propio “yo”, un reconocimiento de sus propios pensamientos, sentimientos y comportamientos.

Las personas con apego evitativo tienen problemas con la confianza y la intimidad con los otros. De forma inconsciente, crean situaciones y justificaciones para sabotear y dejar las relaciones. Tienden a conectar y después retirarse cuando sienten que la relación se vuelve demasiado intensa. Por esta razón, sus relaciones tienden a ser superficiales.

No hablan ni son muy conscientes de sus emociones. Las mantienen encerradas bajo llave, en especial los sentimientos de vulnerabilidad, como la debilidad, la vergüenza o el miedo.

La evasión de la intimidad consiste en una estrategia de defensa que desarrollan en la infancia. Es un modo de protegerse de que les hagan daño o les critiquen. El apego evitativo se desarrolla cuando las madres o cuidadoras se muestran indisponibles, preocupadas o desinteresadas con la niña. Ésta siente que sus necesidades no son importantes, así que las entierran, confiando únicamente en sí mismas para satisfacerlas o comportándose como si no las tuvieran.

Las personas con apego evitativo no buscan a los demás para que les conforten, ya que no los perciben como de fiar. Les cuesta mucho pedir ayuda, por lo que intentan hacerlo absolutamente todo por sí mismas.

De cara a los demás parecen fuertes, independientes, siempre en control de la situación. También resilientes, ya que parecen superar las cosas rápidamente. En realidad lo que hacen es huir sin ser conscientes de sus propias emociones. Es tentador querer evitar las dificultades, pero no es emocionalmente efectivo ni sano. Las emociones no desaparecen por mucho que las evitemos o las ignoremos. Hace que no estemos conectados a nuestra propia vida ni nos conozcamos en profundidad.

Cómo cambiar el Apego Evitativo

Más abajo te doy unas pautas a seguir para modificar el Apego Evitativo pero es más que probable que no sean suficientes. Se necesita la ayuda de una terapia centrada en las emociones como la terapia Gestalt o la de una pareja con apego sano que esté dispuesta a acompañarte en el proceso.

  • Practica la identificación de tus propias emociones y sentimientos.
  • Poco a poco, intentar compartir algo más de tus sentimientos y pensamientos con tus personas queridas.
  • Invierte tiempo en conocerte a ti misma.
  • Hazte más consciente de cuando empiezas a distanciarte de ti misma y permanece conectada a pesar de que te resulte incómodo y te produzca miedo.
  • Intenta pedir ayuda y apoyo a los demás. Las personas no están hechas para hacerlo absolutamente todo por sí mismas.
  • Ten paciencia contigo misma. Los cambios son difíciles y requieren de esfuerzo, tiempo y paciencia.
  • Date amor y compasión a ti misma.

Aunque tus patrones de apego se formaron en la infancia y lleves toda la vida con ellos, una vez te haces consciente de los patrones que sigues, es posible desarrollar Apego Seguro a cualquier edad.

Libros Recomendados sobre el Apego

Estos dos libros te ayudarán a entender cuál es el tipo de apego que tienes y cómo puedes cambiarlo:

Porqué las Hijas no Queridas se Enamoran de Narcisistas

Las relaciones con narcisistas a algún nivel se parece mucho a “Planeta Animal” – lo que hay son depredadores y presas.  Sí, tú eres la presa que tiene lo que el/la narcisista está buscando, entender esta dinámica es lo que te salvará de la caza.

Por muy encantador(a) que sea el/la narcisista, los mujeres y hombres con apego seguro es más que probable que entiendan antes el juego del/de la narcisista. Distinguen entre fuerza y bravuconada, estabilidad y control, porque se fían de sus propios juicios, se sienten cómodxs con conexiones cercanas y saben qué es una relación sana.

Esto no ocurre con los hijos e hijas de narcisistas, que tienen uno de los tres apegos disfuncionales porque sus necesidades emocionales no fueron cubiertas en su infancia. No tienen esa base sólida que les hace ver la diferencia entre una persona sana con buenas intenciones y la persona cuya única intención es cubrir sus propias necesidades.

