Fortalece tu Sentido del Yo. ¿Sabes quién Eres Realmente?

Qué es el Sentido del Yo o Autoconcepto

Nuestro Sentido del Yo o Autoconcepto consiste en la percepción que tenemos de de nosotros mismos. Determina la forma en la que pensamos sobre nosotros mismos y nuestras experiencias. Está formado por los sentimientos, pensamientos, creencias, comportamientos, percepciones y actitudes. Un “Sentido del Yo” fuerte y sólido nos permite sentirnos serenos y seguros en el mundo, independientemente de lo que esté sucediendo a nuestro alrededor.

Cuando somos niñas, nuestro Sentido del Yo se forma a través de nuestras interacciones con nuestros padres. En un escenario ideal, recibimos amor, empatía, compasión y apoyo de nuestros padres. Interiorizamos este amor y cuidado de nuestros padres y nos lo proporcionamos a nosotras mismas cuando somos adultas. Así, nos convertimos en nuestra propia fuente de seguridad. Desarrollamos una base segura dentro de nosotras que nos ayuda a mantener el equilibrio mental y emocional cuando hay factores estresantes externos.

En las familias narcisistas/disfuncionales, este alimento emocional que necesitan los niños por parte de sus padres, no lo reciben. Los padres no tienen una independencia emocional madura como para hacer el mirroring que los niños necesitan para construir un Sentido del Yo sano y fuerte. Esto ocurre porque los padres/las madres narcisistas ven a sus hijos como extensiones de sí mismos y los utilizan para satisfacer tus propias necesidades emocionales. Los padres son niños adultos que lo que hacen es invertir los papeles de una forma antinatural: ponen a sus hijos a su servicio en lugar de estar ellos emocionalmente disponibles para sus hijos.

Cuando nuestro Sentido del Yo no está desarrollado, nos sentimos inseguras dentro de nosotras mismas. Dudamos de nuestros pensamientos, sentimientos, percepciones e ideas. Cuestionamos nuestra cordura y nuestras propias decisiones. Buscamos la aprobación y validación de otros. Damos demasiado peso a lo que otras personas piensan. Nos sentimos hundidas cuando alguien nos critica o desaprueba lo que hacemos. Desarrollamos dependencia sobre los demás, poniendo toda nuestra energía en sentir lo que quieren y necesitan, dedicando nuestro tiempo a satisfacer sus necesidades, a menudo a expensas de nuestras propias necesidades. Absorbemos las emociones de los demás como propias y asumimos la responsabilidad de hacer que se sientan mejor. Como resultado de todo ello, nuestro estados de ánimo cambia de forma drástica y radical, y esto hace que nos sintamos sin esperanza y fuera de control.

Por el contrario, cuando tenemos un Sentido del Yo fuerte, de quiénes somos, nos sentimos seguros, independientemente de lo que esté pasando en el exterior. Creemos que seremos aceptados por los demás. Esta capacidad de recuperación interna nos tranquiliza cuando estamos estresados y nos permite recuperarnos de las heridas que todos experimentamos. Se trata de una brújula para guiarnos y un ancla para estabilizarnos. Nosotros somos nuestro propio norte, no los demás.

El abuso y/o el abandono emocional sufrido en la infancia por parte de nuestra familia narcisista/disfuncional distorsiona las experiencias sobre nosotras mismas y el mundo que nos rodea. Para dar sentido a ese abuso y/o el abandono emocional cuando somos niñas tendemos a pensar que cualquier cosa que vaya mal en la familia es nuestra culpa, por lo que nos decimos a nosotras mismas:

“Soy mala” o “Me merezco que me traten así”

Como adultos, es más que probable que perpetuemos esas creencias a través de nuestras elecciones y nuestros patrones de relación una y otra vez, que refuerzan esa historia que nos contaron y que no es real. Es lo que se llama repetición-compulsión. Si creemos que somos “malos” o “no lo suficientemente buenos”, elegiremos parejas que nos maltraten o amigos que se aprovechen de nosotros. Podemos tolerar ambientes de trabajo que sean dañinos. Soportamos situaciones no saludables porque estamos convencidos de que no merecemos nada mejor.

El proceso de cambiar tu vida implica desafiar esas distorsiones y revisitar tu historia para que puedas desarrollar un “Sentido del Yo” fuerte que deberías tener. El proceso de reclamar y reconstruir un Sentido del Yo fuerte y saludable requiere ante todo mirar hacia tu vida con nuevos ojos, replanteándotelo todo. ¿Qué se está reflejando tu vida y dónde enfocas tu atención? 

Reclama tu Poder Personal

Si crecimos en un ambiente donde se abusó del poder, a menudo creemos que el poder es violento y feo, algo a lo que se te fuerza. Pero el poder puede ser tranquilo y asertivo. El verdadero poder no consiste en dominar a los demás, es el conocimiento, la sabiduría y la comprensión sobre nosotros mismos y la convicción de saber quiénes somos. 

Ejercer tu autoridad consiste, por ejemplo, en un ambiente de trabajo si eres el trabajador en ejercer los deberes y los derechos acordes al cargo, respetando la jerarquía que hay en la empresa pero sin dejarte pisar por nadie.

“Nadie te da el poder. Simplemente, cógelo.” Roseanne Barr

Reescribe la Historia de Quién Eres

¿Cuáles son tus creencias fundamentales?

Las creencias fundamentales son creencias incondicionales que sirven de base para interpretar y explicar nuestras experiencias. Por ejemplo.

“Hay algo malo en mí”. “No se puede confiar en los demás”,.”No importa lo que haga, nunca tengo suerte”

Estas frases nos las decimos constantemente a nosotros mismos sin ser conscientes de ese diálogo interno.

