4 Tipos de Comportamientos de las Personas Pasivo-Agresivas

El comportamiento pasivo-agresivo es un patrón de expresión indirecta de sentimientos negativos en lugar de abordarlos de forma abierta. Existe una desconexión entre lo que dice una persona pasivo-agresiva dice y lo que hace. Son personas que están desconectadas de su propia rabia, que proyectan en los demás con diferentes estrategias.

Muchas personas con este comportamiento son codependientes que han crecido en familias narcisistas/disfuncionales y en cuya infancia no se les permitía expresar la rabia o se les castigaban muy severamente por ello, con lo que de adultos se han acostumbrado a negarla y a proyectarla en otras personas con estrategias pasivo-agresivas cuando tienen un conflicto. Para ellas, apropiarse y expresar su rabia rompería con su auto-imagen de “buena persona” o de “persona que tiene un comportamiento correcto”. Si quieres saber cómo dejar de ser codependiente emocional, quizás este artículo te sirva de ayuda para identificar comportamientos pasivo-agresivos que tengas y que te causen problemas en tu vida.

Para el que tiene que lidiar con una persona con este tipo de comportamientos pasivo-agresivos puede resultar difícil, ya que no suelen responsabilizarse de su comportamiento cuando se les habla sobre él de forma clara y abierta. Una estrategia pasivo-agresiva es infantil, supone que la persona se sienta por encima de la otra u otras con la que está teniendo el conflicto (no de igual a igual) y no sirve para la resolución de conflictos sino para escalarlos o congelarlos.

Aquí hay cuatro categorías de comportamientos pasivo-agresivos, hechas por Preston Ni M.S.B.A. autor de los libros “Cómo Lidiar Existosamente con Personas Pasivo-Agresivas” y “Guía Práctica para cambiar la Pasivo-Agresividad por un Yo Elevado“.

Categoría Uno: Hostilidad Verbal Encubierta

– Chismes negativos:

“¿Has visto las pintas que tiene la vecina?” ”Mis compañeros de trabajo son unos incompetentes.”

– Sarcasmo:

“Pensaba que intentabas ser gracioso.” “Hace mucho tiempo que no oía algo tan inteligente.”

– Ataques hostiles velados disfrazados de bromas:

“¿Vas a salir así?” “¿Ese jarrón de verdad es para adornar?

– Burlas repetitivas: con temas como la forma de hablar, de vestir, la educación, la alimentación, el estilo de vida,…

– Orientación negativa hacia los demás:

“Ya lo hago yo porque tú no vas a saber”. “Esto mejor que lo haga otra persona porque tú no te aclaras”.

– Una actitud crítica y perfeccionista hacia todo:

“La fiesta podía haber estado mejor organizada”. “Te voy a enseñar a planchar las camisas”. “La muy impresentable llegó 10 minutos tarde a la reunión”.

Categoría Dos: Hostilidad Relacional Encubierta

  • Estrategias de desgaste: hacer algo de forma deliberada sabiendo que se trata de un comportamiento que enfada a la otra persona, como por ejemplo un compañero de piso que pone la música alta sabiendo que esto es algo que molesta a los otros o un compañero de trabajo que espera hasta el último momento para entregar algo a otro que a su vez tiene un plazo para hacerlo llegar al jefe.
  • El tratamiento de silencio: supone guardar silencio frente a un conflicto, como una estrategia de desgaste o de “castigo” frente a la otra persona, negándose a reabrir la comunicación y al mismo tiempo negando el silencio cuando la persona es confrontada acerca del mismo.
  • Negligencia deliberada, por ejemplo, un trabajador que es muy eficiente y comienza a ser pasivo y cometer muchos errores a propósito para que le echen de la empresa.
  • Dobles mensajes. Es una estrategia para confundir a la otra persona y donde hay una necesidad concreta que el que lanza los mensajes quiere cubrir. Por ejemplo, una persona que a veces da a entender a otra que lo que tienen es una relación de amistad y otras se comporta como si quisiera una relación sentimental. La necesidad que está debajo de este comportamiento es la de que se le preste atención y sentirse deseado sin tener intimidad real.
  • Sorpresas negativas o incómodas: por ejemplo, la pareja que invita a casa a los padres de la otra sabiendo que hace años que no se hablan.
  • Dañar algo o alguien de importancia para la persona objetivo. Por ejemplo, un amigo que se mete con el aspecto del perro de otro porque sabe que ese perro es muy importante para él/ella.

