Las Seis Emociones Básicas

Las emociones básicas nos regulan en respuesta a lo que ocurre en el exterior. Hay diferencias sobre cuáles son las emociones básicas, ésta que os cuento está basada en el experto en emociones Paul Ekman, que contiene seis: alegría, tristeza, miedo, rabia, sorpresa y asco. Las seis están presentes todas las culturas del mundo y se ha demostrado que son identificable por las personas, a pesar de pertenecer a contextos socioculturales completamente diferentes. Esto sugiere que las emociones son respuestas evolucionadas más que expresiones culturales. Los niños/las niñas expresan las emociones de forma sana, tal y como las sienten, sin filtros.

Funciones de cada una de las Emociones

Miedo

La función del miedo es avisarnos de situaciones peligrosas o potencialmente peligrosas o de hacer que salgamos de ellas. Físicamente, se manifiesta con una aceleración en los latidos del corazón, una respiración más rápida (respirando únicamente desde el diafragma a la nariz en lugar desde el estómago, que es la forma de respirar más sana y natural) preparando a nuestro cuerpo para realizar la acción más adecuada, que podría llegar a ser huir o luchar.

Rabia

La función de la rabia es motivarnos para protegernos a nosotros mismos o a nuestros seres queridos o a algo que consideremos valioso. Es una emoción displacentera que pone a todo el cuerpo en un modo de “preparado/preparada para el combate”. La rabia donde la solemos sentir es o bien en la parte superior de la espalda (como los gatos cuando se enfadan y se ponen en posición de atacar) o, cuando se trata de rabia contenida y no expresada, en la parte inferior de la mandíbula (localizada en unos músculos que se llaman maseteros).

Tristeza  

La función de la tristeza es la de avisarnos de algo que nos hace daño, nos perjudica, para que nos alejemos de ello, para que aprendamos algo o para que nos despidamos de alguien (una relación que termina o el duelo por la muerte de un ser querido). La manifestación más expresiva de la tristeza son  las lágrimas, es energía que busca el camino hacia fuera. Experimentarla y expresarla nos permite curar heridas y crecer en la vida.

Asco

La función del asco es evitar que entremos en contacto o que dejemos sustancias que son tóxicas, peligrosas, infecciosas,,.. También nos avisa de personas o situaciones de las que mantenernos alejados. Por ejemplo, el asco a veces nos avisa cuando estando o no en una relación de pareja, insisten en que tengamos sexo cuando en realidad nosotros no queremos en ese momento. Ese asco te está avisando de algo, es una emoción límite, si quieres decir “no”, dilo. Físicamente se manifiesta en la forma de hacer una mueca, arrugar la cara, sacar la lengua o escupir.

Alegría

La función de la alegría es avisarnos de que ha ocurrido algo que resalta nuestro bienestar y nuestra celebración de la vida y nos anima a que lo repitamos en el futuro. Cuando estamos contentos/contentas, nos reímos (en ocasiones a carcajadas), y la postura del cuerpo se vuelve abierta y confiada.

Sorpresa

La función de la sorpresa es la de indicarnos que ha ocurrido algo inesperado para prepararnos para tratar con ello. Ese “algo que nos pasa” puede ser placentero o displacentero. Una sorpresa muy grande se puede convertir en un shock. Físicamente, se manifiesta en la forma de unos ojos muy abiertos, la mandíbula que cae y en muchas ocasiones las manos nos las llevamos a la cabeza.

Hay una tendencia a ver las emociones displacenteras como “malas”, como por ejemplo la rabia o la tristeza y a ver las placenteras como “buenas”, como la alegría. En realidad todas ellas están ahí para algo en concreto, como hemos visto y la función que cumple cada una de ellas es importante. Así, por ejemplo, es displacentero experimentar la tristeza y llorar, pero si no lo hacemos, es decir, si la ignoramos o la negamos, no por eso desaparece. Personas que evitan experimentar la tristeza pueden acabar teniendo una depresión. Las emociones que sientes, si no las expresas, si no las sacas hacia afuera, se quedan atrapadas en tu cerebro y en tu cuerpo y se acaban manifestando de formas disfuncionales. La vida es naturalmente sana en proporcionarnos un equilibrio, es como el Yin y el Yang, no puede haber alegría sin tristeza. .

Hay algunas emociones que están particularmente penadas para algunos colectivos. Así, los hombres tienen más penalizada la tristeza (“si lloras eres un débil”) y las mujeres, la rabia “mira qué fea te pones cuando te enfadas” o “pareces una loca”). Las emociones no saben de géneros y lo sano es experimentarlas y expresarlas todas.

En las sociedades occidentales actuales vivimos penalizando las emociones, en un constructo social e ideológico que las ignora y las esconde. Llorar y reír es de lo más natural que hay como seres humamos que somos. La naturaleza es sabia pero nos empeñamos en cambiarla y convertirnos en algo que en realidad no somos. Las emociones están ahí para algo, para motivar y dirigir nuestro comportamiento en la vida. Son como un mapa que nos va indicando de qué huír, a qué acercarnos, de qué protegernos o cómo disfrutar. Movernos sin ellas nos convierte en semi-autómatas que han perdido el contacto consigo mismos y que dejan de saber qué quieren o a dónde van.

