La Vergüenza Tóxica

Cuando la vergüenza se vuelve tóxica, puede arruinar nuestras vidas. Todo el mundo experimenta vergüenza en algunos momentos a lo largo de la vida. Es una emoción como cualquier otra que aparece y desaparece, pero cuando se cronifica, puede causar un dolor extremo. Los fuertes sentimientos de vergüenza estimulan el sistema nervioso, causando una reacción de lucha-huida-congelación. Nos sentimos expuestos y queremos escondernos o reaccionar, a la vez que nos sentimos profundamente alejados de los demás. Todas las personas tenemos nuestros propios detonantes o triggers que producen sentimientos de vergüenza. La intensidad de nuestra experiencia también varía, dependiendo de nuestras experiencias de infancia y el evento de activación.

Diferencias entre Vergüenza Sana y Vergüenza Tóxica

Como hemos apuntado, es necesario distinguir entre vergüenza sana y vergüenza tóxica. La vergüenza sana nos avisa sobre nuestros límites, hace que no persigamos metas imposibles y nos evita invertir energía de forma inútil en cosas que no podemos cambiar. Nos indica que necesitamos ayuda y que, como seres humanos que somos, tenemos limitaciones.

La vergüenza tóxica es destructiva. Nos hace sentir de forma permanente que “hay algo que está mal en nosotras”, que “somos defectuosas”. Hace que nos queramos esconder del mundo. A diferencia de la vergüenza ordinaria, es una “vergüenza internalizada”, que altera nuestra auto-imagen. Es una vergüenza que se ha convertido en “tóxica”, un término acuñado por primera vez por Sylvan Tomkins a principios de los años 60 en su examen académico del afecto humano. Para algunas personas, la vergüenza tóxica puede consumir su personalidad, mientras que para otras, se encuentra debajo de su conciencia, pero se puede desencadenar fácilmente.

Hay algo que está mal en mí. Soy defectuosa.

Características de la Vergüenza Tóxica

La vergüenza tóxica difiere de la vergüenza ordinaria, que pasa en un día o unas pocas horas, en las siguientes características:

  1. Puede ocultarse en nuestro inconsciente, de modo que no nos demos cuenta de que tenemos vergüenza tóxica.
  2. Cuando experimentamos vergüenza, dura mucho más tiempo.
  3. Los sentimientos y emociones asociados a la vergüenza son de mayor intensidad.
  4. No se requiere un evento externo para activarlo. Nuestros propios pensamientos pueden provocar sentimientos de vergüenza tóxica.
  5. Conduce a espirales que causan depresión y sentimientos de desesperanza y desesperación.
  6. Causa la “ansiedad vergonzosa” crónica: el miedo a sentir vergüenza.
  7. Está acompañada de determinadas voces, imágenes o creencias que se originan en la infancia y se asocian con una “historia vergonzosa” negativa sobre nosotros mismos.
  8. No necesitamos recordar la fuente original de la vergüenza inmediata, que generalmente se originó en la infancia o en un trauma previo.
  9. Crea sentimientos profundos de insuficiencia e inadecuación.

Creencias basadas en la Vergüenza Tóxica

La creencia fundamental que subyace de la vergüenza es que “No soy digno de ser amado. No soy digno de conexión”. Por lo general, la vergüenza tóxica se manifiesta como una de las siguientes creencias o una variación de la misma:

  • Soy estúpida
  • Soy poco atractiva (especialmente para una pareja romántica)
  • Soy un fracaso
  • Soy una mala persona
  • Soy un fraude o falsa
  • Soy egoísta
  • No soy suficiente (esta creencia puede aplicarse a numerosas áreas)
  • Me odio
  • No importo
  • Soy defectuosa, inadecuada
  • No debería haber nacido
  • No soy digna de amor

