6 Cosas que las Hijas de Narcisistas Anhelan en la Edad Adulta (Y Cómo Sanarlas con Psicoterapia)

Aunque hay diferencias en las historias de todas las hijas no queridas por sus madres/padres narcisistas, también hay puntos importantes en común. Comprenderlos y ver el papel que juega cada uno en tu propia vida puede ser el primer paso de muchos hacia tu recuperación.

Algunos de estos los percibirás conscientemente, aunque es posible que no los pongas en contexto y los conectes con experiencias infantiles durante muchos años. Estadísticamente, el reconocimiento de cómo las experiencias de la infancia tras el abuso narcisista afectan el presente generalmente no comienza hasta que una mujer tiene más de 30 o 40 años, y a veces más tarde.

Si has tenido una infancia difícil y te has sentido bajo el control de un padre/madre controladora, combativa o narcisista, la adultez joven te brinda una sensación de libertad, ya que seguramente por fin te hayas sentido libre después de vivir durante muchos años en un ambiente tóxico, represivo y castrante. Lamentablemente, la realidad es que hay muchas posibilidades de que no te hayas dado cuenta de cuánto equipaje emocional te acompaña en tu vida.

Si bien puedes ser consciente de lo mal que te hizo sentir cómo tu madre/padre narcisista te trató en la infancia, es muy posible que no puedas ver su efecto en la mujer adulta que eres hoy en día hasta que comiences psicoterapia. La mayoría de los comportamientos que adoptamos para superar son inconscientes.

Además, hay otras fuerzas en juego que te impiden el reconocimiento:

  • Has normalizado las experiencias de tu infancia.
  • Te gusta pensar que el pasado es el pasado y eres libre.
  • No estás lista para procesar todo el dolor sobre cómo te trataron en tu infancia.
  • Sólo quieres ser como todas las demás personas, quieres ser normal. Y te avergüenzas de tu infancia y de tu familia de origen.
  • Temes que tu tratamiento esté justificado, y que cómo te trataron haya sido, en el fondo, todo es culpa tuya.
  • Por encima de todas las cosas, quieres que tu padre/madre te quiera. Quizás él/ella por fin lo hará. ¿Pronto?
  • Tu esperanza y negación alternas te mantienen estancada.
  • Hay cosas la hija no amada anhela en su edad adulta.

Cosas que las Hijas de Narcisistas Anhelan en la Edad Adulta

Hay muchas posibilidades de que, si tu madre/padre no supo darte amor, fuiste muy criticada o marginada (el rol de la “niña perdida”), ignorada o severamente castigada, también puede ser que abusada, muchos de estos anhelos profundamente arraigados pueden coexistir y contradecir todo tipo de éxitos y logros.

Ése es el poder de estas primeras experiencias. Las formas en que pueden seguir afectándonos no son necesariamente racionales pero son muy profundas y condicionan nuestras vidas de adultas.

  1. Un sentido de pertenecer, de experimentar tu propia vida.

    Éste es quizás el efecto más común. Sentirse como una extraña, callar, con tu nariz presionada contra el vidrio de una tienda a la que todos los demás parecen tener acceso. Es como ver una película en blanco y negro, estando tú sola en la sala de cine, cuando los demás ven la misma película en la sala de al lado a todo color.

  2. Validación de tus pensamientos y de ti como persona.

    Hasta que estés completamente recuperada de tu infancia de abuso narcisista, puedes sentir inseguridades profundamente arraigadas sobre la validez de tus pensamientos y percepciones.

    Seguramente tu padre/madre narcisista se burlaba mucho de ti y se le unía el otro padre/madre o algún hermano al que se le permitía a animaba a hacerlo, te decían que eras muy “sensible” o “que eras burra” o decían de ti frases como “qué vamos a hacer contigo”, te hacían sentir como un objeto, te humillaban o te intimidaban.

    Tú interiorizaste estos mensajes y ahora dudas mucho de ti, de tu valía, no sabes quién eres y buscas esa validación fuera de ti, en otras personas.

  3. Verdadera confianza en ti misma.

    A pesar de tus logros en la vida, tiendes a pensar que “no eres suficiente” y a pesar de que te pones muchas metas y las consigues, en cuanto lo haces, te quitas mérito y crees que te valorarás cuando consigas la siguiente que te fijes.

    Tienes una tendencia a responder inadecuadamente a situaciones de tensión o desacuerdo con otras personas que socavan tu autoconfianza.

    Tiendes a autocriticarte mucho (esto no es más que la voz de tu padre/madre narcisista interiorizada, que has hecho tuya, como todas las niñas hacen con las voces de su padre y su madre) y a sentirte culpable por demasiadas cosas. Puedes ser muy reactiva intelectual y/o emocionalmente.

