¿Eres un(a) “Outsider”? ¿Te gustaría cambiar esto?

Un “outsider” es una persona que se considera a sí misma poco convencional, que rechaza las tradiciones y lo establecido. Pueden ser extravagantes y denominarse a sí mismos como “raros”. No les gusta lo que tiene que ver con las masas y su identidad es fruto de sus propias reflexiones y experiencias vitales.

En muchas ocasiones, lo que hay por debajo de esto es un sentimiento de no pertenecer, que tiene que ver cómo estas personas se sintieron en sus familias de origen en su infancia.

Situaciones de infancia que dan lugar a un Adulto “Outsider”

  • El niño que es física y/o emocionalmente diferente de los otros miembros de la familia. Por ejemplo, un niño que es muy empático cuando el resto de los miembros o casi todos tienen rasgos narcisistas o Trastorno Narcisista de la Personalidad.
  • La niña que se parece mucho a una persona a alguien cuya madre siente resentimiento. Por ejemplo, una niña que se parece mucho a su abuela materna, cuya madre sentía por ella rechazo porque creía que había sido negligente y cruel con ella. Esta niña se convierte en el objeto de la ira y el resentimiento profundamente enterrados que su madre nunca expresó cuando era niña, pero ahora está dirigiendo a su propia hija.
  • El niño que es abandonado emocionalmente porque los padres culpan al niño por haber nacido. Por ejemplo, las parejas en las que la madre se queda embarazada muy joven, la pareja se casa por obligación o por presiones familiares/sociales y uno o ambos culpan a su hijo por el cambio de vida y lo que han tenido que sacrificar para tenerle.

Otros posibles escenarios incluyen:

  • Secretos de familia que requieren que los miembros, particularmente los niños, no hablen sobre ello y vivan en la negación. Esto les hace sentir como extraños en su propia familia, ya que perciben que “algo está mal” pero no se les permite expresarlo. Esto les hace sentir un profundo sentimiento de extrañeza respecto de su familia de origen. Ejemplos del secreto son que un miembro es adicto a una sustancia, que hay abuso (emocional, psicológico, sexual y/o físico) dentro de la familia,..
  • Los padres o uno de ellos hacen incesto emocional con la niña poniéndola en el papel de su pareja. También puede ocurrir que se la infantilice, tratándola como a una niña cuando ya es adulta.
  • El niño es objeto de acoso en el colegio y cuando lo comunica, no se le toma en serio o se le obliga a negarlo.
  • En las familias narcisistas, muy frecuentemente, una de las niñas es escogida para ejercer el rol del “chivo expiatorio”, sobre quien el padre o madre (que es la/el que le ha asignado el rol) vuelca rabia que no sabe gestionar y sobre quien proyecta su perfeccionismo y odio hacia sí mismo/misma.
  • El niño tiene un sexo/físico/intelecto diferente al deseado por los padres.

¿Te reconoces en algunas de estas situaciones de infancia?

Entonces quizás quieras dedicar un tiempo a reflexionar sobre los problemas de tu familia y cómo podrían haberte afectado. Reconoce que, como un niño, podrías haber sido incapaz de comprender a los adultos en tu mundo y  que, al pensar de la manera egocéntrica en que lo hacen los niños, asumiste que la negatividad y/o confusión en las interacciones se debían a que “algo estaba mal en ti”, y no en tus padres/cuidadores.

¿Crees que tienes una herida grande debido a una falta de conexión con una figura de apego importante? Pregúntate si continúas metiéndote en situaciones en las que al final tienes que tener mucho cuidado (estás hipervigilante) o tienes miedo. Con estas experiencias al final lo que haces es repetir el trauma original. Lo que tienes a nivel emocional interno es “No conecto con la persona importante para mí”. Y lo que provocas de forma inconsciente es o bien tener relaciones con personas que están emocionalmente indisponibles o bien puede ser que sabotees tú la relación en forma de Profecía Auto-Cumplida.  

