
Cómo la Infancia Moldea Nuestras Relaciones Adultas
Si tu infancia no fue ideal, no estás solo. Muchas personas hemos vivido infancias con problemas familiares, condiciones de vida inestables, violencia entre los cuidadores, traición, abandono, abuso emocional y/o físico o negligencia.
Este tipo de experiencias traumáticas suelen desencadenar un patrón en el que la inestabilidad, la imprevisibilidad o la inconsistencia hacen que una o más de las necesidades básicas de la niña no se satisfagan.
La forma en que un niño se ve a sí mismo y cómo se relaciona con su mundo son producto de la biología y el entorno, lo que incluye la formación de sus esquemas mentales.
Los esquemas mentales formados en la infancia van de la mano con la regularidad con la que una niña cubre o no sus necesidades emocionales más básicas. Cuando los esquemas mentales se forma a partir de una crianza saludable, éstos suelen dar lugar a esquemas adultos saludables y adaptativos, como por ejemplo: “Soy digno de amor”, “Me merezco que pasen cosas buenas”, “Tengo derecho a sentirme bien”, que a su vez fructifican en relaciones familiares, laborales, de amistad y sexo-afectivas saludables.
Por otro lado, las experiencias traumáticas a menudo dejan en el niño “agujeros” en su desarrollo emocional, que dan lugar a esquemas mentales adultos no saludables, que pueden traducirse en frases como: “No soy digna de amor”, “Siempre me van a abandonar”, “No soy buena en nada”, lo que se traduce en relaciones no saludables, no sólo de la persona adulta consigo misma sino también en sus relaciones con los demás, donde repite de forma inconsciente la no satisfacción de sus necesidades emocionales básicas.
Por ejemplo, una niña a la que se le permite hacer lo que quiera sin límites, crecerá desarrollando una sensación de derecho y creer que las reglas no se aplican a ella. Esto genera la semilla para que la persona tenga un alto grado de narcisismo, poca empatía y cosifique a los demás para satisfacer sus necesidades.
De manera similar, un niño criado por padres emocionalmente negligentes o con cuidadores que no le brindan apoyo, orientación o no le permiten sentirse visto y escuchado, desarrollará un esquema mental de que no se puede confiar en los demás y que nunca le brindarán el amor o la aceptación que necesita. Esto genera el caldo de cultivo para que la persona viva en mucha soledad, sin buscar relaciones o bien se vuelva codependiente, sometiéndose a los deseos de su pareja para recibir migas de lo que necesita a nivel emocional.
Estos esquemas mentales operan en un nivel inconsciente donde los patrones de la infancia se repiten en las relaciones adultas. Por lo tanto, las relaciones que son disfuncionales y tóxicas, la persona las percibe como “familiares” o “cómodas”, porque coinciden con sus esquemas y con lo ya vivido en la infancia.
Necesidades emocionales básicas en la infancia
Las siguientes son tres necesidades de la infancia que, si no son satisfechas, pueden causar problemas emocionales y relacionales en la vida adulta de una persona.
Seguridad
La necesidad de seguridad incluye protección, confianza, previsibilidad, fiabilidad, coherencia, cuidado y orientación.
Si un niño no puede sentirse seguro en su entorno o no puede confiar en que sus cuidadores estarán allí para él de manera constante y confiable, estas experiencias generalmente crean un trauma de apego y problemas relacionales en la etapa adulta relacionados con el miedo a la intimidad emocional y a la vulnerabilidad.
Cuando las necesidades de seguridad faltan o están incompletas en la infancia, esto puede preparar a una persona para una etapa adulta de “perseguir” la seguridad en sus relaciones y en la vida en general. Esto hará que tenga dificultades para asumir riesgos, resistencia a los cambios y que busque rutinas y entornos que cubran esa seguridad que no siente dentro de sí. En las relaciones sexo-afectivas, puede compensar en exceso la falta de sensación de seguridad al ser controladora o “arregladora” en sus relaciones.