  4. Equilibrio emocional.

    Las niñas con estilos de apego inseguros no saben (porque no se les ha enseñado) cómo manejar las emociones dolorosas y terminan o bien perdidas en sus propias emociones o bien alejadas de sus sentimientos. Ésa es la maraña emocional en la que te sueles encontrar frente a situaciones que te provocan estrés o intensidad emocional.

    La buena noticia es que con la psicoterapia adecuada tras el abuso narcisista de tu familia de origen puedes aprender cómo nombrar y gestionar tus emociones. No estás condenada a vivir detrás de altos muros o en una llanura de inundación emocional.

  5. El amor de tu madre/tu padre narcisista.

    Tu anhelo del amor que no te pudieron dar no parece tener una fecha de vencimiento. Esto no es un anhelo racional, por supuesto. Puede coexistir absolutamente con la acción en el mundo real de una hija de eliminar a su madre/padre de su vida, lo que se llama el “contacto cero”, así como con la muerte de tu madre/padre.

    Cuanto más te cures y más te ames a ti misma y empieces a sentir compasión por ti y por los demás, más pequeña será la necesidad de un amor que no es posible. Tu padre/madre no tiene amor para sí mismo/misma, por lo que tampoco lo tiene para ti. No lo tuvo en tu infancia, no lo tiene ahora y no lo tendrá en el futuro.

    El anhelo no va a desaparecer por completo porque tu herida de infancia es profunda y legítima. Pero se convertirá en algo mucho menos doloroso, que puedes gestionar. Igual que tu herida, con la psicoterapia y tu trabajo personal, se convertirá en una cicatriz.

  6. Dar sentido al pasado (y desconectarte del presente).

    A la mayoría de las hijas de padre/madre narcisista les resulta difícil apropiarse de su historia de infancia, en parte debido al tabú de admitir que tu pare/madre no te ha dado mucho amor y en parte porque la negación es potente, todo lo que has tenido que negarte para poder sobrevivir hasta ahora es una realidad muy dura.

    Entender tu pasado y tu historia es clave para tener una vida más sana, así como para asegurarte de no repetir los patrones de comportamiento que aprendiste en tu infancia.

    Necesitarás tiempo, esfuerzo y la ayuda de una psicoterapeuta para reconocer tu historia. La experiencia puede ser dolorosa a veces pero es necesaria. Sólo apropiándote de tu realidad, la puedes cambiar.

Curarte de tu infancia tóxica con psicoterapia es un trabajo arduo pero merece la pena. Al final de ese camino está la que eres tú. De verdad.

Cómo Sanar tras el Abuso Narcisista

El tema de qué es el narcisismo, su dimensión como un trastorno mental y los efectos que tiene en la familia es algo que está adquiriendo cada vez más voz, a ser más conocido. Aunque está lejos de tener la difusión que necesita para prevenir y sanar a todas las familias narcisistas a las que afecta. El trabajo de recuperación interna es crucial. Una cosa es entender la dinámica. Saber que tu padre/madre tiene una enfermedad mental es una validación que te ayuda a saber que no es tu culpa. Pero el siguiente paso es tu propio trabajo interno.

Cómo Sanar del Abuso Narcisista

La psicoterapia para sanar el abuso narcisista tiene tres partes:

  1. Comprender los antecedentes, tu historia y el diagnóstico.
  2. Tratar los sentimientos relacionados con tu historia.
  3. Comenzar a ver la vida con una perspectiva diferente.

La filosofía del “Supéralo ya” no funciona para la recuperación que necesitas, ni tampoco las afirmaciones o un trabajo de terapia cognitivo-conductual. Esta recuperación del abuso narcisista por tu familia implica limpiar primero el trauma y aceptar que tus padres no van a cambiar. El cambio está dentro de ti.

La Dra. Elisabeth Kübler-Ross, famosa por su trabajo sobre el dolor y la muerte, considera que las etapas del duelo son cinco: negación, negociación, enfado, dolor y aceptación.

Etapas de la Recuperación después del Abuso Narcisista

Negación. Los hijos adultos de narcisistas ya han estado en fase de negación con respecto a sí mismos y a su padre/madre narcisista durante mucho tiempo. Esto porque la negación es uno de los mecanismos de defensa utilizados en la familia narcisista. Utilizando la negación, no se reconoce que haya un problema ni una disfuncionalidad, lo que permite continuar con las dinámicas tóxicas y los roles rígidos en la familia narcisista.

Negociación. Hemos estado negociando toda nuestra vida con el padre/madre narcisista, tanto internamente, con nosotros mismos, como con él/ella. Hemos estado deseando y esperando que cambien, que serán diferentes la próxima vez que los necesitemos. Hemos intentado muchas cosas a lo largo de los años para ganar su amor y aprobación.

Aceptación. Primero debemos aceptar la realidad dura de que nuestro padre/madre no tenía mucho amor y empatía para darnos, con lo que crecimos con muchas carencias afectivas y nos auto-culpabilizamos para darle sentido a una situación que, inconscientemente, sabíamos que no era sana ni nutritiva para una niña.

