El Alimento Emocional

Hambre emocional

Sin duda ya haces muchas cosas para cuidarte. Miras antes de cruzar la calle, comes, duermes y te pones más ropa cuando hace frío y comes cuando tienes hambre. Esta hambre física todos/todas la conocemos y la atendemos muy bien. Sin embargo, el hambre emocional, siendo fundamental, muchos de nosotros/nosotras no somos conscientes de ella ni le hacemos mucho caso.

El hambre emocional no atendida puede causar una gran variedad de síntomas y dar lugar a muchos resultados negativos. Ya sabes cómo funciona esto con tus patrones alimenticios: si no comes lo suficiente te sientes débil, cansado/cansada, negativo/negativa, depresivo/depresiva, irritable,..

De la misma manera, el hambre emocional no saciada tiene consecuencias similares negativas. Sentirse con miedo, ansiedad, vergüenza, inseguro/insegura, sin motivación, agresivo/agresiva o depresivo/depresiva son sólo algunas de ellas.

Muchos de nosotros estamos emocionalmente hambrientos. Nuestras estrategias para lidiar con ello son de lo más variadas. Comemos demasiado o nos matamos de hambre. Dormimos dieciocho horas al día o tenemos insomnio. Somos emocionalmente muy reactivos/reactivas o nos anestesiamos para no sentir nada. Al final vivimos estresados/estresadas, nos volvemos poco productivos/productivas, llevamos vidas súper aburridas o corremos riesgos muy altos de forma temeraria. O dependemos de una variedad de sustancias, legales o ilegales. No lidiar con nuestras necesidades emocionales nos puede llevar a enfermedades físicas.

Los péptidos y las células tienen que ver con tus emociones

Hay estudios que determinan que el 95% de nuestra vida emocional es inconsciente y que esto lo que nos lleva a hacer lo que no queremos o nos impide hacer lo que de verdad queremos.

La senda biológica de nuestro yo emocional nos afecta. Esto ha sido demostrado de forma científica. Dr. Candace Pert, PhD., antigua profesora de Fisiología y Biofísica de la Universidad de Georgetown, demostró que nuestro ego subjetivo (esto es, lo que nos decimos que somos, pero que no es lo que realmente somos) crea constantemente moléculas de información que controlan nuestra salud y nuestra fisiología.

En otras palabras, nuestros egos emocionales (ego en el sentido de percepción del “yo”) producen de forma incesante cambios físicos y emocionales. Esto significa que desde dolores de cabeza hasta trastornos autoinmunes, la motivación, problemas en las relaciones, autosabotaje, todos estos problemas pueden ser resultado de nuestros estados emocionales.

Esta profesora demostró que los péptidos son la manifestación bioquímica de las emociones, alteran nuestro estado de ánimo. Dedujo que cada péptido mediatiza un determinado estado emocional, significando que todos los pensamientos, creencias, percepciones sensoriales, y de hecho todas las funciones corporales estarían influidas por las emociones, puesto que en todas intervienen los péptidos.

¿Cómo podemos hacer esto, entonces? ¿Cómo podemos cambiar algo que parece tan inmutable como nuestros péptidos? ¿Cómo pasamos de estar hambrientos emocionalmente a estar bien nutridos? Pues alterando nuestra dieta emocional. Tomando y “digiriendo” ciertos componentes emocionales clave que nos nutran emocionalmente. Es el mismo proceso básico que el de tomar ciertos componentes básicos nutricionales (proteínas, vitaminas, encimas, etc.).

Esta nutrición emocional nos la podemos dar a nosotros/nosotras mismos/mismas y se los podemos dar a las demás personas con las que tenemos vínculos emocionales.

Pero ¿cómo es posible que un mensaje emocional que nos damos a nosotros mismos/nosotras mismas nos pueda nutrir tanto que pueda cambiar nuestro estado emocional, nuestra fisiología y nuestra bioquímica? La respuesta corta es cada uno de los desde 50 hasta 70 trillones de células que tenemos en nuestro cuerpo están en todo momento adaptándose a nuestro entorno.

“Bueno”, puedes pensar “no puedo mandar sobre mis células”. Y aún así la verdad es que eso es lo que hace nuestro cerebro todo el tiempo, como ha demostrado el biólogo celular Bruce Lipton, PhD. De hecho, él descubrió los modos exactos en los que esos mensajes controlan nuestra biología.

Resulta que nos estamos dando a nosotros mismos/nosotras mismas y los demás estos mensajes todo el tiempo. En otras palabras, instruimos a nuestro cuerpo con mensajes emocionales y algunos de ellos llevan a nuestro cuerpo a crear incomodidad, disfunciones y enfermedades.

