El Defecto Fatal

  • Andrea, de 23 años, teme en el fondo que si permite que alguien se acerque lo suficiente para ver a la verdadera Andrea, no le gustará lo que ve.
  • Jaime observa a las personas que caminan por la calle riendo y hablando, y se pregunta qué tienen que él no tiene.
  • Cristina, una empresaria consumada, secretamente se siente fuera de lugar dondequiera que vaya.
  • Laia se esfuerza en todo lo que hace, es una perfeccionista que nunca está satisfecha con nada en su vida y no deja que nadie la conozca en profundidad.

Aunque parezca que cada una de estas personas está luchando con un problema diferente, todas estas luchas secretas y dolorosas provienen de la misma raíz común. Andrea, Jaime, Cristina y Laia creen en su fuero interno que “algo está mal en ellos”. A esta creencia algunos terapeutas la llaman el defecto fatal.

 

El defecto fatal, en las personas que lo sienten, hasta que empiezan terapia, puede resultar muy difícil de detectar. Se trata de algo que está de fondo, un sentimiento profundo de inadecuación que causa mucho dolor a la persona y que, inconscientemente, trata de esconder frente a los demás porque cree que, si lo descubren, los alejará. Se trata de una mezcla de vergüenza, culpa y rabia dirigida hacia uno mismo.

El defecto fatal realmente no existe. No es una cosa real, pero sí un sentimiento real. Es un sentimiento cuyo poder proviene de ser insidioso, invisible e innombrable. Es un sentimiento que puede perseguir a una persona a lo largo de su vida, sin revelarse nunca.

Miremos más de cerca la infancia de Andrea, Jaime, Cristina y Laia para ilustrar cómo cada uno llegó a tener su propia versión personal del defecto fatal.

Los padres de Andrea eran adictos al trabajo. Personas exitosas y ambiciosas que querían a sus hijos pero que no tuvieron tiempo para conocerlos. Andrea fue criada por niñeras que iban y venían. Andrea, en esencia, creció en un vacío emocional, sintiendo que sus padres no la conocían realmente. Ante su falta de atención e interés, el cerebro de su hija procesó esto como: «No soy digna de que me conozcan». Como adulta, anticipó el rechazo en todas las relaciones, desarrollando contradependencia y alejando a las personas por miedo a la intimidad.

Jaime era hijo único de dos padres deprimidos. Sus padres lo quisieron e hicieron lo posible por cuidarlo y criarlo. Tenía una bonita casa y mucha comida y ropa. Pero emocionalmente, su infancia se empobreció. Debido a su depresión, los padres de Jaime no tenían mucha energía ni para ellos mismos. Les quedaba muy poca para su hijo.

Cuando Jaime tenía un problema con sus amigos, no se lo contaba a nadie. Cuando obtenía sobresalientes en matemáticas, a nadie parecía importarle demasiado. Jaime creció sin compartir con nadie su dolor o su alegría. Creció careciendo de la conexión emocional con los demás que hace que la vida sea estimulante y significativa. Como adulto, vivió su vida con una escasez de este ingrediente principal: conexión emocional.

Cristina creció en una gran familia de clase trabajadora, caótica pero amorosa. Las personas de su familia eran esencialmente «ciegas a las emociones». No compartían, expresaban, advertían ni respondían a la emoción. Nadie en el mundo de Cristina cuando era niña sintonizaba con sus sentimientos. Cristina no tuvo ningún referente que le enseñara cómo reconocer, leer, tolerar, expresar o gestionar sus propios sentimientos (o los de los demás). Cristina tuvo éxito en el mundo de los negocios porque es inteligente, enérgica y motivada, pero no tiene inteligencia emocional. En situaciones sociales, se siente fuera de lugar y tiene ansiedad.

Los padres de Laia eran un narcisista y una codependiente. Su padre la escogió, cuando era muy pequeña, como el chivo expiatorio de la familia y le daba constantemente mensajes de que “era un desastre” y “lo hacía mal”. La madre simplemente le seguía la corriente al padre. Éste se enfadaba o burlaba de forma inapropiada cuando Laia mostraba una emoción.

Laia creció pensando que las emociones eran algo que “sobraba” en ella y que, hiciera lo que hiciera, era un desastre que, antes o después, los demás descubrirían.

Los tres primeros ejemplos son los de personas que han sufrido abandono emocional y la cuarta, abuso emocional.

La buena noticia es que el defecto fatal puede solucionarse en la adultez.

Cuatro Pasos para Sanar el Defecto Fatal

  1. Reconoce que lo tienes, y que no es un defecto real. Sólo es un sentimiento.
  2. Encuentra las palabras para expresar tu propia versión única de «algo está mal en mí».
  3. Identifique la causa específica en tu infancia. ¿De qué manera fuiste descuidado/abusada emocionalmente? ¿Cómo causó tu defecto fatal?
  4. Comienza a trabajar en la aceptación de sus emociones y en reconocer cuándo tienes un sentimiento. Experiencia el sentimiento y ponlo en palabras. Si esto te resulta difícil, busca una terapeuta que sepa de emociones que te ayude.

Convertirte en una persona que gestiona sus emociones, que tiene autoestima y un buen equilibrio en sus relaciones de dar y recibir con los demás, hará que el “defecto fatal” que sientes, desaparezca.

Fuente: https://psychcentral.com

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La Autocompasión

Tener compasión por uno mismo no es diferente de tener compasión por los demás. La compasión NO es un pensamiento, es un sentimiento.

Primero, para tener compasión por los demás, debes notar que están sufriendo. Si ignoras a esa persona sin hogar en la calle, no puedes sentir compasión por lo difícil que es su experiencia.

Segundo, la compasión implica sentirse conmovida por el sufrimiento de los demás para que tu corazón responda a su dolor (la palabra compasión literalmente significa «sufrir con»). Cuando esto ocurre, sientes calidez, preocupación y el deseo de ayudar a la persona que sufre de alguna manera. Tener compasión también significa que ofreces comprensión y bondad a los demás cuando fallan o cometen errores, en lugar de juzgarlos con dureza. Finalmente, cuando sientes compasión por otra (en lugar de la mera piedad, en plan “pobre”, seguido de un suspiro), significa que te das cuenta de que el sufrimiento, el fracaso y la imperfección son parte de la experiencia humana compartida.

La Autocompasión implica actuar de la misma manera contigo mismo cuando estás pasando por un momento difícil, fracasas o te das cuenta sobre algo que no te gusta de ti mismo. En lugar de simplemente ignorar tu dolor con una mentalidad rígida, te detienes a decirte a ti misma «Esto es difícil en este momento para mí, ¿cómo puedo consolarme y cuidarme en este momento?»