Hostilidad Encubierta en la Gestión de Tareas

  • Procrastinación de las tareas asignadas o a las que la persona se ha comprometido. Por ejemplo, un compañero de piso que, a raíz de un conflicto, no limpia más las zonas comunes y cuando se le pregunta sobre ello, lo niega. O un marido que es el que se encarga de pagar las facturas y deliberadamente lo retrasa.
  • Retener recursos o información. Por ejemplo, un jefe que, de forma deliberada, no contesta los e-mails, los mensajes ni las llamadas de un empleado.
  • Romper un acuerdo al que se ha llegado sobre algo de forma deliberada. Por ejemplo, no cumplir con los acuerdos de la custodia compartida para hacer daño a la ex pareja.
  • No completar o arruinar una tarea. Por ejemplo, un padre que tiene que ayudar a su hijo a estudiar para un examen y no lo hace de forma deliberada para hacer daño a la madre, de la que está divorciado.

Categoría Cuatro: Hostilidad hacia otros a través del auto-castigo (Actitud “Yo te enseñaré”)

  • Dejar la relación sin avisar y sin dar explicaciones, lo que se denomina descartar en el ciclo de abuso.
  • Exagerar o imaginar temas de salud.
  • Hacerse la víctima.
  • Debilidad deliberada para obtener simpatía y cuidados.
  • Autolesiones.

Muchas personas pasivo-agresivas sufren reveses personales a lo largo de sus vidas por este comportamiento. Las consecuencias negativas de la agresión pasiva pueden incluir algunas de los siguientes:

  • Múltiples problemas de comunicación y relación debido a la falta de voluntad o la incapacidad de la persona para participar en un diálogo constructivo.
  • Enajenación personal y/o profesional de otros, sintiéndose desilusionados, decepcionados, traicionados, manipulados o saboteados.
  • Mala reputación personal por falta de confianza, credibilidad, confiabilidad y autenticidad.
  • La persona pasivo-agresiva puede experimentar “infelicidad silenciosa pero persistente” en la vida por la negación de los problemas, la supresión de las emociones y la falta de voluntad para manejar los problemas.

La sanación de los comportamientos pasivo-agresivos de una persona incluye reconocer y gestionar su rabia, aprender a comunicarse de forma asertiva y responsabilizarse de su comportamiento en lugar de proyectarlo en los demás. Estas cuestiones, que se pueden sanar con psicoterapia, pueden llevar tiempo y requieren de paciencia y compasión con uno mismo. Si quieres saber cómo dejar de ser codependiente emocional, identificar tus comportamientos pasivo-agresivos y cambiarlos puede ser un excelente primer paso.

Fuente: https://www.psychologytoday.com

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La Constancia del Objeto: Porqué los Adultos nos Sentimos Abandonados cuando una Relación Termina

El Apego

Aunque los comportamientos de tira y afloja en nuestras relaciones actuales parecen ser provocados por la pareja, el amigo, el jefe,… en realidad son el resultado de los viejos temores que arrastramos desde la infancia.

La ansiedad es una parte normal de estar en una relación íntima. Por lo general, se presenta en dos formas: el miedo al abandono y el miedo a ser engullidas. A parte de nosotros nos preocupa que si nos entregamos al amor, seremos abandonados. Por otro lado, tememos que si alguien se acerca demasiado, no podremos ser nosotras mismas o no podremos irnos si queremos.