Para replantear esta dinámica tóxica contigo misma, hazte las siguientes preguntas:

  • ¿Qué creo que es cierto acerca de mi mismo?
  • ¿De dónde vienen estos mensajes que creo que son ciertos?
  • ¿Qué mensajes son los que interiorizado sin digerirlos?
  • ¿Qué mensajes he aceptado para pertenecer a mi familia narcisista/disfuncional o para sobrevivir en un ambiente hostil en mi infancia?
  • ¿Qué mensajes he aceptado de otras personas?
  • Como resultado de las ideas sobre mí mismo que me he creído, ¿sobre qué asunciones sobre mí actúo en el mundo exterior?
  • ¿Cómo afectan estas creencias a mis pensamientos, sentimientos y comportamientos?
  • ¿Cómo sé quién soy yo realmente?
  • ¿Cuál es la historia que te dices a ti misma cuando las cosas van bien? ¿Y cuando las cosas van mal?

         Durante un mes, prueba a hacerte estas preguntas cada día:

  • ¿Me gusta?
  • ¿Lo quiero?
  • ¿Es bueno para mí?
  • ¿Qué necesito ahora mismo?
  • ¿Qué siento?
  • ¿Cuáles son las sensaciones en mi cuerpo?

A medida que haces espacio para escucharte a ti misma, fortaleces tu auto-conocimiento. No lo harás bien todas las veces, especialmente al principio. Está bien así. Lo que buscas es hacer progresos, avanzar, no ser perfecta. A medida que aprendas a confiar en ti misma, se volverá más automático y gravitará hacia las respuestas que sabes que son verdaderas para ti. No es egoísta hacer espacio para ti, es necesario.

Es nuestra responsabilidad crear un entorno en el que podamos prosperar.

Nuestras vidas se van creando mediante las elecciones que hacemos en ellas, ya sean éstas conscientes o inconscientes. A medida que avances en tu auto-conocimiento, esas decisiones serán más conscientes. ¿Te sientes con poder personal? ¿Estás tomando decisiones sobre tu vida activamente o permitiendo que, a base de no tomar decisiones, sean otras personas o circunstancias externas las que decidan por ti? Para reclamar tu poder y control sobre tu propia vida, debes saber cómo tomar decisiones para nutrirte emocionalmente y cuidarte, cómo tomar decisiones para satisfacer tus necesidades, cómo moverte en direcciones que te permitan alcanzar tu máximo potencial. Eso es prosperar. Empieza simplemente  por prestar atención a las opciones que tienes delante de ti.

Cada día intenta reflexionar sobre estas tres preguntas:

  • ¿Qué elecciones he hecho hoy que me han hecho sentir bien?
  • ¿Qué elecciones he hecho hoy que me llevan hacia donde quiero ir?
  • ¿Qué es por lo me ha pasado hoy por lo que estoy más agradecido?

A medida que refuerces tu conocimiento sobre quién eres y lo que quieres, abandonarás poco a poco la necesidad de justificar y explicar o disculparte ante los demás por lo que haces y dices. A medida que dirijas la atención hacia  tus necesidades y deseos y lo que funciona para ti, te resultará cada vez más fácil tomar decisiones. Ahí es donde encuentras la felicidad y donde prosperarás.

Otras técnicas que te Ayudarán a fortalecer tu Sentido del Yo

  • Desarrolla límites saludables. Aprende a distinguir dónde terminan las otras personas y dónde comienzas tú. Aprende a preguntarte, ¿se trata de mí o de ellos? ¿De quién son las emociones? ¿De quién es este problema?
  • Sé asertiva. Aprende a defender aquello en lo que crees. Aprende a poner límites y a decir que No.
  • Practica la meditación. Aprender a estar contigo mismo, con tus emociones y pensamientos, creando un espacio para ellos. Puedes empezar por 5 minutos al día, ya lo alargarás, lo importante es empezar a dar pasos, por pequeños que sean.
  • Busca y encuentra tus pasiones. ¿Qué es lo que te hace vibrar?
  • Encuentra tu propósito, ¿qué lo hace que quieras levantarte de la cama por la mañana?
  • Aprende a ser tu ser auténtico. Simplemente tú mismo. Olvídate de proyectar una imagen de lo que crees que los demás quieren ver en ti.
  • Rodéate de personas que honran, quieren, apoyan y respetan ese Yo Auténtico.
  • Este “Curso de Disciplina” de Richard Grannon, psicólogo y coach especializado en abuso narcisista, está dirigido a que recuperes tu Sentido del Yo.

Fuente: kellevision.com

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El Rol de “la Víctima” (y Cómo Salir de Él)

Muchos de los supervivientes de Familias Disfuncionales fueron víctimas de los abusos de su familia de origen durante años en la infancia y como adultos siguen repitiendo esta postura frente a los demás de forma inconsciente. ¿Te ves reconocida en esta descripción? 

Creencia y Actitud de la Víctima

“Me siento segura y bien conmigo misma cuando soy sumisa y hago lo que me dicen los demás”

