Las Seis Emociones Básicas

Las emociones básicas nos regulan en respuesta a lo que ocurre en el exterior. Hay diferencias sobre cuáles son las emociones básicas, ésta que os cuento está basada en el experto en emociones Paul Ekman, que contiene seis: alegría, tristeza, miedo, rabia, sorpresa y asco. Las seis están presentes todas las culturas del mundo y se ha demostrado que son identificables por las personas, a pesar de pertenecer a contextos socioculturales completamente diferentes. Esto sugiere que las emociones son respuestas evolucionadas más que expresiones culturales. Las niñas expresan las emociones de forma sana, tal y como las sienten, sin filtros.

Funciones de las Emociones

Miedo

La función del miedo es avisarnos de situaciones peligrosas o potencialmente peligrosas o de hacer que salgamos de ellas. Físicamente, se manifiesta con una aceleración en los latidos del corazón, una respiración más rápida (respirando únicamente desde el diafragma a la nariz en lugar desde el estómago, que es la forma de respirar más sana y natural) preparando a nuestro cuerpo para realizar la acción más adecuada, que podría llegar a ser congelarse, huir o luchar.

Rabia

La función de la rabia es motivarnos para protegernos a nosotros mismos o a nuestros seres queridos o a algo que consideremos valioso. Es una emoción displacentera que pone a todo el cuerpo en un modo de “preparado para el combate”. La rabia donde la solemos sentir es o bien en la parte superior de la espalda (como los gatos cuando se enfadan y se ponen en posición de atacar) o, cuando se trata de rabia contenida y no expresada, en la parte inferior de la mandíbula (localizada en unos músculos que se llaman maseteros).

Tristeza  

La función de la tristeza es la de avisarnos de algo que nos hace daño, nos perjudica, para que nos alejemos de ello, para que aprendamos algo o para que nos despidamos de alguien (una relación que termina o el duelo por la muerte de un ser querido). La manifestación más expresiva de la tristeza son  las lágrimas, es energía que busca el camino hacia fuera. Experimentarla y expresarla nos permite sanar heridas y crecer en la vida.

Asco

La función del asco es evitar que entremos en contacto o que dejemos sustancias que son tóxicas, peligrosas, infecciosas,,.. También nos avisa de personas o situaciones de las que mantenernos alejadas. Por ejemplo, el asco a veces nos avisa cuando estando o no en una relación de pareja, insisten en que tengamos sexo cuando en realidad nosotros no queremos en ese momento. Ese asco te está avisando de algo, es una emoción límite, si quieres decir “no”, dilo. Físicamente se manifiesta en la forma de hacer una mueca, arrugar la cara, sacar la lengua o escupir.

Alegría

La función de la alegría es avisarnos de que ha ocurrido algo que resalta nuestro bienestar y nuestra celebración de la vida y nos anima a que lo repitamos en el futuro. Cuando estamos contento, nos reímos, en ocasiones a carcajadas, y la postura del cuerpo se vuelve abierta y confiada.

Sorpresa

La función de la sorpresa es la de indicarnos que ha ocurrido algo inesperado para prepararnos para tratar con ello. Ese “algo que nos pasa” puede ser placentero o displacentero. Una sorpresa muy grande se puede convertir en un shock. Físicamente, se manifiesta en la forma de unos ojos muy abiertos, la mandíbula que cae y en muchas ocasiones las manos nos las llevamos a la cabeza.

Hay una tendencia a ver las emociones displacenteras como “malas”, como por ejemplo la rabia o la tristeza y a ver las placenteras como “buenas”, como la alegría. En realidad todas ellas están ahí para algo en concreto, como hemos visto y la función que cumple cada una de ellas es importante. Así, por ejemplo, es displacentero experimentar la tristeza y llorar, pero si no lo hacemos, es decir, si la ignoramos o la negamos, no por eso desaparece. Las personas que evitan experimentar la tristeza pueden acabar teniendo una depresión. Las emociones que sientes, si no las expresas, si no las sacas hacia afuera, se quedan atrapadas en tu cerebro y en tu cuerpo y se acaban manifestando de formas disfuncionales. La vida es naturalmente sana en proporcionarnos un equilibrio, es como el Yin y el Yang, no puede haber alegría sin tristeza.

Hay algunas emociones que están particularmente penadas para algunos colectivos. Así, los hombres tienen más penalizada la tristeza (“si lloras eres un débil”) y las mujeres, la rabia “mira qué fea te pones cuando te enfadas” o “pareces una loca”). Las emociones no saben de géneros y lo sano es experimentarlas y expresarlas todas.

En las sociedades occidentales actuales vivimos penalizando las emociones, en un constructo social e ideológico que las ignora y las esconde. Llorar y reír es de lo más natural que hay como seres humamos que somos. La naturaleza es sabia pero nos empeñamos en cambiarla y convertirnos en algo que en realidad no somos. Las emociones están ahí para algo, para motivar y dirigir nuestro comportamiento en la vida. Son como un mapa que nos va indicando de qué huír, a qué acercarnos, de qué protegernos o cómo disfrutar. Movernos sin ellas nos convierte en semi-autómatas que han perdido el contacto consigo mismos y que dejan de saber qué quieren o a dónde van.

