Última actualización: 28 octubre, 2025

Cómo se genera el apego desorganizado
El apego desorganizado es el menos frecuente y el más disfuncional de todos los tipos de apego.
Cuando una niña tiene apego seguro, la madre o cuidadora la provee con una base segura para que ésta pueda aventurarse a explorar el mundo de forma independiente pero siempre volver al lugar seguro que le proporciona la madre o ciudadora.
En el caso del apego desorganizado no ocurre esto. Cuando el niño acude al padre o cuidador, éste no siempre le ofrece seguridad y soporte sino que con mucha frecuencia lo asusta o lo rechaza. No tiene un comportamiento coherente sino caótico y errático con el niño. Este comportamiento abusivo es experimentado por el niño como amenazante para su vida, ya que es completamente dependiente de su padre o cuidador. Así, el niño se encuentra con un dilema: sus instintos de supervivencia le dicen es que huya para estar a salvo pero resulta que la seguridad sólo la puede obtener de la persona que le está asustando. Es por esto por lo que Mary Main llamó a este tipo de apego el “miedo sin solución”.
Bajo estas circunstancias, la angustia por la que pasa la niña nunca es reconocida ni reflejada por la madre. En lugar de eso, transmite señales contradictorias de acercamiento/evitación. Por ejemplo, intentando calmar a la niña pero permaneciendo fuera de su alcance o riéndose de la niña al mismo tiempo que intentando calmarla. Esto, a su vez, induce más confusión a la niña, que responde a esa situación de una forma desorganizada, lo cual aumenta el comportamiento disfuncional de la madre.
Los adultos con apego desorganizado
Las personas con apego desorganizado viven en un estado ambivalente, en el cual sienten miedo de estar cerca de los demás y en otros momentos, necesitan ese contacto cercano. Viven sus sentimientos y emociones de forma muy intensa y, por lo general, tienen una gestión pobre de los mismos.
El modo en el que estas personas ven las relaciones es el siguiente: buscan a los demás para satisfacer sus necesidades porque creen que esto no lo pueden hacer por sí mismas pero creen que si se acercan demasiado a otras personas, si hay demasiada intimidad, se harán daño. Es decir, la persona a la que acuden en busca de seguridad es la misma de la que tienen miedo a acercarse demasiado. Como resultado de esto, su comportamiento es caótico, ya que se acercan y se alejan de forma periódica, teniendo un patrón inestable de comportamiento.
Por todo ello, tienden a tener relaciones problemáticas o dramáticas, con muchos altibajos. Son como montañas rusas. A menudo tienen miedo de ser abandonadas pero al mismo tiempo también les cuesta la intimidad. Es probable que se hagan muy dependientes de sus parejas pero también se sientan atrapadas cuando están muy cerca emocionalmente de ellas.
Cómo sanar el apego desorganizado
El tipo de apego que desarrollamos en la infancia genera una plantilla para nuestras relaciones en la etapa adulta. Conocer qué tipo de apego tienes y cómo funciona en tus vínculos es fundamental para empezar a mejorarlo.
En el caso del apego organizado, es importante que te dés cuenta de cuáles son los detonantes que te hacen acercarte y alejarte de tu pareja. Éstos pueden ser externos, como una mueca de tu pareja que interpretas como un rechazo o bien internos, como un cansancio por haber dormido la noche anterior que te lleva a estar irascible y querer distancia.
También es muy importante que trabajes el tema de la seguridad: ¿cómo sientes la seguridad en tu cuerpo? ¿Qué pensamientos sueles tener cuando no sientes seguridad? ¿Qué necesitas de tu pareja para sentir seguridad en el vínculo? Comunicarte de forma eficiente hará que entienda mejor tu apego desorganizado y así pueda apoyarte y darte lo que necesitas para sentir más seguridad en el vínculo.
Y por último, trabajar en tus emociones y sentimientos: aprender a reconocerlos, aceptarlos y respirarlos para que se vuelvan más manejables.
A todo esto la terapia Gestalt y coporal te pueden ayudar con ejercicios y técnicas como:
- Contactar con tu niño interior para darle lo que le faltó: poder establecer un vínculo seguro entre el adulto y el niño.
- Averiguar qué tipo de respiración o postura corporal te pueden servir para conectar con tu seguridad cuando lo necesites.
- Adquirir recursos que te anclen al momento presente cuando sientes que te desregulas mucho.
- Aceptar tus cambios de postura en los vínculos en lugar de intentar evitarlos, esto hará que se vuevan menos drásticos.
- Aprender a pedir de forma clara y asertiva tanto cercanía como distancia cuando lo necesites.
Si quieres saber más sobre el tipo de apego que tienes, te recomiendo el libro “Maneras de Amar”, de Amir Levine y Rachel Heller.


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