Con esto no quiero decir que podamos expresar la rabia a nuestro jefe o poner cara de asco cuando alguien que no nos gusta nos invita a salir. Pero sí que hay formas sanas de hacerlo, en ambientes en los que estamos protegidos o seguros, en terapia o en casa, donde las podemos expresar con libertad. Si expresas tus emociones, te sientes seguro y sabes a donde vas. Si no lo haces, se acabarán manifestando de forma disfuncional, harás lo que se denomina un “acting in”, hacerte a ti mismo/misma lo que le quieres hacer a los demás, por ejemplo, tragándote la rabia de forma autodestructiva, o un “acting out”, haciéndole a otras personas lo que te hacen a ti, por ejemplo, gritarle a tu hermano pequeño porque tu jefe te ha gritado a ti.

La terapia Gestalt y el psicodrama permiten expresar emociones dentro de un contexto seguro y en el que poder integrarlas para tener una vida más saludable y de bienestar emocional. 

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El Apego Desorganizado

Cómo se genera el Apego Desorganizado

El Apego Desorganizado es el menos frecuente y el más disfuncional de todos los tipos de apego.

Cuando un niño/una niña tiene apego seguro, lo que ocurre es que el padre/la madre/el/la cuidador(a) provee al niño/a la niña con una base segura para que el niño/la niña pueda aventurarse a explorar el mundo de forma independiente pero siempre volver al lugar seguro que le proporciona el padre/la madre/el/la cuidador(a).

En el caso del apego desorganizado no ocurre esto. Cuando el niño/la niña acude al padre/a la madre/ el/la cuidador(a), éste/ésta no siempre le ofrece seguridad y soporte, en ocasiones lo/la asusta o lo/la rechaza. No tiene un comportamiento coherente sino caótico y errático con el niño/la niña. El comportamiento abusivo es experimentado por el niño/la niña como amenazante para su vida, ya que es completamente dependiente de su padre/madre/cuidador(a). Así, el niño/la niña se encuentra con un dilema horrible: sus instintos de supervivencia lo que le dicen es que huya para estar a salvo pero resulta que la seguridad sólo la puede tener de la persona que le está asustando. Es por esto por lo que Mary Main llama a este tipo de apego el “miedo sin solución”.

Bajo estas circunstancias, la angustia por la que pasa el niño/la niña nunca es reconocido ni reflejado por el padre/la madre. En lugar de eso, transmite señales contradictorias de acercamiento/evitación, por ejemplo, intentando calmar al niño/la niña pero permaneciendo fuera de su alcance o riéndose del niño/la niña al mismo tiempo que intentando calmarle. Esto, a su vez, induce más confusión al niño/la niña, que responde a esa situación de una forma desorganizada, lo cual aumenta la comunicación disfuncional del padre/la madre. Es una espiral de respuestas erróneas a situaciones naturales y de comunicación equívoca y disfuncional.

Las figuras parentales que generan este tipo de apego en sus hijos/hijas muchas veces los asustan de forma inconsciente. Normalmente tienen comportamientos abusivos y/o de negación y rechazo hacia el niño/la niña y esto se suele deber a que ellos mismos/mismas tienen un trauma de infancia no resuelto que pasan a la siguiente generación sin ser conscientes de ello.

Los adultos con Apego Desorganizado

Las personas con apego desorganizado viven en un estado ambivalente, en el cual sienten miedo tanto de estar demasiado cerca como demasiado lejos de los demás. Intentan mantener sus sentimientos bajo control pero no son capaces. Sienten ansiedad y tratan de escapar de sus propios sentimientos. Muchas veces se sienten abrumados/abrumadas por sus propias reacciones y experimentan de vez en cuando tormentas emocionales. Suelen ser impredecibles y estar confundidos/confundidas sobre sus emociones y sentimientos. Les cuesta identificarlos y se avergüenzan de ellos.

El modo en el que estas personas ven las relaciones es el siguiente: buscan a los demás para satisfacer sus necesidades porque creen que esto no lo pueden hacer por sí mismos/mismas pero creen que si se acercan demasiado a otras personas, si hay demasiada intimidad, se harán daño. Es decir, la persona a la que acuden en busca de seguridad es la misma de la que tienen miedo a acercarse demasiado. Como resultado de esto, su comportamiento es caótico, ya que se acercan y se alejan de forma periódica, teniendo un patrón inestable de comportamiento.

Las personas con apego desorganizado en su etapa como adultos tienden a tener relaciones problemáticas o dramáticas, con muchos altibajos. Son como montañas rusas. A menudo tienen miedo de ser abandonadas pero al mismo tiempo también les cuesta la intimidad. Es probable que se hagan muy dependientes de sus parejas cuando se sientan rechazadas, pero también se sientan atrapadas cuando están muy cerca emocionalmente de ellas. Pareciera que no hubiese una sincronización entre ellos/ellas y sus parejas. Es probable que en algún momento de su vida acaben en relaciones abusivas sin ser conscientes de ello.

Cómo Sanar el Apego Desorganizado

El tipo de apego que hayas desarrollado en la infancia, basado en tu relación con tu padre/madre o cuidador(a) no tiene que definir para siempre el modo en el que te relacionas con los que quieres en tu etapa adulta. Si averiguas cuál es tu tipo de apego, podrás entender los mecanismos de defensa que has desarrollado para protegerte de un dolor que ya no está en la actualidad sino que pertenece a la infancia, a una época de tu vida que ya pasó.