Con esto no quiero decir que podamos expresar la rabia a nuestro jefe o poner cara de asco cuando alguien que no nos gusta nos invita a salir. Pero sí que hay formas sanas de hacerlo, en ambientes en los que estamos protegidos o seguros, en terapia o en casa, donde las podemos expresar con libertad. Si expresas tus emociones, te sientes seguro y sabes a dónde vas. Si no lo haces, se acabarán manifestando de forma disfuncional, harás lo que se denomina un “acting in”, hacerte a timisma lo que le quieres hacer a los demás, por ejemplo, tragándote la rabia de forma autodestructiva, o un “acting out”, haciéndole a otras personas lo que te han hecho a ti, por ejemplo, gritarle a tu hermano pequeño porque tu jefe te ha gritado a ti.

La terapia Gestalt y el psicodrama permiten expresar emociones dentro de un contexto seguro y en el que poder integrarlas para tener una vida más saludable y de bienestar emocional. 

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El Apego Desorganizado

Cómo se genera el Apego Desorganizado

El Apego Desorganizado es el menos frecuente y el más disfuncional de todos los tipos de apego.

Cuando una niña tiene apego seguro, lo que ocurre es que la madre o cuidadora provee a la niña con una base segura para que ésta pueda aventurarse a explorar el mundo de forma independiente pero siempre volver al lugar seguro que le proporciona la madre o ciudadora.

En el caso del apego desorganizado no ocurre esto. Cuando el niño acude al padre o cuidador, éste no siempre le ofrece seguridad y soporte, en ocasiones lo asusta o lo rechaza. No tiene un comportamiento coherente sino caótico y errático con el niño. El comportamiento abusivo es experimentado por el niño como amenazante para su vida, ya que es completamente dependiente de su padre o cuidador. Así, el niño se encuentra con un dilema horrible: sus instintos de supervivencia lo que le dicen es que huya para estar a salvo pero resulta que la seguridad sólo la puede tener de la persona que le está asustando. Es por esto por lo que Mary Main llama a este tipo de apego el “miedo sin solución”.

Bajo estas circunstancias, la angustia por la que pasa la niña nunca es reconocido ni reflejado por la madre. En lugar de eso, transmite señales contradictorias de acercamiento/evitación, por ejemplo, intentando calmar a la niña pero permaneciendo fuera de su alcance o riéndose de la niña al mismo tiempo que intentando calmarla. Esto, a su vez, induce más confusión a la niña, que responde a esa situación de una forma desorganizada, lo cual aumenta la comunicación disfuncional de la madre. Es una espiral de respuestas erróneas a situaciones naturales y de comunicación equívoca y disfuncional.

Las figuras parentales que generan este tipo de apego en sus hijos muchas veces los asustan consciente o inconscientemente. Normalmente tienen comportamientos abusivos y/o de negación y rechazo hacia el niño y esto se suele deber a que ellos mismos tienen un trauma de infancia no resuelto que pasan a la siguiente generación.

Los adultos con Apego Desorganizado

Las personas con apego desorganizado viven en un estado ambivalente, en el cual sienten miedo tanto de estar demasiado cerca como demasiado lejos de los demás. Intentan mantener sus sentimientos bajo control. Sienten ansiedad y tratan de escapar de sus propios sentimientos. Muchas veces se sienten abrumados por sus propias reacciones y experimentan de vez en cuando tormentas emocionales. Suelen ser impredecibles y estar confundidos sobre sus emociones y sentimientos. Les cuesta identificarlos y se avergüenzan de ellos.

El modo en el que estas personas ven las relaciones es el siguiente: buscan a los demás para satisfacer sus necesidades porque creen que esto no lo pueden hacer por sí mismas pero creen que si se acercan demasiado a otras personas, si hay demasiada intimidad, se harán daño. Es decir, la persona a la que acuden en busca de seguridad es la misma de la que tienen miedo a acercarse demasiado. Como resultado de esto, su comportamiento es caótico, ya que se acercan y se alejan de forma periódica, teniendo un patrón inestable de comportamiento.

Las personas con apego desorganizado en su etapa como adultos tienden a tener relaciones problemáticas o dramáticas, con muchos altibajos. Son como montañas rusas. A menudo tienen miedo de ser abandonadas pero al mismo tiempo también les cuesta la intimidad. Es probable que se hagan muy dependientes de sus parejas cuando se sientan rechazadas, pero también se sientan atrapadas cuando están muy cerca emocionalmente de ellas. Pareciera que no hubiese una sincronización entre ellas y sus parejas. Es probable que en algún momento de su vida acaben en relaciones abusivas.