De los tres tipos de apego disfuncional lxs hijxs con Apego Ansioso y con Apego Desorganizado es más probable que acaben atrapadxs en relaciones con narcisistas. La/el hijx con apego ansioso, por un lado es un manojo de necesidades emocionales que no tienen fin y por el otro está en un perpetuo estado de alerta. Está hipervigilante para que no le decepcionen o le traicionen, así que está poniendo a prueba constantemente a su pareja, para comprobar que “realmente le quiere”. Es una montaña rusa de emociones – basculando entre la necesidad y el pánico y la rabia – y extremadamente vulnerable. La persona con apego desorganizado tiene una baja opinión de sí misma y piensa que los demás siempre son mejores, por lo que es proclive a amurallarse, empujando lejos a su pareja cuando cree que necesita protegerse, aunque en el fondo quiere y se muere por tener intimidad y cercanía.

Razones por las que las Hijas no Queridas terminan en Relaciones con Narcisistas

  1. Tu necesidad le hace sentirse poderoso

Al narcisista le gusta llevar la voz cantante y el chute de adrenalina que supone controlar a alguien. Tu necesidad le da la posibilidad de ambas cosas. Porque estás tan hambrienta de amor y conexión – y todavía intentando llenar el agujero en tu corazón que dejaron tu padre y/o madre narcisista cuando eras una niña – que es probable que no te des cuenta cuando el narcisista amplifica el volumen y el drama. Te centras en el sexo de reconciliación y los sentimientos cálidos de reafirmación cuando el narcisista te dice que no tienes nada de qué preocuparte. La triste verdad es que la relación es toda sobre él, no sobre vosotros.

  1. Te usa para la manipulación y el control

Esto es tristemente cierto si tu madre y/o padre tenía rasgos narcisistas, era(es) controlador(a) o combativa/combativo. esperas ese comportamiento por parte de la gente y, de forma inconsciente, crees que es lo normal. Es probable que no te des cuenta de las formas sutiles y no tan sutiles con las que ejerce el control sobre ti. También es más que probable que malinterpretes sus gestos como de protección y de cariño cuando en realidad son de control y de dominación.

  1. Tu rabia le da al narcisista una plataforma

Los sentimientos de rabia y celos se pueden activar de forma fácil en ti ante la amenaza de una separación o un leve desaire. El narcisista en tu vida sabe esto y es probable que utilice esta reactividad en tu contra. Los narcisistas son expertos en proyectar sus sentimientos. Es lo que el doctor Craig Malkin llama jugar a la “patata emocional caliente” en su libro “Rethinking Narcissist”. Cuando te pongas fuera de control haciendo cosas como escribir muchos whatsapps porque no contesta o gritarle porque no es claro, le dará la vuelta a las cosas y dirá que es tu problema y te amenazará (de forma clara o sibilina, dependiendo del tipo de narcisista) con dejar la relación. Esto incrementará su sensación de control sobre ti, lo cual le hace sentirse superior.

  1. Eres sorda al abuso verbal

Muchas hijas cuyos padres y/o madres narcisistas no han sabido querer, han experimentado de forma continuada en la infancia ninguneos, menosprecios y agresiones verbales. Tú has intereriorizado estos mensajes como si fuesen verdad o los han interpretado como “normales”. Esto es especialmente cierto en los casos en los que el padre y/o madre narcisista sigue perpetrando este abuso contigo porque aún no has identificado este comportamiento como tóxico. Esta incapacidad para alejar las conductas tóxicas le da al narcisista un asidero a tu vida que le permite utilizar todo tipo de armas para abusar de ti, menospreciarte, utilizarte, faltarte al respeto,… sin que tú protestes ni digas “no”.

  1. Confundes la pasión con jugar juegos

A los narcisistas les encanta jugar a juegos en las relaciones porque no son capaces de tener relaciones emocionalmente maduras. Para ellos todo va sobre dominación y control. La montaña rusa de emociones en la que te ves envuelta, y que se denomina trauma bonding, en realidad no es amor en el sentido “sano” sino un bucle cíclico de dolor y alegría que generáis entre ambos con vuestro comportamiento.