Lo que Piensan las Víctimas de Sí Mismas

  • Las personas que han adoptan el rol de víctimas generalmente creen que están intrínsecamente dañadas, que son defectuosas e incapaces de lidiar con la vida. Proyectan una actitud de ser débil, frágil o carente de inteligencia. Su actitud puede resumirse así: “No puedo hacerlo solo”. Su mayor temor es tener que lidiar con la vida por sí mismas, en su lugar, prefieren depender de la ayuda de otros para que les cuiden, tomen decisiones por ellos, les digan en qué tienen que trabajar, cómo tienen que vestir, qué tienen que comer,… Están convencidas de que son personas inadecuadas, frágiles, impotentes o defectuosas que necesitan que otros las rescaten. Se niegan a sí mismas que tienen el poder y el potencial para resolver sus propios problemas. Esperan que los demás se ocupen de ellos. La ironía es que la mayoría de las personas que desempeñan el papel de víctimas terminan resintiendo a las personas que intentan ayudarlas. La persona que la “arregla” o “rescata” le recuerda a la víctima su sentido de inutilidad e inadecuación.
  • Al final, las personas que desempeñan el papel de víctimas en la vida se cansan de ser tratadas “menos que”. Lo que sucede entonces es que comienzan a encontrar formas de sentirse iguales mediante alguna forma de “vengarse”, lo que generalmente significa encontrar fallos en los esfuerzos de quienes intentan ayudarlos. Un escenario típico puede ser que una rescatadora que haya ofrecido ayudar a una víctima, pero la víctima rechaza cualquier solución que la rescatadora le ofrezca como inadecuada o impracticable. Comentarios como “sí, pero eso no funcionará porque …” o “tu sugerencia podría ayudar a otros, pero en realidad no comprende mi problema”. La víctima está decidida a demostrar que su problema es irresoluble, invalidando con ello a la rescatadora, haciéndole sentirse tan impotente como se sienten ellas.
  • Convencidas de su incompetencia intrínseca, las personas que han adoptado el papel de víctimas en la vida a menudo recurren a algún tipo de adicción para sentirse adecuadas y sentirse bien consigo mismas. Las drogas, el alcohol, la comida, el juego o las compras son algunas de las adicciones a las que recurren las víctimas como medio de escape y para lidiar con la vida. 

Características de las Víctimas

  • Tienen baja autoestima y una sensación de ser indignos y “menos que” los demás.
  • Creen que si son sumisas, serán bien tratadas y escaparán de los abusos.
  • Creen que las necesidades y deseos de otras personas tienen prioridad sobre los suyos propios.
  • Tienen la actitud de que la vida es “un valle de lágrimas”, algo que se debe sufrir y soportar.
  • No se dan cuenta de que tienen el poder de elegir asumir la responsabilidad de una mejor calidad de vida.
  • Se mueven entre la lástima a sí mismos y el comportamiento pasivo-agresivo. Culpan a los demás de su estado de ánimo y, en general, de todo lo que está mal en sus vidas.
  • No saben cómo hacerse responsables de sus propios sentimientos, pensamientos y acciones.
  • Son incapaces de defenderse a sí mismas y evitan los conflictos siendo complacientes.
  • Hacen frente a las amenazas cediendo, para sentirse seguros y no puede ser asertivos cuando otros actúan de manera inapropiada.
  • Pueden ser demasiado sensibles, difusas e incapaces de tomar decisiones y mantenerlas.
  • Tienen mucha ansiedad, miedo y vergüenza, y se mueven en la vida desde esas emociones.
  • Se sienten atrapados en sus propias vidas e insatisfechos con todo.

Herramientas de Recuperación para las Víctimas

  1. Eres responsable de tu propia vida, tu bienestar y tu felicidad.
  2. La postura de su víctima puede funcionar por un tiempo, pero en última instancia conduce al abuso, el resentimiento y la desigualdad en tus relaciones.
  3. Hazte consciente de que ya no eres un niño necesitado, sino un adulto que tiene valor y poder sobre sí mismo.
  4. Determina tus deseos y necesidades y exprésalas de forma asertiva.
  5. Comprende que en cualquier situación de la vida tienes opciones y derechos.
  6. No permitas que nadie te rescate. Aunque puede ser tentador regresar a ese viejo rol porque es cómodo para ti, te quita la dignidad y tu poder personal.
  7. Sé honesto contigo mismo y con los demás. Ten la valentía de decir tu verdad con claridad.
  8. Es tu responsabilidad y tú eliges sobre cómo piensas, sientes o actúas.
  9. Aprende las sensaciones y reacciones del cuerpo que indican que estás a punto de caer en el rol de víctima y sentirte impotente. Tu cuerpo te alerta cuando no eres auténtica o no te valoras a ti misma.
  10. Desafía cualquier creencia o pensamiento que diga que eres indigno y que no puedes cuidar de ti mismo. Pregúntate si es la voz de tu infancia, en lugar de la del adulto capaz y poderoso que eres hoy en día.
  11. Deja de culparte a ti mismo o a los demás de las cosas que te pasan.
  12. Pon límites y di que no a comportamientos inaceptables y practica mantenerlos.
  13. Practica actividades que te lleven alegría y te auto-fortalezcan. Esto alimentará tu capacidad para ocuparte de tus propias necesidades.
  14. Rodéate de gente positiva y que te acepte tal y como eres y haz afirmaciones diarias de tu capacidad de poder e independencia.
  15. Procesa tus sentimientos por haber crecido en una familia disfuncional o abusiva y hazte consciente de cómo está impactando aún hoy en tu comportamiento como adulto. Tienes el poder de elegir si deseas continuar viviendo tu vida como una víctima.
  16. Los nuevos comportamientos requieren tiempo y práctica. Ten paciencia contigo misma. Si caes en viejos comportamientos o conductas, no seas dura contigo misma ni te juzgues, simplemente obsérvalo. Observar y poner consciencia es el primer paso para cambiar.
  17. Reconócete a ti mismo como “el salvador” al que llevas esperando toda la vida. Tú te salvas a ti mismo. Es así de sencillo.

Fuente: hamra.co

Técnicas de Reprogramming para Cambiar Patrones Tóxicos Contigo Misma

Aunque ahora seas un adulto, llevas contigo las experiencias de tu pasado. Tu pasado te ha moldeado de formas de las que no eres consciente, formas que permanecen profundamente enterradas en tu subconsciente.

