La Impotencia

Qué es la Impotencia

Piensa en una estación o un aeropuerto. Cuando un tren o un avión se cancela inesperadamente, a menudo produce reacciones extremas en los pasajeros: ¿por qué? Es porque no tienen poder sobre su situación y lo saben. No hay absolutamente nada que puedan hacer. No tienen otra forma de llegar a su destino, están en manos de otros y no tienen control sobre su situación actual. Están impotentes.

Ser abusado emocional, psicológica, física y/o sexualmente es experimentar un acto de impotencia – y debido a la impotencia a menudo el niño se separa de la situación enterrando el abuso en el inconsciente a través de los mecanismos de defensa de la negación y la disociación.

Las familias disfuncionales en las que crecen los niños abusados suelen ser temerosas, controladoras y emocionalmente descuidadas. El niño está en una posición en la no tiene poder, fuerza, control ni esperanza. Esto establece las condiciones para que el abuso se repita no sólo fuera de la familia sino también cuando esos niños se hacen adultos.

 El daño que causa la Impotencia

Las niñas que son abusadas sufren la impotencia de tres formas principales durante el abuso:

  • No pueden hablar sobre el abuso y que se les comprenda
  • No pueden abandonar la situación familiar abusiva
  • Tienen un dolor espantoso y no pueden aliviarse de su dolor interno

Esto causa mucho daño interno y conduce a una dificultad extrema para confiar en las relaciones como adulto.

Las víctimas de abuso en sus familias disfuncionales, de adultos tratan de lidiar con el dolor interno de la situación de impotencia que experimentaron cuando eran niñas a través del control en sus relaciones con las demás personas.

Buscando controlar

La experiencia de impotencia puede llevar a un miedo extremo a ser vulnerable o a sufrir mucho daño de nuevo, con lo que los adultos de familias disfuncionales que sufrieron abuso psicológico, emocional, físico y/o sexual en su infancia, intentan controlar mediante los siguientes patrones de comportamiento:

  • Controlar las relaciones: ser muy difícil para entablar una relación con otro y, en el caso de hacerlo, entrar en patrones de sumisión/dominación.
  • Rituales obsesivo-compulsivos, como una tendencia al perfeccionismo, adicción al trabajo, actos de repetición de determinadas acciones, como cerrar una puerta o encender y apagar una luz.
  • Adicción al alcohol, las compras, el sexo, el deporte, la comida,..
  • Codependencia: adicción a ayudar a otra persona que a su vez es adictas a algo.

Mediante todos estos patrones de comportamiento lo que pretenden los adultos es controlar sus sentimientos internos con situaciones externas.

 Permanecer en el rol de la Víctima

La impotencia a menudo resulta en no poder hacerse cargo de la vida, responsabilizarse de una misma de forma adulta.

La falta de límites que no les permitieron poner en su infancia con sus familias disfuncionales, les lleva a convertirse inconscientemente en víctimas en su vida adulta. Aceptan tratamientos por parte de otros que las personas sanas no toleran.

Esto lo hacen (inconscientemente) para:

  • Permanecer como víctimas y repetir patrones abusivos/destructivos una y otra vez
  • Quedarse como nniñas emocionalmente en las relaciones, lo que se denomina como niña adulta
  • Atracción hacia personas controladoras en sus relaciones
  • No ser capaz de tener el control o poder personal en las relaciones con los demás o en la vida en general

 Sin confianza en una misma

Junto con la falta de límites, la impotencia y la indefensión, a menudo resulta que el niño interioriza los sentimientos negativos y está lleno de dudas e incluso de odio hacia sí mismo, y como adultos experimentan una enorme falta de confianza en sí mismos.

Esto se manifiesta de las siguientes maneras:

  • No saben confiar en sus propios instintos
  • Dejan la puerta abierta para que el abuso se repita en sus relaciones como adultos
  • Repetición de relaciones dañinas
  • Refuerzo del auto-odio: “Hay algo que está mal en mí”
  • Cuando experimentan el abuso lo aceptan como algo normal y “que se merecen”

Vacío Emocional

Uno de los efectos de estar continuamente en un lugar de miedo e impotencia es que al final estas personas se insensibilizan a sí mismas para no sentir. Esto lleva a un adormecimiento gradual en el interior: un autoabandono hacia la vida y las otras personas. El dolor se amortigua y en su lugar hay un vacío emocional.