Cómo Sanar el Apego Desorganizado

El tipo de apego que hayas desarrollado en la infancia, basado en tu relación con tu madre o cuidadora no tiene que definir para siempre el modo en el que te relacionas con los que quieres en tu etapa adulta. Si averiguas cuál es tu tipo de apego, podrás entender los mecanismos de defensa que has desarrollado para protegerte de un dolor que ya no está en la actualidad sino que pertenece a la infancia, a una época de tu vida que ya pasó.

Lo más aconsejable es que te busques una pareja con apego seguro y trabajes en desarrollarte a ti mismo con las referencias de alguien con ese tipo de apego. El primer paso es darte cuenta del tipo de apego que tienes, de este modo tú y tu pareja podréis hacer frente a las inseguridades y miedos en que se apoya tu patrón de comportamiento basado en situaciones pasadas y construir y desarrollar apego sano y funcional, para tener una relación satisfactoria.

En concreto, para el caso del apego desorganizado la terapia Gestalt puede ser muy efectiva para enseñas habilidades sociales, formas de entender y gestionar las emociones y diferentes enfoques para liberar y sanar la tristeza y la rabia que esconden el trauma de infancia.

Si quieres saber más sobre el tipo de apego que tienes, te recomiendo el libro “Maneras de Amar”, de Amir Levine y Rachel Heller.

El Apego Evitativo

Qué es el Apego Evitativo

Aproximadamente, un 25% de las personas tienen apego evitativo. Todos los tipos de apego son respuesta a nuestras relaciones cuando éramos niñas con nuestros padres o cuidadores y cómo respondieron éstos a nuestras necesidades.

El origen del apego evitativo está en la falta de respuesta de la madre al niño por no saber cómo dar apoyo. Los estudios sugieren que algunas de los padres/cuidadores tienen falta de empatía, mientras que otros no han desarrollado un sentido de cercanía y compromiso, que son factores cruciales en el cuidado de una niña.

Cuando los niños sienten que sus padres no quieren conocerles o estar con ellos, se sienten vacíos y con falta de un propio “yo”, un reconocimiento de sus propios pensamientos, sentimientos y comportamientos.

Las personas con apego evitativo tienen problemas con la confianza y la intimidad con los otros. De forma inconsciente, crean situaciones y justificaciones para sabotear y dejar las relaciones. Tienden a conectar y después retirarse cuando sienten que la relación se vuelve demasiado intensa. Por esta razón, sus relaciones tienden a ser superficiales.

No hablan ni son muy conscientes de sus emociones. Las mantienen encerradas bajo llave, en especial los sentimientos de vulnerabilidad, como la debilidad, la vergüenza o el miedo.

La evasión de la intimidad consiste en una estrategia de defensa que desarrollan en la infancia. Es un modo de protegerse de que les hagan daño o les critiquen. El apego evitativo se desarrolla cuando las madres o cuidadoras se muestran indisponibles, preocupadas o desinteresadas con la niña. Ésta siente que sus necesidades no son importantes, así que las entierran, confiando únicamente en sí mismas para satisfacerlas o comportándose como si no las tuvieran.

Las personas con apego evitativo no buscan a los demás para que les conforten, ya que no los perciben como de fiar. Les cuesta mucho pedir ayuda, por lo que intentan hacerlo absolutamente todo por sí mismas.

De cara a los demás parecen fuertes, independientes, siempre en control de la situación. También resilientes, ya que parecen superar las cosas rápidamente. En realidad lo que hacen es huir sin ser conscientes de sus propias emociones. Es tentador querer evitar las dificultades, pero no es emocionalmente efectivo ni sano. Las emociones no desaparecen por mucho que las evitemos o las ignoremos. Hace que no estemos conectados a nuestra propia vida ni nos conozcamos en profundidad.

Cómo cambiar el Apego Evitativo

Más abajo te doy unas pautas a seguir para modificar el Apego Evitativo pero es más que probable que no sean suficientes. Se necesita la ayuda de una terapia centrada en las emociones como la terapia Gestalt o la de una pareja con apego sano que esté dispuesta a acompañarte en el proceso.

  • Practica la identificación de tus propias emociones y sentimientos.
  • Poco a poco, intentar compartir algo más de tus sentimientos y pensamientos con tus personas queridas.
  • Invierte tiempo en conocerte a ti misma.
  • Hazte más consciente de cuando empiezas a distanciarte de ti misma y permanece conectada a pesar de que te resulte incómodo y te produzca miedo.
  • Intenta pedir ayuda y apoyo a los demás. Las personas no están hechas para hacerlo absolutamente todo por sí mismas.
  • Ten paciencia contigo misma. Los cambios son difíciles y requieren de esfuerzo, tiempo y paciencia.
  • Date amor y compasión a ti misma.

Aunque tus patrones de apego se formaron en la infancia y lleves toda la vida con ellos, una vez te haces consciente de los patrones que sigues, es posible desarrollar Apego Seguro a cualquier edad.

Libros Recomendados sobre el Apego

Estos dos libros te ayudarán a entender cuál es el tipo de apego que tienes y cómo puedes cambiarlo:

El Apego Ansioso

¿Qué es el Apego Ansioso?