Por eso es muy importante que nos mantengamos nosotros mismos/nosotras mismas bien nutridos/nutridas emocionalmente, que nos proporcionemos un estado de mantenimiento emocional positivo. Parte del beneficio es sentirse bien, sentir que desarrollamos nuestro verdadero yo, que estamos en sintonía con nosotros mismos/nosotras mismas y con la vida.

También hay un beneficio en el vínculo que desarrollamos con los demás, porque ya no actuamos desde un lugar de necesidad emocional sino que lo hacemos de una forma más equilibrada, dando y recibiendo alimento emocional.

Así, si les das un poco de tiempo a los alimentos emocionales para que hagan sus efectos, primero pequeños cambios empiezan a surtir efecto y después otros más profundos en un proceso tan mágico como el de tomar nutrientes esenciales en tu dieta alimenticia.

Técnicas para nutrirte emocionalmente

  • Medita
  • Haz autoafirmaciones
  • Pon límites de forma asertiva
  • Abrázate
  • Agradece
  • Confia en ti, en los demás y en el Universo
  • Escribe en un papel lo que quieres para ti en tu vida
  • Pasa a la acción para conseguir lo que quieres, aunque sea dando un pequeño primer paso
  • Corta el vínculo con las personas que no te nutren, que son tóxicas para ti
  • Cuida de las personas que te nutren, te empoderan y te cuidan y nútrelas, empodéralas y cuidalas tú a ellas.
  • Responsabilízate de tu vida y tus acciones en lugar de echarle la culpa de tu situación (sea la que sea) a otras personas.
  • Expresa lo que te hace daño, te molesta o te parece mal de forma asertiva
  • Quiere y empodera a tu niño/niña interior
  • Expresa lo que sientes sin juicios ni culpas
  • Di no cuando no quieras algo

Somos creadores/creadoras de nuestra realidad, cambia la tuya a lo que quieres que sea.

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La Comunicación No Violenta

La Comunicación No Violenta es una forma simple, efectiva y fácil de aprender a comunicarse a través de un proceso de cuatro pasos desarrollada por el psicólogo Marshall Rosenberg.

Esta técnica se ha utilizado de forma exitosa a lo largo del mundo para resolver conflictos y profundizar en las conexiones en las relaciones personales, en las escuelas, en los hospitales, en las empresas y en los gobiernos.

“La Comunicación No Violenta enseña una forma de ser muy honesto/honesta, sin ser crítico/crítica, sin insultar o hacer de menos y sin ningún diagnóstico intelectual implicando que la otra parte está equivocada”. Marshall B. Rosenberg, PhD.

¿Qué es la Comunicación Violenta?

Si “violenta” significa actuar de formas que hacen daño a otras personas, muchas de las formas en las que nos comunicamos de forma diaria con personas con las que interactuamos, muchas de ellas seres queridos, son comunicaciones violentas:

  • Juzgar a los otros/las otras
  • Bullying
  • Tener tendencias racistas
  • Culpar
  • Señalar con el dedo
  • Discriminar
  • Hablar sin escuchar
  • Criticar a los demás o a nosotros mismos/mismas
  • Poner nombres
  • Reaccionar con rabia
  • Utilizar la retórica
  • Estar a la defensiva
  • Juzgar quién es bueno/buena o malo/mala o quién “tiene la razón” o “está equivocado/equivocada”

¿Qué es la Comunicación No Violenta?

Supone la integración de 4 elementos:

  • Conciencia: un conjunto de principios que apoyan vivir una vida de compasión, colaboración, valor y autenticidad.
  • Lenguaje: entendimiento de cómo las palabras contribuyen a conectarnos con los otros o distanciarnos.
  • Comunicación: saber cómo pedir lo que queremos, escuchar a los otros aunque no estemos de acuerdo y cómo llegar a soluciones que satisfagan a todas las partes.
  • Medios de influencia: compartir el “poder con los otros/las otras” en lugar de ejercer el “poder sobre los otros/las otras”.

La Comunicación No Violenta incluye un método simple para una comunicación clara y empática, centrándose en cuatro áreas:

  • Observaciones
  • Sentimientos
  • Necesidades
  • Peticiones

La Comunicación No Violenta tiene como objetivo encontrar la manera para todos los intervinientes de conseguir lo que quieren sin utilizar la culpa, la humillación, la vergüenza, la coerción o la amenaza. Es útil para resolver conflictos, conectar con los otros/las otras y vivir de una forma que sea consciente, presente y en sintonía con las necesidades genuinas, tanto propias como de los demás.