Este artículo se centra en el miedo al abandono, que, en su mayor parte, podría manifestarse como un sentimiento persistente de inseguridad, pensamientos intrusivos, sentimientos de vacío, sensación inestable de uno mismo, apatía, necesidad, fluctuaciones extremas del estado de ánimo y frecuentes conflictos en las relaciones. Por otro lado, también se puede hacer frente cortando completamente y desconectándonos emocionalmente.

Los neurocientíficos han descubierto que la respuesta de nuestros padres a nuestros comportamientos de búsqueda de apego, especialmente durante los dos primeros años de nuestra vida, codifica nuestro modelo de relacionarnos en el mundo.

Si en la infancia hemos tenido interacciones de apego saludables con un cuidador en sintonía, disponible y que nos ha cuidado, podremos desarrollar un sentido de seguridad y confianza. Si nuestros padres pudieron responder a nuestras llamadas de alimentación y consuelo la mayor parte del tiempo, hemos interiorizado el mensaje de que el mundo es un lugar seguro, de que cuando estemos en necesidad, alguien vendrá a ayudarnos. También aprenderíamos a calmarnos en los momentos de angustia, y esto forma nuestra capacidad de recuperación como adultos.

Si, por el contrario, el mensaje que nos dieron de niños fue que el mundo no es seguro y que no se puede confiar en las personas, esto afectaría a nuestra capacidad para lidiar con la incertidumbre, las decepciones y los altibajos en las relaciones.

La Constancia del Objeto

Muchas personas pueden soportar cierto grado de ambigüedad relacional y no ser consumidas por completo preocupándose por un posible rechazo. Cuando discuten con un ser querido, pueden recuperarse del evento negativo. Cuando no están físicamente a nuestro lado, tenemos la confianza subyacente de que estamos en sus pensamientos. Todo esto involucra algo llamado constancia del objeto: la capacidad de mantener un vínculo emocional con los demás, incluso donde hay distancia y conflictos.

La constancia del objeto se origina en el concepto de permanencia del objeto, una habilidad cognitiva que adquirimos alrededor de los 2 a 3 años de edad. Es la comprensión de que los objetos continúan existiendo incluso cuando no se pueden ver, tocar o sentir de alguna manera. Es por eso que a los bebés les encanta el cucú: cuando ocultas tu cara, piensan que deja de existir. Según el psicólogo Jean Piaget, quien fundó la idea, lograr la constancia del objeto es un hito en el desarrollo de una persona.

La constancia del objeto es un concepto psicodinámico, y podríamos pensar que es la equivalencia emocional de la permanencia del objeto. Para desarrollar esta habilidad, maduramos en la comprensión de que nuestro cuidador es simultáneamente una presencia amorosa y un individuo separado que podría alejarse. En lugar de tener que estar con ellos todo el tiempo, tenemos una “imagen interiorizada” del amor y cuidado de nuestros padres. Entonces, incluso cuando están temporalmente fuera de la vista, todavía sabemos que somos amados y apoyados.

En la edad adulta, la constancia del objeto nos permite confiar en que nuestro vínculo con aquellos que están cerca de nosotros se mantiene completo incluso cuando no están físicamente cerca, levantando el teléfono o respondiendo a nuestros mensajes de texto. Con la constancia del objeto, la ausencia no significa desaparición o abandono, sólo distancia temporal.

Como ningún padre/madre puede estar disponible y sintonizado el 100% del tiempo, todos sufrimos al menos algunas contusiones menores al aprender a separarnos e individualizarnos. Sin embargo, cuando una persona ha tenido cuidadores extremadamente incoherentes (ahora estoy y te ofrezco apoyo, ahora no, “no me molestes”), emocionalmente inaccesibles, o un comportamiento caótico, su desarrollo emocional podría haberse estancado a una edad temprana, sin tener la oportunidad de desarrollar la constancia del objeto.

Sin la constancia del objeto, uno tiende a relacionarse con los demás como “partes”, en lugar de un “todo”. Al igual que un niño que lucha por comprender a la madre como una persona completa que a veces recompensa y otras veces frustra, el adulto lucha por sostener la idea mental de que tanto él mismo como los demás tienen aspectos buenos y malos.

