El Reto del Perdón

El perdón a veces puede parecer imposible o incluso indeseable. Otras veces, sólo perdonamos que nos hagan daño nuevamente y concluimos que perdonar fue una tontería. Ambas situaciones surgen de la confusión sobre lo que realmente significa el perdón. El perdón no requiere que olvidemos las acciones de otras personas o el daño causado. De hecho, para la autoprotección en lugar de la ira, podemos decidir no volver a ver a la persona nunca más. El perdón no significa que justifiquemos o minimicemos el daño causado. A menudo, los codependientes perdonan y olvidan y continúan poniéndose en peligro. Perdonan y luego racionalizan o minimizan el abuso o la adicción a sus parejas.

El significado del Perdón

“Retener la rabia dentro es un veneno. Te come por dentro. Creemos que el odio es un arma que ataca a la persona que nos hizo daño. Pero el odio es una espada curva. Y el daño que hacemos, nos lo hacemos a nosotros mismos “. Mitch Albom, del libro “Las cinco personas que conoces en el cielo”

Cuando guardamos rencor (el rencor es rabia acumulada), la hostilidad puede sabotear nuestra capacidad de disfrutar del presente y nuestras relaciones futuras. La rabia permanente nos hace daño y  tiene consecuencias negativas para nuestra salud (emocional, mental y física). Aumenta la presión arterial, dificulta la digestión y genera una tensión permanente en el cuerpo.

El perdón, en general, significa soltar el resentimiento, liberándonos de los pensamientos negativos obsesivos o recurrentes. Cuando “perdonamos a nuestros enemigos”, renunciamos a cualquier deseo de venganza o que la desgracia les llegue. La empatía y la comprensión hacia nuestro/a ofensor(a) nos ayudan a perdonar. Si estamos en una relación, intentamos reconstruir la confianza y podemos establecer límites en torno a la conducta de esa persona con la que queremos continuar la relación. Aunque el pasado nos impacta, nos permite actualizar, esto es, hacer cambios constructivos y avanzar en paz.

Cuándo Perdonar

Un perdón demasiado pronto puede negar la rabia que se necesita para el cambio. Si hemos sido engañadas, abusadas o victimizadas, la rabia justificada afirma el respeto por nosotras mismas. Nos puede motivar para protegernos con los límites apropiados. Nos ayuda a ver la realidad y sentirnos con los recursos necesarios para afrontarla. Ayuda para dejar de permitir los abusos.

Inicialmente, nos duele. Si hemos sido traicionados o rechazados, es natural sentir dolor, como una herida física. Debemos experimentarlo y llorar sin juzgarnos a nosotros mismos. Necesitamos tiempo para sentir el dolor y la pérdida que ha sucedido y para sanar. Una vez nos sentimos seguros y hemos atravesado etapas de pérdida, puede ser más fácil perdonar.

La negación puede hacernos perdonar demasiado pronto o bloquear el perdón por completo. Nunca debemos negar, habilitar o condonar el abuso. Negar que alguien sea una adicta o una abusadora nos lleva a aceptar continuamente promesas incumplidas, evitar establecer límites o mantener una relación tóxica. Negar que un ser querido no sea el ideal que queremos o imaginamos sólo alimenta nuestra decepción y resentimiento. Aceptar que tu pareja o tus padres tienen fallos, como todas nosotras, puede abrir la puerta a la aceptación y el perdón.

Si el perdón se retiene demasiado tiempo, puede impedir completar las etapas de la pena y llevar a la amargura, el resentimiento. Muchos codependientes se sienten incómodos con sentir o mostrar enfado. Sin embargo, están invadidos por el resentimiento y reproducen guiones y eventos negativos en sus cerebros, una y otra vez, de forma obsesiva, como una vía de escape, pero que en realidad no sana,  tienen la rabia dentro, atascada. El resentimiento puede desaparecer cuando nos damos permiso para enfadarnos y permitir que fluyan sentimientos de rabia. Puede que ni siquiera necesiten expresarse de forma directa a la persona que nos hizo daño. Para esto va muy bien el ejercicio de Gestalt de la silla vacía, donde pones de forma simbólica a la persona que te ha hecho daño y le expresas todo lo que sientes, sin filtros, con tu terapeuta como testigo y en un entorno seguro, donde la persona a la que van dirigidas las emociones no es dañada.

