20 Señales de que estás siendo Manipulado en tu Relación

La manipulación emocional puede ser tan sutil y encubierta que puede controlarte hasta que te des cuenta de lo que realmente está sucediendo. Eso si llegas a darte cuenta. Hay manipuladores emocionales que son realmente buenos manipulando y víctimas que no pueden hacer consciente la realidad en la que están viviendo. Es un proceso lento y minucioso, en el que en una primera fase el manipulador averigua cuáles son tus “puntos débiles” y una segunda fase en la que utiliza esa información para hacer que te muevas como una marioneta, haciendo lo que él desea.

Si eres víctima de una manipulación emocional de este tipo, probablemente sientas que “algo está mal” pero no sepas señalar de qué se trata.

La otra cara de la moneda es que es más que probable, si estás siendo manipulada emocionalmente, que tú también manipules tú a la otra persona, desde el rol de la víctima o de la salvadora, sin darte cuenta.

Si tienes dudas acerca de si estás siendo manipulada en una relación, con este artículo puedes salir de dudas.

Si quieres saber cómo salir del abuso narcisista, lo primero es darte cuenta de que estás siendo manipulada en una relación abusiva.

Si estás en una relación y detectas algunas de las siguientes 20 señales, es muy probable que estés siendo manipulado. En el artículo me refiero a una relación de pareja pero esto puede extenderse a una relación de amistad, de trabajo y también de familia con una padre, madre o hermano/hermana.

20 Señales de que estás siendo Manipulado en tu Relación con un(a) Narcisista, Psicópata o Sociópata 

  • Tu alegría de haber encontrado el amor se ha convertido en el miedo a perderlo. Las cosas empezaron muy bien y no estás segura de cuándo se torcieron. Tus sentimientos han pasado de felicidad y euforia a ansiedad, tristeza e incluso desesperación.
  • Tu estado de ánimo depende por completo del estado de la relación.
  • Estás infeliz en tu relación la mayor parte del tiempo, aún así temes perderla porque sí te sientes contento en ella de vez en cuando.
  • Te sientes como si hubieses saboteado lo mejor que te ha pasado en la vida…. Pero no sabes cómo lo has hecho.
  • Sientes que tu relación es complicada pero no sabes porqué. Cuando hablas con tus amigas sobre ella, te das cuenta de que acabas diciendo: “ Es difícil de explicar. La verdad es que es…complicado.”
  • Estás obsesionado con la relación. La analizas una y otra vez, hasta el más mínimo detalle, creyendo que así la vas a entender o solucionar lo que no funciona. Hablas sobre ella constantemente, a cualquiera que te escuche. Nada de todo esto te lleva a ningún lugar.
  • Nunca sabes qué es lo que pasa en tu relación ni cómo comportarte con tu pareja, lo que te deja en un estado perenne de incertidumbre y ansiedad.
  • Le preguntas constantemente a tu pareja si algo está mal. Te sueles sentir como si realmente algo estuviese mal, pero nunca estás segura de lo que es.
  • Adoptas una posición a la defensiva porque te sientes atacada muy a menudo. Cuando le hablas de esto a tu pareja, lo niega, cambia de tema o lo pone en ti, diciendo que “eres muy sensible”.
  • Muy a menudo te sientes incomprendido, con lo que tiendes a explicar mucho las cosas, con todo tipo de detalles. Esto no te sirve de nada.
  • Sientes que es mejor callar en muchas situaciones, hacerte la tonta, o como que algo no ha pasado. Esto te deja con una enorme sensación de vacío y ansiedad.
  • Parece que has desarrollado un problema con la confianza, la inseguridad y los celos, que tu pareja te señala constantemente.
  • Expresar tus propios pensamientos y emociones lo sientes como algo restringido o incluso prohibido, así que intentas esconderlos. Esto hace que muchas veces sientas frustración porque no te puedes expresar de forma libre.
  • Te sientes inadecuado. No te sientes tan bien contigo mismo como antes de la relación. Te sientes menos seguro, menos inteligente, menos sano, “menos que” en cualquier aspecto que antes de estar en esa relación.
  • Siempre sientes que no estás a la altura de las expectativas de tu pareja.
  • Te disculpas y das las gracias constantemente.
  • Te sientes culpable muy a menudo. Tratas de reparar continuamente el daño que crees que has causado. Te sientes culpable de que tu pareja se aleje de ti. Te sientes como si estuvieras saboteando la relación constantemente.
  • Controlas de forma cuidadosa tus acciones, palabras y emociones cuando estás con tu pareja para evitar que te retire el afecto. Tiendes a reprimir las emociones o a acumularlas dentro y a veces explotas como un volcán. Cuando lo haces, te sientes muy culpable y tu pareja te da el mensaje directo o indirecto de que “estás loca”.
  • Haces cosas con las que no te sientes cómodo o que van en contra de tus valores o límites para que tu pareja esté contenta y mantener la relación.
  • Te esfuerzas mucho porque la relación funcione. Sin embargo, cualquier esfuerzo por la relación, por grande que sea, tu pareja te hace sentir que no es suficiente. Mientras, ella no se esfuerza en absoluto, se limita a culparte de todo lo que va mal en la relación.