Ejemplos prácticos de Comunicación No Violenta

  1. Expresa las observaciones que te han llevado a la necesidad de decir algo.

Estas deberían ser puras observaciones de hechos, sin ningún componente de juicio o evaluación. La gente muchas veces disiente de las evaluaciones porque valoran las cosas de forma diferente. Sin embargo, los hechos que son directamente observables proporcionan un lugar común para la comunicación. Por ejemplo:

  • “Son las 2 de la mañana y oigo tu equipo de música encendido” es una afirmación de un hecho observable, mientras que “Es muy tarde para todo ese ruido que haces”, hace una evaluación.
  • “Acabo de mirar en la nevera y he visto que no hay comida, y estoy pensando que no has ido al supermercado (con una deducción explícita manifestada), mientras que “has perdido todo el día” hace una evaluación.
  1. Expresa el sentimiento al que la observación te lleva. O, deduce lo que la otra persona está sintiendo y pregunta.

Nombrar la emoción, sin juicio moral, te permite conectar en un espíritu de respeto mutuo y cooperación.Da este paso con el objetivo de identificar de forma exacta el sentimiento que tú o la otra persona estáis experimentando en ese momento, no con el objetivo de avergonzarle o intentar que no se sientan como lo hacen. A veces es difícil poner palabras a los sentimientos. Por ejemplo:

  • “Falta media hora para que empiece la obra y veo que te mueves mucho (observación). ¿Estás nervioso/nerviosa?
  • “Veo a tu perro corriendo, sin una correa y ladrando (observación). Estoy asustado/asustada”..
  1. Expresa la necesidad que es la causa de ese sentimiento. O, adivina la necesidad que causó el sentimiento en la otra persona y pregunta.

Cuando nuestras necesidades se satisfacen, estamos contentos/contentas, tenemos sentimientos placenteros. Cuando no se satisfacen, tenemos sentimientos displacenteros. Si estás sintonizado/sintonizada con el sentimiento, muchas veces podrás ver la necesidad subyacente que hay ahí. Manifestar esa necesidad sin juzgarla moralmente, os da claridad a los dos/las dos sobre qué es lo que te pasa a ti o a la otra persona en ese momento.

Ten en cuenta que las necesidades tienen un significado especial dentro de la Comunicación No Violenta. Son comunes a todas las personas y no están ligadas a ninguna circunstancia o estrategia particular para conseguirlas. Así, querer ir a ver una película con alguien no es una necesidad y el deseo de pasar tiempo con una persona concreta no es una necesidad. En ese caso la necesidad es la compañía. Puedes satisfacer tu necesidad de compañía de muchas maneras, no con una sola persona concreta o sólo yendo a ver una película.

Ejemplos de manifestación de la necesidad:

  • “Veo que te alejas cuando hablo y has estado hablado en una voz tan baja que no te podía oír (observación). Por favor, habla más alto para que te pueda entender”.
  • “He visto que no te han nombrado en los reconocimientos. ¿Te sientes mal porque no te han dado la apreciación que necesitas?”
  1. Haz una petición concreta para la acción que te lleve a satisfacer la necesidad que acabas de identificar.

Solicita de forma clara y específica lo que quieres en ese momento, en lugar de insinuarlo o decir únicamente lo que no quieres. Para que la petición sea realmente una petición – y no una exigencia – permite que la otra persona diga que no o proponga una alternativa . Tú tienes la responsabilidad de satisfacer tus propias necesidades, igual que los demás tienen la responsabilidad de satisfacer las suyas.

Por ejemplo:

“Me he dado cuenta de que no has hablado en los últimos diez minutos (observación). ¿Te estás aburriendo? (sentimiento)” Si la respuesta es sí, puedes compartir tu sentimiento y proponer una acción: “Bueno, yo también estoy aburrido/aburrida. Oye, ¿te gustaría ir a este concierto?”.

Si quieres practicar la Comunicación No Violenta, este meetup de CNV es una buena forma de empezar.

¿Eres un(a) control freak?

Las personas que han experimentado una infancia traumática en la que se sintieron frecuentemente bajo amenaza, en peligro, vulnerables, impotentes y en una absoluta incapacidad de controlar lo que les estaba pasando, es muy posible que, como adultos, desarrollen un mecanismo de defensa psicológico que toma la forma de estar en una enorme necesitada de tener el control todo el tiempo. Hacen esto para protegerse de sentir más daño emocional y para evitar ser victimizados/victimizadas por otras personas.

Esto es, la persona que tiene una necesidad excesiva de control normalmente está activando de forma inconsciente ejercer un total control sobre su entorno en un intento de evitar la angustia que experimentaron durante periodos muy largos de tiempo en su infancia.

