Diferencias entre un Cuidador(en el sentido Tradicional) y un Codependiente

La muleta de ayudar a los demás

Cuando una persona es codependiente, se define a sí misma a través de la ayuda que le dan a la otra parte en la relación. El cuidado que brindan es lo que les da significado de su vida. Dependen de la otra persona y su papel como cuidadora da forma a la muleta sobre la cual se basa su existencia.

Una cuidadora hace una elección consciente cuando ayuda a alguien. No necesitan ayudar a otros, pero lo hacen porque quieren lo ven como lo correcto. Estas personas pueden describirse como afectuosas, pero no permiten que esto se convierta en su razón de ser.

La necesidad de sentir que te necesitan

Los codependientes ponen mucho énfasis en ayudar a otra persona porque tienen un deseo insaciable de sentirse necesitados. A menudo confunden la dependencia de la otra persona con una relación amorosa y comprometida.

No les importa si la responsabilidad en relación es totalmente unilateral o si se basa en ciclos de angustia y salvación, lo ven como un vínculo sano e íntimo.

Cuando un cuidador forma una relación, les guste sentirse amados y queridos por lo que son, pero también respetan la autonomía de la otra persona. Creen que hay muchos beneficios al compartir una vida con alguien pero son completamente capaces de vivir sin esa relación.

Falta de límites

Las personas propensas a un comportamiento codependiente no tienen claros los límites entre ellas mismas y la otra persona. En su concepción de las cosas, ellas y la otra persona forman un ente indisoluble, como si la otra persona fuese sus brazos o sus piernas.

El resultado tóxico de esto es que no saben distinguir entre lo que es suyo y lo que no lo es. Permiten que los sentimientos de la otra persona dicten los suyos propios. Renuncian a tener pensamientos y criterios propios, se amoldan al otro por completo e incondicionalmente, les haga lo que les haga.

Las cuidadoras distinguen perfectamente entre ellas y los demás. Son capaces de establecer límites personales claros y firmes y conservar su carácter y pensamientos propios. Pueden ser influenciadas por terceras personas, pero nunca dejan que su sentido del yo se confunda con el otro.

Actuando en tu mejor interés

A los codependientes les gusta pensar que están ayudando a otra persona, salvándola, pero a menudo sucede que simplemente están permitiendo la continuación de conductas no deseadas.

Ya sea para mantener a alguien con una salud física o mental deficiente, promover su bajo rendimiento o apoyar su adicción, los codependientes no necesariamente actúan en el mejor interés de la otra persona. De hecho, están haciendo lo correcto para ellos manteniendo la relación y, por lo tanto, el significado que le dan.

Los cuidadores adoptan un enfoque diferente porque son más capaces y están más dispuestos a ver los problemas que enfrenta la otra parte. No tienen una intención inconsciente de perpetuar los problemas de la otra persona sino el propósito verdadero de ayudarla para que supere algo o solucione algún problema.

Poniendo a la otra persona primero

Las codependientes tienden a anteponer las necesidades de la otra persona a las suyas propias. Sacrificarán su disfrute, su tiempo e incluso su bienestar si eso significa que pueden proporcionar satisfacción. Darán y darán siempre y cuando no se les obligue a sacrificar la relación en su totalidad.

Una cuidadora estará dispuesta a hacer algunos sacrificios para ayudar a la otra persona, pero habrá límites a lo que harán. Valoran sus propias necesidades y no las dejan de lado por completo.

Lidiar con el rechazo

Cuando a alguien con una personalidad codependiente se le rechaza su oferta de ayuda, o cuando no recibe un reconocimiento, siente una gran cantidad de dolor emocional.

Esto se remonta a su necesidad de sentirse necesitados por los demás. Sin la apreciación de los demás, se sienten inútiles y perdidos porque es lo que realmente les trae paz.

Un cuidador no estará tan disgustado si sus esfuerzos pasan desapercibidos. Pueden estar satisfechos por cualquier agradecimiento que se les presente, pero principalmente se deben a su deseo de hacer el bien.

Obsesión

La base de la vida de una codependiente es su relación con otra persona y esto lleva a un nivel relacional poco saludable. Llegan a un punto en el que casi todos los pensamientos del día involucran a la otra parte.