«Esto es difícil en este momento para mí, ¿cómo puedo consolarme y cuidarme en este momento?»

En lugar de juzgar y criticarte sin piedad por diversas inadecuaciones o deficiencias, la autocompasión significa que eres amable y comprensiva cuando te enfrentas a fracasos personales. Después de todo, ¿quién dijo que se supone que tienes que ser perfecta?

Quizás lo más importante es que tener compasión por ti mismo significa que honras y aceptas tu humanidad. Las cosas no siempre irán como quieres. Encontrarás frustraciones, habrá pérdidas, cometerás errores, te toparás con tus limitaciones y no cumplirás tus ideales. Ésta es la condición humana, una realidad compartida por todos nosotros. Cuanto más abres tu corazón a esta realidad en lugar de luchar constantemente contra ella, más podrás sentir compasión por ti y por todos las demás personas en la experiencia de la vida.

Los tres Elementos de la Autocompasión

  1. Auto-bondad vs. Auto-juicio.

    La Autocompasión implica ser cálidas y comprensivas con nosotras mismas cuando sufrimos, fracasamos o nos sentimos inadecuadas, en lugar de ignorar nuestro dolor o flagelarnos con la autocrítica. Las personas con autocompasión reconocen que ser imperfecta, fallar y experimentar dificultades en la vida es inevitable, por lo que tienden a ser amables consigo mismas cuando se enfrentan a experiencias dolorosas en lugar de enfadarse cuando la vida no cumple con los ideales establecidos. Las personas no siempre pueden ser ni obtener exactamente lo que quieren. Cuando esta realidad se niega o hay resistencia al dolor, aumenta en forma de estrés, frustración y autocrítica. Cuando esta realidad es aceptada con simpatía y amabilidad, se experimenta una mayor paz emocional.

  2. Humanidad común frente a Aislamiento.

    La frustración porque las cosas no salgan exactamente como queremos a menudo va acompañada de una sensación de aislamiento irracional pero penetrante, como si el «yo» fuera la única persona que sufre o comete errores. Nada más lejos. Todos los seres humanos sufren. La misma definición de «humano» significa que uno es mortal, vulnerable e imperfecto. Por lo tanto, la autocompasión implica reconocer que el sufrimiento y la insuficiencia personales son parte de la experiencia humana compartida, algo por lo que todos pasamos en lugar de ser algo que a «mí» me sucede solo.

  3. Mindfulness vs. Sobre-Identificación.

    La Autocompasión requiere una gestión equilibrada de nuestras emociones para que no sean ni suprimidas ni exageradas. Esto se consigue relacionando las experiencias personales con las de otros que también están sufriendo, poniendo así nuestra propia situación en una perspectiva más amplia. También se consigue con la voluntad de observar nuestros pensamientos y emociones negativos con apertura y claridad, para que se mantengan conscientes. Esto es, experimentarlas y transitarlas como una parte natural de la vida. La atención plena es un estado mental receptivo y sin prejuicios en el que uno observa los pensamientos y sentimientos tal como son, sin tratar de suprimirlos o negarlos. No podemos ignorar nuestro dolor y sentir compasión por él al mismo tiempo. Al mismo tiempo, la atención plena requiere que no nos identifiquemos demasiado con nuestros pensamientos y emociones porque no somos eso, somos mucho más. Piensa en tus pensamientos y emociones negativas como olas que puedes surfear. No se trata de ignorar la ola (porque te va a mojar) ni tampoco de dejar que te arrastre (porque tú eres mucho más que esa ola). Simplemente, surféala sabiendo que después de ésta vendrán muchas más.

La meditación y el mindfulness te ayudarán a ser más compasivo contigo mismo. También hablarte a ti mismo como el niño que fuiste, hablándole a tu niño interior herido, del que ahora cuidas y al que proteges.

Fuente: https://self-compassion.org/

¿Eres un(a) «Outsider»? ¿Te gustaría cambiar esto?

Un «outsider» es una persona que se considera a sí misma poco convencional, que rechaza las tradiciones y lo establecido. Pueden ser extravagantes y denominarse a sí mismos como «raros». No les gusta lo que tiene que ver con las masas y su identidad es fruto de sus propias reflexiones y experiencias vitales.

En muchas ocasiones, lo que hay por debajo de esto es un sentimiento de no pertenecer, que tiene que ver cómo estas personas se sintieron en sus familias de origen en su infancia.

Situaciones de infancia que dan lugar a un Adulto “Outsider”

  • El niño que es física y/o emocionalmente diferente de los otros miembros de la familia. Por ejemplo, un niño que es muy empático cuando el resto de los miembros o casi todos tienen rasgos narcisistas o Trastorno Narcisista de la Personalidad.
  • La niña que se parece mucho a una persona a alguien cuya madre siente resentimiento. Por ejemplo, una niña que se parece mucho a su abuela materna, cuya madre sentía por ella rechazo porque creía que había sido negligente y cruel con ella. Esta niña se convierte en el objeto de la ira y el resentimiento profundamente enterrados que su madre nunca expresó cuando era niña, pero ahora está dirigiendo a su propia hija.
  • El niño que es abandonado emocionalmente porque los padres culpan al niño por haber nacido. Por ejemplo, las parejas en las que la madre se queda embarazada muy joven, la pareja se casa por obligación o por presiones familiares/sociales y uno o ambos culpan a su hijo por el cambio de vida y lo que han tenido que sacrificar para tenerle.

Otros posibles escenarios incluyen:

  • Secretos de familia que requieren que los miembros, particularmente los niños, no hablen sobre ello y vivan en la negación. Esto les hace sentir como extraños en su propia familia, ya que perciben que “algo está mal” pero no se les permite expresarlo. Esto les hace sentir un profundo sentimiento de extrañeza respecto de su familia de origen. Ejemplos del secreto son que un miembro es adicto a una sustancia, que hay abuso (emocional, psicológico, sexual y/o físico) dentro de la familia,..
  • Los padres o uno de ellos hacen incesto emocional con la niña poniéndola en el papel de su pareja. También puede ocurrir que se la infantilice, tratándola como a una niña cuando ya es adulta.
  • El niño es objeto de acoso en el colegio y cuando lo comunica, no se le toma en serio o se le obliga a negarlo.
  • En las familias narcisistas, muy frecuentemente, una de las niñas es escogida para ejercer el rol del “chivo expiatorio”, sobre quien el padre o madre (que es la/el que le ha asignado el rol) vuelca rabia que no sabe gestionar y sobre quien proyecta su perfeccionismo y odio hacia sí mismo/misma.
  • El niño tiene un sexo/físico/intelecto diferente al deseado por los padres.