Estas personas son perfeccionistas y se les puede denominar coloquialmente como “control freaks”. Hay estudios que sugieren que tienen tendencia a involucrarse en relaciones codependientes.

¿El control es interno o externo?

Las personas tienden a pensar que la localización del control es interna, externa o una mezcla de ambas. Más abajo explico lo que quieren decir estos términos.

El control interno y el control externo

Los que creen que tienen control interno piensan que:

  • Tienen que intentar ejercer un control directo de todas las situaciones de su vida.
  • Tiene el poder de conseguir un cambio pase lo que pase.
  • Pueden obtener los resultados deseados a través de acciones concretas.

Los que creen que tienen un control externo piensan que:

  • Los eventos que les suceden están completamente fuera de su control.
  • Lo que les pasa a ellos/ellas es resultado de acciones de otras personas o situaciones que están completamente fuera de su control.
  • Están a expensas de la suerte y el azar.

Hay algunas cosas que podemos controlar, otras sobre las que podemos tener influencia y otras muchas sobre las que no tenemos ningún tipo ni de control ni de influencia. Visualmente se representa del siguiente modo:

 

control

 

La cuestión es que hay algunas cosas que podemos controlar, otras que podemos influenciar y  una tercera esfera sobre la que no tenemos ni control ni influencia, que son sobre las que nos preocupamos.

Osho: “La preocupación es como el movimiento de una mecedora. Nos mueve de un lado a otro pero no nos lleva a ningún sitio”

Las personas que tienen una necesidad abrumadora de control interno siempre y a cualquier precio acaban teniendo problemas porque esto es una quimera. Es simplemente imposible.

Estas personas es probable que experimenten:

  • Pensamientos del tipo Blanco/Negro: si no están en un completo control de la situación piensan que serán vulnerables y esto llevará a que les hagan daño, les exploten, se aprovechen de ellos/ellas.
  • Hipervigilancia: a causa de que en su infancia se vieron sometidos a muchas situaciones de estrés y angustia, están en un estado de permanente hipervigilancia, en una sobreestimulación del sistema simpático, estando alerta de forma inconsciente de potenciales peligros que vienen de todas las personas con las que interactúan.
  • Frustración y rabia: esa necesidad de control absoluto que, como hemos comentado, es imposible, les lleva a sentir muchas situaciones que les ocurren con frustración y rabia, derivadas de la brecha que hay entre lo que ellas creen cómo deberían ser las cosas y cómo son en realidad.

 Efectos del control mental en el cuerpo

El Control Secundario como herramienta para bajar los niveles de control y conseguir un mayor bienestar emocional

Aquellas personas que tienen una necesidad excesiva de ejercer un control directo (también conocido como control primario) se pueden beneficiar de los efectos de hacer un uso mayor del control secundario. Este control secundario incluye:

  • Cambiar el comportamiento para adaptarse a la situación.
  • Delegar el control directo o primario a otros que tengan más influencia sobre la situación de que se trate.
  • Aceptación de las situaciones que no se pueden cambiar.

 También recordar que: 

  • Mientras que hay algunas situaciones que no pueden controlarse, es posible controlar nuestra respuesta a ellas.
  • Siempre es mejor “dejar ir”, aceptar aquello que no podemos cambiar.
  • Es mucha la cantidad de energía que se pierde preocupándonos por situaciones que no se pueden controlar y que podríamos invertir en actividades más saludables y que incrementarán nuestro bienestar.

 Recomendaciones:

Tratar con un(a) “control freak”: audio de hipnosis descargable.

Deja de ser un(a) “control freak”: audio de hipnosis descargable.

¿Por qué nos obsesionamos? Técnicas para reducir la obsesión

Las obsesiones pueden variar en intensidad. Cuando son leves, somos capaces de trabajar y de distraernos, pero cuando son intensas, nuestros pensamientos están absorbidos por nuestra obsesión. Operan fuera de nuestro control consciente y son raramente vencidas por la razón. Los pensamientos obsesivos se pueden apoderar de nuestra mente. Nuestros pensamientos son similares a rayos que pasan velozmente o a bucles que dan vueltas sobre sí mismos, alimentando una preocupación incesante, fantasías o una búsqueda de respuestas.

Pueden apoderarse de nuestra vida, haciéndonos perder horas, sueño, o incluso días enteros de disfrute y de actividades productivas.

La obsesión nos puede paralizar. Otras veces nos puede llevar a un comportamiento obsesivo-compulsivo, como comprobar nuestra bandeja de correo de forma repetida, nuestro peso en la báscula o si la puerta está bien cerrada.