Puede que te preguntes que cómo tú o cualquier otra persona puede quedarse en una relación que le causa miedo, ansiedad, depresión, dudas sobre sí misma, frustración, odio y hostilidad. Pues bien, muchas de éstas son dinámicas de infancia con el padre o madre narcisista, psicópata o sociópata que estás repitiendo de forma inconsciente intentado que tu niño/niña interior obtenga lo que no se le dio en la infancia y que (al igual que en la infancia) aunque se le confunde sobre ello y se le da a entender que sí, ese escenario de amor, seguridad y confianza nunca se da.

Una relación de este tipo puede ser extremadamente dañina para tu salud mental, emocional, corporal y espiritual. Si quieres saber cómo salir del abuso narcisista, si detectas estas señales, es aconsejable que te plantees dejar la relación y buscar ayuda.

Fuente: http://psychopathsandlove.com

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5 Mentiras Dañinas que los Padres Narcisistas, Psicópatas y/o Sociópatas les dicen a sus Hijas

Los niños de padres narcisistas son entrenados desde una edad temprana por sus padres narcisistas para buscar su validación, para creer que su valía está vinculada a la imagen de sus familias y para interiorizar el mensaje de que sólo su valor está directamente relacionado con la capacidad para satisfacer las necesidades de sus padres narcisistas. Han vivido una infancia donde el amor estaba siempre (o casi siempre) condicionado.

Esto no quiere decir que las supervivientes de abuso narcisista no puedan superar su condicionamiento infantil. Se necesita un verdadero trabajo interno y valentía para desentrañar los traumas que han tenido que soportar de niñas y abordar cualquier retraumatización de adultas.

Ser capaces de comprender la relación y patrones de comportamiento, así como cualquier diálogo interno negativo que haya surgido como resultado del abuso, puede ser revolucionario para desafiar los mitos y falsedades que han alimentado a la persona sobre su valía y capacidades.

Si quieres saber cómo sobrevivir a una madre narcisista, es importante que te des cuenta de que las hijas de padres narcisistas aprenden lo siguiente desde una edad muy temprana:

  1. Sólo eres válida cuando me complaces

    Como hija de un padre o padres narcisistas, te enseñaron que no eras inherentemente digna, sino que tu valía dependía de lo que pudieras hacer por el padre/madre narcisista y lo complaciente que eras. Debido a la grandiosidad de los padres narcisistas, la máscara falsa y la necesidad de ser el mejor, probablemente has sido parte de una familia que fue “presentada” hacia los demás de la mejor manera posible, como “perfecta” cuando en realidad el abuso se daba de puertas para adentro.

    Si alguna vez te atreviste a denunciar el abuso, lo más probable es que te castigaran. La carga emocional y psicológica que los hijos de padres narcisistas soportan cuando van en contra de las expectativas y creencias de la familia puede ser increíblemente perjudicial y tener efectos su confianza en sí mismos. Se les enseña que no son personas independientes, sino más bien objetos cuya misión es servir al ego narcisista y a las agendas egoístas de los padres.

  2. Debes ser perfecta y exitosa, pero nunca debes ser recompensada por ello o sentirte “suficiente”

    Los narcisistas son maestros en mover los postes para que nada de lo que hagan sus víctimas sea suficiente. Los logros de los hijos rara vez se reconocen a menos que cumplan con un criterio arbitrario para “lo que queda mejor” de cara hacia fuera o confirmen las fantasías grandiosas de los padres narcisistas. El padre abusivo nunca está realmente orgulloso a menos que él o ella pueda reclamar el mérito por ese éxito en particular. Algunos padres narcisistas pueden incluso envidiar o despreciar el éxito de sus hijos, especialmente si ese éxito permite que ese hijo se vuelva independiente de sus padres, fuera de su reino de poder y control.

    No es raro que este tipo de padres intenten sabotear el éxito y la felicidad de sus hijos si ese éxito interfiere con la grandiosa imagen de sí mismos, sus propias ideas de lo que debe implicar la ‘felicidad’ (generalmente lo que los hace “quedar bien” en lugar de lo que hace que sus hijos se sientan bien) o su compulsión por la microgestión y el control de todas las facetas de la vida de sus hijos.

