La Negación: cuándo Ayuda y cuándo hace Daño

Qué es la Negación

La negación es un mecanismo de defensa que utilizamos de forma inconsciente y que nos da tiempo para adaptarnos a situaciones angustiosas. Sin embargo, permanecer en la negación demasiado tiempo puede ser perjudicial, ya que estrecha nuestras miras y no nos permite afrontar situaciones que la vida nos pone delante para crecer.

Si estás en la negación, no aceptas la verdad sobre algo que está sucediendo en tu vida para protegerte.

La negación es un mecanismo de defensa que te da tiempo para adaptarse a situaciones que te producen mucha angustia o a cuestiones que son dolorosas o estresantes para ti. En ese sentido, la negación es un aliado porque te permite un tiempo de “coartada” para aceptar algo cuando tengas los recursos emocionales adecuados para hacerlo. Sin embargo, permanecer demasiado tiempo en la negación puede interferir con tu capacidad para enfrentar desafíos o puede hacer que repitas patrones en tu vida sin saber cómo cambiarlos.

Para qué sirve la Negación

Negarse a reconocer que algo está mal es una manera de no afrontar el conflicto emocional, el estrés, el dolor, la información amenazante y la ansiedad.

Es posible que niegues cualquier cosa que te haga sentir vulnerable o que amenace tu sentido de control, como por ejemplo, una enfermedad, adicción, un trastorno alimentario, violencia personal, problemas financieros o conflictos en tus relaciones. Puedes negar algo que te ocurre a ti o a otra persona con la que tienes un vínculo.

Cuando estás en la negación, tú:

  • No reconoces una situación difícil
  • No te enfrentas a los hechos de un problema
  • Minimizas las posibles consecuencias de un problema

 Cuándo la Negación puede ser útil

Negarse a enfrentar los hechos puede parecer un comportamiento poco sano. A veces, sin embargo, un breve período de negación es necesario. Estar en negación le da a tu cerebro la oportunidad de absorber inconscientemente información impactante o angustiante que en ese momento sería demasiado estresante o angustioso para ti hacerla consciente. Por ejemplo, imaginemos situaciones en las que te has encontrado un bulto en la garganta o te has dado cuenta de que tu pareja, de la que estás enamorada y con la que tienes un pacto de fidelidad, te es infiel.

Es más que probable que ambas situaciones te llevan a sentir miedo, angustia y/o estrés a unos niveles muy altos. Entonces ignoras el bulto o la infidelidad, esperando que, en el caso del bulto, desaparezca por sí solo y en el caso de la infidelidad, en realidad te hayas equivocado.

Un mes más tarde, cuando el bulto siga ahí y la infidelidad también, quizás ya puedas afrontar consultar a tu médico sobre el bulto o a tu pareja sobre la infidelidad, afrontando la situación en lugar de negarla.

Este tipo de rechazo es una respuesta útil a la información estresante. Inicialmente se niega el problema que produce mucha angustia. Pero a medida que tu cerebro acepta la posibilidad de que realmente eso es lo que está ocurriendo en tu vida, el problema comienza a afrontarse de manera más racional y tomando medidas para buscar ayuda o hablar las cosas.

Cuándo la Negación puede hacer daño

Pero, ¿y si hubieras continuado ignorando el bulto? ¿O la infidelidad de tu pareja? ¿Qué pasa si no buscas ayuda ni afrontas la situación? Si la negación persiste y te impide tomar las medidas adecuadas, como consultar a tu médico o hablar con tu pareja sobre la infidelidad, se trata de una respuesta dañina para ti.

Ejemplos de negación tóxica:

  • Un estudiante universitario es testigo de un tiroteo violento pero afirma que ver esto no le ha afectado. Tres meses después sigue diciendo lo mismo.
  • Una mujer mayor en la etapa final de la vida rehúsa debatir las medidas paliativas que se le aplican, insistiendo en que está mejorando.
  • Una persona bebe cada alcohol cada día y se dice a sí misma que no es un adicto y que tiene su vida bajo control, que sólo es una fase.
  • Una mujer afirma que su relación de pareja es “mejor imposible” cuando varias veces ha pillado a su pareja en conversaciones de WhatsApp en las que de forma obvia le ha sido infiel con otras mujeres. En esta pareja hay un pacto de fidelidad.
  • Una persona con dolor en el pecho y dificultad para respirar no cree que esos síntomas indiquen un posible ataque al corazón y se niega a que le den ayuda médica.
  • Una persona que lleva años teniendo pensamientos suicidas, se dice a sí misma que es algo “normal” y no busca ayuda médica para averiguar qué es lo que le pasa realmente.