¿Te reconoces en algunas de estas situaciones de infancia?

Entonces quizás quieras dedicar un tiempo a reflexionar sobre los problemas de tu familia y cómo podrían haberte afectado. Reconoce que, como un niño, podrías haber sido incapaz de comprender a los adultos en tu mundo y  que, al pensar de la manera egocéntrica en que lo hacen los niños, asumiste que la negatividad y/o confusión en las interacciones se debían a que “algo estaba mal en ti”, y no en tus padres/cuidadores.

¿Crees que tienes una herida grande debido a una falta de conexión con una figura de apego importante? Pregúntate si continúas metiéndote en situaciones en las que al final tienes que tener mucho cuidado (estás hipervigilante) o tienes miedo. Con estas experiencias al final lo que haces es repetir el trauma original. Lo que tienes a nivel emocional interno es “No conecto con la persona importante para mí”. Y lo que provocas de forma inconsciente es o bien tener relaciones con personas que están emocionalmente indisponibles o bien puede ser que sabotees tú la relación en forma de Profecía Auto-Cumplida.  

¿Crees que podrías haberte convertido en una «outsider» debido a una limitación en el desarrollo de la capacidad de estar sola? Winnicott escribió que esa capacidad se desarrolla cuando una niña experimenta la capacidad de estar sola en presencia de un padre/madre/cuidador(a) que le apoya. Esta capacidad de estar sola (que es sana) es diferente de sentirse sola o de ser retraída, que es como se sienten las niñas en presencia de un(a) padre/madre/cuidador(a) que está presente físicamente pero que no es percibido como un apoyo psicológico/emocional por la niña. Estas niñas, de adultas, perpetúan inconscientemente como se sintieron en la infancia y se convierten en «outsiders», al menos en parte por su falta de capacidad de estar solas. Esto es, emocionalmente están en modo “ermitañas”.

Sería importante para ti que desarrolles vínculos con  personas que te proporcionen relaciones positivas y de apoyo y que puedan ofrecerte un sentido de «presencia» de calidad. En este sentido, una relación de confianza con una terapeuta puede ser una ayuda valiosa.

Quizás te venga bien hacer una lista de las actividades que realmente te gusta hacer, cuáles son tus pasiones, cuáles son tus intereses, qué personas su compañía te hace sentir bien. Promueve en tu vida esas actividades y los vínculos con esas personas. Un grupo que te ofrezca un verdadero sentido de pertenencia y que cambie tu experiencia de infancia.

Fuente: https://www.psychologytoday.com

3 síntomas claves en Adultos que han sufrido Abandono Emocional en la Infancia

  1. No sueles obtener lo que Quieres a menos que sea por casualidad

    No saber lo que sientes hace que sea difícil saber lo que quieres. Eso es porque «querer» es un sentimiento, no un pensamiento. Hay personas muy talentosas y capaces que van a la deriva en sus vidas, tomando decisiones que no son del todo adecuadas para ellas, o que van a donde les lleve la marea. A veces obtienen lo que quieren, pero a menudo es una cuestión de suerte, no de elección. 

  2. No te conoces a ti Mismo

    Cuando estás desconectado de tus propios sentimientos, estás bloqueado de la parte más profundamente personal de lo que eres. Probablemente seas bueno percibiendo y cuidando a otras personas, pero no te prestas atención a ti mismo.

    De hecho, sigues reprimiendo tu verdadero yo exactamente de la misma manera en que tus padres, tal vez sin intención, te aplastaron cuando eras niño. Tienes heridas y triunfos, pérdidas y logros, dolores y amor, ira y placer, tristeza y alegría, todo dentro de ti. Si empiezas a escuchar, aprenderás quién eres en realidad. 

  3. Ocultas tu Luz

    Otras personas vislumbran tu luz, aunque probablemente no tengas idea de que la tienes. Lo has visto en el pasado, cuando te has sorprendido haciendo algo que creías imposible de hacer, te enfrentabas a un miedo, sentías una conexión con alguien importante para ti o te sentías vulnerable de una manera valiente. Si piensas sobre esto, lo recordarás.

    Tu luz es especial porque tú eres única. Es un producto de tus genes, tus emociones y tus experiencias de vida. Otras personas lo ven, aunque lo ocultes. Poniéndote al margen o tratando de permanecer invisible, evitando conflictos o teniendo miedo de «sacudir el avispero». Todas ellas son formas de ocultar tu luz.

    Tristemente, a medida que mantienes tu luz silenciada, estás retrasando ser tu verdadero yo. Lo que sientes «seguro» (tu zona de confort) es en realidad «oscuro» (no es tu verdadero yo, es el ego que has adoptado, lo que te has dicho que eres, pero en realidad no eres eso, eres mucho más).

La causa de todas estas luchas es simple: tus padres/cuidadores no respondieron lo suficiente a tus emociones en tu infancia. Esto es justo lo que puedes hacer de adulto para cambiarlo.

Puedes comenzar de inmediato simplemente prestando atención a tus sentimientos.

Tómate el tiempo para darte cuenta de cuándo sientes algo, aprende a nombrar lo que sientes y comienza a utilizar tus sentimientos para guiarte en tu vida.

Cuando haces el trabajo, puedes cosechar las recompensas. Gradualmente comenzarás a conocerte a ti misma, a obtener lo que deseas y a dejar que tu luz brille al fin 😊

Para saber si has crecido con abandono emocional, puedes hacer este test de la web de Jonice Webb, terapeuta especialista en abandono emocional.

7 Señales de que has crecido con Abandono Emocional

El abandono emocional en la infancia es simple en su definición y poderoso en sus efectos. Sucede cuando tus padres no respondieron lo suficiente a tus necesidades emocionales en la infancia.

El abandono emocional es una experiencia infantil invisible e inolvidable. Si no la haces consciente, puede colgar sobre ti como una nube, ensombreciendo toda tu vida adulta.

¿Qué hace que la negligencia emocional infantil sea invisible y que no se olvide a un nivel inconsciente?

