5 Tipos de Madres Tóxicas

Es un tabú del que “está mal” hablar, pero se trata de una realidad. No todas las personas han crecido con madres amables y amorosas, en un ambiente seguro, amable y enriquecedor.

Hay muchas personas que han crecido en familias en las que se han sentido aisladas o no comprendidas por su propia madre (o padre). La persona a la que un niño necesita acudir en momentos de dolor emocional puede ser perjudicial en más de un sentido. El vacío que deja este tipo de tristeza a menudo se prolonga hasta la edad adulta.

La mayor pérdida que experimentan las hijas no amadas es la pérdida de la autoestima innata y el sentido de pertenecer.

Una persona que pasa por una infancia así, tendrá mucha dificultad para quererse a sí misma y no acabar en relaciones tóxicas en las que repita las dinámicas de infancia. También tendrá muchos problemas para encontrar su lugar en el mundo, a todos los niveles: una casa a la que llamar hogar, un grupo al que pertenecer, ya sea de amigos o para crear su propia familia o un trabajo en el que encajar y sentirse valorada y reconocida.

Como adulto, es posible que aún te preguntes si tu forma de ser es lo que hizo que tu madre se comportara así. Es importante recuerdes que no ha sido culpa tuya. Puede que el mensaje que te hayan transmitido de forma consciente o inconsciente sea ése pero no es verdad, no es la realidad.

¿Qué tipo de maternidad has experimentado y cuál es el rol que ejercías en esa dinámica con tu madre? 

Si quieres saber cómo sobrevivir a una madre narcisista, sigue leyendo…

5 Tipos de Madres Tóxicas

  1. La Madre Controladora 

Crecer con una madre controladora supone estar a la sombra de su personalidad. La madre controladora dicta todo sobre la vida de la niña: lo que tiene que ponerse, cómo tiene que hablar, con quién se puede relacionar o cómo debe comportarse en cada momento.

Si la niña intenta salirse del guión o disentir con lo que la madre manda o escoge para ella, puede amenazarla de forma obvia o velada, aplicarle el tratamiento de silencio, castigarla, manipularla, chantajearla,…

Hay un entrenamiento para que la niña busque la aprobación de la madre en todo lo que hace, privándola de escucharse a sí misma y tomar sus propias decisiones. La madre microgestiona toda la vida de la hija y la convence de que es por su propio bien.

Debido a esto, es posible que la hija de adulta sienta que tus opiniones o pensamientos no son lo suficientemente importantes como para expresarse o cumplirse o que tenga dificultades para tomar tus propias decisiones porque no sabe lo que quiere o porque tiende a buscar la validación de los demás.

  1. La Madre Narcisista

Una madre narcisista es la que ve a sus hijos como extensiones de sí misma, sin darse cuenta de que son personas independientes, no propiedades a las que utilizar para satisfacer necesidades (lo que se denomina “suministro narcisista”) no cubiertas o ventilar emocionalmente temas que son suyos.

Las madres (o padres) narcisistas suelen ver a sus hijas en términos de blanco o negro. Si hay más de una, por lo general, a una de ellas le asigna el papel del chivo expiatorio y a la otra el de la niña dorada.

El chivo expiatorio es la que para la madre narcisista “no puede hacer nada bien”. Esta niña es utilizada por la madre narcisista para proyectar en ella partes de su personalidad que rechaza, como la inseguridad o el miedo. Por ello, tendrá comportamientos para alimentar estas facetas en la niña. Son muy frecuentes frases como “lo haces mal”, “no sirves para nada”, “qué vamos a hacer contigo”. En muchas ocasiones, también la utilizará para descargar su rabia en ella, enfadándose con ella por cualquier excusa.

Esta niña crecerá con ese tipo de pensamientos, por lo que tendrá dificultades con su autoestima y con reconocerse y validarse como persona en todos los sentidos.

La niña dorada es la que para la madre narcisista “lo hace todo bien”. En esta niña proyectará todo lo que la madre narcisista considera buenas cualidades, inflándole el ego, igual que el de ella misma, dándole el mensaje de que es mejor que las demás personas. Esta niña también es manipulada por la madre, que condiciona su amor a que cumpla por completo con las expectativas que tiene puestas en ella y a la que suele utilizar, convirtiéndola muchas veces en una especie de asistente o secretaria personal.