¿Crees que podrías haberte convertido en una “outsider” debido a una limitación en el desarrollo de la capacidad de estar sola? Winnicott escribió que esa capacidad se desarrolla cuando una niña experimenta la capacidad de estar sola en presencia de un padre/madre/cuidador(a) que le apoya. Esta capacidad de estar sola (que es sana) es diferente de sentirse sola o de ser retraída, que es como se sienten las niñas en presencia de un(a) padre/madre/cuidador(a) que está presente físicamente pero que no es percibido como un apoyo psicológico/emocional por la niña. Estas niñas, de adultas, perpetúan inconscientemente como se sintieron en la infancia y se convierten en “outsiders”, al menos en parte por su falta de capacidad de estar solas. Esto es, emocionalmente están en modo “ermitañas”.

Sería importante para ti que desarrolles vínculos con  personas que te proporcionen relaciones positivas y de apoyo y que puedan ofrecerte un sentido de “presencia” de calidad. En este sentido, una relación de confianza con una terapeuta puede ser una ayuda valiosa.

Quizás te venga bien hacer una lista de las actividades que realmente te gusta hacer, cuáles son tus pasiones, cuáles son tus intereses, qué personas su compañía te hace sentir bien. Promueve en tu vida esas actividades y los vínculos con esas personas. Un grupo que te ofrezca un verdadero sentido de pertenencia y que cambie tu experiencia de infancia.

Fuente: https://www.psychologytoday.com

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La repetición-compulsión

¿Qué es la “Repetición-Compulsión”?

La “repetición-compulsión” fue un término acuñado por Freud para describir los comportamientos, relaciones, emociones y sueños que son repeticiones del trauma original.

La repetición-compulsión consiste en repetir patrones de conducta a lo largo de la vida que son tóxicos y/o nocivos para nosotras mismas. Estas conductas nos llevan una y otra vez a tener relaciones disfuncionales en las que el problema de fondo siempre suele ser el mismo: entablamos una relación con una persona que no está disponible emocionalmente, que es adicta a sustancias, que es inestable, que necesita que le protejan de todo, … y cada relación termina mal porque se repiten una y otra vez las mismas dinámicas. Después de un tiempo en ese bucle, muchas personas terminan dándose cuenta y se preguntan:

¿Por qué insisto en tener relaciones que, una y otra vez, están abocadas al fracaso? ¿Qué me pasa?

Una explicación a esto es lo que Freud llamó la “repetición-compulsión”. Otras terapias humanistas como la Gestalt también la apoyan, llamándola en este caso una “gestalt inconclusa”, lo que hace que repitamos una y otra vez el mismo patrón tratando de completar esa gestalt. Se trata de un mecanismo de defensa neurótico que funciona de la siguiente manera: lo que trata es de reescribir nuestra historia. Esa historia que intentamos reescribir es la relación problemática o no satisfactoria con nuestros padres, normalmente en particular con el padre/la madre del sexo opuesto al nuestro pero no siempre.

Cuando en la relación con el padre/la madre en la infancia ha habido mucha tensión a causa de la frustración, la decepción, el rechazo, el abandono, la negación o el abuso (la mayoría de las veces inconsciente) por parte del padre o de la madre, el niño se encontró en una situación muy precaria psicológica y emocionalmente hablando. Los niños son completamente dependientes de los padres en todos los sentidos, por lo que se “sacrifican” para que los quieran, piensan que si “se portan bien” “son más buenos” “hacen todo lo que se les pide”, por fin papá o mamá los querrán como lo necesitan, incondicionalmente. Obviamente, esto no llega a ocurrir nunca porque la deficiencia emocional está en el padre/la madre, que antepone sus necesidades narcisistas a las de su hijo.