Hay 4 tipos de apego, de acuerdo con la teoría de John Bowlby. Uno de ellos es sano y los otros tres son disfucionales: apego ansioso, apego evitativo y apego desorganizado. En este artículo explico el apego ansioso.

Las niñas con este tipo de apego muestran una mezcla de ira e impotencia hacia su madre. Actúan de forma pasiva y se sienten inseguras. La experiencia les ha enseñado que no pueden confiar en su madre. El comportamiento de la madre es incoherente. Unas veces responde de forma adecuada y otras rechaza a la niña.

Otra teoría que también es combinable con la anterior: el cuidador/padre que tiene él mismo la herida del abandono (muchas veces sin ser consciente) genera dependencia en el niño, asegurándose de que el niño le necesitará y se quedará con él. El niño de esta estrategia es, por lo tanto, “entrenado” para quedarse en esa etapa psicológicamente y desarrollar un rol dependiente en las relaciones íntimas para satisfacer sus necesidades.

Cuando se convierte en un patrón – cuando alguien que “se supone que está ahí” para nosotras, en realidad encontramos que “pasa de nosotras y no nos hace caso” (aunque en realidad esto sea una fantasía catastrófica) – la recuperación de esto para la persona que tiene el apego se convierte en una tarea muy difícil. Tenemos comportamientos y sentimientos basados en nuestra niña interior herida que dice “No soy deseada. No soy suficiente. Soy defectuosa”.

“No soy deseada. No soy suficiente. Soy defectuosa”

Es muy probable que vivan apegados a su pareja o amigos íntimos. Sintiendo y viviendo así, muchos se sienten fácilmente rechazados o abandonados, enfadándose cuando sus parejas no están a la altura de las expectativas creadas por ellos y que no son realistas. Algunos terapeutas se han referido a esto como “el vínculo de fantasía”, enamorados de la idea fantasiosa que tienen de la persona, ignorando muchas veces las partes que les parecen incómodas o malas.

El Apego Ansioso en Situaciones de Conflicto

Tienen una tendencia a estar permanentemente preocupadas por su relación, temiendo que su pareja se distancie. Se suelen tomar las cosas de una forma muy personal, viéndolas con un sesgo negativo y proyectan en su pareja sus ideas y pensamientos negativos.

Para aliviar su ansiedad, puede que jueguen a juegos o manipulen a su pareja para obtener atención y validación. Pueden tener comportamientos como el de retirarse, no contestar llamadas, provocar celos o amenazar con dejar la relación. También es frecuente que tengan celos de la atención que su pareja le presta a otras personas y llamen o se comuniquen de forma demasiado frecuente, incluso cuando ya se les ha pedido que no lo hagan.

Las personas que tienen apego ansioso luchan por la relación y también en contra de ella, sintiéndose incapaces de estar tranquilos hasta que otra persona satisface su necesidad de validación. Esto muchas veces lleva en el largo plazo a un deterioro de la relación, ya que sus parejas acaban distanciándose o resintiéndose en lugar de buscar una resolución común a un conflicto que parece eterno.

Esta retirada por parte de las parejas acaba muchas veces perpetuando las creencias negativas

“Siempre me dejan. No soy digna de amor”

Cómo Sanar el Apego Ansioso

En muchos de los casos de las personas con este tipo de apego hay un mensaje interior de la infancia que se ha interiorizado: el mensaje no directo de la madre y/o cuidadora de esa persona que dice “¡No puedo con esta niña! Que alguien se ocupe de ella”. Es un mensaje que la persona se acaba repitiendo internamente cuando sus emociones son intensas, cuando se activa ese viejo estado de la infancia. Muchas de estas personas cuando van a terapia se dan cuenta de que en realidad odian a su niña interior. Lo que hacen es darles esta parte emocional de sí mismas a otros, a sus parejas, amigas, familia, repitiendo de forma interna e inconscientemente lo mismo que le decía su madre en la infancia: “No puedo aguantar a la niña que hay en mí. ¡Es demasiado! Mejor hazte cargo tú!”

“¡No puedo con esta niña! Que alguien se ocupe de ella”

Es importante empezar por separar las partes que hay en ti de la siguiente manera: hablar de cada una de ellas en tercera persona, para oír de forma gradual el diálogo que ya se da entre ellas. Esto se llama diferenciación y es un componente necesario para empezar a tomarte las cosas de otra manera. No podemos ser testigos de una parte de nosotros mismos cuando somos esa parte. Requiere de una cierta distancia. Ser un testigo efectivo requiere el desarrollo de un interno “otro”.

Desarrollar partes internas es algo que todas hacemos a lo largo de la vida. Las personas que han tenido madres disfuncionales, algunas de sus partes internas son muy críticas y destructivas, que juzgan y culpan y hacen sentir vergüenza tóxica. Éstas son las partes que nos impiden un desarrollo pleno como adultos.

Podemos desarrollar una nueva voz dentro de nosotros mismos, un testigo interior. Una que no juzga, no se siente amenazada por la emoción, que no ataca, no se retira, no siente lástimas, no analiza y no intenta arreglar las cosas. Una voz que nos permite desarrollar la empatía y la compasión hacia nosotros mismos, que nos permite ser testigos de nuestro dolor y nuestra alegría de la misma manera en que desearíamos que otros lo hicieran.