Esto puede resultar en:

  • Negación: pretender que el abuso no está sucediendo o que no ha sucedido
  • Disociación: no estar presentes para no vivir lo que está pasando
  • Adormecimiento del interior: renuncian a involucrarse en las relaciones de una forma profunda
  • Pensamiento mágico: fantasear con personas, situaciones, otras vidas para escaparse de la real

Viviendo con Miedo

Cuando el miedo es indeterminado, puede manifestarse como ansiedad, fobias, ataques de pánico, pesadillas, terror.

Los niños objeto de abuso por sus familias disfuncionales a menudo desarrollan Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo. Repiten como adultos de forma inconsciente situaciones personales en las que se sienten atrapados y creen que no pueden salir de ella, reproduciendo cómo se sintieron en su infancia.

Hablar de sus experiencias con una terapeuta y enraizarlas en el pasado ayudará a sentir menos miedo y a vivir con confianza en el presente.

Identificar la Impotencia

El primer paso para abandonar la impotencia en tu vida es hacer conscientes los patrones de conducta que te llevan a ella.

Aquí tienes unas preguntas para ayudarte a identificar los pensamientos/conductas que te llevan a sentirte impotente:

  • ¿Qué tipo de elecciones haces cuando te sientes impotente?
  • ¿Puedes pensar en alguna forma con la que intentas controlar tu vida o tus relaciones?
  • ¿Siente que te retiras de las relaciones por temor a que la otra persona te domine?
  • ¿Te has encontrado en situaciones en las que has sentido que “algo va mal” pero te sientes incapaz de enfrentar la situación?
  • ¿Te resulta difícil confiar en tus propias percepciones sobre las situaciones?
  • Cuando sientes dolor, ¿utilizas de forma inconsciente algún mecanismo para no sentir, como por ejemplo, la disociación, la desensibilización o la negación?
  • ¿Cómo podrías construir límites más sanos en tus relaciones con los demás?

Límites y Re-Empoderamiento

Una forma muy importante de obtener una sensación saludable de poder es poner límites. La impotencia conduce a que las víctimas no puedan establecer límites apropiados en sus vidas.

A las supervivientes de familias disfuncionales/narcisistas no se les permitía poner límites al abuso al que les sometían sus padres, por eso encuentran muchas dificultades para hacerlo de adultos. Con terapia y un poco de práctica es posible cambiar esto.

El primer paso es reconocer dónde están tus límites. Evalúa tus relaciones: ¿la gente respeta tus opiniones y deseos o lo que haces es complacer las demandas y los deseos de los demás la mayor parte del tiempo?

Por otro lado, ¿cuánto escuchas los pensamientos y sentimientos de los demás? ¿Y los tuyos propios?

La manera de dejar la impotencia atrás es mirar tus patrones de relación e intentar enraizar tus miedos en el pasado y ver cómo te afectan en la actualidad. Esos miedos estaban en tu infancia y los repites de forma inconsciente pero ya no tienes porqué hacerlo.

Cuando sientas miedo las primeras veces que pongas límites, no lo resistas, acompáñalo, déjatelo sentir. Poco a poco, verás cómo ese miedo cada vez se hace más pequeño. Tienes derecho a poner límites en tus relaciones con los demás y eres libre para ejercitarlo cuando quieras. En este post tienes más información sobre los límites personales.

Fuente: http://www.intothelight.org.uk

7 Estrategias para cambiar la falsa creencia de un “futuro acortado”

Muchos supervivientes de familias narcisistas, tras haber sufrido trauma en su infancia, pueden desarrollar dificultades para proyectarse en el futuro. Esto es un síntoma de evitación a causa del Síndrome de Estrés Post- Traumático Complejo.

Las personas que experimentan este síntoma sienten que su vida de alguna manera se verá truncada sin una explicación real de porqué se sienten así. También pueden sentir que no podrán alcanzar hitos en sus vidas, como una carrera, un matrimonio o crear una familia propia.

La sensación de que no hay un futuro o de que éste no es muy prometedor puede variar en términos de intensidad. Algunas personas pueden tener una ligera sensación de que su vida será interrumpida, mientras que otras pueden tener una predicción específica sobre la duración de su vida y están completamente convencidas de su muerte prematura. A otras simplemente les resultará muy difícil proyectarse en el futuro, siendo capaces únicamente de verse a sí mismas en el hoy.

La razón de esto está en que cuando vivir representa una amenaza constante, no hay espacio para un plan de cinco años vista. El futuro se vuelve nebuloso, incluso opaco, y cuando eso sucede, trazar los siguientes pasos en la vida es como tratar de atravesar una pared de ladrillos.