Varios factores importantes:

  1. Puede suceder en familias amables y afectuosas, que no carecen de nada material.
  2. En segundo lugar, la falta de respuesta de tus padres no es algo que pasó en tu infancia. ES ALGO QUE NO SUCEDIÓ cuando eras niño. Tus ojos no pueden ver las cosas que no han sucedido. Y entonces tu cerebro no puede registrarlas. Años más tarde, ya de adulto, sientes que algo no está bien, pero no sabes qué es. Puedes mirar a tu infancia en busca de respuestas, pero no puedes ver lo invisible. Entonces, acabas asumiendo que “algo es está mal en ti”. «Soy diferente de otras personas. Me falta algo. Soy imperfecto «. No es tu culpa. Y hay respuestas. Se puede sanar.

7 Señales de que has crecido con Abandono Emocional en la Infancia

  1. Sentimiento de vacío. El vacío se siente de forma diferente para las personas. Para algunas, es una sensación de vacío en el vientre, en el pecho o en la garganta que aparece y desaparece. Para otras, es un entumecimiento en todo el cuerpo.
  2. Miedo a ser dependiente. Una cosa es ser un tipo de persona independiente. Pero sentirse profundamente incómoda al depender de alguien es otra cosa completamente diferente. Si no sueles pedir ayuda, apoyo o cuidado de los demás, puedes tener este temor.
  3. Autoevaluación poco realista. ¿Te resulta difícil saber de lo que eres capaz? ¿Cuáles son tus fortalezas y debilidades? ¿Qué te gusta? ¿Qué deseas? ¿Qué es lo que te importa? Tener dificultades para responder a estas preguntas es una señal de que no te conoces bien.
  4. Sin compasión para ti misma pero mucha para los demás. ¿Eres más dura contigo misma que con un amigo? ¿Los demás te hablan de sus problemas pero para ti es difícil compartir los tuyos?
  5. Culpa, vergüenza y rabia dirigida hacia ti mismo. Algunas personas tienen la tendencia emocional de sentir culpa y/o vergüenza cada vez que ocurre algo negativo en sus vidas. ¿Te sientes avergonzado de cosas de las que la mayoría de las personas no se avergonzarían? ¿Cosas como tener necesidades, cometer errores o tener sentimientos?
  6. Sentirse fatalmente defectuosa. Éste es el sentimiento profundo del que hemos hablado más arriba. Sabes que algo anda mal en tu vida, pero no puedes precisar de qué se trata. «Soy yo», te dices a ti misma, y sientes que es verdad. «Soy diferente de las demás personas». «Algo está mal conmigo». ”Me siento como un alien”.

    «Soy diferente de las demás personas». «Algo está mal conmigo». ”Me siento como un alien”.

  7. Dificultad para sentir, identificar, gestionar y/o expresar emociones. ¿Tienes arrebatos de rabia inesperados? ¿Te cuesta expresar emociones? ¿Piensas en las emociones como algo “infantil”, “femenino” o “de débiles”?

Los padres que menosprecian, no entienden o ignoran las emociones de sus hijas, inadvertidamente transmiten un poderoso mensaje subliminal a la niña:

Tus sentimientos no importan

Para sobrellevar esto, la niña, de forma inconsciente, reprime sus emociones, para evitar que se conviertan en un problema con su familia. Si esto no se trata en terapia, la adulta repite lo aprendido y por ello vive sin suficiente acceso a sus emociones.

Tus emociones te dirigen, te guían, te informan, te conectan y te enriquecen. Tus emociones te informan de lo que te importa, de lo que es mejor que te alejes o de lo que ya no sirve para ti.

Poner palabras a tus emociones tiene un enorme poder. Decir frases como “Esto me frustra”, “Me has hecho daño” o “Estoy enfadada” es como inyectar gasolina en el motor que es tu cuerpo. Intentar vivir como si no tuvieras emociones es como intentar que el coche funcione sin esa gasolina. Estando vacío.

“Esto me frustra”, “Me has hecho daño”, Estoy enfadada”

Las emociones se encuentran en el cerebro, más concretamente en el sistema límbico. Están en la parte profunda, mientras que el neocórtex, que se encarga de los pensamientos está en la parte más superficial.

En el seno de muchas familias (disfuncionales o no) las emociones están condenadas, obligando a sus miembros a suprimirlas, ignorarlas, disimularlas,… de todo menos gestionarlas. Intentar vivir sin hacer caso a tus emociones es algo así como intentar hacer una travesía en un lugar que no conoces sin un GPS.

Si te interesa ampliar la información sobre el abandono emocional, te recomiendo el libro “Running on Empty”, de Jonice Webb.

Fuente: https://blogs.psychcentral.com

El Rencor

El Rencor es la prueba de que algo todavía te importa

Psicológicamente, guardar rencor significa que esa persona te sigue importando profundamente. Tus sentimientos hacia esa persona son muy negativos, pero sigues muy involucrado emocional y psicológicamente en la situación.

En un episodio de ‘Frasier’, Niles dice algo como:

Un hombre sabio dijo una vez que el odio no es lo opuesto al amor, es el desinterés

La neurociencia también está de acuerdo con esto. Cuando pensamos en alguien a quien queremos se activan los mismos caminos neuronales que cuando pensamos en alguien a quien odiamos.

El tema es que si guardas rencor a alguien, puedes haberte convencido a ti misma de que no te importa en absoluto, de que ya no vale más tu tiempo y tu energía. Pero tu propio comportamiento te traiciona. Tu rencor significa que esa persona no ha abandonado tu espacio psíquico en absoluto, que todavía hay millones de vínculos invisibles que te conectan a ella. Por lo general, no pensamos mucho ni nos involucramos emocionalmente en personas que realmente no nos importan. El rencor significa que todavía te importa.

Conflicto no Resuelto

El rencor significa un conflicto no resuelto, no sólo en la relación en sí, sino en el mundo privado de tu psique. El rencor es una Gestalt abierta que debe cerrarse antes de que puedas entrar en el mundo y las relaciones con tu atención psicológica y emocional completa, en lugar de permitir que gran parte de esa atención psicológica y emocional se desvíe a una relación pasada conflictiva que todavía está viva en tu presente porque lo está dentro de ti.

De una forma u otra, debes abordar tu rencor para poner fin a tu conflicto psíquico y emocional. Puede que no parezca que el rencor está afectando negativamente a tu vida, pero lo está, colorea negativamente tu experiencia.

No podemos aferrarnos a un montón de conflictos emocionales y psicológicos no resueltos y ser realmente felices, es imposible. La felicidad es el resultado de estar completamente presente y relativamente libre de pensamientos y emociones en conflicto. Tomamos la decisión de interactuar con un objeto deseado con todo nuestro ser  y el resultado de esta conexión es la felicidad. Un rencor de larga duración se interpone en tu capacidad de interactuar con cualquier persona con todo tu ser, ya que llevas tu conflicto psíquico y emocional a cada nuevo encuentro.