Lo más aconsejable es que te busques una pareja con apego seguro y trabajes en desarrollarte a ti mismo/misma con las referencias de alguien con ese tipo de apego. El primer paso es darte cuenta del tipo de apego que tienes, de este modo tú y tu pareja podréis hacer frente a las inseguridades y miedos en que se apoya tu patrón de comportamiento basado en situaciones pasadas y construir y desarrollar apego sano y funcional, para tener una relación satisfactoria.

En concreto, para el caso del apego desorganizado la terapia Gestalt puede ser muy efectiva para enseñas habilidades sociales, formas de entender y gestionar las emociones y diferentes enfoques para liberar y sanar la tristeza y la rabia que esconden el trauma de infancia.

Si quieres saber más sobre el tipo de apego que tienes, te recomiendo el libro “Maneras de Amar”, de Amir Levine y Rachel Heller.

El Apego Evitativo

Qué es el Apego Evitativo

Aproximadamente, un 25% de las personas tienen apego evitativo. Todos los tipos de apego son respuesta a nuestras relaciones cuando éramos niños/niñas con nuestros padres o cuidadores y cómo respondieron éstos a nuestras necesidades.

El origen del apego evitativo está en la falta de respuesta de la madre/padre/cuidador(a) al niño/la niña por no saber cómo dar apoyo. Los estudios sugieren que algunas de las madres/padres/cuidador(es) tienen falta de empatía, mientras que otras/otros no han desarrollado un sentido de cercanía y compromiso, que son factores cruciales en el cuidado de un niño/una niña

Cuando los niños/las niñas sienten que sus padres no quieren conocerles o estar con ellos/ellas, se sienten vacíos y con falta de un propio “yo”, un reconocimiento de sus propios pensamientos, sentimientos y sueños.

Las personas con apego evitativo tienen problemas con la confianza y la intimidad con los otros/las otras. De forma inconsciente, crean situaciones y razones para sabotear y dejar las relaciones. Tienden a conectar y después retirarse cuando sienten que la relación se vuelve demasiado intensa. Por esto, sus relaciones tienden a ser superficiales.

No hablan ni son muy conscientes de sus emociones. Las mantienen encerradas bajo llave, en especial los sentimientos de vulnerabilidad, como la debilidad, la vergüenza o el miedo.

La evasión de la intimidad consiste en una estrategia de defensa que desarrollan en la infancia. Es un modo de protegerse de que les hagan daño o les critiquen. El apego evitativo se desarrolla cuando los padres o cuidadores se muestran indisponibles, precupados/preocupadas o desinteresados/desinteresadas con el niño/la niña. Éste/ésta siente que sus necesidades no son importantes, así que las entierran, confiando únicamente en sí mismos/mismas para satisfacerlas o comportándose como si no las tuvieran.

Las personas con apego evitativo no buscan a los demás para que les conforten, ya que no los perciben como de fiar. Les cuesta mucho pedir ayuda, por lo que intentan hacerlo absolutamente todo por sí mismos/mismas.

De cara a los demás parecen fuertes, independientes, siempre en control de la situación. También resilientes, ya que parecen superar las cosas rápidamente. En realidad lo que hacen es huir sin ser conscientes de sus propias emociones. Es tentador querer evitar las dificultades, pero no es efectivo ni emocionalmente sano. Las emociones no desaparecen por mucho que las evitemos o las ignoremos. Hace que no estemos conectados/conectadas a nuestra propia vida ni nos conozcamos en profundidad.

Cómo cambiar el Apego Evitativo

Más abajo te doy unas pautas a seguir para modificar el Apego Evitativo pero es más que probable que no sean suficientes. Se necesita la ayuda de una terapia centrada en las emociones como la terapia Gestalt o la de una pareja con apego sano que esté dispuesta a acompañarte en el proceso.

  • Practica la identificación de tus propias emociones y sentimientos.
  • Poco a poco, intentar compartir algo más de tus sentimientos y pensamientos con tus personas queridas.
  • Invierte tiempo en conocerte a ti mismo/misma.
  • Hazte más consciente de cuando empiezas a distanciarte de ti mismo/misma y permanece conectado/conectada a pesar de que te resulte incómodo y te produzca miedo.
  • Intenta pedir ayuda y apoyo a los demás. Las personas no están hechas para hacerlo absolutamente todo por sí mismas.
  • Ten paciencia contigo mismo/misma. Los cambios son difíciles y requieren de esfuerzo, tiempo y paciencia.
  • Date amor y compasión a ti mismo/misma.

Aunque tus patrones de apego se formaron en la infancia y lleves toda la vida con ellos, una vez te haces consciente de los patrones que sigues, es posible desarrollar Apego Seguro a cualquier edad.

Libros Recomendados sobre el Apego

Estos dos libros te ayudarán a entender cuál es el tipo de apego que tienes y cómo puedes cambiarlo:

El Apego Ansioso

¿Qué es el Apego Ansioso?