Perdemos el contacto con nosotras mismas/nosotros mismos, nuestros sentimientos, nuestro cuerpo y nuestra habilidad para razonar y resolver problemas. Lo que lleva a la obsesión, en muchas ocasiones son ansiedad y miedo, de los que no somos conscientes.

La obsesión y la adicción

Las personas codependientes (que incluye a los adictos/las adictas) se centran en el exterior. Los adictos/las adictas se obsesionan con el objeto de su adicción – el alcohol, la comida, el sexo, el juego, las drogas, las compras,… Sus pensamientos y su comportamiento giran en torno al objeto de su adicción, mientras que su verdadero yo está escondido bajo una montaña de vergüenza. Es lo que se conoce como vergüenza tóxica.

A causa de la vergüenza, nos preocupamos sobre cómo somos percibidos/percibidas por los otros, llevándoles a sentir ansiedad y obsesiones relacionadas con la imagen que tienen los demás de nosotros. Esto incluye la obsesión sobre acciones pasadas, presentes o futuras. En particular antes o después de cualquier actividad en la que se exponen a otros (como por ejemplo dar una charla, acudir a un meetup con desconocidos,..), durante una cita o después de una ruptura. La vergüenza tóxica también genera inseguridad, dudas, autocrítica, indecisión y culpa irracional.

¿Qué causa la obsesión?

La negación es un síntoma de la obsesión – negación de realidades dolorosas, de adicciones, la negación de nuestras necesidades y sentimientos. Muchas personas obsesivas no son capaces de identificar sus sentimientos, o quizás sí que sean capaces de nombrarlos pero no de sentirlos. Esta inhabilidad para tolerar emociones dolorosas es lo que lleva a pensamientos obsesivos. La obsesión protege a estas personas de sentimientos dolorosos, es una defensa inconsciente frente al dolor. Por muy incómoda que se la obsesión, mantiene a raya emociones subyacentes como la tristeza, la rabia, la soledad, el vacío, la vergüenza y el miedo.

Algunos de esos sentimientos están ligados a la vergüenza porque en la infancia nos avergonzaron por sentirlos. Así, cuando surgen en la etapa de adultos, en lugar de sentirlos, nos obsesionamos. Si creemos que no deberíamos sentir rabia o expresarla, es posible que le guardemos resentimiento a algunas personas en lugar de permitirnos enfadarnos. Si nos avergonzaban por sentirnos tristes , es posible que nos obsesionemos con la siguiente potencial pareja para evitar sentir el dolor de la soledad y el abandono.

También es posible que nos obsesionemos sobre un tema pequeña para evitar enfrentarnos a otro mucho mayor. Por ejemplo, la madre de una persona adicta puede obsesionarse con que su hijo/hija se cae pero sin afrontar o siquiera admitir ante sí misma que su hijo/hija podría morir de su adicción. Un/a perfeccionista puede obsesionarse con un pequeño error en el trabajo o en su atuendo pero ser incapaz de reconocer sentimientos de inferioridad o de inadecuación.

Las obsesiones y las relaciones

Los/las codependientes típicamente se obsesionan sobre la gente a la que quieren, incluidos los problemas de estas personas. Se pueden obsesionar y preocupar por el comportamiento de su pareja, que es alcohólica, sin darse cuenta de que se preocupan tanto por ellos, como el alcohólico/la alcohólica por el alcohol.

La obsesiones pueden alimentar intentos compulsivos de controlar a otros/otras, tales como seguir a alguien, leer su diario o su teléfono o correo, vaciar botellas de alcohol, esconder las llaves o buscar drogas. Nada de esto ayuda. Sólo causa más caos y más conflicto. Cuanto más nos obsesionamos con otra persona, más perdemos de nosotros mismos/nosotras mismas. Sin darnos cuenta, cuando nos pregunten cómo estamos, es probable que cambiemos rápidamente de tema para hablar sobre cómo está la persona con la que estamos obsesionados/obsesionadas.

En una relación romántica nueva es normal pensar en la persona amada hasta cierto punto pero los/las codependientes normalmente lo llevan más allá. Cuando no se preocupan por la relación, es posible que se preocupen con dónde está esa persona o qué hace en todo momento o puede que creen guiones  de celos que sólo están en su cabeza y que dañan la relación. Es posible que las obsesiones sean agradables, sobre romance, sexo o poder. Es posible que imaginemos cómo no gustaría que fuese la relación o cómo queremos que alguien se comporte. Una discrepancia muy grande entre la realidad y nuestra fantasía puede revelar lo que en realidad nos falta en nuestra vida.