Se preguntan qué están pensando, cómo se sienten, mientras intentan prever todos los deseos y necesidades de la otra persona. Son tan emocionalmente dependientes y se vuelven tan ansiosas por perder a la otra persona, que se obsesionan.

Una cuidadora puede experimentar cierta ansiedad e inseguridad, pero esto es perfectamente normal, mientras que sea algo esporádico. Suelen comunicar estos sentimientos a su pareja, lo que ayuda a resolver el problema antes de que pueda crecer en sus cabezas.

La incapacidad de liberarse

Incluso si una relación llega a un punto en el que ambas partes son infelices, un codependiente tendrá dificultades para terminar las cosas debido a la abrumadora culpa que sienten. Además, a menos que puedan reemplazar rápidamente a la otra parte con un nuevo dependiente, se verán obligados a estar solos un tiempo, lo que para ellos es algo muy difícil de sobrellevar.

Un cuidador sabe que, incluso si resulta en una gran cantidad de dolor temporal, a veces es mejor ir por caminos separados cuando una relación ya no da más de sí. No tienen miedo a estar solos y no necesitan estar en una relación para darle sentido a sus vidas.

La recompensa de habilitar

Una codependiente es recompensada por su comportamiento habilitante con una relación estable que proporciona significado y propósito a su vida. Sus razones para ser cuidadora son principalmente de naturaleza egoísta, encerrar a otra persona en la esclavitud de necesitarles, incluso si no es lo mejor para ellas. Esto ocurre muchas veces de forma inconsciente, ya que la codependiente es muy posible que no entienda esto hasta que empiece a hacer terapia.

Una persona genuinamente cuidadora puede sentirse bien cuando ayuda a otros pero brindarían igualmente la ayuda si en lugar de sentirse bien les hiciera sufrir un poco. Muestran un verdadero altruismo y sólo buscan promover el bienestar de la otra persona.

Fuente: https://www.aconsciousrethink.com

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El Trauma y el Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo. Claves para la Sanación.

El trauma

El trauma y el duelo no resuelto pueden causar sentimientos abrumadores, depresión, agitación y ansiedad, desconfianza en los demás, dificultad en las relaciones, vergüenza, culpa, desesperación o sensación de falta de sentido e impotencia y desesperanza. El trauma implica sentimientos de dolor y pérdida.

La preocupación por evitar el trauma o los sentimientos y pensamientos relacionados con él puede convertirse en un foco central de la vida de la superviviente, sin que sea consciente de ello.

En una respuesta automática para evitar sufrir, los supervivientes utilizan la constricción, la disociación y/o el entumecimiento como mecanismos de defensa. El problema que trae esto es que:

  • Supone una evitación de lo que realmente está sucediendo en el cuerpo: si no estamos en contacto con nuestras sensaciones corporales, estamos perdidas. No detectamos el peligro y no sabemos quiénes somos ni qué queremos.
  • Aunque se eviten, los síntomas reaparecen después de un suceso vital similar al trauma de infancia (lo que se denomina detonante o “trigger”) o una acumulación de factores estresantes.
  • Los mecanismos de defensa permiten que el superviviente no sienta el miedo/terror de infancia que tiene congelado en su cuerpo, pero precisamente por ello, no termina de liberar la energía que tiene estancada dentro y no puede completar los movimientos corporales que necesita para sanar el trauma, para dejar de sentirse impotente o indefenso en la vida, para abandonar la situación de indefensión aprendida que le obligaron a vivir en su infancia.

Si quieres más información sobre este tema de los movimientos corporales necesarios para sanar el trauma, la puedes encontrar en el libro de Peter Levine «Despertando al Tigre. Sanando el Trauma».