La compasión y la afirmación que podemos darnos a nosotras mismas es tan real y tan válida como el abuso interno en el que llevamos tantos años confiando. Es un diálogo interior entre partes de nosotras mismas. En la terapia, lo que se hace es hacer este diálogo más consciente y más intencional.

Ciertas técnicas terapéuticas, como la terapia Gestalt y el Hakomi, trabajan precisamente para crear un entorno interior de aceptación y compasión, facilitando la integración de las diferentes partes que todos nosotros somos.

El libro “Maneras de Amar” ,de Amir Levine y Rachel Heller trata específicamente el tema del apego de una forma clara y sencilla. Ayuda a entender el apego ansioso y tus patrones y proporciona herramientas para trabajarlo.

Mejora tu Voz Interior

¿Eres consciente de que hablas contigo misma todo el tiempo? El modo en el que nos hablamos a nosotras mismas representa una enorme diferencia en nuestras vidas. Lo que tienes que preguntarte es si tu voz interior es tu amiga o tu enemiga.

Nuestro cerebro se ve afectado por las palabras que nos decimos del mismo modo (o más) en el que ocurre cuando hablamos con otras personas. Por eso, cómo nos hablamos a nosotros mismos puede ser una poderosa herramienta. Hablarse a uno mismo es el recurso disponible menos aprovechado para dominar nuestras mentes y mejorar nuestras vidas. Nuestros pensamientos influencian nuestros sentimientos, elecciones y acciones. Las personas que piensan en positivo son más optimistas, más seguras y más exitosas. Su efecto es contagioso y es inspirador para amigos, compañeros de trabajo y personas queridas.

Nuestros Modelos en la Infancia

Empezando en la infancia, nuestro diálogo interior se va desarrollando a lo largo de los años. Cuando veas hablar a una niña (o a tus propias hijas) puedes oírles hablar consigo mismas, sus muñecos, otras niñas en unas palabras y un tono similares al modo en el que les hablan adultos que son influencias para ellas (padres, maestros, cuidadores,..) pero, sobre todo, los padres. Cómo los padres hablan a sus hijas acabará siendo un modelo de cómo se hablan a sí mismas cuando son adultas. Gradualmente, las niñas interiorizan esas voces y las convierten en su Voz Interior.

Si el modelo es bueno, esto constituirá un refuerzo en el desarrollo de los niños, les ayudará a dominar tareas, consolarse a sí mismos y aprender a relacionarse con los demás. Los profesores que son pacientes les enseñan a los niños a tener paciencia consigo mismos. Los padres que son críticos, atacan o se enfadan a cada momento, enseñan a los niños a hablar consigo mismos con dudas, frustración y desprecio.

Los codependientes son personas que han crecido en familias disfuncionales, en las que sus padres generalmente les han proporcionado modelos de conducta inefectivos, como la negación, reactividad emocional, exceso de control, desaprobación, crítica destructiva, o abuso verbal o psicológico patente. Incluso cuando los padres bienintencionados les dicen a sus hijas que no deberían tener vergüenza o llorar, en realidad lo que están haciendo es avergonzándolas de expresar emociones que son naturales y necesarias. Esto, en el caso de las hijas de familias disfuncionales se agrava, dando lugar a lo que se llama “vergüenza tóxica”. Es decir, la vergüenza está ahí para algo, avisa a la persona de que está siendo observada por otros y la ayuda a ser cauta, a cuidar su imagen. Un exceso de vergüenza deviene en vergüenza tóxica, que se convierte en un impedimento para tener una vida normal, enfrentarse a situaciones como hablar en público, tener citas o hacer una entrevista de trabajo.

El ”Trío Tirano”: El Crítico, el Perfeccionista y el Retador.

  • El Perfeccionista espera que seamos más que humanos, asegurándose de que antes o después fallaremos en conseguir las metas imposibles que nos pone.
  • El Retador hace tareas de manera incansable, agotadora, privándonos de disfrutar de la vida y del placer.
  • El Crítico nos dice que nunca somos suficiente, no importa lo que hagamos o lo que consigamos.

La Perfeccionista y la Retadora nos pueden ayudar a conseguir nuestra metas porque nos convierten en personas tenaces, determinadas, con fuerza de voluntad. Pero también hay que tenerlos a raya porque se alimentan de la insatisfacción perenne que hay de fondo (lo que hay detrás es la niña interior que dice “cuando consiga esto, papá/mamá me querrá por fin”.

“Cuando consiga esto, papá/mamá me querrá por fin”

El Crítico puede hacernos mucho daño y socavar nuestra autoestima. Probar algo nuevo o tomar decisiones puede llegar a convertirse en una tarea muy difícil por la ansiedad de que las cosas no van a salir bien. Le tenemos miedo a nuestro propio crítico interior, que no es más que la voz de nuestros padres insertada en nuestro cerebro y siendo muy autodestructiva.