Una superviviente vive manteniendo patrones de infancia, en los que el foco está puesto en evitar potenciales peligros y amenazas en la vida diaria. Esta forma de vivir no deja espacio para la nutrición, el amor, la espontaneidad, el aprendizaje o la prosperidad. Viven atrapadas en el “modo supervivencia”.

Intentar estar a salvo de peligros o amenazas les lleva a un patrón de evitación que les lleva a retroalimentar el miedo. Este patrón de evitación puede ser muy difícil de sobrellevar y puede llevar al aislamiento, a la desesperanza, a la impotencia y a la depresión.

El patrón de evitación se puede cambiar y con él cambiar la visión de futuro acortado: hacer planes, fijarte metas, verte a ti mismo proyectado en el futuro, tomar decisiones hoy que te lleven a objetivos que quieres conseguir mañana es algo que puedes conseguir.

7 Estrategias para salir del “modo supervivencia” y del “futuro acortado”

  1. Practica Mindfulness de tus Pensamientos

Después de una infancia traumática, nuestras suposiciones sobre el mundo como un lugar seguro se rompen. La creencia de que tu vida se puede terminar en cualquier momento porque se vio muy amenazada en tu infancia, es normal, pero ya no es real. Por ello, puede ser muy útil ser consciente de esos pensamientos acerca de tu muerte prematura.

Observa sus pensamientos como simples objetos en tu mente, en oposición a la realidad. Hacer esto evitará que te conectes con esos pensamientos, reduciendo así la creencia de desesperanza e impotencia.

  1. Involúcrate en actividades más Positivas

La sensación de un futuro acortado puede aumentar el riesgo de depresión. Es muy importante para ti identificar con qué actividades te diviertes y disfrutas y aumentar la medida en que participas en esas actividades. Hacer las cosas que te gustan aumenta el amor por la vida.

Es posible que no notes un cambio inmediato en tus emociones o pensamientos. Eso es normal. Sé constante. Ser más activa, especialmente en actividades positivas, eventualmente mejorará tu estado de ánimo y puede prevenir la depresión.

  1. Presta atención a las elecciones que hagas

Qué tipo de comida comes, con qué clase de personas pasas tu tiempo libre o cuánto tiempo dedicas a practicar deporte son elecciones que hablan de ti y de lo que quieres en tu vida.

Las elecciones que haces cada día, por pequeñas que parezcan, determinarán tu futuro. Dedica unos minutos al día durante un par de meses a ver qué escoges y para qué lo haces, qué es lo que consigues con eso.

Si ves algo que escoges que no está en consonancia con lo que quieres, es muy sencillo, ¡cámbialo!

  1. Conecta con otras Personas

La sensación de un futuro acortado puede hacer que te aísle de los demás. De fondo, aunque no te des cuenta, seguramente habrá una idea del tipo “Total, ¿para qué?” o “Qué más da”.

Lo mejor que puede hacer para contrarrestar esto es conectar con otras personas y establecer una red social. Cuanto más significativas sean las relaciones que tengas en su vida, más satisfactoria será ésta.

  1. Reduce tu conducta evitativa

Cuando evitamos algo, le estamos transmitiendo el mensaje a nuestro cerebro de que una situación no es segura. Cuanto más evitemos, más inseguras nos sentiremos, lo que nos llevará a evitar cada vez más situaciones.

Es importante que tomes medidas para abordar situaciones o actividades que normalmente evites. Esto puede ser difícil de hacer, ya que sentirás ansiedad y miedo. El tema está en aprender a acompañarlos, a estar con ellos, a sostenerlos. Si los acompañas en lugar de resistirlos o evitarlos, al final se van. Es difícil porque es algo incómodo pero merece la pena. Al otro lado de esa zona de confort seguramente hay muchas vivencias y relaciones que te nutrirán y te harán quererte más a ti mismo, a los demás y a la vida.

  1. ¡Cuídate!

Otra forma de combatir la sensación de un futuro acortado es involucrarte en comportamientos y conductas en las que te valores y te cuides. Busca y reserva tiempo para cuidarte y participar en actividades de compasión hacia ti mismo.

Practica ejercicio, como el yoga, come bien, hidrata tu cuerpo, medita, date un largo baño. Estas sencillas actividades pueden tener un tremendo impacto en tus emociones y pensamientos.

  1. Aumenta tus posibilidades de Éxito

Al tener la creencia falsa de un futuro acortado, a los supervivientes les cuesta mucho realizar actividades que los proyecten a un futuro de éxito. Dedica un tiempo a averiguar qué quieres, qué te gusta, en qué eres buena y visualízate a ti misma durante unos minutos al día haciéndolo.