Si has crecido en una familia disfuncional, es muy posible que tengas heridas que todavía están abiertas, dolor emocional y confusión que no desaparecen, patrones de actuación autodestructivos y relaciones tóxicas.

Para cambiar la programación negativa en el biocomputador que es tu subconsciente, hay que corregir las frases que se están reproduciendo en tu cerebro como interminables cintas de contestador automático.

Algunas de estas frases, dentro del contexto de la terapia Gestalt, se llaman introyectos. Se trata de frases que te las han repetido tanto en la infancia que tú te las “tragaste” sin digerirlas, no son tuyas y, además, probablemente, no son ciertas.

Se trata de frases como:

“Eres malo”, “La vas a cagar”, “No eres suficiente”, “Lo haces mal”, “Eres difícil”, “Eres sensible” “Eres un desastre”, “No vales para nada”

Si quieres cambiar tu comportamiento y alterar las consecuencias negativas que te ha ocasionado tu forma de actuar, puedes empezar por cambiar esta programación negativa.

¿Cómo hacer esto?

Activa tu Mente Consciente

El funcionamiento de la mente consciente, de la cual puedes empezar tomar conciencia y activar, comprende ocho niveles:

  1. Comportamiento motor de base. Los supervivientes están atrapados en sus propias cabezas, la mayoría son muy mentales y les dan muchas vueltas a las cosas, pensando que si entienden, todo se solucionará. No es así. Parte de la vida, consiste en simplemente sentir, no entender. En el cuerpo registramos las emociones, que tienen su origen en el sistema límbico del cerebro. Empieza por moverte, mueve los brazos y las piernas, gira el cuerpo o apúntate a un grupo de terapia corporal.
  2. Comportamiento motor más sofisticado. Mueve los dedos de las manos o de los pies, o realiza movimientos coordinados, como bailar o jugar al baloncesto.
  3. Orientación hacia estímulos. Pon el agua de la ducha un poco más caliente de lo normal y siéntela en tu piel. Para trabajar esto, también hay técnicas específicas como el EMDR.
  4. Movimiento de los órganos internos. Como cuando te das cuenta de que tu corazón late deprisa cuando estás enfadada o mariposas en tu estómago cuando sientes ansiedad.
  5. Discurso. Cuando vocalizas tus pensamientos y sentimientos y te comunicas con otras personas. Exprésate. Al principio te costará, sentirás miedo. Sostén ese miedo. No lo rehuyas. Al final ese miedo se va, como todas las emociones, es algo transitorio.
  6. Control voluntario de la respiración. Como cuando sostienes la respiración cuando buceas bajo el agua o respiras profundamente cuando te sientes enfadado o molesto. Los supervivientes solemos tener una respiración superficial (de la nariz hasta el tórax) a causa de la ansiedad. Una respiración sana y natural llega hasta el abdomen. Pon conciencia en tu respiración y haz unas cuantas respiraciones profundas, te darás cuenta de que relaja mucho. Las prácticas meditativas y el mindfulness son muy buenos para trabajar tu respiración.
  7. Dirección autónoma. El discurso inaudible que usas para decirte a ti misma lo siguiente que debes hacer, como “siéntate, come, ata tu zapato”.
  8. Monitorización de ti mismo. Las frases que empiezas con “Estoy” para describir lo que estás haciendo, por ejemplo, “ahora estoy comiendo helado”.

Haz tu propio Reprogramming

El Reprogramming consiste en crear una nueva realidad para tu cerebro. En tu cerebro hay muchas frases que son tóxicas y, como vives creyéndolas, creas tu propia realidad con ellas.

La buena noticia es que esto es posible cambiarlo a través del Reprogramming. Básicamente, consiste en rehacer esa programación tóxica en tu cerebro y en cambiar tu vida, tu realidad.

El Reprogramming es personal, depende de cada superviviente, de su historia, de lo que quiera cambiar y conseguir.

    1. Haz Afirmaciones

      Las afirmaciones son la forma más simple de Reprogramming.

      La afirmación supone hacer que la parte de autodirección de tu mente consciente haga sugerencias a tu mente subconsciente, por ejemplo:

      • Tengo derecho a que me pasen cosas buenas y a ser feliz.
      • Soy guapa y digna de amor incondicional por otra persona.
      • No soy lo que me ha pasado. Soy aquello en lo que decido convertirme.
      • Tengo derecho a poner límites y a decir que no.
      • Estoy dando pasos hacia mi crecimiento, voy a tener éxito.
      • No tengo que ser perfecto, basta con que sea lo “suficientemente bueno”.
    2. Practica el procesamiento

      Otro tipo de reprogramming se llama procesamiento. Con este método, harás que la parte de autodirección de tu Mente Consciente, haga una serie de preguntas a tu Mente Subconsciente.

      Algunas de estas preguntas pueden ser:

        • ¿Qué te hace tener miedo a hablar en público?
        • ¿Qué es lo que te atrae de hombres o mujeres que abusan de ti?
        • ¿Qué es lo que te hace enfadar de una forma desproporcionada?
        • ¿Cómo fue cuando tenías cinco años vivir con tu familia de origen?
        • ¿Qué te impide ir a por lo que quieres en la vida?
        • ¿Qué es lo que realmente quieres en tu carrera profesional?

      Es probable que tu Subconsciente tenga una respuesta a lo que sea que le preguntes y así lo hagas Consciente. Te dará respuestas directas y, a menudo, revelará la verdad oculta sobre lo que te preocupa. Todo lo que tienes que hacer es preguntar y luego escuchar la respuesta. También puede escribirlo como una forma de ordenarlo y aclararlo para ti misma.

      La afirmación y el procesamiento te permitirán ponerte en contacto con tus emociones y sentimientos, también con tus pensamientos y creencias básicas, y cambiar estos dos últimos hasta cierto punto.