El Trío puede dar lugar a ansiedad, depresión e inercia.

Nuestro Diálogo Interior nos puede sumir en la ansiedad y en la rumiación y superarnos con ataques de vergüenza y emociones muy dolorosas. Un Diálogo Interior positivo puede darnos confort y ánimos. Uno negativo nos hará sentir ansiosas e inadecuadas.

Cambiar nuestra Voz Interior

Aunque hemos crecido acostumbrados a estas voces interiores, se pueden cambiar. Primero requiere que nos hagamos conscientes de nuestra voz interior, parar al crítico cuando veamos que campa a sus anchas y hace daño y restituirlo por mindfulness y pensamientos positivos.

  • El mindfulness tiene que ver con estar presente en el momento, ser conscientes de nuestros propios pensamientos y poder verlos pasar, como si se tratasen de nubes pasajeras, entendiendo que nosotros no somos nuestros pensamientos.
  • Diálogo Interior en Tercera Persona. Un ejemplo de esto sería: “Esto no se lo hagas más a Paula/Pedro” en lugar de “Esto no me lo hagas más a mí”. Cuando estás tan identificado con un ego negativo (a pesar de que ese ego no seas tú realmente) hablar en términos positivos de “yo” puede resultar difícil. Sin embargo, si empiezas hablando contigo mismo como lo harías con otra persona, esto tiene un efecto de distanciarte de tu propio ego. Te ayudará a regular tus emociones, porque estarás menos involucrado emocionalmente y tendrás más perspectiva. Así, tu cerebro emocional será menos reactivo y esto te hará ser más objetivo contigo mismo. Este pequeño cambio tiene un impacto profundo en reducir la vergüenza, la ansiedad y la depresión.
  • Meditación. Ya lo sé. Es difícil y aburrido. Pero ayuda. Reduce la ansiedad y el estrés, te ayuda a concentrarte en la respiración, que es fuente de vida  y te aleja de ese aluvión de pensamientos que tienes a lo largo del día. Empieza con 5 minutos. Es suficiente para notar un cambio.
  • Afirmaciones Positivas. Grábate un audio con afirmaciones positivas y repítelo por la mañana y por la noche. Cómprate una pizarra, ponla en un sitio que te guste y escríbete mensajes positivos a ti misma. Pon post-its por la casa que te apetezca ver con cosas bonitas que te dices a ti misma. La coach Meredith Miller, especializada en abuso narcisista tiene un canal en YouTube que se llama “Inner Integration”, este video sobre autosabotaje tiene varias afirmaciones positivas que son buenas y estimulantes.

La voz interior no es más que tú hablando contigo mismo en un diálogo en el que te desdoblas en dos. Convierte a esa voz en tu mejor amigo. 

Hablemos sobre Sadomasoquismo y También sobre Narcisismo

¿Qué es el Sadomasoquismo?

El sadomasoquismo puede definirse como la entrega o recepción de placer, muchas veces sexual, mediante infligir o recibir daño o humillación. Puede significar un aumento del placer sexual o, en otras ocasiones, como un sustituto o un requisito imprescindible en una relación. Infligir dolor se usa para incitar el placer sexual, mientras que la simulación de la violencia puede servir para expresar apego. Las actividades sadomasoquistas son en la mayoría de los casos iniciadas a petición, o en beneficio, del masoquista, que muchas veces dirige las acciones a través de sutiles señales emocionales.

Algunos estudios sugieren que las fantasías sádicas se encuentran tanto en las mujeres como en los hombres. Mientras que algunas personas son puramente sádicas o completamente masoquistas, muchas son diferentes grados de ambas, y se describen a sí mismas como intercambiables en los papeles de sádica – masoquista.

El sadomasoquismo es una palabra híbrida, compuesta por sadismo y masoquismo, términos acuñados en el sigo XIX por el psiquiatra alemán Richard von Krafft-Ebing, quien habló de tendencias naturales de sadismo en los hombres y de masoquismo en las mujeres. Krafft-Ebing nombró el sadismo tomando el nombre del Marqués de Sade, autor de “Los crímenes del amor”, “Aline y Valcour” y otras obras.

El padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, remarcó que la tendencia a infligir y recibir dolor durante las relaciones sexuales es “la más común e importante de todas las perversiones” y la adscribió – como otros muchos temas – a un desarrollo emocional y/o psicológico incompleto o disfuncional en la infancia.

La más común e importante de todas las perversiones

El Sadismo y el Masoquismo en las Relaciones

El sadismo también puede representar una clase de actividad disfuncional, como la de utilizar a alguien como “cabeza de turco” o como “chivo expiatorio”. Sentimientos displacenteros como la rabia o la culpa son desplazados hacia fuera de la persona que los siente y proyectados en otra persona: el chivo expiatorio. Ésta es una práctica antigua y con raíces profundas. De acuerdo con el Levítico, Dios les dijo a Moisés y a Aaron que sacrificasen a dos chivos (cabras) cada año. El primer chivo era para ser sacrificado y su sangre derramada en el Arca de Noé. Entonces el Sumo Sacerdote pondría sus manos sobre la cabeza del segundo chivo y confesaría los pecados de la gente. Este segundo chivo, con más suerte que el primero, no sería asesinado, sino que sería abandonado en el desierto llevando la carga del pecado, que es por lo que se le acabaría conociendo como el “chivo expiatorio”. El altar que hay en cada iglesia es un recordatorio simbólico de esta práctica de sacrificio, siendo el último objeto del sacrificio, el propio Jesús.