Factores de riesgo en el Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo

  • La falta de apoyo social: al no sentirse queridas ni acogidas en sus familias de origen, muchas repiten esto de forma inconsciente, careciendo de habilidades sociales y teniendo miedo a relacionarse con otras personas.
  • Ausencia de validación de lo sucedido: sólo una persona que ha pasado por una situación de abuso/negación en su infancia puede entender del todo a un superviviente. No es muy común que una familia un(a) padre/madre no quieran a sus hijos o los maltraten (muchas veces de forma inconsciente). Cuando cuentas tu historia (los que se atreven  a ello, ya que todos sienten vergüenza tóxica, se sienten culpables y creen que se merecían cómo los trataron), un profesional de la salud tiende a cuestionarte y pensar que te lo estás inventando para llamar la atención o que sufres de paranioa. Con la invalidación se repite el trauma, ya que en la familia de origen lo que ocurre precisamente es que nadie reconoce lo que está pasando de verdad, viven en la negación.
  • Demasiada vulnerabilidad frente a los demás: muchas supervivientes tienen desconfianza frente a la gente en general pero se comportan con credulidad e inocencia infantil frente a algunas personas en las que confían. Muchas de estas personas las acaban traicionando, ya que son perfiles de personas similares a los de sus familias de origen y a las que las supervivientes se acercan y entablan relaciones (de amistad, de pareja, laboral,…) de forma inconsciente.
  • Uno de los mecanismos de defensa que más utiliza un superviviente es el de la evitación, repitiendo lo que se hacía en su familia de origen. Evitan, en primer lugar, sus sentimientos porque en las familias narcisistas tener o expresar emociones era visto como un síntoma de debilidad. También evitan todo tipo de situaciones que les pueden dar miedo, culpa o vergüenza, que son muchas en la vida. Situaciones tan simples para las personas como ir a trabajar, tener una cita, hacer un amigo nuevo, probar algo nuevo, cambiar de residencia, ir a una fiesta, decir que no,… pueden ser evitadas por los supervivientes por la enorme angustia que les supone.
  • Pérdida de esperanza, ilusiones, identidad, voluntad. Las supervivientes son sometidas a tanto estrés y se han encontraron durante tanto tiempo bajo amenaza y/o con miedo en su infancia, que se terminan produciendo cambios en su cerebro y en su sistema nervioso. En el cerebro, en áreas que tienen que ver con la memoria, estar alerta o percibir un peligro y las conexiones con sensaciones corporales. En el sistema nervioso, el sistema simpático, el encargado de esfuerzos físicos y situaciones relacionadas con el peligro, se sobre-estimuló en la infancia, por lo que éste suele primar frente al sistema parasimpático, que es el que se encarga de los estados de relajación y reposo.

Muchas personas que sufren de Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo no  buscan tratamiento porque no han identificado qué es lo que les pasa exactamente. Debido a sus complejos componentes, muchos supervivientes son erróneamente diagnosticados de depresión, distimia, ciclotimia, fatiga crónica, ansiedad y fobias, entre otros. No es que no tengan algunas o muchas de ellas, es que esos son los síntomas del Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo.

Además, la evitación, la negación, el miedo, la culpa, la vergüenza y la desconfianza inherentes asociados con el Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo pueden dificultar no sólo pedir ayuda (es algo que era severamente castigado en sus familias narcisistas de origen) sino también que ésta surta efecto. ¿Por qué? Pues porque aunque hayan identificado el Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo y quieran sanarse, se autosabotean o se lo ponen demasiado difícil a ellos mismos, repitiendo de forma inconsciente lo que ocurrió en su infancia. 

Cómo se trata el Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo

El tratamiento a través de la terapia Gestalt implica ayudar a que el trauma se procese y se integre, de modo que finalmente funcione como lo hacen otros recuerdos, en segundo plano, en el pasado, en lugar de tener vida propia en el presente, siendo temido y evitado perpetuamente, interfiriendo con la vida normal y congelado en el tiempo.

La terapia se centra inicialmente en afrontar y confortar, restablecer la sensación de seguridad, calmar el sistema nervioso y educar a la persona sobre lo que está experimentando y porqué y, a través del proceso de confianza con la terapeuta, interrumpir el ciclo natural de evitación, que en realidad perpetúa los síntomas del Síndrome de Estrés Post-Traumático Complejo, aunque inicialmente es adaptativo y autoprotector.

La terapia proporciona un lugar seguro para que los supervivientes cuenten su historia, se sientan menos aislados y toleren aceptar lo que sucedió. La terapeuta ayuda a las supervivientes a establecer conexiones entre los sentimientos y síntomas que ocurren en el presente y aspectos de los eventos traumáticos.