Comienza por dar los primeros pasos para conseguir eso que te gusta tanto y que, en lo más profundo de ti, sabes que tendrías éxito. Si tú crees en ti misma, el Universo te pondrá delante el escenario para que se haga realidad.

Muchas de las estrategias de afrontamiento mencionadas anteriormente son más fáciles de decir que de hacer. Sé paciente y tómate tu tiempo. Recompénsate a ti mismo por cualquier pequeño progreso que hagas para reducir tu sensación de futuro acortado.

Al reducir tus síntomas de Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo en general, probablemente notarás que tu sentido de futuro acortado también se reduce en intensidad.

Un(a) terapeuta Gestalt puede brindarte apoyo a medida que progresas en las estrategias de afrontamiento descritas. Te hará de espejo, mostrándote lo que ve y tus progresos.

Fuente: https://www.verywellmind.com

Porqué los hijos de Narcisistas se convierten en Niños Adultos

Un factor muy significativo para las niñas adultas que han crecido en familias narcisistas es que no pueden saber que uno o ambos de sus padres son narcisistas. Normalmente sabrán que hubo algo malo en su infancia o que sus padres fueron diferentes de alguna manera, pero es posible que no reconozcan realmente a sus padres por lo que son.

Esto las pone en una gran desventaja porque hasta que entiendan el narcisismo y el control mental, pueden tener dificultades considerables en sus vidas sin saber por qué. Dificultades como sentirse inferiores a los demás a pesar de sus logros, sacrificar sus necesidades por las de los demás, o sentirse culpables en su vida constantemente por casi todo.

Ya de adulto,s emocionalmente son como niños porque hay ciertas etapas de su desarrollo que no se pudieron completar. Sus padres no estaban emocionalmente disponibles para ellos y esto provocó carencias que se pueden completar en la etapa adulta con terapia y con trabajo personal.

Personalidades No Desarrolladas

Los padres/las madres narcisistas no permiten que sus hijas desarrollen sus propias personalidades. Las niñas son criadas para ser una fuente de suministro narcisista, o pueden ser ignoradas casi por completo. De cualquier manera, no reciben el amor y la tranquilidad que las niñas requieren para crecer y convertirse en adultas independientes y afectuosas.

A menudo no se permite que se establezcan límites entre el niño y la madre narcisista. El narcisista trata al niño como una extensión de sí mismo con el resultado de que el niño no aprende a ser independiente y se le entrena para controlar todo lo que dice y hace, anticipándose a las reacciones del padre.

Esto los convierte en adultos demasiado sensibles a los estados de ánimo de los demás, siempre cuidando de los demás en detrimento de ellos mismos, convirtiéndose en personas complacientes porque creen que sólo así los querrán.

Más Relaciones Abusivas

Muchos hijos adultos de narcisistas terminan en relaciones abusivas. A menudo buscarán parejas que sean similares a sus padres. Después de todo, esto es lo que han aprendido y con el que se sienten cómodos, es lo familiar.

Dependencia Emocional

Las narcisistas convierten a sus hijas en personas muy dependientes. Va mucho más allá de la dependencia normal de la infancia, donde la niña depende de los padres para obtener calor, comida, refugio, etc. Se convierte en una dependencia emocional que hasta que la hija adulta no lo trata en terapia, se puede prolongar toda la vida.

Un padre narcisista a menudo mantendrá a sus hijos ingenuos y crédulos, expresando lo peligroso que es el mundo y reforzando constantemente la idea de que necesitan del padre narcisista para sobrevivir en un mundo tan hostil.

Y debido a que hay muy pocos límites, la niña acaba dependiendo de los padres para saber quiénes son. La combinación de elogios y críticas de una madre manipuladora aumenta aún más la dependencia. ‘¡Tú no eres nada!’ ‘¡Eres inútil!’ ‘¡Lo haces mal!’ Estas expresiones, dichas con rabia con la intención de hacer daño, seguidas de un repentino cambio de humor y una corriente de palabras diseñadas para aplacar y hacer que la niña se sienta bien, crea y mantiene la dependencia.

‘¡Tú no eres nada!’ ‘¡Eres inútil!’ ‘¡Lo haces mal!’

Debido a esta dependencia, a los niños adultos les cuesta mucho saber cuáles son sus necesidades, qué es lo que quieren y tomar decisiones. Esto puede llevar a que en sus vidas sean otras personas las que tomen las decisiones por ellos.