La causa de la Vergüenza Tóxica

En la mayoría de los casos, la vergüenza se internaliza o es tóxica debido a las experiencias crónicas o intensas de vergüenza en la infancia. Los padres pueden transferir involuntariamente su vergüenza a sus hijos a través de mensajes verbales o comportamientos no verbales. Por ejemplo, un niño puede sentirse no amado en reacción a la depresión, ausencia, indiferencia o irritabilidad de los padres o sentirse inadecuado debido a la competitividad o comportamiento inadecuado de los padres. Los niños necesitan sentirse amados por sus padres. Cuando se rompe esa conexión, como cuando un niño es regañado con dureza, los niños se sienten solos y avergonzados. Como no entienden el comportamiento de sus padres (que de forma intuitiva, creen inadecuado) se culpan a sí mismos, internalizando todos los mensajes negativos, directos o indirectos, que reciben de sus padres para justificar un comportamiento hacia sus hijos que en realidad es inapropiado.

Si has tenido un padre o madre narcisista y te escogió a ti para desempeñar el rol del chivo expiatorio en tu familia de origen, es más que probable que te haya pasado su vergüenza tóxica proyectando en ti sus sentimientos profundos de inadecuación (aunque negados) que a su vez, el/ella recibió de su padre o madre.

Si no se sana en terapia, la vergüenza tóxica puede llevar a la agresión, la depresión, los trastornos de la alimentación, el Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo y la adicción. Genera baja autoestima, ansiedad, culpa irracional, perfeccionismo y codependencia, y limita nuestra capacidad para disfrutar de relaciones satisfactorias y éxito profesional.

Cómo Superar la Vergüenza Tóxica

La vergüenza tóxica puede ser superada por experiencias positivas posteriores a las de infancia. Una terapeuta te puede proporcionar lo que se denomina una “experiencia emocional correctiva”, es decir, hacerte el mirroring que tus padres no pudieron hacerte y devolverte el espejo de quién eres, que es muy diferente de la vergüenza tóxica con la que te identificas y que está basada en pensamientos  y voces interiores que en realidad son las voces y expresiones de tus padres y que han sido internalizadas. Lo que te dices con esas voces y pensamientos no es real. Se trata de vergüenza tóxica que en tu sistema familiar se ha pasado de generación en generación hasta llegar a ti.

Si te interesa tener más información sobre la vergüenza tóxica, te recomiendo el libro de John Bradshaw: “Sana la Vergüenza que te Ata”, que contiene ejercicios prácticos para sanar la vergüenza tóxica.

Fuente: https://www.whatiscodependency.com

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El Defecto Fatal

  • Andrea, de 23 años, teme en el fondo que si permite que alguien se acerque lo suficiente para ver a la verdadera Andrea, no le gustará lo que ve.
  • Jaime observa a las personas que caminan por la calle riendo y hablando, y se pregunta qué tienen que él no tiene.
  • Cristina, una empresaria consumada, secretamente se siente fuera de lugar dondequiera que vaya.
  • Laia se esfuerza en todo lo que hace, es una perfeccionista que nunca está satisfecha con nada en su vida y no deja que nadie la conozca en profundidad.

Aunque parezca que cada una de estas personas está luchando con un problema diferente, todas estas luchas secretas y dolorosas provienen de la misma raíz común. Andrea, Jaime, Cristina y Laia creen en su fuero interno que “algo está mal en ellos”. A esta creencia algunos terapeutas la llaman el defecto fatal.

 

El defecto fatal, en las personas que lo sienten, hasta que empiezan terapia, puede resultar muy difícil de detectar. Se trata de algo que está de fondo, un sentimiento profundo de inadecuación que causa mucho dolor a la persona y que, inconscientemente, trata de esconder frente a los demás porque cree que, si lo descubren, los alejará. Se trata de una mezcla de vergüenza, culpa y rabia dirigida hacia uno mismo.

El defecto fatal realmente no existe. No es una cosa real, pero sí un sentimiento real. Es un sentimiento cuyo poder proviene de ser insidioso, invisible e innombrable. Es un sentimiento que puede perseguir a una persona a lo largo de su vida, sin revelarse nunca.

Miremos más de cerca la infancia de Andrea, Jaime, Cristina y Laia para ilustrar cómo cada uno llegó a tener su propia versión personal del defecto fatal.

