5 Formas en las que los Hijos de Padres Narcisistas se Autodestruyen de Adultos (Y Cómo Pararlo)

De forma generalizada, la mayoría de las personas asocian los términos “trauma” y Síndrome de Estrés Post-Traumático con los veteranos de guerra o las personas que han sufrido un evento traumático aislado, como un accidente de tráfico.

Sin embargo, hay niñas que crecen en familias narcisistas/disfuncionales, donde las casas en las que crecen en realidad son zonas de guerra con sus padres narcisistas. Sufren heridas psicológicas y emocionales en etapas de su desarrollo, que son las más vulnerables en la vida de una persona.

El descuido, el maltrato, el abandono y/o cualquier forma de abuso sexual, emocional, psicológico y/o físico, como el impuesto por los padres narcisistas han sido probados por investigaciones tales como el estudio Adverse Childhood Experiences que dejan un impacto adverso y de larga duración sobre esos niños y que, si no se trata, les acompaña toda su vida.

Más abajo te muestro 5 formas en las que tener padres narcisistas/disfuncionales pueden condicionar tu vida de adulto.

      1. Tu vida es en parte una recreación de los traumas de infancia

        Freud lo denominó  la “repetición-compulsión”, los psicólogos se refieren a él como los efectos del “condicionamiento”. El ciclo de repetición del trauma es real, es destructivo y tiene sus orígenes en una infancia de maltrato y abuso.

        Para los supervivientes, el caos es su “normalidad”. A medida que se acostumbran a ambientes altamente estresantes que dan forma a su sistema nervioso y su psique, su lucha por la supervivencia en la infancia deja un vacío en la edad adulta que a menudo hace que inconscientemente les lleve a buscar situaciones con un nivel de estrés semejante al de su infancia.

        Las madres narcisistas se comportan del mismo modo que los abusadores narcisistas en las relaciones adultas. Les encanta bombardear (halagar y alabar de forma excesiva) a sus hijos cuando necesitan algo de ellos, triangulan con otros hermanos para que se enfrenten, y los devalúan con hipercrítica, ataques de ira, abuso verbal y emocional.

        También se involucran en refuerzos intermitentes, retirando el afecto en períodos críticos y, al mismo tiempo, dando migajas de amor a sus hijos como una promesa de un amor incondicional que nunca llega.

        Nos sentimos atraídas (bioquímicamente) por personas que se parecen a nuestros padres narcisistas porque en la relación se recrean los mismos altibajos severos que en la infancia. Cuando el bombardeo de amor (o love bombing en inglés)) se convierte en devaluación, nuestro cuerpo se vuelve adicto a los subidones y bajones de la dopamina, la oxitocina, la adrenalina y el cortisol.

        También hay un componente psicológico de esta adicción. A menudo estas personas que repiten el abuso sufrido en la infancia vienen disfrazadas de salvadoras. Las supervivientes de traumas complejos están en una “búsqueda repetida de un(a) salvador(a)“.

        Muchos niños maltratados se aferran a la esperanza de que crecer les brindará libertad y escape. Pero la personalidad formada en el ambiente de control coercitivo no está bien adaptada a la vida adulta. El superviviente tiene problemas fundamentales de confianza básica, autonomía e iniciativa. Todavía está atrapado en su infancia. Tratando de crear una nueva vida, vuelve a encontrarse con el trauma.

        El bombardeo de amor los atrapa y los mantiene en relaciones sin amor. Anhelan los elogios excesivos porque nunca tuvieron una consideración positiva incondicional en la infancia. Cuando finalmente se eliminan los temores de su infancia, hay resistencia a la estabilidad. Sus cuerpos y mentes tienen que reajustarse bioquímicamente para encontrar atrayentes las relaciones sanas y estables.

        “El impulso para completar y sanar el trauma es tan poderoso y tenaz como los síntomas que crea. La urgencia de resolver el trauma mediante la recreación puede ser severa y compulsiva. Estamos inextricablemente inmersos en situaciones que reproducen el trauma original de maneras obvias y no obvias”

        Peter A. Levine, “Despertando al Tigre: Sanando el Trauma”

        Por ejemplo, una hija que no es querida por su padre narcisista abusivo terminará con parejas emocionalmente no disponibles -o incluso sociópatas- en la edad adulta debido a un sentido inculcado de indignidad. Para ella, el maltrato y el abuso son lo conocido, lo  familiar, inconscientemente busca el amor incondicional de su padre en hombres que la tratan igual, que le hacen revivir el trauma. Está acostumbrada a tomar una función de cuidadora, atendiendo las necesidades de la otra persona mientras descuida las suyas. Ella ha sido inconscientemente “programada” para buscar personas peligrosas , dañinas y tóxicas para ella porque son lo “normal” en su vida.