Este tipo de comportamiento también viene alentado por la cultura occidental, sobre todo en el rol de mujer “buena”- hombre “malo”, en el que las relaciones de pasión y agotadoras son retratadas como las de “amor verdadero”. La triste verdad es que en esa búsqueda por la pasión, muchas mujeres inseguras, que tienen alguno de los tres apegos disfuncionales es probable que rechacen un candidato que es predecible y emocionalmente estable como “aburrido” por alguien que tenga rasgos narcisistas y que parece “emocionante”. Un buen ejemplo de los muchos de estos sería en las películas de Bridget Jones, donde Mark Darcy es considerado aburrido y predecible (en realidad buena persona y con sentimientos verdaderos por ella) frente al encantador Daniel Cleaver (que en realidad le falta al respeto y le miente para llevársela a la cama).

Entender qué tipo de apego disfuncional tienes y qué es lo que hace que el narcisista y tú encajéis, te ayudará a entenderte y a descubrir porqué tropiezas una y otra vez con la misma piedra. Una vez empieces a trabajarte de forma terapéutica, tu vida empezará a cambiar.

Este artículo está basado en el original de psychcentral.com

Los 4 Tipos de Apego

Nos sentimos atraídxs por aquéllxs que confirman las creencias que tenemos sobre nosotrxs mismxs.

El Vínculo Emocional y la Teoría del Apego

Cuando una persona tiene un vínculo emocional con otra es cuando se genera el apego. Si ese vínculo es “sano” el apego será seguro. Si no lo es, las personas pueden desarrollar vínculos y patrones de comportamiento que antes resultaban difíciles de entender. Ahí es cuando emergieron las teorías del apego.

John Bowlby, psicoanalista inglés, está considerado el padre de la teoría del Apego. Realizó un estudio extenso sobre el tema con muchas madres y sus bebés. Creía que lxs niñxs tienen una predisposición biológica a formar apegos con otrxs porque en esa etapa dependen de otrxs para que su necesidad de supervivencia se vea satisfecha. También consideraba que el instinto de apego podía activarse con amenazas tales como el miedo o la separación. Este instinto se activa porque los padres y/o cuidadorxs en los primeros años de vida permiten desarrollar al/a la niñx un sentido de seguridad que les ancla para explorar el mundo. El trabajo de Bowlby tuvo mucha influencia, tuvo aplicaciones prácticas importantes como cambiar las horas de visita de los hospitales para que los padres pudiesen estar más tiempo con sus hijos y cimentar un apego seguro.

Aparte de Bowlby, otros teóricos han contribuido al estudio del apego. Ainsworth, Main y Solomon son los principales investigadores que han teorizado sobre los diferentes estilos de apego que se observan en las relaciones entre personas. Estos tipos de apego son: Seguro (el único sano) y los tres disfuncionales: Ansioso, Evitativo y Desorganizado.

¿Por qué es importante el Apego?

Muchos estudios han concluido que la determinación del tipo de apego que desarrolla la persona durante su infancia con su madre/padre determina cómo serán sus relaciones íntimas y sociales y sus patrones de comportamiento en su etapa como adulto.

La teoría del apego afirma que nuestras primeras relaciones con nuestros padres da forma a nuestras expectativas en las relaciones cuando seamos adultos. No es que nuestras infancias y nuestras relaciones adultas sean idénticas, pero sí que nuestras relaciones de intimidad en la infancia y las expectativas que nos formamos sobre nosotrxs mismxs diseñan un modelo sobre cómo serán nuestras relaciones adultas.

Nuestra estrategia de apego influencia en el modo en el que nos relacionamos con nuestras parejas. Esto puede incluir desde cómo regulamos nuestras emociones en los conflictos con el otro, si pedimos o no ayuda, no si nos sentimos cómodxs en la intimidad. Tiene un impacto sobre cómo gestionamos el conflicto, comunicamos nuestras necesidades y expresamos nuestra sexualidad.

En definitiva, el apego es muy importante.

Tipos de Apego

Apego Seguro

Lxs niñxs que han desarrollado un apego seguro se sienten segurxs y felices y están deseosxs de explorar sus alrededores. Saben que pueden confiar en sus madres/padres, que estarán ahí para ellxs. Aunque sienten angustia ante la ausencia de su padre/madre, están segurxs de que volverá. El comportamiento del padre/de la madre es sensible y coherente con las necesidades del/de la niñx.

Estas personas en su adultez tienden a ser más independientes, tener claro lo que quieren, tener relaciones sociales y de pareja exitosas y experimentar menos ansiedad y depresión a lo largo de sus vidas.