Los padres de Andrea eran adictos al trabajo. Personas exitosas y ambiciosas que querían a sus hijos pero que no tuvieron tiempo para conocerlos. Andrea fue criada por niñeras que iban y venían. Andrea, en esencia, creció en un vacío emocional, sintiendo que sus padres no la conocían realmente. Ante su falta de atención e interés, el cerebro de su hija procesó esto como: “No soy digna de que me conozcan”. Como adulta, anticipó el rechazo en todas las relaciones, desarrollando contradependencia y alejando a las personas por miedo a la intimidad.

Jaime era hijo único de dos padres deprimidos. Sus padres lo quisieron e hicieron lo posible por cuidarlo y criarlo. Tenía una bonita casa y mucha comida y ropa. Pero emocionalmente, su infancia se empobreció. Debido a su depresión, los padres de Jaime no tenían mucha energía ni para ellos mismos. Les quedaba muy poca para su hijo.

Cuando Jaime tenía un problema con sus amigos, no se lo contaba a nadie. Cuando obtenía sobresalientes en matemáticas, a nadie parecía importarle demasiado. Jaime creció sin compartir con nadie su dolor o su alegría. Creció careciendo de la conexión emocional con los demás que hace que la vida sea estimulante y significativa. Como adulto, vivió su vida con una escasez de este ingrediente principal: conexión emocional.

Cristina creció en una gran familia de clase trabajadora, caótica pero amorosa. Las personas de su familia eran esencialmente “ciegas a las emociones”. No compartían, expresaban, advertían ni respondían a la emoción. Nadie en el mundo de Cristina cuando era niña sintonizaba con sus sentimientos. Cristina no tuvo ningún referente que le enseñara cómo reconocer, leer, tolerar, expresar o gestionar sus propios sentimientos (o los de los demás). Cristina tuvo éxito en el mundo de los negocios porque es inteligente, enérgica y motivada, pero no tiene inteligencia emocional. En situaciones sociales, se siente fuera de lugar y tiene ansiedad.

Los padres de Laia eran un narcisista y una codependiente. Su padre la escogió, cuando era muy pequeña, como el chivo expiatorio de la familia y le daba constantemente mensajes de que “era un desastre” y “lo hacía mal”. La madre simplemente le seguía la corriente al padre. Éste se enfadaba o burlaba de forma inapropiada cuando Laia mostraba una emoción.

Laia creció pensando que las emociones eran algo que “sobraba” en ella y que, hiciera lo que hiciera, era un desastre que, antes o después, los demás descubrirían.

Los tres primeros ejemplos son los de personas que han sufrido abandono emocional y la cuarta, abuso emocional.

La buena noticia es que el defecto fatal puede solucionarse en la adultez.

Cuatro Pasos para Sanar el Defecto Fatal

  1. Reconoce que lo tienes, y que no es un defecto real. Sólo es un sentimiento.
  2. Encuentra las palabras para expresar tu propia versión única de “algo está mal en mí”.
  3. Identifique la causa específica en tu infancia. ¿De qué manera fuiste descuidado/abusada emocionalmente? ¿Cómo causó tu defecto fatal?
  4. Comienza a trabajar en la aceptación de sus emociones y en reconocer cuándo tienes un sentimiento. Experiencia el sentimiento y ponlo en palabras. Si esto te resulta difícil, busca una terapeuta que sepa de emociones que te ayude.

Convertirte en una persona que gestiona sus emociones, que tiene autoestima y un buen equilibrio en sus relaciones de dar y recibir con los demás, hará que el “defecto fatal” que sientes, desaparezca.

Fuente: https://psychcentral.com

Porqué y Cómo los Narcisistas Juegan al Juego de la Vergüenza

Estando fundamentalmente avergonzadas de sí mismas, las personas con Trastorno Narcisista de la Personalidad (TNP) son expertas en jugar al juego de la vergüenza con quienes les rodean.

La vergüenza es prima hermana de la culpa pero se diferencian en algo. La vergüenza es un sentimiento de angustia acerca de quiénes somos, es una voz que dice “Soy defectuoso. No me lo merezco”. Es un estado permanente.

