El masking: qué es y cómo se genera

En muchos artículos hemos hablado de la máscara que llevan las personas narcisistas, sin embargo, en este artículo vamos a abordar el tema de la máscara que llevan las víctimas de maltrato y abuso.

Es importante aclarar que estas experiencias las suelen vivir personas en cuyas familias al menos uno de los cuidadores padece un trastorno mental, como Trastorno Narcisista de la Personalidad, trastorno bipolar, trastorno histriónico, esquizofrenia,…

Las heridas psicológicas causadas por personas de las que dependías o que tenían poder sobre ti, pueden causar altos niveles de ansiedad y confusión, y sentimientos de traición y rechazo, que son difíciles de manejar.

Los niños, niñas y adolescentes que sufren estas experiencias de forma repetida acaban en un estado de hipervigilancia y de desregulación emocional, esto es, pierden la capacidad innata para regular sus propias emociones. Esto puede llevar a desarrollar estados de ansiedad generalizada, depresión, constante disociación o dependencia de sustancias o vínculos.

Anestesiar o reprimir el dolor, la confusión, el terror y la indignación se convierten en la única opción para sobrevivir a lo que sucede. Cuando las personas son victimizadas, lo único que pueden hacer para intentar sobrellevar la situación (y alcanzar cierto control sobre ella) es hacerse los más pequeñas posible.

Y todo esto lleva a sentimientos de profunda e intensa vergüenza.

Esto es así porque las niñas y niños a los que se trata de forma pobre creen que es por su culpa, que «hay algo que está mal en mí» y que se merecen ese trato. Esa vergüenza lleva a ocultar y rechazar ciertas partes que no han sido aceptadas o que han sido atacadas por los cuidadores, de forma que el desarrollo de la personalidad se ve detenido y alterado.

Las partes de nosotros que esperan críticas o desprecio, se esconderán para no exponerse a la mirada de los demás (y la propia).

Las personas supervivientes de abuso en la infancia aprenden (de forma inconsciente) a usar máscaras para sentirse emocionalmente seguras con los demás y tapar la vergüenza. Es lo que se conoce, por el término en inglés, como masking.

El masking supone una sobreadaptación al ambiente donde la persona ejerce el rol que cree que se espera de ella en lugar de ser ella misma. La persona tiene poco contacto (o ninguno) con sus propias emociones y sentimientos y por esto no tiene mucha idea de lo que le gusta o de quién es realmente. Esto es, la máscara no sólo se muestra frente a las demás personas sino que también está en en soledad.

El tema del masking es complejo, porque la persona la desarrolla sin darse cuenta, como un mecanismo de defensa de forma inconsciente y centra su atención en el exterior, no dentro de sí misma.

Una forma de averiguar si has hecho (o estás haciendo masking) es observar fotos  tuyas y grupos de personas con los que te has relacionado en diferentes épocas: ¿tienes la sensación de que eres como un camaleón? ¿Hay poca conexión entre cómo hablas, cómo vistes, qué intereses o actividades tienes en las diferentes etapas de tu vida? ¿Dónde sueles poner la atención: en los demás o en ti?

Una cosa es cambiar con el paso del tiempo, que es algo natural que le sucede a todas las personas y otra tener la sensación de que has vivido varias vidas dependiendo del contexto y una sensación de que cambias tanto dependiendo de con quién te relaciones (grupos de amigos, parejas,…) que no sabes muy bien quién eres de verdad, en tu núcleo.

Conviene aclarar que los casos de masking no sólo se dan en situaciones de abuso o maltrato sino que también es muy frecuente en los casos de personas con neurodivergencias, como el autismo o el TDHA, que la utilizan para adaptarse a comportamientos normativos y poder sentir que encajan a costa de no ser ellas mismas.

Cómo empezar a quitarte la máscara

Si te sientes reflejade en lo que se describe más arriba, te doy algunas claves para empezar a quitarte la máscara, que requiere empezar a conectar contigo y soltar a los personajes que has estado haciendo durante toda tu vida.

La bajada de la máscara no es algo que se pueda hacer de un día para otro o de forma abrupta sino que es un proceso largo y lento, donde es aconsejable un acompañamiento por una profesional de la salud mental que sepa de masking, ya que se pasan momentos de incertidumbre y confusión. Además, también es muy posible que algunos de los vínculos que tienes se caigan, al darte cuenta de que en realidad no estás alineada con amigos, familiares o pareja.

Pero también es un viaje emocionante y enriquecedor, para conocer a la persona más importante de tu vida: tú.

Quitarte la máscara sobre todo supone aceptar la vergüenza por el maltrato y abuso vividos, pudiendo poner la responsabilidad de lo sucedido en las personas que han perpetrado el maltrato. Aceptar la vergüenza supone por fin sentirla y atravesarla, en lugar de tenerla encerrada dentro y tapada con la máscara.

Para quitarte la máscara también es necesario empezar a conectarte con tus emociones y sentimientos, que son como brújulas, que te indican quién eres, qué te gusta, qué te motiva,… Al principio esto puede resultar difícil, ya que puede detonar las memorias de las experiencias de infancia donde conectarse con el cuerpo suponía no sentirse en seguridad. Sin embargo, con el acompañamiento adecuado, esto se puede reparar poco a poco, actualizando que el cuerpo ya es un lugar seguro y que no es necesario tener toda la atención en el exterior sino que es sano estar en conexión contigo.

Imagen de Tamara Gak en Unsplash.