Mentalidad de Víctima: Señales para saber si la tienes y cómo sanarla (Parte II)

Señales de que tienes una Mentalidad de Víctima

Es normal estar insatisfecho en algunas partes de tu vida. Pero es importante mirar el panorama general. Si observas patrones similares en diferentes áreas de tu vida, es posible que tengas una mentalidad de víctima.

El primer paso para resolver un problema es identificarlo y reconocerlo. Puedes buscar estas señales en ti misma para ver si podrías haber adoptado una mentalidad de víctima:

  • ‌Culpas a los demás por cómo es tu vida: tu familia, pareja, amigos, jefe, el Estado,…
  • ‌Tienes la creencia de que el mundo está en tu contra.
  • ‌Cuando afrontas situaciones que para ti son difíciles, sientes impotencia, lo que te sueles decir es: “No puedo”.
  • ‌Te sientes atrapado en tu propia vida y abordas las cosas con una actitud negativa.
  • ‌Te sientes atacada cuando alguien te ofrece un feedback honesto sobre ti.
  • ‌Sentirte mal contigo mismo te da alivio o placer.
  • ‌Atraes a personas  en roles opuestos al tuyos, esto es, o personas que quieren salvarte o bien personas que aprovechan tu mentalidad de víctima para agredirte (no tiene porqué ser físicamente sino que por lo general son agresiones psicológicas o emocionales).
  • ‌Es difícil para ti hacer instrospección sobre ti misma y cambiar, aunque en el fondo sepas que un cambio sería saludable para ti.

¿Por qué juego el Rol de la Víctima?

Si te has sentido identificada con la mentalidad de la víctima, es posible que te preguntes porqué la has adoptado. Más abajo puedes encontrar algunas respuestas a esta pregunta.

  • Es posible que de niña hayas visto a un adulto o varios a tu alrededor jugar este papel. Quizás tu madre o tu padre tenían un comportamiento de que el mundo tenía algo en contra de él o ella. O se quejaban mucho. O no permitían que les dijeses nada, porque todo les parecía una crítica insoportable. Si has observado este comportamiento, es posible que lo hayas empezado a imitar de forma inconsciente y como el único modo de relacionarte con el mundo y con los demás.
  • Es posible que hayas tenido una relación codependiente con alguno de tus padres o cuidadores y te hayas sentido responsable por su bienestar. Esto puede haber tenido la forma de que te ha hecho sentir como su pareja, o como a un amigo, o has tenido que cuidarle en una enfermedad o tratar con su adicción como si fueras un adulto.
  • O quizás hayas aprendido el rol de la víctima porque ha sido un modo de sobrevivir emocionalmente en tu infancia. De niños, todos necesitamos atención y amor. Si no es ofrecido por nuestros padres o cuidadores, buscaremos maneras alternativas de conseguirlos. Es posible que en tu familia de origen la única forma de conseguir atención fuese poniéndote enferma, o comportándose siempre como una persona débil y necesitada de ayuda o permitiendo que te pasasen cosas malas que después pudieras contar a tu familia.
  • Muchas personas que de adultas tienen la mentalidad de la víctima han sufrido abuso emocional y/o psicológico y/o físico y/o sexual en su infancia. La indefensión que sufre un niño, junto con la vergüenza que supone el abuso, suele dar el resultado de un adulto con poca o sin autoestima y que ve el mundo como un lugar peligroso en el que se siente perdido.

Cómo abandonar la Mentalidad de la Víctima

La mentalidad de víctima es un comportamiento aprendido, no es algo con lo que se nace. Es algo que se aprende en un entorno social. Por lo general, se aprende de en el entorno familiar. Por ello, todas las personas tienen la capacidad de superar la mentalidad de la víctima. Como es algo aprendido y no innato, se puede desaprender e integrar formas más saludables de hacer frente a los desafíos que presenta la vida.

Puedes dar estos primeros pasos para salir de la mentalidad de la víctima:

  • Asume la responsabilidad. Eres el único que controla tus pensamientos, sentimientos y comportamientos. No puedas controlar a los demás o a muchos eventos que te ocurren en la vida, pero sí está en tu mano cómo respondes frente a ellos. Tú tienes el control sobre qué emociones cultivas dentro de ti o las actividades o personas con las que pasas tu tiempo. Cuanto más conciencia haya sobre esto, más poder personal adquirirás y más fácil te resultará ponerte al mando de tu vida, asumiendo el papel principal en lugar de uno secundario en tu propia vida.
  • Autocuidado y compasión. Es posible pasar de una mentalidad “Pobre de mí” a una de “me quiero, me respeto y me trato con amabilidad”. Esto puede empezar por pequeñas cosas como cómo te hablas, cómo cuidas los vínculos que hay en tu vida o si vas en la vida a por lo que quieres en lugar de esperar pasivamente a que llegue como por arte de magia.
  • Empieza a decir que no. Decir que no es fundamental para dejar de estar en una mentalidad de víctima. Puedes decir que no a lo que quieras y a quien quieras, asumiendo que ese “no” puede tener unas consecuencias. Es posible que otras personas se sientan defraudadas o frustradas frente a tu “no”. Esto no es responsabilidad tuya sino de ellas. Tienes derecho a cuidar tu energía y priorizarte.
  • Haz terapia. Salir de la mentalidad de la víctima puede ser algo complicado sin hacer terapia. Alguien que te acompañe a adoptar respuestas adaptativas más saludables puede facilitarte enormemente salir de la mentalidad de la víctima. Una terapeuta puede ayudarte a:

    • Explorar las causas subyacentes de la mentalidad de la víctima.
    • Trabajar la autocompasión.
    • Identificar tus necesidades y objetivos personales.
    • Aprender a gestionar emociones como la frustración y la impotencia.
    • Asumir la responsabilidad en lugar de culparte o culpar a otras personas.
    • Recuperar tu poder personal como adulta.
    • Comunicarte de forma asertiva.
    • Utilizar la queja como una forma de descarga puntual y no como una actitud frente a la vida.
    • Darte cuenta de que la única persona que en realidad está en contra tuya eres tú misma y aprender a desarrollar una relación más sana contigo misma.

Imagen de Yuris Alhumaydy en Unsplash 

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