poder, control y codependencia

El poder es un elemento que existe en la mayoría de las relaciones humanas. Tener poder significa tener una sensación de potencia (lo que nos decimos es “Yo puedo”), sentir que tenemos opciones y la capacidad de influir en nuestro entorno y en los demás. Es un instinto natural y saludable ejercer nuestro poder para satisfacer nuestros deseos y necesidades.

Por el contrario, cuando nos sentimos sin poder personal, sentimos impotencia y que somos víctimas de factores externos, que nuestro destino está fuera de nuestras manos.

Algunas personas ceden (muchas veces de forma inconsciente) su poder a otras personas porque no saben cómo ejercerlo o no se sienten con derecho. Suelen ser personas que ceden fácilmente ante los deseos y necesidades de los demás, y tienen dificultades para tomar decisiones e iniciar acciones independientes. Suelen sentir que son “malas personas” por simplemente decir lo que no quieren o no les gusta.

El poder es un elemento que existe en la mayoría de las relaciones humanas. Tener poder significa tener una sensación de potencia (lo que nos decimos es “Yo puedo”), sentir que tenemos opciones y la capacidad de influir en nuestro entorno y en los demás. Es un instinto natural y saludable ejercer nuestro poder para satisfacer nuestros deseos y necesidades.

Un sentido del poder personal deteriorado

Esta sensación de poder deteriorada es común entre las personas codependientes y se origina en:

  • Un enfoque constante en el exterior en lugar de estar conectadas consigo mismas.
  • Vergüenza y baja autoestima: no sentirse dignas de amor, atención, merecemiento,…
  • Dependencia emocional y falta de autonomía: una necesidad excesiva de una relación de pareja donde les guíen, donde la pareja suele hacer más el rol de padre o madre que de pareja.
  • Falta de asertividad
  • Incomodidad con el poder personal
  • Miedo al rechazo y al abandono
  • Necesidad del amor y la aprobación de los demás para sentirse bien
  • Negación de sus necesidades, deseos y sentimientos
  • Tener expectativas poco razonables sobre las demás personas, en especial con las que tienen relaciones cercanas.
  • Falta de responsabilidad propia (mentalidad de víctima)

Desequilibrios de poder en las relaciones

Muchas relaciones tienen desequilibrios de poder. Si no ejercemos nuestro poder personal, no nos expresamos por alguna de las razones mencionadas anteriormente, es muy frecuente que otra persona ocupe ese vacío.

A menudo, en las relaciones de codependencia, uno de los miembros de la pareja (a veces una persona con una adicción o con un trastorno de la personalidad, como el Trastorno Narcisista de la Personalidad) ejerce mucho poder sobre la otra persona. Por lo general, el miembro de la pareja que es complaciente, intenta ejercer influencia de manera indirecta o pasivo-agresiva, como por ejemplo reteniendo el afecto. La falta crónica de poder personal puede provocar depresión y síntomas físicos.

En una relación sana y equilibrada, el poder se comparte. Ambos miembros de la pareja asumen la responsabilidad sobre sí mismos y la relación. Las decisiones se toman en conjunto y ambas personas se sienten lo suficientemente seguras y valoradas como para mostrarse vulnerables. Pueden decir lo que les gusta y lo que no, lo que quieren y lo que no toleran. Para crear este espacio seguro, es necesario que haya límites y que éstos sean respetados y tenidos en cuenta. De lo contrario, arriesgarse a expresarse honestamente resulta demasiado amenazante.

Las personas codependientes y su relación con el poder personal

Las personas codependientes tienen una relación disfuncional con el poder personal.

El control, sobre sí mismas y sobre las demás personas, ejerce un papel muy importante en las relaciones que se confunde con el poder personal. Como las personas codependientes carecen de una sensación de poder personal, lo sustituyen (de forma inconsciente) por intentar manipular y controlar a los demás.

En lugar de hacerse responsables de sí mismas, se centran en lo externo. En lugar de atender sus necesidades directamente, intentan ejercer control sobre los demás y controlarlos para “asegurar” su bienestar. Piensan: “Te cambiaré para que seas y hagas lo que yo quiera y entonces seré feliz”. Cuando las expectativas de cambio de la otra persona no se cumplen, se sienten impotentes e indefensas.

Orígenes en la infancia

La mayoría de las personas codependientes han crecido en familias en las que se había una dinámica de dominación-sumisión entre sus padres y también hacia ellos. Sus necesidades y sentimientos fueron ignorados o criticados y no han podido desarrollar un sentido de la responsabilidad y del poder personal. Es por esto que lo han sustituido por el control. Por ejemplo, “si hago todo lo que mi padre me dice, no me gritará ni castigará.” Este control da una sensación de cierta seguridad a la niña o el niño, que no se puede obtener de otra manera.

Al haber tenido al menos un padre dominante, pueden rebelarse, ser tercos, pasivo-agresivos o autoritarios. Todas estas conductas son contraproducentes para satisfacer nuestras necesidades.

Cómo forjar y ejercer tu poder personal

El amor y el poder no son incompatibles. De hecho, el amor no significa renunciar a une misme, lo que eventualmente conduce al resentimiento. El amor en realidad requiere el ejercicio del poder personal.