Técnicas para reducir la obsesión

Si nos obsesionamos para evitar sentir, entrar en contacto con nuestros sentimientos y emociones y dejar que fluyan ayudará a que la obsesión se disuelva. Si la obsesión lo que hace es que nos impide pasar a la acción, podemos buscar terapia para afrontar nuestros miedos y actuar. Cuando nuestras obsesiones son irracionales, puede ser muy útil hablar sobre ellas con un amigo o una amiga de confianza o un(a) terapeuta, para racionalizarlas.

  • Pregúntate a ti mismo/misma: ¿Qué estoy sintiendo? Espera pacientemente hasta que puedas dar una respuesta a esa pregunta.
  • Aprende a meditar para bajar las revoluciones de tu mente.
  • Haz movimientos lentos acompañados de música evocadora, y permítete sentir.
  • Escribe sobre tus sentimientos (idealmente, con tu mano no dominante) y léeselo a alguien.
  • Únete a grupo terapéutico: Gestalt, CoDA o de psicodrama.
  • Acude a reuniones espirituales.
  • Pasa tiempo en la naturaleza.
  • Focaliza tu energía en expandir tu red social (en la vida real, no en internet).
  • Haz algo creativo.
  • Desarrolla intereses y pasiones que te alimenten y te inspiren.

Este artículo no se refiere al desorden obsesivo-compulsivo (DOC), que es un trastorno mental que afecta al 1% de los adultos. Si crees que tienes DOC, busca ayuda profesional.

La repetición-compulsión

¿Qué es la “repetición-compulsión”?

La “repetición-compulsión” fue un término acuñado por Freud para describir los comportamientos, relaciones, emocione y sueños que son repeticiones del trauma original.

La repetición-compulsión consiste en repetir patrones de conducta a lo largo de la vida que son tóxicos y/o nocivos para nosotros/nosotras mismas. Estas conductas nos llevan una y otra vez a tener relaciones disfuncionales en las que el problema de fondo siempre suele ser el mismo: entablamos una relación con una persona que no está disponible emocionalmente, que es adicta a sustancias, que es inestable, que necesita que le protejan de todo, … y cada relación termina mal porque se repiten una y otra vez las mismas dinámicas. Después de un tiempo en ese bucle, muchas personas terminan dándose cuenta y se preguntan:

¿Por qué insisto en tener relaciones que, una y otra vez, están abocadas al fracaso? ¿Qué me pasa?

Una explicación a esto es lo que Freud (y otras terapias humanistas como la Gestalt también la apoyan, llamándola en este caso una “gestatl inconclusa lo que hace que repitamos una y otra vez el mismo patrón) llamó la “repetición-compulsión”. Se trata de un mecanismo de defensa neurótico que funciona de la siguiente manera: lo que trata es de reescribir nuestra historia. Esa historia que intentamos reescribir es la relación problemática o no satisfactoria con nuestros padres, normalmente en particular con el padre/la madre del sexo opuesto al nuestro (con el que tenemos el complejo de Edipo) pero no siempre.

Cuando en la relación con el padre/la madre en la infancia ha habido mucha tensión a causa de la frustración, la decepción, el rechazo, el abandono, la negación o el abuso (la mayoría de las veces inconsciente) por parte del padre/de la madre, el niño/la niña se encontró en una situación muy precaria psicológica y emocionalemente hablando. Los niños/las niñas son completamente dependientes de los padres/las madres en todos los sentidos, por lo que se “sacrifican” para que los/las quieran, piensan que si “se portan bien” “son más buenos/buenas” “hacen todo lo que se les pide”, por fin papá o mamá les querrán como lo necesitan, incondicionalmente. Obviamente, esto no llega a ocurrir nunca porque la deficiencia emocional está en el padre/la madre, que antepone sus necesidades narcisistas a las de su hijo/hija.

Como esta “película” no acabó bien, ese niño/niña buscará parejas que se parecen a su padre/madre, tratando, de forma inconsciente, de ponerle un final feliz a una película que no puede tener otro final, porque hace ya muchos años que se rodó, se editó y se estrenó. Y las siguientes relaciones son remakes en los que el/la protagonista se empeña en que tenga un final diferente con los mismos personajes y el mismo guión.

Como es obvio, no hay padres perfectos, por lo que todos nosotros pasamos por esto de una manera u otra. Nuestro/nuestra niño/niña interior sigue buscando cómo convertir al adulto que rechaza o es ambivalente o está emocionalmente indisponible en uno que le quiera incondicionalmente.