A través de la terapia Gestalt, los supervivientes comienzan a comprender lo que sucedió y cómo los afectó, a sí mismos y al mundo nuevamente a la luz de esto, y finalmente se recuperan emocional y psicológicamente, vuelven a estar más en su propio cuerpo, reconectan con el amor y la autoestima y establecen relaciones y conexiones más sanas en sus vidas.

Parte de la terapia Gestalt está basada en ejercicios para la sanación de la niña interior, lo cual es fundamental para las supervivientes, cuya niña interior fue muy herida.

Sin embargo, la terapia Gestalt, aunque supone la base de la recuperación, no es suficiente. Los supervivientes lo deben complementar con:

Mindfuless, Yoga y Meditación

Estos tres ayudan a equilibrar el sistema nervioso, deteriorado por hiperactivación del sistema simpático en la infancia.

Terapia Corporal y Masajes

Ayudan a la superviviente a habitar de nuevo su cuerpo y a sentirse segura en él. También para desbloquear tensiones y bloqueos musculares que tienen un origen emocional por traumas de infancia.

Psicodrama

Un superviviente, cuando se hace consciente de la historia de su familia, y por lo tanto, de su propia historia, puede pasar por una etapa de mucha confusión. Todo lo que le han dicho y se ha creído que era, no es así. Hay un proceso para conocerse a una misma, reconstruir la identidad. El psicodrama ayuda mucho a esto, ya que supone representar experiencias, vividas o fantaseadas, en un entorno seguro, que permite o bien integrar experiencias pasadas de otra manera o bien ensayar facetas que no se han podido o no se ha sabido entrenar hasta ahora pero que son necesarias para tener una vida sana, como por ejemplo, poner límites y decir que no.

La recuperación/sanación implica sentirse empoderado, restablecer la conexión con uno mismo, los propios sentimientos y otras personas. La recuperación permite disfrutar más de la vida, tener fe y esperanza, hacer proyectos a largo plazo, saber cuáles son nuestras necesidades, tener autoestima, relacionarnos con los demás sin miedo y con confianza. Vivir, en una palabra.

La Culpa Tóxica. Cómo sacártela de encima.

La Familia Narcisista y la culpa

La culpa es una especie de alarma emocional. Normalmente, cuando nos sentimos culpables, nos damos cuenta de que hemos hecho algo mal o hemos hecho daño a alguien. La culpa, usada correctamente, nos permite corregir nuestro comportamiento y enmendarlo.

El tema con la culpa y las familias narcisistas es que ésta se usa de una forma indiscriminada para conseguir un determinado comportamiento por parte de los hijos. Los padres narcisistas consiguen esto sobre todo enjuiciándoles y etiquetándoles para que sientan culpa constantemente. Son muy comunes las frases como:

“Eres egoísta”

“¿Te crees mejor que nosotros?”

“Con todo lo que hemos hecho por ti”

“Qué bien vives, ¿no?”

“No sabes el daño que me estás haciendo”

“Si eres bueno, no me pedirás nada”

La madre narcisista utiliza la culpa con sus hijas para conseguir que hagan lo que ella quiere o para conseguir atención. Si te sentiste constantemente culpable en tu infancia es porque la culpa fue utilizada como una herramienta para manipularte, para hacerte chantaje emocional.

Los supervivientes internalizan esa culpa, que es tóxica, y la arrastran consigo hasta su edad adulta. Esto hace que se sientan culpables por prácticamente todo, incluyendo cosas tan naturales como tener sexo, reírse o aceptar un cumplido.

Diferencias entre la vergüenza y la culpa tóxicas

La culpa supone sentirte mal por algo que has hecho. La vergüenza supone sentirte mal por quién eres como persona.

La culpa, al referirse a algo que has hecho, es temporal. La vergüenza, sin embargo, como se refiere a quién eres, es permanente.

La culpa que sientes dice “No tienes derecho”. La vergüenza que sientes dice “Eres defectuoso”. 

La culpa que tiene que sostener una superviviente hasta que empieza a hacer terapia es enorme. Sí que es temporal pero como sienten culpa por casi todo, se convierte en un obstáculo importante para que puedan tener una vida sana y normal, sintiéndose casi todo el tiempo sin derecho a todo lo bueno que la vida puede ofrecer. Su situación suele agravarse porque se rodean en su vida como adultos de personas similares a sus padres, que les siguen manipulando a través de la culpa.