Como esta “película” no acabó bien, esa niña buscará parejas que se parecen a su padre/madre, tratando, de forma inconsciente, de ponerle un final feliz a una película que no puede tener otro final, porque hace ya muchos años que se rodó, se editó y se estrenó. Y las siguientes relaciones son remakes en los que la protagonista se empeña en que tenga un final diferente con los mismos personajes y el mismo guión.

Como es obvio, no hay padres perfectos, por lo que todos nosotros pasamos por esto de una manera u otra. Nuestro niño interior sigue buscando cómo convertir al adulto que le rechaza o es ambivalente o está emocionalmente indisponible en uno que le quiera incondicionalmente.

La mayoría de estas niñas, cuando se hacen adultas, tienen un “radar” inconsciente” para las personas que, de una manera que al principio se hace imperceptible pero con el paso del tiempo más evidente, se parecen (física y/o psicológicamente) al padre/a la madre con el/la que tuvieron dificultades en la infancia. Y éstas son las personas con las que tendemos a tener relaciones y de las que nos enamoramos. Las escogemos de forma inconsciente. Se trata de un “punto ciego” hasta que lo hacemos consciente. Lo que hacemos se llama repetición-compulsion.

Los que han tenido padres/madres disfuncionales, escogen a personas que no pueden quererles a causa de sus propias limitaciones y problemas. El tema es que quieren “arreglarlas”, ”salvarlas”, ”cambiarlas”, “sanarlas”. Es muy poco probable que esto suceda. El adulto racional sabe esto. Pero el niño interior herido que está dentro todavía lo intenta, igual que lo hizo en su día con su padre/su madre. Cada relación inevitablemente fracasada refuerza los sentimientos de inadecuación, inferioridad e incapacidad para ser amado del adulto y su niño interior. Una y otra vez.

Cómo terminar con la Repetición-Compulsión

Las personas que han sufrido un trauma en la infancia (debido al abuso verbal y/o psicológico y/o emocional y/o físico y/o espiritual y/o sexual) por uno o sus dos padres tienen dificultades con una observación correcta del tiempo y se creen que una mala situación o un mal sentimiento van a durar para siempre. El reto que tienen por delante consiste en darse cuenta de lo que ocurre aquí y ahora y reconocer cómo las cosas pueden y de hecho cambian en lugar de estar congeladas en un momento concreto.

Hay herramientas de autorregulación organísmica que reafirman un estado de calma y de conexión entre la mente y el cuerpo y que son muy sanadoras para las personas que han sufrido un trauma de infancia. Todas ellas, necesitan hacer un trabajo somático para recuperar un sentido de estar seguras en su propio cuerpo (muchas tienen mucho miedo del que no son conscientes y el miedo es una emoción que se traduce en la sensación de no sentirte segura en tu propio cuerpo). Este trabajo somático (del cuerpo) se puede hacer a través de:

  • Ejercicios de respiración (la bioenergética es estupenda para esto)
  • Visualizaciones positivas
  • prácticas de mindfulness y yoga (que no deja de ser meditación en movimiento)
  • Autoafirmaciones

Todo esto ayuda a cambiar el estado de alerta del sistema nervioso, en el que muchos supervivientes viven la mayor parte del tiempo, y calma el cerebro.

El viaje a la sanación es largo y arduo, pero hay ayuda disponible, como la mencionada. El bienestar emocional es posible.

“Ningún dolor es tan devastador como el dolor que una persona se niega a sentir y ningún sufrimiento es tan duradero como el que no es reconocido nunca” Cermak & Brown.

El Apego Desorganizado

Cómo se genera el Apego Desorganizado

El Apego Desorganizado es el menos frecuente y el más disfuncional de todos los tipos de apego.

Cuando una niña tiene apego seguro, lo que ocurre es que la madre o cuidadora provee a la niña con una base segura para que ésta pueda aventurarse a explorar el mundo de forma independiente pero siempre volver al lugar seguro que le proporciona la madre o ciudadora.