El Miedo

El miedo y la culpa son dos de las principales emociones utilizadas en las técnicas de control mental para dominar y manipular a los demás. Las narcisistas los utilizan para manipular y controlar a sus hijas, ya sea consciente o inconscientemente.

El miedo hace que las niñas adultas se pasen la mayor parte del tiempo en un estado de hipervigilancia, tengan mucha desconfianza hacia los demás y una tendencia a la paranoia.

La Culpa

Los narcisistas suelen culpar a los demás de todo. La responsabilidad es un concepto que no les interesa, se centran en la culpa porque es una herramienta emocional eficaz para controlar y manipular a los demás. La culpa siempre es de los demás, nunca de ellos. Esto lo hacen a través del mecanismo de defensa de la proyección, proyectan en los demás aquello que rechazan de sí mismos. Esto, junto con la falta de empatía se convierte en una carta blanca para hacer lo que quieren. Sobre todo, hacer lo que quieren es algo que consiguen con personas que, por diferentes circunstancias, dependen de los narcisistas, como por ejemplo, los hijos, los empleados, las parejas,.. Esta dependencia vital, con las únicas personas con las que es real es con sus hijos, ya que el niño no puede cambiar hasta que crece y puede independizarse de ese ambiente tóxico.

La culpa es algo que se inserta en las hijas de las narcisistas en su infancia y que arrastran en su vida como adultos hasta que empiezan a trabajarla en terapia. Se sienten culpables por prácticamente todo, pero sobre todo cuando se divierten, cuando se priorizan a sí mismas frente a los demás, cuando quieren que se les vea, cuando flirtean o tienen sexo, cuando piden algo a otra persona, cuando toman la iniciativa, hacen algo de forma independiente, o tienen éxito.

Las hijas adultas de narcisistas necesitan trabajar para perdonarse a sí mismas por abandonarse cuando eran niñas y también en su etapa adulta, por tolerar el abuso durante tanto tiempo, etc.

En primer lugar, la niña se abandonó a sí misma porque era lo único que podía hacer para sobrevivir en un ambiente tan hostil y del que era completamente dependiente. En segundo lugar, las niñas no toman esas decisiones temprano en la vida, sus padres narcisistas las obligan a comportarse como lo hacen. En tercer lugar, la niña no entiende que vive en un ambiente tóxico y manipulador, que no es sano, porque es lo único que conoce, en esa etapa no tiene nada con lo que compararlo.

A los hijos adultos de narcisistas a menudo les lleva un tiempo entender que no se merecieron el trato que les daban y que no tienen la culpa de nada. Es muy importante integrar esta idea durante el proceso terapéutico de sanación. No es su culpa. Sus padres narcisistas simplemente repiten lo que se les ha hecho a ellos porque no lo han sanado. El trauma pasa de generación en generación hasta que se sana en terapia. 

Las Emociones

Las hijas adultas de narcisistas generalmente no pueden expresar sus emociones con libertad. En su infancia las emociones estaban prohibidas y siguen comportándose así en su etapa adulta.

Esta falta de gestión de las emociones puede conducir a todo tipo de problemas, como altibajos emocionales, una sensación de bajón perpetuo, enfados explosivos repentinos, incapacidad para expresar emociones en relaciones,…

La Competencia y Rivalidad entre Hermanos

La competencia entre hermanos a menudo es utilizada por los narcisistas para controlar y dominar a la familia.

Normalmente, un niño es manipulado para alinearse con el narcisista e incluso se le utiliza para castigar a otros hermanos.

Ninguna de las hermanas escoge el papel que va a representar en la familia. La narcisista los escoge de forma inconsciente intuyendo cuál será más fácil de manipular y de poner de su lado y/o cuál será más vulnerable a ataques y críticas.

La “elegida” es “la chica dorada”, a la que la narcisista protegerá a cambio de admiración y de seguirle ciegamente. La otra, será el “chivo expiatorio”, será el objeto de la rabia de la narcisista. Se le culpará de forma arbitraria de lo que sea para que la narcisista pueda “vomitar” su rabia. Se le darán mensajes muy negativos que no son reales ni objetivos, como el de que “todo lo hace mal”.

Es más probable que el chivo expiatorio sea el que se de cuenta de que en la familia hay problemas que no son “normales” y es probable que busque ayuda fuera de ese círculo.

Busca Ayuda Profesional

Descubrir su verdadera identidad, lidiar con profundos cambios de creencias, aprender a gestionar y expresar emociones libremente, desarrollar una perspectiva muy diferente sobre sus padres y el mundo en general … las hijas adultas de narcisistas tienen mucho por delante trabajo para tener normalidad y prosperar en sus vidas.