Esta niña será muy exigente consigo misma en la edad adulta, dándole mucha importancia a la imagen que ofrece a los demás, sin saber realmente quién es y basando toda su existencia en sus logros.

Si quieres saber cómo sobrevivir a una madre narcisista, es importante que te des cuenta del rol que te asignó en la infancia.

  1. La Madre que actúa como si fuera ella la Hija

Esta inversión de los roles tiene el nombre de parentificación.

En esta dinámica, es la hija la que ha servido de apoyo a la madre, que la utiliza para sus necesidades emocionales en lugar de estar disponible para ella, cargándola con una responsabilidad que no le corresponde a una niña.

Crecer con una madre que necesitaba ser atendida o “salvada” de vez en cuando podría haber forzado a la niña a crecer más rápido de lo necesario, haciéndole sentir que siempre ha tenido que anteponer sus necesidades a las de su madre.

En la edad adulta, esto podría traducirse en la forma de expresar amor en una relación, tomando como referencia que querer es lo mismo que cuidar o ayudar a su pareja o priorizando siempre la comodidad  de su pareja frente a la propia.

  1. La Madre que se Fusiona

Esta madre se negó a respetar los límites del niño, por lo que ha llegado a un punto en el que la vida de la madre y la del niño están tan enredadas que no hay un “yo” y un “tú” sino que ambas viven en la fantasía de ser una sola persona.

Debido a esto, es posible que el niño haya crecido con un sentido confuso de sí mismo y sin una identidad personal verdadera.

A causa de esto, es probable que de adulto tienda a fusionarte con sus parejas, siendo emocionalmente dependiente y teniendo apego ansioso.

  1. La Madre negligente que inflige Daño Emocional

Una niña que no recibe elogios, reconocimiento o aceptación, crece anhelando conexiones y buscando atención positiva de los demás.

Este tipo de negligencia emocional priva a la niña del amor y afecto necesarios, que arrastrará hasta la edad adulta.

Éste es un tipo de negligencia que se da por omisión porque no hay acciones, por eso a veces es más difícil de detectar. A la niña no se le da ningún mensaje negativo pero se le priva del amor, el afecto y la atención que necesita.

En muchas ocasiones suele deberse a una situación de vida de la madre, como estar atravesando una depresión o pasar poco tiempo con su hija a causa del trabajo.

A causa de esto, la adulta tendrá problemas de autoestima, de conexión con otras personas, internamente sentirá que no merece amor ni atención y buscará la validación de otras personas.

Lo más importante es que te des cuenta de que, fuese cual fuese el tipo de madre que tuviste, su comportamiento no fue culpa tuya. Ella también tiene una herida de infancia que arrastra y que se pasa de generación en generación. Esas heridas no van a desaparecer, pero sí se pueden sanar en una gran medida. Si quieres saber cómo sobrevivir a una madre narcisista o a cualquier otro tipo de madre tóxica, tan sólo tienes que buscar la ayuda de alguien te acompañe en el viaje de vuelta a tu niña interior para darle lo que necesita.

Fuente:https://daily.lessonslearnedinlife.com

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La repetición-compulsión

¿Qué es la “Repetición-Compulsión”?

La “repetición-compulsión” fue un término acuñado por Freud para describir los comportamientos, relaciones, emociones y sueños que son repeticiones del trauma original.

La repetición-compulsión consiste en repetir patrones de conducta a lo largo de la vida que son tóxicos y/o nocivos para nosotras mismas. Estas conductas nos llevan una y otra vez a tener relaciones disfuncionales en las que el problema de fondo siempre suele ser el mismo: entablamos una relación con una persona que no está disponible emocionalmente, que es adicta a sustancias, que es inestable, que necesita que le protejan de todo, … y cada relación termina mal porque se repiten una y otra vez las mismas dinámicas. Después de un tiempo en ese bucle, muchas personas terminan dándose cuenta y se preguntan:

¿Por qué insisto en tener relaciones que, una y otra vez, están abocadas al fracaso? ¿Qué me pasa?

Una explicación a esto es lo que Freud llamó la “repetición-compulsión”. Otras terapias humanistas como la Gestalt también la apoyan, llamándola en este caso una “gestalt inconclusa”, lo que hace que repitamos una y otra vez el mismo patrón tratando de completar esa gestalt. Se trata de un mecanismo de defensa neurótico que funciona de la siguiente manera: lo que trata es de reescribir nuestra historia. Esa historia que intentamos reescribir es la relación problemática o no satisfactoria con nuestros padres, normalmente en particular con el padre/la madre del sexo opuesto al nuestro pero no siempre.