Si el vínculo de apego seguro no ocurre con la suficiente regularidad significa que el niñx no tiene experiencias sanas y seguras de forma suficiente. En su lugar, se forman apegos inseguros. Todos los apegos inseguros tienen su origen en una comunicación emocional fallida. Se trata de los tres tipos de apego que explico a continuación. Es importante tener en cuenta que los padres/madres de niñxs insegurxs son ellxs mismxs producto de experiencias inseguras con sus respectivos padres/madres. El apego inseguro pasa de generación en generación a menos que se sane.

Apego Ansioso

Las niñas/los niños con este tipo de apego muestran una mezcla de ira e impotencia hacia su padre/madre. Actúan de forma pasiva y se sienten insegurxs. La experiencia les ha enseñado que no pueden confiar en su padre/madre. El comportamiento de la madre/del padre es incoherente. Unas veces responde de forma adecuada y otras le rechaza.

Las personas ansiosas sienten un gran deseo de intimidad, pero están pendientes del más mínimo detalle que pueda poner en peligro la unión. A veces, interpretan los actos de sus parejas como una amenaza a la relación. Cuando se da el caso, los embarga la aprensión, pero carecen de la facultad de comunicar sus inquietudes de manera eficaz. En cambio, reaccionan desmesuradamente, recurren al drama. Una actitud así tiende crear un círculo vicioso, por el cual se vuelven aún más sensibles y su malestar se acrecienta.

Apego Evitativo

Lxs niñxs que han desarrollado este tipo de apego no confían en sus madres para satisfacer sus necesidades. Se comportan de forma indiferente tanto frente a la presencia como ausencia de su madre, pero en el fondo tienen ansiedad. No son exploradorxs y son emocionalmente distantes. El comportamiento de la madre es de desconexión de su hijx y emocionalmente distante.

Muchos adultos con este tipo de apego adoptan estrategias “preventivas” para desactivar su sistema de apego, por ejemplo, puede que escojan no verse envueltxs en relaciones sentimentales para no sentir miedo al rechazo. Tienden a estar demasiado centrados en sí mismxs y su propio confort, sin tener en cuenta los intereses y sentimientos de la gente. Les resulta difícil comunicar sus pensamientos y sentimientos a sus parejas. Su respuesta típica a un conflicto, discusión u otra situación estresante es ponerse distantes y fríos.

Apego Desorganizado

Lxs niñxs que no encajan en ninguna de las otras categorías están incluidxs en estar cuarta categoría de apego. Estxs niñxs pueden actuar de forma depresiva, con ira o ser apáticxs. Sus madres/padres podrían actuar de varias formas, como bascular entre la pasividad y la agresión o estar asustadxs y en realidad asustar a sus hijxs.

Estxs niñxs tienen estrés de forma regular, la perturbación de los padres/madres genera desorganización en los niños/las niñas. La conducta de poder del padre, ejercida de forma severa y atemorizante, puede generar una actitud miedosa en el/la niñx, que también puede ser la fuente de la desorganización.

Cuando crecen son adultos desconfiados, aparentemente muy independientes, pueden ser excesivamente tímidos o bien personas extrovertidas pero con relaciones superficiales con una gran dificultad para profundizar en el vínculo o para comprometerse personalmente con otra persona por la angustia que les produce la cercanía.

Si estás en alguna de las tres últimas categorías de apego es más que probable que en tus relaciones con los demás, sobre todo con tus parejas, tengas en lugar de un vínculo emocional sano, lo que se llama vínculo del trauma (más conocido como “trauma bonding” en inglés).

Las Estrategias de Apego no son Permanentes

Los estudios demuestran que, con el tiempo, el 30% de la población cambia su estrategia de apego.

Nadie cambia de un apego inseguro a uno seguro bajo condiciones de miedo, desaprobación o amenaza de abandono. Esto es por lo que una pareja en la que una persona tenga apego ansioso y la otra apego evitativo es muy difícil que tenga éxito. Sólo a través de la aceptación, el respeto, el apoyo, alguien puede ganar la seguridad suficiente para escalar la montaña emocional y alcanzar el apego seguro.