Reconciliación o Cierre

Es saludable avanzar hacia la compasión, el perdón y, con un poco de suerte, la reconciliación, pero si eso es imposible por alguna razón, lo importante sigue siendo trabajar en el conflicto, despedirse y seguir adelante. Se necesita algún tipo de resolución, de cierre.

Es posible que hayas oído decir que guardar rencor es como beber veneno y esperar que la otra persona se enferme.

Tú eres el único que soporta el dolor psicológico y emocional que implica tu rencor y si deseas mejorar tu salud mental y tus posibilidades de una vida en la que haya relaciones saludables, debes decidir que ahora es el momento de cerrar.

Cerrar tiene que ver con soltar, con agradecer de lo aprendido y seguir con tu vida en la que das espacio a otro tipo de experiencias y relaciones.

Consejos para Ayudarte a Cerrar

  • Escríbele una carta a esa persona explicándole tus sentimientos hacia ella y cómo te hizo sentir la relación y el conflicto que tuvisteis. Después tírala o quémala.
  • Agradece lo aprendido de la experiencia. Todas las experiencias, especialmente las negativas, nos enseñan y nos hacen personas más sabias. Si has tenido que aprender tu lección de una forma desagradable, pregúntate qué hiciste tú para acabar en esa situación/experiencia/relación y perdónate.
  • Meditar te ayudará a ejercitar la compasión hacia ti mismo.
  • Recuerda que lo que retienes, te ata. Lo que aceptas, te libera.
  • Todo en esta vida es mutable e impermanente. Tú también. Sólo tienes que creerlo.
  • La agresividad, la rabia, el rencor, la venganza,…hacia otras personas hablan de una actitud de lucha contigo mismo. Cerrar te dará paz.
  • Pregúntate cuál es la Gestalt inconclusa que hace que no puedas cerrar ese conflicto. Hacerte consciente de ella te dará pistas de lo que hay debajo, una herida más profunda, que es la que en realidad necesitas sanar.

 

Fuente: https://evolutioncounseling.com

Qué es el Refuerzo Intermitente y cómo interviene en el Abuso

Flores después de días del tratamiento de silencio. Lágrimas de cocodrilo después de semanas de brutales insultos. Un regalo inesperado después de un ataque de ira. Un momento repentino de ternura después de horas de comentarios críticos. ¿Qué tienen todos estos gestos en común? En el contexto de una relación abusiva, todas son demostraciones de refuerzo intermitente, una peligrosa táctica de manipulación utilizada por el abusador(a) para mantener el vínculo con la víctima.

El psicólogo B.F. Skinner descubrió que si bien el comportamiento a menudo está influenciado por recompensas o castigos, hay una manera específica en la que se otorgan recompensas que pueden causar que ese comportamiento persista durante largos períodos de tiempo, haciendo que ese comportamiento sea menos vulnerable a la extinción. Las recompensas periódicas y predecibles para un cierto comportamiento en realidad producen menos de ese comportamiento en el tiempo que un calendario incoherente de recompensas.

Este psicólogo hizo experimentos con ratas a las que se les recompensaba con alimentos. Resultó que las ratas presionaban una palanca para obtener alimentos de manera más constante cuando no sabían cuándo vendría el siguiente comprimido de alimento que cuando siempre recibían el comprimido después de presionar la palanca (lo que se conoce como refuerzo continuo).

En términos sencillos, cuando sabemos la recompensa después de tomar una determinada acción, tendemos a trabajar menos por ella. Sin embargo, cuando el momento de la recompensa o la certeza de que lo obtendremos es impredecible, tendemos a repetir ese comportamiento con aún más entusiasmo, con la esperanza del resultado final. Disfrutamos la alegría de una recompensa «duramente ganada» mucho más.

El poder del refuerzo intermitente radica en el poder de la incertidumbre. La víctima de abuso tiene dudas sobre el abuso porque generalmente hay momentos de afecto, disculpas y falso remordimiento involucrados. Aquí es donde interviene el refuerzo intermitente.

El Abuso y el Refuerzo Intermitente

Casi siempre hay un refuerzo intermitente cuando se trata de una relación con un(a) narcisista maligno, psicópata y/o sociópata porque el abuso generalmente se mezcla con afectos periódicos en momentos impredecibles. El refuerzo intermitente funciona precisamente porque las «recompensas» (que pueden ser cualquier cosa, desde la efímera normalidad del afecto hasta la exhibición del remordimiento de la abusador(a)) se dan esporádicamente a la víctima durante todo el ciclo de abuso. Esto hace que la víctima trabaje más para mantener la relación tóxica porque desea desesperadamente volver a la «fase de luna de miel» del ciclo de abuso.

El refuerzo intermitente junto con los efectos del trauma aseguran que las personas se vuelvan «adictas» a la esperanza de cosechar su «recompensa» a pesar de la evidencia de que están arriesgando su propia seguridad y bienestar psicológico, emocional y quizás también físico.

La inestabilidad de la abusador(a) conduce irónicamente a sus víctimas a convertirse en una fuente de constante estabilidad para ellas

Este mismo fenómeno (aunque mucho más simplista) se muestra en el comportamiento de los jugadores en las máquinas tragaperras. A pesar de la baja probabilidad de ganar, los jugadores se vuelven «adictos» a invertir su dinero duramente ganado sólo por la posibilidad de un pago.

El Refuerzo Intermitente causa Adicción 

El refuerzo intermitente funciona a un nivel bioquímico. Cuando los momentos agradables son pocos y están muy espaciados en el tiempo, fusionados con la crueldad, los circuitos de recompensa del cerebro se ven alterados.

Cuando el placer es predecible, nuestros circuitos de recompensa se acostumbran a él y, de hecho, nuestro cerebro libera menos dopamina y serotonina a lo largo del tiempo cuando estamos con una pareja que nos trata bien. Se podría argumentar que, en muchos casos, el rechazo y el caos por parte de un compañero tóxico crea una adicción que es mucho más potente que la calidad predecible del amor «estable».

La dopamina es un poderoso neurotransmisor que hace que los cerebros de los enamorados (especialmente en relaciones dominadas por la adversidad) se asemejen a los cerebros de los adictos a la cocaína. Hay una privación de la hormona y una imprevisibilidad sobre cuándo y cómo volverá a «chutar» al cerebro. Esto hace que se convierta en algo muy preciado y que se «persigue» como sea. Viene a convertirse en la gasolina que mantiene «la máquina».