Las personas que no han desarrollado la constancia del objeto suelen experimentar las relaciones como poco confiables, ser muy vulnerables y muy dependientes del estado de ánimo del momento. Parece que no hay continuidad en la forma en que ven a su pareja: cambia y de un momento a otro y es “bueno” o “malo”. Se mueven en los extremos en lugar de tener una visión más completa y global.

Sin la capacidad de ver a las personas como una persona completa, se hace difícil evocar el sentido de la presencia del ser querido cuando no están físicamente presentes o cuando hay un conflicto. La sensación de estar sola o de sentirse agredida puede llegar a ser tan poderosa y abrumadora que evoca reacciones crudas, intensas y, a veces, infantiles.

Debido a que los orígenes de estas fuertes reacciones no son conscientes, parecería que fueran “irrazonables” o “inmaduras”. En verdad, si pensamos que actúan desde un lugar de trauma reprimido o disociado, y consideramos lo que sucede, es como si un niño de dos años se quedara solo o con un cuidador inconsistente: el miedo intenso, la rabia y la desesperación tendrían sentido.

De este sentimiento es de donde proviene el comportamiento de idealización-devaluación-descarte del ciclo de abuso. Esta idealización-devaluación-descarte puede darse tanto por parte de la persona que abusa como por parte de la víctima. Las dinámicas que se dan en el ciclo de abuso tienen que ver con la falta de la constancia del objeto. La idealización consiste en identificar a la persona querida con un ideal que no se corresponde de la realidad. La devaluación consiste en verla bajo una luz únicamente negativa, incidiendo en errores que cometa,… se trata de una visión que tampoco es realista. El descarte tiene que ver con un juego de poder, con ponerse por encima de la otra persona y con no poder dar un cierre a la relación, despedirse, soltar, honrando lo que ha habido. La persona que descarta niega el vínculo y no reconoce al otro como un igual al que le manifiesta lo que siente. El que descarta, como no aprende nada, repite. Tendrá una nueva relación en la que repetirá el ciclo de abuso.

El ciclo de abuso es una dinámica que se da en todas las relaciones con narcisistas, psicópatas y/o sociópatas, que tienen un retraso en su desarrollo personal y suelen ver a las personas de una forma parcial a lo “blanco” o “negro”. También las personas que están en el otro lado de la relación, que suelen ser codependientes, no han desarrollado la constancia del objeto. Si crees que esto también te ocurre a ti y te gustaría sanarlo, puedes hacerlo con una psicoterapeuta que sabe de narcisismo.

Sanando el Abandono Emocional en Adultos

Una gran parte del desarrollo de la constancia del objeto consiste en tener la capacidad de mantener las paradojas en nuestra mente. De la misma manera que el cuidador que nos alimenta también es el que nos falla, debemos enfrentarnos a la verdad de que ninguna relación o persona es “buena” o “mala” en su totalidad.

Si podemos mantener tanto los defectos como las virtudes en nosotros mismos y en los demás, no tendremos que recurrir a la defensa primitiva del “splitting” o el pensamiento blanco/negro. Si devaluamos a nuestra pareja, amigo, familiar,… porque nos ha decepcionado, también lo haremos con nosotras mismas.  El hecho de que no seamos perfectos todo el tiempo no significa no tengamos derecho a ser queridos.

La otra persona puede tener limitaciones y ser lo suficientemente buena al mismo tiempo. Podrían querernos y estar enfadados con nosotros al mismo tiempo.Es posible que necesiten distanciarse de nosotros a veces, pero la base del vínculo permanece sólida, esta ahí, no desaparece porque haya un desencuentro, malentendido o un conflicto.