La ayuda profesional de una terapeuta y/o un grupo terapéutico es necesaria. Sólo a través de otras personas que nos hacen de espejo, nos ven de verdad y nos ayudan a discernir entre lo sano y lo tóxico, podemos acceder a una vida psicológica y emocional sana.

Ya sé que es difícil pedir ayuda. Éste es precisamente uno de los temas por los que se te castigaba severamente en la infancia. Pero también es liberador aceptar que somos humanos, y como tales limitados y que no pasa nada por buscar ayuda a problemas graves y serios que nos están condicionando la vida. 

Fuente: http://www.decision-making-confidence.com

La insensiblización del cuerpo. Nos insensibilizamos para no sentir.

¿Qué causa el trauma en el cuerpo?

El trauma desregula el cuerpo. Afecta a la energía corporal. Las personas que han sufrido un trauma (muchas de ellas en la infancia a causa de abuso o maltrato por parte de sus padres narcisistas/disfuncionales) viven sin saberlo en un estado de alteración corporal. Esta alteración puede ir desde tener un nivel demasiado bajo de energía (cansancio crónico, fatiga crónica, sensación permanente de “vacío”) hasta el extremo de la hiperactivación (taquicardias, ansiedad, insomnio). El nivel de energía vital no es estable, sino que varía de un extremo al otro o se estanca en uno de ellos.

Cuando experimentamos demasiado miedo en el cuerpo, una respuesta natural a esta desregulación (y la confusión o las luchas relacionales que la acompañan) es escaparse, salir de ese estado alterado que causa mucha incomodidad y sufrimiento.

Vías de escape al trauma

Una de las formas más comunes de “escapar” a esto es la adicción (a la comida, el sexo, las compras, el juego,…) esto permite a las personas “regular” de una forma insana el estado alterado de su cuerpo y de sus emociones. Lo regulan por un tiempo. El problema es que sólo se trata de un parche, ya que entonces se busca la solución a problemas del cuerpo fuera de él y no permite llevar una vida normal y sana, ya que es como un bucle en el que la persona tiene que acudir una y otra vez a su adicción para sentirse algo mejor sólo de forma transitoria.

Otra de las vías de escape es la disociación. La disociación consiste en separar las emociones de las sensaciones corporales y los pensamientos. No conectamos los unos con los otros, de forma tal que conseguimos escaparnos de no conectar con nosotras mismas, para escaparnos de sentir el dolor, tanto en el cuerpo como a nivel emocional.

Los grandes nombres del trauma, incluidos Peter Levine y Bessel Van der Kolk, defienden prácticas de resensibilización somática para tomar consciencia del momento presente y una experiencia corporal de seguridad y control.

“Las personas traumatizadas se sienten crónicamente inseguras dentro de sus cuerpos: el pasado está vivo en forma de malestar interior persistente. Sus cuerpos son constantemente bombardeados por señales de advertencia y, en un intento por controlar estos procesos, a menudo se vuelven expertos en ignorar sus instintos y en adormecer la conciencia de lo que se desarrolla en su interior. Aprenden a esconderse de sí mismos ” Bessel Van der Kolk.

La insensibilización del cuerpo

Muchos cuerpos de las personas que han sufrido un trauma están de forma casi permanente en un estado de hipervigilancia, buscando amenazas potenciales de peligro a su alrededor. Esto les pone en una alerta eterna para una de las tres respuestas al trauma (localizadas en el cerebro reptiliano): congelarse, huir o atacar.

Cuando nos separamos de nuestra esencia, nos convertimos en nuestro propio enemigo. Consideramos que alguna parte de nosotros es inaceptable o insegura y gastamos grandes cantidades de energía en un esfuerzo por contener y someter esa parte.

Nos anestesiamos a nosotras mismas de forma inconsciente para no sentir, porque el dolor es mucho y muy profundo. El problema que tiene esto, es que al autoanestesiarse (tanto a nivel corporal como emocional), no sentimos lo malo, pero tampoco lo bueno. No sentimos dolor pero tampoco alegría.

Nos convertimos en robots que sólo piensan, nos volvemos personas muy rígidas y controladoras en búsqueda de una seguridad que intentamos fabricar. En el caso de otras personas, la desregulación puede hacer que tengan ataques de ira o de cólera, haciendo que se comporten de un modo extremadamente irracional. El trauma nos hace movernos en los extremos. Puede ser una combinación compleja de ambos, crear una estructura artificial para proteger y controlar, y luego involucrarse en comportamientos de alto riesgo para “sentir”.

