Diferencias entre una Madre Narcisista y una Madre Controladora

El hijo/la hija de una madre emocionalmente indisponible con rasgos narcisistas siente la presión para conseguir éxito y atención, ésa es la forma que tiene de ganarse el amor de su madre.

En cambio, el hijo/la hija de una madre controladora, es constantemente empujado/empujada a hacer lo que la madre quiere y moldeado/moldeada a voluntad de la madre. El hijo/la hija controlado/controlada no tiene espacio para actuar, pensar, sentir y ser él mismo/ella misma.

La madre combativa enseña a su hijo/hija a armarse de forma defensiva, a evitar la confrontación a toda costa y a mantenerse fuera del centro de atención. Se trata de la estrategia opuesta de la de una madre emocionalmente indisponible.

Todas estas madres no aman de forma sana. Sus hijos/hijas desarrollan conductas inapropiadas para lidiar con ello, tienen distintas respuestas emocionales y son heridos/heridas de formas concretas.

Puntos en Común de las Madres Controladoras y Narcisistas

Las madres narcisistas y las controladoras ven a sus hijos/hijas como extensiones de sí mismas, no como personas independientes que deben desarrollar su propia personalidad. El grado en que son apoyados/apoyadas, se les presta atención – no estoy usando aquí el verbo amar a propósito – depende completamente en lo buenos/buenas que son cumpliendo ls expectativas de sus madres.

Estas madres proyectan sus propias necesidades en sus hijos/hijas y no se dan cuenta de que sus hijos/hijas tienen necesidades propias. Tanto las madres narcisistas como las controladoras parecen, al menos en lo que se refiere al exterior, ser muy competentes, muy seguras de sí mismas, aunque en realidad la mayoría de ambos tipos son en realidad inseguras y tienen miedo de ser “desenmascaradas” o de que se les vean carencias. Tienden a ser perfeccionistas sobre absolutamente todo, incluidos sus hijos/hijas.

Diferencias entre las Madres Controladoras y las Narcisistas

Mientras que ambas pueden parecer iguales e incluso intercambiables – las madres narcisistas pueden ser controladoras y las controladoras pueden ser narcisistas – tienen motivaciones diferentes, así como diferentes formas de justificar sus comportamientos.

El trato de un niño/una niña por una Madre Narcisista está motivado por la necesidad de la madre de ser el centro de atención a todas horas. El modo en el que trata a sus hijos/hijas no está pensado en absoluto y la verdad es que no es consciente de qué es lo que motiva su comportamiento. A sus hijos/hijas los considera o bien un reflejo perfecto de sí misma o en absoluto, sin términos medios ni grises. Sus hijos/hijas la complacerán o no, y en este último caso, ese niño/niña se convertirá en el chivo expiatorio de su madre y, por extensión, de toda la familia. Esta madre utiliza mucho los juegos y la manipulación para mantener todas las miradas sobre ella. Ésa es su meta.

La Madre Controladora también se preocupa por las apariencias, igual que la narcisista, pero a la madre controladora lo que la mueven son sus propios miedos e inseguridades, por eso no deja nada al azar. Necesita ser necesitada, halagada y valorada y no confía en los caprichos del destino o la casualidad cuando se trata de criar a sus hijos/hijas. La madre controladora cree que sin su intervención, sus hijos/hijas fracasarían en todo. Está motivada por el miedo, pero enmascara su control como si se tratase de una fortaleza. Es autoritaria, es un 24/7 de “o lo hacemos a mi manera o nada” – pero realmente cree que es necesario. El mensaje que comunica a sus hijos/hijas recalca el hecho de que sin su ayuda, el hijo/hija no sabría salir adelante solo/sola.

Lo que tienen en común los Hijos/las Hijas de las Madres Narcisistas y Controladoras

  1. Problemas en la gestión de sentimientos.

Esto, junto con la falta de inteligencia emocional, es típico de los hijos/las hijas cuyas necesidades emocionales no fueron satisfechas en la infancia, con independencia del estilo maternal. Los niños/las niñas aprenden cómo gestionar los sentimientos de tristeza y dolor a través de sus interacciones con un adulto conectado con sus emociones, normalmente su madre.

Como se explica en la teoría del apego, cuando este proceso no tiene lugar en la infancia, los niños/las niñas:

  • o bien se desentienden de sus sentimientos para evitar el estrés, tienen pareja pero en realidad no le son sinceros/sinceras ni le muestran vulnerabilidad (lo que se conoce como apego evitativo)
  • o bien a ratos se sienten conectados/conectadas a sus parejas y a ratos las rechazan por miedo ser ellos/ellas rechazados (apego desorganizado)
  • o bien se sienten sobrebordados por sus propias emociones y se vuelven muy demandantes hacia sus parejas hasta el punto del autosabotaje de la relación en una búsqueda idealizada de fusión perfecta con el otro.

     2. Incapacidad para verse a sí mismos/mismas de forma clara.

Como ambos tipos de estilos de maternidad se centran en lo externo – el hijo/la hija es definido/definida por lo que hace, no por lo que es – es fácil para el hijo/la hija perder la noción de sus propios pensamientos, sentimientos, necesidades, deseos y ambiciones. Muchos de estos hijos/hijas llegan a la adultez sabiendo muy poco acerca de sí mismos/sí mismas, confundiendo lo que sus madres quieren de ellos/ellas con quiénes son en realidad.

