El Atajo Espiritual

El atajo espiritual es un mecanismo de defensa. Aunque ésta pueda parecer más chula que otras defensas, su propósito es el mismo. El atajo espiritual (también llamado desvío espiritual) se convierte en un escudo que nos protege de la verdad, nos desconecta de nuestros sentimientos, y nos ayuda a evitar tener una perspectiva más amplia. Normalmente tiene más que ver con estar fuera de nosotros/nosotras que dentro – y la diferencia es tan sutil que muchas veces ni nos damos cuenta de que lo estamos haciendo.

El atajo que proporciona el desvío espiritual es coger en lugar de agradecer, llegar en lugar de ser, evitar en lugar de aceptar. Se trata de una práctica espiritual en servicio de la represión, normalmente porque no podemos (o creemos que no podemos) tolerar lo que estamos sintiendo, o pensamos que no deberíamos sentirlo.

Hay un “lado oscuro” en casi todas las cosas positivas que hacemos para ayudarnos, incluyendo la práctica espiritual. Todas las herramientas psicológicas y espirituales pueden utilizarse de una forma intencional. Por ejemplo, a veces el autocuidado es realmente eso, cuidar más de nosotros mismos/nosotras mismas: no dedicar tantas horas a trabajar y dedicar más tiempo a alcanzar más equilibrio y armonía dedicando ese tiempo a practicar yoga. Sin embargo, a veces, bajo el disfraz del autocuidado, simplemente lo que hacemos es desconectarnos, negar lo que está pasando y no sentir el miedo que produce a veces estar simplemente en el “aquí y ahora” de la vida. Por ejemplo, utilizar el autocuidado como una excusa para ver una película que vamos a disfrutar pero con la que en realidad lo que hacemos es disociar.

El tema con la práctica espiritual es que precisamente acudimos a ella porque sufrimos pero por esto mismo podemos acabar utilizándola como sustituto para no afrontar temas psicológicos. Irónicamente, cuando hacemos eso, nuestra progresión espiritual se ve interrumpida.

No podemos avanzar en nuestro camino de espiritualidad mintiéndonos a nosotros mismos/nosotras mismas, del mismo modo que no podemos llegar nuestro destino utilizando un mapa si no estamos dispuestos a señalar en ese mapa cuál es nuestro punto de partida. Por eso es necesario que afrontemos nuestras heridas emocionales y trabajamos en nuestro desarrollo espiritual pero no utilizando lo segundo para tapar lo primero. Si quieres sentirte mejor y disfrutar más de la vida, tienes que atreverte a sentir tu dolor, atravesarlo.

“La única manera de superar el dolor es atravesarlo”

Esto es lo que dice John Bradshow, autor del libro “Volviendo a casa”.

Señales de que estás haciendo el Atajo Espiritual

  • Síndrome de evitación emocional: represión, desapego o anestesiarte para no sentirSíndrome de la ignorancia emocional.
  • Negación, falta de interés y juicios sobre tus propia emociones.
  • Sobre-énfasis de lo positivo negando o evitando cualquier cuestión negativa en tu vida.
  • Síndrome de la devaluación del instinto: fobia a sentir rabia o deseo.
  • Síndrome de la disociación: creer que “trascendemos el cuerpo” cuando en realidad lo que creamos es una “armadura corporal” que nos impide sentir.
  • Síndrome del Mesías: ser compasivo/compasiva de forma ciega y querer rescatar siempre a los demás.
  • Síndrome del Niño adulto/la Niña adulta: Excesivo “amor” a un(a) gurú espiritual en el que se tiene una fe ciega y desmesurada.
  • Síndrome de la Lotería Divina: “Me lo merezco porque soy espiritual”.
  • Síndrome del Ego Demonizado: exceso de uso de la palabra “ego” en un intento de generar distancia de la propia vergüenza  o la sombra (entendida como esos rasgos que todos/todas tenemos que consideramos negativos y que sólo enseñamos en la intimidad).
  • Racionalizarlo todo en lugar de experimentarlo. Acción vs inacción.
  • Negar la necesidad que tenemos todos/todas de ser vistos/vistas como alguien especial, único e irrepetible. Frases tipo “todos somos iguales”.

El Antídoto al Atajo Espiritual

  • El trabajo psicológico. Busca a un(a) terapeuta que haya hecho él/ella su propio trabajo personal, que no sea rídigo/rígida ni que juzgue sino que sea compasivo/compasiva, que te haga de espejo y que no te haga avergonzarte de quién eres ni de tus emociones, que no intente cambiarte sino descubrirte y aceptarte, que te apoye en el empoderamiento de tu niño/niña interior.
  • El trabajo corporal. Las emociones que sentimos en el cerebro (concretamente en el sistema límbico) tienen su equivalente en el cuerpo, es lo que algunas/algunos terapeutas denominan el puente psicocorporal. Por ejemplo, en la mandíbula sensamos la tristeza y la rabia que no han sido manifestadas ni expresadas en el momento que emergían. Muchas niñas adultas/muchos niños adultos se han ido anestesiando a sí mismas/mismos para no sentir. El trabajo corporal ayuda a recuperar las emociones, las sensaciones de estar viva/vivo, de expresarnos pleanamente, de habitar nuestro propio cuerpo.
  • El trabajo espiritual. Supone trabajar en nuestra espiritualidad y en reconocer los seres humanos únicos e irrepetibles que somos cada uno de nosotros/cada una de nosotras. El yoga y la meditación son muy buenas herramientas para esto.

Este post no está en contra de la práctica espiritual, al contrario, es una parte fundamental para una recuperación completa de las/los supervivientes. El artículo alerta de utilizarlo en exceso para evitar hacer el resto del trabajo psicológico y corporal, que es duro pero necesario. Cualquiera con la voluntad adecuada puede hacerlo, sólo hay que ser constante y tener claro el objetivo: la sanación y florecer en la vida.

Funte: danielharner.com

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