Cómo gestionar la culpa que sientes

  • Aléjate de personas que te hacen sentir culpable constantemente o bien manifiesta tus sentimientos y mira cómo reaccionan.
  • Permítete sentir completamente esa culpa. No la resistas. Sostén esa culpa. Respira profundo. La culpa es una emoción, y como todas las emociones, es pasajera.
  • Trata de observar los patrones. Esas situaciones en las que una y otra vez te sientes culpable. Seguramente muchas de ellas tengan como origen una situación de infancia.
  • Si tienes/quieres hacer algo que sabes que te va a hacer sentir culpable, no lo evites, hazlo de todos modos y acompaña a esa culpa. Verás cómo, poco a poco, esa culpa disminuirá. Cuantas más veces lo hagas, lo internalizarás como una situación normal en la que tienes derecho a expresarte y dejarás de sentirte culpable.
  • Puedes protegerte planificando de antemano lo que dirás y cómo vas a responder. Si dices un “no” y te exigen otra respuesta, «simplemente di: «Siento que estoy haciendo lo mejor para los dos. Lo siento si no estás de acuerdo”.
  • Pete Walker, en su libro “Complex PTSD: From Surviving to Thriving”, tiene un ejercicio de Gestalt muy bueno sobre la culpa, en el que el superviviente devuelve la culpa (simbólicamente) a su padre o madre, a quien fuese que la insertó en su infancia.

La recuperación para dejar de sentirte culpable, como todo lo que se trata en terapia, es un proceso largo. No hay nada mágico que vaya a hacer que dejes de sentirte culpable de la noche a la mañana. Sin embargo, si sigues estos pasos, observas la culpa cuando la sientes y la sostienes en lugar de evitar las situaciones que te la generen, verás cómo, poco a poco, la culpa en tu vida será cada vez menor, hasta convertirse en un sentimiento sano, que aparece sólo en algunas ocasiones.

La «Parentificación» consiste en tratar a un Niño como si fuera un Adulto

¿Qué es la Parentificación?

La parentificación es una forma de cambiar los roles, en la que se asigna de forma inadecuada a la niña la función de satisfacer las necesidades emocionales o físicas del padre, de la madre o de los otros hijos de la familia.

Los padres narcisistas (y otros con otros trastornos de la personalidad) cargan con parte de la responsabilidad de satisfacer sus necesidades físicas y/o emocionales a uno o varios de sus hijas.

El objetivo habitual es el hijo mayor o más emocional o físicamente maduro de la familia. En algunos casos, el niño/la niña del sexo opuesto se elige para satisfacer las necesidades emocionales y físicas del padre/la madre y asumir el papel de un «cónyuge sustituto». Estas niñas “parentificadas” se verán en la obligación de sacrificar las necesidades normales de la niñez como jugar, las amistades con las compañeras, el descanso o la educación.

Hay dos tipos comunes de Parentificación: Física y Emocional

La Parentificación Física (también llamada Parentificación Instrumental) ocurre cuando a un niño se le asigna la responsabilidad de cuidar las necesidades físicas del padre/madre y/o de los otros hermanos. Esto puede incluir tareas como cocinar, limpiar, hacer compras, pagar facturas, administrar el presupuesto familiar, preparar a los niños para ir a la escuela, supervisar sus tareas, administrar medicamentos o imponer disciplina a los niños más pequeños.

La Parentificación Física es diferente de asignar un nivel normal y saludable de las tareas domésticas a las niñas, ya que implica un nivel injusto de responsabilidad y permite al padr real abdicar de parte de su propia responsabilidad para el cuidado y educación de sus hijas.

También se vuelve disfuncional cuando la tarea asignada está más allá de la madurez del desarrollo de la niña o cuando los deberes asignados dejan poco o nada de tiempo para que la niña participe en las actividades normales de la niñez.

La Parentificación Emocional ocurre cuando a un niño se le hace responsable de cuidar las necesidades emocionales y psicológicas del padre/la madre.