    3. Una noción distorsionada del amor.

Estas madres enseñan a sus hijos/hijas que el amor siempre viene con un quid pro quo o está condicionado, y esa idea puede perjudicar a su hijo/hija durante toda su vida. Es probable que él/ella se sientan atraídos por gente que los trate de una forma que les recuerde a la de su madre – todos nosotros nos sentimos atraídos por lo familiar, incluso cuando nos hace infelices – y que le llamen “amor” a lo mismo que lo hacen ellas.

El impacto de la Madre Narcisista

Como esta madre es una experimentada jugadora y una manipuladora que se esfuerza por ser siempre el centro de atención, el efecto que tiene en su hijo/hija depende de la aquiescencia de ese niño/niña. Un hijo/hija “golden boy” se adapta al “programa” de la madre, perdiendo la noción de quién es ella misma mientras lo hace. Es más que probable que este hijo/hija muestre él mismo/ella misma rasgos narcisistas. Un hijo/hija que es escogido por su madre narcisista para ejercer del “chivo expiatorio” no se somete a la voluntad de la madre porque, aunque muchas veces no de forma consciente, reconoce la toxicidad de las dinámicas. No se doblega a la dictadura de la madre narcisista pero lo acaba pagando sufriendo un trato más abusivo que su(s) hermano(s)/hermana(s).

Da igual la posición, si la de la estrella o la de que es rechazada, el hijo/la hija de una madre narcisista se verá afectada de formas muy concretas.

  1. Hábito de auto-criticismo y de cuestionarse a uno mismo/una misma.

El abuso al que es sometido/sometida el hijo/la hija de una madre narcisista, ya bien sea por gaslighting o por la constante insistencia en lo que hace mal, dejan marcas y/o secuelas. Incluso aunque tenga mucho éxito en la vida, también tiene muchas dudas sobre sí mismo/sí misma. El/la que fue asignado/asignada el papel del chivo expiatorio, consiga lo que consiga, sentirá que es un(a) fracasado/fracasada.

     2. Normalización del comportamiento narcisista.

Todos los niños/las niñas creen que esa pequeña versión del mundo que se recrea en su familia es lo que ocurre en todas las familias. Creen que lo que pasa en sus casas es “lo normal”. El hijo/la hija de una madre narcisista crecerá pensando que que lo/la menosprecien o no lo/la valoren o que tenga que hacer todo tipo de maniobras para conseguir un poco de atención, es simplemente cómo funciona el mundo. Tendrá una tendencia a unirse a amigos/amigos y parejas narcisistas y le llevará mucho tiempo entender cómo su madre narcisista le ha hecho daño tratándolo/tratándola del modo en el que lo ha hecho.

    3. Problemas con la intimidad y la conexión.

Aunque el hijo/la hija quiera tener conexiones cercanas, su falta de capacidad para gestionar sus miedos e inseguridades y su atracción hacia las personas que la/lo tratan como su madre lo hace (o lo hizo) hace de esta conexión íntima algo difícil de conseguir.

El Impacto de la Madre Controladora

El término “madre helicóptero” puede sonar mucho más benigno que “controladora” pero en realidad, no hay nada de benigno en ello. Los hijos/las hijas de una madre controladora tienen la fórmula perfecta para sentirse inadecuadas con un mensaje que no es directo pero que grita “No eres nada sin mí”.

No eres nada sin mí

Crecer de esta forma genera una serie de problemas (que se pueden tratar):

  1. Confundir el control con la fuerza.

Estar bajo la lupa de alguien que siempre quiere que hagas las cosas de una forma determinada hace que los hijos/los hijas de madres controladoras se vuelvan controladores/controladoras e hipervigilantes, pensando que “si lo tengo todo bajo control, todo saldrá bien” cuando en realidad esto es sólo una ilusión que no se corresponde con la realidad. Además, este hijo/hija se sentirá más cómodo/cómoda con gente que sea mandona, que le diga lo que tiene que hacer, incluso aunque esto dé lugar a que se sienta infeliz y a que se ignoren sus necesidades y pensamientos.

Si lo tengo todo bajo control, todo saldrá bien

   2. Falta de resiliencia.

El hábito de la auto-crítica es tan profundo y está tan arraigado que muchos de los hijos/las hijas de madres controladoras evitan el fracaso a toda costa. Por supuesto que todos sufrimos reveses y comentemos errores pero los hijas/las hijas de madres controladoras ve estos momentos en concreto como reveladores de porqué él/ella es defectuoso/defectuosa  y no tiene valía y le cuesta mucho recuperarse de momentos de este tipo. Apuntar bajo es en muchas ocasiones un patrón de vida. “No apuntes alto y así no te decepcionarás.”

No apuntes alto y así no te decepcionarás

  3. Atrapado/atrapada por la inacción.

Una madre controladora le niega a su hijo/hija espacio para que haga sus propias elecciones y para confiar en su instinto y sus pensamientos. Esto provoca que en su etapa de adultos, estos hijos/estas hijas sean miedosos/miedosas y que muchas veces se sientan incapaces de actuar en su propio nombre y terminen haciendo lo que otra persona piensa que deberían hacer. Esto hace que sean mucho más proclives a permanecer en situaciones – tanto en si vida laboral como personal – que los/las hace profundamente infelices.

Fuente: Psychologytoday.com

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