Hay 4 tipos de apego, de acuerdo con la teoría de John Bowlby. Uno de ellos es sano y los otros tres son disfucionales: apego ansioso, apego evitativo y apego desorganizado. En este post explico el apego ansioso.

Las niñas/los niños con este tipo de apego muestran una mezcla de ira e impotencia hacia su padre/madre. Actúan de forma pasiva y se sienten inseguros/inseguras. La experiencia les ha enseñado que no pueden confiar en su padre/madre. El comportamiento de la madre/del padre es incoherente. Unas veces responde de forma adecuada y otras rechaza al niño/a la niña.

Otra teoría que también es combinable con la anterior: el cuidador/cuidador/padre/madre que tiene él mismo/ella misma la herida del abandono (muchas veces sin ser consciente) genera dependencia en el niño/la niña, asegurándose de que el niño/la niña les necesitará y se quedará con él/ella. El niño/la niña de esta estrategia es por lo tanto “entrenado/entrenada” para quedarse en esa etapa psicológicamente y desarrollar un rol dependiente en las relaciones íntimas para satisfacer sus necesidades.

Cuando se convierte en un patrón – cuando alguien que “se supone que está ahí” para nosotros, en realidad encontramos que “pasa de nosotros y no nos hace caso” (aunque en realidad esto sea una fantasía catastrófica) – la recuperación de esto para la persona que tiene el apego se convierte en una tarea muy difícil, si no imposible. Tenemos comportamientos y sentimientos basados en nuestro niño/niña interior herido/herida que dice “No soy deseado/deseada. No soy suficiente. Soy defectuoso/defectuosa”.

“No soy deseado/deseada. No soy suficiente. Soy defectuoso/defectuosa”

Es muy probable que vivan apegados/apegadas a su pareja o amigos/amigas íntimos/íntimas. Sintiendo y viviendo así, muchos/muchas se sienten fácilmente rechazados/rechazada o abandonados/abandonadas, enfadándose cuando sus parejas no están a la altura de las expectativas creadas por ellos/ellas y que no son realistas Algunos terapeutas se han referido a esto como “el vínculo de fantasía”, enamorados/enamoradas con la idea fantasiosa que tienen de la persona, ignorando muchas veces las partes que les parecen incómodas o malas.

El Apego Ansioso en Situaciones de Conflicto

Tienen una tendencia a estar permanentemente preocupados por su relación, temiendo que su pareja se distancie. Se suelen tomar las cosas de una forma muy personal, viéndolas con un sesgo negativo y proyectan en su pareja sus ideas y pensamientos negativos.

Para aliviar su ansiedad, puede que jueguen a juegos o manipulen a su pareja para obtener atención y validación. Pueden tener comportamientos como el de retirarse, no contestar llamadas, provocar celos o amenazar con dejar la relación. También es frecuente que tengan celos de la atención que su pareja le presta a otras personas y llamen o se comuniquen de forma demasiado frecuente, incluso cuando ya se les ha pedido que no lo hagan.

Las personas que tienen apego ansioso luchan por la relación y también en contra de ella, sintiéndose incapaces de estar tranquilos/tranquilas hasta que otra persona satisface sus necesidades de validación. Esto muchas veces lleva en el largo plazo a un deterioro de la relación, ya que sus parejas acaban distanciándose o resintiéndose en lugar de buscar una resolución común a un conflicto que parece eterno.

Esta retirada por parte de las parejas acaba muchas veces perpetuando las creencias negativas “Siempre me dejan. No soy digno/digna de amor.

Cómo Sanar el Apego Ansioso

 En muchos de los casos de las personas con este tipo de apego hay un mensaje interior que ha sido internalizado en la infancia: el mensaje no directo del padre y/o la madre y/o el cuidador/la cuidadora de esa persona que dice “¡No puedo con este niño/esta niña! Que alguien se ocupe de él/ella”. Es un mensaje que la persona se acaba repitiendo internamente cuando sus emociones son intensas, cuando se activa ese viejo estado de la infancia. Muchas de estas personas cuando van a terapia se dan cuenta de que en realidad odian a su niño/niña interior. Lo que hacen es darles esta parte emocional de sí mismas a otros, a sus parejas, amigos, familia, repitiendo de forma interna e inconscientemente lo mismo que le decía su padre/madre en la infancia: “No puedo aguantar al niño/la niña que hay en mí. ¡Es demasiado! Mejor hazte cargo tú!”.

“¡No puedo con este niño/esta niña! Que alguien se ocupe de él/ella”

Es importante empezar por separar las partes que hay en ti de la siguiente manera: hablar de cada una de ellas en tercera persona, para oír de forma gradual el diálogo que ya se da entre ellas. Esto se llama diferenciación y es un componente necesario para empezar a tomarte las cosas de otra manera. No Podemos ser testigos de una parte de nosotros mismos/nosotras mismas cuando somos esa parte. Requiere de una cierta distancia. Ser un testigo efectivo requiere el desarrollo de un(a) interno/interna “otro/otra”.

Desarrollar partes internas es algo que todos/todas hacemos a lo largo de la vida. Los/las que han tenido padres/madres disfuncionales algunas de esas partes son muy críticas y destructivas, que juzgan y culpan y hacen sentir vergüenza tóxica. Éstas son las partes que nos impiden un desarrollo pleno como adultos.