«La dopamina realmente fluye mucho más fácilmente cuando las recompensas son intermitentes. Así, o cuando ves a X, él/ella es amable contigo a veces, pero no siempre. Su gran falta de fiabilidad pone en marcha tus neuronas de dopamina «. Esto es lo que describe la Dra. Susan Carnell, Profesora Asistente en el Departamento de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento en la Universidad Johns Hopkins, en su artículo, «Bad Boys, Bad Brains».

La percepción de “Pequeña Amabilidad” y Porqué la Víctima se Queda

Las abusadoras usan el afecto periódico o pequeños actos de bondad en su beneficio. Al emplear tácticas de lástima o dar a sus víctimas algo de afecto, un regalo, o simplemente la ausencia de su abuso de vez en cuando, su comportamiento positivo se amplifica a los ojos de sus víctimas.

La víctima se aferra a la esperanza de que estos pequeños actos de bondad son evidencia de la capacidad del abusador para cambiar o, como mínimo, la justificación de su comportamiento malicioso. La realidad es que se trata de excusas y juegos, no signos de redención. Estos períodos intermitentes de bondad rara vez duran. Están integrados en el ciclo de abuso como una forma de explotar aún más a las víctimas de abuso y manipularlas para que se queden.

Agravando el Trauma Bonding

Los abusadores pueden lastimar a la víctima deliberadamente sólo para aparentemente ir a su rescate. Actúan tanto de villano como de héroe. Con toda la manipulación y las mentiras y el refuerzo intermitente, se crea el delirio en la cabeza de la víctima de “Hemos pasado por tanto juntos…” cuando la realidad es que el abusador y la víctima no han pasado por nada juntos sino que ha sido el abusador el que ha ejercido el abuso/maltrato y la víctima lo ha aguantado, muchas veces racionalizándolo, minimizándolo o justificándolo.

Hemos pasado por tanto juntos…

El refuerzo intermitente se usa para fortalecer el vínculo traumático, un vínculo creado por la intensa experiencia emocional de la víctima que lucha por la supervivencia y busca la validación del/de la abusador(a). La víctima suele estar desgastada, aislada y “programada” para necesitar la validación del abusador para tener falsa autoestima.

Para cortar el vínculo traumático es esencial que la víctima de abuso busque apoyo y le quite espacio al abusador, ya sea en forma de Contacto Cero o Contacto Bajo en los casos de coparentalidad.

La manera más poderosa de sanar de la incertidumbre creada a partir del refuerzo intermitente es encontrarlo con la certeza de que se trata de un abuso que es muy perjudicial para la salud mental y emocional de la víctima.

Las supervivientes pueden beneficiarse si empiezan terapia con una terapeuta que sepa sobre el vínculo traumático para conectar de forma segura con su rabia por el abuso, lo que les permitirá mantenerse alejadas de su abusador(a) y “pisar el suelo” sobre la realidad del abuso que han experimentado. Aprender a identificar el patrón ayuda a interrumpir el círculo vicioso antes de que comience nuevamente.

Sólo cuando los supervivientes se permiten la complejidad de sus emociones hacia las abusadoras pueden reconocer plenamente que su inversión en sus parejas tóxicas tiene poco o ningún retorno positivo. En todo caso, ese retorno no es el que se merecen, como personas que son, dignas de amor verdadero, sincero y sano.

Fuente: https://thoughtcatalog.com

Miedo a la Intimidad

Hay muchas racionalizaciones para explicar la elección de permanecer emocionalmente distantes en las relaciones cercanas donde se requiere intimidad. Debajo de todas esas racionalizaciones, lo que realmente les sucede a las personas emocionalmente distantes suele ser lo mismo: tienen miedo de acercarse.

Han reprimido este miedo y las razones que lo explican, porque éstas son demasiado dolorosas para afrontarlas. A un nivel consciente, se venden a sí mismas esas racionalizaciones para que parezcan más plausibles e intentan hacer que los demás las acepten también, mientras que a un nivel más profundo, inconsciente, hay unas experiencias pasadas muy dolorosas que les llevan a comportase y vivir así. En realidad, están muy necesitadas de una conexión auténtica y sufren mucho por la falta de ella.

Algunas de esas racionalizaciones pueden ser:

Yo no necesito pareja. Estoy bien así.

Estoy centrado en mi trabajo.

Todos los hombres son iguales.

Mi vida no gira en torno a tener citas.

Las mujeres son malas.

Las verdaderas razones detrás de la elección de permanecer emocionalmente distantes casi siempre apuntan a la calidad del vínculo de la primera y más importante relación con el padre, la madre y/u otro cuidador. La apertura emocional por parte de la niña condujo a malas consecuencias de forma repetida en la relación con su padre/madre. Un ciclo tóxico en el que se manufactura la confianza por parte del cuidador(a) hasta que la niña baja la guardia, en ese momento el padre/la madre se comporta de forma abusiva con ella, que se vuelve a cerrar, y así una y otra vez.

En algún momento esa niña decidió solucionar su problema, simplemente dejando de preocuparse, dejando de querer conectar. Si todo ese dolor emocional es el resultado de exponerse, entonces me puedo proteger usando un escudo. Ya de adulta, sigue llevando ese escudo, dejando de invertir emocionalmente en cualquier vínculo que tenga el potencial de causar daño emocional. ¿Por qué seguir sometiéndose a eso?

Dijimos que las personas que tienen miedo de acercarse reprimen las verdaderas razones de su desapego emocional en la edad adulta. Esto se debe a que para el niño, el cuidador principal es un dios cuya perspectiva conlleva un tremendo peso psicológico y emocional. En otras palabras, si tu padre cree que eres inútil y no digno de ser amado, entonces debe significar que realmente no vales nada y no eres digno de amor.

Si mi padre cree que soy inútil y no digno de ser amado, esto debe significar que no valgo nada y no soy digno de amor.

Los adultos con desapego emocional generalmente no han trabajado completamente su ambivalencia hacia su padre/madre/ambos. Por un lado, todavía están desesperadas por el amor, la validación y, sobre todo, un espacio seguro para conectarse emocionalmente, mientras que, por otro lado, prácticamente los han puesto en su lista negra de personas non gratas. A un nivel más profundo, la ambivalencia se debe a la arraigada suposición inconsciente de que sus principales cuidadores fueron y siguen siendo dioses cuyas creencias son objetivas e imparciales (es decir, si papá dijo que era fea, ya de adulta, sigo pensando que soy fea) en lugar de seres humanos defectuosos cuyas creencias son subjetivas y tendenciosas.