    En la mente enferma del padre narcisista sería mejor que sus hijos no existieran si no pueden encarnar la identidad que el padre desea o cumpla con sus deseos de una forma estricta. Incluso si fueran las hijas o los hijos perfectos, los postes del objetivo volverían a cambiar y su nivel de perfección nunca sería lo suficientemente bueno a los ojos del padre narcisista.

    Todo ello es un juego psicológico y emocional en el que se fuerza a los hijos a que se esfuercen hasta la extenuación para conseguir amor, validación,.. que sólo se les da a migajas de forma esporádica. Ese juego es el que mantiene al padre narcisista en control de la relación y que le permite seguir jugando con sus hijos y tratarlos como marionetas. La promesa de lo que conseguirán es lo que hace que se esfuercen pero eso que prometen que recibirán, en realidad no llega nunca.

    Estas dinámicas los supervivientes de abuso infantil tienden a repetirlas en su vida adulta con sus parejas, amigos o incluso jefes, donde la persona con Trastorno Narcisista de la Personalidad las hace sentir como en su infancia. El superviviente en muchas ocasiones no se da cuenta de lo que está sucediendo porque las dinámicas son tan familiares que han sido interiorizadas como normales.

  3. Siempre hay alguien mejor, y debes vencerlo, comenzando con tus propios hermanos

    Dentro de la familia narcisista, a los hermanos se les anima a competir entre ellos y no se fomentan el afecto ni la conexión entre ellos. Los padres narcisistas son conocidos por “triangular” a los niños unos contra otros como un intento de compararlos innecesariamente, degradarlos y alimentar su propia sensación de poder y control sobre sus hijos.

    Por lo general, hay un niño dorado y un chivo expiatorio, y a veces los roles se invierten, según lo que la madre narcisista necesite para cumplir con su agenda. Los niños rebeldes convertidos en chivos expiatorios a menudo buscan la verdad y desean una conexión auténtica con los miembros de su familia, pero no guardan silencio sobre el abuso que ocurre y esto supone que el padre narcisista cargue contra ellos. El niño dorado, por otro lado, generalmente es alabado como el “modelo a seguir” pero esto también puede cambiar rápidamente si el niño dorado alguna vez ejerce su independencia y hace algo fuera de la aprobación de los padres. A una edad muy temprana se les enseña que nunca serán lo suficientemente buenos, que siempre deben compararse con los demás y a no reconocer su valía y singularidad.

    Como adultos, aprendemos que no tenemos que competir con nadie para ser dignos o valiosos, ni tenemos que ser necesariamente los mejores en todo. Cultivar una sensación de amor propio incondicional, así como una apreciación de nuestras habilidades y capacidades únicas, puede ser de gran ayuda para combatir estas secuelas dañinas del abuso y reemplazarlas por un nivel saludable de autoestima y autosuficiencia.

  4. El desprecio es parte del amor y “normal” en una relación

    Los padres narcisistas pueden someter a sus hijas a períodos de idealización cuando las necesitan, seguidos por desprecio y rabia cuando ‘desobedecen’ y amenazan su excesivo sentido del derecho y el control. La condescendencia, el desprecio y el odio con los que un padre narcisista trata sus hijas no sólo les hace mucho daño sino que también les da la referencia de que eso es el amor, convirtiéndolo en un patrón que repetirán en su edad adulta.

    Este patrón de idealización y devaluación enseña a las hijas de padres narcisistas que el amor es inestable e impredecible. También las insensibiliza y las hace sordas al abuso más adelante en la edad adulta  porque, desafortunadamente, este tipo de relaciones son “familiares” para ellas como la única versión del amor que han experimentado.

    Las hijas de padres narcisistas pueden volver a sensibilizarse en el hecho de que el abuso no es una parte normal o saludable de ninguna relación, empezar a poner límites y reemplazar viejas narrativas de indignidad por empoderamiento sobre el tipo de amor y respeto que realmente se merecen. Esencialmente pueden hacerse un rematernaje y un repaternaje a sí mismos en un espacio seguro y protector.

  5. Tus emociones no son válidas

    Los padres narcisistas invalidan las emociones de sus hijos hasta el punto de que los dejan sin voz.

    Por eso, como adultos, tendrán dificultades con la gestión de sus emociones porque el dolor no se procesa de manera saludable, comenzando desde la infancia.