La mayoría de estos niños/niñas, cuando se hacen adultos, tienen un “radar” inconsciente” para las personas del sexo opuesto (si son heterosexuales) o del mismo sexo (si son homosexuales) que, de una manera que al principio se hace imperceptible pero con el paso del tiempo más evidente, se parecen (física y/o psicológicamente) al padre/a la madre con el/la que tuvieron dificultades en la infancia. Y estas son las personas con las que tendemos a tener relaciones y de las que nos enamoramos. Las escogemos de forma inconsciente, éste en la naturaleza de la neurosis, se trata de un “punto ciego” (hasta que lo hacemos consciente). Lo que hacemos se llama repetición-compulsion.

Los/las que hemos tenido padres/madres disfuncionales, escogemos a personas que no nos pueden querer a causa de sus propias limitaciones y problemas. El tema es que queremos “arreglarlas”, ”salvarlas”, ”cambiarlas”, “curarlas”. Es muy poco probable que esto suceda. El adulto racional que es parte de nosotros sabe esto. Pero el niño/la niña interior herido/herida que está dentro todavía lo intenta, igual que lo hizo en su día con su padre/su madre. Cada relación inevitablemente fracasada refuerza los sentimientos de inadecuación, inferioridad e incapacidad para ser amado/amada del adulto y su niño/niña interior. Una y otra vez.

Cómo terminar con la repetición-compulsión

Las personas que han sufrido un trauma en la infancia (debido al abuso verbal y/o psicológico y/o emocional y/o físico y/o espiritual y/o sexual por uno o sus dos padres o cuidador/es/as) tienen dificultades con una observación correcta del tiempo y se creen que una mala situación o un mal sentimiento van a durar para siempre. El reto que tienen por delante consiste en darse cuenta de lo que ocurre aquí y ahora y reconocer cómo las cosas pueden y de hecho cambian en lugar de estar congeladas en un momento concreto.

Hay herramientas de autorregulación organísmica que reafirman un estado de calma y de conexión entre la mente y el cuerpo y que son muy sanadoras para las personas que han sufrido un trauma de infancia. Todas ellas, necesitan hacer un trabajo somático para recuperar un sentido de estar seguros/seguras en su propio cuerpo (muchos/muchas tienen mucho miedo del que no son conscientes y el miedo es una emoción que se traduce en la sensación de no sentirte seguro/segura en tu propio cuerpo). Este trabajo somático (del cuerpo) se puede hacer a través de:

  • ejercicios de respiración (la bioenergética es estupenda para esto)
  • visualizaciones positivas
  • prácticas de mindfulness y yoga (que no deja de ser meditación en movimiento)
  • Autoafirmaciones

Todo esto ayuda a cambiar el estado de alerta del sistema nervioso (muchos/muchas supervivientes viven en ese modo de alerta la mayor parte del tiempo) y calma el cerebro.

El viaje a la sanación es largo y arduo, pero hay ayuda como la mencionada disponible y el bienestar emocional es posible

“Ningún dolor es tan devastador como el dolor que una persona se niega a sentir y ningún sufrimiento es tan duradero como el que no es reconocido nunca” Cermak & Brown.

La Disociación. Qué es disociar y ejercicios para dejar de hacerlo

¿Qué es la Disociación?

La disociación consiste en la desconexión de una persona de sus pensamientos, memorias, sentimientos, acciones o sentido de quién es. Se trata de un proceso normal que todas las personas experimentan en mayor o menor medida. Algunos ejemplos de disociación leve, que es muy común, incluyen soñar despierto/despierta, hipnosis de carretera o “perderse” en un libro, una película o un videojuego. Todas ellas suponen perder el contacto con la consciencia de nuestro entorno. Un ejemplo de disociación más grave es la amnesia.

Se podría describir como estar “despistado/despistada”, “anestesiada/anestesiado” o “con el cabeza en las nubes”. La disociación es un mecanismo de defensa común a sucesos traumáticos. Por ejemplo, una persona a la que han atracado puede que disocie u “olvide” parte de la experiencia o los sentimientos asociados a ella como una forma de lidiar con la situación.

En las familias que son disfuncionales, abusivas, adictivas o agresivas (verbal o físicamente), los supervivientes son personas que en su infancia han experimentado trauma de forma reiterada durante años en el seno de estas familias. La disociación que hacen en la infancia le sirve al niño/la niña para adaptarse a la difícil situación que vive. Se trata de un mecanismos de defensa que reduce la angustia abrumadora que tienen que aguantar de una forma diaria durante años. Viven una situación durante mucho tiempo de la que no pueden escaparse porque son completamente dependientes de sus padres/cuidadores.