Esto incluye situaciones en los que el padre/la madre/ambos le cuentan intimidades sexuales al niño, discuten sobre sus propios problemas y asuntos relacionados con adultos, y lo usan de facto como si fuera su pareja o terapeuta sustituto. Este tipo de Parentificación Emocional también se llama incesto emocional.

Otros hermanos, siguiendo las indicaciones del padre/la madre que lo hace, también pueden intentar descargarse sobre ese niño.

Cómo hace sentir la Parentificación a las niñas

Las niñas a menudo sienten ansiedad por complacer a sus padres/madres y una niña parentificada a menudo se tomará sus responsabilidades muy en serio. Incluso pueden sentirse honradas al principio por ser tratadas como una «adulta» y confiarles la responsabilidad de otros miembros de la familia o sus padres. Sin embargo, la niña generalmente sufrirá el descuido de sus propias necesidades emocionales y se verá obligada a cumplir con la carga de las expectativas que no le corresponden y que, como es lógico, le van grandes.

Los niños que son objeto de parentificación pueden tener problemas con un resentimiento persistente (por la rabia acumulada que no descargan), enfados explosivos (por estar emocionalmente desregulados/desreguladas) y tener dificultades para formar relaciones adultas basadas en la confianza y en la intimidad. Tener parejas en una relación íntima, de confianza y de seguridad puede resultarles particularmente difícil hasta que lo empiezan a tratar en terapia. 

Consejos para los Adultos que fueron Parentificados en su infancia

Qué No hacer

  • No te sientas culpable por tu situación. Eras una niña que no tenía elección. No es culpa tuya.
  • No hagas conjeturas con frases del tipo «qué habría pasado si…». Céntrate en lo que puede hacer hoy para que tu situación sea lo mejor posible.
  • No aceptes tu situación como si fuera normal. No te disculpes por tener pensamientos, sentimientos o reacciones infantiles.
  • No te avergüences ni te sientas obligada a guardar secretos familiares.

Qué Sí Hacer

  • Trata de encontrar situaciones donde puedas volver a ser un niño que se permite jugar, reír, bailar, todo aquello que no pudiste hacer en tu infancia. Esto hará que poco a poco, sanes a tu niño interior.
  • Ponte y mantente en contacto con adultos responsables, como un terapeuta en quien puedas apoyarte y confiar.
  • Reconoce que tienes derecho a mantener a los miembros abusivos de tu familia de origen a distancia si siguen siendo abusivos en tu etapa de adulto.
  • Perdónate por cualquier sentimiento negativo que tengas sobre tu infancia o tus padres, y encuentra formas de procesarlos, como la terapia Gestalt.

 

Fuente: http://outofthefog.website

La «Infantilización» consiste en tratar a un Adulto como si fuera un Niño

Un rasgo que casi todas las familias narcisistas tienen en común es la necesidad de o bien “parentificar” o bien “infantilizar” a sus hijas. Esto puede ser tan algo tan directo como hacer que la niña se sienta incompetente cada vez que prueba algo nuevo, o puede ser tan sutil como intervenir y ofrecer hacer algo que claramente puede hacer por sí misma, creando la fantasía en la niña de que necesita siempre y para todo que su padre o su madre o ambos le asistan.

Desafortunadamente, este comportamiento rara vez se detiene incluso después de que el niño crece y se convierte en un adulto. De hecho, a veces puede empeorar a medida que el padre narcisista teme la creciente independencia de sus hijos. Ya no tendrá suministro narcisista o bien sentirá que ya no le necesitan, lo cual le da sentido a su vida.

El diccionario Collins define la infantilización como «el acto de prolongar un estado infantil en una persona al tratarla como a un niño». En otras palabras, tratar a alguien deliberadamente como si fuera mucho más joven que su edad real.

Las madres narcisistas hacen esto porque ven a su hija como una extensión de ellas mismas y como una fuente para satisfacer sus propias necesidades, en lugar de estar ellas disponibles para sus hijas.

Si el niño o ya el adulto comienza a darse cuenta de esto y a intentar separarse para forjar su propia identidad, el padre narcisista utilizará tácticas como la culpa, el control, el miedo y la manipulación para que el niño o el adulto siga en el rol infantil que se le ha asignado.