    En la edad adulta, tenemos la oportunidad de validar nuestras propias emociones y reconocer que lo que sentimos, que es válido. Aprendemos cómo procesar nuestras emociones, nuestro trauma y el dolor de no ser amados tal y como somos.

    Aprendemos que tenemos oportunidades para separarnos de nuestros padres abusivos, ya sea a través de poco contacto bajo (contacto mínimo sólo cuando sea necesario) o contacto cero.

    Aprendemos a separar las creencias dañinas de los padres narcisistas sobre nosotras y nuestra propia confianza. Sobre todo, aprendemos que está bien creer en nosotras mismas y dar la bienvenida a las cosas buenas en nuestras vidas. Aprendemos que merecemos todo lo que es bueno.

    Es importante recordar que como hijas de padres narcisistas, llevamos el legado de nuestras heridas, pero que estas heridas pueden convertirse en portales para una curación más profunda y más rica. No tenemos que cargar a la próxima generación con nuestras heridas, sino usarla como una forma de nutrir y validar a las generaciones futuras. Tenemos opciones sobre cómo podemos canalizar este trauma para nuestro propio crecimiento, en lugar de nuestra destrucción. Estas heridas no pueden sanar si no se abordan o si las negamos.

    Si quieres saber cómo sobrevivir a una madre narcisista, como hijas de madres narcisistas, tenemos que aprender a protegernos de más abusos y establecer un plan para participar y comprometernos con nuestro autocuidado.

    Podemos hacernos un repaternaje y rematernaje a nosotras mismas a través de la empatía, compasión, autoaceptación y amor propio. Cuando eres hijo de un padre narcisista, la idea de que nunca mereciste este amor es quizás la mentira más grande de todas.

Fuente: https://www.huffpost.com

Cómo una Adicción Secuestra el Cerebro

Qué es una Adicción

La palabra “adicción” deriva de un término en latín que significa “esclavizado por” u “obligado a”. Cualquiera que haya luchado para superar una adicción, o haya tratado de ayudar a alguien a hacerlo, entiende el porqué.

La adicción ejerce una influencia larga y poderosa en el cerebro que se manifiesta de tres maneras distintas: anhelo por el objeto de la adicción, pérdida de control sobre su uso y participación continua con él a pesar de las consecuencias adversas. Si bien es posible superar una adicción, el proceso suele ser largo, lento y complicado.

Hoy en día se reconoce la adicción como una enfermedad crónica que cambia tanto la estructura como la función del cerebro. Del mismo modo en el que una  enfermedad cardiovascular daña el corazón y la diabetes deteriora el páncreas, la adicción secuestra el cerebro. La recuperación de una adicción implica fuerza de voluntad, sin duda, pero no es suficiente “simplemente decir que no”. Las personas generalmente usan múltiples estrategias, que incluyen psicoterapia, medicamentos y autocuidado, mientras tratan de romper el control de una adicción.

Durante muchos años, los expertos han creído que sólo el alcohol y las drogas duras podían causar una adicción. Sin embargo, las tecnologías de neuroimagen y las investigaciones más recientes han demostrado que ciertas actividades placenteras, como los juegos de azar, las compras o el sexo, también pueden secuestrar el cerebro.

Nadie comienza con la intención de desarrollar una adicción, pero muchas personas quedan atrapadas en ella.

La vulnerabilidad genética contribuye al riesgo de desarrollar una adicción. Los estudios sobre gemelos y adopciones muestran que alrededor del 40% al 60% de la susceptibilidad a la adicción es hereditaria. También es muy importante el papel que juega el entorno en la infancia para desarrollar una adicción en la adolescencia o en la edad adulta. Cuando se trata de personas que han crecido en familias disfuncionales, muchas de ellas terminan desarrollando una adicción. Ya se trate de carencias de afecto o de un entorno de maltrato o abuso, hay un sufrimiento dentro que, antes o después, suele taparse con una adicción. Hay un malestar emocional que la adicción consigue parchear. Si quieres saber cómo superar el abuso narcisista, es posible que el entorno familiar que viviste y que seguramente sigues recreando en tu edad adulta, te dé pistas de cómo se ha originado tu adicción.

El Centro de Recompensa del Cerebro

El cerebro registra todos los placeres de la misma manera, ya sea que se originen con una droga psicoactiva, una recompensa monetaria, un encuentro sexual o una comida satisfactoria. En el cerebro el placer tiene una firma distintiva: la liberación del neurotransmisor dopamina en el núcleo accumbens, un grupo de células nerviosas que se encuentran debajo de la corteza cerebral (ver imagen). La liberación de dopamina en el núcleo accumbens está tan constantemente ligada al placer que los neurocientíficos se refieren a la región como el centro de recompensa del cerebro.