Podemos desarrollar una nueva voz dentro de nosotros mismos, un testigo interior. Una que no juzga, no se siente amenazada por la emoción, que no ataca, no se retira, no siente lástimas, no analiza y no intenta arreglar las cosas. Una voz que nos permite desarrollar la empatía y la compasión hacia nosotros mismos/nosotras mismas, que nos permite ser testigos de nuestro dolor y nuestra alegría de la misma manera en que desearíamos que otros lo hicieran.

La compasión y la afirmación que podemos darnos a nosotros mismos/nosotras mismas es tan real y tan válida como el abuso interno en el que llevamos tantos años confiando. Es un diálogo interior entre partes de nosotros mismos/nosotras mismas. En la terapia, lo que se hace es hacer este diálogo más consciente y más intencional.

Ciertas técnicas terapéuticas, como la terapia Gestalt y el Hakomi, trabajan precisamente para crear un entorno interior de aceptación y compasión, facilitando la integración de las diferentes partes que somos todos nosotros/todas nosotras.

El libro “Maneras de Amar” ,de Amir Levine y Rachel Heller trata específicamente el tema del apego de una forma clara y sencilla Te ayuda a entenderlo y entenderte y proporciona herramientas para trabajarlo.

Mejora tu Voz Interior

¿Eres consciente de que hablas contigo mismo/misma todo el tiempo? El modo en el que nos hablamos a nosotros mismos/nosotras mismas representa una enorme diferencia en nuestras vidas. Lo que tienes que preguntarte es si tu voz interior es tu amiga o tu enemiga.

Nuestro cerebro se ve afectado por las palabras que nos decimos del mismo modo (o más) en el que ocurre cuando hablamos con otras personas. Por eso, cómo nos hablamos a nosotros mismos/nosotras mismas puede ser una poderosa herramienta. Hablarse a uno mismo/una misma es el recurso disponible menos aprovechado para dominar nuestras mentes y mejorar nuestras vidas. Nuestros pensamientos influencian nuestros sentimientos, elecciones y acciones. Las personas que piensan en positivo son más optimistas, más seguras y más exitosas. Su efecto es contagioso y es inspirador para amigos, compañeros de trabajo y personas queridas.

Nuestros Modelos en la Infancia

Empezando en la infancia, nuestro diálogo interior se va desarrollando a lo largo de los años. Cuando veas hablar a un niño o a una niña (o a tus propios hijos/hijas) puedes oírles hablar consigo mismos/mismas, sus muñecos, otros niños/niñas en unas palabras y un tono similares al modo en el que les hablan adultos que son influencias para ellos (padres, maestros, cuidadores,..) pero sobre todo los padres. Cómo los padres hablan a sus hijos/hijas acabará siendo un modelo de cómo se hablan a sí mismos/mismas cuando son adultos. Gradualmente, los niños/las niñas internalizan esas voces y las convierten en su voz interior.

Si el modelo es bueno, esto constituirá un refuerzo en el desarrollo de los niños/las niñas, les ayudará a dominar tareas, consolarse a sí mismos/mismas y aprender a interactuar con los demás. Los profesores/profesoras que son pacientes les enseñan a los niños/las niñas a tener paciencia consigo mismos/consigo mismas. Los padres que son críticos, atacan o se enfadan a cada momento enseñan a los niños/niñas a hablar consigo mismos/mismas con dudas, frustración y desprecio.

Los codependientes son personas que han crecido en familias disfuncionales, en las que sus padres generalmente les han proporcionado modelos de conducta inefectivos, desde la negación, reactividad emocional, exceso de control, desaprobación, crítica destructiva, o abuso verbal o psicológico patente. Incluso cuando los padres bienintencionados les dicen a sus hijos/hijas que no deberían tener vergüenza  o llorar, en realidad lo que están haciendo es avergonzándolos/ avergonzándolas de expresar emociones que son naturales y necesarias. Esto, en el caso de los hijos/las hijas de familias disfuncionales se agrava, dando lugar a lo que se llama “vergüenza tóxica”. Es decir, la vergüenza está ahí para algo, avisa a la persona de que está siendo observada por otros y la ayuda a ser cauta, a cuidar su imagen. Un exceso de vergüenza deviene en vergüenza tóxica, que se convierte en un impedimento para tener una vida normal, enfrentarse a situaciones como hablar en público, tener citas o hacer una entrevista de trabajo.

El ”Trío Tirano”: El Crítico/la Crítica, el/la Perfeccionista y el/la Retador/Retadora.

  • El/la Perfeccionista espera que seamos súper humanos, asegurándose de que antes o después fallaremos en conseguir las metas imposibles que nos pone.
  • El Retador/la Retadora hace tareas de manera incansable, agotadora, privándonos de disfrutar de la vida y del placer.
  • El Crítico/la Crítica nos dice que nunca somos suficiente, no importa lo que hagamos o lo que consigamos.

El/la Perfeccionista y El Retador/la Retadora nos pueden ayudar a conseguir nuestra metas porque nos convierten en personas tenaces, determinadas, con fuerza de voluntad. Pero también hay que tenerlos a raya porque se alimentan de la insatisfacción perenne que hay de fondo (lo que hay detrás es el niño/la niña interior que dice “cuando consiga esto, papá/mamá me querrá de verdad”.