En todas estas situaciones la negación a largo plazo tiene consecuencias muy dañinas para las personas que están demasiado tiempo en ella. Digamos que intentar evitar inconscientemente el dolor que provoca la situación en concreto, hace que se postponga afrontarla. Pero si se hace por demasiado tiempo, o bien ese dolor ha aumentado o bien posibles soluciones a la situación ya no lo son porque se ha pasado a la acción demasiado tarde o no se ha pasado a la acción en absoluto.

Estrategias para superar la Negación

Cuando nos enfrentamos a un giro abrumador de los acontecimientos, está bien decir: “No puedo pensar en todo esto en este momento”.

“No puedo pensar en todo esto en este momento”

Es posible que necesites tiempo para aceptar lo sucedido y adaptarte a las nuevas circunstancias. Pero sí es importante darte cuenta de que la negación debe ser sólo un recurso temporal. Negar la realidad de una situación no la cambiará. Mirar a otro lado cuando te sucede algo es comprensible al principio pero una mala estrategia a medio-largo plazo.

La fuerza que tiene la negación en una persona puede cambiar con el tiempo. Algunos períodos pueden estar relacionados con una menor actitud defensiva y en otros, la negación puede ser mucho más fuerte.

Si te sientes atascado en la negación o si alguien en quien confías sugiere que estás en negación, puedes probar estas estrategias:

  • Examina honestamente lo que temes
  • Piensa en las posibles consecuencias negativas de no tomar medidas
  • Permítete expresar tus miedos y emociones
  • Trata de identificar creencias irracionales sobre tu situación, por ejemplo, si admito que soy alcohólica, Dios me va a castigar.
  • Escribe sobre tu experiencia
  • Comparte tu experiencia a un amigo de confianza o a un(a) terapeuta.
  • Participa en un grupo de apoyo, como el de coda.

Fuente: https://www.mayoclinic.org

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¿Por qué nos obsesionamos? Técnicas para reducir la Obsesión

Las obsesiones pueden variar en intensidad. Cuando son leves, somos capaces de trabajar y de distraernos, pero cuando son intensas, nuestros pensamientos están absorbidos por nuestra obsesión. Operan fuera de nuestro control consciente y son raramente vencidas por la razón. Los pensamientos obsesivos se pueden apoderar de nuestra mente. Nuestros pensamientos son similares a rayos que pasan velozmente o a bucles que dan vueltas sobre sí mismos, alimentando una preocupación incesante, fantasías o una búsqueda de respuestas.

Pueden apoderarse de nuestra vida, haciéndonos perder horas, sueño, o incluso días enteros de disfrute y de actividades productivas.

La obsesión nos puede paralizar. Otras veces nos puede llevar a un comportamiento obsesivo-compulsivo, como comprobar nuestra bandeja de correo de forma repetida, nuestro peso en la báscula o si la puerta está bien cerrada.

Perdemos el contacto con nosotras mismas, nuestros sentimientos, nuestro cuerpo y nuestra habilidad para razonar y resolver problemas. Lo que lleva a la obsesión, en muchas ocasiones son ansiedad y miedo, de los que no somos conscientes.

La Obsesión y la Adicción

Las personas adictas (lo cual incluye a las codependientes, que son adictas a “ayudar”, “arreglar”, “salvar” a otras) se centran en el exterior. Se obsesionan con el objeto de su adicción – el alcohol, la comida, el sexo, el juego, las drogas, las compras, el otro… Sus pensamientos y su comportamiento giran en torno al objeto de su adicción, mientras que su verdadero yo está escondido bajo una montaña de vergüenza. Es lo que se conoce como vergüenza tóxica.

A causa de la vergüenza, se preocupan sobre cómo serán percibidas por los otros, llevándoles a sentir ansiedad y obsesiones relacionadas con la imagen que tienen los demás de ellas. Esto incluye la obsesión sobre acciones pasadas, presentes o futuras. En particular antes o después de cualquier actividad en la que se exponen a otros (como por ejemplo dar una charla, acudir a un meetup con desconocidos,..), durante una cita o después de una ruptura. La vergüenza tóxica también genera inseguridad, dudas, autocrítica, indecisión y culpa irracional.

¿Qué causa la Obsesión?