Según la teoría actual sobre la adicción, la dopamina interactúa con otro neurotransmisor, el glutamato, para hacerse cargo del sistema cerebral de aprendizaje relacionado con la recompensa. Este sistema tiene un papel importante en el mantenimiento de la vida porque vincula las actividades necesarias para la supervivencia humana (como comer y tener relaciones sexuales) con placer y recompensa. Las sustancias y comportamientos adictivos estimulan el mismo circuito, y luego lo sobrecargan.

Todas las drogas, desde la nicotina hasta la heroína, causan un aumento particularmente poderoso de dopamina en el núcleo accumbens. La probabilidad de que el uso de una droga o la participación en una actividad gratificante conduzca a la adicción está directamente relacionada con la velocidad con la que promueve la liberación de dopamina, la intensidad de esa liberación y su confiabilidad.

Tolerancia y Compulsión

Con el tiempo, el cerebro se adapta de una manera que hace que la sustancia o actividad buscada sea menos placentera.

En la naturaleza, las recompensas generalmente vienen solo con tiempo y esfuerzo. Las drogas y comportamientos adictivos proporcionan un atajo, inundando el cerebro con dopamina y otros neurotransmisores.

Las drogas pueden liberar de 2 a 10 veces la cantidad de dopamina que las recompensas naturales, y lo hacen de manera más rápida. En una persona que se vuelve adicta, los receptores cerebrales se saturan. El cerebro responde produciendo menos dopamina o eliminando los receptores de dopamina, una adaptación similar a bajar el volumen de un altavoz cuando el ruido se vuelve demasiado fuerte.

Como resultado de estas adaptaciones, la dopamina tiene menos impacto en el centro de recompensa del cerebro. Las personas que desarrollan una adicción generalmente encuentran que, con el tiempo, la sustancia deseada ya no les da tanto placer. Tienen que tomar más para obtener la misma dopamina “alta” porque sus cerebros se han adaptado, un efecto conocido como tolerancia.

En este punto, entra en juego la compulsión. El placer asociado a una droga o comportamiento adictivo disminuye, y sin embargo, el recuerdo del efecto deseado y la necesidad de recrearlo (el deseo) persiste. Es como si la maquinaria normal de motivación ya no funcionara.

El proceso de aprendizaje mencionado anteriormente también entra en juego. El hipocampo y la amígdala almacenan información sobre las señales ambientales asociadas con la sustancia deseada, para que pueda ubicarse nuevamente. Estos recuerdos ayudan a crear una respuesta condicionada, un deseo intenso, cada vez que la persona se encuentra con esas señales ambientales.

Una persona adicta a la heroína puede estar en peligro de recaída cuando ve una aguja hipodérmica, por ejemplo, mientras que otra persona puede comenzar a beber nuevamente después de ver una botella de whisky. El aprendizaje condicionado ayuda a explicar por qué las personas que desarrollan una adicción corren el riesgo de recaer incluso después de años de abstinencia.

El Camino hacia la Recuperación

Debido a que la adicción se aprende y se almacena en el cerebro como memoria, la recuperación es un proceso lento y vacilante en el que disminuye la influencia de esos recuerdos. Alrededor del 40% al 60% de las personas con adicción a las drogas experimentan al menos una recaída después de una recuperación inicial.

Afortunadamente, existen varios tratamientos efectivos para la adicción, que generalmente combinan estrategias de autoayuda, psicoterapia y rehabilitación. Para algunos tipos de adicciones, los medicamentos también pueden ayudar. El camino hacia la recuperación es largo y lento pero posible. Generalmente, cuando una persona consigue más bienestar emocional y encontrarse mejor consigo misma, disminuye su necesidad de ser adicta.

Como se ha mencionado, cuando se trata de adicciones, la persona se mete poco a poco en ello sin darse cuenta y, para cuando se convierte en un problema de verdad, es posible que sus efectos en la vida de la persona sean graves y contribuyan a empeorar la calidad de vida de la persona en lugar de mejorarla, que es lo que se pretende con la adicción.

Debajo de una adicción hay un malestar emocional, una niña interior herida, una persona que se ha perdido. Si esa persona eres tú, puedes buscar ayuda para encontrar el camino de vuelta a ti. Lo que hay emocionalmente debajo de una adicción es malestar y dolor. Aprender a estar con ellos, a sostenerlos, es el primer paso para superar tu adicción.

En muchas personas que han crecido en familias narcisistas, cómo superar el abuso narcisista va íntimamente ligado a superar también una adicción, ya sea a una sustancia o a una relación tóxica.

Fuente: https://www.health.harvard.edu