    3.  El Metaprogramming

      El Metaprogramming supone dirigir o cambiar tu comportamiento y condicionamiento desde una parte de tu mente llamada Mente Metaconsciente.

      La Mente Metaconsciente tiene las siguientes funciones que influyen en tu condicionamiento básico:

      • Resolución: enfadarse, estar harto de viejos patrones de conducta o hábitos, y decidir hacer algo al respecto.
      • Ensayo: representar un comportamiento corporal y verbal nuevo, visualizarte a ti misma actuando de una manera nueva. Para esto, el psicodrama viene muy bien, ya que te permite representar personajes que son nuevos para ti y que quieres incorporar a tu vida real.
      • Conflicto: establecer nuevos límites o estándares para tu comportamiento con los demás, decidiendo qué conductas o patrones por parte de los demás ya no vas a permitir.
      • Planificación: programación, diseño y configuración de nuevos patrones de comportamiento orientados a objetivos. Define tus proyectos y metas, y especifica plazos para el logro de tus objetivos. Utiliza una pizarra, escribe en ella al menos cuatro objetivos para los próximos seis meses y observa qué actividades o acciones realizas para conseguirlos.
      • Reflexión: piensa en las consecuencias de tu comportamiento, obtén ideas para conseguir formas alternativas de actuar, sentir, creer o pensar. Para esto viene muy bien hacer terapia individual con una terapeuta Gestalt, en la que la terapeuta te puede hacer de espejo de tu comportamiento y proporcionarte alternativas que quizás tú no hayas tenido en cuenta.
      • El Observador: cuando llegas a un grado de consciencia elevado, puedes observarte a ti mismo desde “fuera de ti” y con esto ser testigo de tus comportamientos, condicionamientos y resistencias contra el cambio.
      • Espiritualidad: verte a ti misma como un ser que no lo puede controlar todo y aceptar que hay una fuerza más poderosa que tú hará que aceptes la vida y el amor que hay en ti y en los demás de una forma natural. Para practicar tu espiritualidad puedes rezar, meditar y/o practicar yoga.

Estas técnicas te ayudarán a comenzar a hacerte cargo, reponsabilizarte de tus pensamientos, tus creencias, tus acciones y, en última instancia, de tu vida.

Al aprender a controlar tu condicionamiento, te vuelves a dar las claves para determinar tu propio destino, en lugar de estar condicionada por experiencias de tu pasado.

Fuente: mudrashram.com

Ten en cuenta que las técnicas de este artículo están basadas en la Programación NeuroLingüística (PNL) y te serán muy útiles pero sólo si las usas después de realizar el trabajo terapéutico de abrazar las emociones de la tristeza y la rabia que suponen el duelo de lo perdido en la infancia. Si intentas empezar por esto, seguirás sin tener una buena gestión emocional.

17 Dificultades que se encuentran los Niños Adultos Codependientes de Familias Disfuncionales (Y Cómo Solucionarlas)

Las Niñas Adultas que han crecido en Familias Disfuncionales son Codependientes que se encuentran con una serie de dificultades en sus relaciones adultas.

17 Dificultades que se encuentran los Niños Adultos Codependientes de Familias Disfuncionales

  1. Dificultad para identificar y expresar con precisión las emociones y los sentimientos.
  2. Problemas para formar y mantener relaciones cercanas e íntimas.
  3. Propensión a tener relaciones íntimas con personas de otra familia disfuncional que tendrán problemas relacionales parecidos.
  4. Perfeccionismo, tener expectativas poco realistas de una misma y de los demás, y ser demasiado dura con una misma.
  5. Rigidez en el comportamiento y las actitudes, con una creencia arraigada de que es imposible cambiar.
  6. Tener una resistencia a la adaptación al cambio y temer asumir riesgos.
  7. Sensación de exceso de identificación o exceso de carga, sintiéndose culpable/responsable de los sentimientos de los demás.
  8. Tener una necesidad constante de aprobación o atención de los demás para sentirse bien consigo mismos.
  9. Torpeza al tomar decisiones, sentir terror por cometer errores y diferir tanto la toma de decisiones que al final son las demás las que toman las decisiones por ellas.
  10. Sentirse impotente e ineficaz, hagan lo que hagan nunca es lo suficientemente bueno ni está a la altura de sus propias expectativas.
  11. Sentimientos exagerados de vergüenza (lo que se llama vergüenza tóxica), culpa, sensación de inutilidad y baja autoestima.
  12. Evitar el conflicto a cualquier precio, y a menudo reprimir sus sentimientos y opiniones y guardar silencio para mantener la paz en sus relaciones con los demás.
  13. Miedo a ser abandonada por los demás.
  14. Actuar de forma beligerante y agresiva para mantener a los demás a distancia.
  15. Tendencias de ser impaciente y controladora. Los codependientes tienen miedo de las situaciones que no son predecibles para ellos.
  16. Falta de cuidado propio debido a su absorción en las necesidades y preocupaciones de otras personas, y actuación como mártires/víctimas, viviendo para las demás en lugar de para ellas mismas.
  17. Miedo la expresión de su propia rabia. Harán cualquier cosa para evitar el conflicto. Sin embargo, provocarán de forma activa o pasiva a otras personas cuando se sientan atacados u ofendidos, lo cual ocurre con bastante facilidad.

¿Te ves reconocido en estas 17 dificultades? En el siguiente artículo, te contaré sobre técnicas para mejorar esto.