En el caso del apego desorganizado no ocurre esto. Cuando el niño acude al padre o cuidador, éste no siempre le ofrece seguridad y soporte, en ocasiones lo asusta o lo rechaza. No tiene un comportamiento coherente sino caótico y errático con el niño. El comportamiento abusivo es experimentado por el niño como amenazante para su vida, ya que es completamente dependiente de su padre o cuidador. Así, el niño se encuentra con un dilema horrible: sus instintos de supervivencia lo que le dicen es que huya para estar a salvo pero resulta que la seguridad sólo la puede tener de la persona que le está asustando. Es por esto por lo que Mary Main llama a este tipo de apego el “miedo sin solución”.

Bajo estas circunstancias, la angustia por la que pasa la niña nunca es reconocido ni reflejado por la madre. En lugar de eso, transmite señales contradictorias de acercamiento/evitación, por ejemplo, intentando calmar a la niña pero permaneciendo fuera de su alcance o riéndose de la niña al mismo tiempo que intentando calmarla. Esto, a su vez, induce más confusión a la niña, que responde a esa situación de una forma desorganizada, lo cual aumenta la comunicación disfuncional de la madre. Es una espiral de respuestas erróneas a situaciones naturales y de comunicación equívoca y disfuncional.

Las figuras parentales que generan este tipo de apego en sus hijos muchas veces los asustan consciente o inconscientemente. Normalmente tienen comportamientos abusivos y/o de negación y rechazo hacia el niño y esto se suele deber a que ellos mismos tienen un trauma de infancia no resuelto que pasan a la siguiente generación.

Los adultos con Apego Desorganizado

Las personas con apego desorganizado viven en un estado ambivalente, en el cual sienten miedo tanto de estar demasiado cerca como demasiado lejos de los demás. Intentan mantener sus sentimientos bajo control. Sienten ansiedad y tratan de escapar de sus propios sentimientos. Muchas veces se sienten abrumados por sus propias reacciones y experimentan de vez en cuando tormentas emocionales. Suelen ser impredecibles y estar confundidos sobre sus emociones y sentimientos. Les cuesta identificarlos y se avergüenzan de ellos.

El modo en el que estas personas ven las relaciones es el siguiente: buscan a los demás para satisfacer sus necesidades porque creen que esto no lo pueden hacer por sí mismas pero creen que si se acercan demasiado a otras personas, si hay demasiada intimidad, se harán daño. Es decir, la persona a la que acuden en busca de seguridad es la misma de la que tienen miedo a acercarse demasiado. Como resultado de esto, su comportamiento es caótico, ya que se acercan y se alejan de forma periódica, teniendo un patrón inestable de comportamiento.

Las personas con apego desorganizado en su etapa como adultos tienden a tener relaciones problemáticas o dramáticas, con muchos altibajos. Son como montañas rusas. A menudo tienen miedo de ser abandonadas pero al mismo tiempo también les cuesta la intimidad. Es probable que se hagan muy dependientes de sus parejas cuando se sientan rechazadas, pero también se sientan atrapadas cuando están muy cerca emocionalmente de ellas. Pareciera que no hubiese una sincronización entre ellas y sus parejas. Es probable que en algún momento de su vida acaben en relaciones abusivas.

Cómo Sanar el Apego Desorganizado

El tipo de apego que hayas desarrollado en la infancia, basado en tu relación con tu madre o cuidadora no tiene que definir para siempre el modo en el que te relacionas con los que quieres en tu etapa adulta. Si averiguas cuál es tu tipo de apego, podrás entender los mecanismos de defensa que has desarrollado para protegerte de un dolor que ya no está en la actualidad sino que pertenece a la infancia, a una época de tu vida que ya pasó.

Lo más aconsejable es que te busques una pareja con apego seguro y trabajes en desarrollarte a ti mismo con las referencias de alguien con ese tipo de apego. El primer paso es darte cuenta del tipo de apego que tienes, de este modo tú y tu pareja podréis hacer frente a las inseguridades y miedos en que se apoya tu patrón de comportamiento basado en situaciones pasadas y construir y desarrollar apego sano y funcional, para tener una relación satisfactoria.