        Si las heridas de infancia no se sanan con terapia, el ciclo de abuso no se interrumpe nunca y el trauma sigue presente, consciente o inconscientemente en la vida de las supervivientes.

      2. El Abuso Verbal y Emocional al que te sometieron te lleva al Auto-sabotaje

        Los padres narcisistas someten a sus hijos a hipercríticas, castigos severos y una indiferencia insensible a sus necesidades básicas como seres humanos. Para poder sobrevivir, los hijos de narcisistas, que en su infancia dependen completamente de sus cuidadores, tienen que seguir las reglas de sus padres tóxicos si quieren sobrevivir. Esto son “programas de supervivencia” inadaptados que llevan a la edad adultas. Hábitos como agradar a las personas, sacrificar las necesidades propias, cuidar a los demás para sentirse queridas, sentirse “egoístas” o culpables constantemente y mantener un bajo perfil son algunas de las estrategias que les ayudaron a sobrevivir en un ambiente hostil pero que a día de hoy son maladaptativas, ya que les hacen vivir una vida pobre, en la que no hay confianza ni ilusión ni dirección.

        En respuesta a la violencia psicológica, los hijos de padres narcisistas desarrollan una sensación de vergüenza tóxica, autoculpa y un crítico interior inflexible que los hace sentir como si no fueran merecedores de las cosas increíbles que la vida tiene para ofrecer. Suelen tener la idea de que no son lo “suficientemente buenos” y por eso no intentan nada o pueden pasar a la otra polaridad de la perfección, en un esfuerzo por demostrar su valía. De cualquier manera, carecen de autovalidación y autoestima.

      3. Las Adicciones y la Disociación se vuelven ‘normales’

        El trauma puede afectar a los centros de recompensa del cerebro, haciendo a las personas más susceptibles al abuso de sustancias u otras adicciones.

        Cuando una persona ha sido traumatizada a una edad tan joven, la disociación, un mecanismo de supervivencia que separa las experiencias, de los cuerpos y el mundo, puede convertirse en una forma de vida. Dependiendo de la gravedad del trauma, las supervivientes de abuso infantil también pueden tener problemas con el comportamiento adictivo como adultos.

        El cerebro humano es un órgano que está configurado para responder a la experiencia que está teniendo. Así que en edades en las que se está formando, si estás en un constante estado de terror, tu cerebro está configurado para estar alerta ante el peligro y para tratar de hacer desaparecer esas terribles sensaciones. El cerebro se confunde mucho. Y eso lleva a problemas como la reactividad, cerrarse a todo y dedicarse a las adicciones. La adicción proporciona un escape conveniente de las realidades cotidianas de inmenso dolor, depresión, ansiedad y rabia que a menudo se producen después de las heridas infantiles no resueltas.

        El estrés crónico en la niñez debido al abandono o la agresividad continuados tiene un efecto generalizado en la capacidad de prestar atención, de aprender, de ver qué quieren las otras personas, y merma las capacidades sociales.

      4. Las ideaciones suicidas son muy comunes entre los supervivientes 

        Cuando una persona ha sido traumatizada en la infancia y más tarde revive esa victimización como adulto, se produce una sensación generalizada de desesperanza y de impotencia frente a la vida. Esto les lleva a tener ideaciones suicidas como la única salida que tienen cuando se sienten muy agobiadas. Algunas personas no hacen tentativas sino que solamente se trata de un recurso mental, otras hacen tentativas pasivas y otras, activas.

        También son muy frecuente entre los supervivientes las autolesiones, como una forma de dar salida a ese estrés o como una forma maladaptativa de dar una vía de escape a las emociones y sensaciones en su cuerpo, que se vuelven intolerables.