 

Patrones de Conducta en las Familias Disfuncionales

Las tres reglas principales de una Familia Disfuncional

  1. No confíes
  2. No cuentes
  3. No sientas

Patrones de comportamiento de las Familias Disfuncionales

  1. Inconsistencia e Imprevisibilidad

Los padres no tienen un patrón sólido que le sirva de guía al niño para saber a qué atenerse o para entender cuándo hace algo bien o mal. Este tipo de padres asustan a los niños porque su comportamiento es caótico y errático y nunca saben qué esperar de ellos. Este tipo de comportamiento por parte de los padres genera apego desorganizado en el niño.

  1. Reversión de los Roles

Los padres actúan como niñas, por lo que las niñas tienen que actuar como padres. Los padres pueden ser tan inmaduros e irresponsables que sus hijas terminan realizando muchas de las funciones de crianza. Las niñas pueden llegar a cocinar para la familia, cuidar a hermanas a una edad muy temprana, “subrogarse” como pareja de uno de los padres, cargar con los problemas emocionales de los padres,… en definitiva, asumir roles adultos para crear estabilidad en la familia. Esto se denomina “parentificación”.

  1. Sistema Familiar Cerrado

Los extraños a la familia son temidos y los padres desalientan las relaciones con los demás. Esto interrumpe el proceso de socialización normal y de amistades importante en el desarrollo de un niño.

  1. Falta de Empatía

Los sentimientos y las emociones no están permitidos. Si la niña llora, se enfada o se ríe, recibe el mensaje, directo o indirecto, de que eso no está bien, o es algo que no está permitido. En este tipo de familias las emociones se consideran de “débiles”, por lo que la niña se ve obligada a escoderlas, negarlas y asfixiarlos. Esto tiene consecuencias en su salud emocional en el medio-largo plazo, ya que las emociones no desaparecen por el hecho de que las ignoremos.

  1. Mensajes Contradictorios

Los padres emiten una cantidad enorme de reglas y de normas que sus hijos tienen que cumplir pero de los que ellos están exentos. Les dicen cosas como “¡Relájate!” con un tono amenazante. Les permiten hacer algo y a los cinco minutos les castigan por hacer eso mismo cambiando la versión de lo que está permitido.

  1. Retención

Los padres de este tipo de familias tienen problemas con “dar”, quieren recibir pero no dar. Como ellos mismos en su infancia se vieron privados de amor, dinero, atenciones , elogios,…hacen lo mismo con sus hijos, retienen sin ser capaces de dar. Este “amor condicional” confunde a los niños y los hace sentir no queridos y no importantes para sus padres.

Tipos de Sistemas Familiares Disfuncionales

La Dra. Janet Kizziar habla de cuatro tipos de sistemas familiares con problemas, que son “caldo de cultivo para la codependencia”:

  1. El Sistema Familiar Alcohólico o Químicamente dependiente.
  2. El Sistema Familiar Emocional o psicológicamente perturbado.
  3. El Sistema Familiar de Abuso físico o sexual.
  4. El Sistema Familiar fundamentalista religioso o rígidamente dogmático.

La Codependencia se expresa en estas familias disfuncionales a través de cuatro estrategias:

  • Minimizar supone reconocer que puede haber un problema, pero se ignora.
  • La proyección culpa del problema a los demás, y puede designar a un chivo expiatorio para soportar la vergüenza de la familia.
  • La intelectualización trata de explicar el problema, creyendo que al ofrecer una excusa o explicación conveniente, el problema se resolverá.
  • La negación exige que las personas en la familia crean que no hay ningún problema.

Sistemas Familiares Codependientes

Estos sistemas familiares desalientan la comunicación sana de problemas y sentimientos entre los miembros de la familia. Destruyen la capacidad de los miembros para confiar en sí mismos y confiar en otras personas para tener una relación íntima. Congelan a los miembros de la familia en roles anti-naturales, lo que dificulta el cambio constructivo.

Las reglas que fomentan los patrones antinaturales de relación en estos sistemas familiares codependientes incluyen:

  • No hablar de los problemas.
  • No expresar tus sentimientos abiertamente u honestamente.
  • Comunicarte indirectamente, a través de la actuación o mal humor, o a través de otro miembro de la familia (esto se denomina triangulación).
  • Tener expectativas poco realistas sobre lo que los miembros de la familia harán por otro.
  • No ser “egoísta”. Supone mirar siempre por los otros miembros primero, no decir que no y negar tus propias necesidades.
  • No tomar a tus padres como un ejemplo, “haz lo que digo, no lo que hago”.
  • No te diviertas.
  • No agites la coctelera, mantén el status quo pase lo que pase.
  • No hables sobre sexo.
  • No desafíes las creencias religiosas de tus padres o estas reglas familiares.

¿Te has criado en una Familia Disfuncional y eres una Adulta Codependiente? Puedes acudir a un grupo terapéutico para sanar: 

coda.org

www.acaspain.org

Roles de los miembros en las Familias Narcisistas

En las familias narcisistas/disfuncionales cada miembro representa un rol concreto. Esto se debe a que cada uno de los miembros de la familia satisface las necesidades del sistema familiar, no las suyas propias. Por eso, los roles que se ejercen son muy rígidos, como si se tratase de una obra de teatro donde los miembros tienen asignado un papel y no pudieran moverse de él. En una familia narcisista disfuncional nadie consigue entender QUIÉN ES realmente, no hay un desarrollo sano del Yo Verdadero.

Solamente los miembros que empiezan terapia y que entienden el rol que han ejercido en su familia de origen y después de forma inconsciente con otros grupos en la vida, pueden salirse del papel e iniciar el camino para sanar y descubrir quiénes son realmente.

Éstos son los roles más frecuentes que se ejercen en una familia narcisista/disfuncional. Por lo general, el que reparte los papeles de forma inconsciente es el narcisista de la familia.

La Facilitadora

Otro nombre para este rol es el de “la cuidadora”. Es la mártir de la familia y desarrolla contribuye a la disfunción de la familia con su codependencia sobre uno de los padres (muchas veces, el narcisista).