No hay ningún artículo, libro, taller o religión que pueda alterar nuestra sensación de seguridad en las relaciones. Son personas las que nos han hecho daño, por lo tanto son personas las que nos sanarán. Esta persona puede ser un(a) terapeuta o una pareja con apego seguro. Si pasas el tiempo suficiente en una relación segura, tu apego se convertirá en seguro. Un cambio en tus relaciones lo que requiere es un cambio dentro de ti, en el modo en que te ves. Una vez te veas a ti mismx de forma diferente, los demás también lo harán.

Si quieres saber más sobre el tipo de apego que tienes y cómo lo puedes hacer más seguro, te recomiendo el libro “Maneras de Amar”, de Amir Levine y Rachel Heller.

¿Sabes qué es el Trauma Bonding en las Relaciones?

El bonding (vínculo) es un proceso emocional y biológico que hace que dos personas sean más importantes la una para la otra con el paso del tiempo. Es acumulativo, crece con el tiempo, viviendo juntos, comiendo juntos, teniendo hijos juntos,.. en definitiva, compartiendo. El trauma bonding supone que “la víctima tiene un apego disfuncional que ocurre ante la presencia de peligro, vergüenza o explotación” (Carnes, 1997).

Las niñas han crecido en un hogar con padres disfuncionales, cuando son adultos tienen más dificultades para entablar relaciones sanas con otras personas. El vínculo se desarrolla con un adulto que constantemente tiene respuestas agresivas, impredecibles, emocionalmente indisponibles,… para la niña. Esto hace que muchas niñas que han sido víctimas de abuso emocional, en su etapa como adultos desarrollen diferentes tipos de apego disfuncional evitativo, ansioso o desorganizado. La teoría del apego fue desarrollada por John Bowlby, psiquiatra y psicoanalista de niñas.

Hay muchos terapeutas que asocian el trauma bonding  a lo que se conoce como el Síndrome de Estocolmo, un fenómeno psicológico que adquirió este nombre por un suceso ocurrido en Estocolmo (Suecia). El 23 de Agosto de 1974 dos hombres armados atracaron un banco y secuestraron a 3 mujeres y 1 hombre durante varios días. Cuando el secuestro terminó, sorprendentemente, las víctimas estaban del lado de los secuestradores, defendiéndoles ante la policía y los medios. Una de las mujeres se acabó prometiendo con uno de los secuestradores. Otra de las mujeres se gastó una gran suma de dinero en la defensa judicial de otro de ellos.

El síndrome de Estocolmo tiene lugar cuando un rehén que se ha visto envuelto en un secuestro desarrolla un fuerte vínculo emocional con su captor. El trauma bonding es algo parecido a esto. Las víctimas en relaciones sentimentales con narcisistas tienen sentimientos muy profundos y fuertes por ellos. Los narcisistas tratan a las víctimas a veces bien y a veces mal perpetrando un abuso que es no sólo soportado sino también justificado por las víctimas. Normalmente, la cara más amable que muestra el narcisista es más frecuente al principio de la relación y, con el paso del tiempo es la parte más oscura es la que se va acrecentando.

El efecto del trauma bonding en el cerebro de las víctimas es similar al de ser adicta a una droga. Se enganchan al ciclo de bueno (felicidad) y malo (dolor):

  • La felicidad tiene lugar a través del bombardeo de amor (o love bombing), los halagos, el buen sexo, lo que produce oxitocina en el cerebro de las víctimas. A la oxitocina  también se la conoce como la hormona de la felicidad.
  • El dolor ocurre en la forma de abuso (verbal, psicológico, emocional,..), lo cual genera cortisol en el cerebro de la víctima, una hormona que avisa de que hay un peligro del que la víctima tiene que protegerse. Esto hace que la víctima se encuentre sometida a niveles muy altos de estrés de forma continuada.

Este ciclo de bueno-malo, bueno-malo, bueno-malo es lo que atrapa a las víctimas y lo que hace que les resulte tan dan difícil salir de la relación. Enfrentarse a la situación de dejar una relación abusiva supone encontrarse con dificultades muy parecidas a las de un drogadicto que quiere dejar la droga.