Rabia. Sentimos una rabia intensa y, a veces, ira cuando nos damos cuenta de que nuestras necesidades emocionales no fueron satisfechas y que esta negligencia ha afectado a nuestras vidas de manera severa y adversa. Nos enfadamos con el padre/madre narcisista y con nosotras mismas por permitir que se hayan desarrollado patrones de conducto tóxicos y autodestructivos y por estar estancadas en nuestras vidas.

Dolor. Sentimos una tristeza intensa por dejar de lado la esperanza de que el tipo de madre/padre que queríamos no lo teníamos y no lo tendremos nunca. Nos damos cuenta de que nunca serán tan amorosos como queremos que sean porque tampoco tienen amor para sí mismos. Nos sentimos como huérfanos. Soltamos todas las expectativas y las fantasías de lo que no va a ser. Lloramos una pérdida de algo que no hemos tenido nunca.

Durante el proceso de duelo, irás hacia adelante y hacia atrás en todas las etapas. No es fácil y no es un camino con una línea recta. Habrá días que tengas mucha rabia difícil de gestionar y otros días en los que el dolor de toda la pérdida te abrumará. Persevera. Si te comprometes contigo mismo y te acompañas a lo largo de todo el proceso, verás que, poco a poco, te conviertes en tu Verdadero Yo, en la persona que estabas destinada a ser a pesar de tener unos comienzos tan difíciles en la vida.

Es más que probable que durante algunos momentos te asalte la culpa. No sólo porque en tu familia narcisista se te culpaba de más de cosas que te correspondían sino porque el tema de separarte emocionalmente de tus padres e identificarlos como abusadores puede ser controvertido, ya que poner en cuestión a la familia de origen o nombrarla por lo que es, sigue representando un tabú social.

Recuerda que no se trata de que critiques duramente a tus padres, igual que lo hicieron ellos contigo. Sino de que les pongas límites y les digas que no cuando lo necesites (lo que no te permitieron hacer cuando eras niña), que trates con ellos de adulto a adulto (no desde tu niño interior herido, que es lo que hacen ellos) y de que tengas compasión hacia ellos, ya que también han sufrido un trauma y abuso/abandono por sus padres y han repetido esto de forma inconsciente. El trauma es algo que se pasa de generación en generación hasta que no se sana en terapia.

No es lo mismo la tristeza soterrada que has tenido toda tu vida que abrazar realmente la aceptación permitiendo que el dolor por fin salga, sin estar atascado dentro de ti. Ése es un dolor que te sana. Estarás limpiando el trauma.

Esto no quiere decir que no quedarán cicatrices o que superarás totalmente el trauma infantil. Tu niño interior fue muy herido, por lo que tendrás que cuidarlo tú el resto de tu vida. Te quedarán cicatrices emocionales porque la herida ha sido grande, pero esa herida ya no supurará, podrás cerrarla y con ella dejar atrás de verdad tu pasado, sin repetir situaciones en tu presente que son recreaciones de tu trauma de infancia.

A medida que trabajes en tu recuperación después del abuso narcisista, te sentirás mejor, comprobarás cómo crece tu poder personal y tus recursos para afrontar cualesquiera situaciones que la vida te ponga delante. Dejarás de sentir impotencia e indefensión aprendida y empezarás a experimentar que tienes voz y poder sobre tu propia vida, que te conoces más y que tienes más instinto e intuición para detectar lo que es bueno para ti y para satisfacerte tus necesidades.

A medida que absorbes las pérdidas y el dolor y pasas el duelo, sentirás que es como si te derritieses. Estarás disolviendo resistencias, posturas defensivas y la rigidez. Todas ellas te han servido para sobrevivir, lo cual es estupendo. Pero a medida que las desmontes, dejarás de sobrevivir para vivir de verdad, prosperar.

Recuerda que la sanación se trata de ti. No se trata de lo que estás haciendo con tus padres narcisistas. Cada día te volverás un poco más grande. Paso a paso. Con paciencia. Es importante que encuentres dentro de ti la esperanza que te arrebataron. Está ahí, créeme. Sólo tienes que darte espacio y escucharte.

“Podemos ser redimidos sólo en la medida en que nos vemos a nosotros mismos”. Martin Buber.

Recuerda que todo este proceso de sanación tras el abuso narcisista tendrás que hacerlo con el apoyo de una psicoterapeuta especializada en narcisismo y trauma. Del mismo modo que las heridas fueron generadas por personas que no tenían mucho amor y conexión consigo mismas, las sanas con el apoyo de una persona que completa ese proceso: el del mirroring que tus padres narcisistas no pudieron darte para que te veas a ti mismo de verdad, la validación de tus sentimientos y emociones y un acompañamiento amoroso y de compasión.