Cuando en la relación con el padre/la madre en la infancia ha habido mucha tensión a causa de la frustración, la decepción, el rechazo, el abandono, la negación o el abuso (la mayoría de las veces inconsciente) por parte del padre o de la madre, el niño se encontró en una situación muy precaria psicológica y emocionalmente hablando. Los niños son completamente dependientes de los padres en todos los sentidos, por lo que se “sacrifican” para que los quieran, piensan que si “se portan bien” “son más buenos” “hacen todo lo que se les pide”, por fin papá o mamá los querrán como lo necesitan, incondicionalmente. Obviamente, esto no llega a ocurrir nunca porque la deficiencia emocional está en el padre/la madre, que antepone sus necesidades narcisistas a las de su hijo.

Como esta “película” no acabó bien, esa niña buscará parejas que se parecen a su padre/madre, tratando, de forma inconsciente, de ponerle un final feliz a una película que no puede tener otro final, porque hace ya muchos años que se rodó, se editó y se estrenó. Y las siguientes relaciones son remakes en los que la protagonista se empeña en que tenga un final diferente con los mismos personajes y el mismo guión.

Como es obvio, no hay padres perfectos, por lo que todos nosotros pasamos por esto de una manera u otra. Nuestro niño interior sigue buscando cómo convertir al adulto que le rechaza o es ambivalente o está emocionalmente indisponible en uno que le quiera incondicionalmente.

La mayoría de estas niñas, cuando se hacen adultas, tienen un “radar” inconsciente” para las personas que, de una manera que al principio se hace imperceptible pero con el paso del tiempo más evidente, se parecen (física y/o psicológicamente) al padre/a la madre con el/la que tuvieron dificultades en la infancia. Y éstas son las personas con las que tendemos a tener relaciones y de las que nos enamoramos. Las escogemos de forma inconsciente. Se trata de un “punto ciego” hasta que lo hacemos consciente. Lo que hacemos se llama repetición-compulsion.

Los que han tenido padres/madres disfuncionales, escogen a personas que no pueden quererles a causa de sus propias limitaciones y problemas. El tema es que quieren “arreglarlas”, ”salvarlas”, ”cambiarlas”, “sanarlas”. Es muy poco probable que esto suceda. El adulto racional sabe esto. Pero el niño interior herido que está dentro todavía lo intenta, igual que lo hizo en su día con su padre/su madre. Cada relación inevitablemente fracasada refuerza los sentimientos de inadecuación, inferioridad e incapacidad para ser amado del adulto y su niño interior. Una y otra vez.

Cómo terminar con la Repetición-Compulsión

Las personas que han sufrido un trauma en la infancia (debido al abuso verbal y/o psicológico y/o emocional y/o físico y/o espiritual y/o sexual) por uno o sus dos padres tienen dificultades con una observación correcta del tiempo y se creen que una mala situación o un mal sentimiento van a durar para siempre. El reto que tienen por delante consiste en darse cuenta de lo que ocurre aquí y ahora y reconocer cómo las cosas pueden y de hecho cambian en lugar de estar congeladas en un momento concreto.

Hay herramientas de autorregulación organísmica que reafirman un estado de calma y de conexión entre la mente y el cuerpo y que son muy sanadoras para las personas que han sufrido un trauma de infancia. Todas ellas, necesitan hacer un trabajo somático para recuperar un sentido de estar seguras en su propio cuerpo (muchas tienen mucho miedo del que no son conscientes y el miedo es una emoción que se traduce en la sensación de no sentirte segura en tu propio cuerpo). Este trabajo somático (del cuerpo) se puede hacer a través de:

  • Ejercicios de respiración (la bioenergética es estupenda para esto)
  • Visualizaciones positivas
  • prácticas de mindfulness y yoga (que no deja de ser meditación en movimiento)
  • Autoafirmaciones

Todo esto ayuda a cambiar el estado de alerta del sistema nervioso, en el que muchos supervivientes viven la mayor parte del tiempo, y calma el cerebro.

El viaje a la sanación es largo y arduo, pero hay ayuda disponible, como la mencionada. El bienestar emocional es posible.

“Ningún dolor es tan devastador como el dolor que una persona se niega a sentir y ningún sufrimiento es tan duradero como el que no es reconocido nunca” Cermak & Brown.