El miedo al abandono es un exceso de poder porque nos devuelve al  trauma que llevamos desde la infancia, siendo entonces seres indefensos y vulnerables, siendo totalmente dependientes de quienes nos cuidaron. Pero debemos reconocer que nuestros temores ya no reflejan nuestra realidad actual. Aunque nunca hay una certeza y seguridad absolutas en la vida, ahora somos adultos y tenemos diferentes opciones y recursos personales.

Como adultos, ya no podríamos ser “abandonados”. Si una relación llega a su fin, son las consecuencias naturales de un desajuste en los valores, necesidades y caminos en la vida de dos personas.

Ya no podemos ser “rechazados”, ya que el valor de nuestra existencia no depende de las opiniones de los demás. Ya no estamos “atrapados”. Podemos decir no, establecer límites y alejarnos.

Como adultos resilientes, podríamos acunar al niño de 2 años dentro de nosotros que tenía miedo de que nos dejaran caer, aprender a permanecer dentro de nuestros cuerpos incluso con miedo sin disociarnos, y podemos mantener relaciones con otros incluso en medio de la incertidumbre, sin huir hacia la evitación y las defensas.

En lugar de quedarnos atrapados en una búsqueda de la “pieza que fatlta”,  o de sentir que tenemos un “defecto fatal”, llegamos a reconocernos como un ser completo e integrado, que puede dar y recibir amor y que tiene derecho a una vida  que no es perfecta pero sí plena y satisfactoria.

Así es como se sana el abandono emocional en adultos. Si quieres consultar este tema con una psicoterapueta que sabe de narcisismo, puedes hacerlo aquí.

Fuente: https://psychcentral.com

La Línea entre Mostrarse Vulnerable y Compartir Demasiado

Compartir información sobre nosotras mismas es parte de lo que forma los vínculos con otras personas. Sin embargo, si compartimos de más, podemos ser recibidas con un silencio incómodo y un cambio de actitud por parte de la otra persona. O puede ocurrir también a la inversa, que estamos hablando con un conocido que comparte con nosotras algo profundamente personal pero de una manera que la sentimos cargada de expectativas, a una profundidad que no estamos preparadas para ofrecer, que nos incomoda y que no se corresponde con el vínculo que tenemos con esa persona.

Hay una expresión para esto: compartir de más. Significa compartir información personal o confidencial, esperar apoyo emocional o intimidad incongruentes o inadecuadas para el contexto o nivel de confianza en las relaciones.

Mostrarse vulnerable consiste en exponer a otra persona o personas algo que constituye una dificultad para nosotros con la intención de comunicarnos y mejorar la relación con la persona con la que estamos compartiendo. Mostrarse vulnerable no es algo fácil, ya que supone mostrar al otro algo que es emocionalmente incómodo o displacentero, como vergüenza, culpa, rabia, dolor,… Es la única forma en la que algo que es una dificultad en una relación del tipo que sea, se puede acabar superando. Ejemplos de mostrarse vulnerable son:

  • A la pareja: “Cuando me hablas así, me recuerda a como me hablaba mi padre cuando me reñía y me hace sentir dolor y frustración”.
  • Al jefe: “Tengo dificultad con esta tarea y necesito un curso para reforzar mis conocimientos”.
  • A un amigo: “Cuando quedamos y llegas tarde de forma sistemática, me enfada porque creo que no soy importante para ti.”

Compartir de más puede parecer mostrarse vulnerable, pero no lo es. Es lo contrario.

Todos tenemos diferentes límites personales y niveles de comodidad, por lo que lo que parece apropiado a una persona puede no serlo para otra. Algunas personas se sienten bien buceando directamente en las cosas profundas, mientras que otras tardan un poco antes de sentirse cómodas compartiendo información más personal. Ninguno de estos enfoques es mejor o peor que el otro.

Sin embargo, las personas que han crecido en familias disfuncionales suelen tener un tema con la intimidad, con compartir de más y con mostrarse vulnerables. Le tienen miedo a la intimidad y a mostrarse vulnerables porque en su infancia, las muestras de esto no eran bien recibidas y se les atacaba, humillaba, despreciaba y/o etiquetaba de débiles. Por eso, de adultos suelen apartar/enterrar tener intimidad y mostrarse vulnerables con los demás.