Para el masoquista, tomar el rol de la subyugación y la impotencia puede ofrecer una liberación frente al estrés o la carga de la responsabilidad o la culpa. También puede evocar sentimientos infantiles de dependencia, seguridad y protección, que pueden servir como un sustitutos de la intimidad. Además, el masoquista puede obtener placer de ganarse la aprobación de la sádica, solicitando su plena atención, y con ello, controlándola.

En casi todas las relaciones, una compañera está más apegada que la otra, llevando a la que está menos apegada a ser la dominante, mientras que la más apegada se infantiliza y se vuelve sumisa para conseguir pacificar, complacer y seducir. Al final, es más que probable que la menos apegada se agobie y tome distancia, pero si se aleja demasiado, la más apegada puede que se enfríe, se cierre o se vaya. Esto puede provocar que la menos apegada cambie de rol y se vuelva la más entusiasta de las dos en la relación. Al final, el equilibrio se restablece, hasta que ocurre algo que rompe ese equilibrio, y así ad infinitum. La dominación y la sumisión son elementos que se encuentran en la mayoría de las relaciones, pero esto no es óbice para que estos componentes las hagan agotadoras, estériles, y, parafraseando a Freud, inmaduras.

En lugar de jugar al gato y al ratón, los amantes necesitan tener confianza (en sí mismos y en el otro) y el valor para elevarse por encima del juego. ¿Cómo? Aprendiendo a confiar cada uno en el otro y atreverse a mirarse como los dos seres humanos de completos que en realidad son, finales en sí mismos y no medios para conseguir un fin. El amor verdadero consiste en respetar, compartir, nutrir y facilitar. ¿Cuántas personas tienen la capacidad y la madurez para esta clase de amor transpersonal?

En cualquier caso, es un baile que bailan dos.

El Sadomasoquismo y el Narcisismo

La tendencia es que aquellas personas que han sido criadas por un padre narcisista sádico esto es, que se reconfortaba (en la mayoría de los casos, seguramente de forma inconsciente) infligiendo dolor psicológico o emocional, estas personas de adultos desarrollan dinámicas sadomasoquistas en sus relaciones con sus parejas. ¿Por qué? Porque en su infancia se les enseñó que el amor tenía un componente doloroso, componente que posteriormente introdujeron en sus relaciones de forma natural, repitiendo lo que se les había enseñado.

La posición extremadamente vulnerable en la que está una niña durante años (tiene una dependencia total de sus progenitores) y las situaciones de humillación, dolor,.. que sufre, siendo éstas realizadas por una figura a la que quiere (su padre o su madre o ambos), para ella habrá una enorme facilidad/naturalidad para desarrollar roles de sumisión (viviendo lo que le hacían a ella) o de dominación (haciéndole a otra persona lo que le hacían a ella).

No estoy calificando el sadomasoquismo ni de bueno ni de malo, ya que entiendo que dos adultos que son libres y consienten de forma mutua, pueden realizar las prácticas sexuales que les apetezcan, por mucho que a otras personas estas prácticas les puedan parecer aberrantes, raras o indignas. Lo que digo es que simplemente quizás te apetezca reflexionar sobre hasta qué punto es tu inconsciente el que te lleva a adoptar prácticas sadomasoquistas en tus relaciones, esto es, te conviertes en ese niño que pide que papá/mamá le pegue o bien ese niño enfadado que quiere pegarle a papá/mamá. Y no sólo en la cama.

¿Crees que has tenido o tienes una relación sadomasoquista? ¿Piensas que esta dinámica puede estar relacionada con el sadismo de uno de tus padres? Deja un comentario.

Fuente: Psychologytoday.com 

7 Pasos para Sanar a tu Niña Interior

Dentro de todos nosotros, hay roles, personajes internos. Uno de ellos es el niño interior. Ese niño que una vez fuiste te acompañará toda tu vida. Lo idea es que el niño salga cuando juegas, te diviertes, cuando eres creativo,… El problema viene cuando el niño domina situaciones en tu vida en las que en realidad debería hacerlo el adulto, por ejemplo, en el trabajo. Si te hirieron en la infancia y esas heridas no han sido sanadas, de las formas más insospechadas y absurdas, ese niño domina al adulto que eres hoy en día. ¿Cómo? Por ejemplo, mediante lo que se denomina “acting out”. Un ejemplo de “acting out” sería el de un niño cuyo padre le infligía mucho daño mediante la negación y el abuso emocional y psicológico y el hombre en el que se ha convertido – y que se topa una y otra vez con jefes abusivos – se comporta con ellos de una forma agresiva y desafiante, como lo hacía el niño con su padre, poniendo al adulto en situaciones muy difíciles, ya que comportarse así en un ambiente de trabajo, sólo da problemas y malestar emocional.