Cómo Perdonar

Se necesita reflexión consciente y, a menudo, meditación y trabajo terapéutico con la pena para dejar ir y perdonar. Las siguientes son algunas sugerencias:

  1. Asegúrate de trabajar en las etapas del duelo. Un(a) terapeuta te puede ayudar con esto.
  2. Ten en cuenta que el perdón te alivia del dolor. Es una medicina para ti.
  3. Piensa en las formas en las que el resentimiento te retiene negativamente y afecta a tu vida.
  4. No eres responsable del comportamiento de la otra persona, pero sí del tuyo propio. Considera tu contribución a la situación. Quizás no comunicaste tus expectativas o límites o no le comunicabas el daño que te hacía con ciertos comportamientos o actitudes. En las familias narcisistas/disfuncionales, la culpa es como una patata caliente que los miembros se pasan constantemente los unos a los otros. Nadie se responsabiliza de nada. Por eso, hay muchos adultos que, como han crecido en este tipo de familias, la responsabilidad es un concepto que les es desconocido, tanto hacia sí mismos como hacia los demás.
  5. Desarrolla tu compasión, tanto hacia ti mismo como hacia la persona que te hizo daño. La compasión es distinta de la pena, no se trata de verte a ti y a esa persona como “pobrecitos” sino de tener una mirada menos crítica, rígida y enjuiciante. Al final, todos hacemos lo que podemos teniendo en cuenta los recursos de todo tipo con los que contamos en cada momento.
  6. Únete a un grupo de Doce Pasos. Cuenta tu historia y escucha la de otras personas. Que te validen en lugar de negarte o mentirte (lo que hacía tu familia) te ayudará a perdonar. 

Auto-Perdón

Debemos perdonarnos a nosotras mismas antes de estar listas para perdonar a otras personas. A menudo culpamos a los demás cuando nos sentimos culpables. Podemos aferrarnos al resentimiento para evitar aceptar la responsabilidad de nuestras acciones o para evitar sentirnos culpables. Aunque es importante reflexionar y asumir la responsabilidad de nuestra contribución al problema, debemos perdonarnos a nosotras mismas por cualquier comportamiento o acción, por muy doloroso que sea. Piensa que mientras continúes sintiéndote culpable, seguirás a su vez echando la culpa a los demás de tu situación.

Tú no tienes la culpa de lo que te pasó. No es tu culpa que te maltrataran, abusaran y/o te negaran tus padres narcisistas. Tampoco es culpa de ellos, a su vez son víctimas de sus padres o cuidadores, que les hicieron lo mismo. Ellos lo repitieron de forma inconsciente. Te culpaban por lo que te hacían para poder justificarlo porque en verdad es una aberración hacer daño a un niño que sólo quiere que le quieran. No eres culpable de nada de eso. De lo que sí eres responsable hoy en día, como el adulto que eres, es de estar bien, quererte, cuidarte, darte la vida de bienestar que tus padres narcisistas no te pudieron dar.

La Reconciliación

La reconciliación puede o no seguir al perdón. Si fuimos heridos por alguien cercano a nosotros y deseamos mantener la relación, entonces la reconciliación podría requerir que ambas personas asuman la responsabilidad de sus acciones y que no repitan su comportamiento. Recuerda que tiene que haber una coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, tanto por tu parte como por la de la otra persona. Es decir, no vale “no te volveré a gritar nunca más” y a a la semana volver a estar a gritos.

En algunos casos, es mejor reconocer claramente y creer que la persona que nos importa no cambiará, que su comportamiento refleja su niño interior herido. Dejar ir las expectativas de que actúan de manera diferente puede preparar el escenario para la aceptación de la realidad. Podemos decidir continuar la relación en términos menos íntimos o con diferentes límites que nos protejan. Por ejemplo, puedes optar por pasar tiempo con una adicta sólo cuando, o con la condición de que esté sobria, o ver a una persona abusiva en un lugar seguro, para visitas cortas, y/o con una tercera persona presente.

La otra persona puede no estar dispuesta a asumir la responsabilidad de su comportamiento o perdonarnos la nuestra, pero el perdón es para nuestro beneficio, no tiene que ser bilateral. Recuerda que el perdón aumenta nuestra integridad y tranquilidad. Sana las grietas en nuestro corazón.

Una última cosa, recuerda que el perdón no es un tema de blanco/negro sino más bien un proceso en el que a veces irás hacia adelante y otras hacia atrás. Se trata de un gris en el que quizás no consigas perdonar del todo pero sí mucho como para alcanzar mucha paz. No es tampoco un proceso psicológico sino emocional, no te obligues a él. Llegará cuando tenga que llegar si das los pasos necesarios para alcanzarlo.

Fuente: https://www.whatiscodependency.com

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