Sin embargo, sigue habiendo una necesidad inconsciente de esto, que se manifiesta cuando comparten de más, contando algo sobre sí mismas que es demasiado íntimo para el contexto o proporcionando demasiada información personal a personas a las que apenas conocen y que podrían acabar utilizando esa información en su contra. Por otro lado, normalmente se pueden mostrar muy frías y distantes con los demás, no compartiendo nada en absoluto sobre sí mismas, completamente cerradas a lo que podría ser crear un vínculo sano con otra persona. En el fondo de lo que siente una persona que comparte de más, es la necesidad de pertenecer.

Si bien la persona que comparte en exceso puede sentirse momentáneamente más cerca de la persona con la que está compartiendo:

  • No se está auto-protegiendo al no interactuar con los límites apropiados, y
  • No está teniendo en cuenta el impacto que tendrá en los demás su conversación. Es un comportamiento contraproducente.

Vulnerabilidad vs Compartir Demasiado

La vulnerabilidad es una cualidad que acerca a las personas y las hace sentir más conectadas. Compartir demasiado provoca lo contrario. Es una experiencia incómoda e insatisfactoria para ambas partes. Puede dejar a la persona en el extremo receptor del intercambio excesivo desconcertada acerca de por qué la otra persona le está diciendo esto, impotente para darle el apoyo que desea o necesita, y/o cargada con demasiadas expectativas.

También deja expuesta a la persona que hace el intercambio excesivo: confía experiencias personales e información a alguien que no conoce, y si no obtiene la validación y la reciprocidad que busca, termina sintiéndose abandonada.

Brené Brown escribe en su libro “Daring Greatly” cómo la valentía de ser vulnerables tiene el poder de transformar la forma en que vivimos, “Compartir de más no es mostrarse vulnerable. De hecho, a menudo resulta en la desconexión y la desconfianza”.

Usar la vulnerabilidad no es lo mismo que ser vulnerable. Es lo opuesto, es una armadura.

Cuando estamos “siendo vulnerables” con un motivo ulterior, estamos siendo manipuladores. Cuando sólo somos vulnerables, estamos siendo auténticos. Y ser auténtico es la forma en que realmente desarrollamos una sincera intimidad con otra persona.

Cómo dejar de Compartir en exceso y atenerse a la Vulnerabilidad

Brené ofrece una selección de preguntas que podemos hacernos para dejar de compartir (y las consecuencias negativas) antes de que suceda. Estas preguntas son para las personas que se den cuenta de que tienden a compartir demasiado:

  • ¿Para qué estoy compartiendo esto?
  • ¿Qué resultado estoy esperando?
  • ¿Qué emociones estoy experimentando?
  • ¿Mis intenciones se alinean con mis acciones?
  • ¿Hay un resultado o respuesta que estoy esperando por parte de la otra persona?
  • ¿Esto que estoy compartiendo lo hago para conectar con la otra persona?
  • ¿Estoy realmente pidiendo a las personas en mi vida lo que necesito?
  • ¿Nuestra relación tiene la confianza suficiente para tener este tipo de tema de conversación?
  • ¿Cuáles son realmente mis expectativas aquí?

Fuente: http://www.becomingwhoyouare.net

¿Estás ejerciendo el Rol del Padre o la Hija en tu Relación de Pareja?

El rol de la madre y el hijo en la relación de pareja

Los conflictos que se dan en el ámbito de la pareja son complicados. Pero hay una dinámica que puede ser un poco más fácil de entender. Muy a menudo, las parejas experimentan problemas cuando una persona asume el papel de padre y la otra el papel de hija. Entender esta dinámica puede arrojar luz sobre cómo puede estar interfiriendo en tu relación y disminuyendo tu amor, respeto y atracción hacia tu pareja.