“Soy defectuoso. No me lo merezco”

La culpa genera angustia sobre algo que hemos hecho a otra persona, creemos que hemos causado algún mal. La voz de la culpa dice “He hecho algo malo”. Es algo temporal.

“He hecho algo malo”

La narcisistas rara vez sienten culpa, pero están profundamente atormentadas por la vergüenza. No sienten culpa por lo que hacen porque no tienen empatía, esto es, carecen de la capacidad de ponerse en el lugar de las personas con las que se relacionan. Entienden de forma cognitiva que lo que hacen está mal, pero son incapaces de sentirlo. Además, como utilizan el mecanismo de defensa de la proyección, no se responsabilizan de lo que hacen, proyectando esa culpa en los demás. Son frecuentes frases como:

“Mira lo que me has hecho hacer”. “Me has obligado a perder la paciencia”. “Tú tienes la culpa de cómo me he puesto”.

Sin embargo, los narcisistas sí que sienten vergüenza, una profunda vergüenza que les lleva a tener relaciones de control y sumisión-dominación con las demás personas. Esa vergüenza hace que se estén comparando continuamente y que se pongan por encima de las demás personas como una respuesta defensiva para compensar por lo carentes que sienten en el fondo. Son personas acomplejadas que esconden su vergüenza a través de un exterior de grandiosidad.

El Juego de la Vergüenza en los Narcisistas: ¿Por qué?

Avergonzar es una forma común y especialmente insidiosa de abuso narcisista. Los narcisistas usan la vergüenza para:

  1. Proyectar sus insuficiencias
  2. Externalizar su autodesprecio
  3. Hacer que los demás se vean y se sientan inferiores
  4. Alimentar su necesidad de sentirse superiores
  5. Controlar las autopercepciones de los demás
  6. Manipular a otros para que hagan cosas que les interesan a ellos o para que asuman responsabilidades inapropiadas.
  7. Manipular a otros para que se culpen a sí mismos por el comportamiento de su abusador.
  8. Socavar y debilitar la autoestima de los demás.
  9. Aislar a otras personas para que dependan de ellos por completo.

El Juego de la Vergüenza en las Narcisistas: Cómo lo Hacen

Al sembrar la vergüenza en otras personas, las narcisistas, en esencia, instalan un botón que pueden presionar en cualquier momento para manipular y castigar a aquellas personas a las que buscan controlar.

Aquellas personas que quieren, se preocupan o de otra manera admiran o confían en narcisistas, como sus hijas, parejas, parientes, amigas, empleadas, estudiantes u otras personas dentro de su esfera de influencia, son vulnerables a los mensajes de vergüenza.

En particular, las hijas de padres/madres narcisistas son más vulnerables a ser avergonzadas porque son personas aún no formadas que quieren de una forma natural a sus padres y los buscan para que las cuiden (ya que hasta una cierta edad son totalmente dependientes), para que las validen y les den un sentido de su propia identidad a través del mirroring. Un padre/madre narcisista es incapaz de hacer estar tarea de forma adecuada. Una niña avergonzada, con frecuencia tiene auto-creencias falsas y profundamente dañinas sobre sí misma, especialmente si ha sido escogida para desarrollar el rol del chivo expiatorio dentro del sistema familiar disfuncional. Esta visión basada en la vergüenza es posible cambiarla con terapia, donde la terapeuta haga el mirroring y la validación sobre el maltrato o abuso sobre el que en la familia narcisista hay negación.

El juego de la vergüenza con los Narcisistas: sus Consecuencias

Para cualquier persona, la vergüenza intensa puede conducir a:

  1. Ansiedad generalizada
  2. Odio hacia uno mismo
  3. Tendencia a retirarse y/o esconderse
  4. Miedo a la intimidad y a la “exposición”
  5. Tendencia a tener una adicción: al sexo, la comida, el deporte, las compras
  6. Autolesiones y/o pensamientos suicidas
  7. Enfado internalizado (volcando la rabia hacia uno mismo) o externalizado (haciendo acting outs)
  8. Disociación de los sentimientos propios
  9. Perfeccionismo
  10. Bajo rendimiento

Fuente: https://narcissistfamilyfiles.com