        La indefensión aprendida a la que sus madres narcisistas les sometieron y que después ellas repiten de adultas de forma consciente o inconsciente, se presta a sistemas de creencias que hacen que las supervivientes sientan que, hagan lo que hagan, nada va a  cambiar a mejor. Suelen sentirse como “personas defectuosas” a causa de la vergüenza tóxica o diferentes de los demás, alienadas, debido a la inmensa adversidad que experimentaron.

        El futuro puede parecer sombrío si un superviviente no ha sido acompañado adecuadamente por un(a) terapeuta, si no ha recibido el mirroring necesario y si no ha sanado lo suficiente a su niño interior.

      5. Hay partes internas que se desarrollan en la infancia y que siguen acompañando al adulto, impidiéndole formar su Yo más auténtico

        Si bien muchas personas han oído hablar de “la niña interior”, pocas personas abordan el hecho de que hay partes internas que pueden desarrollarse como resultado del abuso crónico.

        Algunas de estas partes son aquéllas que hemos ocultado, sublimado o minimizado en un intento por mitigar el riesgo de abuso, por ejemplo, cuando las víctimas de abuso evitan destacar en algo para evitar ser castigadas o criticadas por su éxito.

        También hay “partes” que son respuestas defensivas al trauma en sí. Estas partes son intentos de protegerse como adultos de un entorno que ya no es peligroso, como en la infancia. Las supervivientes de trauma complejo pueden protegerse de compartir quiénes son realmente con el mundo.  Se cierran en sí mismas de las personas que realmente las pueden “ver” y apreciarlas. Esto arruina la posibilidad de una conexión o vulnerabilidad auténtica con los demás. Esta estrategia defensiva fue un mecanismo de supervivencia que desarrollaron cuando eran más jóvenes para evitar la amenaza de que sus padres narcisistas les hicieran más daño del que podían aguantar. Les sirvió como niñas indefensas, pero puede hacer que excluyan la posibilidad de una intimidad con los demás como adultas. Esto les lleva a vivir una vida muy limitante y muy carente de las necesidades que todas tenemos, como el amorUn ejemplo de estas “partes” sería el de un superviviente de un trauma complejo que desarrolla un lado hipermasculino para evitar recuerdos de abuso sexual. Otro sería el de la hija de una madre narcisista hipercrítica, que puede desarrollar una parte que sea demasiado defensiva frente a la crítica, ya sea constructiva o destructiva. Esto le impide hacer actividades en las que pueda cometer errores y con ello, crecer.

        Estas ‘partes’ tienen mucho que decirnos. Silenciarlas, negarlas o reprimirlas sólo las hace más fuertes. Entonces, en cambio, tenemos que escuchar lo que quieren decirnos de nosotros mismos. La integración de estas partes de una manera saludable requiere que aprendamos de qué están tratando de protegernos y busquemos formas alternativas de crear una sensación de seguridad en el mundo y en nuestro propio cuerpo.

Fuente: https://thoughtcatalog.com

La repetición-compulsión

¿Qué es la “Repetición-Compulsión”?

La “repetición-compulsión” fue un término acuñado por Freud para describir los comportamientos, relaciones, emociones y sueños que son repeticiones del trauma original.

La repetición-compulsión consiste en repetir patrones de conducta a lo largo de la vida que son tóxicos y/o nocivos para nosotras mismas. Estas conductas nos llevan una y otra vez a tener relaciones disfuncionales en las que el problema de fondo siempre suele ser el mismo: entablamos una relación con una persona que no está disponible emocionalmente, que es adicta a sustancias, que es inestable, que necesita que le protejan de todo, … y cada relación termina mal porque se repiten una y otra vez las mismas dinámicas. Después de un tiempo en ese bucle, muchas personas terminan dándose cuenta y se preguntan:

¿Por qué insisto en tener relaciones que, una y otra vez, están abocadas al fracaso? ¿Qué me pasa?

Una explicación a esto es lo que Freud llamó la “repetición-compulsión”. Otras terapias humanistas como la Gestalt también la apoyan, llamándola en este caso una “gestalt inconclusa”, lo que hace que repitamos una y otra vez el mismo patrón tratando de completar esa gestalt. Se trata de un mecanismo de defensa neurótico que funciona de la siguiente manera: lo que trata es de reescribir nuestra historia. Esa historia que intentamos reescribir es la relación problemática o no satisfactoria con nuestros padres, normalmente en particular con el padre/la madre del sexo opuesto al nuestro pero no siempre.