Los tres, si metemos también al crítico/la crítica en la ecuación, éste último/esta última puede hacernos mucho daño y socavar nuestra autoestima. De hecho, probar algo nuevo o tomar decisiones puede llegar a convertirse en una tarea muy difícil por la ansiedad de que las cosas no van a salir bien. Le tenemos miedo a nuestro propio crítico interior, que no es más que la voz de nuestros padres/madres insertada en nuestro cerebro y siendo muy autodestructiva. El Trío puede dar lugar a ansiedad, depresión e inercia.

Nuestro Diálogo Interior nos puede sumir en la ansiedad y en la rumiación y superarnos con ataques de vergüenza y emociones muy dolorosas. Un Diálogo Interior positivo puede darnos confort y ánimos. Uno negativo nos hará sentir ansiosos/ansiosas e inadecuados/inadecuadas.

Cambiar nuestra Voz Interior

Aunque hemos crecido acostumbrados a estas voces interiores, se pueden cambiar. Primero requiere que nos hagamos conscientes de nuestra voz interior, parar al crítico cuando veamos que campa a sus anchas y hace daño y restituirlo por mindfulness y pensamientos positivos.

  • El mindfulness tiene que ver con estar presente en el momento, ser conscientes de nuestros propios pensamientos y poder verlos pasar, como si se tratasen de nubes pasajeras, entendiendo que nosotros no somos nuestros pensamientos.
  • Diálogo Interior en Tercera Persona. Un ejemplo de esto sería: “Esto no se lo hagas más a Paula/Pedro” en lugar de “Esto no me lo hagas más a mí”. Cuando estás tan identificado con un ego negativo (a pesar de que ese ego no seas tú realmente) hablar en términos positivos de “yo” puede resultar difícil. Sin embargo, si empiezas hablando contigo mismo/misma como lo harías con otra persona, esto tiene un efecto de distanciarte de tu propio ego. Esto te ayudará a regular tus emociones, porque estarás menos involucrado/involucrada emocionalmente y tendrás más perspectiva. Así, tu cerebro emocional es menos reactivo y esto hace que seas más objetivo contigo mismo/misma. Este pequeño cambio tiene un impacto profundo en reducir la vergüenza, la ansiedad y la depresión.
  • Meditación. Ya lo sé. Es difícil y aburrido. Pero ayuda. Reduce la ansiedad y el estrés, te ayuda a concentrarte en la respiración, que es fuente de vida  y te aleja de ese aluvión de pensamientos que tienes a lo largo del día. Empieza con 5 minutos. Es suficiente para notar un cambio
  • Afirmaciones Positivas. Grábate un audio con afirmaciones positivas y repítelo por la mañana y por la noche. Cómprate una pizarra, ponla en un sitio que te guste y escríbete mensajes positivos a ti mismo/misma. Pon post-its por la casa que te apetezca ver con cosas bonitas que te dices a ti mismo/misma. La coach Meredith Miller, especializada en abuso narcisista tiene un canal en YouTube que se llama “Inner Integration”, este video sobre autosabotaje tiene varias afirmaciones positivas que son buenas y estimulantes.

La voz interior no es más que tú hablando contigo mismo/misma en un diálogo en el que te desdoblas en dos. Convierte a esa voz en tu mejor amiga/amigo. 

Hablemos un poco sobre Sadomasoquismo (y también sobre Narcisismo)

¿Qué es el Sadomasoquismo?

El sadomasoquismo puede definirse como la entrega o recepción de placer, muchas veces sexual, mediante infligir o recibir daño o humillación. Puede significar un aumento del placer sexual o, en otras ocasiones, como un sustituto o un requisito imprescindible en una relación. Infligir dolor se usa para incitar el placer sexual, mientras que la simulación de la violencia puede servir para expresar apego. Las actividades sadomasoquistas son en la mayoría de los casos iniciadas a petición, o en beneficio, del/de la masoquista, que muchas veces dirige las acciones a través de sutiles señales emocionales.

Algunos estudios sugieren que las fantasías sádicas se encuentran tanto en las mujeres como en los hombres. Mientras que algunas personas son puramente sádicas o completamente masoquistas , muchas son diferentes grados de ambas, y se describen a sí mismos/mismas como intercambiables en los papeles de sádico/sádica – masoquista.

El sadomasoquismo es una palabra híbrida, compuesta por sadismo y masoquismo, términos acuñados en el sigo XIX por el psiquiatra alemán Richard von Krafft-Ebing, quien habló de tendencias naturales de sadismo en los hombres y de masoquismo en las mujeres. Krafft-Ebing nombró el sadismo tomando el nombre del Marqués de Sade, autor de “Los crímenes del amor”, “Aline y Valcour” y otras obras.

El padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, remarcó que la tendencia a infligir y recibir dolor durante las relaciones sexuales es “la más común e importante de todas las perversiones” y la adscribió – como otros muchos temas – a un desarrollo emocional y/o psicológico incompleto o disfuncional en la infancia.

la más común e importante de todas las perversiones

El Sadismo y el Masoquismo en las relaciones

El sadismo también puede representar una clase de actividad disfuncional, como la de utilizar a alguien como “cabeza de turco” o como “chivo expiatorio”. Sentimientos displacenteros como la rabia o la culpa son desplazados hacia fuera de la persona que los siente y proyectados en otra persona: el chivo expiatorio. Ésta es una práctica antigua y con raíces profundas. De acuerdo con el Levítico, Dios les dijo a Moisés y a Aaron que sacrificasen a dos chivos (cabras) cada año. El primer chivo era para ser sacrificado y su sangre derramada en el Arca de Noé. Entonces el Sumo Sacerdote pondría sus manos sobre la cabeza del segundo chivo y confesar los pecados de la gente. Este segundo chivo, con más suerte que el primero, no sería asesinado, sino que sería abandonado en el desierto llevando la carga del pecado, que es por lo que se le acabaría conociendo como el “chivo expiatorio”. El altar que hay en cada iglesia es un recordatorio simbólico de esta práctica de sacrificio, siendo el último objeto del sacrificio, el propio Jesús.

Para el masoquista, tomar el rol de la subyugación y la impotencia puede ofrecer una liberación frente al estrés o la carga de la responsabilidad o la culpa. También puede evocar sentimientos infantiles de dependencia, seguridad y protección, que pueden servir como un sustitutos de la intimidad. Además, el/la masoquista puede obtener placer de ganarse la aprobación del sádico/ de la sádica, solicitando su plena atención, y con ello, controlándole.

En casi todas las relaciones, un(a) compañero/compañera está más apegado/apegada que el otro/la otra, llevando a que el/la que está menos apegado/apegada a ser el/la dominante, mientras que el/la más apegado/apegada se infantiliza y se vuelve sumiso/sumisa para conseguir pacificar, complacer y seducir. Al final, es más que probable que el/la menos apegado/apegada se agobie y tome distancia, pero si se aleja demasiado, el/la más apegado/apegada puede que se enfríe, se cierre o se vaya. Esto puede provocar que el menos apegado/la menos apegada cambie de rol y se vuelva el más entusiasta de los dos /de las dos en la relación. Al final, el equilibrio se reestablece, hasta que ocurre algo que rompe ese equilibrio, y así ad infinitum. La dominación y la sumisión son elementos que se encuentran en la mayoría de las relaciones, pero esto no es óbice para que estos componentes las hagan agotadoras, estériles, y, parafraseando a Freud, inmaduras.

En lugar de jugar al gato y al ratón, los amantes necesitan tener confianza (en sí mismos/en sí mismas y en el otro/la otra) y el valor para elevarse por encima del juego. ¿Cómo? Aprendiendo a confiar cada uno/una en el otro/la otra y atreverse a mirarse como los dos seres humanos de completos que en realidad son, finales en sí mismos y no medios para conseguir un fin. El amor verdadero consiste en respetar, compartir, nutrir y facilitar. ¿Cuántas personas tienen la capacidad y la madurez para esta clase de amor transpersonal?

En cualquier caso, es un baile que bailan dos.

El Sadomasoquismo y el Narcisismo

La tendencia es que aquellas personas que han sido criadas por un padre y/o madre narcisista sádico/sádica esto es, que se reconfortaba (en la mayoría de los casos, seguramente de forma inconsciente) infligiendo dolor psicológico o emocional, estas personas de adultos desarrollan dinámicas sadomasoquistas en sus relaciones con sus parejas. ¿Por qué? Porque en su infancia se les enseñó que el amor tenía un componente doloroso, componente que posteriormente introdujeron en sus relaciones de forma natural, repitiendo lo que se les había enseñado.

La posición extremadamente vulnerable en la que está un niño/una niña durante años (tiene una dependencia total de sus progenitores) y las situaciones de humillación, dolor,.. que sufre, siendo éstas realizadas por una figura a la que quiere (su padre o su madre o ambos), para él/ella habrá una enorme facilidad/naturalidad para desarrollar roles de sumisión (viviendo lo que le hacían a él/ella) o de dominación (haciéndole a otra persona lo que le hacían a él/ella).N

No estoy calificando el sadomasoquismo ni de bueno ni de malo, ya que entiendo que dos adultos que son libres y consienten de forma mutua, pueden realizar las prácticas sexuales que les apetezcan, por mucho que a otras personas estas prácticas les puedan parecer aberrantes, raras o indignas. Lo que digo es que simplemente quizás te apetezca reflexionar sobre hasta qué punto es tu inconsciente el que te lleva a adoptar prácticas sadomasoquistas en tus relaciones, esto es, te conviertes en ese niño/niña que pide que papá/mamá le pegue o bien ese niño/niña cabreado/cabreada que quiere pegarle a papá/mamá. Y no sólo en la cama.

¿Crees que has tenido o tienes una relación sadomasoquista? ¿Piensas que esta dinámica puede estar relacionada con el sadismo de uno de tus padres? Deja un comentario.

Fuente: Psychologytoday.com 

7 Pasos para Curar a tu Niño/Niña Interior

Lo sé, la primera vez que oí el concepto de niño/niña interior a mí también me pareció freaky. Pero es así. Dentro de ti vive un(a) niño/niña interior que domina algunas áreas de tu vida de forma inconsciente. Si te hirieron en la infancia y esas heridas no han sido curadas, de las formas más insospechadas y absurdas, ese niño/esa niña domina al adulto que eres hoy en día. ¿Cómo? Por ejemplo, mediante lo que se denomina “acting out”. Un ejemplo de “acting out” sería el de una niña cuyo padre le infligía mucho daño mediante la negación y el abuso emocional y psicológico y la mujer en la que se ha convertido entabla una y otra vez relaciones abusivas con hombres reviviendo mediante la repetición-compulsión este trauma de infancia.