El tema es que por mucho que intentemos taparla, ignorarla, negarla, racionalizarla, minimizarla, anestesiarla,… esa parte nuclear de nuestro yo se sigue manifestando de diversas maneras para que le prestemos atención.

“El trauma cambia la ínsula, los sistemas de autoconciencia. Las personas traumatizadas a menudo se vuelven insensibles consigo mismas. Les resulta difícil percibir el placer y comportarse de forma espontánea. Hay que usar métodos para despertar los sentidos en la persona ” Bessel van der Kolk.

Volver a tu cuerpo significa volver al dolor original. Atravesarlo en lugar de huir de él. Tu cuerpo habla de ti, de cómo has formado tu carácter y de tu trauma. Empezar a hacer ejercicios específicos con tu cuerpo te ayudará a reencontrarte contigo misma. Por ejemplo, no poder gritar es un indicativo de que sientes que no tienes voz ni tomas decisiones sobre tu propia vida sino que otras personas lo hacen por ti. Andar con la cabeza mirando hacia abajo indica falta de autoestima. Andar de forma muy ligera, casi de puntillas en lugar de con una pisada firme indica falta para arraigarse, para adquirir compromisos en la vida, contigo misma y con los demás.

El acceso a sensaciones físicas incómodas en el cuerpo permite sentirlas para poder sanarlas. Es verdad que es incómodo y puede resultar abrumador, pero es el camino para la sanación.

Prácticas para equilibrar tu energía corporal

  • Practicar yoga: el yoga actúa sobre el sistema nervioso, equilibrándolo. Los supervivientes de trauma sufren de una alteración de su sistema nervioso, el sistema simpático sufrió alteraciones al verse obligado a estar en un estado casi permanente de hipervigilancia para detectar el peligro.
  • Practicar ejercicios de bioenergética: la bioenergética contiene ejercicios específicos corporales sobre zonas de nuestro cuerpo que, o bien están bloqueadas e insensibilizadas o bien están en una tensión permanente que no permite fluir de una forma sana.
  • Cuidar tu cuerpo con temas simples pero efectivos como alimentarlo bien, darle descanso, hidratarlo.
  • Para el tema de la desensibilización de la piel viene bien acudir de vez en cuando a baños terapéuticos, donde puedas darte baños alternativos con agua fría y caliente. Te activará la circulación y la sensibilidad en la piel. No es caro y son lugares accesibles, que con una búsqueda en internet puedes encontrar fácilmente.

Cualquiera que sea el método, para aquéllos que se han separado de su yo corporal, la incorporación de la sensación corporal en su conciencia a menudo resulta ser un proceso que les cambia la vida.

Libros recomendados sobre el trauma en el cuerpo:

“El cuerpo lleva la cuenta: cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma”, de Bessel van der Kolk.

“Despertando al Tigre: sanando el trauma”, de Peter Levine.

Las Seis Emociones Básicas

Las emociones básicas nos regulan en respuesta a lo que ocurre en el exterior. Hay diferencias sobre cuáles son las emociones básicas, ésta que os cuento está basada en el experto en emociones Paul Ekman, que contiene seis: alegría, tristeza, miedo, rabia, sorpresa y asco. Las seis están presentes todas las culturas del mundo y se ha demostrado que son identificables por las personas, a pesar de pertenecer a contextos socioculturales completamente diferentes. Esto sugiere que las emociones son respuestas evolucionadas más que expresiones culturales. Las niñas expresan las emociones de forma sana, tal y como las sienten, sin filtros.

Funciones de las Emociones

Miedo

La función del miedo es avisarnos de situaciones peligrosas o potencialmente peligrosas o de hacer que salgamos de ellas. Físicamente, se manifiesta con una aceleración en los latidos del corazón, una respiración más rápida (respirando únicamente desde el diafragma a la nariz en lugar desde el estómago, que es la forma de respirar más sana y natural) preparando a nuestro cuerpo para realizar la acción más adecuada, que podría llegar a ser congelarse, huir o luchar.

Rabia

La función de la rabia es motivarnos para protegernos a nosotros mismos o a nuestros seres queridos o a algo que consideremos valioso. Es una emoción displacentera que pone a todo el cuerpo en un modo de “preparado para el combate”. La rabia donde la solemos sentir es o bien en la parte superior de la espalda (como los gatos cuando se enfadan y se ponen en posición de atacar) o, cuando se trata de rabia contenida y no expresada, en la parte inferior de la mandíbula (localizada en unos músculos que se llaman maseteros).