Para hacer que el adulto siga en el rol de niña los padres narcisistas adoptan actitudes como la de darle el mensaje de que carece de la capacidad de manejar su vida, controlar sus finanzas, sus amigos y parejas, hablarles como si todavía fuesen pequeños o decirles constantemente lo que tienen que hacer.

Formas en las que los Padres Narcisistas infantilizan a sus Hijos

  1. Desaprobación

    Esto pueden hacerlo en forma de miradas que silenciosamente le dicen que ha fallado o pueden ser preguntas puntuales sobre su estilo de vida u otras decisiones que haya tomado. Casi cualquier decisión que haya tomado sin consultarlo primero será recibida con desaprobación. Hacen esto para intentar acostumbrar al adulto a pasar primero por  ellos pase lo que pase, reforzando así su creencia de que eres incapaz de tomar sus propias decisiones y asumir las consecuencias de ellas. Sin embargo, si el adulto va a la madre para pedir ayuda o para resolver un problema, el mensaje que recibirá siempre es que la culpa de lo que le pasa, es suya y que es «inútil».

  2. Interferencia

    Muchos padres narcisistas creen que tienen derecho a interferir en la vida privada de sus hijos adultos/hijas adultas. Esto puede tomar la forma de decirle con quién debe salir, aprobar o no a sus amigos o a sus parejas. Llevado al extremo, algunos padres narcisistas sabotean deliberadamente las relaciones de sus hijos adultos. Frases como “Estoy empezando a salir con alguien” son respondida con un “Pues a ver cuánto te dura”.

  3. Crítica excesiva

    Las críticas excesivas están diseñadas para destruir la autoconfianza. Muchas madres narcisistas le hacen esto a sus hijas con el pretexto de «ser útiles.» Los comentarios hirientes con respecto a su peso, vestimenta, elección de carrera, elección de pareja o estilo de vida son temas propicios para que las madres narcisistas muestren que saben lo que es mejor para sus hijas, lo que implica que ellas no lo saben.

    Ser infantilizada por una madre narcisista puede haber sido una parte tan integral de la vida de algunas personas que ni siquiera se dan cuenta hasta que llegan a la edad adulta de lo mucho que están enredadas emocionalmente con sus padres, sin crecer psicológica y emocionalmente y sin desarrollar su propia personalidad.

¿Qué puedes hacer para que tus padres narcisistas dejen de infantilizarte?

Establece límites

No hay nada que un padre narcisista odie más que que se le opongan, pero hasta que comiences a establecer algunos límites saludables, continuará controlando tu vida.

No compartas en exceso detalles de su vida privada con ellos ni les digas nada que luego puedan usar como munición en tu contra. Esto supone protegerte. Sentirás culpa al empezar a hacerlo pero es la única manera de, poco a poco, empezar a construir tu vida como el adulto que eres.

Ten algunas frases útiles listas

Memoriza cuatro o cinco frases que puedas usar para cualquier situación que surja con ellos. Cuando tu padre narcisista empiece a decirte que no lo estás haciendo bien, simplemente di con un tono respetuoso, pero firme:

«Tú tienes tu manera de hacer las cosas, y yo tengo la mía. Y ninguno de los dos está equivocado».

Otras frases podrían incluir:

«Gracias, pero puedo hacerlo sola»

«Esa puede ser tu opinión, pero no tengo que estar de acuerdo»

«Esa es mi decisión y no quiero discutirla contigo»

Al cerrar la conversación, le niegas a la madre narcisista la oportunidad de controlar la situación.

Aléjate

Si todo lo demás falla, abandona la habitación o cuelga el teléfono.

Piensa que todo esto será una etapa dura porque tus padres narcisistas no querrán que te empoderes ni que te hagas adulto. Es más que probable que después de un tiempo inestable en el que habrá discusiones y distancia, finalmente se den por vencidos y acepten a regañadientes el nuevo statu quo.

Si no es así y la situación se ha vuelto tan tóxica que tu salud mental y física están sufriendo a causa de ella, es posible que quieras valorar si contactarles muy poco o directamente tener contacto cero. Tú eres quien decide lo que es mejor para ti.

Fuente: https://psychcentral.com