Muchos de nosotros podemos relacionarnos con los escenarios en los que uno de los compañeros está siendo padre, es decir, adopta el rol en el que es instructivo, superior o incluso disciplinario en su estilo de relación. Tienden a ofrecer muchos consejos o asistencia basados ​​en una inclinación general para cuidar o dirigir a la otra persona. Con frecuencia, pueden sobrepasar los límites y hacer demasiado por su pareja, a menudo viendo a la otra persona de manera crítica, como impotente o irresponsable. Un compañero paterno puede tener una tendencia a ser correctivo, diciéndole a la otra persona lo que “debe” hacer o “debería” haber hecho.

La pareja en un rol más infantil puede llorar, desmoronarse o usar estrategias pasivo-agresivas para salirse con la suya. A menudo se sienten victimizadas, impotentes y dependientes de su pareja. Pueden comportarse de maneras rebeldes o irresponsables, provocando a su pareja e incitando a la otra persona a intervenir y hacerse cargo. Cuando se enfrentan, la persona infantil puede sentirse fácilmente herida o enfadada, lo que es más probable que provoque una reacción “a lo padre” por parte de su pareja, que dentro de esta dinámica disfuncional, se lo tomará como una provocación o un “desacato” a su autoridad.

Es fácil ver cómo cualquiera de las personas atrapadas en esta dinámica agrede al otro, creando un ciclo repetitivo doloroso. Como la mayoría de los conflictos de pareja, es difícil culpar, porque ambas personas tienen quejas válidas sobre el otro. Lo mejor que se puede hacer en este caso es observar el patrón de comportamiento y reconocer las formas en que perpetuamos el ciclo ejecutando nuestra mitad. Para hacer esto, debemos observar los comportamientos específicos asociados con la dinámica padre-hijo, así como el comportamiento por el que podemos esforzarnos por disfrutar de una relación más sana y equitativa.

Si quieres ayuda para sobrevivir a padres narcisistas, quizás con este artículo te des cuenta de que para ti tu pareja es emocionalmente como tu padre/madre narcisista.

Dinámicas en una relación de pareja con los roles de padre e hija

Controlador vs Pasivo-Agresivo

  • Una persona en un rol infantil a menudo será más pasiva y dependiente, buscando ser dirigida por el otro o ser atendida por su pareja. Cuando esta persona está en un modo infantil, puede tender a desmoronarse y odiarse a sí misma o a malhumorase cuando se le da un feedback sobre su comportamiento.
  • Es más probable que una pareja que ejerce el rol de padre o madre se esfuerce y obligue a su pareja a hacer lo que “deben”. Una pareja paterna puede estar cerrada a otros puntos de vista, estar a la defensiva o incluso castigar cuando recibe un feedback sobre su comportamiento. Pueden contraatacar en relación a sugerencias o críticas que se les hacen.
  • Es útil para ambas personas tratar de permanecer no defensivas y con una actitud de apertura. En un modo adulto, ambas personas muestran curiosidad y están dispuestas a explorar las opiniones de su pareja, y ambas aceptan una crítica constructiva que puede ayudarles a crecer individualmente y en su relación.

Irracional vs demasiado racional/moralista

  • Una persona en un modo infantil a menudo es dominada por sus propias emociones, que la suelen llevar a perder la noción de lo que realmente está sucediendo o lo que más le interesa.
  • Una persona en el modo de padre/madre puede ir demasiado lejos al otro extremo, enfocándose excesivamente en ser “racional” a expensas de los sentimientos. Pueden volverse cínicos, críticos o moralistas, lo que frustra aún más a la pareja que se siente más activada emocionalmente.
  • Hay un equilibrio para ambas personas, que pueden esforzarse por ser racionales y estar en contacto con sus sentimientos. Idealmente, los adultos experimentan sus emociones, pero no se dejan llevar por ellas sino que las gestionan y se hacen responsables cada uno de las suyas.