Tristeza  

La función de la tristeza es la de avisarnos de algo que nos hace daño, nos perjudica, para que nos alejemos de ello, para que aprendamos algo o para que nos despidamos de alguien (una relación que termina o el duelo por la muerte de un ser querido). La manifestación más expresiva de la tristeza son  las lágrimas, es energía que busca el camino hacia fuera. Experimentarla y expresarla nos permite sanar heridas y crecer en la vida.

Asco

La función del asco es evitar que entremos en contacto o que dejemos sustancias que son tóxicas, peligrosas, infecciosas,,.. También nos avisa de personas o situaciones de las que mantenernos alejadas. Por ejemplo, el asco a veces nos avisa cuando estando o no en una relación de pareja, insisten en que tengamos sexo cuando en realidad nosotros no queremos en ese momento. Ese asco te está avisando de algo, es una emoción límite, si quieres decir “no”, dilo. Físicamente se manifiesta en la forma de hacer una mueca, arrugar la cara, sacar la lengua o escupir.

Alegría

La función de la alegría es avisarnos de que ha ocurrido algo que resalta nuestro bienestar y nuestra celebración de la vida y nos anima a que lo repitamos en el futuro. Cuando estamos contento, nos reímos, en ocasiones a carcajadas, y la postura del cuerpo se vuelve abierta y confiada.

Sorpresa

La función de la sorpresa es la de indicarnos que ha ocurrido algo inesperado para prepararnos para tratar con ello. Ese “algo que nos pasa” puede ser placentero o displacentero. Una sorpresa muy grande se puede convertir en un shock. Físicamente, se manifiesta en la forma de unos ojos muy abiertos, la mandíbula que cae y en muchas ocasiones las manos nos las llevamos a la cabeza.

Hay una tendencia a ver las emociones displacenteras como “malas”, como por ejemplo la rabia o la tristeza y a ver las placenteras como “buenas”, como la alegría. En realidad todas ellas están ahí para algo en concreto, como hemos visto y la función que cumple cada una de ellas es importante. Así, por ejemplo, es displacentero experimentar la tristeza y llorar, pero si no lo hacemos, es decir, si la ignoramos o la negamos, no por eso desaparece. Las personas que evitan experimentar la tristeza pueden acabar teniendo una depresión. Las emociones que sientes, si no las expresas, si no las sacas hacia afuera, se quedan atrapadas en tu cerebro y en tu cuerpo y se acaban manifestando de formas disfuncionales. La vida es naturalmente sana en proporcionarnos un equilibrio, es como el Yin y el Yang, no puede haber alegría sin tristeza.

Hay algunas emociones que están particularmente penadas para algunos colectivos. Así, los hombres tienen más penalizada la tristeza (“si lloras eres un débil”) y las mujeres, la rabia “mira qué fea te pones cuando te enfadas” o “pareces una loca”). Las emociones no saben de géneros y lo sano es experimentarlas y expresarlas todas.

En las sociedades occidentales actuales vivimos penalizando las emociones, en un constructo social e ideológico que las ignora y las esconde. Llorar y reír es de lo más natural que hay como seres humamos que somos. La naturaleza es sabia pero nos empeñamos en cambiarla y convertirnos en algo que en realidad no somos. Las emociones están ahí para algo, para motivar y dirigir nuestro comportamiento en la vida. Son como un mapa que nos va indicando de qué huír, a qué acercarnos, de qué protegernos o cómo disfrutar. Movernos sin ellas nos convierte en semi-autómatas que han perdido el contacto consigo mismos y que dejan de saber qué quieren o a dónde van.

Con esto no quiero decir que podamos expresar la rabia a nuestro jefe o poner cara de asco cuando alguien que no nos gusta nos invita a salir. Pero sí que hay formas sanas de hacerlo, en ambientes en los que estamos protegidos o seguros, en terapia o en casa, donde las podemos expresar con libertad. Si expresas tus emociones, te sientes seguro y sabes a dónde vas. Si no lo haces, se acabarán manifestando de forma disfuncional, harás lo que se denomina un “acting in”, hacerte a timisma lo que le quieres hacer a los demás, por ejemplo, tragándote la rabia de forma autodestructiva, o un “acting out”, haciéndole a otras personas lo que te han hecho a ti, por ejemplo, gritarle a tu hermano pequeño porque tu jefe te ha gritado a ti.

La terapia Gestalt y el psicodrama permiten expresar emociones dentro de un contexto seguro y en el que poder integrarlas para tener una vida más saludable y de bienestar emocional.