Esto se acentúa si hablamos de familias narcisistas, donde el padre/madre narcisista ve a su hijo como una extensión de sí mismo, al que, básicamente, le pondrá lo que quiera. De hecho, si es el niño dorado, le pondrá sólo cualidades positivas, idealizándolo y si es el chivo expiatorio, lo denostará y rebajará, poniéndole sólo características negativas. No es una visión objetiva, este padre/madre no es capaz de ver a su hijo.

Lo que consiguen estas personas, al evitar la conexión emocional es quemarse, como lo que les sucedió en su infancia. Al final lo que se da es una profecía Auto-cumplida, ya que esa persona, en su fuero interno se sigue sintiendo no deseada y no digna de amor. La desconexión emocional es una estrategia de vida que ha ayudado al adulto a sobrevivir, a no tener que soportar la angustia que le produce el hecho de pensar que le va a ocurrir lo mismo que en su infancia si se acerca emocionalmente a alguien. Sin embargo, a largo plazo y entendiendo de dónde viene la desconexión emocional, dejando a un lado las racionalizaciones y excusas que la sostenía, no es sana porque conduce a un aislamiento físico y emocional. Los humanos somos mamíferos que estamos «diseñados» para conectar con nosotros mismos, con otras personas y con el mundo.

Traer a la conciencia los motivos psicológicos reales para la elección de permanecer emocionalmente desapegados y trabajar la ambivalencia hacia el padre/madre/ambos son pasos esenciales para volver a abrirse emocionalmente. Para avanzar hacia conexiones más satisfactorias.

https://evolutioncounseling.com

Las 3 Reglas en las Familias Disfuncionales

Si has crecido en una familia con tu padre/madre adicto, con un trastorno mental o abusiva, has crecido en una familia disfuncional. Con el tiempo, la familia comienza a girar en torno al mantenimiento del status quo: la disfunción. Las reglas y roles familiares rígidos se desarrollan en familias disfuncionales que ayudan a mantener el sistema familiar disfuncional y permiten que la adicta siga consumiendo o que el abusador siga abusando. Comprender algunas de las reglas familiares que dominan las familias disfuncionales puede ayudarte a liberarte de estos patrones y a reconstruir tu autoestima y formar relaciones más saludables.

¿Qué es una Familia Disfuncional?

Hay muchos tipos y grados de disfunción en las familias. A los fines de este artículo, la característica que define a una familia disfuncional es que sus miembros experimentan un trauma intergeneracional, que se pasa de padres a hijos si no se trata con terapia.

Los tipos de experiencias infantiles traumáticas a las que me refiero se llaman Experiencias Infantiles Adversas según el estudio ACE (Experiencias Adversas en la Infancia, por sus siglas en inglés) que incluyen alguna o varias de las siguientes experiencias durante la infancia:

  • Abuso físico
  • Abuso sexual
  • Abuso emocional
  • Descuido físico
  • Descuido emocional
  • Testigo de violencia doméstica
  • Un padre/madre/cuidador(a) que es adicto
  • Un padre/madre/cuidador(a) que tiene un trastorno mental (diagnosticado o no por un psiquiatra)
  • Padres que están separados o divorciados
  • Un padre/madre/cuidador(a) que está en la cárcel

Cómo funcionan las Familias Disfuncionales

Para prosperar, física y emocionalmente, los niños necesitan sentirse seguros, y confiar en un cuidador constante y que conecte con ellos para darles esa sensación de seguridad. En familias disfuncionales, los cuidadores no son coherentes ni están conectados con sus hijos.

Impredecibles, Caóticas e Inseguras

Las familias disfuncionales tienden a ser impredecibles, caóticas y, a veces, atemorizantes para las niñas.

Las niñas se sienten seguras cuando pueden contar con que sus cuidadoras satisfacen consistentemente sus necesidades físicas (comida, refugio, protección) y las necesidades emocionales (darse cuenta de sus sentimientos, consolarlas cuando están angustiadas,..).

A menudo, esto no sucede en familias disfuncionales porque los padres no cumplen con sus responsabilidades básicas de proporcionar, proteger y cuidar a sus hijos.

Los niños también necesitan estructura y rutina para sentirse seguros. Necesitan saber a qué atenerse, que pueden esperar. Pero en las familias disfuncionales, las necesidades de los niños a menudo se descuidan o se pasan por alto y no existen reglas claras o expectativas realistas. A veces hay reglas excesivamente duras o arbitrarias y otras veces hay poca supervisión y no hay reglas o pautas para los niños.

Además, las niñas a menudo experimentan el comportamiento de sus madres como errático o impredecible. Sienten que tienen que caminar sobre ascuas en su propio hogar por temor a molestar a sus madres o desatar la ira y el abuso. Por ejemplo, las niñas en familias disfuncionales a menudo describen sentirse ansiosas por llegar a casa de la escuela porque no saben lo que van a encontrar.

En familias disfuncionales, los adultos tienden a estar tan preocupados con sus propios problemas y dolor que no les dan a sus hijas lo que necesitan y anhelan: consistencia, seguridad y amor incondicional. Como resultado, las niñas se sienten muy estresadas, ansiosas y desamparadas.

Te sientes sin importancia e indigno

En pocas palabras, las familias disfuncionales no saben cómo lidiar con los sentimientos de manera saludable. Los padres que están lidiando con sus propios problemas o que están cuidando (a menudo habilitando) a una pareja adicta o disfuncional, no tienen el tiempo, la energía o la inteligencia emocional para prestar atención, valorar y apoyar los sentimientos de sus hijos. El resultado es negligencia emocional infantil. Los niños experimentan esto como:

«Mis sentimientos no importan. Yo no importo”

Esto, por supuesto, daña la autoestima de un niño y hace que se sienta poco importante e indigno de amor y atención.

Las niñas de familias disfuncionales no aprenden cómo percibir, valorar y atender sus propios sentimientos. En cambio, su atención se centra en notar y manejar los sentimientos de otras personas. Su seguridad a menudo depende de ello. Algunas niñas se vuelven muy atentas a cómo se comportan sus padres para poder evitar su ira. Por ejemplo, una niña pequeña puede aprender que si su padre está enfadado es más que probable que busque una excusa para “vomitarle” su ira, con lo que aprenderá a hacerse lo más “invisible” posible, intentando no darle esa excusa. Así, las niñas aprenden a sintonizar con las emociones y sentimientos de otras personas y reprimir los propios.