Reclamar nuestro poder significa aprender a vivir conscientemente, responsabilizarnos de nosotros mismos y de nuestras elecciones y decisiones, desarrollar la autoestima y expresa de forma directa nuestras necesidades, deseos y límites.

A medida que aprendemos a expresarnos honestamente y a establecer límites y decir no, creamos un espacio de seguridad y respeto mutuo. Esto permite que las parejas sean menos reactivas. Pueden compartir sus sentimientos, escuchar las necesidades del otro, resolver problemas y negociar sin ponerse a la defensiva ni culpar. Compartir nuestra vulnerabilidad (nuestros sentimientos, deseos y necesidades) en realidad fortalece nuestro verdadero yo en un entorno de reciprocidad y confianza. .

Adquirir más autonomía es muy importante, no sólo para desarrollar la autoestima, sino que la autonomía nos asegura que podemos sobrevivir por nuestra cuenta. Ese conocimiento nos hace menos dependientes de la aprobación y validación de los demás.

Primeros pasos para forjar y ejercer tu poder personal

Responsabilizarte de ti: significa dejar de culpar a los demás o a Dios/Universo de lo que te sucede y hacerte cargo de ti, asumiendo las consecuencias de tus pensamientos, actos y decisiones.

Validar tus necesidades y emociones: aprender a contactar contigo para darte cuenta de cuáles son tus necesidades y emociones es fundamental para después pasar a la acción para intentar satisfacerlas. Puedes empezar por hacerte preguntas sencillas a lo largo del día, como “¿Qué necesito ahora?” o “¿Cómo me siento”. Si te das cuenta de que un cierto comportamiento de tu pareja, te enfada, la emoción te sirve para darte cuenta de que necesitas poner un límite.

Dejar el rol de víctima: ¿Te das cuenta de que culpas a los demás de lo que te sucede? ¿Crees que tienes una mentalidad de “Pobre de mí”? Darte cuenta de estas actitudes y empezar a cambiarlas es fundamental para adquirir bienestar. Si la historia que te estás contando suele ser un drama en el que sufres, ¿cómo puedes empezar a contarte otra historia? Cuando sufres, ¿crees que lo alimentas? ¿Crees que el sufrimiento es tu zona de confort? ¿Desde qué otros lugares emocionales puedes empezar a afrontar lo que te sucede?

Sentir tu poder personal quiere decir dejar de comportarte de una forma pasiva, a merced de las circunstancias, como una hoja al viento y empezar a tener un arraigo en el suelo y una dirección basándote en tus necesidades, deseos y anhelos. Por ejemplo, si alguien te está tratando de una forma pobre, puedes poner límites o alejarte, en lugar de permitir el trato pobre. Supone dejar de sentir impotencia y con ello inacción, sino sentir que tienes una voz sobre lo que te sucede y ejercerla.

Empezar a soltar el control de forma progresiva: el control es un sustitutivo de la seguridad, y en realidad, es una fantasía, ya que no podemos controlar a los demás ni a las circunstancias. La seguridad consiste en sentirte con posibilidades para cubrir tus necesidades y deseos sin apegarte al resultado. Si el resultado es el que deseas, genial, y si n lo es, puedes o bien aceptarlo, o bien cambiar la relación o lo que sea que no te esté dando lo que necesitas e ir a buscarlo a otro lugar.

Un primer paso muy importante para empezar a sentir tu poder personal es poder sentir de forma física la potencia y la fuerza en tu propio cuerpo. La terapia corporal que yo practico tiene diversos recursos para ayudarte a sentir tu poder personal de forma física y después pasarla a un plano emocional.

Asumir la responsabilidad sobre tus decisiones. ¿Qué sientes diferente cuando dices “quiero” en lugar de “tengo que” y “no quiero” en lugar de “no puedo”? Asumir la responsabilidad te ayuda a aceptar tus decisiones y sus consecuencias.

Comienza a actuar. Adquiere las habilidades y los recursos necesarios para alcanzar tus metas. Por ejemplo, si has estado insistiendo a tu pareja para que repare o limpie algo y se niega constantemente a hacerlo, aprende a hacerlo tú mismo o contratar a alguien para que lo haga.

Aprender a comunicarte de forma asertiva. La comunicación asertiva te permitirá poner límites respetando a los demás y poner límites ayuda a incrementar la autoestima y a sentirte segura.

Aprender a recibir feedbacks de las demás personas sin culpar ni ponerte a la defensiva. Los feedbacks pueden ayudarte a crecer y mejorar, siempre que tengas en cuenta que los feedbacks son opiniones de otras personas sobre ti y que el único que puede determinar quién eres, eres tú.

Conclusiones finales sobre el poder personal

La codependencia y la falta de poder personal son comportamientos aprendidos en un entorno adverso para poder sobrevivir. Y como todo comportamiento aprendido, se puede desaprender por otro más sano y de más bienestar para ti. Nadie nace siendo codependiente y sintiéndose sin poder personal, y por ello, no tienes que quedarte con estos patrones para toda la vida. El cambio depende de ti, y con la ayuda adecuada, puedes conseguirlo.

Fuente: whatiscodependency.com

Imagen de Artem Beliaikin en Unsplash.