Autonomía
La autonomía se define como nuestra capacidad de saber quiénes somos y de actuar según nuestros propios sentimientos, creencias e intereses. El desarrollo de la autoestima y la confianza es fundamental para tener un sentido de autonomía.
Cuando no se satisfacen las necesidades básicas de independencia y autonomía en la infancia, se crean “agujeros” en el desarrollo, no se le enseña a las niñas a establecer un sentido de identidad ni a confiar en su propio criterio.
Los esquemas mentales que se desarrollan en la infancia como resultado de esta dinámica pueden incluir creencias de que son incapaces de cuidar de sí mismos o de que es necesario recurrir a otros para obtener la respuesta “correcta”.
En las relaciones adultas, la falta de autonomía puede llevar a una necesidad constante de validación externa como una forma de evaluar su propio comportamiento a través de la “aprobación” de los demás. Debido a estos déficits de necesidades, una persona puede volverse “dependiente” e incapaz de defenderse a sí misma, puede no ser capaz de tomar sus propias decisiones o puede recurrir constantemente a los demás para que le den respuestas.
Amor
Los padres o cuidadores principales que son negligentes, narcisistas, abusivos, críticos o ausentes pueden inculcar sentimientos de invalidación, de no ser “lo suficientemente buena”. Los niños criados sin sentir un sentido del amor sano o con un sentido erróneo de lo que es el amor (por ejemplo, confundirlo con ayuda, sacrificio, dependencia,…) pueden convertirse en adultos que confunden el sexo con la intimidad, la codependencia con el amor o el abuso con la conexión.
La falta de amor en la infancia puede colocar al adulto en un mayor riesgo de problemas de salud mental, incluyendo depresión, ansiedad, abuso de sustancias, desórdenes alimenticios, y, en general, una desrregulación del sistema nervioso.
Conclusiones sobre las 3 necesidades emocionales básicas no cubiertas
Si te sientes reflejada en lo que se describe en este artículo, es importante que busques ayuda, acompañamiento profesional, donde poder darte cuenta de cuáles han sido las necesidades no satisfechas en la infancia y poder empezar a dártelas a ti misma.
Como adulto, puedes tener experiencias de reparación en un espacio terapéutico, que te lleve a empezar a satisfacer esas necesidades, experimentarlo y empezar a reproducirlo contigo mismo en tu vida diaria.
Así, podrás empezar a relacionarte con los demás de una forma más sana, pudiendo satisfacer tus necesidades y satisfaciendo las de los demás en relaciones adultas donde cada persona se hace cargo de sí misma.
Primeros pasos para cubrir tus necesidades emocionales básicas
Necesidad de seguridad no satisfecha: puedes empezar por darte cuenta de cómo sientes la inseguridad en tu propio cuerpo, ¿qué necesita tu cuerpo para sentirse más seguro? ¿Qué clase de cosas te dices cuando sientes inseguridad? ¿Qué habrías necesitado oír en tu infancia para sentir más seguridad? Trabajar con tu niña interior para hacerla sentir más segura es algo muy importante que te permitirá estar más en la seguridad y estar más conectada con tu sistema nervioso parasimpático, que es el que está relacionado con la conexión con el presente y la seguridad.
Necesidad de autonomía no satisfecha: puedes empezar a dedicar tiempo para conocerte: ¿Qué te gusta? ¿Cuáles son tus intereses y tus valores? Para adquirir autonomía es importante que empieces a validarte a ti mismo sin la necesidad de buscar las respuestas en otras personas. Empieza a hacerte las preguntas que les haces a otras personas a ti mismo. Pueden ser preguntas como: ¿qué me apetece hacer este fin de semana? ¿Me gusta viajar o en realidad no? ¿Cómo quiero vestirme hoy?
Necesidad de amor no satisfecha: empieza a dedicarte gestos de amor que normalmente dedicas a los demás. Éstos pueden consistir en palabras de afecto, prestarte atención, darte un regalo o un capricho, abrazarte o acariciarte, ofrecerte apoyo y ánimo.
Fuente: psychologytoday.com
Imagen de BĀBI en Unsplash.


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