Cuando en la relación con el padre/la madre en la infancia ha habido mucha tensión a causa de la frustración, la decepción, el rechazo, el abandono, la negación o el abuso (la mayoría de las veces inconsciente) por parte del padre o de la madre, el niño se encontró en una situación muy precaria psicológica y emocionalmente hablando. Los niños son completamente dependientes de los padres en todos los sentidos, por lo que se “sacrifican” para que los quieran, piensan que si “se portan bien” “son más buenos” “hacen todo lo que se les pide”, por fin papá o mamá los querrán como lo necesitan, incondicionalmente. Obviamente, esto no llega a ocurrir nunca porque la deficiencia emocional está en el padre/la madre, que antepone sus necesidades narcisistas a las de su hijo.

Como esta “película” no acabó bien, esa niña buscará parejas que se parecen a su padre/madre, tratando, de forma inconsciente, de ponerle un final feliz a una película que no puede tener otro final, porque hace ya muchos años que se rodó, se editó y se estrenó. Y las siguientes relaciones son remakes en los que la protagonista se empeña en que tenga un final diferente con los mismos personajes y el mismo guión.

Como es obvio, no hay padres perfectos, por lo que todos nosotros pasamos por esto de una manera u otra. Nuestro niño interior sigue buscando cómo convertir al adulto que le rechaza o es ambivalente o está emocionalmente indisponible en uno que le quiera incondicionalmente.

La mayoría de estas niñas, cuando se hacen adultas, tienen un “radar” inconsciente” para las personas que, de una manera que al principio se hace imperceptible pero con el paso del tiempo más evidente, se parecen (física y/o psicológicamente) al padre/a la madre con el/la que tuvieron dificultades en la infancia. Y éstas son las personas con las que tendemos a tener relaciones y de las que nos enamoramos. Las escogemos de forma inconsciente. Se trata de un “punto ciego” hasta que lo hacemos consciente. Lo que hacemos se llama repetición-compulsion.

Los que han tenido padres/madres disfuncionales, escogen a personas que no pueden quererles a causa de sus propias limitaciones y problemas. El tema es que quieren “arreglarlas”, ”salvarlas”, ”cambiarlas”, “sanarlas”. Es muy poco probable que esto suceda. El adulto racional sabe esto. Pero el niño interior herido que está dentro todavía lo intenta, igual que lo hizo en su día con su padre/su madre. Cada relación inevitablemente fracasada refuerza los sentimientos de inadecuación, inferioridad e incapacidad para ser amado del adulto y su niño interior. Una y otra vez.

Cómo terminar con la Repetición-Compulsión

Las personas que han sufrido un trauma en la infancia (debido al abuso verbal y/o psicológico y/o emocional y/o físico y/o espiritual y/o sexual) por uno o sus dos padres tienen dificultades con una observación correcta del tiempo y se creen que una mala situación o un mal sentimiento van a durar para siempre. El reto que tienen por delante consiste en darse cuenta de lo que ocurre aquí y ahora y reconocer cómo las cosas pueden y de hecho cambian en lugar de estar congeladas en un momento concreto.

Hay herramientas de autorregulación organísmica que reafirman un estado de calma y de conexión entre la mente y el cuerpo y que son muy sanadoras para las personas que han sufrido un trauma de infancia. Todas ellas, necesitan hacer un trabajo somático para recuperar un sentido de estar seguras en su propio cuerpo (muchas tienen mucho miedo del que no son conscientes y el miedo es una emoción que se traduce en la sensación de no sentirte segura en tu propio cuerpo). Este trabajo somático (del cuerpo) se puede hacer a través de:

  • Ejercicios de respiración (la bioenergética es estupenda para esto)
  • Visualizaciones positivas
  • prácticas de mindfulness y yoga (que no deja de ser meditación en movimiento)
  • Autoafirmaciones

Todo esto ayuda a cambiar el estado de alerta del sistema nervioso, en el que muchos supervivientes viven la mayor parte del tiempo, y calma el cerebro.

El viaje a la sanación es largo y arduo, pero hay ayuda disponible, como la mencionada. El bienestar emocional es posible.

“Ningún dolor es tan devastador como el dolor que una persona se niega a sentir y ningún sufrimiento es tan duradero como el que no es reconocido nunca” Cermak & Brown.