Las relaciones con narcisistas son montañas rusas emocionales, con sentimientos muy intensos y mucho drama e inestabilidad. Las personas que han crecido en el seno de familias disfuncionales con un padre y/o madre narcisista, se encontraron envueltas en este tipo de dinámica en la infancia. Aprendieron que eso era el amor, por lo que esa clase de relación es lo que buscarán de forma inconsciente como adultos. Las relaciones “normales” a estas personas por lo general les parecen sosas y aburridas, porque no tienen los “picos” de arriba y abajo de las abusivas. Como las víctimas no son conscientes, repiten este tipo de relación toxica con sus sucesivas parejas abusivas, siguiendo un patrón de lo que Freud llamó repetición-compulsión.

Los adultos que sufren de trauma bonding tienen el síndrome del ‘burn out’, esto es, les cuesta mucho entablar relaciones sentimentales sanas porque sus emociones suelen estar anestesiadas, con lo que responden más positivamente a personas o situaciones peligrosas o intensas porque éstas les hacen sentir. Ese sentir con tanta intensidad para ellos es lo normal. La idea de la víctima es “Hemos pasado por tantas cosas juntos..” cuando en realidad es la abusadora la que ha causado dolor a la víctima y la ha puesto frente a situaciones muy adversas, sin sentir culpa ni remordimientos por ello.

Hemos pasado por tantas cosas juntos..

Las personas que están en esta clase de relaciones con abusadores tienen una alta tolerancia a comportamientos que la mayoría de la gente consideraría inadmisibles. Si las supervivientes entienden que la atracción que sienten por los abusadores y el trato que aguantan se deben al trauma bonding, podrán empezar a cambiar su comportamiento, siendo más cautas con sus potenciales parejas, poniendo límites y autoprotegiéndose en el caso de que el comportamiento de la persona con la que interactúan empiece a ser tóxico y digno de poner fin a la relación.

El psiquiatra y psicoanalista Carl Jung dijo que

“Los masoquistas no están enamorados de los sádicos. Están enamorados del dolor”.

9 Señales de que tus Relaciones están basadas en el Trauma Bonding

  1. Crees que que traten mal es lo normal. Si les dices a tus amigos o familia cómo tu pareja habla de ti o te trata, se preocupan por ti. A ti te parece que no hay nada de lo que preocuparse, que es normal.
  2. Las peleas. Tienes peleas repetitivas sobre los mismos temas, una y otra vez, como en bucle, nunca hay una salida a esto, un acuerdo. Cuando por fin sientes que has llegado a algún sitio con la pelea, todo eso se evapora cuando tu pareja parece no recordar absolutamente nada sobre eso y la pelea se repite de nuevo, como en la película “El día de la Marmota”.
  3. Defiendes a quien abusa de ti o te usa. Te quejas a tu familia, amigos, de tu pareja, pero en seguida empiezas a justificarle o a culparte a ti misma por su comportamiento, por ejemplo, “Es normal que no quiera que le deje sola para ir con mis amigas porque él no tiene amigos”, “A veces me grita y me falta al respeto, pero no me pega. Podría ser peor”.
  4. Pérdida de voluntad. Todo en tu cabeza te dice que deberías dejar a tu pareja, pero no te sientes capaz de tomar la decisión por ti mismo.
  5. Estás enamorada de la fantasía, no la realidad. Te das cuenta de que estás muy apegado a la historia de “cómo deberían ir las cosas” o “cómo deberían ser”, a pesar de que la realidad de la relación no se parece mucho a ello.
  6. “Esta vez no”. Te sientes a menudo como Charlie Brown, el cual repetidamente le da patadas al balón que Lucy sostiene, quitándolo en el último momento para que Charlie se caiga de espaldas. Te aferras a la idea de que la narcisista ESTA VEZ no quitará el balón, a pesar de que SIEMPRE lo acaba haciendo.
  7. Conversión. Sigues intentando convertir a tu pareja en alguien que te trate bien, convencerle para que se comporte de forma diferente. Crees que si te haces entender todo será diferente. Intentas que entienda que algunas de las cosas que hace o dice te hacen daño, si él entendiese, todo sería distinto.
  8. No te gusta. “Quieres” a tu pareja, pero no te gusta, no le respetas, ni siquiera estás a gusto teniéndole cerca muchas veces.
  9. Obsesión. Si finalmente consigues romper con tu pareja, te obsesionas con ello y llegas a un punto nostálgico en el que sólo recuerdas lo bueno y te preguntas si has tomado la decisión correcta o en realidad deberías volver con ella.

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