La negación es un síntoma de la obsesión – negación de realidades dolorosas, de adicciones, la negación de nuestras necesidades y sentimientos. Muchas personas obsesivas no son capaces de identificar sus sentimientos, o quizás sí que sean capaces de nombrarlos pero no de sentirlos. Esta inhabilidad para tolerar emociones dolorosas es lo que lleva a pensamientos obsesivos. La obsesión protege a estas personas de sentimientos dolorosos, es una defensa inconsciente frente al dolor. Por muy incómoda que sea la obsesión, mantiene a raya emociones subyacentes como la tristeza, la rabia, la soledad, el vacío, la vergüenza y el miedo.

Algunos de esos sentimientos están ligados a la vergüenza porque en la infancia les avergonzaron por sentir. Así, cuando surgen en la etapa de adultos, en lugar de sentir, se obsesionan. Si creemos que no deberíamos sentir rabia o expresarla, es posible que le guardemos resentimiento a algunas personas en lugar de permitirnos enfadarnos. Si nos avergonzaban por sentirnos tristes, es posible que nos obsesionemos con la siguiente potencial pareja para evitar sentir el dolor de la soledad y el abandono.

También es posible que nos obsesionemos sobre un tema pequeña para evitar enfrentarnos a otro mucho mayor. Por ejemplo, la madre de una persona adicta puede obsesionarse con que su hijo no estudie a causa del alcohol pero sin afrontar o siquiera admitir ante sí misma que su hijo podría morir de su adicción. Un perfeccionista puede obsesionarse con un pequeño error en el trabajo o en su atuendo pero ser incapaz de reconocer sentimientos de inferioridad o de inadecuación.

Las Obsesiones y las Relaciones

Los codependientes típicamente se obsesionan sobre la gente a la que quieren, incluidos los problemas de estas personas. Se pueden obsesionar y preocupar por el comportamiento de su pareja, que es alcohólica, sin darse cuenta de que se preocupan tanto por ellos, como la alcohólica por el alcohol.

La obsesiones pueden alimentar intentos compulsivos de controlar a otros, tales como seguir a alguien, leer su diario o su teléfono o correo, vaciar botellas de alcohol, esconder las llaves o buscar drogas. Nada de esto ayuda. Sólo causa más caos y más conflicto. Cuanto más nos obsesionamos con otra persona, más nos perdemos de nosotras mismas. Sin darnos cuenta, cuando nos pregunten cómo estamos, es probable que cambiemos rápidamente de tema para hablar sobre cómo está la persona con la que estamos obsesionadas.

En una relación romántica nueva es normal pensar en la persona amada hasta cierto punto pero los codependientes normalmente lo llevan más allá. Cuando no se preocupan por la relación, es posible que se preocupen con dónde está esa persona o qué hace en todo momento o puede que creen guiones  de celos que sólo están en su cabeza y que dañan la relación. Es posible que las obsesiones sean agradables, sobre romance, sexo o poder. Es posible que imaginemos cómo no gustaría que fuese la relación o cómo queremos que alguien se comporte. Una discrepancia muy grande entre la realidad y nuestra fantasía puede revelar lo que en realidad nos falta en nuestra vida.

Técnicas para reducir la Obsesión

Si nos obsesionamos para evitar sentir, entrar en contacto con nuestros sentimientos y emociones, dejar que fluyan ayudará a que la obsesión se disuelva. Si la obsesión lo que hace es que nos impide pasar a la acción, podemos buscar terapia para afrontar nuestros miedos y actuar. Cuando nuestras obsesiones son irracionales, puede ser muy útil hablar sobre ellas con un amigo o una amiga de confianza o una terapeuta, para racionalizarlas.

  • Pregúntate a ti mismo: ¿Qué estoy sintiendo? Espera pacientemente hasta que puedas dar una respuesta a esa pregunta.
  • Aprende a meditar para bajar las revoluciones de tu mente.
  • Haz movimientos lentos acompañados de música evocadora, y permítete sentir.
  • Escribe sobre tus sentimientos (idealmente, con tu mano no dominante) y léeselo a alguien.
  • Únete a grupo terapéutico: Gestalt, CoDA o de psicodrama.
  • Acude a reuniones espirituales.
  • Pasa tiempo en la naturaleza.
  • Focaliza tu energía en expandir tu red social (en la vida real, no en internet).
  • Haz algo creativo.
  • Desarrolla intereses y pasiones que te alimenten y te inspiren.

Este artículo no se refiere al desorden obsesivo-compulsivo (DOC), que es un trastorno mental que afecta al 1% de los adultos. Si crees que tienes DOC, busca ayuda profesional.