Curar al niño/la niña interior no es fácil. Se trata de un proceso largo y doloroso, pero sólo así podremos vivir una vida plena y consciente, sin que ese niño/esa niña cabreado/cabreada y triste nos domine en nuestra vida de adultos.

De acuerdo con John Bradshow, autor de “Volviendo a casa: reclamando y empoderando a tu niño/niña interior”, el proceso de curar a tu niño/niña interior es de duelo e implica 7 pasos:

  1. Confianza

Para que tu niño/niña interior herido/herida salga de su escondite, tiene que poder confiar en que estarás ahí para él/ella. Tu niño/niña interior también necesita un aliado que le apoye y que le valide en su abandono, negación y abuso. Estos son los primeros elementos esenciales en el trabajo con el dolor original.

  1. Validación

Si todavía estás inclinado/inclinada a minimizar y/o racionalizar las maneras en las que has sido avergonzado/avergonzada, ignorado/ignorada o usado/usada para nutrir a tus padres, ahora necesitas aceptar el hecho de que estos hechos verdaderamente hirieron tu alma. Tus padres simplemente repitieron los mismo que les habían hecho a ellos. El abuso es algo que si no se trata terapéuticamente, pasa de generación en generación.

  1. Shock

Si todo esto es muy sorprendente para ti, eso es bueno, porque la sorpresa es el comienzo del duelo.

  1. Rabia

Es normal estar enfadado/enfadada, incluso aún sabiendo que lo que te hicieron no fue intencional. De hecho, TIENES que enfadarte si quieres curar a tu niño/niña interior. No hace falta que grites y metas alaridos (aunque quizás lo hagas). Está bien simplemente estar cabreado/cabreada por ese trato tan injusto. Puesto en palabras sería algo así:

Ya sé que mis padres lo hicieron lo mejor que pudieron como los niños adultos heridos que en realidad son. Pero también soy consciente de que me hicieron mucho daño emocional y espiritual y que ha tenido consecuencias negativas graves en mi vida. Nos considero a todos responsables de parar lo que nos estamos haciendo a nosotros mismos y a los demás. Ya no toleraré más la disfunción patente y el abuso que han dominado mi sistema familiar.

5. Tristeza

Después de la rabia, llega la tristeza. Si nos hicieron víctimas, debemos pasar el duelo de esa traición. También tenemos que pasar el duelo lo que fueron nuestros sueños y aspiraciones. También debemos llorar nuestras necesidades en el desarrollo que no fueron cubiertas.

Es decir, un niño/una niña tiene una serie de necesidades en sus primeros años de vida, cuando se sucede el desarrollo. Un niño/una niña no es dependiente por elección sino por necesidad. Necesita que sus padres/cuidadores hagan lo que se denomina el “mirroring”, es decir, que le validen su identidad para que empiece a distinguir entre el nosotros y el “yo”. Si estas necesidades no son cubiertas, el niño/la niña crece sin un desarrollo del “yo”. Por eso, estos adultos son como niños emocionales, que tienen problemas en su evolución y desarrollo como personas en diferentes facetas de la vida. Si no se tratan, esos adultos serán o bien narcisistas o bien codependientes.

  1. Culpa

En el duelo por el abandono de la infancia, debes ayudar a tu niño/niña herido/herida a ver que no hay NADA que hubiese podido hacer para que las cosas hubiesen salido de otra manera. El niño/la niña herido/herida piensa que es culpa suya lo que le ha pasado, que se lo merecía, que era defectuoso/defectuosa. Tu misión es que entienda que no es así, que el abuso es algo que pasa de generación en generación y se ejerce de forma indiscriminada. No hay razones detrás. Lo que hay son emociones y sentimientos no procesados y repetidos en los hijos/las hijas.

  1. Soledad

Los sentimientos más profundos del duelo son la vergüenza tóxica y la soledad. Nuestros padres nos avergonzaron abandonándonos. Nos sentimos que somos malos/malas, como si fuéramos defectuosos/defectuosas. Y esa vergüenza lleva a la soledad. Como nuestro niño/niña interior se siente defectuoso/defectuosa, se ve obligado a cubrir su yo auténtico con su yo falso adaptado. Entonces la persona se identifica con su yo falso. Su yo verdadero está solo y aislado. Estar en esta última capa de sentimientos dolorosos es la parte más dura del proceso de duelo. “La única manera que hay es atravesándolo”, es lo que dice John Bradshow. Es duro permanecer en ese nivel de vergüenza y soledad, pero si abrazamos y aceptamos estos sentimientos, finalmente los integramos y dejan de dominarnos inconscientemente. Encontramos nuestro propio yo, el que hemos estado escondiendo. Como lo escondemos de los demás, lo escondemos de nosotros mismos. Si abrazamos nuestra vergüenza y nuestra soledad, empezamos a sentir nuestro yo más verdadero.

Fuente: beyondblue.