Se preocupan, alimentan y apoyan, escuchan y consuelan a los demás. Su concepto completo del yo está basado en lo que aportan a los otros.

El cuidador protege y cuida del padre/madre problemático, de forma tal que este último nunca experimenta las consecuencias negativas de sus acciones.

La Facilitadora cree que tiene el deber de actuar como lo hace porque de otro modo la familia no sobreviviría.

La paradoja sobre el comportamiento del Facilitador es que impidiendo una crisis en los padres disfuncionales, también impide que haya la experiencia correctiva que trae una una crisis, que sería la que haría que el padre/la madre narcisista tuviese que replantearse la espiral de abusos.

Este rol puede interpretarlo tanto el padre o la madre como un hijo o una hija. 

El Héroe

Este miembro de la familia dedica su tiempo y atención a hacer que la familia parezca “normal” y sin problemas. La máscara heroica la compensa con la vida doméstica disfuncional. Hiper- responsables y autosuficientes, a menudo son perfeccionistas, tienen éxito y de puertas hacia afuera parece que todo les va bien y son felices.

Los padres esperan que esta niña demuestre que son buenos padres y buenas personas. Su objetivo en la vida es lograr el “éxito”, siempre deben ser “valientes y fuertes.”

El impulso compulsivo del héroe para tener éxito puede llevarle a enfermedades relacionadas con el estrés y el exceso de trabajo compulsivo. Aprenden a una edad temprana a convertirse en un esposo sustituto del padre/la madre que debería ejercer esa función. Se comete con ellos incesto emocional.

La Niña Dorada

La “Golden Child”, como se le conoce por el término en inglés, es la destinataria de todas las proyecciones positivas de los  narcisistas, y es su hija favorita. A cambio, se le pide que sea la imagen y semejanza, el reflejo fiel de esas proyecciones y que le tenga una devoción y admiración al padre/la madre narcisistas similar al de las sectas o cultos. No le puede cuestionar ni desobedecer ni decepcionar nunca.

La Niña Dorada, al igual que la Heroína, suele ser víctima de incesto emocional. También es testigo y, a veces toma parte, en el abuso de las otras niñas de la familia.

El Chivo Expiatorio

El Chivo Expiatorio es el “niño problemático” o el “que crea problemas”. Este miembro de la familia siempre parece desafiante, hostil y enfadado. El chivo expiatorio es el que cuenta la verdad sobre la familia y, a menudo verbalizará o representará el “problema” que la familia intenta ocultar o negar. El comportamiento de esta persona siempre es visto de una forma negativa por los demás y se proyecta en él la rabia.

El Chivo Expiatorio generalmente tiene problemas en el colegio porque capta la atención de la única manera en que saben hacerlo, de forma negativa. Pueden ser muy inteligentes, desarrollar habilidades sociales dentro de su círculo de compañeros y convertirse en líderes en sus propios grupos fuera de su familia de origen.

El Chivo Expiatorio es al que se “sacrifica” por la familia, al que se le obliga a encarnar toda la vergüenza tóxica que siente la familia, al que se culpa de forma injusta de cualquier cosa, al que se le dice que hace las cosas mal, sobre el que el padre/la madre narcisista proyecta de forma negativa.

Los chivos expiatorios pueden adoptar muchas formas. Las dos más comunes son:

  • El niño enfermo, con el que se meten los demás o el débil.
  • El niño rebelde, enfadado, que se mete en conflictos constantemente. Muchas veces son autodestructivos y cínicos.

El chivo expiatorio en la mayoría de los casos es víctima de abuso emocional y/o psicológico y/o físico por parte del padre/la madre narcisista.

La Niña Perdida

La Niña Perdida es a la que generalmente se le conoce como “la más tranquila” o “la soñadora”. La Niña Perdida es la niña invisible. Intentan escapar de la situación familiar haciéndose muy pequeñas y calladas. Se mantienen alejadas de los problemas y pasan mucho tiempo solas.

El objetivo de tener una hija perdida en la familia es similar al de la heroína. Debido a que la niña perdida rara vez tiene problemas porque interactúa poco con otras personas y se niega sus propias necesidades, la familia puede decir:

“Es una buena chica. Todo parece estar bien en su vida, así que las cosas no pueden ser tan malas en la familia”.

Esta niña evita las interacciones con otros miembros de la familia y básicamente desaparece, se vuelve invisible. Se vuelven solitarias, o son muy tímidas. La niña perdida busca la privacidad de su propia compañía para alejarse del caos familiar. Debido a que no interactúan, nunca tienen la oportunidad de desarrollar importantes habilidades sociales y de comunicación.  A menudo tienen malas habilidades sociales, dificultades con la intimidad y en la formación de relaciones. Niegan tener sentimientos y, para no tener que lidiar con la realidad, se evaden de ella, refugiándose en actividades como la lectura, la televisión, los videojuegos,…

En una familia disfuncional, la Niña Perdida no parece importar al/a la narcisista, y evita el conflicto manteniendo un perfil bajo. No son percibidas como una amenaza o una buena fuente de suministro, pero generalmente son víctimas de abandono y abuso emocional.

La Mascota

El objetivo de la Mascota es romper la tensión y aligerar el estado de ánimo con humor o payasadas. Este niño se siente impotente en la dinámica que se desarrolla en la familia e intenta interrumpir la tensión, la ira, el conflicto, la violencia u otras situaciones desagradables dentro de la familia siendo “el bufón de la corte”.

La Mascota busca ser el centro de atención en la familia, a menudo entretener a la familia y hacer que todos se sientan mejor a través de su comedia. También pueden usar el humor para comunicarse y enfrentar la disfunción familiar, en lugar de abordarla de forma directa.