Sanar a la niña interior no es fácil. Se trata de un proceso largo y doloroso, pero merece la pena. Te sentirás mucho mejor contigo misma, entenderás cuándo la niña tiene una cierta necesidad y podrás afrontar muchas situaciones como la adulta que eres.

De acuerdo con John Bradshow, autor de “Volviendo a casa: reclamando y empoderando a tu niño/niña interior”, el proceso de sanar a tu niño interior es de duelo e implica 7 pasos:

  1. Confianza

    Para que tu niña interior herida salga de su escondite, tiene que poder confiar en que estarás ahí para ella. Tu niña interior también necesita una aliada que la apoye y que la valide en su abandono, negación y abuso. Éstos son los primeros elementos esenciales en el trabajo con el dolor original.

  2. Validación

    Si todavía estás inclinado a minimizar y/o racionalizar las maneras en las que has sido avergonzado, ignorado o usado para nutrir a tus padres, ahora necesitas aceptar el hecho de que esto te hizo daño. Tus padres simplemente repitieron lo mismo que les han hecho a ellos. El abuso es algo que, si no se trata en terapia, pasa de generación en generación.

  3. Shock

    Si todo esto es muy sorprendente para ti, eso es bueno, porque la sorpresa es el comienzo del duelo.

  4. Rabia

    Es normal estar enfadada, incluso aún sabiendo que lo que te hicieron no fue intencional. De hecho, TIENES que enfadarte si quieres sanar a tu niña interior. No hace falta que grites y metas alaridos (aunque quizás lo hagas). Está bien simplemente estar enfadada por ese trato tan injusto. Puesto en palabras sería algo así:

    Ya sé que mis padres lo hicieron lo mejor que pudieron como los niños adultos heridos que en realidad son. Pero también soy consciente de que me hicieron mucho daño emocional y espiritual y que ha tenido consecuencias negativas graves en mi vida. Nos considero a todos responsables de parar lo que nos estamos haciendo a nosotros mismos y a los demás. Ya no toleraré más la disfunción patente y el abuso que han dominado mi sistema familiar.

  5. Tristeza

    Después de la rabia, llega la tristeza. Si nos hicieron víctimas, debemos pasar el duelo de esa traición. También tenemos que pasar el duelo de lo que fueron nuestros sueños y aspiraciones. También debemos llorar nuestras necesidades en el desarrollo que no fueron cubiertas.

    Es decir, un niño tiene una serie de necesidades en sus primeros años de vida, cuando se sucede el desarrollo. Un niño no es dependiente por elección sino por necesidad. Necesita que sus padres/cuidadores hagan lo que se denomina el “mirroring”, es decir, que le validen su identidad para que empiece a distinguir entre el nosotros y el “yo”. Si estas necesidades no son cubiertas, el niño crece sin un desarrollo del “yo”. Por eso, estos adultos son como niños emocionales, que tienen problemas en su evolución y desarrollo como personas en diferentes facetas de la vida. Si no se tratan, esos adultos serán o bien narcisistas o bien codependientes.

  6. Culpa

    En el duelo por el abandono de la infancia, debes ayudar a tu niña herida a ver que no hay NADA que hubiese podido hacer para que las cosas hubiesen salido de otra manera. La niña herida piensa que es culpa suya lo que le ha pasado, que se lo merecía, que era defectuosa. Tu misión es que entienda que no es así, que el abuso es algo que pasa de generación en generación y se ejerce de forma indiscriminada. No hay razones detrás. Lo que hay son emociones y sentimientos no procesados y repetidos en las hijas.

    El abuso es algo que pasa de generación en generación y se ejerce de forma indiscriminada

  7. Soledad

    Los sentimientos más profundos del duelo son la vergüenza tóxica y la soledad. Nuestros padres nos avergonzaron y nos abandonaron. Nos sentimos que somos malos, como si fuéramos defectuosos. Y esa vergüenza lleva a la soledad. Como nuestro niño interior se siente defectuoso, se ve obligado a cubrir su yo auténtico con su yo falso adaptado. Entonces la persona se identifica con su yo falso. Su yo verdadero está solo y aislado. Estar en esta última capa de sentimientos dolorosos es la parte más dura del proceso de duelo. “La única manera que hay es atravesándolo”, es lo que dice John Bradshow. Es duro permanecer en ese nivel de vergüenza y soledad, pero si abrazamos y aceptamos estos sentimientos, finalmente los integramos y dejan de dominarnos inconscientemente. Encontramos nuestro propio yo, el que hemos estado escondiendo. Como lo escondemos de los demás, lo escondemos de nosotros mismos. Si abrazamos nuestra vergüenza y nuestra soledad, empezamos a sentir nuestro yo más verdadero.

Fuente: beyondblue.