Sin embargo, cuando estos niños/estas niñas siguen disociando en su etapa de adultos, esto se puede convertir en un problema. ¿Por qué? Porque la persona que disocia se desconectará de forma automática de situaciones que son percibidas de forma inconsciente como peligrosas o amenazantes, sin tomarse el tiempo para determinar si existe un peligro real. Esto deja a la persona en estado de “despiste o “in albis” en muchas situaciones de la vida ordinaria, sin ser capaz de aplicar otras formas de lidiar y comportamientos alternativos a estas situaciones.

Y además con más riesgo de no ser capaces de protegerse a sí mismas cuando hay una amenaza que sí es real. Así, es más que probable que, si disocias mucho, esto te haya dado problemas en tus patrones de selección de relaciones. Así, por ejemplo, digamos que eres una mujer heterosexual que tiene un patrón de relaciones abusivas con los hombres y esto es en parte porque esos hombres tienen un comportamiento similar al que tenía tu padre, pero como disocias tus emociones de esos comportamientos, como hacías cuando eras niña con el comportamiento abusivo de tu padre, no registras que son abusivos y dañinos para ti y repites una y otra vez el mismo patrón.

La mayoría de los supervivientes al trauma disocian hasta un cierto punto. Quizás te disocies de tu cuerpo o sensaciones corporales. A lo mejor no tienes acceso a emociones que se te prohibían en la infancia, como la rabia, la tristeza o el miedo. Puede ser que te hayas “olvidado” de cierta información sobre algunos o muchos sucesos de tu infancia. Quizás en situaciones en las que estás bajo stress te sientes como si te estuvieses viendo a ti mismo/misma desde la distancia. A lo mejor en situaciones a las que a muchas personas les evocarían sentimientos, tú te sientes “despistado/despistada” o “distraído/distraída”.

Se trata de algo que no es obvio a primera vista. Es más que probable que estés tan acostumbrado/acostumbrada a disociar que ni siquiera te das cuenta de que lo haces. Por eso es importante para ti como superviviente aprender sobre la disociación, cómo ha funcionado para ti como mecanismo de defensa durante el periodo de abuso en la infancia y cómo ya no es útil para ti como adulto, ya que te está impidiendo vivir de forma plena en el presente, en el aquí y ahora.

La buena noticia es que esto puede cambiar. Puedes trabajarlo con un terapeuta que entienda la disociación, a cualquiera que sea el nivel que opera para ti. Puedes aprender lo que significa estar presente, desarrollar otro tipo de herramientas para gestionar la angustia y las emociones en general y entender que ya no tienes que vivir bajo los parámetros del trauma que experimentaste en la infancia. La vida ocurre aquí y ahora. ¿Te la estás perdiendo?

Técnicas para dejar de disociar: el “grounding”

Aprender a estar presente en el aquí y el ahora incluye aprender a detectar las señales concretas que indican que estás empezando a disociar. Para esto es muy útil que aprendas lo que se llaman técnicas de “toma de tierra” (“grounding” en inglés), muy utilizadas por terapeutas psicorporales. Algunas de estas técnicas son:

  • El centramiento: supone estar más en contacto con las sensaciones corporales del momento, fijando la atención en tu respiración. Así, por ejemplo, podría incluir centrarte en un sonido que oyes ahora mismo, una sensación física, como la textura de la silla sobre la que estás sentado/sentada o algo que ves. Descríbelo con el mayor detalle posible.
  • La respiración profunda: muchas personas (entre ellas, sin duda, los supervivientes al trauma) respiran de una forma superficial, desde el diafragma hasta la nariz. Hacemos esto de forma inconsciente porque es una forma de anestesiarnos. Con una respiración más superficial sentimos menos (tanto en el cuerpo como a nivel emocional). Parar y hacer una respiración más profunda, natural y sana (desde el abdomen hasta la nariz), hará que te relajes, que se reduzca la ansiedad y que sientas más bienestar.
  • La toma de tierra: supone poner el cuerpo en posición vertical, con las rodillas ligeramente dobladas, los pies paralelos a las caderas, la cabeza inclinada hacia arriba, como si tuviese un hilo que tira de ella hasta el techo y la cadera recta, sin estar inclinada ni hacia adelante ni hacia atrás. Esta posición se llama posición de arraigo, y contribuye a que te sientas más unido a la tierra y más presente. Hace que dejes de “estar en las nubes” y te centres en el aquí y el ahora. Si la practicas de forma regular, verás que la tu forma de pisar el suelo será más firme y con más fuerza. Tendrás más claro lo que quieres en la vida. Hay una sintonía entre lo que pasa en el cuerpo y lo que ocurre con tus pensamientos y tus acciones.

 

Puedes obtener información sobre estos ejercicios y otros muchos de bioenergética, en la website de Alexander Lowen, psicoterapeuta corporal y creador de esta disciplina.