En concreto, para el caso del apego desorganizado la terapia Gestalt puede ser muy efectiva para enseñas habilidades sociales, formas de entender y gestionar las emociones y diferentes enfoques para liberar y sanar la tristeza y la rabia que esconden el trauma de infancia.

Si quieres saber más sobre el tipo de apego que tienes, te recomiendo el libro “Maneras de Amar”, de Amir Levine y Rachel Heller.

Las 5 Heridas Emocionales de la Infancia

Es muy común que nuestra vida emocional se haya visto dañada en la infancia. Es muy común, asimismo, que vivamos desconociendo esto. No somos conscientes de los que nos bloquea, nos impide avanzar o nos da miedo.

En la mayoría de los casos, el origen de nuestras heridas más profundas y de las que no somos conscientes, está en lo que experimentamos en la infancia. Se trata de heridas causadas por algunas de nuestras primeras experiencias en el mundo.

Necesitamos que salgan del inconsciente para hacernos conscientes de ellas, dejar de ocultarlas y así poder sanarlas. Cuanto más tardamos en sanarlas, más profundas se vuelven. El temor a revivir el sufrimiento nos lleva a ponernos excusas de forma inconsciente para justificar nuestro comportamiento. Esto es lo que en terapia Gestalt se conoce como mecanismos neuróticos de defensa.

Esto es precisamente lo que tenemos que evitar. Hacernos conscientes de ellas y trabajarlas para sanarlas es lo que nos llevará a tener una vida más feliz y plena.

Las heridas emocionales son experiencias dolorosas de la infancia que dan lugar al carácter que desarrollamos como adultos, quiénes somos y cómo afrontamos las adversidades.

Las heridas emocionales de la Infancia son cinco: Abandono, Rechazo, Humillación, Traición e Injusticia. Si eres hijo/hija de unos padres y/o cuidadores narcisistas, es más que probable que tengas las cinco.

  1. Abandono

    Las personas con esta herida se sientieron solas, aisladas y no protegidas en un ambiente familiar. Tuvieron unos padres y/o cuidadores fríos y distantes, que nos les dabn mucho amor, que muchas veces no estaban disponibles para ellas.

    Los adultos con esta herida tienen miedo a que otros les dejen. Dejarán ellos a su pareja o proyecto de otros tipo, antes de que les dejen a ellos.

    Las personas con esta herida tienen que trabajar su miedo a estar solas y su miedo al contacto físico (abrazos, besos, contacto sexual,…). Un buen comienzo para curar esta herida es el de afrontar el miedo a estar solo/sola hasta que un diálogo positivo interior fluya.

  2. Rechazo

    Esta herida impide que aceptemos nuestros sentimientos, pensamientos y experiencias. Impide la creación de una autoestima sólida. Causa pensamientos de rechazo, de no ser queridx y de degradación de unx mismx.

    La/el niñx rechazadx se siente indignx de amor y el miedo a re-experimentar estos sentimientos dolorosos le lleva a provocar su propia soledad por un auto-aislamiento.

    La forma de sanar esta herida es que te preocupes por tu propio comportamiento en lugar del de los demás y que tomes decisiones por ti mismx. Cada vez te dolerá menos que la gente se vaya o se aleje y no te lo tomarás como un signo de que hay algo malo en ti, de que eres defectuosx. Tú eres la única persona a la que necesitas para vivir tu vida.

  3. Humillación

    Los niños/las niñas con esta herida tuvieron padres y/o cuidadores que se metían con ellos/ellas, los ridiculizaban, les decían frases como “Ya sabía yo que la ibas a cagar”, “mira que eres feo/fea, tonto/tonta, ridículo/ridícula”.