Demasiado Directivo vs Sin Dirección

  • A una persona en el modo infantil le puede resultar difícil concentrarse o descubrir lo que quiere y cómo conseguirlo. Pueden operar como un “barco sin rumbo”, luchando por encontrar su camino.
  • Una persona paternalista puede abordar las actividades de manera más rígida o sin alegría, convirtiendo los deseos y metas en “deberes”, sin que haya ningún disfrute en lo que hace.
  • Cada persona, y la relación en sí, están mucho mejor cuando ambas partes se mantienen en contacto con sus deseos y necesidades individuales, formulando e implementando metas al tomar las acciones apropiadas para lograr satisfacer esos deseos y necesidades.

Poder Negativo Encubierto vs. Dominante

  • Alguien que asume un rol parental a menudo puede ser mandón. A veces, incluso puede llegar a abusar del poder, intimidando al otro a través de la rabia o la agresión.
  • Una persona que se siente como un niño en la situación puede intentar manipular al otro jugando a la víctima. Esta persona puede controlar a otros a través de la debilidad y puede desmoronarse en un esfuerzo por obtener lo que quiere.
  • Ambos patrones son destructivos. En lugar de afirmar el poder sobre el otro, cada persona debe esforzarse por tener un poder personal, en el cual ambos toman el control total de su existencia y cambian cualquier comportamiento que no les guste. Si desarrollan un sentido de poder personal, ambas personas se sentirán más fuertes en sí mismas y sabrán que pueden dirigir sus propias vidas.

Cuando las parejas comienzan a darse cuenta de que se están involucrando en estos patrones, tienen la tendencia de culpar al otro o a pensar que terminar la relación es la mejor solución. Sin embargo, si simplemente exteriorizamos el problema o dejamos de intentar mejorar nuestra relación, nunca cambiaremos el problema subyacente de nuestras propias defensas. Y en las relaciones futuras, tenderemos a recrear rápidamente la misma dinámica. Sin embargo, para romper este ciclo en una relación actual o evitar que se repita en una relación futura, podemos reconocer nuestros propios comportamientos y que podemos cambiar los ciclos perjudiciales cambiándonos a nosotros mismos.

Necesitamos comenzar con la compasión por nosotras mismas. Nuestra tendencia a actuar como niños o padres surgió de las defensas que formamos para adaptarnos y sobrevivir en nuestras infancias. En familias disfuncionales como la familia narcisista, es muy frecuente la práctica de infantilizar a los hijos cuando ya no son niños o de parentificarlos, inviertiendo el rol que les corresponde de forma natural.

Es posible que estas adaptaciones nos hayan servido para sobrevivir en la infancia, pero nos están perjudicando y limitando en nuestras relaciones adultas. Cuando nos involucramos en el comportamiento paterno o infantil, estamos perpetuando una dinámica poco sana. Sin embargo, conocer las formas en que nos involucramos en estos patrones y cambiarlos activamente puede realmente transformar nuestra relación. Es posible que nos cause ansiedad el hecho de mostrarnos vulnerables al hablar de estas dinámicas, lo cual supone renunciar a las defensas de nuestro pasado y mostrarnos como adultos abiertos con nuestra pareja. Pero al hacerlo, creamos una oportunidad real de lograr el amor y la cercanía que decimos que queremos.

Si estás en una relación con dinámicas de este tipo, recuerda que la otra persona que está en el rol opuesto, te hace de espejo a tu propio rol y que cada relación es una oportunidad para cambiar tu comportamiento y tu forma de estar en ellas. Las dinámicas que no se sanan en una relación, de un modo u otro, se repetirán en tu vida.

Nota: Hay que tener en cuenta que el artículo está enfocado en las relaciones de pareja pero estas dinámicas padre/hija, madre/hijo, padre/hijo, madre/hija se pueden dar en otros contextos en los que hay un vínculo, como las relaciones de amistad, de trabajo, de familia, de convivencia en un piso,…

Si quieres ayuda para sobrevivir a padres narcisistas, te invito a que te hagas esta pregunta: ¿En cuántas de tus relaciones ejerces como el padre o la hija de la relación?

Fuente: https://www.psychologytoday.com