También usan el humor para comunicar las emociones reprimidas en la familia, como la ira, el dolor, la hostilidad o el miedo. Este comportamiento es desenfadado e hilarante, justo lo que necesita una familia con dolor, pero las payasadas de la mascota no sanan las heridas emocionales, sólo proporcionan un bálsamo temporal. Esas heridas se sanan de verdad entrando en la tristeza y la rabia, no en la risa.

A menudo tienen cargas en lugar de amistades, y se involucran en relaciones abusivas en un intento de “salvar” a la otra persona. Tienen una autoestima muy baja y sienten mucha culpa, por lo que trabajan arduamente para superarla siendo realmente “agradables” (es decir, personas complacientes, codependientes).

Fuente: outofthestorm.

Lo más frecuente es que una misma persona ejerza varios de estos roles a la vez de forma alternativa.  

John Bradshow, en su libro “Volver a casa” propone un ejercicio muy bueno para empezar a trabajar salir de estos roles.

Así, por ejemplo, si has ejercido el rol de la facilitadora en tu familia de origen, poniendo tu autoestima en lo que haces por los demás. Prueba a hacer estas tres cosas:

  1. Niega tu ayuda a una persona que te la pida, sólo por el hecho de ver que puedes escoger y decir que no.
  2. Pide tú ayuda a una persona con algo que te cueste hacer tú sola y que te vendría bien que te echasen una mano.
  3. Acude a alguien que sepa más que tú, que sea experta en un área determinada y que te pueda dar un buen consejo.

¿Qué papeles has ejercido en tu familia de origen? ¡Deja un comentario!

Declaración de Derechos de las Supervivientes de Familias Disfuncionales

Todos los supervivientes que provienen de familias narcisistas/disfuncionales, a medida que avanzan en un trabajo terapéutico de recuperación, se dan cuenta de que tienen derechos como seres humanos individuales.

En la infancia e incluso como adultos, es más que posible que otras personas los hayan tratado como si tuvieran pocos o ningún derecho. Es posible que ellos mismos hayan llegado a creer que no tenían derechos y hayan podido estar viviendo la mayor parte de sus vidas de ese modo.

Esta “Declaración de Derechos” está basada en el capítulo 13 del libro “Sanando al Niño/la Niña Interior: Descubrimiento y Recuperación para Niños/Niñas Adultos de Familias Disfuncionales”, de Charles Whitfield.

En él, explica Whitfield, que como facilitador de grupos de terapia, solicitó a los miembros de varios grupos que considerasen qué derechos tenían, que los escribiesen y los compartiesen con el grupo. La siguiente es una compilación de los derechos manifestados por los miembros de esos grupos.

Declaración de Derechos de las Niñas Adultas de Familias Disfuncionales

  1. Tengo muchas opciones en mi vida más allá de la mera supervivencia.
  2. Tengo el derecho de descubrir y conocer a mi Niño Interior.
  3. Tengo derecho a llorar porque no obtuve lo que necesitaba o lo que obtuve que no lo necesitaba o no lo quería.
  4. Tengo derecho a seguir mis propios valores y criterios.
  5. Tengo derecho a decir que no a algo cuando siento que no estoy preparada, no es seguro para mí o viola mis valores.
  6. Tengo derecho a la dignidad y al respeto.
  7. Tengo derecho a tomar decisiones.
  8. Tengo derecho a determinar y respetar mis prioridades.
  9. Tengo derecho a que mis necesidades y deseos sean respetados por otros.
  10. Tengo el derecho de terminar las conversaciones con personas que me humillan o me hacen desprecios.
  11. Tengo el derecho a no ser responsable por el comportamiento, las acciones, los sentimientos o los problemas de los demás.
  12. Tengo el derecho a cometer errores y no tener que ser perfecta.
  13. Tengo derecho a todos mis sentimientos.
  14. Tengo derecho a estar enfadado con alguien a quien quiero.
  15. Tengo derecho a ser yo misma, sin sentir que no soy lo suficientemente buena.
  16. Tengo derecho a sentir miedo y a decir “Tengo miedo”.
  17. Tengo derecho a experimentar y después soltar el miedo, la culpa y la vergüenza.
  18. Tengo derecho a tomar decisiones basadas en mis sentimientos, mi juicio, mi percepción o cualquier otra razón que yo elija.
  19. Tengo derecho a cambiar de opinión en cualquier momento.
  20. Tengo derecho a ser feliz.
  21. Tengo derecho a mis necesidades personales de espacio y tiempo.
  22. Tengo derecho a relajarme y a ser juguetón y frívolo.
  23. Tengo derecho a cambiar y a crecer en la vida.
  24. Tengo derecho a mejorar mis habilidades de comunicación para que los demás me entiendan.
  25. Tengo derecho a hacer amigas y a estar cómoda con las personas.
  26. Tengo derecho a estar en un ambiente que no sea abusivo.
  27. Puedo ser más sano mentalmente que las personas que me rodean.
  28. Puedo cuidar de mí misma, pase lo que pase.
  29. Tengo derecho a llorar por las pérdidas.
  30. Tengo el derecho de confiar en otras personas que se han ganado mi confianza.
  31. Tengo el derecho de perdonar a los demás y perdonarme a mí mismo.
  32. Tengo el derecho de dar y recibir amor incondicional.

Te invito a que consideres cuántos de estos derechos ya tienes y los has hecho tuyos y cuántos quieres recuperar. Cada ser humano tiene todos y cada uno de estos derechos por el mero hecho de serlo y merece ejercitarlos y que se le respeten. A medida que nombramos y ejercitamos estos derechos, los integramos de forma plena en nuestras vidas.   

¿Estás recuperando ahora alguno de esos derechos? ¡Deja un comentario!