Además de ignorar las necesidades emocionales de un niño, los padres también pueden dañar su autoestima con nombres despectivos y duras críticas. Los niños pequeños se creen lo que les dicen sus padres, por mucho que esto no sea real. Entonces, si tu padre solía llamarte “estúpido”, es más que probable que hayas crecido pensando que lo eras. A medida que nos hacemos adultos y pasamos más tiempo lejos de nuestros padres, comenzamos a cuestionar algunas de las cosas negativas que nos dijeron cuando éramos niños. Sin embargo, es sorprendente lo mucho que cuesta sacárselo de encima, incluso ya de adultos y entendiendo que no es verdad.

¿Por qué ocurre esto? Primero, porque es un aguijón emocional que causa mucho daño a un niño, ya que viene de la persona que supone que, de forma natural, tendría que hacer lo contrario (quererlo y cuidarlo) y de la que depende por completo. Y segundo, porque el cerebro de un niño es como una esponja, lo que sea que se le dice, está como grabado a fuego. Las cosas que nos dicen de niños se convierten en voces interiores con las que nos hablamos a nosotros mismos durante toda la vida. Cambiar esto es posible, pero es un camino largo que requiere de esfuerzo, convicción personal y ayuda de un(a) terapeuta.

Las Tres Reglas de las Familias Disfuncionales

Las familias disfuncionales siguen tres reglas de forma tácita, no explícita. Por mucho que se trate de reglas muy rígidas e inamovibles, como en la familia disfuncional rampa la negación, esto jamás será reconocido por sus miembros adultos en el caso de que una niña señale alguna.

  1. No Hables

    No hablamos sobre nuestros problemas familiares, ni entre nosotros ni a los de afuera. Esta regla es la base para que la familia niegue el abuso, la adicción, la enfermedad, etc. El mensaje es: actúa como si todo estuviera bien y asegúrate de que todos los demás piensen que somos una familia perfectamente normal. Esto es extremadamente confuso para los niños que sienten que “algo va mal”, pero nadie reconoce lo que es. Entonces, los niños a menudo concluyen que ellos son el problema. A veces se les culpa directamente y otras veces interiorizan la sensación de que algo debe estar mal con ellos. Como a nadie se le permite hablar sobre la disfunción, la familia está plagada de secretos y vergüenza. Los niños, en particular, se sienten solos, sin esperanza, e imaginan que nadie más está pasando por lo que están experimentando. Se sienten alienados de su propio entorno.La regla de no hablar garantiza que nadie reconozca el problema real de la familia. Y cuando se niega la raíz de los problemas de la familia, no se pueden resolver. La salud y la sanación no son posibles con esta mentalidad.

  2. No Confíes

    Las niñas dependen de sus madres o cuidadoras para mantenerlas seguras, pero cuando creces en una familia disfuncional, no experimentas a tus padres (y al mundo) como seguros y enriquecedores. Y sin una sensación básica de seguridad, las niñas se sienten ansiosas y tienen dificultades para confiar.

    Sus cuidadoras son inconsistentes y poco confiables. Son negligentes, emocionalmente ausentes, rompen promesas y no cumplen con sus responsabilidades. Además, algunas madres disfuncionales exponen a sus hijas a personas y/o situaciones peligrosas y no las protegen del abuso. Como resultado, las niñas aprenden que no pueden confiar en los demás, incluso en sus padres, para satisfacer sus necesidades y mantenerlas a salvo (la forma más fundamental de confianza para una niña).

    La dificultad para confiar en los demás se extiende también fuera de la familia. Además del mandato de no hablar, la regla de no confiar mantiene a la familia aislada y perpetúa el temor de que si pides ayuda, algo malo sucederá (mamá y papá se divorciarán, papá irá a la cárcel, terminarás en un internado). A pesar de lo aterradora y dolorosa que es la vida en una familia así, es el demonio que conocen. Han aprendido cómo sobrevivir allí, y perturbar a la familia hablando con una maestra o consejera podría empeorar las cosas. Entonces, mejor no confiar en nadie.

  3. No Sientas

    Reprimir emociones dolorosas o confusas es una estrategia de afrontamiento utilizada por todos en una familia disfuncional. Las niñas  presencian a sus padres evitar o reprimir sus emociones, que se convierten en algo prohibido. No se les permite expresarlas y tienen que comportarse como si no existieran. Las niñas también pueden ser testigos y/u objetivos de episodios de ira. En muchos casos, la ira es la única emoción que expresan sus padres. Las niñas aprenden rápidamente que tratar de expresar sus sentimientos conducirá, en el mejor de los casos, a que se las ignore y, en el peor, a la agresividad, la culpa y la vergüenza. Las niñas también aprenden a reprimir sus sentimientos y tratan de distraerse del dolor disociando.

La Sanación

La sanación significa ir más allá de las reglas que gobiernan la dinámica familiar disfuncional. Puedes reemplazar no hablar, no confiar y no sentir con un nuevo conjunto de pautas en tus relaciones adultas:

  • Hablar de tus sentimientos y experiencias. Puedes romper la vergüenza, el aislamiento y la soledad, y construir relaciones más conectadas cuando compartas tus pensamientos y sentimientos con personas en las que puedes confiar. Reconocer y hablar sobre tus problemas es lo opuesto a permanecer en la negación. Abre la puerta a soluciones y la sanación. Podría ser más fácil para ti si empiezas a abrirte con un(a) terapeuta que sepa sobre familias disfuncionales.
  • Confiar en otros y establecer límites apropiados. La confianza puede ser algo aterrador, especialmente cuando las personas te han decepcionado en el pasado. Lleva tiempo aprender a confiar en ti misma para discernir en quién puedes confiar y en quién no. La confianza es un componente importante de las relaciones sanas, junto con límites saludables que te protegen y hacen que se te trate con respeto.
  • Sentir todas tus emociones y sentimientos. Tomará práctica volver a estar en contacto con tus sentimientos, no sentirte abrumado por ellos y darte cuenta de su valor. Puedes comenzar preguntándote a ti mismo cómo te sientes, identificando y dando espacio a tus emociones. Ya no tienes que estar limitado a sentir vergüenza, miedo o tristeza. Tampoco necesitas a nadie más para validar tus sentimientos. Dales espacio y verás cómo, poco a poco, las emociones y los sentimientos son valiosas guías que te indican qué te sienta bien, qué debes soltar o de qué es mejor que te alejes.

 

Fuente: https://blogs.psychcentral.com