    Esto destruye la autoestima de una niña/de un niño y le hace muy difícil cultivar una autoestima sana y valorarse a sí mismx. Esto en muchas ocasiones resulta en una personalidad dependiente, necesitando siempre la validación y la aprobación de los demás. En el otro extremo están los que se convierten en tiranxs, que humillan a otras personas para “defenderse” de una potencial humillación a ellxs. Éstxs son de los que piensan que “la mejor defensa en un buen ataque”.

    La forma de sanar esta herida es cultivar una autoestima más sana, aceptándonos como somos y entendiendo que no tenemos que “ser perfectxs” ni ningún otro ideal para ser dignxs de amor. También respondiendo (no reaccionando) cuando alguien intenta humillarnos. Si tú te respetas a ti mismx, es muy probable que toda la gente de la que te rodeas, lo haga también. Y que en el caso de que haya alguien que no lo haga, te sientas dotadx con los recursos suficientes para emitir un mensaje asertivo y claro de que “esto no te lo permito”.

  4. Traición

    Esta herida se produce en la infancia cuando los padres y/o cuidadores del niño/de la niña rompen las promesas que le hacen, llevándole a tener sentimientos de traición y de que ha sido engañadx.

    Esto causa en los adultos un sentimiento de desconfianza hacia los demás que puede llevar a la envidia y a otros sentimientos negativos, como los de que la gente siempre les va a mentir o sin sentirse dignos/dignas de que las personas cumplan las promesas que les hacen.

    Los adultos con esta herida se pueden convertir en personas controladoras y perfeccionistas, se vuelven rígidas y no permiten cabos sueltos, no dejando nada al azar. Todxs necesitamos un cierto orden y control en nuestras vidas pero un exceso de esto puede llevar a una total falta de espontaneidad y de confianza en lo que la vida depara, estando permanentemente en alerta.

    Las personas con esta herida si quieren sanarla tienen que trabajar la paciencia y la tolerancia, así como aprender a delegar responsabilidades.

  5. Injusticia

    Lxs niñxs que experimentan esta herida de adultos crecieron en un hogar con unos padres y/o cuidadores fríos y autoritarios, donde se oían mucho frases como “Porque lo digo yo”.

    Esto da lugar a adultos con personalidades demandantes, que generan sentimientos de impotencia y futilidad. Albert Einstein expresó muy bien esta idea con la famosa cita

    Todos somos genios, pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar por un árbol, vivirá toda su vida pensando que es un estúpido

    Los adultos que experimentan esta clase de herida se vuelven rígidos y ven las cosas sólo blancas o negras. Este tipo de personas normalmente intentan hacerse importante y conseguir poder o éxito.

    Para sanar esta herida estas personas deben trabajar su rigidez mental y sus continuas sospechas para alcanzar más flexibilidad en sus vidas y más confianza en los demás.

El siguiente gráfico muestra cómo estaría una persona en su versión enferma (con la herida no consciente, es decir, en su ego) y en su versión sana (con la herida consciente y trabajada, esto es, siento ella misma):

herida infancia

 

 

Normalmente nos sentimos atraídxs hacias las personas que tienen la misma herida y la reactivamos. Como espejos, nos enseñamos unos a otros nuestro sufrimiento común.

Cuando conozcas a alguien que te enfada, date cuenta de lo que pasa en realidad. Es probablemente el/la mejor maestrx que puedas tener nunca. Intenta averiguar porqué la actitud de esta persona te hace daño y a qué situación de tu pasado te recuerda su comportamiento. Cuando ya no te sientas amenazadx o enfadadx con esa persona, quiere decir que tu herida es más pequeña o está sanada. Tus padres, tu familia y las relaciones con los demás en la infancia, tienen mucha influencia en cómo somos, nos comportamos y vemos la vida.

Si quieres averiguar más sobre las heridas emocionales de la infancia, te recomiendo el libro “Infancia, la Edad Sagrada” de Evânia Reichert.

Fuentes: steptohealth.comkayapinri.wordpress.com