Qué tienen en común un(a) Narcisista y un(a) Codependiente (=Persona Complaciente)

Lo que tienen en común un(a) Narcisista y un(a) Codependiente (=Persona Complaciente)

Aunque un narcisista y una codependiente (=persona complaciente) actúen como polos opuestos en una relación, tienen una cosa en común: ambos han crecido en una familia disfuncional que no ha podido lidiar con sus emociones y sentimientos.

Las personas codependientes que complacen con frecuencia se tragan sus sentimientos y perciben las emociones de otras personas como más importantes que las propias. Son personas que a menudo son desinteresadas, humildes y empáticas. Sin embargo, ser desinteresado en exceso puede traer problemas en la relaciones con los demás, ya que pueden convertirse en un blanco fácil para ser explotados o manipulados.

Para las personas complacientes es importante equilibrar el deseo de ser aceptadas con la conciencia de que algunas personas manipulan y se pueden aprovechar de ellas.

Normalmente, una narcisista es exactamente lo contrario. Las narcisistas priorizan sus sentimientos primero y cualquiera que no esté de acuerdo a menudo es castigado, intimidado, acosado o castigado por ello. Incapaz de considerar un punto de vista alternativo en el contexto de una relación interpersonal, la narcisista constantemente pronuncia su perspectiva como la «correcta». Hay una completa falta de empatía por los sentimientos y el punto de vista de la otra persona. Aunque la narcisista puede mostrarse amable o comprensivo, es sólo una fachada para atraer o retener a una persona. No se trata de algo que sienta de verdad sino que es una conducta de manipulación.  

Aunque las personas codependientes y los narcisistas tienen comportamientos opuestos en una relación, lo que sí comparten son experiencias tempranas con un cuidador o cuidadores que no pudo lidiar con sus emociones. Para los complacientes, la experiencia de ser continuamente avergonzados, castigados o abandonados por expresar una emoción o sentimiento de niños, suele afectar a su capacidad para confiar en lo que sienten de adultos. Suelen cuestionarse a sí mismos y priorizar los sentimientos de otras personas antes que los propios. El origen de esto es el de un cuidador que sólo ha tenido en cuenta sus emociones y sentimientos cuando ha tratado con el niño, obviando por completo los de éste.

Con frecuencia, en su infancia se han dado escenas en las que al mostrar una emoción, se han encontrado con respuestas como: “¿Y ahora por qué lloras?” ”¡Aquí sólo me enfado yo!” o “Ya eres demasiado mayor para tener miedo”.

Un padre o madre que no puede lidiar con la angustia de un niño a menudo culpa al niño. En lugar de intentar comprender, interpreta los sentimientos del niño como algo “incorrecto» o “prohibido”. El niño es castigado y avergonzado por tener un sentimiento que al padre o a la madre no les gusta. Finalmente, el niño se abstiene de expresar lo que siente para evitar ser castigado o rechazado. El niño devalúa sus sentimientos y se ve obligado a anteponer los sentimientos de sus padres. Al contener los sentimientos, evita el castigo, la vergüenza y el rechazo.

Si este tipo de respuesta de los padres es rutinaria, la niña interioriza este patrón de relación y, de adulta, se comporta de esta manera en todas sus relaciones. Los expertos en apego a menudo se refieren a esto como un desarrollo interno del apego. La niña se convierte en un adulto que desconfía de cómo se siente y cree que los sentimientos de otras personas son más importantes. Aquí es cuando surgen las tendencias a agradar a los demás, a complacerles.

De este modo, la adulta que no expresa sus emociones y prioriza lo que siente la otra persona, se siente segura en la relación, a salvo de ser castigada o abandonada.

También es posible una defensa diferente a la misma situación: el narcisismo. La falta de empatía de los padres y la tendencia a infligir vergüenza y culpa de manera sistemática pueden hacer que un niño desarrolle una estructura defensiva narcisista para protegerse. El ego actuará como un escudo que desvía, proyecta, niega y distorsiona cualquier cosa que amenace el frágil sentido de sí mismo del niño. Se protegerá de emociones incómodas como la responsabilidad, la empatía, la percepción y la autoconciencia.

Si esta estructura defensiva es alimentada por los padres, se vuelve caracterológica, es decir, se vuelve parte de la personalidad de la niña. Por ejemplo, la niña puede ser castigado por sus sentimientos, pero recompensada e idealizada por sus logros. Se le aplaude que intimide o machaque a otras personas y se le recompensa por alcanzar metas que los padres habrían querido para sí mismos.

Es esencial tener en cuenta que un padre o madre que respeta los sentimientos mientras mantiene reglas y expectativas, puede criar a un hijo bastante seguro. Por ejemplo, «Carlos, veo que estás enfadado y lo entiendo, pero no puedes tirar tu mochila. Por favor, ve a recogerla.«. Reconocer y validar el estado emocional de un niño pero corregir el comportamiento es fundamental. El niño se da cuenta de que sus sentimientos son importantes, pero sus acciones deben cambiar. El niño es responsable y se le anima a reconocer y comprender un sentimiento o emoción en lugar de anularlos. La capacidad del niño para reconocer, identificar y verbalizar sentimientos y emociones conduce a una regulación emocional saludable, autoconciencia, percepción e inteligencia emocional.

Conclusión

Si tienes una tendencia a agradar a los demás, puede ser útil que te des cuenta de cómo se relacionaban tus padres con tus emociones. Es posible que tu padre, tu madre o ambos no hayan tolerado tus sentimientos si diferían de los tuyos. Una infancia vivida de esta manera puede explicar porqué de adulta dudas de tus propios sentimientos y te entrega habitualmente a los de otro. La conciencia sobre esto puede ser todo lo que se requiere para inspirar a una persona a confiar en cómo se siente, dejar de necesitar complacer a los demás y empezar a poner límites en sus relaciones.

Una persona con fuertes tendencias narcisistas, por otro lado, puede poner conciencia y aumentar su empatía, hacerse cargo de sus emociones y mostrarse vulnerable. Sin embargo, aquí hay una línea: si el narcisismo desarrollado por esa persona es patológico, es posible que no sea capaz de adquirir esas habilidades. Si ése es el caso, el comportamiento más saludable para las personas que se relacionan con él es alejarse.

Romper el ciclo del abuso emocional es fundamental. Si has sufrido abuso emocional en tu infancia, es posible cambiar esto con terapia. Es importante vivir aceptando y sabiendo gestionar tus emociones y tus sentimientos.

Fuente:https://psychologytoday.com

Imagen de Sharon McCutcheon en Unsplash

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