Comportamientos que pueden sentirse como «emocionantes» si has sufrido abuso parental de padres narcisistas o disfuncionales

abuso parental

Las personas que han crecido con abuso parental de padres narcisistas o disfuncionales, terminan normalizando comportamientos que después llevan a sus relaciones adultas y que pueden ser muy dañinos para ellos.

Muchas veces se percibe como algo emocionante o excitante, como lo que le da sal a la vida, cuando en realidad, son comportamientos que mantienen a tu sistema nervioso en alerta, en modo de congelación, lucha o huida, que es a lo que estás acostumbrada.

Es como tener el mapa de las relaciones torcido, con lo que es importante identificar lo que ha sido aprendido como “normal” pero que en realidad es dañino y no sirve para tener relaciones sanas y de bienestar.

Comportamientos que no son coherentes

Las palabras no concuerdan con las acciones, la otra persona pasa de estar totalmente involucrada en la relación para luego estar ausente. La relación se siente fuerte en un minuto y frágil, como colgando de un hilo, al siguiente. Este tipo de comportamientos se perciben como un “juego” emocionante en lugar de percibirlo como un lugar que no es seguro para mostrarse vulnerable, compartir sentimientos o sólido para poder crecer dentro de él. Lo peligroso y dañino se percibe como emocionante e interesante.

Arrebatos emocionales o demostraciones desproporcionadas de las emociones

Pueden tomar la forma de celos extremos o pérdida del control emocional, donde la persona “vomita” las emociones en lugar de gestionarlas. Debido a que hemos sido condicionados en la infancia a pensar que así es como los adultos muestran sus emociones, creemos que los celos extremos o los arrebatos emocionales son señales de amor en lugar de lo que realmente significan: inseguridad e inestabilidad emocional.

Comportamientos impulsivos

Puede percibirse como un romance vertiginoso, siguiendo impulsos como auto-lesionarse por amor o tomar un tren a un destino desconocido de forma impulsiva. Esto supone eludir responsabilidades básicas o tomar decisiones basadas en cómo se sienten en el momento. Esto es particularmente atractivo para los hijos de adictos, que han sido testigos de la falta de control de los impulsos o de planificación del futuro.

Arrogancia disfrazada de confianza

Personas que parecen tener muchas opiniones, muy centradas en sí mismas, que cuentan historias fascinantes sobre sus vidas y sólo quieren que ser escuchadas. No te dan un espacio para expresarte ni mucha atención y no tienen en cuenta tus necesidades ni el impacto que sus comportamientos pueden tener en ti. Una enorme falta de empatía que es disfrazada por un ego que se siente superior.

Confundir el sufrimiento con el amor

Pensar que la exaltación de la tristeza, el rechazo, el abandono o el drama son señales de amor. En otras palabras, que si no hay muchas dificultades, sufrimiento y esfuerzo en una relación, eso no es amor. Una visión distorsionada del amor donde el conflicto tiene un papel central y prevalece la idea de que el amor es sufrimiento. Esto es frecuente en los adultos que han visto relaciones con estos patrones entre sus padres y los han normalizado. Los padres han tenido una relación muy ambivalente e inestable, caótica y con tendencia al drama.

Escoger a personas adictas al trabajo u ocupadas de forma obsesiva

Se trata de personas que nunca está presentes, siempre distraídas, crónicamente estresadas. Esto puede sentirse atractivo o familiar para adultos criados en hogares con estrés crónico o ciclos de crisis.

Predilección por personas emocionalmente indisponibles

Personas que no están en contacto con sus emociones, para las que hablar de sentimientos es un tabú y para las que el contacto íntimo (que no incluya el sexo) es algo difícil o imposible. Esto es atrayente para personas que han tenido un padre o madre con estas características, donde o bien han aceptado esto o bien la relación consiste en esforzarse para que esta persona cambie sin que esto se llegue a producir.

Una intensidad extrema

Personas que son muy intensas en su forma de vivir y de expresarse, en su forma de tratarte, donde hay una sobredimensión de las emociones y la relación se siente como un tiovivo emocional donde sólo hay dos estados extremos: o “estamos muy bien” o “estamos muy mal”. Hay una falta de equilibrio y estabilidad y una necesidad de aumentar esa intensidad por confundirla con el amor. Esto es algo familiar para personas que han crecido con un padre o madre inestable, que unas veces los acogía y otras los rechazaba generando dinámicas de amor-odio.

Tendencia a idealizar

Personas que enfocan la relación como si fuera un cuento de hadas donde hay un príncipe y una princesa y todo es de color de rosa. Inflará las cosas de ti que le gustan y obviará las que no, sintiéndose más atraída por la idea que se ha creado sobre ti que dedicando tiempo y energía a conocerte de verdad. Son frecuentes gestos románticos como regalar ramos de flores, reservar habitaciones de hotel, escapadas ideales,… Esto se siente muy bien para tu niña interior y su necesidad de ser amada de forma incondicional pero no es real ni duradero.

Ser más importante por lo que das que por quién eres

Personas que ponen más el foco en lo que les das: atención, afecto, cariño, conocimientos, dinero,.. que en quién eres. Esto es habitual en adultos que en su infancia han vivido una inversión de los roles por sus padres, conocido como parentificación y que los han utilizado para cubrir sus necesidades en lugar de estar disponibles para las necesidades de sus hijos.

Ser un trofeo a conseguir más que una persona con la que estar

Personas con mucha tendencia a la manipulación y a la seducción, que llegarán muy lejos para conseguir que estés con ellas, que desplegarán todos sus encantos el tiempo que haga falta e insistirán mucho hasta conseguir lo que quieran de ti. Esto es algo que se siente familiar para personas que han tenido padres que han utilizado mucho la manipulación para conseguir lo que querían de ellas cuando eran niñas. Esta manipulación excesiva se normaliza y puede convertirse en un punto ciego en la edad adulta, donde hay una dificultad para diferenciar lo que es manipulativo de lo auténtico.

Imagen de Annie Spratt en Unsplash

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